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13.8.17

Los tesoros ocultos del Teatro de Iquique

Vía La Tercera.

Autor: Alejandra Lobo



Un piano de cola de 1866, viejos extintores de las salitreras y hasta muebles de ébano aparecieron en medio de los trabajos de restauración del inmueble municipal.
Los tesoros ocultos del Teatro de Iquique

Estaban escondidos en medio de basura y escombros, arrumbados en rincones llenos de polvo. Son cerca de mil objetos de alto valor histórico que fueron descubiertos en los últimos días en el Teatro Municipal de Iquique, en medio de las faenas de limpieza de este monumento nacional, que está ad portas de iniciar su proceso de restauración.

Se trata de muebles de ébano y jacarandá, espejos, fotografías, esculturas, proyectores, antiguas lámparas, pinturas, valiosos extintores que eran empleados en las oficinas salitreras, alfombras e instrumentos musicales, entre los cuales destaca un piano de cola de 1866, entre muchos otros.

El director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de Tarapacá, Wladimir Urias, señaló que algunos de los objetos hallados tienen una antigüedad superior a la del mismo teatro: “Se trata de cerca de mil piezas, entre las cuales hay mobiliario, instrumentos musicales, accesorios, documentos y mucho más. Son un verdadero tesoro que no se conocía y que estaba oculto en el teatro, y que ha visto la luz a partir de este trabajo de restauración”.

Tras el descubrimiento, estas piezas han sido catastradas e inventariadas. “Había un inventario muy antiguo, pero que no tenía relación ni consideración con estas piezas. Hemos estado trabajando con un conservador, de forma de establecer efectivamente cuál es la data de cada objeto, el estado en que se encuentra, la función que cumplía dentro del teatro y el valor por su manufactura. Es decir, estamos elaborando un completo catastro que nos aclare la realidad de cada objeto del recinto”, añadió Urias.
Notas antiguas

Una de las piezas que más sorprendió a los equipos que trabajan en la limpieza es un piano de cola, que se mantenía en la parte trasera del escenario. Fue fabricado en Alemania en 1866, casi 30 años antes de que se levantara el propio Teatro Municipal de Iquique, en 1890.

“Esa pieza está en perfecto estado, solo su mueblería presenta algunos daños menores, pero que son posibles de restaurar. También tenemos vidrios hechos artesanalmente, espejos con marcos de pan de oro, textiles y esculturas de mármol”, subrayó otro funcionario que trabaja en el proyecto.

Tras el catastro se tomarán medidas de conservación. Luego se iniciará un proceso de desinfección del recinto, que implica un tratamiento especial de las maderas para atacar plagas de posibles termitas. “Este proceso concluirá en septiembre y tras ello se licitará la segunda fase de las obras de restauración”, se informó en la Dirección de Arquitectura.

El ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga, indicó que el Teatro de Iquique forma parte de las más de 60 recuperaciones de monumentos nacionales que impulsa esa cartera. “Se le suman la pulpería de Humberstone, el Palacio Pereira y los Ascensores de Valparaíso, entre otros”, precisó.

La restauración involucra recursos por casi $ 6 mil millones y se estima que podría ser reabierto a la comunidad el primer semestre de 2019, tras una década de permanecer cerrado.

7.8.16

A 150 años del Tratado de 1866 y del poblamiento de Antofagasta, por Dr. José Antonio González P.

Vía El Mercurio de Antofagasta.

HISTORIA. Juan López es fundamental en la historia de la ciudad y la consolidación nacional.

El día 10 de agosto de 1866 se firmaba entre los gobiernos de Chile y Bolivia, el Tratado de Límites.

El Tratado determinaba en su preámbulo, de modo sucinto, el tema del Utis possidetis iuris en el desierto de Atacama, señalando:

"La República de Bolivia y la República de Chile, deseando poner un término amigable y recíprocamente satisfactorio a la antigua cuestión pendiente entre ellas sobre la fijación de sus respectivos límites territoriales en el desierto de Atacama, y sobre la explotación de los depósitos de guanos, existentes en el litoral del mismo desierto, y decididas a consolidar por este medio la buena inteligencia, la fraternal amistad y los vínculos de alianza íntima que las ligan mutuamente, han determinado renunciar a una parte de los derechos territoriales que cada una de ellas, fundada en buenos títulos, cree poseer, y han acordado celebrar un Tratado que zanje definitivamente e irrevocablemente la mencionada cuestión".

Las palabras abordaban los intercambios de protestas diplomáticas recíprocas que habían mediado, a partir de las acciones estatales que habían llevado a Bolivia habilitar el puerto de Cobija en 1825 y a Chile declarar por ley de 1842 su dominio sobre las guaneras de Mejillones.

Desierto de atacama

El meollo era el planteamiento sobre el comienzo del desierto de Atacama, donde el Estado de Chile afirmaba comenzar su territorio, como lo estipulaba en sus constituciones políticas, desde 1822, siendo más esclarecedora la de 1833, en su artículo 1: el territorio se extiende "desde el desierto de Atacama hasta el cabo de Hornos".

La alusión a la toponimia como a los grados de latitud envolvió junto al uso de la preposición "desde", los escritos de una y otra parte, como se verificó entre Rafael Bustillos, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, con Memoria sobre la cuestión de Mejillones, y la réplica del historiador chileno Miguel Luis Amunátegui con el volumen La cuestión de Límites entre Chile i Bolivia, ambos de 1863.

Sin embargo, detrás de la rúbrica del documento de 1866 se podía constatar la diferencia sobre el denominado despoblado de Atacama que habían tenido Chile y Bolivia. Por un lado, el conocimiento científico del paraje descansó absolutamente en el esfuerzo del Estado de Chile, tanto en sus exploraciones como en el levantamiento de mapas; aspecto que va a continuar siendo una política de Chile durante todo el siglo XIX.

Veamos algunos antecedentes. Fue Chile quien auspició el viaje esclarecedor de Rodulfo A.Philippi hacia el desierto de Atacama que, tomando el camino del Inca en el término del desierto, en Copiapó, llegó hasta el villorrio de San Pedro de Atacama. Su informe/libro intitulado Viaje al desierto de Atacama hecho de orden del gobierno de Chile en el verano 1853-1854, que fue publicado en 1860, concluía:

"La narración de mi viaje ha puesto de manifiesto, que el despoblado carece de todo recurso para hacerlo habitable y para permitir que sea una vía de comunicación y de comercio… Me parece inútil demostrar que es muy difícil, por no decir imposible, construir ferrocarriles o telégrafos eléctricos por el Desierto". Empero, el sabio Philippi, no era tan rotundo pues dejaba abierta la posibilidad de lo contrario si se verificase, "un día en el centro del desierto el descubrimiento de minas de metales preciosos de una riqueza fabulosa, porque sin eso nadie pensaría en tales empresas".

Posteriormente, Pedro Amado Pissis, también con encargo del gobierno chileno, llevó a cabo otra exploración, en momentos que el desierto ya estaba siendo explotado por mineros chilenos en la industria del salitre y en el mineral de Caracoles. Pissis expuso sus conclusiones en su Informe sobre el desierto de Atacama, su jeolojía i sus productos minerales, en 1877. Hizo notar que el desierto de Atacama no era "un extenso llano encerrado entre dos cordilleras: la de la costa y cordillera de los Andes…La parte interior del desierto no se compone únicamente de llanuras, contiene además numerosas serranías que se extienden de una cordillera a otra y la dividen en grandes hoyas hidrográficas limitadas por cadenas transversales, cuya dirección es aproximadamente la del noroeste al sureste. Entre los paralelos 23 y 27 existen cuatros de estas hoyas".

El marino Francisco Vidal Gormaz contribuyó, como Capitán de fragata y Director de la Oficina Hidrográfica de la Armada, desde 1874, a dar a conocer el litoral del desierto de Atacama, con su libro Geografía Náutica de Bolivia y más tarde con Noticias del Desierto y sus recursos, publicados en esta década.

Visión americanista

Otro factor que incidió en la culminación del Tratado de 1866 fue el mundo de las ideas en la época. La vocación americanista de Chile, manifestada de modo temprano lo había convertido en un adalid de la causa de integración y de rechazo a toda injerencia extra continental, como era la mirada intervencionista de la España de Isabel II y la Francia de Napoleón III. Tal como lo ha señalado el estudioso mexicano Germán A. De la Reza, Chile y México, firmaron el 7 de mayo de 1831 un convenio para estimular el comercio entre las naciones hispanoamericanas, el primero en estar inspirado en las ideas bolivarianas del Congreso de Panamá de 1826.

Este ambiente americanista se forjó durante los Congresos de Lima de 1848 y el de 1866, en rechazo de los intentos hispanos de recuperar su antiguo imperio, interviniendo en 1847 en Ecuador y en 1864 en las islas de Chinchas. Esto último se tradujo en la alianza entre Chile y Perú, a la que se sumaron Ecuador y Bolivia, y declarar la guerra a España. Valparaíso fue el puerto que sufrió la mayor devastación del conflicto entre 1864-1866, al ser bombardeado por la escuadra española de Casto Méndez Núñez. Cobija también fue atacada por la escuadra peninsular dañando los bienes de sus connacionales.

Este sentimiento de fraternidad que soplaba en el Pacífico Sur de América, también envolvió a la intelectualidad nacional. Francisco Bilbao publica en 1862 La América en peligro y dos años después El Evangelio Americano. José Victorino Lastarria edita en 1865 La América. El referente del liberalismo nacional y del ideario positivista, que era Lastarria, junto a Benjamín Vicuña Mackenna, habían fomentado las Sociedades de Unión Americana, desde 1862. Lastarria conoció el desierto de Atacama y escribió su memorable Caracoles. Cartas descriptivas sobre este importante mineral dirigidas al Sr. D.Tomás Frías, ministro de Hacienda de Bolivia, en 1871.

De allí que el Tratado de 1866, establecido en esta atmósfera, y que menciona, venía a establecer el fin de las disputas entre ambos países. El artículo 1 del Tratado, ratificaba aquello, con más renuncia de Chile a sus derechos que los que esgrimía Bolivia:

"Artículo 1. La línea de demarcación de los límites entre Bolivia y Chile en el desierto de Atacama será en adelante el paralelo 24 de latitud meridional desde el litoral del Pacífico hasta los límites orientales de Chile, de suerte que en Chile por el sur y Bolivia por el norte, tendrán la posesión y dominio de los territorios que se extienden hasta el mencionado paralelo 24, pudiendo ejercer en ellos todos los actos de jurisdicción y soberanía correspondientes al señor del suelo.

La fijación exacta de la línea de demarcación entre los dos países se hará por una comisión de personas idóneas y peritas, la mitad de cuyos miembros serán nombrados por cada una de las Altas Partes Contratantes.

Migración chilena

Sin embargo, el pulso de la nación chilena se encauzaba, en procura de mejores expectativas de vida, hacia los senderos del desierto de Atacama. La historiadora Valerie Fifer, en su monografía sobre Bolivia, concluye que nunca la nación altiplánica logró conectarse con el mundo exterior, mediante puertos o vías ferroviarias antes del conflicto con Chile.

Los estudios de Julio Pinto Vallejo y Verónica Valdivia sobre la migración chilena en tierras nortinas revelan la magnitud que alcanzó la colonización del yermo, con un flujo entre 20 a 30.000 chilenos (as) en el lapso de 1868-1872, llegando hasta Tarapacá. Cobija, se tuvo que poblar con enganches de chilenos traídos desde Valparaíso. Bolivia ofreció numerosas granjerías a sus nacionales para bajar hacia la costa de Cobija en la década de 1820, como lo han demostrado Eduardo Téllez con Osvaldo Silva. Sin embargo, tal política fracasó. Para 1832, el 22 % de su población era chilena, afirma el historiador boliviano Fernando Cajías. La costa del despoblado se llenó de europeos, como los hermanos Latrille, fundamentales para el despegue de Tocopilla.

Juan lópez

En esta marea de connacionales en el desierto de Atacama, hay que situar la figura de Juan López.

López forma parte de estos flujos migratorios chilenos, sea por la costa o adentrándose hacia el interior del despoblado. Desde 1845 anda deambulando por las caletas y ensenadas. Los conflictos diplomáticos afectan a su itinerario y actividades. De allí, la importancia que tiene para él que Chile y Bolivia hubiesen concluido el Tratado de agosto de 1866. Y tiene relevancia para los antofagastinos, como la va a consignar en su Memorial a su Excelencia el Señor Presidente de la República de Bolivia, fechado el 20 de setiembre de 1872, y que publicáramos íntegramente en las Colecciones HACIA de dirigida y editada por Andrés Sabella Gálvez, Nonagésimo Cuarto Cuadernillo de 7 de noviembre de 1980.

En este documento, López nos señala que en 1845 recorrió "sus desiertos áridos i desnudos de vegetación, reconocí sus montañas o serranías prolijamente, examiné sus panizos de sur a norte, sin dejar de fijar mi atención en sus playas i caletas del litoral". Recorrió Mejillones. Desprovisto de recursos, confidencia, me "fue forzoso dedicar mi trabajo personal al servicio de otras personas" en la explotación del guano hasta el año 1856. Después de un periplo por las costas peruanas, arribó a Tocopilla en 1861, perdiendo su embarcación y las pocas utilidades logradas. Tentó suerte hasta que su encuentro con el empresario Matías Torres pudo contar con los recursos para llevar a cabo su empresa en el litoral del desierto. Desde Cobija hasta Mejillones otea posibilidades, "descubrí el gran depósito de guano que hoy existe i se explota con tan buen éxito en beneficio tanto de Bolivia como de Chile". La interrupción de las relaciones entre Chile y Bolivia en 1863, refiere, "me suspendieron mis faenas, haciéndome paralizar mis trabajos los gobiernos de Chile i Bolivia".

Por eso la importancia que tuvo para López el Tratado entre Chile y Bolivia, de 10 de agosto de 1866, pues nos conduce hacia la probable fecha del poblamiento de Antofagasta. En su Memorial, señala para la posteridad:

"Restablecidas al fin las relaciones de amistad entre ambos gobiernos, me dirijí de nuevo a este litoral, arribando a la caleta que hoy llaman la Chimba o puerto de Antofagasta, la que me era conocida desde muchos años atrás i que desde luego la denominé "Peña Blanca", la cual estaba desierta hasta el año de 1866; tomé posesión de ella fijando allí mi residencia permanente…hice mis excursiones al oriente cateando sus serranías; pasando algún tiempo en tan penosa tarea, descubrí tres vetas de cobre como a tres leguas al interior del Salar que hoy llaman del Carmen i como a seis i siete de la costa; presenté mis pedimentos personales en Cobija…provisto de títulos en forma emprendí mis trabajos habilitando mis pertenencias, como asimismo allané de largos i costosos caminos, construí grandes canchas empedradas en la playa".

Antofagasta

Este hombre, de la provincia de Copiapó, pescador, cateador, minero, explotador del guano, en definitiva, un pionero, un emprendedor, en lenguaje actual, que escribió al gobierno boliviano en procura de un auxilio gubernamental para establecer su domicilio en Mejillones, va a sintetizar su lugar en la historia de la futura Antofagasta, de modo inequívoco y rotundo:

"Del puerto de Antofagasta, yo he sido su piedra fundamental, yo labré sus cimientos, i el primer habitante que fundó su edificio".

A este esfuerzo individual, corajudo, espontáneo, que caracterizó a los miles de chilenos que llegaron en el tiempo de Juan López, le sucedió la impronta de otro chileno, José Santos Ossa, tenaz en vencer la adversidad del desierto, tuvo el honor de hacer sustentable el poblamiento definitivo de Antofagasta. La migración chilena, enganchada, se diseminó en las nuevas arterias de la novel población, hasta que en octubre de 1868, la administración boliviana fundara oficialmente a la ciudad. Fueron chilenos, en su gran mayoría, los que se transformaron en vecinos de Antofagasta y los principales pobladores de Caracoles, desde 1870, seguidos de los contingentes europeos, británicos, alemanes, españoles, croatas, franceses. Un espacio cosmopolita, creado por la migración. El territorio y sus recursos mineros fueron forjados por Chile. El destino de su porvenir económico fue establecido por los nortinos, Juan López, José Santos Ossa, y el sentimiento regionalista por Matías Rojas Delgado, desde 1872. Una lección para el país y principalmente para los antofagastinos, cuando se discute qué hacer con la región.

15.6.14

Antofagasta: planificación urbana retroactiva


Geografía urbana, determinantes sectorización. Fuente: D.U.R. Antofagasta, 1967.

Vía Agenda Antofagasta.

Por Claudio Galeno Ibaceta

En la actualidad de Antofagasta se están abordando varios temas muy relevantes en torno a la planificación urbana: un transporte público de vanguardia, el rescate del patrimonio, la escasez de vivienda, el destino del vertedero, o las funciones del puerto, entre otros. Esta nueva formulación de estrategias y desafíos se desarrolla luego de que la opinión pública nacional fijara su mirada en Antofagasta a partir del fructífero Plan Bicentenario que logró conjugar acciones de instituciones públicas y privadas.

Pero habría que aclarar que la ciudad desde sus primeros años, y en su acelerado desarrollo, fue gradualmente siendo planificada.

Un periodo de madurez, fueron los años cincuenta y sesenta, marcados por dos hitos: el primer plan regulador realizado por Jorge Poblete, Julio Mardones, Sergio González y Gonzalo Mardones a partir de 1956 y terminado en 1965; y el estudio pre-inversional para el “desarrollo urbano regional” de 1967-1968, que realizó un equipo multidisciplinario liderado por Emilio Duhart, Juan Casanova, Helio Suarez y Walter Witt, un documento en dos volúmenes que determinó las directrices de muchas de las acciones que se fueron concretando hasta la actualidad.

Antes de ellos hubo otros, y entre los cuales destaca el plan de 1934 que muestra ensanches hacia el sector de las actuales unidades vecinales Salar del Carmen, Pablo Krugger, Favorecedora y Gran Vía. Sin embargo, un plan de 1925, ya revelaba las intenciones de crecer hacia el norte luego de los patios de ferrocarril y hacia el sur luego del antiguo Club Hípico (actual Estadio Regional).

El plano guía publicado por Roberto Bertini en 1914, realizado por Luigi Verga Abd-El-Kader estaba destinado a orientar sobre el comercio, pero revela un dato muy interesante, un trazado sobre el puerto artificial que ya se anhelaba construir desde 1913 (recién en 1918 ganó la concesión Luis Lagarrigue).

En 1903 hubo varios planos que permiten comprender un debate en torno a la forma urbana del entorno de la Avenida Brasil, de como debería seguir la trama de las manzanas hacia el sur, en diagonal o con el orden de los puntos cardinales. Además se acusa el futuro desplazamiento de la vía del ferrocarril desde la actual Av. Argentina hacia el límite oriental de la ciudad que implicó la reubicación del hospital.

El plan de 1895 de Nicanor Boloña, si bien no muestra planificaciones, revela muy bien un momento de organización nuclear y que se ha desarrollado en torno a su centro histórico con 34 edificios o espacios públicos de relevancia.

El capitán de fragata Francisco Vidal Gormaz, luego del inicio de la Guerra del Pacífico, levantó en 1880 el asentamiento, su fondo marino en torno a la poza y algunos aspectos geográficos y referencias en el paisaje. Ese registro exhibe los pequeños ensanches de esos años, en el actual barrio Estación y en torno a la Plaza Sotomayor. También muestra la consolidación del ensamblaje del ferrocarril con la urbe que venía desarrollando el ingeniero Josiah Harding.

Por último, dos planos definen el inicio del ensamblaje de la ciudad de servicios con la ingeniería del transporte de la Revolución Industrial. El plano de 1873 de Adolfo Palacios, revela dos temas, uno el trabajo de Harding que está proyectando el ferrocarril hacia el desierto, pero que tiene repercusiones urbanas produciendo un ensamblaje de ciudad y vías férreas. Además, entre los sitios destacados figura una casa fotográfica, un medio artístico que acompañó la industrialización por sus aspectos químicos y ópticos, y que se asentó con propiedad en el registro del desierto de la mano de técnicos extranjeros.

Finalmente, el plan de fundacional de José Santos Prada, de 1869, en el cual incidió el británico George Hicks, para que las calles fueran anchas, de 20 varas, previendo que la ciudad tendría gran futuro y que las calles albergarían un gran número de vehículos, lo que contribuyó a que las amplias vías cumplieran el rol de corta fuego en los incendios.

21.2.10

Antofagasta 2066 o 2079: urbanismo, turismo, demografía, patrimonio, energía, ecología y arte.

© Collage Andrés Avalos / Mervin Constanzo

¿Porque no celebrar mejor el 2066? los doscientos años del asentamiento del primer explorador, Juan López, ¿o el 2068? referida a cuando se funda el poblado.

De hecho otro de los eventos importantes de la ciudad de Antofagasta durante el siglo XX (junto con el Centenario de la República en 1910), fue la celebración de los 100 años en 1966, con varios eventos, que coincidió con una serie de obras como la inauguración del Hospital Regional por Frei Montalva, y la construcción del primer edificio en altura de la ciudad, el Centenario.

Ahora un Antofagasta del futuro, en 69 años más, no creo que sea muy distinto, a pesar de que la velocidad de la tecnología nos haga vivir en una eterna prisa, los principios urbanos y arquitectónicos tienden a ser mucho más perennes que el ser humano.

La ciudad se densificará dentro de un proceso que ya viene ocurriendo, con un aumento importante de la edificación en altura, y con una mejora sustantiva de una preocupación por el diseño de la arquitectura.

La ciudad se habrá volcado más al turismo como una industria sustentable unida al buen clima imperante, con muchas más playas, y una vida mucho más volcada sobre la bahía, con yates, lanchas, y deportes acuáticos.

El asentamiento con unos 600 0 700 mil habitantes, se irá acercado el millón, y se podrá llamar con propiedad de “ciudad”.

Respecto del patrimonio se habrán reconocido como un lugar con arquitecturas ejemplares tanto del siglo XIX como del XX, lo que puede crear un poco de chovinismo, pero hará que ciertos barrios de Antofagasta se conviertan en lugares de culto en cuanto al diseño, así como lo que ocurrió con el Distrito Art Decó de Miami, con colores, neones, y mucho turismo.

Seremos muy autónomos en cuanto a energía, ya que la minería habrá invertido fuertemente en las energías renovables, con varias plantas de energía solar y eólica, lo que permitirá abaratar el costo de vida regional, e incluso exportar energía a nuestros vecinos. Eso también consolidará el consumo de agua de mar, y las plantas desalinizadoras, para paliar el mítico fin del agua dulce, y de la eterna ausencia en el desierto más árido del mundo.

Se habrán recompuesto varios ecosistemas que están profundamente mutilados, el de Cerro Moreno y de la quebrada La Chimba, se habrá reforestado, y mejorado el riego gracias a un sistema de recolectores de camanchaca, y serán reinsertadas ciertas especies desaparecidas como los guanacos.

Por último quiero agregar, que las artes dramáticas y el cine se habrán desarrollado con tal vitalidad que habrá impregnado todas las otras artes, con una escuela universitaria de artes, con espacios de exposición de arte visuales contemporáneas como un museo o un centro cultural de grandes dimensiones, un epicentro de las artes, un MACCA (Museo de Artes y Centro de Culturas de Antofagasta), que estarán dentro del circuito del arte internacional conectados con otras escenas como Tucumán-Salta, La Paz, Lima y São Paulo, por que por supuesto habrán vuelos diarios conectando todos esto sitios.