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3.9.17

La bella arquitectura que espera ser descubierta en Antofagasta

Vía El Mercurio de Antofagasta, 1º de agosto de 2017.







PATRIMONIO. ¿Qué pasaría si todos los cables del centro desaparecieran? Son muchos los edificios que, sin duda, volverían a la vida.

Por Jimena Herrera Montenegro

Imaginemos por un momento que todo el cableado que cruza a Antofagasta es soterrado, permitiendo observar en detalle las más bellas y antiguas construcciones de la ciudad.

Si tan sólo nos detenemos en el centro o el casco histórico y miramos con atención, nos daríamos cuenta que la historia habla a través de los edificios, y nos transporta a una época lejana.

Museo Regional (Casa Chile o Edificio de la Intervención Chilena)

Este viaje al pasado comienza con uno de los edificios más antiguos de Antofagasta: el Museo Regional, declarado monumento histórico y cuyo diseño fue encargado al arquitecto chileno Manuel Aldunate.

Según dice el arquitecto Claudio Galeno, ese edificio originalmente fue diseñado en Valparaíso, prefabricado y enviado a Mejillones, cuando aún no comenzaba la Guerra del Pacífico y, por ende, todo este territorio era boliviano.

"Cuando esto pasa a manos chilenas, es trasladado a Antofagasta, porque se quema la Aduana y se convierte en la nueva Aduana. Hoy corresponde al Museo", detalla.

Galeno explica que Antofagasta comenzó a poblarse en 1868. Es decir, el Museo -que es de 1867- tiene prácticamente la misma edad que la ciudad.

"Este edificio representa la tecnología de la época. El piso es de madera y cuenta con técnicas constructivas industrializadas que se aplicaron a muchos edificios del Siglo XIX", precisa.

Catedral de San José

La Catedral es otro de los edificios más relevantes en Antofagasta. Los archivos dan cuenta de que este espacio estuvo ocupado por una capilla que se incendió en 1906. Al año siguiente se inició la construcción del actual templo, finalizando las obras en 1917.

El edificio fue proyectado por los arquitectos Miguel Zamora, el francés Emile Doyer y Carlos Reyes Prieto.

"Es de estilo neo-gótico y coincide con la tendencia de arquitectura historicista de fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Es una estructura de hierro rodeada de hormigón y muchos de sus elementos fueron traídos de Europa. Los vitrales se hicieron en Alemania y algunos elementos exteriores son de Barcelona", detalla

Cuartel de Bomberos

Según relata el arquitecto, en el diseño del Cuartel General de Bomberos estuvo involucrado un inmigrante italiano llamado Luigi Abd-el-Kader, quien se había formado en Milán.

"Es un edificio ecléctico, que mezcla muchos elementos ornamentales que podrían venir del Barroco, es una mezcla libre", detalla.

Además asegura que su construcción -realizada entre 1906 y 1914- tuvo un objetivo preventivo, en una época en que la mayor parte de las edificaciones de la ciudad eran de madera y se producían innumerables incendios.

"El edificio es previsor, se anticipa en dimensiones al desarrollo de la ciudad porque es enorme, con un torreón central y la parte inferior tiene una gran altura. Arriba están todas las oficinas administrativas. Fue uno de los primeros servicios públicos y anterior a eso estaba el Hospital El Salvador", precisa.

1904-1910

Galeno destaca que todos estos edificios aparecen en la misma época. En 1904 se firma el tratado con Bolivia y en 1910 se celebró el Centenario de la República de Chile, por lo cual la ciudad se embelleció.

"En ese periodo, cuando Bolivia asume oficialmente que Antofagasta es territorio chileno, y previo al Centenario de 1910, se produce una gran inversión pública de construcción urbana", dice.

Fue en ese contexto que además aparece la Intendencia Regional, los regalos de las colonias extranjeras (en la Plaza Colón y en la entrada al Cementerio General), y los edificios del puerto, como el de resguardo marítimo y la gobernación.

Hoteles

Galeno dice que además habían varios hoteles. El que ocupa hoy el Centro Cultural Estación era el Hotel Belmont, de la familia Luksic, y al lado estaba el Banco Mercantil Boliviano, que actualmente es el edificio de la PDI. Según el profesional, la arquitectura se reconoce de inmediato.

"Sus dos esquinas están rematadas por dos cúpulas metálicas que estilizan el conjunto. La construcción ecléctica tiene su fachada principal por calle Bolívar y sus fachadas laterales por calle Washington y el pasaje Abaroa".

El hotel Belmont fue inaugurado el año 1913 y está muy bien emplazado. Los pasajeros llegaban al puerto antiguo -ubicado en lo que hoy se conoce como la Poza Histórica- y al lado estaba la Aduana, actual Museo.

"En el pasaje Abaroa había mucho mercadillo y estaba el muelle de pasajeros. Entonces la gente desembarcada y en el eje, que todavía se puede apreciar al pararse entre los edificios de la antigua gobernación y resguardo, se ven estos edificios con unos torreones imponentes y sus tres pisos. Abajo estaba el bar de los ingleses y arriba el hotel", agrega.

La construcción de estas obras estuvo a cargo de la empresa británica, Sage & Co., que hicieron varios edificios eclécticos en Antofagasta.

Entre los años 20 y 30, el Hotel Belmont era uno de los mejores de la ciudad, junto al Hotel de Francia e Inglaterra, el Grand Hotel, el Hotel Londres (ubicado en Latorre con Prat y que se incendió), el Hotel Oriental y el Hotel Buenos Aires.

Casa de la Cultura (antigua Municipalidad)

Continuando el viaje en el tiempo, nos encontramos con la antigua municipalidad, la cual funcionaba en un inmueble que aún existe en la esquina de la Plaza Sotomayor (Matta con Uribe).

"Es un edificio grande, de madera, con un balcón. Está muy dividido abajo, hay shoperías, una galería comercial, arriba unas pensiones y un local de mini casinos", comenta Claudio Galeno.

La "nueva" municipalidad se construye entre el año 1912 y 1914 y actualmente es ocupada por la Casa de la Cultura.

El edificio fue emplazado [definido] través de un concurso, el cual ganó Luigi Abd-el-Kader, mientras que el diseño [la construcción] estuvo a cargo de Jaime Pedreny, quien construyó la Casa Giménez.

"Comienza su construcción, pero al Concejo Municipal no le gustó el diseño de la fachada. Entonces, aparece otro arquitecto italiano que trabajaba para el Ministerio de Obras Públicas, llamado Leonello Bottacci, y le piden a él que la rediseñe", comentó Galeno.

El experto explica que el edificio finalmente en su gran estructura es de Abd-el-Kader, pero en su fachada está diseñada por Bottacci.

"Es un edificio muy interesante por la envergadura y su altura. Además tiene un patio interior vertical con un clima fantástico, y por otro lado el Salón de Honor, que hasta hoy no se ha restaurado. Tenía además el cielo pintado con una pintura de Sixto Rojas", detalló.

Basílica

Bajando por Avenida Argentina, aparece la Basílica Corazón de María, con un estilo neo-renacentista. Según Galeno, además posee elementos del periodo Románico.

"La cubierta y la parte del fondo son una serie de domos que se van superponiendo. Tiene influencia de algunos proyectos que hizo Leonardo Da Vinci, arquitecto y artista italiano.

"La parte de atrás de la Basílica coincide perfectamente con los dibujos de Leonardo, y es curioso, porque además en el altar está tallada la Última Cena de Leonardo en mármol de Carrara, traído de Europa. Es un juego en el diseño", precisa.

Un poco más al sur, podemos encontrar numerosas casas que no son tan antiguas como parecen, ya que muchas corresponden a los denominados "falsos históricos".

La casa del Ferrocarril es una de ellas. Fue realizada con posterioridad a la época de las otras construcciones. "Allí Adriana Zuanic hizo un cortometraje, que se llama Non Plus Ultra", cuenta Galeno.

También está la casa Abaroa, de 1920, y el actual restorán Divinus, que pertenecía a un doctor. Esa era la zona residencial elegante, rodeada de quintas, áreas verdes y panaderías de los griegos.

Sin embargo, el sueño de eliminar los cables que hoy impiden apreciar la belleza de estas y otras edificaciones implica un esfuerzo económico importantes. Cifras de la municipalidad indican que soterrar el cableado de sólo una cuadra puede costar más de $150 millones, por lo que despejar todo el centro (20 manzanas) demandaría unos $12 mil millones. Se trata entonces de un sueño caro, pero no imposible.

La necesidad de dar valor al patrimonio

El arquitecto Emile Ugarte dice que falta una política para dar valor a esas construcciones que nacieron durante el ciclo dorado del salitre. "Hay todo un tema con el cableado además, porque se privatizaron las empresas y eso quedó en tierra de nadie. Hace falta fiscalización respecto a lo que significa el daño al paisaje. Las empresas de servicios ni siquiera se preocupan de sacar los cables que no se usan, porque nadie les cobra por eso. Creo que tenemos un patrimonio importante en el centro y debería formarse una corporación para salvaguardar ese patrimonio".

15.7.15

Plaza de Antofagasta: [Album] Panorama de Chile, Santiago: Litografía Leblanc Editores [ca. 1910]

Vía Biblioteca Nacional.



"Antofagasta, a pesar de su vida industrial, no ha descuidado su ornato i debido a esto sorprenden al estranjero sus calles anchas i bien trazadas, la línea de carros que las cruza, sus muchos edificios de relativo valor i sobre todo su plaza donde matan el tedio las ricas i hermosas nortinas. Las noches de retreta sobretodo (¡oh esas retretas de provincias!) un recién venido creeríase transportado a la Plaza de Armas de la capital, tal es la profusión de luz, de lujo i de belleza que se observa. Allá como aquí el eterno pololeo, los dengues soberbios, las miradas de fuego, el crujido de sedas i encajes, i allá como aquí la charanga que llega tarde, deja a oscuras de música mui temprano i vuelve cuando se le antoja, mal que le pese a las comandancias de armas habidas i por haber."

5.9.14

Los primeros balnearios de Antofagasta: arquitectura y cuerpo con los pies en el agua. Por Claudio Galeno Ibaceta. The Antofagasta first hot springs: architecture and body with feet at ocean.



Vía Agenda Antofagasta.

Antofagasta está indisolublemente enlazado al mar. Desde que se determinó que “La Poza” podía albergar muelles para embarque de minerales, mercancías y pasajeros, su historia quedó conectada con el mundo a través del océano.

Si bien estas relaciones sostenidas en el transporte podrían ser catalogadas de funcionales, también constituyeron imagen urbana, ya que varios de los principales edificios estaban vinculados a este espacio de muelles que recibía el viajero y el inmigrante por la puerta de entrada a la ciudad y al desierto. En ese sentido, la densidad de muelles, grúas, embarcaderos, varaderos, botes y lanchones, su fachada marítima que se repletaba de construcciones horizontales, era su rostro de bienvenida, había una ciudad en el agua.

Mientras que el territorio marino que se expandía desde La Poza era de dominio de los navegantes, algunas partes de la orilla fueron siendo domesticadas como lugares de ocio. En el plano de Francisco Vidal Gormaz de 1880, aunque recién aparecen dos muelles, ya aparecen algunas estructuras de baños. Uno de ellos está dibujado sobre la playa, frente a un canal que se formaba entre la orilla y la isla de rocas al lado suroeste de La Poza, y el otro quedaba cercano al Fuerte Sur y al Matadero, en una zona de expansión urbana, en el remate de la actual calle 21 de Mayo.

En el plano de 1895 de Nicanor Boloña, ya hay seis muelles, y sobre la isla un faro. Seguían figurando los mismos balnearios, el situado sobre el canal frente a la isla, que fue llamado Baños del Rhin, y el del Fuerte Sur, nombrado como Baños de Orchard.

El registro fotográfico de los Baños del Rhin, lo muestra como una construcción palafítica con un pasillo perimetral con algunas cortinas sobre la playa que avanza sobre el canal, desde el cual escaleras y trampolines acercaban a agitados bañistas al agua, mientras algunas personas con traje y sombrero observan la escena. Esta imagen revela un particularidad de esos precursores bañistas, en su mayoría son hombres jóvenes y niños.

Un plano de 1903, que registra ocho muelles en La Poza, muestra que a los lados de los Baños del Rhin se han instalado el muelle Yungay y una construcción que debe corresponder al Hotel Maury. Además por el suroeste, en el remate de calle Prat aparecieron los Baños del Manzano. En la isla estaba el faro y una casita a la que se podía llegar mediante un esquelético puente. Siguiendo por la costa hacia el sur había otro espacio de baño en la manzana al borde entre las calles Washington y Orella, mientras que se mantiene el baño de la poza de 21 de Mayo con Condell.

En torno a 1910 y a las celebraciones del Centenario, en La Poza se edificó una nueva fachada marítima (waterfront) con la inclusión de la Gobernación y el Resguardo (arq. Leonello Bottacci). Algunos años después, en el completo mapa guía de Roberto Bertini y Abd-El-Kader de 1914, fueron incluidos el Hotel Maury y a su costado sur los Baños del Manzano. La estructura palafítica del Maury, el hotel preferido por los británicos y por Pablo Neruda, era de dos pisos con galerías-balcones que enfrentaban el mar y estaba montada sobre el canal. Las fotos de época muestran que poseía sus propias escaleras que permitían a los bañistas disfrutar del agua, mientras que desde los balcones algunos observadores apreciaban la escena.

En el mismo plano-guía, más hacia el sur, los Baños de Orchard ahora aparecen como los Baños del Danubio. Este último sitio es representando como una pequeña entrada de mar con algunas estructuras, mientras que la fachada urbana era la de un edificio. El perfil cosmopolita de los bañistas y observadores queda manifiesto en los nombres de los balnearios, el Danubio y el Rhin, dos de los principales ríos europeos.

Los baños en la orilla fueron lugares necesarios para los habitantes de una ciudad agreste, con un ambiente de trabajo duro y con una costa eminentemente rocosa. Las estructuras lúdicas que acercaban a las pozas eran un espacio de encuentro entre el cuerpo y el agua, incluso precursoras a la emergente cultura del ocio de la modernidad.

28.8.14

Kiosco de la Fundición Orchard en la Plaza Centenario de Antofagasta


Kiosco en la Plaza Centenario, obsequiado por la Fundición y Fábrica Orchard al pueblo de Antofagasta en el Centenario de la República de Chile. Fotografía publicada en la Guía de Domingo Silva Narro en 1912.

27.8.14

Libros argentinos: ilustración y modernidad (1910-1936) de Rodrigo Gutiérrez Viñuales



PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “Libros Argentinos. Ilustración y modernidad (1910-1936)”

La Academia Nacional de Bellas Artes y el CEDODAL tienen el agrado de invitar a la presentación del libro del Dr. Rodrigo Gutiérrez Viñuales “Libros argentinos. Ilustración y modernidad (1910-1936)” el día lunes 8 de Septiembre a las 18,30hs en la Sede de la Academia Nacional de Bellas Artes, Sanchéz de Bustamante 2663, 2do piso, CABA. Intervendrán el Dr. Guillermo Gasió y el autor del libro.

El presente libro es el estudio más extenso realizado hasta la fecha sobre libros ilustrados en la Argentina. Toma como referente un periodo crucial, el primer tercio del siglo XX, en el cual se producen transformaciones decisivas en el ámbito editorial, artístico y literario en el país. En ese marco se da la aparición de numerosas empresas editoras, mayoritariamente potenciadas por inmigrantes (Manuel Gleizer, Jacobo Samet, Lorenzo J. Rosso, Antonio Zamora, Juan Torrendell...), que van a apoyar la labor de los escritores jóvenes, habitualmente sin espacio en las editoriales tradicionales.

En el ámbito de las artes se asiste a una desjerarquización de las disciplinas, donde los artistas en vías de formación comienzan a entender y practicar variados géneros sin complejo alguno, no ciñéndose a la exclusividad que venían ejerciendo la pintura y la escultura de manera diferenciada a las mal llamadas “artes menores”. El artista moderno concebía su praxis con mayor libertad, y bien podía pintar, a la vez que grabar, ilustrar libros y revistas, hacer escenografías teatrales o incursionar en la poesía. Y los escritores ir por derroteros propios de la plástica, como fue el caso de Oliverio Girondo, que ilustró varias de sus obras literarias.

El estudio de este fenómeno es el que se erige en eje principal de este “Libros argentinos. Ilustración y modernidad (1910-1936)”. Consta de tres partes: la primera está dedicada a enmarcar el tema dentro del derrotero del arte argentino y latinoamericano, a indagar en los antecedentes específicos, y a narrar el proceso de formación de la colección de primeras ediciones que conformaron el soporte de la investigación. La segunda parte la compone una “Historia del libro ilustrado en la Argentina” durante el periodo de estudio, en la cual se amalgaman procesos de desarrollo de las artes gráficas en la Argentina y sus principales protagonistas; las conexiones con París y otros centros irradiadores de modernidad y vanguardia; escenarios estéticos como el art nouveau, el simbolismo, el art dèco, las vanguardias prehispanistas, geométricas y tipográficas, o el arte social y su presencia en el libro y la gráfica; los contactos entre arte y literatura en torno al libro; el libro infantil ilustrado; la caricatura y otras formas de humorismo; la consolidación de la bibliofilia en la Argentina a través de asociaciones y exposiciones. El último bloque del libro está dedicado a comentar en detalle la obra de 60 artistas dedicados a la ilustración de libros, incluyendo sus respectivos catálogos de producción.

El libro se presenta en cuidada edición, tapa cartoné, 450 páginas a todo color, más de 2.500 reproducciones (cubiertas de libros e interiores) que corresponden a libros publicados por más de 500 escritores.

23.4.14

Una cualidad lírica de un encanto duradero: La pintura norteamericana y chilena en el Centenario de Chile, 1910

Vía MNBA.


Fotografía histórica mostrando un ala donde se expusieron las obras de los artistas americanos durante la exhibición en 1910, en Santiago de Chile. © Museo Nacional Bellas Artes.

La selección de obras realizada por la curadora norteamericana M. Elizabeth Boone da cuenta del diálogo entre la pintura norteamericana y chilena, generado a partir de la Exposición Internacional que tuvo lugar en el recién construido Museo de Bellas Artes que celebró el Centenario de la Independencia de Chile, en 1910. Entre el 19 de marzo y el 18 de mayo de 2014 en la Sala Chile.

Las investigaciones de la Dra M. Elizabeth Boone sobre las exposiciones universales y centenarios en los Estados Unidos, Europa y América Latina permiten revivir la Exposición Internacional llevada a cabo hace más de 100 años en el entonces Museo de Bellas Artes, a partir de obras pertenecientes a la Colección del Museo.

El 21 de septiembre de 1910 se inauguró en el Museo de Bellas Artes la gran Exposición Internacional, con motivo del Centenario de la independencia chilena. Entre los países invitados a participar se encontraba Estados Unidos, nación que compartía rasgos con Chile: ambas eran repúblicas, miraban hacia Europa y a su vez se diferenciaban de ella. A pesar de estas similitudes, desde el punto de vista chileno, Estados Unidos era un país comercial y no artístico.

El gobierno norteamericano aceptó la invitación, nombró a un comisario y un sub-comisario para organizar la muestra y envió cerca de 120 pinturas y 40 esculturas a Sudamérica. Es así como los chilenos pudieron sorprenderse por la cualidad del arte norteamericano.

A Pedro Lira, pintor formado en las academias de París y Director de la Escuela de Bellas Artes en Chile, también le llamaron la atención las obras norteamericanas: “después de recorrer con avidez y premura las salas numerosas que encierran ese complicadísimo resumen del arte mundial, saludemos desde luego a la gran república de los Estados Unidos, por sus sorprendentes adelantos, que la autorizan a colocarse dignamente al lado de las grandes escuelas europeas”.


Charles Morris Young, El Brandywine en invierno (The Brandywine in Winter), 1909. © Museo Nacional Bellas Artes.

Entre los autores presentes en la exhibición estaban los norteamericanos Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young. Sus pinturas establecieron diálogo con sus coetáneos chilenos Pedro Lira, Onofre Jarpa, Alberto Valenzuela Llanos, Alfredo Helsby y Benito Rebolledo Correa.

Al finalizar la exposición, a fines de diciembre, el gobierno chileno compró varias obras para incorporarlas en su incipiente Colección. Entre las obras escogidas estuvieron las pinturas de Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young, cuatro de las cuales habían recibido medalla de algún tipo en la exposición de Buenos Aires. Como señala la Dra. M. Elizabeth Boone en su escrito Una cualidad lírica de un encanto duradero: La pintura norteamericana en el Centenario de Chile, 1910: “las obras adquiridas en Chile por el Museo Nacional de Bellas Artes —cinco paisajes y un desnudo— forman una selección que tuvo mucha resonancia en un país que compartía con los Estados Unidos las riquezas del campo y las aspiraciones de un país joven. Las obras aquí expuestas muestran algunos puntos de contacto: la dedicación a la tradición académica, la mezcla armónica de los rasgos humanos con el mundo de la naturaleza y el amor por las praderas y los ríos del campo.”

Finalmente las relaciones establecidas entre ambos países fueron tanto comerciales por la compra y venta de pinturas, como artísticos. Browne pintó varios paisajes de Santiago durante su estadía en Chile y los expuso al público estadounidense al volver en 1911.

Browne y Trask también iniciaron una amistad con el pintor chileno Alfredo Helsby, cuya obra se incluye en esta exposición, y lo invitaron a visitar los Estados Unidos. Helsby viajó en 1914 y presentó sus obras en varias ciudades del país durante los años siguientes. Efecto de este intercambio es que hoy la obra Luna llena, Limache, Chile pertenezca a la colección del Smithsonian American Art Museum en Washington, D.C.

Para Roberto Farriol, director del MNBA, “esta investigación y la presente exhibición de obras pertenecientes a la Colección del Museo, junto con la puesta en valor artístico de nuestro patrimonio, también pone en relieve una arista desconocida de esta importante exposición del Centenario de Chile, permitiéndonos conocer las implicancias políticas y artísticas presentes en dicha exposición”.

Sobre la curadora:

La Dra. M. Elizabeth Boone es profesora catedrática de historia de arte en la Universidad de Alberta (Canadá) y se especializa en el arte de Estados Unidos, España y Latinoamérica de los siglos XIX y XX. Imparte clases y escribe ensayos y libros sobre temas relacionados con arte, identidad nacional y relaciones transnacionales. Ha trabajado en varios museos norteamericanos, incluyendo el Metropolitan Museum of Art y los Fine Arts Museums of San Francisco.

Ver también en el sitio de University of Alberta: Professor Betsy Boone curates an exhibition of American Art for the National Museum of Chile

29.6.11

Caja Nacional de Ahorros de Antofagasta, una obra de Ricardo Larraín Bravo (actualizado)

En 1910 se creó en Chile la Caja Nacional de Ahorros y alrededor de 1912 se instaló en Antofagasta con un edificio diseñado por el destacado arquitecto chileno Ricardo Larraín Bravo, formado en la Escuela Especial de Arquitectura de París. La Caja Nacional de Ahorros, sería la institución que más tarde se convirtió en el Banco del Estado.

Según Marcelo Viscaíno Pagés, el arquitecto proyectó además muchas otras sedes de la institución: Valparaíso, Chillán, Concepción, Osorno, Copiapó. (Ver: Ricardo Larraín Bravo: 1879-1945, obra arquitectónica, ediciones UDP).

A continuación el edificio en una postal de 1915, donde se puede apreciar completamente al ornamentación ecléctica de su fachada:


Por motivos desconocidos el edificio fue remodelado y su fachada fue profundamente alterada. En esencia es el mismo edificio, pero con una nueva ornamentación más pura y "moderna" con rasgos del arte decorativo nacional.

En la imagen que sigue se puede ver el edificio ya transformado en 1978, desde las obras del Teatro Municipal. Al costado izquierdo de la Caja quedaba el pasaje Castillo, que después fue ocupado por el edificio López. El pasaje comunicaba calle Prat y Sucre.


El edificio en la actualidad ocupado por otro banco, y en su parte posterior como sede de la Colonia Griega de Antofagasta.


16.1.09

EL AÑO [1977] QUE SE QUISO DEMOLER NUESTRA HISTORIA. EL MERCURIO DE ANTOFAGASTA, 01.05.2001 (¿EL PRINCIPIO DE LO QUE OCURRE HOY?)

© Archivo Claudio Galeno

01/05/2001, El Mercurio de Antofagasta

El año que se quiso demoler nuestra historia

El ex intendente y ex militar, Adrián Ortiz Guttman, presentó un proyecto que consideraba la destrucción de estos edificios para realizar la ampliación de la avenida Aníbal Pinto y así solucionar el "cuello de botella" que se producía en el lugar con el tráfico de automóviles

Esta edificación pudo haberse convertido en polvo, de no haber sido por la oportuna intervención de antofagastinos con arraigo cultural.

Hay historias que pasan frente a nuestros ojos, pero se desdibujan en el tiempo. Hay otras que llegamos a percibirlas, casi por intuición. Pero hay otras que no son captadas por nuestros ojos ni llegamos a percibirlas; sólo quedan marcadas en las paredes como un trazo de tinta invisible.

El 25 de junio de 1977 apareció publicado en "El Mercurio" de Antofagasta un artículo titulado "Conservar el sector donde nació Antofagasta, una gran posibilidad".

Por primera vez en la historia de Antofagasta -por lo menos de lo que se tiene registro- se puso en debate público la importancia histórica de Antofagasta. Dicho cuestionamiento lo entabló el arqueólogo, en ese momento director del Museo Regional y actualmente investigador del Instituto de Investigaciones Arqueológicas de San Pedro de Atacama, Doctor Agustín Llagostera Martínez, al proponer el denominado "Barrio Histórico" como un posible Centro Cultural e Histórico para Antofagasta. Además, para formular la propuesta, el académico contaba con la colaboración del historiador Adolfo Contador, quien respaldaba la propuesta argumentando el gran bagaje histórico que el sector poseía por ser una de las primeras edificaciones de Antofagasta, las cuales permanecen prácticamente intactas a cuando fueron levantadas. Además de convertir el sector en el Barrio Histórico, se estaba construyendo un proyecto para que se promulgara una ley en donde se nombrara a dichos edificios en Monumento Histórico Nacional.

POSICIONES ENCONTRADAS

Al enterarse la ciudad de dicho proyecto, se desató el gran debate, ya que comenzaron a aparecer posiciones encontradas. El intendente y ex militar Adrián Ortiz Guttman se encontraba, en esos momentos, presentando un proyecto en donde se consideraba la destrucción de dichos edificios para realizar la ampliación de la avenida Aníbal Pinto y de esta manera solucionar el "cuello de botella" que se producía en el lugar con el tráfico de automóviles. Dicho proyecto era acariciado delicadamente por el intendente de dicha época, de esta manera dejó en claro al señor Llagostera "mejor vaya olvidándose de la ley para sus edificios... éstos serán demolidos para la ampliación de la avenida".

El debate de la dualidad entre historia-progreso ya estaba desatado. Duras apelaciones públicas, realizadas a través de "El Mercurio" de Antofagasta, tanto de los ciudadanos que estaban a favor de la destrucción como opositores. Llagostera, por su parte, continuaba con su trabajo; recopilar los fragmentos de historias para respaldar y fundamentar su proyecto de Monumento Histórico, mientras que el ex militar realizaba duras declaraciones y reuniones amenazadoras en contra del académico.

PROPUESTA NEGADA

Como una forma de lograr un diálogo entre la Intendencia y el académico, se propuso "trasladar" los edificios tres metros hacia la costa y ubicarlos en una plataforma. Dicha propuesta fue negada por el académico de la Universidad del Norte (hoy UCN) ya que había serios riesgos que las estructuras no soportaran el movimiento del traslado, por lo tanto se desechó el plan.

El 30 de Agosto de 1978 apareció publicado en "El Mercurio" de Antofagasta un artículo titulado: "Declaran monumentos nacionales a tres reliquias de Antofagasta". Dicha información fue entregada por el Doctor Agustín Llagostera Martínez. Los edificios correspondían a la primera Gobernación de Antofagasta, oficina de Resguardo Marítimo y el muelle ubicado en el sector.

Frente a esta información, el intendente notificó a Llagostera que se presentara a primera hora del 31 de agosto de 1978 para realizar una "reunión" en la cual se trataría el tema del declarado Barrio Histórico como Monumento Nacional. Con esta ley, el proyecto añorado por el ex intendente se vio destruido.

TEMOR A REPRESALIAS

Variados fueron los consejos de los amigos y familiares de Llagostera, debido al temor de algún tipo de represalias o persecución; algunos le decían que fuera a la reunión, pero que dejara una constancia. Otros apelaban a que se fuera de Antofagasta por algunos días. Esta última idea fue la decisión que tomó el arqueólogo. Con ayuda de sus amigos y familiares, se trasladó cerca de Cerro Moreno, lugar donde estuvo refugiado en carpa durante tres semanas, visitado una vez por día para recibir provisiones e información sobre la orden de búsqueda y posteriormente de persecución que se llevaba a cabo en Antofagasta para dar con el paradero de Agustín Llagostera por parte de militares y Carabineros. Dicha orden fue emanada desde la intendencia.

Fue un tiempo de total incertidumbre, confiesa Agustín Llagostera. La soledad que significa estar refugiado en carpa entre los cerros de Cerro Moreno, los largos días de sol y las noches de sobresaltos atentaban contra sus fuerzas. Pero la hazaña ya estaba hecha; nadie podía tocar los edificios del Barrio Histórico.

Intendente destituido

Tres semanas más tarde, el intendente fue destituido de su cargo y traslado a una ciudad del sur de Chile. Dicho evento permitió a Llagostera volver a Antofagasta.

Es extraño mirar en estos momentos el significado que posee, en sus paredes, el Barrio Histórico. No sólo por su gran contenido histórico, parte fundamental por la cual permitió que fuera nombrado Monumento Histórico, sino que también conocer una historia "oculta" por nosotros del cómo y el por qué éstas fueron salvadas después de tener los días contados. Es aún más extraño el uso que se están dando actualmente a dichas construcciones; si bien uno alberga al Museo Regional, otro el Centro de Investigación de dicho museo, y el tercer edificio alberga a Digeder, los cuales los consideramos como actividades culturales, no es el caso del muelle ya que se encuentra, actualmente, albergando a gaviotas, pelícanos y sus residuos fecales, permitiendo que el tiempo, el aire marino, la sal y el viento corroan su estructura llevándolo a su destrucción. ¿Tendremos que soportar, una vez más, la típica frase cliché chilensis, cuando el muelle ya no se pueda reacondicionar otorgando a los antofagastinos un espacio de recreación? "Es lamentable que perdamos un patrimonio de incalculable valor... pero, qué le vamos a hacer".

Copyright Empresa Periodística El Norte S.A.

Gracias Valeska Cerda por el link.