17.9.20

Hasta el 30 de septiembre plazo para el envío de resumenes: 57 ICA 2021: Grupo Temático* El panamericanismo sanitario, sus arquitecturas, operaciones urbanas y estrategias territoriales sobre la salud pública – 00206

 

Portada catalogo VIII Congreso Panamericano de Arquitectos, México 1952.

 

57 edición del Congreso Internacional de Americanistas (ICA 2021) tiene el placer de invitar a la comunidad científica internacional a la celebración que tendrá lugar del 19 al 23 de julio de 2021 en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú, parte de región de frontera con Argentina y Paraguay. 

 

https://ica2021.unicentro.br/es/presentacion/

 

Plazo para envío de trabajos (resúmenes)

Hasta el 30 de septiembre de 2020

 

Eje Temático* Simpósios innovadores

Grupo Temático* El panamericanismo sanitario, sus arquitecturas, operaciones urbanas y estrategias territoriales sobre la salud pública – 00206

 

Coordinador e Co-coordinador

Claudio Galeno-Ibaceta - Magíster Arquitectura en Zonas Áridas, Universidad Católica del Norte (Antofagasta) - MAZA_UCN
cgaleno@ucn.cl

Ana Albano Amora - Faculdade e Arquitetura e Urbanismo, Programa de Pós-Graduação em Arquitetura, Universidade Federal do Rio de Janeiro - FAU.PROARQ.UFRJ
aaamora@gmail.com

 

Los debates actuales en torno a las epidemias confirman la vigencia de relevar y analizar los procesos históricos de un panamericanismo sanitario que promovió legislaciones, acuerdos y acciones en los distintos países americanos, los cuales nos legaron obras de arquitectura, así como operaciones urbanas y territoriales, que evidencian fines profilácticos que visaron la salud pública. Moll en 1940, dijo que las enfermedades unieron a los países del hemisferio occidental, y la prevención hizo posible las relaciones interamericanas.


La definición de un código sanitario común, fue el resultado de un proceso de alineamiento entre países panamericanos a partir de las últimas décadas del siglo XIX. Encuentros entre países americanos, como el de Montevideo de 1873, el de Rio de Janeiro de 1887 y el Lima de 1888, fueron consolidado acuerdos panamericanos. En 1905, en la 2ª Convención Sanitaria Internacional en Washington, se acordó el Primer Código Sanitario Panamericano. Finalmente, en 1924 fue creado un nuevo Código Sanitario Panamericano en la 7ª Conferencia Sanitaria Panamericana en La Habana, Cuba.


Desde las primeras décadas do siglo XX, se observaron relaciones cada vez mas intensas con los Estados Unidos, por ejemplo, la Fundación Rockefeller tuvo un papel significativo en la salud pública, con el financiamiento para formar a profesiones de la salud pública, y la Fundación Guggenheim becó a la especialización de arquitectos. Otro aspecto de estas relaciones fue la creación en 1943 del Departamento Interamericano de Obras de Salubridad en Chile, resultado de un convenio con EUA, mediante el cual se ejecutaron obras urbanas y arquitecturas para la salud.


Este grupo temático está abierto a historiadores urbanos, de la arquitectura y de la salud, que aborden los cambio instituidos a partir de acuerdos, conferencias y legislaciones panamericanas, así como a la definición de acciones profilácticas inherentes al espacio construido de la ciudad y de la arquitectura.

 

Palabras clave:

Panamericanismo sanitario

arquitecturas de la salud

legislaciones sanitarias

relaciones interamericanas

salud pública

 

ENVÍE SU PROPUESTA DE PAPER A ESTE GT >> https://bit.ly/3ceCsCf

 

Datos que deberán completar:

 

Detalles del autor

Nome*

Su Titulación*

Su institucion* Nombre / Sigla (Acrónimo)

País de origem do autor*

 

Datos del coautor

Nombre completo

Correo electrónico

Titulación

Institución Nombre / Acrónimo

País de origen del coautor

 

Propuesta de paper

Eje Temático* Simpósios innovadores

Grupo Temático* El panamericanismo sanitario, sus arquitecturas, operaciones urbanas y estrategias territoriales sobre la salud pública – 00206

Titulo*

Resumen* Máximo 2000 caracteres, con espacios.

Palabras clave* Mínimo de 3 e máximo de 5.

 


15.9.20

México aún no encuentra al ladrón de su historia [o el saqueo del Archivo General de la Nación]

 Vía El País.

El Archivo General del país demanda penalmente a una casa de subastas para frenar el saqueo de documentos históricos

El 4 de octubre de 1810, casi dos semanas después de que el cura Miguel Hidalgo y Costilla llamó al grito de independencia de México, el heroico sacerdote ya se sentía invencible. Su ejército había logrado controlar lugares clave como Guanajuato y, en medio de los combates, decidió escribir una carta a uno de sus aliados secretos en el ejército realista, el coronel Narciso de la Canal. "Puse particular cuidado en no mezclar ni que se nombrara a usted en nuestros movimientos, temeroso de que si el éxito no correspondía a los santos deseos de que estábamos animados, quedase usted envuelto en nuestras mismas desgracias'', escribió el cura en su corta carta escrita a mano. “Ahora que las cosas han tomado un aspecto demasiado favorable, no temo convidar a usted a que uniendo sus poderosos influjos, participe de las glorias del libertador de nuestra Patria”.

El plan no salió como esperaba: el coronel no se alió a la lucha de los guerreros y, después de varias derrotas, el cura Hidalgo terminó fusilado y decapitado por sus enemigos. Pero la corta carta es un testimonio breve de la esperanza independentista que Miguel Hidalgo despertó en 1810, un pequeño tesoro de la emoción revolucionaria que se celebra cada septiembre en México.

El país se independizó después de varias guerras y, 210 años después, la carta de Hidalgo ha vuelto a tomar relevancia entre los amantes de la historia. La casa de subastas Morton, la más grande del país, la incluyó esta semana en una de sus catálogos especiales, en el que subastaba 252 documentos y objetos de la independencia. Tenía previsto ofrecer la carta de Hidalgo el martes, por un precio entre 110.000 y 130.000 pesos mexicanos (entre 4.000 y 5.000 euros). El precio de salida del fervor revolucionario.

“Estamos intrigados sobre el origen de dichos documento", le escribieron un día antes de la subasta nueve historiadores mexicanos al director del Archivo General de la Nación (AGN), Carlos Ruiz Abreu. Aseguran que la copia de la carta de Hidalgo debería estar previamente, de acuerdo a sus fuentes, en el Archivo General. Además, otro de los manuscritos ofertados en la misma subasta —una carta de 1814 del comandante José María Morelos pidiendo formar una Academia Militar para profesionalizar a los revolucionarios— no se conocía entre los historiadores. “Nos parece que por ser un asunto de interés público sería importante que el Archivo que usted dirige señale si se han cumplido los requisitos legales para esa venta”, escribieron. Le recordaron que una ley del 2018 le exige a las casas de subastas notificar previamente la venta de este tipo de documentos, y suponían que Morton no había cumplido con el requerimiento.

Tras recibir la carta, en menos de 24 horas, Ruiz Abreu decidió demandar penalmente a la casa de subastas ante la Fiscalía. El Archivo alega “la probable comercialización de Patrimonio Documental de la Nación” en 75 de los 252 objetos ofertados en la subasta del martes. Morton no informó al Archivo de esta venta, dice la denuncia, y “en caso de omitirse dicha notificación, el AGN podrá anular la transacción o, en su caso, solicitar la expropiación de dichos documentos”.

A pesar de la amenaza penal horas antes de la subasta, Morton no la canceló. Pero al llegar al lote 77, la carta de Hidalgo, el subastador anunció a los compradores que el lote “estaba retirado”, y siguió con la subasta sin más explicación. Ningún otro lote, sobre todo no los otros 74 que le preocupan al Archivo General, fue retirado. La carta firmada por el comandante José María Morelos que los historiadores esperaban preservar, fue descrita por el subastador como uno de “los lotes más importantes” ese día. Se vendió por 80.000 pesos mexicanos, unos 3.300 euros, a un anónimo: “La paleta 437”.

 Vista de la carta de Miguel Hidalgo al Sr. Coronel Narciso de la Canal, como invitación a formar parte del movimiento armado.

Un robo histórico

Alfredo Ávila, uno de los nueve historiadores que escribieron a Ruiz Abreu, aún no está seguro de que la carta de Hidalgo haya sido robada del Archivo General de la Nación, ni que se trate de la carta original escrita por el sacerdote. “Miguel Hidalgo no tenía esa letra”, explica Ávila. Podría ser una copia escrita por un tercero, pero esto no la haría menos valiosa. “Nunca nadie ha visto esta carta original, y si fuera la única copia manuscrita, tendría valor, por supuesto”.

Los historiadores de México saben que, desde hace décadas, varias casas de subastas han ofrecido cientos de documentos que estaban previamente en el Archivo General de la Nación, el más grande de toda América Latina. “Los saqueos son muy cotidianos,” dice Ávila. “Nosotros nos enteramos cuando hay ventas públicas, pero el tráfico en general se da entre los conocedores de subastas”.

"Sí es un terreno muy fértil, el del tráfico ilícito, y es un terreno en el que no hemos agarrado al toro por los cuernos'', admite Marco Palofox, director de asuntos jurídicos del Archivo General de la Nación, quien dice no tener claro cuál es la mejor estrategia para detener el tráfico, ni quién en el Archivo hubiera podido robar documentos. “No se ha emitido ninguna resolución en la que se imponga una sanción administrativa o penal por la sustracción de los documentos”, dice, con palabras legales, lo que se podría decir de forma más sencilla: no han encontrado aún al ladrón (o ladrones, que hacen los que los historiadores llaman “el robo hormiga”).

Rastrear el tamaño de este robo histórico es difícil por tres razones. Primero, porque pocas casas de subasta hacen públicos los objetos para la venta en sus páginas web, y los historiadores no tienen el músculo investigativo para vigilar lo que ofrecen todas las subastas del mundo. Segundo, porque aunque muchos de los archivos de México se han digitalizado o microfilmado, más del 60% de los documentos no están registrados en un catálogo (están guardados, en el Archivo General, en instituciones públicas municipales, o archivos de las iglesias del país). Para probar que un documento fue robado, primero se tendría que demostrar que estaba previamente en esos archivos públicos. Tercero, porque las casas de subasta no están en la obligación de revelar quién es el vendedor, y eso impide también rastrear a un posible ladrón.

A pesar de esos tres obstáculos, la poca digitalización sí ha permitido identificar algunos saqueos. Por ejemplo, en abril del año pasado, la Galería Swann de Nueva York vendió por 6.750 dólares (unos 5.700 euros) un decreto, de 1540, en el que la corona española le exigía al conquistador Hernán Cortés devolver 8.000 pesos para una exploración que nunca se realizó. Ese mismo manuscrito (con la misma caligrafía y los mismos defectos en la página) había sido consultado y fotografiado por una investigadora en el Archivo General de la Nación en 2010.

En la misma subasta, Swann también vendió por 12.500 dólares (10.500 euros) un decreto del rey español en el que pide proteger los bienes de Cortés. Este segundo documento también se había encontrado en el Archivo General. En nueve años, de alguna forma, los dos decretos salieron del Archivo y lograron volar hasta una galería neoyorquina. La Galería Swann no es la única casa de subastas internacional que ha ofrecido documentos que historiadores mexicanos ya habían visto anteriormente en el Archivo. La casa de subastas Christie 's, por ejemplo, vendió en 2017 y 2019 cartas firmadas por Hernán Cortés que provenían del mismo sector del archivo que los dos vendidos por Swann.

“No estoy seguro quién fue [el responsable del robo]”, explica a El PAÍS Michel Oudijk, filólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México. “Pero tiene que ser alguien del Archivo. Los investigadores sabemos que nos es imposible sacar un documento porque en el Archivo te revisan cuando entras y sales; dejas tu bolsa en una caja fuerte, y si tienes hojas, solo pueden ser de media cuartilla. Hasta tienes que abrir tu ordenador portátil para demostrar que no llevas papeles ahí”.

Oudijk, quien se especializa en el periodo colonial de México, es uno de los pocos que han hecho una base de datos con los objetos coloniales que la Casa de Subastas Morton ha ofrecido a sus compradores desde el 2008: más de 3.000 documentos, impresos o manuscritos, entre los cuales se encuentran, por ejemplo, escrituras para la venta de esclavos, cartas al Papa, o planos de Ciudad de México del siglo XVIII. “En el caso de Morton específicamente, lo que han ofrecido, cuando ves estos números, es asombroso,” dice Oudijk. El PAÍS solicitó una entrevista con la casa de subastas Morton, pero no obtuvo respuesta.

Desde el 2014, Oudijk también ha identificado más de 80 documentos importantes de la historia indígena de México que se han ofrecido en las oficinas neoyorquinas de la galería Swann, desde Colección de 10 testamentos en Nahualt hasta Reglas de ortografía, diccionario y arte del idioma Othomi. “Mi trabajo no es ser detective de documentos,” dice Oudijk, aclarando que le sería imposible saber si todos estos documentos fueron robados, porque tendría que confirmar si estaban previamente en un catálogo del archivo. “Pero, algunos sí lo fueron. Otros se roban en las iglesias de los pueblos, y luego se venden. Es un problema muy grave, porque el patrimonio cultural no está protegido”.

¿Cómo detener el saqueo?

La estrategia principal para defender estos documentos, hasta ahora, ha sido esperar que un historiador corra la suerte de encontrarse con un catálogo de subasta, que ese historiador identifique allí documentos que ya ha leído previamente en el Archivo General, y que ese historiador logre llamar a tiempo a las autoridades para que intenten detener la venta del archivo. Una estrategia precaria, que ha funcionado en unos pocos casos.

En julio de este año, por ejemplo, el investigador Javier Eduardo Ramírez identificó unos manuscritos de los siglos XVIII y XIX, sustraídos ilegalmente del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y puestos en venta por la Casa de Subastas Morton. Ramírez descubrió que los manuscritos habían sido microfilmados en 1961, y alertó al Instituto Nacional de Antropología e Historia y a la casa de subastas, que decidió retirar voluntariamente los documentos del mercado. "Es bueno que ahora el Archivo tome cartas en el asunto'', opina Ramírez, al discutir la demanda esta semana contra Morton.

La demanda contra la Casa de Subastas Morton, sin embargo, fue un esfuerzo nuevo para detener el saqueo de documentos históricos sin enfocarse en el robo en sí, sino pidiendo al intermediario (la casa de subastas) que se haga responsable y los consulte antes de la venta de un documento. Esta consulta ha sido prácticamente inexistente hasta ahora, a pesar de que es una obligación de acuerdo a la ley mexicana de Archivos. “No hay antecedentes de que el Archivo General haya observado o puesto atención en los procesos, o que haya incentivado que los particulares que quieran vender tengan que cumplir con ese proceso”, asegura David Vásquez, el presidente del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. “Queremos que exista un respeto a esta norma”.

Marco Palofox y sus colegas en el Archivo General intentaron identificar, en menos de 24 horas, todos los manuscritos en el catálogo de Morton que superficialmente podrían ser considerados fundamentales para el patrimonio de documentos: “Si es original o no es original, quién lo firmó, o si tiene que ver con la historia de México o no”. El abogado admite que él no tiene “la capacidad operativa” para saber si esos 75 documentos que identificaron en la subasta del martes son robados o no. "No tenemos ni idea qué falta en el Archivo General de la Nación'', dice. Pero en estos 75 casos consideran que “por su rareza o importancia para la historia mexicana” deberían ser conservados en el país.

"El propósito de la denuncia es enviar un mensaje contundente a los actores involucrados en la comercialización del patrimonio documental de la nación'', explicó el director del Archivo, Ruiz Abreu, en una entrevista de radio. Pero además de la demanda, aseguró estar comprometido con conocer “la magnitud de este saqueo” y frenar al “personal coludido, el personal del mismo Archivo, con los que han cortado con una perfección extraordinaria los documentos”.

Ruiz Abreu dice que muchos de los documentos que se vieron en Swann y Christie’s fueron cortados con navajas, de forma muy precisa, para no revelar que eran parte de libros más grandes guardados en los archivos de la demanda. Pero no hay robo histórico que se frene solo con una acción legal, o archivo que se proteja con solo un pequeño grupo de historiadores vigilando las subastas internacionales. Al final, el pecado original, solo se sana si se logra frenar al ladrón. Por ahora, el Archivo General sigue buscándolo.

10.9.20

Corriente alterna: La poesía de Raúl Zurita es un combate al interior de un ser que se habita a sí mismo con todas las incomodidades del mundo

Manuscritos, 1975. Fuente: Memoria Chilena.
 

Vía El País.

Por Rafael Gumucio.

A Raúl Zurita le bastaron unas decenas páginas en una revista para dejar una huella imborrable en la poesía chilena. La revista se llamaba Manuscrito y resultaba en la recién instalada dictadura (corría 1975) una extraña bocanada de aire de fresco. La revista sólo alcanzó un número, pero nadie dejó de saber que, con Áreas verdes, del rigurosamente inédito estudiante de ingeniería Raúl Zurita de 25 años, algo inesperado había sucedido. La poesía chilena había hasta entonces viajado de la palabra telúrica y total de Pablo Neruda a la ironía perfectamente matemática de Nicanor Parra. Zurita, que sabía tanta matemática como Parra, pero que bebía en las aguas oscuras del Neruda de Residencia en la tierra, intentaba reconciliar ambas posibilidades, creando una tercera, la suya.

Buscó el espacio y lo encontró. Las vacas de Áreas verdes que serían luego desiertos, cielos y acantilados, venían a intentar reconquistar un territorio perdido que no era otro que un país sometido por entonces a un riguroso estado de sitio. Quizás por eso escapó Zurita de la página en blanco y se escribió en el cielo de Nueva York y el desierto y los acantilados de Chile. De todas esas tentativas de sacar la poesía de la página en blanco, quizás la más conmovedora sean los versos que escribió sobre su electroencefalograma. Poema de un hombre que se enfrenta quizás al demonio más invencible de todo, el de esos impulsos eléctricos que después llamamos ideas, palabras, imágenes, sueños o pesadillas.

Toda entera la poesía de Zurita es un combate al interior de un ser que se habita a sí mismo con todas las incomodidades del mundo. Un hombre obligado a dar todo para hablar de lo que no se nombra, que es por supuesto el dolor, pero que a veces podría también ser el amor, que como en Dante, aparece sólo para desaparecer mejor.

Zurita es también el poeta chileno actual que mejor ha recogido la herencia de sus mayores: la del poeta ciudadano. El poeta que es incluso poeta para los que nunca han leído poesía. Recitando con un grupo de rock detrás o llamando la atención por Facebook ante las imposibles declaraciones de un ministro de Cultura que cayó por la fuerza de la indignación moral, ha asumido con todos sus riesgos el papel de poeta total y totalmente poeta, más allá y más acá de sus versos.

Raúl Zurita, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Ni pena ni miedo, poema de tres kilómetros excavado en el desierto de Atacama, al sur de Antofagasta, 1993. Foto: Guy Wenborne. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Vía El País.

El poeta chileno se alza con el galardón más importante del género en español, dotado con 42.100 euros

Por Rocío Montes

El escritor Raúl Zurita (Santiago de Chile, 70 años) se convirtió este martes en el tercer poeta chileno en ser distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género en español, concedido por Patrimonio Nacional y dotado con 42.100 euros. El fallo se ha dado a conocer por YouTube desde el Palacio Real de Madrid, tras una deliberación telemática.

Primero fue, en 1992, Gonzalo Rojas, autor con el que debutó el reconocimiento hace casi 30 años. Después, Nicanor Parra, en 2001. Tras España, Chile es el segundo país del ámbito iberoamericano con mayor número de premiados. “Lo tomo como un reconocimiento al caudal enorme de la poesía chilena. Uno es apenas una gota más de un río muy grande que lo antecede”, ha señalado Zurita pocos minutos de conocer la noticia, al teléfono desde su casa en el municipio de Providencia, en Santiago de Chile, donde se encuentra encerrado a causa de la pandemia.

Autor de obras como Purgatorio, Canto a su amor desaparecido o La vida nueva, considera que “la poesía chilena ha asumido riesgos, sin temor”. Una definición que se ajusta bien al hombre que en 1993 excavó tres kilómetros de piedra en el desierto de Atacama, en una de sus acciones más célebres, entre el verso y el land art: “Ni pena ni miedo”, escribió. “La poesía chilena no ha temido ni a lo grande ni a lo pequeño. Ni a lo femenino ni a lo masculino. Ha sido capaz de abarcar toda la existencia, con sus múltiples matices. Toda la finura, el horror y la grandeza de la experiencia humana está dentro de la poesía chilena”, ha indicado Zurita, antes de enumerar una lista interminable de poetas que forman ese caudal del que se siente parte: Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, Elicura Chihuailaf, Carmen Berenguer, Héctor Hernández Montecinos…

La noticia fue una “verdadera sorpresa”. Lo primero que ha hecho ha sido “darse un tremendo abrazo” con su mujer, Paulina Wendt. Luego, pensar en sus muertos: “En mi abuela, mi padre…”. Aunque confinado, está “muy entusiasmado” con el plebiscito del 25 de octubre próximo, con el que Chile definirá la suerte de la Constitución redactada en la dictadura de Pinochet, que Zurita está por reemplazar. “Es la oportunidad para lavarnos, limpiarnos y salir más juntos. Tenemos que abrazarnos para cruzar la noche, porque, si no, no vamos a cruzar nada, en una sociedad despiadada con los desposeídos”, reflexiona un autor cuyos versos cargados de política dieron consuelo a los dolores de su pueblo en los últimos 50 años.

Zurita siempre ha defendido la radicalidad y la pasión como elementos centrales de la poesía. Vestido siempre de negro, calvo y con una barba larga y deshilachada, Zurita demostró en su propia biografía que el arte, para él, tiene una vocación extrema. En cierta ocasión intentó cegarse con ácido y en 1979 quemó su cara con un hierro caliente. “Hay que ser capaz de tocar las zonas más oscuras. Un tipo dijo que quien no era capaz de escribir un soneto no era un poeta. El problema no es escribir un soneto, el problema es si eres capaz de matar a un hombre. Si no eres capaz de matar a un hombre no eres un artista, pero si lo haces eres un repugnante asesino. Exactamente en ese borde estás”, señaló en una entrevista con EL PAÍS en 2015.

En su obra más ambiciosa, Zurita (2011), de casi 800 páginas, aborda el desgarro que supuso el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Sin ese acontecimiento que marcó la historia reciente de su país y su propia biografía —militante comunista, fue torturado en las bodegas de un barco utilizado como centro de detención—, “no habría escrito una línea”. A finales de los setenta participó en el Colectivo Acciones de Arte (CADA) junto a otros escritores y artistas visuales. El objetivo: intervenir el espacio urbano de Santiago de Chile con imágenes que cuestionaran las condiciones de vida de un país en dictadura.

Fue en la misma época, en 1979, cuando publicó Purgatorio, una obra rompedora con la que saltó a los altares de la poesía chilena e iberoamericana. “Helo allí, helo allí, suspendido en el aire, el desierto de Atacama. Suspendido sobre el cielo de Chile diluyéndose entre auras. Convirtiendo esta vida y la otra en el mismo desierto de Atacama, áurico, perdiéndose en el aire. Hasta que finalmente no haya cielo sino desierto de Atacama y todos veamos entonces nuestras propias pampas fosforescentes, carajas, encumbrándose en el horizonte”, escribió Zurita, autor de una poesía telúrica, entre lo grandioso y lo íntimo. “Así es la vida. En la existencia de todos los seres humanos se mezcla la grandeza y el miedo, la alegría y el horror, los actos heroicos y las traiciones”, ha explicado este martes a EL PAÍS.

En Atacama escribió en la piedra “ni pena ni miedo”. Una década antes, en 1982, hizo escribir 15 frases de 10 kilómetros en el cielo de Nueva York usando el humo de avionetas que habitualmente anunciaban la Coca-Cola. Pero Zurita no se enreda con las formas de expresión; para él, “el poema en el cielo es tan ortodoxo como el más clásico de los sonetos”.

9.9.20

Cámara de Diputados respaldó reconocer comunidad chango como etnia indígena de Chile.


 

Vía Diario Constitucional.

Una de las principales etnias indígenas de Chile.

La propuesta, despachada al Ejecutivo para su promulgación como ley, fue debatida y votada a la luz de las modificaciones efectuadas por el Senado al texto que inicialmente despachara la Cámara.

8 de septiembre de 2020

En condiciones de ser promulgado como ley de la República quedó el proyecto, fruto de mociones refundidas que reconoce a la comunidad chango como etnia indígena de Chile, ello luego que la Sala de la Cámara ratificara las modificaciones propuestas por el Senado.


El grueso de los cambios fueron aprobados por 135 votos afirmativos, uno negativo y once abstenciones.
Una de las enmiendas del Senado eliminó la expresión pueblo (aprobada por la Cámara) que antecedía a chango, en la definición de las principales etnias indígenas de Chile que el Estado reconoce.


Conforme al cambio indicado, el listado de las etnias chilenas queda de la siguiente manera: Mapuche, Aimara, Rapa Nui o Pascuenses; las comunidades Atacameñas, Quechuas, Collas, Diaguita y Chango del norte del país; y las comunidades Kawashkar o Alacalufe y Yámana o Yagán de los canales australes.
Una segunda modificación –ratificada por 81 votos a favor, 27 en contra y 40 abstenciones- incorpora como tierras indígenas a aquellas ubicadas en las regiones II, III, IV y V (de Antofagasta, Atacama, Coquimbo y Valparaíso), entre las regiones VIII, IX y X (del Biobío, la Araucanía y Los Lagos) inscritas por los beneficiarios indígenas de las Leyes 15.020, de 1962, y 16.640, de 1967, (ambas de Reforma Agraria) en el Registro de Tierras Indígenas, y que constituyan agrupaciones indígenas homogéneas, lo que será calificado por la Conadi.


También serán consideradas tierras indígenas aquellas que históricamente han ocupado y poseen las personas o comunidades mapuches, aimaras, rapa nui o pascuenses, atacameñas, quechuas, collas, diaguitas, changos, (enmienda del Senado) kawashkar y yámana, siempre que sus derechos sean inscritos en el Registro de Tierras Indígenas a solicitud de las respectivas comunidades o indígenas titulares de la propiedad.

Otras normas

Otra modificación del Senado incluye, entre los acuíferos que deben ser considerados bienes de propiedad y uso de las comunidades Aimaras y Atacameñas, a los pozos de agua dulce que se encuentren en los terrenos de la comunidad, junto a los ríos, canales, acequias y vertientes.


Una última enmienda –que sumó 82 votos afirmativos, 28 negativos y 39 abstenciones- adiciona un artículo nuevo que indica que son changos las comunidades costeras ubicadas principalmente desde la II a la V Región (de Antofagasta a Valparaíso).


En dicho marco se indica que se procurará proteger especialmente el hábitat de este pueblo originario, constituido por el borde costero, playas, islas y roqueríos, como asimismo la biodiversidad y ecosistemas marinos que garantizan su desarrollo y supervivencia.


Antes de la votación intervinieron en el debate las y los diputados Galleguillos, Hernando, Pérez; Cicardini. Labra, Velásquez, Girardi y Alinco.


En términos generales, recordaron que en el último censo más de 4 mil personas reconocieron pertenecer al pueblo chango y resaltaron que el proyecto responde legislativamente a una demanda histórica que entrega dignidad a esta ancestral comunidad.


Además, insistieron en la necesidad de profundizar en un nuevo trato y una reparación completa a todas a las etnias indígenas de Chile.

Vea textos íntegros de las mociones refundidas, discusión y análisis boletines Nº 11188 y 11335.

Expertos plantean proyectos que podrían instalarse en el sector de Las Petroleras

Vía EMA.


 

OPINIONES. Desde un subcentro, barrios y hasta un lugar para grandes eventos y congresos, entre las propuestas. Con el eventual traslado de los estanques pertenecientes a ENEX del sector Las Petroleras en Antofagasta, se abre un nuevo debate: ¿Qué se podría hacer con ese espacio? 

A| ser una amplia zona la que ocupa esta empresa en la actualidad en este sector, algunos consideran que podría ser beneficioso fraccionar esta macromanzana de 900 metros, según explica el arquitecto y magíster en Diseño Urbano de la Universidad Politécnica de Cataluña, Larry Games. 

 El también académico de la Universidad Católica del Norte (UCN) comenta que este espacio puede ayudar a definir un modelo descentralizado en la ciudad. "No sé debería convertir estos grandes paños de terreno urbano en grandes parques o grandes superficies, como mall o grandes supermercados. Se debe considerar la oportunidad de crear barrios equilibrados". 

Games añade que la situación del traslado de los estanques "se presenta como una gran oportunidad. Así como lo es en otras partes de la ciudad con otras grandes superficies. Se podrían entregar para muchas pequeñas y medianas oportunidades de habitar de forma equilibrada y ayudar a aminorar la escasez de vivienda social bien ubicada y el establecimiento de pequeños equipamientos, que en esta pandemia nos han ayudado a todos a entender que uno puede conseguir muchas cosas alrededor de sus propios hogares". 

DESARROLLO URBANO 

El arquitecto y académico de la Universidad de Chile, Alberto Texido, dice que "hay una posibilidad de desarrollo urbano dentro de la ciudad consolidada, con buena accesibilidad, con una cercanía y equipamiento y servicios. Hay un gran potencial de desarrollo en un sector centro-norte de la ciudad que podría colaborar a que Antofagasta logre desarrollar otro subcentro, para dejar de ser una ciudad monocéntrica, que es uno de los problemas que tiene, donde los servicios están todos concentrados". 

Sin embargo, Texido recalca que el desafío ahora es descontaminar el suelo para su uso urbano. "En la experiencia internacional hay muchas experiencias de contaminación por hidrocarburos, que antes de su uso urbano usan sistema de bacterias y de vegetación que limpian el suelo". 

 Finalmente, el arquitecto y director del Magister en Arquitectura en Zonas Áridas de la UCN, Claudio Galeno, plantea que una de las primeras acciones que se podrian determinar es darle más continuidad a las calles que bajan de cerro a mar y se ven interrumpidas por la infraestructura empresarial. 

"Antofagasta no tiene un espacio digno para los eventos. Cualquier cosa que se haga, debiese ser con programas que activaran la vida pública del sector y ojalá no se privatizara, ojalá no pasen a manos de inmobiliarias para construir conjuntos de viviendas que finalmente lo único que hacen es cerrar espacios", añade Galeno.

5.9.20

Enfermedades sociales: Turismo, ciudad y arquitectura

El surgimiento y transmisión de enfermedades sociales como producto del hacinamiento y las malas condiciones de habitabilidad fue un desafío para las sociedades que, alrededor del mundo, lo vivieron en forma particularmente dramática durante las primeras décadas del siglo XX. Como respuesta surgieron los parques urbanos, las infraestructuras sanitarias, el turismo terapéutico y una arquitectura blanca, luminosa y médicamente guiada, que se promovía a sí misma como vehículo de cura y sanación.

Modera: Hugo Mondragón.

Expositores: Macarena Cortés, Andrea Rojas, Claudio Galeno.

Un espejo global: los valores de la Estación Nueva (calle Valdivia) y las cocheras del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia


 

Vía El Nortero.

Por Claudio Galeno-Ibaceta.

A propósito del debate público que se ha desarrollado en la prensa y en redes sociales en torno a la Estación de trenes de calle Valdivia y sus cocheras, compartiré aspectos que revelan que esas arquitecturas representan un espejo global de acciones, sucesos y reflexiones, desarrolladas en el período 1913-1916.

Hace varios años, mientras investigaba sobre la arquitectura y la historia urbana de Antofagasta, supe de un proyecto no ejecutado para una gran estación ferroviaria para Antofagasta. Por mucho tiempo, eso no pasó de un cabo suelto que solo aumentaba mi curiosidad y mi imaginación. ¿Cuál sería la escala de ese proyecto? ¿Sería como las grandes estaciones en estructura de acero?

En algún momento, algunas piezas empezaron a encajar. Primero, un estudio de la historiadora Guadalupe Durán, decía que, debido la congestión que se producía en torno de la antigua estación de calle Bolívar, junto a la Poza Histórica, por el movimiento de cargas y de pasajeros, impulsó que la empresa del Ferrocarril encargara una nueva estación que estuviese alejada del centro urbano, y que fuese de grandes dimensiones, sólida y hermosa.

Puedo agregar, que una nueva estación coincidía con el impacto que tendría las obras de la red longitudinal, que unió el norte de Chile desde fines de 1914, y que, evidentemente, aumentó el flujo de pasajeros y de cargas.

Según Durán, el diseño se habría encargado a un “arquitecto londinense” (la historiadora no menciona su nombre), y que su construcción incluiría baldosas de loza, semejantes a las del edificio del Banco Mercantil Boliviano y de la torre reloj donada por la colonia británica en la Plaza Colón.

Esas baldosas de loza que menciona, se trataban de terracotas o cerámicas vidriadas producidas por la compañía británica Royal Doulton, muy reconocida por la calidad de este tipo de revestimientos, utilizados en una serie de edificios en Inglaterra y por el mundo, incluso en países latinoamericanos, como Argentina y Chile.

Además, la historiadora agregó que por el elevado costo que tendría ese ambicioso diseño, no sería ejecutado, sino que se decidió hacer una construcción menos costosa, con un diseño atribuido a un arquitecto de apellido “Vosey” (otros investigadores lo mencionarán como Voisey), bajo las instrucciones del ingeniero Hestkett. Se trataría del edificio que existe en la actualidad en calle Valdivia, el cual fue inaugurado el 5 de junio de 1916 y fue conocido como la Estación Nueva.

LAS COCHERAS

Junto con la estación se construyeron las cocheras hacia el norte. Un elevado galpón organizado en franjas, con una extensa cubierta plana revestida de caña tejida que creaba un gigantesco espacio de luz tamizada. Esa construcción, que aún perdura, fue necesaria para guardar los coches de pasajeros, y para “un mejor cuidado de los carros y rápida formación de convoyes”.

Otros antecedentes son los que identificaron los historiadores Juan Cortés, Elsa Echeverría y Marietta Perucci. Ellos revelaron que la idea de construir una nueva estación fue propuesta en 1913, por los motivos antes mencionados, y que los ejecutivos de la empresa optaron por encargar un proyecto de grandes proporciones. Además, lo que motivó el uso de las cerámicas Doulton, fue porque eran fáciles de mantener limpios del polvo que se levantaba de las calles sin pavimentar.

El inicio de la Primer Guerra Mundial, dio fin a este proyecto de una estación en concreto armado y revestido de terracotas, pero dio paso a una edificación en madera. Esta construcción también tendría en la cubierta cerchas metálicas, que le otorgarían “un aspecto sólido y de durabilidad”. Esa afirmación, es correcta, ya que uno de los detalles relevantes, en cuanto aspectos constructivos son esas delicadas piezas metálicas que fueron dejadas a la vista.

La descripción de los historiadores coincide con las visitas que hemos hecho al edificio:

“Una gran plataforma pavimentada de concreto ocupa el centro de la estación. (…) el edificio tiene un pórtico adornado con columnas de concreto, con dos anchas puertas de acceso a un hall que tiene de fondo una sección de oficinas para el jefe de estación y las boleterías para ventas de pasajes de 1ra. y 2da. clases. (…) A la derecha de la sección de 2da. clase, que entraba por la puerta derecha, estaba la sección destinada a la recepción y entrega de equipajes. Hacia la izquierda del hall se habilitó una sala de refrescos atendida por el concesionario de los carros comedores. / El andén (…) techado en una extensión de 40 mts. de largo por 12 mts. de ancho y provisto de bancos. La plataforma sobre la cual se edificó la nueva estación se extendía a ambos costados del edificio en 70 metros por lado

Podemos agregar que el proyecto de Mitchell, fue tremendamente publicado, con variaciones, en revistas de arquitectura e ingeniería. En 1914, Mitchell publicó el proyecto en The Builder y en Building; en 1915, en The Building News; y en 1916, en The Architect and Building News y Concrete and Constructional Engineering. La serie de artículos identificados revelan que el arquitecto no estaba conforme con que su proyecto situado en los lejanos territorios del desierto de Atacama se hubiese desechado.

Antes de terminar, debo mencionar a la investigadora Clare Sherriff, quien se ha dedicado a estudiar la producción de Mitchell y que publicó el año 2012, un artículo, donde se refería al proyecto de Antofagasta, y con la cual interactuamos para poder indagar más en los trabajos de ese destacado arquitecto del periodo artístico del Art and Crafts.

Finalmente, como un epílogo, todo el proceso desencadenó una importante transformación urbana hacia el margen oriental de Antofagasta, la cual aún impacta en la continuidad urbana, pero que a la vez es parte inevitable de la memoria colectiva de la ciudad de Antofagasta. Por un lado, para que la estación iniciara sus funciones, fue necesario urbanizar su entorno, nivelando el terreno de calle Condell y Valdivia; así como prolongando calle Matta. Pero, talvez lo más impactante, fue la creación del patio Sur del FCAB, y el traslado del tráfico de los trenes desde la avenida Argentina, hacia un nuevo circuito por la franja que circula en paralelo a avenida Sabella. Esa nueva línea fue nombrada Playa Blanca.

Toda esa área con edificaciones que datan, por lo menos de 1916, destacando la Estación Nueva y las cocheras, son parte del debate actual, si deben o no ser declaradas monumentos históricos, con lo cual, frente a su rol de espejo global, no queda más que decir, que son piezas fundamentales de la breve y frágil memoria de las ciudades del desierto de Atacama, y obviamente deben ser protegidas, más allá de los intereses económicos.

1.9.20

Carlos Massardo, el rayo que no cesa [obituario]. Por Marcela Mercado.

Fotografía vía El Diario.
 

Vía EMA

Conmocionados, como estamos, ante la el encierro, la crisis y la distancia, nos enteramos de la ausencia definitiva de uno que habitó intensamente nuestra ciudad. Carlos Massardo Prado, librero y gestor Cultural fue un activo protagonista de la vida cultural antofagastina. Todo aquello que alimentara el alma ciudadana, que hiciera vibrar los corazones de su territorio lo apasionaba. Junto a un grupo de amigos fundó el periódico cultural digital "InformArte" a través del cual fomentaba y difundía las actividades culturales en todas sus expresiones a lo largo de la región: once años de poesía, canto, artes visuales y cine. 

Hoy, Carlos ha partido hacia una ruta imposible, ha tomado un camino hacia un reino perdido en los inicios de la vida del hombre en la Tierra. Vivió trazando una senda que dejó huellas visibles y ocultas en la difusión y fomento del arte y patrimonio, buscó entre los pliegues de la realidad para alcanzar lo bello de nuestra identidad. Carlos contuvo en él los deseos y las aspiraciones de un pueblo completo. 

El pintor Luis Núñez se duele de la partida del artista :"la partida de nuestro amigo Carlos no solo representa la pérdida de un ser creativo, generoso y en extremo sensible, sino que deja al descubierto la indefensión total en la que se vive cuando se trabaja por la cultura. Por años, Carlos aportó a nuestra ciudad a través de proyectos y con su labor diaria, sin jamás ambicionar nada más que compartir su amor por el patrimonio local. Es hora de que el Estado y los gobiernos locales reconozcan el rol fundamental de los gestores culturales y nunca más dejen a ninguno sin el apoyo que merece".

Por su parte, el poeta Miguel Morales, el Tipógrafo Huraño, quien trabajó junto a él como librero en la Casa de la Cultura durante quince años, recuerda que compartían el sarcasmo y la ironía en la forma de enfrentar la vida. "Él amaba vivir en el centro de la ciudad, por lo que era usual que se encontrara en los cafés. Hablamos de un hombre que amaba la vida, estar cerca de los amigos. Gustaba de la poesía visual y se entretenía con mis breverías. Amaba los libros como objeto de culto, las alturas, los balcones del centro de la ciudad, las largas conversaciones y los sueños más profundos de un territorio común que alcanzara para todos". 

¿Para qué poetas en tiempo de penurias? Nos preguntamos una y otra vez. Pues para invocar la palabra de Miguel Hernández, que alce su voz y hoy nos consuele ante su tumba: "Volverás a mi huerto y a mi higuera:/por los altos andamios de las flores/pajareará tu alma colmenera/de angelicales ceras y labores./Volverás al arrullo de las rejas/de los enamorados labradores".

23.6.20

Historia y decadencia de la Universidad de Venezuela, el monumento que ha sobrevivido a todo menos al régimen de Maduro

Vía El País.

La Ciudad Universitaria de Caracas, del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, fue declarada Patrimonio de Humanidad en el año 2000. A pesar de ello, la falta de mantenimiento de los últimos años ya le pasa factura


universidad venezuela patrimonio
A la izquierda, el Aula Magna con los móviles de Alexander Calder, diseñados para mejorar la acústica de la sala. A la derecha, uno de los pasillos cubiertos de hormigón armado diseñados por Carlos Raúl Villanueva, en una foto tomada la semana pasada. | Getty / Whatsapp
 
"No sirvió de nada declararlo patrimonio". Paulina Villanueva, hija del arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900-1975), autor del campus de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, no podía creerlo cuando al abrir un nuevo mensaje en su móvil se encontró con las imágenes del hundimiento de una de las piezas más singulares de la obra de su padre, un corredor cubierto de hormigón armado, dentro de un conjunto que la Unesco considera "una obra maestra del urbanismo, la arquitectura y el arte" y un "ejemplo sobresaliente" de los ideales del movimiento moderno.
Paulina atiende la videollamada de ICON Design desde Nueva York, donde se quedó bloqueada cuando se declaró la pandemia de covid-19. Varios factores fatales han confluido para que esta pasarela haya acabado venciendo: "El cerco económico del gobierno de Maduro a las universidades, que se han quedado prácticamente sin recursos, ha coincidido con las lluvias torrenciales que han caído en los últimos días en Caracas". Todo ello en plena cuarentena por el coronavirus, "que ha hecho que la universidad se haya quedado vacía varios meses".

La obra del diablo

La Ciudad Universitaria de Caracas (1940-1060) es la obra de una vida: cerca de 40 edificios se distribuyen en 200 hectáreas cuatro zonas: el hospital universitario (que el artista moderno Mateo Manaure revistió con un mural policromado), el conjunto central (en el que se ubican el aula magna y el rectorado), la ciudad deportiva y las facultades, entre las que destaca la de Arquitectura. "A principios de los años cincuenta comenzó a trabajar en el conjunto central, que ya no es como los edificios estucados de blanco de la primera etapa, sino un despliegue de formas de hormigón armado a la vista, muy audaces, que ejecutó con ingenieros e integrando las artes", explica María Fernanda Jaua, arquitecta venezolana licenciada por la facultad de Arquitectura en esta universidad y ahora residente en Madrid.


universidad venezuela patrimonio 
El pasillo de hormigón armado y acero que se ha hundido estos días en una imagen de 1959. | Getty

Todos quedan unidos en un entramado de pasillos cubiertos, un ejemplo extraordinario de la adaptación de la arquitectura al entorno. "Villanueva tuvo la posibilidad de llevar a la realidad los ideales de la arquitectura moderna de principios del s. XX, pero a la vez tuvo en consideración el lugar, de clima tropical", señala Jaua.


universidad venezuela patrimonio  
Vista general de la Ciudad Universitaria de Caracas. A la derecha, el edificio rojo de la Biblioteca, que forma parte del conjunto central. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

universidad venezuela patrimonio  
Vista del conjunto central con el rectorado a la izquierda, el aula magna en el centro y la biblioteca a la derecha. | Fundación Villanueva

"Para la protección del sol y del calor [con sombras y ventilación]", continúa, "se inspiró en la arquitectura colonial española, sin copiarla, con elementos como celosías, corredores, espacios abiertos e intermedios entre exterior e interior. Estos pasillos son casi un kilómetro y medio de distintas estructuras que unen los edificios para caminar entre ellos protegido del sol". En ellos, Villanueva tuvo la ocasión de experimentar con el hormigón armado y el acero, junto a los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti.

"El corredor que se ha caído", explica Jaua, "tiene las columnas a un lado para dejar abiertas las vistas al jardín central al que da el aula magna. Es un pasillo ondulado que se llena de agua y de hojas y, si no lo limpias, el peso termina afectando a la estructura".


universidad venezuela patrimonio  
La plaza cubierta de la ciudad universitaria es una síntesis de la arquitectura moderna y de elementos propios de las construcciones coloniales, como la generación de sombras y ventilación. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

Además, decenas de obras de arte se distribuyen por toda la ciudad, integradas en la vida cotidiana; una "síntesis de las artes" –una idea que le Le Corbusier trabajó durante toda su vida– , en la que participó un importante grupo de creadores de vanguardia, como el estadounidense Alexander Calder o el francés Fernand Léger. El diseño incluye desde el paisajismo, con especies autóctonas de hoja verde, hasta las manillas de las puertas y por supuesto los muebles.

"Cuando mi padre fue a presentarle el proyecto a Alexander Calder para pedirle que participara, él le respondió: 'Villanueva, eso es demasiado ambicioso, esto no lo puede construir un hombre. Si llega a construirlo es porque es usted el diablo". Terminado el conjunto Calder se presentó en Caracas con una silla negra con alas de mariposa que había hecho para el arquitecto: "Es la silla del diablo", le dijo. Ahora se encuentra en el jardín de la casa Caoma, la residencia de Villanueva en Caracas.


universidad venezuela patrimonio  
Alexander Calder, de pie, con Carlos Raúl Villanueva en la silla del diablo. | Fundación Villanueva

Un funcionario lo suficientemente loco

Pero tan milagroso como el proyecto es el hecho de que Villanueva lograra llevarlo a cabo sin interferencias, desde un despacho en el Ministerio de Obras Públicas, y pasando por gobiernos de todos los signos, golpes de estado, presidentes asesinados y dictaduras. "Solo en una ocasión recibió la visita el general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958)", cuenta Paulina Villanueva, también arquitecta y directora de la Fundación Villanueva, que lleva décadas velando por preservar la integridad de la obra.


universidad venezuela patrimonio  
El arquitecto posa bajo los móviles de Calder en el aula magna de la Universidad Central de Venezuela. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

"Le fueron con el chisme de que el arquitecto de la Ciudad Universitaria estaba haciendo una cosa loca en el aula magna con un artista, Calder, que estaba chalado. Pérez Jiménez se acercó y le preguntó qué era aquello que había por el suelo. Allí estaban las nubes de Calder por el suelo. Y mi padre le dio la respuesta que había que darle: 'Esto, general, es funcional".

Los móviles de Calder que pueblan el auditorio como platillos flotantes de formas y colores irradian las ondas acústicas del espacio, pero son a la vez la guinda de una síntesis de las artes que se compone de un total de 107 obras de 24 artistas plásticos, entre murales y esculturas.


universidad venezuela patrimonio  
El rectorado y la biblioteca vistos desde uno de los corredores cubiertos, en 1959. | Getty

universidad venezuela patrimonio  
El edificio de la Facultad de Arquitectura fotografiado en 2016. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

No es que el general Pérez Jiménez compartiera los ideales del movimiento moderno. "La dictadura militar venezolana quería celebrar en la universidad la X Conferencia Iberoamericana en 1954, con mandatarios de todos los países, y quería mostrarse al mundo con lo que sabía que el mundo valoraba en aquel momento", cuenta Paulina Villanueva. "Así que durante al menos el tiempo hasta que se celebró la cumbre, hubo recursos de sobra para ejecutar el proyecto".

Para cuando el dinero se acabó la Ciudad Universitaria estaba prácticamente completada, al menos a ojos profanos. Para Villanueva, la arquitectura estaba viva y debía ir creciendo y adaptándose con el paso del tiempo y el cambio de usos. Costó más convencer a algunos artistas para que participasen en un proyecto financiado por una dictadura, que a la propia dictadura de las bondades del arte. En el caso de algunos creadores venezolanos, como Jesús Soto, la negativa "era comprensible", dice Jaua, no querían vincularse con el gobierno militar.


universidad venezuela patrimonio  
Parte trasera del aula magna en 2016. Al fondo el edificio de la biblioteca central. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

Otros, como Miró, simplemente estaban en plena fertilidad creativa, con demasiado trabajo para atender ningún nuevo encargo. En general, los europeos de izquierdas comprendieron que era más trascendente el proyecto en sí mismo que el origen del dinero. "La dictadura va a pasar, pero la obra va a quedar", dijo Fernand Léger, criticado por contribuir al conjunto, en 1954, con un vitral ubicado en el edificio de la biblioteca central.

¿Por qué no podemos cultivar rosas?

La permanencia, en cambio, ha sido un caballo de batalla que ha habido que sacar casi a diario desde que Villanueva falleció a causa del Párkinson. Su hija puede contar cada una de las veces que ha tenido que frenar los impulsos creativos de rectores, profesor y alumnos, afear la dejadez de las administraciones públicas y universitarias en el mantenimiento o bajar los brazos ante cambios irreparables.


universidad venezuela patrimonio  
El reloj de la entrada a la Ciudad Universitaria, también de hormigón, fue llevado a cabo por los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti, los mismos que desarrollaron los corredores cubiertos. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

"Un día, en una reunión de alguna de las comisiones de conservación que ha habido en la universidad, llegó la solicitud de un decano que quería plantar rosales. Le dijimos que no y el decano se indignó con nosotros, y de paso el rector se indignó también con nosotros. Tuvimos que explicarle que el diseño no se reducía a los edificios, sino que era un proyecto integral, del que formaban parte también los espacios, los pasillos y los jardines: chaguaramos, palmas, vegetación verde, así eran los jardines de mi padre", cuenta. "Todo el mobiliario del aula magna era una preciosidad y lo cambiaron por unos muebles nuevos de un mal gusto horrible. Un rector decidió que a mi papá le faltaron pasillos y acordó construir unos nuevos que no tienen nada que ver con el proyecto".


universidad venezuela patrimonio  
Detalle del museo al aire libre en la plaza central de la Ciudad Universitaria. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

Con todo, se consiguieron mantener la integridad y autenticidad del diseño de Villanueva, condiciones indispensables para que la Unesco llegase a declararlo Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Villanueva. En vista de las dificultades cotidianas para que aún hoy se comprenda la importancia de preservar la Ciudad Universitaria, cuesta imaginar cómo el arquitecto consiguió salirse con la suya durante dos décadas.


universidad venezuela patrimonio  
Edificio del rectorado. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

Quizá fue por esa habilidad para dar la respuesta idónea o quizá por su manejo precario del español. De padre venezolano, Villanueva nació y se educó en Francia, primero en el Liceo Condorcet y luego en la Escuela de Bellas Artes de París. Fuera de la academia se vinculó con las vanguardias de aquel París efervescente. Y conquistó a la que luego fue su mujer, una venezolana que, según bromeaba, se había casado con él "porque hablaba perfectamente francés", cuenta Paulina.

Ya en Venezuela, regresó a París en 1937 porque había hecho el pabellón de Venezuela para la exposición universal, en la que España presentó el pabellón de la República. "Mi mamá decía que se pasaba el tiempo allí con Sert, que en el venezolano estaba menos interesante. Allí conoció también a Miró". Los recuerdos que Paulina Villanueva tiene de su padre trabajando comienzan cuando él estaba enfrascado con la ejecución del conjunto central de la Universidad. "Era como un sacerdote de la arquitectura: trabajaba de ocho de la mañana a 12 del mediodía y de dos a seis de la tarde, y cuando llegaba la hora cerraba".


universidad venezuela patrimonio  
El Hospital universitario es el principal de los edificios de la primera etapa, estucados en blanco y con líneas más clásicas. | Getty




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
[Colores originales colocados por el artista Mateo Manaure al Hospital Universitario de Caracas.]

Sorprende que consiguiera así, sin nocturnidad ni arrebatos de genio excéntrico, no solo levantar la Ciudad Universitaria, sino combinar el proyecto con sus clases de Proyectos y de Historia de la Arquitectura y con su trabajo en el Banco Obrero, a través del que hizo un buen número de edificios de viviendas sociales, como El Silencio o 23 de enero.


universidad venezuela patrimonio  
Dos estudiantes posan en 1959 en un panel de azulejos ubicado en la plaza central. | Getty

"Arreglarse se va a arreglar"

Mientras esos edificios no tienen problemas de mantenimiento, el estado actual de la universidad es, en palabras de Paulina Villanueva, triste. "Sobrevive gracias a la dedicación de muchas personas [afines al proyecto] que quedan trabajando allí. Cada vez que pasa el tiempo y no se hacen los trabajos de mantenimiento la ciudad universitaria se deteriora. Y ahora con la pandemia la universidad ha estado sola varios meses", lamenta. "El concreto no es como la piedra, no es eterno. El estado de ese pasillo ya era delicado desde hace bastante tiempo. Se hizo un diagnóstico y luego no se realizó el mantenimiento que se debía: los drenajes estaban tapados y había que arreglar la impermeabilización. Ahora, los soportes de acero están dañados".

Aunque reconoce que hace falta un informe de peritaje para saber si se va a poder salvar o si habrá que demoler la estructura para volverla a construir, Paulina no pierde la fe en el diablo: "Arreglarse se va a arreglar; hay que tratar de hacerlo de la mejor forma posible y con las personas adecuadas, buenos ingenieros".

universidad venezuela patrimonio  
La Sala de Conciertos con un mural del artista moderno venezolano Mateo Manaure. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

18.6.20

Juan Floreal Recabarren Rojas (1927-2020), historiador de gran impulso



El día 16 de junio de 2020 falleció Floreal Recabarren.

 

Recabarren era profesor de historia. Mi madre, Alicia Ibaceta, siempre se refería a él, como un gran maestro, uno de sus mejores profesores, que enseñaba muy bien, que era entretenido.

 

Lo entrevisté en agosto de 2011, en el café que tenía en el paseo Prat. Me contó de los años que fue alcalde. En 1966, le había tocado celebrar los 100 años del poblamiento de Antofagasta, de la llegada de los primeros exploradores: Juan López y José Santos Ossa.

 

El anterior alcalde Santiago Gajardo había creado un concurso de investigaciones sobre el primer poblamiento de la ciudad. Y le tocó a Recabarren efectuarlo. Concurso que ganaron Jorge Cruz Larenas y Oscar Bermúdez Miral, y los publicaron en dos libros, uno sobre los orígenes y el otro sobre la fundación.

 

La celebración sería en el segundo semestre, en noviembre, que era el mes aproximado de la llegada de Juan López. Quería posicionar esa como la fecha de celebración de los aniversarios de Antofagasta, en contraposición a los festejos de 14 de febrero, que no eran del aniversario, sino del inicio de la Guerra del Pacífico y del desembarco de las tropas en Antofagasta. Quería un aniversario de verdad, no una celebración a la guerra.

 

Habían inventado un lema: “Antofagasta: la ciudad del gran impulso”. Porque reconocía que la ciudad desde que sus orígenes no había parado de crecer, que superaba a todas las otras ciudades nortinas con su empuje.

 

Para esas fiestas también lanzaron un pequeño disco de vinilo, un EP de 45 rpm: “Melodías del recuerdo en el primer Centenario de Antofagasta”. Por un lado, traía el Vals Antofagasta y Pampa, por el otro Adiós al Séptimo de Línea y Antofagasta despierta. El disco traía un mensaje de Floreal Recabarren.

 

Muchos hemos investigado, usando sus libros. He podido identificar publicaciones desde los años 70. En 1971 publicó “No se puede jugar con el salitre” y en 1972, “Los escándalos y fracasos de la Soquimich”.

 

Un clásico de la historia urbana y memoria visual fue “Antofagasta, una historia en imágenes”, de 1979, que escribió junto a Alfonso Calderón, Juan Panadés y Antonio Obilinovic, con el diseño del famoso Mauricio Amster. Una verdadera joya. El libro era fruto de una exposición que habían realizado en noviembre de 1978 en la Universidad de Chile. El catálogo de esa muestra empezaba con el título: “La imagen es historia”.

 

En 1983 publicó “Coloso, una aventura histórica”, junto con Antonio Obilinovic y Juan Panades. En 1984 publicó “1921: crisis y tragedia”, muy interesante, y de gran profundidad, donde se adentra en un momento muy específico de la ciudad. Ese libro luego fue republicado el 2003 como “La matanza de San Gregorio, 1921: crisis y tragedia”.

 

Luego viene un salto hasta el año 2002, con “Episodios de la vida regional”, sin duda que uno de los libros más conocido, con una serie de microhistorias. Afortunadamente la publicación está disponible en digital en el sitio Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional.

 

El 2003, con María Teresa Ahumada y Héctor Ardiles, publicaron el libro “Antofagasta: ciudad con historia”, el cual fue distribuido por fascículos que acompañaban El Mercurio de Antofagasta.

 

Infatigable, siempre publicaba en la prensa de Antofagasta. Emitia sus opiniones en seminarios, conversatorios o conferencias, que abordaban temas de la ciudad. Sin duda que, a pesar de su partida, dejó un legado que será imposible de borrar, y nos dejó tareas a todos lo que nos sentimos comprometidos con la ciudad del gran impulso.