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16.11.15

Lina Bo Bardi, 1914-1992, AV Monografías 180 (2015)

Vía Arquitectura Viva.



‘La dea stanca’ (The Tired Goddess)

Por Luis Fernández-Galiano.

El centenario de Lina Bo Bardi (1914-1992) ha impulsado el fervor por su figura. El crítico Rowan Moore cree que la italo-brasileña es «el arquitecto más infravalorado del siglo XX»; sin embargo, la que Martin Filler describe, por el carácter vital y apasionado de su persona y su obra, como «la Anna Magnani de la arquitectura», conoce hoy un extraordinario reconocimiento editorial y expositivo. Su desaparición en 1992 suscitó una monografía y una exposición simultánea, realizadas el año siguiente por el Instituto consagrado a su memoria; pero hasta la publicación de la tesis doctoral de Olivia de Oliveira en 2006 hay un paréntesis de silencio, que las vísperas de su centenario cerraron definitivamente, con la exposición en la Bienal de Arquitectura de Venecia comisariada por Kazuyo Sejima en 2010, la edición de sus escritos por la AA londinense en 2012, la importante monografía de Zeuler R. Lima en 2013 y la muestra promovida en Múnich por Andres Lepik en 2014-2015, cuyo catálogo contiene ensayos de los más destacados especialistas, iniciativas todas que contribuyen a esclarecer la personalidad poliédrica de una figura ya mítica.

Su amigo Valentino Bompiani la llamaba la dea stanca, pero esa ‘diosa cansada’ se describió a sí misma —con ocasión de su primera exposición, realizada en 1989 en la Universidad de São Paulo— como «estalinista y antifeminista», haciendo honor a sus convicciones políticas y al hecho de que en Brasil jamás se había sentido discriminada como mujer. Antes de instalarse allí en 1946, Lina Bo se había formado en Roma con arquitectos tradicionalistas como Giovannoni y fascistas como Piacentini, y tras graduarse en 1939 perteneció en Milán al círculo de Gio Ponti, el arquitecto, diseñador y editor de Domus que por entonces estaba cercano a Mussolini, lo mismo que su futuro marido, el periodista y marchante Pietro Maria Bardi, de manera que su alineamiento con el Partido Comunista sólo puede explicarse desde una radical libertad individual. En Brasil, esa independencia personal la alejaría de Lucio Costa y Óscar Niemeyer, censurando temprana y ásperamente la Brasilia conformada por ambos, y eligiendo un itinerario creativo abiertamente divergente de la modernidad tropical consagrada por el MoMA en la muestra ‘Brazil Builds’ de 1943.

Así, su Casa de Vidro de 1951, más próxima a las casas californianas de la época que a las canónicas de Mies o Johnson, y cuya extensión con un ala convencional ha sido comparada por Barry Bergdoll con las obras de hibridación entre lo moderno y lo vernáculo realizadas antes por otro emigrante en São Paulo, Bernard Rudofsky; así también su Museo de Arte de São Paulo, de 1957-1968, en sintonía con Vilanova Artigas o el más joven Mendes da Rocha, su obra más ‘paulista’ en la audacia estructural, la revolución del modelo expositivo y la generosa creación de un gran ámbito público; y así por último en su mejor obra, el SESC Pompéia, de 1977-1986, una fábrica obsoleta de violenta belleza industrial que Lina decidió no demoler para transformar sus volúmenes en un centro cívico que consigue amalgamar la cultura con la vida cotidiana. Si en la visita la casa ofrece menos de lo que promete y el MASP exactamente lo que se espera, la experiencia del SESC es tan fértil y emocionante que supera cualquier expectativa, explicando bien las razones últimas del actual fervor por Achillina di Enrico Bo, que el mundo ya conoce simplemente como Lina.

27.9.14

Restauración de la fachada de la antigua Casa Consistorial de Antofagasta, actual Casa de la Cultura



El Edificio Consistorial de Antofagasta fue el resultado de un proceso desarrolado en torno al Centenario de la República, cuando la ciudad renovó su imagen urbana, construyendo una serie de edificios públicos.

El primer proyecto no construido, data de 1907, realizado por el arquitecto Miguel Zamora Figueroa.

La iniciativa se retomó en 1912, y se decidió hacer un concurso, cuyo resultado fue conocido en diciembre de ese año. Resultó ganador el ingeniero ítalo-árabe Luigi Abd-El-Kader. Las obras se iniciaron en 1913 y fueron realizadas por la empresa de Jaime Pedreny Gassó, un arquitecto catalán que residia en la ciudad y que se dedicó a la construcción.

En agosto de 1913, se encargó al arquitecto ítalo-chileno Leonello Bottacci que realizara un nuevo diseño para la fachada del edificio. Al parecer los regidores municipales no estaban conformes con el diseño de Abd-El-Kader, o querían algo más sofisticado de la excelente mano de Bottacci (autor de la incendiada Intendencia entre otros edificios en la región). En septiembre entregó el diseño y luego dirigió las obras.

En abril de 1914, se inició la ocupación del edificio, trasladando las oficinas desde el gran edificio de madera con amplias galerías en el segundo piso y con lucernarios (que aún existe) en la esquina poniente de calle Matta con Uribe.

En julio de 2014 se iniciaron las obras de restauración, y actualmente se puede apreciar su fachada totalmente renovada, con colores más adecuados a un edificio de ese refinamiento. Al parecer los se hizo un estudio de los colores originales del edificio. Un regalo a la imagen urbana de Antofagasta.

Obs.: Los datos históricos son del libro: Ahumada, María, et. al. Antofagasta: repertorio del patrimonio histórico más representativo de la ciudad: 1866-1930. Antofagasta: Universidad del Norte, 1982.

5.9.14

Los primeros balnearios de Antofagasta: arquitectura y cuerpo con los pies en el agua. Por Claudio Galeno Ibaceta. The Antofagasta first hot springs: architecture and body with feet at ocean.



Vía Agenda Antofagasta.

Antofagasta está indisolublemente enlazado al mar. Desde que se determinó que “La Poza” podía albergar muelles para embarque de minerales, mercancías y pasajeros, su historia quedó conectada con el mundo a través del océano.

Si bien estas relaciones sostenidas en el transporte podrían ser catalogadas de funcionales, también constituyeron imagen urbana, ya que varios de los principales edificios estaban vinculados a este espacio de muelles que recibía el viajero y el inmigrante por la puerta de entrada a la ciudad y al desierto. En ese sentido, la densidad de muelles, grúas, embarcaderos, varaderos, botes y lanchones, su fachada marítima que se repletaba de construcciones horizontales, era su rostro de bienvenida, había una ciudad en el agua.

Mientras que el territorio marino que se expandía desde La Poza era de dominio de los navegantes, algunas partes de la orilla fueron siendo domesticadas como lugares de ocio. En el plano de Francisco Vidal Gormaz de 1880, aunque recién aparecen dos muelles, ya aparecen algunas estructuras de baños. Uno de ellos está dibujado sobre la playa, frente a un canal que se formaba entre la orilla y la isla de rocas al lado suroeste de La Poza, y el otro quedaba cercano al Fuerte Sur y al Matadero, en una zona de expansión urbana, en el remate de la actual calle 21 de Mayo.

En el plano de 1895 de Nicanor Boloña, ya hay seis muelles, y sobre la isla un faro. Seguían figurando los mismos balnearios, el situado sobre el canal frente a la isla, que fue llamado Baños del Rhin, y el del Fuerte Sur, nombrado como Baños de Orchard.

El registro fotográfico de los Baños del Rhin, lo muestra como una construcción palafítica con un pasillo perimetral con algunas cortinas sobre la playa que avanza sobre el canal, desde el cual escaleras y trampolines acercaban a agitados bañistas al agua, mientras algunas personas con traje y sombrero observan la escena. Esta imagen revela un particularidad de esos precursores bañistas, en su mayoría son hombres jóvenes y niños.

Un plano de 1903, que registra ocho muelles en La Poza, muestra que a los lados de los Baños del Rhin se han instalado el muelle Yungay y una construcción que debe corresponder al Hotel Maury. Además por el suroeste, en el remate de calle Prat aparecieron los Baños del Manzano. En la isla estaba el faro y una casita a la que se podía llegar mediante un esquelético puente. Siguiendo por la costa hacia el sur había otro espacio de baño en la manzana al borde entre las calles Washington y Orella, mientras que se mantiene el baño de la poza de 21 de Mayo con Condell.

En torno a 1910 y a las celebraciones del Centenario, en La Poza se edificó una nueva fachada marítima (waterfront) con la inclusión de la Gobernación y el Resguardo (arq. Leonello Bottacci). Algunos años después, en el completo mapa guía de Roberto Bertini y Abd-El-Kader de 1914, fueron incluidos el Hotel Maury y a su costado sur los Baños del Manzano. La estructura palafítica del Maury, el hotel preferido por los británicos y por Pablo Neruda, era de dos pisos con galerías-balcones que enfrentaban el mar y estaba montada sobre el canal. Las fotos de época muestran que poseía sus propias escaleras que permitían a los bañistas disfrutar del agua, mientras que desde los balcones algunos observadores apreciaban la escena.

En el mismo plano-guía, más hacia el sur, los Baños de Orchard ahora aparecen como los Baños del Danubio. Este último sitio es representando como una pequeña entrada de mar con algunas estructuras, mientras que la fachada urbana era la de un edificio. El perfil cosmopolita de los bañistas y observadores queda manifiesto en los nombres de los balnearios, el Danubio y el Rhin, dos de los principales ríos europeos.

Los baños en la orilla fueron lugares necesarios para los habitantes de una ciudad agreste, con un ambiente de trabajo duro y con una costa eminentemente rocosa. Las estructuras lúdicas que acercaban a las pozas eran un espacio de encuentro entre el cuerpo y el agua, incluso precursoras a la emergente cultura del ocio de la modernidad.

15.6.14

Antofagasta: planificación urbana retroactiva


Geografía urbana, determinantes sectorización. Fuente: D.U.R. Antofagasta, 1967.

Vía Agenda Antofagasta.

Por Claudio Galeno Ibaceta

En la actualidad de Antofagasta se están abordando varios temas muy relevantes en torno a la planificación urbana: un transporte público de vanguardia, el rescate del patrimonio, la escasez de vivienda, el destino del vertedero, o las funciones del puerto, entre otros. Esta nueva formulación de estrategias y desafíos se desarrolla luego de que la opinión pública nacional fijara su mirada en Antofagasta a partir del fructífero Plan Bicentenario que logró conjugar acciones de instituciones públicas y privadas.

Pero habría que aclarar que la ciudad desde sus primeros años, y en su acelerado desarrollo, fue gradualmente siendo planificada.

Un periodo de madurez, fueron los años cincuenta y sesenta, marcados por dos hitos: el primer plan regulador realizado por Jorge Poblete, Julio Mardones, Sergio González y Gonzalo Mardones a partir de 1956 y terminado en 1965; y el estudio pre-inversional para el “desarrollo urbano regional” de 1967-1968, que realizó un equipo multidisciplinario liderado por Emilio Duhart, Juan Casanova, Helio Suarez y Walter Witt, un documento en dos volúmenes que determinó las directrices de muchas de las acciones que se fueron concretando hasta la actualidad.

Antes de ellos hubo otros, y entre los cuales destaca el plan de 1934 que muestra ensanches hacia el sector de las actuales unidades vecinales Salar del Carmen, Pablo Krugger, Favorecedora y Gran Vía. Sin embargo, un plan de 1925, ya revelaba las intenciones de crecer hacia el norte luego de los patios de ferrocarril y hacia el sur luego del antiguo Club Hípico (actual Estadio Regional).

El plano guía publicado por Roberto Bertini en 1914, realizado por Luigi Verga Abd-El-Kader estaba destinado a orientar sobre el comercio, pero revela un dato muy interesante, un trazado sobre el puerto artificial que ya se anhelaba construir desde 1913 (recién en 1918 ganó la concesión Luis Lagarrigue).

En 1903 hubo varios planos que permiten comprender un debate en torno a la forma urbana del entorno de la Avenida Brasil, de como debería seguir la trama de las manzanas hacia el sur, en diagonal o con el orden de los puntos cardinales. Además se acusa el futuro desplazamiento de la vía del ferrocarril desde la actual Av. Argentina hacia el límite oriental de la ciudad que implicó la reubicación del hospital.

El plan de 1895 de Nicanor Boloña, si bien no muestra planificaciones, revela muy bien un momento de organización nuclear y que se ha desarrollado en torno a su centro histórico con 34 edificios o espacios públicos de relevancia.

El capitán de fragata Francisco Vidal Gormaz, luego del inicio de la Guerra del Pacífico, levantó en 1880 el asentamiento, su fondo marino en torno a la poza y algunos aspectos geográficos y referencias en el paisaje. Ese registro exhibe los pequeños ensanches de esos años, en el actual barrio Estación y en torno a la Plaza Sotomayor. También muestra la consolidación del ensamblaje del ferrocarril con la urbe que venía desarrollando el ingeniero Josiah Harding.

Por último, dos planos definen el inicio del ensamblaje de la ciudad de servicios con la ingeniería del transporte de la Revolución Industrial. El plano de 1873 de Adolfo Palacios, revela dos temas, uno el trabajo de Harding que está proyectando el ferrocarril hacia el desierto, pero que tiene repercusiones urbanas produciendo un ensamblaje de ciudad y vías férreas. Además, entre los sitios destacados figura una casa fotográfica, un medio artístico que acompañó la industrialización por sus aspectos químicos y ópticos, y que se asentó con propiedad en el registro del desierto de la mano de técnicos extranjeros.

Finalmente, el plan de fundacional de José Santos Prada, de 1869, en el cual incidió el británico George Hicks, para que las calles fueran anchas, de 20 varas, previendo que la ciudad tendría gran futuro y que las calles albergarían un gran número de vehículos, lo que contribuyó a que las amplias vías cumplieran el rol de corta fuego en los incendios.