16.1.09

EL AÑO [1977] QUE SE QUISO DEMOLER NUESTRA HISTORIA. EL MERCURIO DE ANTOFAGASTA, 01.05.2001 (¿EL PRINCIPIO DE LO QUE OCURRE HOY?)

© Archivo Claudio Galeno

01/05/2001, El Mercurio de Antofagasta

El año que se quiso demoler nuestra historia

El ex intendente y ex militar, Adrián Ortiz Guttman, presentó un proyecto que consideraba la destrucción de estos edificios para realizar la ampliación de la avenida Aníbal Pinto y así solucionar el "cuello de botella" que se producía en el lugar con el tráfico de automóviles

Esta edificación pudo haberse convertido en polvo, de no haber sido por la oportuna intervención de antofagastinos con arraigo cultural.

Hay historias que pasan frente a nuestros ojos, pero se desdibujan en el tiempo. Hay otras que llegamos a percibirlas, casi por intuición. Pero hay otras que no son captadas por nuestros ojos ni llegamos a percibirlas; sólo quedan marcadas en las paredes como un trazo de tinta invisible.

El 25 de junio de 1977 apareció publicado en "El Mercurio" de Antofagasta un artículo titulado "Conservar el sector donde nació Antofagasta, una gran posibilidad".

Por primera vez en la historia de Antofagasta -por lo menos de lo que se tiene registro- se puso en debate público la importancia histórica de Antofagasta. Dicho cuestionamiento lo entabló el arqueólogo, en ese momento director del Museo Regional y actualmente investigador del Instituto de Investigaciones Arqueológicas de San Pedro de Atacama, Doctor Agustín Llagostera Martínez, al proponer el denominado "Barrio Histórico" como un posible Centro Cultural e Histórico para Antofagasta. Además, para formular la propuesta, el académico contaba con la colaboración del historiador Adolfo Contador, quien respaldaba la propuesta argumentando el gran bagaje histórico que el sector poseía por ser una de las primeras edificaciones de Antofagasta, las cuales permanecen prácticamente intactas a cuando fueron levantadas. Además de convertir el sector en el Barrio Histórico, se estaba construyendo un proyecto para que se promulgara una ley en donde se nombrara a dichos edificios en Monumento Histórico Nacional.

POSICIONES ENCONTRADAS

Al enterarse la ciudad de dicho proyecto, se desató el gran debate, ya que comenzaron a aparecer posiciones encontradas. El intendente y ex militar Adrián Ortiz Guttman se encontraba, en esos momentos, presentando un proyecto en donde se consideraba la destrucción de dichos edificios para realizar la ampliación de la avenida Aníbal Pinto y de esta manera solucionar el "cuello de botella" que se producía en el lugar con el tráfico de automóviles. Dicho proyecto era acariciado delicadamente por el intendente de dicha época, de esta manera dejó en claro al señor Llagostera "mejor vaya olvidándose de la ley para sus edificios... éstos serán demolidos para la ampliación de la avenida".

El debate de la dualidad entre historia-progreso ya estaba desatado. Duras apelaciones públicas, realizadas a través de "El Mercurio" de Antofagasta, tanto de los ciudadanos que estaban a favor de la destrucción como opositores. Llagostera, por su parte, continuaba con su trabajo; recopilar los fragmentos de historias para respaldar y fundamentar su proyecto de Monumento Histórico, mientras que el ex militar realizaba duras declaraciones y reuniones amenazadoras en contra del académico.

PROPUESTA NEGADA

Como una forma de lograr un diálogo entre la Intendencia y el académico, se propuso "trasladar" los edificios tres metros hacia la costa y ubicarlos en una plataforma. Dicha propuesta fue negada por el académico de la Universidad del Norte (hoy UCN) ya que había serios riesgos que las estructuras no soportaran el movimiento del traslado, por lo tanto se desechó el plan.

El 30 de Agosto de 1978 apareció publicado en "El Mercurio" de Antofagasta un artículo titulado: "Declaran monumentos nacionales a tres reliquias de Antofagasta". Dicha información fue entregada por el Doctor Agustín Llagostera Martínez. Los edificios correspondían a la primera Gobernación de Antofagasta, oficina de Resguardo Marítimo y el muelle ubicado en el sector.

Frente a esta información, el intendente notificó a Llagostera que se presentara a primera hora del 31 de agosto de 1978 para realizar una "reunión" en la cual se trataría el tema del declarado Barrio Histórico como Monumento Nacional. Con esta ley, el proyecto añorado por el ex intendente se vio destruido.

TEMOR A REPRESALIAS

Variados fueron los consejos de los amigos y familiares de Llagostera, debido al temor de algún tipo de represalias o persecución; algunos le decían que fuera a la reunión, pero que dejara una constancia. Otros apelaban a que se fuera de Antofagasta por algunos días. Esta última idea fue la decisión que tomó el arqueólogo. Con ayuda de sus amigos y familiares, se trasladó cerca de Cerro Moreno, lugar donde estuvo refugiado en carpa durante tres semanas, visitado una vez por día para recibir provisiones e información sobre la orden de búsqueda y posteriormente de persecución que se llevaba a cabo en Antofagasta para dar con el paradero de Agustín Llagostera por parte de militares y Carabineros. Dicha orden fue emanada desde la intendencia.

Fue un tiempo de total incertidumbre, confiesa Agustín Llagostera. La soledad que significa estar refugiado en carpa entre los cerros de Cerro Moreno, los largos días de sol y las noches de sobresaltos atentaban contra sus fuerzas. Pero la hazaña ya estaba hecha; nadie podía tocar los edificios del Barrio Histórico.

Intendente destituido

Tres semanas más tarde, el intendente fue destituido de su cargo y traslado a una ciudad del sur de Chile. Dicho evento permitió a Llagostera volver a Antofagasta.

Es extraño mirar en estos momentos el significado que posee, en sus paredes, el Barrio Histórico. No sólo por su gran contenido histórico, parte fundamental por la cual permitió que fuera nombrado Monumento Histórico, sino que también conocer una historia "oculta" por nosotros del cómo y el por qué éstas fueron salvadas después de tener los días contados. Es aún más extraño el uso que se están dando actualmente a dichas construcciones; si bien uno alberga al Museo Regional, otro el Centro de Investigación de dicho museo, y el tercer edificio alberga a Digeder, los cuales los consideramos como actividades culturales, no es el caso del muelle ya que se encuentra, actualmente, albergando a gaviotas, pelícanos y sus residuos fecales, permitiendo que el tiempo, el aire marino, la sal y el viento corroan su estructura llevándolo a su destrucción. ¿Tendremos que soportar, una vez más, la típica frase cliché chilensis, cuando el muelle ya no se pueda reacondicionar otorgando a los antofagastinos un espacio de recreación? "Es lamentable que perdamos un patrimonio de incalculable valor... pero, qué le vamos a hacer".

Copyright Empresa Periodística El Norte S.A.

Gracias Valeska Cerda por el link.

1 comentario:

  1. si pudiera el ex intendente ver como sin necesidada de destruir ningun edificio hoy ya estamos transitando por un ensanchamiento de la avenida anibal pinto. silvana b.

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