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12.4.26

Barragán en Barragán / Félix González-Torres / La Cuadra, Fundación Romero

Vía La Cuadra, Fundación Romero

Exposición: Barragán en Barragán / desde febrero 2026

Barragán en Barragán es una exposición curada por Jorge Covarrubias —responsable de la restauración de la Casa Prieto López y la Fuente del Bebedero de Luis Barragán—, que propone un recorrido por los primeros edificios modernistas del arquitecto en la Ciudad de México. Asimismo, ofrece una lectura de ocho de sus obras más emblemáticas: la Casa Prieto López, la Casa Gálvez, la Casa Gilardi, la Casa Estudio Barragán, el Convento de las Capuchinas, La Cuadra San Cristóbal, las Torres de Satélite y la Fuente del Bebedero.

La Cuadra San Cristóbal, 1969. Archival pigment print, 2025. © René Burri / Magnum Photos

Experiencia artística anual: Félix González-Torres / Feb. 8– Abr. 25, 2026

Del 8 de febrero al 25 de abril de 2026, La Cuadra acoge una exposición curada por Pablo León de la Barra que propone un diálogo poético y un encuentro imaginado entre la obra del artista Félix González-Torres (n. 1957, Guáimaro, Cuba; m. 1996, Miami) y los espacios arquitectónicos de Luis Barragán (n. 1902, Guadalajara, Jalisco; m. 1988, Ciudad de México) en La Cuadra, construida en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la Ciudad de México y una de las obras más emblemáticas del arquitecto.

Sobre Félix González-Torres

Félix González-Torres (1957–1996) fue un artista cubano-estadounidense fundamental del arte contemporáneo de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Su obra, de gran rigor conceptual y economía formal, utiliza materiales cotidianos para articular significados poéticos y políticos relacionados con el amor, la pérdida, la memoria y el poder. Vivió y trabajó en Nueva York y formó parte del colectivo Group Material. Su trabajo fue presentado en importantes exposiciones y retrospectivas en instituciones como el Museo Guggenheim, MOCA Los Ángeles y el Hirshhorn, y hoy forma parte de colecciones públicas de referencia a nivel internacional.

La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo © Gerardo Landa & Eduardo Lopez - GLR Estudio

Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán
Curada por Pablo León de la Barra

La exposición Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán propone un encuentro y un diálogo poético entre la obra del artista Félix González-Torres y los espacios arquitectónicos de Luis Barragán en La Cuadra de San Cristóbal, construida en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la Ciudad de México y considerada una de las obras más emblemáticas de Barragán. Aunque Barragán y González-Torres nunca se conocieron, pertenecieron a generaciones distintas, desarrollaron sus prácticas en campos diferentes y surgieron de contextos y entornos sociales diversos, en sus obras se manifiestan una serie de resonancias que, al ponerse en relación, activan una fricción entre ellas a partir de la cual surgen nuevas lecturas y nuevas posibles interpretaciones de ambos cuerpos de trabajo.

Luis Barragán (n. 1902, Guadalajara, Jalisco; m. 1988, Ciudad de México) es considerado el arquitecto modernista más relevante de México; Félix González-Torres (n. 1957, Guáimaro, Cuba; m. 1996, Miami) es una de las f i ras artísticas más influyentes surgidas en el siglo XX. Tanto Barragán como González-Torres, cada uno desde su práctica particular, subvirtieron el len aje del minimalismo. Barragán anticipó el minimalismo como movimiento artístico y, a través de la abstracción del vocabulario de la arquitectura colonial y vernácula produjo un len aje arquitectónico sinlar dentro de la modernidad, y además que produjo lo que hoy podría considerarse dentro del campo del arte como obras pioneras de arte minimalista a gran escala. Por su parte, González-Torres cuestionó el esencialismo autorreferencial del minimalismo y del arte conceptual de los años sesenta, demostrando que las obras de arte podían contener significados políticos y personales, y a través de ellos activar al espectador. Durante su vida Barragán estuvo en continuo diálogo creativo y en colaboración con diversos artistas que de una o otra manera tuvieron una influencia directa en su obra, desde Chucho Reyes, Dr. Atl, José Clemente Orozco, Mi el Covarrubias, Rosa Rolanda, Clara Porset, Mathías Goeritz, Josef y Anni Albers, y Sheila Hicks, entre otros. Mostrar el trabajo de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, expande la posibilidad de diálogos entre arte y arquitectura, y permite nuevas lecturas emocionales, poéticas y políticas del trabajo de ambos.

El año 2026 marca además el trigésimo aniversario del fallecimiento de González-Torres, a los 38 años, a causa de complicaciones relacionadas con el sida. A través de esta exposición se honra su vida y legado, así como el de muchas otras personas que como él, murieron a causa de esta enfermedad, en particular en México, donde el estigma existente en aquel momento contribuyó a que sus vidas fueran invisibilizadas y olvidadas. La exposición está dedicada a aquellos que vieron sus vidas interrumpidas por el sida y a quienes, por miedo y por vivir en sociedades represivas, no pudieron —o aún no pueden— vivir su sexualidad abiertamente.

La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo © Gerardo Landa & Eduardo Lopez - GLR Estudio

A continuación artículo de Arquitectura Viva:

 
Exposición: La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo (19/02/2026)

La Cuadra, obra emblemática de Luis Barragán en el municipio mexicano de Atizapán de Zaragoza, inicia una nueva etapa como centro cultural tras su adquisición en 2025 por la Fundación Fernando Romero. Este espacio, concebido en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la ciudad, abre oficialmente al público con dos exposiciones.

La primera, ‘Barragán en Barragán’, comisariada por Jorge Covarrubias, es una retrospectiva del único arquitecto mexicano galardonado con el Premio Pritzker (1980), presentada dentro de una de sus propias obras maestras. La muestra se despliega como un recorrido por maquetas realizadas por el estudio del arquitecto y filántropo Fernando Romero (FR-EE), acompañadas de fotografías de Yukio Futagawa, Rene Burri y Armando Salas Portugal, así como aportaciones de figuras cercanas a su círculo, entre ellas Chucho Reyes y Doctor Atl. La exposición revisa obras fundamentales como la Casa Gálvez, la Casa-Estudio Luis Barragán, el Convento de las Capuchinas y La Cuadra, evidenciando la evolución de un lenguaje arquitectónico que integra tradición vernácula, modernidad, arte sacro y paisaje, siempre en busca de serenidad y profundidad emocional.

La segunda exposición, dedicada a Félix González-Torres (1957-1996) de origen cubano y comisariada por Pablo León de la Barra, propone un diálogo entre la obra del artista y los espacios de Barragán, tendiendo un puente entre arte contemporáneo y arquitectura. Aunque no llegaron a conocerse —pertenecían a generaciones distintas, provenían de contextos sociales y culturales diversos y desarrollaron su trabajo en ámbitos diferentes—, sus obras comparten resonancias formales y conceptuales.

González-Torres cuestionó el esencialismo del minimalismo y del arte conceptual para activar al espectador y poner en tensión la idea de la obra como objeto autónomo y cerrado. Su trabajo propone significados abiertos que se completan en cada contexto expositivo. En el patio de La Cuadra, la instalación artística se adapta de manera precisa al sitio y dialoga con su arquitectura a través de contrastes: cortinas con piezas esféricas que filtran la luz, formas circulares que interrumpen la geometría del espacio y superficies espejadas que incorporan al visitante en la obra. Estos elementos reafirman el potencial del lugar como un punto de encuentro entre memoria, arte y cultura contemporánea.

 

9.7.23

Arte Glitch: la estética del error digital

Vía Cool toki...

Con el tiempo, el arte glitch se ha convertido en mucho más que un movimiento en homenaje a las imperfecciones, y ahora se posiciona como un verdadero estandarte de la cultura pop.

Published

El Arte Glitch es la práctica de usar errores digitales o analógicos con fines estéticos ya sea corrompiendo datos digitales o manipulando físicamente dispositivos electrónicos. En un sentido técnico, una falla es el resultado inesperado de un mal funcionamiento, especialmente en software, videojuegos, imágenes, videos, audio y otros artefactos digitales.

Glitch art es una excelente oportunidad para las marcas. No sólo el estilo es hermoso, sino que la naturaleza provocativa del arte glitch crea imágenes memorables que van desde la pixelización, degradación del color y doble exposición.

Uno puede percibir fallos sin saber cómo se produjeron. El glitch es un desliz o accidente visual que atraviesa el medio para interrumpir el flujo de información. La interrupción libera un momento crítico y potencial que obliga al espectador a reflexionar sobre la tecnología.

La estética del glitch puede tener una tendencia a la fragmentación, al quiebre. Como el efecto del punctum , es lo que fascina en cuanto a su capacidad para resaltar un error, una equivocación y lo intrigante. ¿El arte glitch perfora y evoca una sensación de intensidad emocional para el espectador?

La popularidad del glitch art es en sí misma una admisión del fracaso del sistema y de nuestra frágil y vulnerable relación con las nuevas tecnologías. 

Estos magníficos accidentes demostraron que las tecnologías también ofrecen muchas posibilidades en términos de expresión y creatividad. Esto tuvo el efecto de abrir nuevos caminos para los diseñadores gráficos, permitiéndoles reinventar productos, logotipos, tipografías y muchas otras opciones.

LA TENDENCIA 

El arte glitch como movimiento podría compararse con la música punk. Su resurgimiento también ha desafiado a los medios que hasta entonces parecían inaccesibles para muchos: todos fluidos, impecables y poco realistas.

FORMAS DE ARTE GLITCH

Dado que el arte glitch a menudo no es estático, toma formas fuera de los archivos .jpeg o .jpg fijos. Algunas formas incluyen:

Música con fallas: la música con fallas implica la reproducción de discos, CD, casetes o archivos de sonido distorsionados que presentan fallas, que pueden incluir saltos o momentos perdidos de la música.

Videos de fallas: los videos de fallas son el tipo más común de arte de fallas y puede crearlos dañando archivos electrónicos o medios duros como DVD o cintas de video. Los artistas también pueden deformar videos jugando con un VHS o usando imanes para distorsionar los píxeles en la pantalla.

Sitios web con fallas: estos sitios web con errores codificados pueden generar piezas más interactivas. Los fallos que se propagan por todo el sitio web mejoran la experiencia del usuario y funcionan como una forma de arte.

 

 

 

 

6.11.22

El color más feo del mundo, el negro más negro y otras tonalidades con una historia detrás

Vía El País.

Por Eva Morell

Málaga -

Del enfrentamiento entre los artistas Anish Kapoor y Stuart Semple por el tono más oscuro a empresas como Tiffany’s, propietarias de su color corporativo, hasta un pigmento inventado para crear rechazo a fumar.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Existe un color tan parecido a la masa de un agujero negro que prácticamente no deja escapar la luz de él. En el año 2016, el artista británico Anish Kapoor compró los derechos de uso del mismo, popularmente conocido como el negro más negro del mundo. Vantablack, que es como en realidad se llama el color, es un pigmento desarrollado por la empresa del Reino Unido NanoSystems, especializada en nanotecnología e investigación. Se trata de una sustancia creada a partir de nanotubos de carbono capaces de absorber el 99,9% del espectro de luz visible, de tal manera que cuando la luz alcanza el color, en lugar de reflejarla, esta se queda atrapada en ese bosque de pequeñas jaulas que la retienen, siendo expulsada posteriormente en forma de calor.

Además, para ser creado el Vantablack necesita una temperatura de 400 grados. Ostenta, sin ir más lejos, el récord mundial de la sustancia más oscura creada por el hombre. Un negro no exento de polémica, ya que esto significa que Kapoor es la única persona del mundo que puede utilizar el color con fines creativos, lo que en su momento provocó una respuesta negativa por parte de la comunidad artística en todo el mundo, acusándolo de monopolio e incluso de crimen contra el arte.

La historia llega incluso más lejos, con la rivalidad interminable desde 2016 entre Anish Kapoor y el pintor inglés Stuart Semple. Enojado tras la compra de Vantablack, Semple decidió crear su propia versión de ese negro más negro en 2019, y, a través de una campaña de Kickstarter, consiguió la financiación completa para su desarrollo en tan solo 38 horas. Black 3.0 es un pigmento técnicamente parecido, pero que solo absorbe entre el 98% y el 99% de la luz.

Pero Stuart Semple, sobre todo, se convirtió en la némesis de Kapoor al vetarle la compra de uno de sus inventos más famosos, el pinkest pink (o rosa más rosa); en su web tiene publicada una cláusula de exención de responsabilidad por la cual cualquier comprador debe confirmar que ni trabaja, ni colabora ni tiene relación con el artista británico de origen indio y que, por tanto, ese rosa no llegará nunca a sus manos. Semple, por cierto, es el inventor también del blanco más puro catalogado en el mundo, o White 2.0., que promete ser un 50% más brillante que cualquier otro blanco del mundo, reflejando el 75% de los rayos del sol y obligando casi a usar gafas de sol para verlo.

El azul, un color maldito y un icono de la moda

Pero el negro más negro del mundo no es el único color controvertido. El azul Prusia es uno de los tonos más importantes y destacados en la historia del arte. Lo descubrió accidentalmente el químico alemán Heinrich Diesbach en el año 1704, y se ha considerado el primer pigmento sintético moderno. El escritor Benjamin Labatut lo describe en su novela Un verdor terrible (2020) como “un azul tan deslumbrante que Diesbach pensó que había hallado el hsbd-iryt, el color original del cielo, el legendario azul con que los egipcios decoraron la piel de sus dioses”.

Al principio se empleó como colorante para teñir las telas de los uniformes militares en Alemania, por lo que se le conoce también como berliner blau. Pronto se convertiría en la principal referencia para pintores y artistas durante el siglo XVIII, ya que abarató el coste del azul usado hasta entonces, que se obtenía con lapislázuli y era uno de los colores más caros del mercado. Obras como La gran ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai y La noche estrellada de Vincent van Gogh utilizan este pigmento. Incluso ya en el siglo XX, el famoso periodo azul de Pablo Picasso, tiene al Prusia como el absoluto protagonista.

Sorprendentemente, uno de los usos más interesantes de este azul se encuentra en el campo de la medicina. Este colorante es uno de los incluidos en la lista de Medicamentos Esenciales de la OMS, ya que es un antídoto muy efectivo para las intoxicaciones por metales pesados y radiación. Sin embargo, también guarda un macabro secreto, ya que igual que tiene un efecto curativo, cuando se mezcla con ácido sulfúrico se convierte en uno de los venenos más poderosos del mundo: el cianuro.

Catástrofes médicas aparte, existe una tonalidad de azul que se ha convertido en el icono más reconocible de la moda y el arte y que tiñó gran parte de la segunda mitad del siglo XX. Un color intenso, casi eléctrico, al que no le hace falta presentación: el azul Klein. El pintor francés Yves Klein registró el International Klein Blue (IKB) en 1960, desarrollado en colaboración con Edouard Adam, un proveedor parisino de pintura. La singularidad de este color no se encuentra en el pigmento, sino en el aglutinante de resina sintética en el que se mezcla el mismo y que permite que esa intensidad vibrante se mantenga. Fascinado desde su infancia por el azul del cielo y del mar, Klein consideraba que su IKB era la expresión más perfecta posible del azul, su gran obra maestra, capaz de capturar lo infinito, y es por ello que lo convirtió en su marca más reconocida y reconocible. Codiciado por artistas visuales y marcas de todo el mundo, es un azul prohibido, ya que para usarlo hay que pedir permiso a la viuda del pintor y gestora de su legado, la artista Rotraut Klein-Moquay.

Colores con copyright y el más feo del mundo

Hay colores que se han convertido en la seña de identidad de una marca, como el rojo de Coca-Cola o el naranja de la compañía de telecomunicaciones Orange. Las marcas saben del inmenso poder de asociación y conexión con sus productos y, por eso, muchas son dueñas en exclusiva de sus colores más característicos. El rosa Barbie está registrado por Mattel y en 2012 lanzó una de sus muñecas vestida con su Pantone 219C. Por su parte, la casa de joyas Tiffany’s tiene el copyright sobre su cinematográfico azul turquesa, el Pantone 1837C, también llamado Tiffany Blue, y que utiliza ese número en homenaje al año de fundación de la empresa. Tampoco se escapan los grandes de la moda, como el diseñador de zapatos Christian Louboutin y sus inconfundibles suelas teñidas de rojo, que son objeto de culto y fetichismo. Él registró la tonalidad en el año 2008, y desde entonces es objeto de discordia entre marcas que copian su estilo. Esto le ha costado varios pleitos por violación de derechos y plagio en Europa y Asia, que hasta ahora Louboutin ganó, erigiéndose como único productor de suelas carmesí en el mundo.

Pero hay un color que, sin duda, se lleva la peor partida de todos los que existen, y que ha sido calificado como el más feo del mundo. Siete estudios diferentes corroboran que el Pantone 448C, una mezcla de marrón oscuro con gris verdoso, es la tonalidad menos agraciada. En 2012, una agencia contratada por el Gobierno australiano inventó esta gama para utilizarla en las cajetillas de tabaco y crear rechazo a fumar. La agencia GFK en esa investigación confirmó su éxito ya que los participantes afirmaban que era poco atractivo, sucio y “sin adjetivos positivos” y no les invitaba a coger un cigarrillo. Sin embargo, un pequeño porcentaje lo calificó como “elegante”, porque claro, para gustos, colores.

7.2.20

Aves de la zona en madera es la nueva muestra de la Galería de Arte Pablo Neruda de Calama

Vía Corporación de Cultura y Turismo de Calama.

Las piezas son talladas, pirograbadas y pintadas a mano para destacar la característica principal de cada especie, y estará abierta hasta el próximo miércoles 19 de febrero.



“Chiwanku, Aves Andinas” de los artistas nacionales Colomba Elton y Tomás Elgueta es la nueva exposición que presenta la Galería de Arte Pablo Neruda del Espacio Cultural Emilio Vaisse, dependiente de la Corporación de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Calama.

La exposición de artesanía contemporánea está compuesta por 20 obras únicas, elaboradas en madera y que representan a 20 especies de aves emblemáticas de la zona cordillerana de la región de Antofagasta.

La Directora de Turismo de la Corporación de Cultura y Turismo de Calama, Claudia Mondaca, dijo que “estamos muy contentos que esta exposición se esté presentando en Calama, ya que además de ser un trabajo de gran nivel, es representativa de la fauna existente en la cordillera de nuestra región, por lo que los dejo cordialmente invitados a disfrutar de esta muestra”.

Es importante mencionar que la intensión de la exhibición es dar a conocer la riqueza y particularidad de las aves de la segunda región, promoviendo desde la artesanía, el respeto y la valoración por la biodiversidad local.

“La muestra ‘Chiwanku, Aves Chilenas’ es un proyecto que tiene siete años de trayectoria y que busca concientizar acerca de la avifauna chilena a través del arte, en particular del tallado en madera reciclada”, especificó la artista y gestora de la muestra Colomba Elton.

Esta iniciativa presentada por la Corporación de Cultura y Turismo de Calama, cuenta con el financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para la producción y su itinerancia por la región de Antofagasta, y puede ser apreciada gratuitamente hasta el miércoles 19 febrero, de lunes a viernes, de 9:00 a 13:00 horas por la mañana y de 15:00 a 19:00 horas por la tarde, en la Sala de Arte Pablo Neruda, ubicada en el Paseo Peatonal Ramírez 2022.

Lina Bo Bardi: Habitat. 30.ENE. - 10.MAY.2020. Museo Jumex, Ciudad de México

Vía Fundación Jumex.



Lina Bo Bardi: Habitat aborda la vida, el trabajo y el legado de esta arquitecta, diseñadora, curadora, directora de museos, escritora, editora y escenógrafa italo-brasileña. Bo Bardi es reconocida mundialmente por el diseño del Museu de Arte de São Paulo (1968) y el SESC Pompéia (1982), un centro recreativo para trabajadores de esa ciudad brasileña. Mediante una selección de dibujos, fotografías y mobiliario diseñado por Bo Bardi, la exposición presenta su trabajo como una práctica que modificó el canon de la arquitectura moderna en Brasil y la tarea educativa del museo al incorporar otros conocimientos adquiridos durante su acercamiento a la cultura popular.

La exposición retoma el título de la revista Habitat —fundada por Bo Bardi y su esposo Pietro Maria Bardi, y editada por ellos entre 1950 y 1953—, y presenta a Lina como una figura cultural radical del siglo XX que se involucró de forma crítica en un proceso de desaprendizaje del conocimiento occidental a través de sus múltiples compromisos en los campos expandidos de la práctica cultural.

Lina Bo Bardi (1914-1992) estudió arquitectura en Roma, su ciudad natal. Al llegar a Brasil en 1946 a la edad de 32 años, se sumergió rápidamente en las diversas culturas del país para crear un nuevo lenguaje de diseño desde la perspectiva única de su experiencia, especialmente de su período en Salvador de Bahia.

Lina Bo Bardi: Habitat es coorganizada por el MASP, Museo Jumex y MCA Chicago. La exposición se presentó en el MASP del 5 de abril al 28 de julio de 2019, y después estará en Chicago en junio de 2020. La muestra incluye la presentación de obras de la Colección del MASP, exhibidas en los icónicos caballetes de vidrio diseñados por Bo Bardi para la pinacoteca de dicho museo, además de una recreación de su exposición A mão do povo brasileiro (La mano del pueblo brasileño) de 1969.

Lina Bo Bardi: Habitat se acompaña de la publicación de un nuevo e importante catálogo. Editado por Julieta González, Tomás Toledo, José Esparza Chong Cuy y Adriano Pedrosa, el libro incluye ensayos sobre la vida y la obra de Bo Bardi con material de archivo como bocetos de diseño y escritos de la artista, dando una nueva visión de los procesos conceptuales y materiales detrás de su concepción radical de proyectos en el campo de la arquitectura y más allá.

Luis M. Castaneda, Beatriz Colomina & Mark Wigley, Esther da Costa Meyer, Guilherme Giufrida, Jane Hall, Denis Joelson, Vanessa Mendes, Antonio Risério, Guilherme Wisnik, Adriano Pedrosa, Julieta González, José Esparza Chong Cuy, Tomás Toledo


Muestras simultáneas: El año en que las artistas serán las protagonistas de los museos [en Argentina]

Vía El Clarín.

El Bellas Artes, Malba, Proa, el CCK y la Usina, entre otras instituciones, celebrarán a las creadoras en forma unánime. De las mujeres olvidadas del arte a las que fueron consagradas.

Por Sofía Poggi


Remedio Varo, Simpatía (La rabia del gato). Fuente: MALBA.

En 1989, las Guerrilla Girls denunciaban que solo el 5 por ciento de las artistas en las secciones de Arte Moderno del Met de Nueva York eran mujeres, mientras que el 85 por ciento de los desnudos eran femeninos. Si hicieran una nueva visita a Buenos Aires (como la de 2018), probablemente se sentirían satisfechas con la agenda cultural para este año: desde marzo, las salas de los museos más importantes se irán poblando solo con creadoras.

El Museo Nacional de Bellas Artes, el Malba, la Fundación Proa, el Centro Cultural Kirchner, la Usina del Arte y el Museo de Arte Moderno porteño son algunas de las instituciones que van a ser parte de esta reparación histórica que, si bien es coincidente, no es coincidencia: los museos buscan abrir el espacio que durante buena parte de la historia fue restringido para las artistas.

Casi todas las generaciones de los últimos 130 años van a quedar cubiertas, desde las creadoras que polemizaron en los salones nacionales a fines del siglo XIX hasta las exponentes de las vanguardias del siglo XX y las protagonistas del panorama contemporáneo.

El primer gran evento que pone, literalmente, a las mujeres en el centro de atención es la muestra Women. Poder femenino en foco, que desde este viernes presentará en la Usina del Arte una selección de más de 60 fotografías del archivo de National Geographic, en las cuales será posible apreciar la evolución de la mirada de y sobre la mujer a lo largo de los últimos 130 años. Se trata de una selección de imágenes, tomadas alrededor del mundo, que reflejan tanto a personalidades inspiradoras como los cambios sociales.

El mismo período se va a cubrir, pero desde la pintura, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Esta institución central del arte argentino ha reconocido, en los últimos años, la selección injusta que ha pesado sobre muchas artistas en lo que tiene que ver con su acervo. En marzo de 2018, mediante una acción que durante media hora por día dejaba todos los trabajos de hombres a oscuras, se llevó la atención al primer piso del museo: solo había 20 obras realizadas por mujeres entre más de 270. Dos años después, el Bellas Artes inaugurará, el 13 de abril, la exhibición El canon accidental. Mujeres artistas en Argentina (1890-1950). Su curadora, Georgina Gluzman, busca en esta propuesta llevar adelante la misma reivindicación que ya había realizado con su libro Trazos invisibles (Biblos), en el que sacó a la luz a muchas de las argentinas enterradas bajo el canon masculino.

En el marco de esa exhibición, se podrá ver obra de Sofía Posadas, quien protagonizó un escándalo al exponer un desnudo en el primer Salón de Ateneo, en 1891; Julia Wernicke, considerada la primera pintora “animalista” de Argentina; y la retratista y paisajista María Obligado. Para fin de año, el Bellas Artes también está organizando una gran exposición con pinturas, dibujos y grabados de la vanguardista Raquel Forner, quien frecuentaba el famoso Grupo de Florida, donde era colega de pintores como Antonio Berni, Xul Solar y Norah Borges –hoy, con su propia muestra en el museo de Avenida del Libertador, que continúa hasta el 1° de marzo–.

El Malba ya tiene programadas dos exhibiciones con las mujeres como protagonistas. La primera, con apertura el 5 de marzo, será una antología de la surrealista, esotérica y fantástica Remedios Varo. Si bien era española, Varo se exilió en México durante la Segunda Guerra Mundial y logró convertirse en una figura reconocida del arte latinoamericano de mediados de siglo XX. La exposición, titulada Constelaciones, va a incluir 35 pinturas, 11 dibujos y 60 bocetos producidos entre 1938 y 1963. Luego, desde el 27 de marzo y hasta junio, la exposición Fuera de Serie reunirá a dos exponentes femeninas de la experimentación de los límites físicos de la pintura en Latinoamérica: la brasileña Leda Catunda y la argentina Alejandra Seeber.

Mientras que en el Bellas Artes y en el Malba se verá una recuperación histórica de artistas argentinas y latinoamericanas, la Fundación Proa, ubicada en Caminito, repasará en una exposición aquellas creadoras que ya fueron parte de la agenda de la institución en los últimos años. Será una recopilación retrospectiva con obras de unas 150 mujeres argentinas como Marta Minujín, Ana Gallardo, Mónica Girón, Margarita Paksa, Delia Cancela, Dalila Puzzovio, Liliana Maresca, Narcisa Hirsch y Elba Bairon, con trabajos también de creadoras del exterior como Louise Bourgeois, Mona Hatoum, Rosemarie Trockel, Ana Mendienta y Eleonor Antín.

En un formato similar, pero dedicado exclusivamente a los talentos nacionales, el Centro Cultural Kirchner está planeando un importante evento.

En tanto, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (antes conocido como MAMBA, ahora El Moderno), va a ser hogar de al menos dos muestras con protagonistas femeninas durante 2020. La primera, que abrirá sus puertas el 30 de abril hasta fines de agosto, se va a centrar en la obra de la italo-argentina Elda Cerrato, cuya obra se desarrolló en idas y venidas marcadas por tensiones políticas tanto en nuestro país como en Venezuela. Luego, se presentará una exhibición de la extensa obra de la pintora entrerriana Mildred Burton, quien supo construir en sus pinturas, dibujos y collages una visión surrealista y perversamente humorística de su contexto.

El camino por la equidad de género en el mundo del arte sigue siendo largo, pero empieza a ser un poco menos empinado: a estas instituciones se suman muchas otras durante 2020. El Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), por ejemplo, tendrá una muestra de Liliana Iturriaga y Catalina Chervin; el Muntref de la Universidad Tres de Febrero expondrá obras de Maria Lai y Bruna Espósito; y el Museo de Arte Popular José Hernández propondrá, desde abril, una retrospectiva de la artista visual Nora Iniesta.

Por otro lado, aquellos interesados en los campos del cine y la fotografía tendrán, en la Casa Nacional del Bicentenario y desde abril, una retrospectiva de la fotógrafa Alicia D’Amico; en el Museo del Cine, entre mayo y septiembre, la muestra Crónica de una Señora recorrerá la trayectoria de la guionista y directora María Luisa Bemberg; el Museo Eduardo Sívori, desde junio, expondrá videoarte de Gabriela Golder; y, finalmente, la Fototeca Latinoamericana (FoLa), desde marzo, tendrá una nueva muestra dedicada a la misteriosa fotógrafa y niñera Vivian Maier, quien, desde los años 50 se dedicó a retratar la cotidianeidad estadounidense.

Si en algún momento se dudó del rol de las mujeres en el arte, la agenda de este año va a ayudar a moverlas del lugar que en otros tiempos se les adjudicaba para reconocer sus hábiles manos detrás del pincel.

En el contexto del próximo Día de la Mujer, el 8 de marzo, el Centro Cultural Kirchner (CCK) inaugurará una muestra colectiva en la que participarán unas 300 artistas de todas las provincias del país. Entre las creadoras convocadas se destacan Marcia Schvartz, Diana Dowek, Elda Cerrato (quien contará con muestra propia en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires desde el 30 de abril), Mónica Millán, Adriana Bustos, Ana Gallardo, Carlota Beltrame, Gloria Polo, Mónica Alvarado, Mane Guantay, Cecilia Teruel, Fátima Pecci, Soledad Dahbar, Abril Barrado y Cristina Schiavi, junto con los colectivos Identidad Marrón y Tejiendo Feminismos.

La propuesta buscará también romper prejuicios en el abanico de los géneros y la identidad sexual, con un conjunto de obras de “mujeres, lesbianas, trans, travestis, no binaries, queers, agénero y género fluido”, según explicó María Eugenia “Kekena” Corvalán, curadora de la muestra.

Esta exhibición, convocada por el Ministerio de Cultura junto al nuevo Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, ocupará no uno sino tres de los nueve pisos que tiene el edificio del ex Correo Central. Será uno de los eventos importantes del CCK bajo su nueva gestión. Ese programa comenzó el 31 de enero con una serie de homenajes dedicados a María Elena Walsh –conciertos y lectura de poemas, entre otras actividades– y con proyecciones de una performance del artista tucumano Tomás Saraceno.

La investigadora, docente, escritora y curadora “Kekena” Corvalán, que llevará las riendas en esta muestra, fue la encargada en marzo del año pasado de la curaduría de la exposición donde se encontraba la polémica María feminista (una estatuilla de la Virgen con un pañuelo verde), en el Centro Cultural Haroldo Conti. Obras de Para Todes Tode, nombre de aquella exhibición que terminó en litigio judicial, también se incluirán en la nueva propuesta.

EV

26.11.18

Exhibition: Southern Geometries, from Mexico to Patagonia. From October 14, 2018 to February 24, 2019. Fondation Cartier pour l'art contemporain

Vía Fondation Cartier pour l'art contemporain.


View of the exhibition Southern Geometries, from Mexico to Patagonia, Fondation Cartier pour l’art contemporain, Paris, 2018. © Solano Benítez and Gloria Cabral. Photo © Thibaut Voisin.

The exhibition Southern Geometries, from Mexico to Patagonia celebrates the wealth of color and diversity of styles in the geometric art of Latin America, bringing together 250 artworks made by over 70 artists from the Pre-Columbian period to present. Including modernist abstract art, sculpture and architecture as well as ceramics, weaving, and body painting, the exhibition explores the wide range of approaches to geometric abstraction in Latin America, whether influenced by Pre-Columbian art, the European avant-garde or Amerindian cultures. Southern Geometries weaves visual relationships among diverse cultures and regions across time, inviting visitors to discover the vibrant patterns and designs of Latin American art.


View of the exhibition Southern Geometries, from Mexico to Patagonia, Fondation Cartier pour l’art contemporain, Paris, 2018. © Courtesy of Casa Amaral. La Patinoire Royale - Galerie Valérie Bach, Bruxelles. Photo © Thibaut Voisin.

The exhibition opens with a spectacular ballroom designed by the Bolivian-born architect of Aymara origin, Freddy Mamani, whose work is inspired by the geometric motifs characteristic of Tiwanaku culture, as well as by the spirit of Andean village festivals. In his hometown of El Alto, his eye-catching multicolored buildings, which he refers to as “neo-Andean,” stand apart from the ordinary brick architecture of the region and bring contrast to the dull, muted tones of the Altiplano landscape. The facades of his buildings derive their formal vocabulary from Pre-Columbian and Indigenous art, and their bright colors are inspired by Aymara textiles and ceremonial costumes. Inside his buildings, the profusion of geometric patterns and the richly decorated columns mingle with whimsical chandeliers and lamps.

In the neighboring gallery, Paraguayan architects Solano Benítez and Gloria Cabral, winners of the Golden Lion at the Venice Architecture Biennale in 2016, use panels of shattered bricks and concrete to create a monumental work based on the principle of repetition. A rhythmic construction that plays with the light coming into the gallery space, this installation, assembled in a delicate equilibrium using a modular system of triangles, runs the length of the facade of the Fondation Cartier building.

Presented in the same gallery as Solano Benítez’ architectural tour de force is a remarkable group of 23 intricate wire sculptures by the Venezuelan artist Gego. These works, many of which are on loan from the Fundación Museos Nacionales in Venezuela, have been brought together for the first time in Paris. A major figure of Latin American art, Gego explored throughout her career the infinite possibility of the line in three-dimensional space. Her delicate net-like sculptures have an organic quality that eschews the formal rigor of geometric abstraction. She weaves, bends and twists steel or aluminum wire, taking advantage of its flexibility to create irregular shapes that integrate transparency as a sculptural element.

The lower level galleries present more than 220 works from a variety of cultures and time periods, connecting the ancient with the contemporary, modernist art with Amerindian culture.Influenced by both Pre-Columbian and abstract art, the work Madera planos de color by Joaquín Torres García introduces this section of the exhibition. Elsewhere in these galleries, the paintings of Uruguayan artist Carmelo Arden Quin, who launched the Madí Movement, are presented along with the sculptures of the Brazilian Lygia Clark, the photographs of the Mexican Lázaro Blanco, and the paintings of the Argentine Guillermo Kuitca. This exhibition also highlights the work of under-recognized artists, presenting for example a series of large canvases by Carmen Herrera, a pioneer of Cuban minimalism and the photographs of Anna Mariani representing the colorful facades of the houses in north-eastern Brazil and the abstract patterned landscapes of Brazilian Alfredo Volpi.

Other works included in this section are inspired by Pre-Columbian art and architecture. Peruvian photographer Martín Chambi photographed Machu Picchu in the 1920s, stimulating a renewed interest in and appreciation of Inca architecture and culture. Mexican photographer Pablo López Luz captures the influence of Inca design in contemporary vernacular architecture.

The exhibition also takes a look at the mysterious formal vocabulary of indigenous geometry. These motifs are represented on ceramics, basketry, textiles and the human body, and are combined in many different ways using styles specific to each culture. Numerous works created by the Ishir Indians (or Chamacoco) of Paraguay for their ceremonies and rituals are presented here for the first time in Europe. The contemporary drawings of the Wauja people are exhibited alongside those of the Kadiwéu [Caduveo] whose elaborated face paintings were photographed in the 19th century by Guido Boggiani and in the 20th century by Claude Lévi-Strauss. Major contemporary photographers such as Claudia Andujar and Miguel Rio Branco also take an interest in the artistic expressions of indigenous peoples, capturing in their photographs the Kayapó’s daily practice of body painting. Brazilian artist Luiz Zerbini also shows his fascination for Amerindian culture, combining in his paintings historical portraits with representations of indigenous ceremonies. These works show how a world of ancestral traditions is still alive today.

Celebrating contemporary art as well as the art of ancient civilizations, Southern Geometries takes the visitor from Mexico to Patagonia. Breaking free of artistic hierarchies and fostering a dialogue between all creative disciplines, the exhibition highlights the visual relationships that bring together artists, cultures, rites, and symbols.

28.9.18

Exhibition: Southern Geometries, from Mexico to Patagonia. Fondation Cartier pour l'art contemporain. Paris, October 14, 2018 to February 24, 2019

Vía Fondation Cartier.



The exhibition Southern Geometries, from Mexico to Patagonia celebrates the wealth of color and diversity of styles in the geometric art of Latin America, bringing together 250 artworks made by over 70 artists from the Pre-Columbian period to present. Including modernist abstract art, sculpture and architecture as well as ceramics, weaving, and body painting, the exhibition explores the wide range of approaches to geometric abstraction in Latin America, whether influenced by Pre-Columbian art, the European avant-garde or Amerindian cultures. Southern Geometries weaves visual relationships among diverse cultures and regions across time, inviting visitors to discover the vibrant patterns and designs of Latin American art.

The exhibition opens with a spectacular ballroom designed by the Bolivian-born architect of Aymara origin, Freddy Mamani, whose work is inspired by the geometric motifs characteristic of Tiwanaku culture, as well as by the spirit of Andean village festivals. In his hometown of El Alto, his eye-catching multicolored buildings, which he refers to as “neo-Andean,” stand apart from the ordinary brick architecture of the region and bring contrast to the dull, muted tones of the Altiplano landscape. The facades of his buildings derive their formal vocabulary from Pre-Columbian and Indigenous art, and their bright colors are inspired by Aymara textiles and ceremonial costumes. Inside his buildings, the profusion of geometric patterns and the richly decorated columns mingle with whimsical chandeliers and lamps.

In the neighboring gallery, Paraguayan architects Solano Benítez and Gloria Cabral, winners of the Golden Lion at the Venice Architecture Biennale in 2016, use panels of shattered bricks and concrete to create a monumental work based on the principle of repetition. A rhythmic construction that plays with the light coming into the gallery space, this installation, assembled in a delicate equilibrium using a modular system of triangles, runs the length of the facade of the Fondation Cartier building.

Presented in the same gallery as Solano Benítez’ architectural tour de force is a remarkable group of 23 intricate wire sculptures by the Venezuelan artist Gego. These works, many of which are on loan from the Fundación Museos Nacionales in Venezuela, have been brought together for the first time in Paris. A major figure of Latin American art, Gego explored throughout her career the infinite possibility of the line in three-dimensional space. Her delicate net-like sculptures have an organic quality that eschews the formal rigor of geometric abstraction. She weaves, bends and twists steel or aluminum wire, taking advantage of its flexibility to create irregular shapes that integrate transparency as a sculptural element.

The lower level galleries present more than 220 works from a variety of cultures and time periods, connecting the ancient with the contemporary, modernist art with Amerindian culture.Influenced by both Pre-Columbian and abstract art, the work Madera planos de color by Joaquín Torres García introduces this section of the exhibition. Elsewhere in these galleries, the paintings of Uruguayan artist Carmelo Arden Quin, who launched the Madí Movement, are presented along with the sculptures of the Brazilian Lygia Clark, the photographs of the Mexican Lázaro Blanco, and the paintings of the Argentine Guillermo Kuitca. This exhibition also highlights the work of under-recognized artists, presenting for example a series of large canvases by Carmen Herrera, a pioneer of Cuban minimalism and the photographs of Anna Mariani representing the colorful facades of the houses in north-eastern Brazil and the abstract patterned landscapes of Brazilian Alfredo Volpi.

Other works included in this section are inspired by Pre-Columbian art and architecture. Peruvian photographer Martín Chambi photographed Machu Picchu in the 1920s, stimulating a renewed interest in and appreciation of Inca architecture and culture. Mexican photographer Pablo López Luz captures the influence of Inca design in contemporary vernacular architecture.

The exhibition also takes a look at the mysterious formal vocabulary of indigenous geometry. These motifs are represented on ceramics, basketry, textiles and the human body, and are combined in many different ways using styles specific to each culture. Numerous works created by the Ishir Indians (or Chamacoco) of Paraguay for their ceremonies and rituals are presented here for the first time in Europe. The contemporary drawings of the Wauja people are exhibited alongside those of the Kadiwéu [Caduveo] whose elaborated face paintings were photographed in the 19th century by Guido Boggiani and in the 20th century by Claude Lévi-Strauss. Major contemporary photographers such as Claudia Andujar and Miguel Rio Branco also take an interest in the artistic expressions of indigenous peoples, capturing in their photographs the Kayapó’s daily practice of body painting. Brazilian artist Luiz Zerbini also shows his fascination for Amerindian culture, combining in his paintings historical portraits with representations of indigenous ceremonies. These works show how a world of ancestral traditions is still alive today.

Celebrating contemporary art as well as the art of ancient civilizations, Southern Geometries takes the visitor from Mexico to Patagonia. Breaking free of artistic hierarchies and fostering a dialogue between all creative disciplines, the exhibition highlights the visual relationships that bring together artists, cultures, rites, and symbols.

15.1.18

El arte del escándalo

Vía La Tercera.

Por Evelyn Erlij



La petición de retirar una pintura de Balthus del Met de Nueva York y la intervención de los afiches con obras de Egon Schiele en Londres, vuelven a poner en debate la relación entre arte, sexo y moral.

La historia comenzó de la forma más banal: una gerente de recursos humanos estadounidense llamada Mia Merrill visitó el Metropolitan Museum of Arts (Met) de Nueva York semanas atrás. Ahí, se encontró con el cuadro Teresa soñando (1938), del pintor franco-polaco Balthus, en el que aparece una niña de 12 años en una pose sugerente que, según ella, promovía la pedofilia. Al poco rato, tuiteó: “Preparo una petición para solicitarle a Met que retire una obra de arte que innegablemente idealiza la sexualización de una niña. Si eres parte del movimiento #metoo (#yotambién) o si te interesan las implicancias del arte en la vida, por favor apoya esta causa”.

En un mundo saturado de noticias sobre acosos y abusos sexuales, afirmó Merrill, lo mínimo que debía hacer el Met para no pasar por defensor del “voyerismo y la cosificación infantil” era añadir una nota que advirtiera que la pintura podía ser ofensiva, dada la obsesión de Balthus por las menores de edad. Los medios se llenaron de opiniones de especialistas de arte, pero antes de que el caso se convirtiera en un batahola, el museo cerró el asunto con una declaración: “Las artes visuales son una de las formas más significativas de reflejar tanto el pasado como el presente, y de fomentar la evolución continua de la cultura a través de discusiones informadas y del respeto hacia la expresión creativa”.

La historia llegó hasta ahí, pero desempolvó un debate viejo que tiene que ver con las lecturas morales que se hacen del arte en las distintas épocas y sociedades. “Escándalo de ayer, virtud de hoy”, ha dicho el filósofo francés Michel Onfray, pero la fórmula se puede invertir: imágenes artísticas que antes no impactaban -por ejemplo, de niños sexualizados o mujeres acosadas-, hoy pueden ser vistas como una aberración. Analizadas desde el presente, por ejemplo, obras de Jean-Honoré Fragonard (1732-1806), pintor libertino del rococó francés, pueden interpretarse como escenas de violencia de género o pedofilia: en El cerrojo o La resistencia inútil, aparecen mujeres forzadas a someterse al deseo masculino, y en El columpio o Chica jugando con un perro se ven jóvenes seductoras con aires infantiles.

No falta el que se espanta al visitar estos días el Museo del Prado o el Louvre y constatar el carácter sexista, aristócrata o racista de tal o cual corriente artística o creador -hay quienes reclaman, sin ir más lejos, que en estos museos casi no hay trabajos de artistas mujeres-, pero lo que se pasa por alto es que no existe el arte sin contexto. Miguel Angel pintó desnudos en la Capilla Sixtina que, poco más tarde, varios papas ordenaron cubrir con ropas; en 2001, una cuenta de Facebook fue suprimida por exhibir el cuadro El origen del mundo, de Gustave Courbet, donde se ve el primerísimo primer plano de una vagina. Toda obra está sometida a los valores del tiempo y el lugar en que fue creada, y una de las grandes lecciones de la historia del arte es que el péndulo de la moral no ha parado de oscilar.

El hecho de que en el pasado se aceptaran e incluso aplaudieran piezas que flirtean con la pedofilia, como las de Balthus, habla de una sociedad -en este caso, la europea de los años 30- en la que todavía no se tomaba conciencia ni se le daba suficiente importancia al tema del abuso infantil. Hoy, la historia es distinta. En 2013, la Tate Britain removió de su colección en línea los trabajos del artista Graham Ovenden, declarado culpable de abusos sexuales a menores y entre cuyas obras había pinturas y fotografías de niñas desnudas. Lo mismo ocurrió en la Tate Modern en 2009, cuando se retiró de la exposición Pop Life una foto de Brooke Shield posando sin ropa a los 10 años. Dicho en simple: cada obra es reflejo de su época.

Por siglos, el desnudo femenino ha sido visto con naturalidad en el espacio pictórico, no así el masculino, al que recién en 2012 se le dedicó una exposición en el Leopold Museum de Viena. En ese sentido, la sexualidad en el arte es un buen indicio de la mentalidad y los límites morales de un período: para escandalizar al público y a la crítica a fines del siglo XIX, Manet sólo tuvo que pintar a una mujer desnuda entre varios hombres en Almuerzo sobre la hierba (1863); y al rumano Constantin Brancusi le bastó con hacer una escultura fálica, Princesa X (1915-16), para sonrojar a Francia.

Hoy, si se quiere espantar al público, hace falta bastante más osadía. El Centro Pompidou de París, por ejemplo, no tiene problemas en exhibir las fotos porno que el artista Jeff Koons le tomó a La Cicciolina en los años 90, y en el Palacio de Versalles, en 2015, la obra Dirty corner, de Anish Kapoor, una cavidad hecha en acero conocida como “La vagina de la reina”, fue aplaudida por la crítica y sólo irritó a los acartonados defensores de la monarquía de Francia.

Fuera de los museos, sin embargo, la historia es distinta, y cuando los desnudos aparecen en el espacio público el pánico cunde: se acaba de censurar en Alemania e Inglaterra la instalación de afiches con las obras de desnudos del austríaco Egon Schiele, de quien se celebra el centenario, porque violan las normas de moralidad. Como respuesta, la Oficina de Turismo de Viena difundió en las calles de esos países los mismos afiches, pero censurados y acompañados de la leyenda “Lo sentimos. Tiene 100 años pero sigue siendo demasiado osado. #Libertadparaelarte”.

La evolución del mercado artístico demostró que, en los tiempos que corren, el escándalo está en el corazón del valor financiero de una pieza, por lo que una obra shock, según el creador francés Thierry Ehrmann, es una “coreografía perfecta entre artistas y reaccionarios”, como lo prueba la historia de las vanguardias del siglo XX. “En nuestra cultura, la noción de shock está ligada fundamentalmente a las imágenes de la violencia y la sexualidad de un modo explícito”, escribe el teórico alemán Boris Groys, pero advierte que esa es una mirada reduccionista: ni el Cuadrado negro de Malevich (1915) ni el urinario de Duchamp (1917), dos obras que escandalizaron, plantearon esos temas, sino buscaron un “efecto de visibilidad”.

Caravaggio fue criticado por pintar cuadros religiosos poblados de vagabundos; Bacon pintó un Papa en una silla eléctrica y Damien Hirst mató a 9 mil mariposas para crear Kaleidoscope Paintings. El italiano Maurizio Cattelan, en tanto, demostró que el shock es un negocio: en 2004 vendió en 2,1 millones de euros una figura del Papa Juan Pablo II impactado por un meteorito. La religión, el racismo, los derechos humanos y los de los animales son otros temas sensibles en el arte, pero el sexo y sus tabúes, como lo prueba el caso de Balthus, sigue siendo la pólvora infalible para encender el escándalo.

14.1.18

De Weiwei a Jansen, los hitos del arte en 2018

Vía La Tercera/Culto.

Por Francisca Gabler


Ai WeiWei. Fotografía vía Corpartes.

El chino Ai Weiwei en CorpArtes y el holandés Theo Jansen en Cerrillos, así como una exhibición con obras de Frida Kahlo, Diego Rivera y Roberto Matta en el Centro Cultural La Moneda encabezan las muestras extranjeras este año. A ellas se suman exposiciones de la fotógrafa Paz Errázuriz y del arquitecto Smiljan Radic.

Acaba de lanzar Human Flow, un documental sobre la actual crisis de los refugiados, filmado -tras dos años de viajes- en más de 20 países: Siria, Afganistán, Grecia, Kenia y México, entre otros. El artista chino Ai Weiwei ha estado así, como muchas otras veces, al centro de la polémica: mientras algunos elogian los impresionantes planos aéreos y la forma en que aporta una visión diferente del problema, otros han alegado lo contrario: que no descubre nada nuevo y apenas parece rozar conversaciones superfluas con las víctimas directas del conflicto. El artista, en cambio, poco después de presentar el filme en el Festival de Venecia, ha manifestado: “Lo que me gustaría decir con esta película es que cada uno de nosotros tenemos que participar del destino del mundo que compartimos. La política nos afecta a todos”.

Con esa nueva controversia rondando sobre quien es considerado una de las figuras más influyentes del mundo del arte, es que en abril llegará Inoculación al Centro Cultural CorpArtes. La muestra, curada por el brasileño Marcello Dantas, constituye una de las retrospectivas más grandes de Weiwei, con obras emblemáticas como Sunflower Seeds, una instalación de más de 100 millones de semillas de porcelana, hechas a mano, esparcidas por primera vez en 2010 en la Tate Modern de Londres, y Bang, un gran montaje que consta de 886 pisos de madera unidos entre sí, expuestos en la Bienal de Venecia de 2013.

A la visita del activista chino se sumará el mismo mes la del holandés Theo Jansen, quien llegará al Centro Nacional Cerrillos para inaugurar, en colaboración con Fundación Mar Adentro, una muestra en torno a sus célebres Strandbeests (bestias de playa): una serie de esculturas cinéticas que imitan esqueletos de animales capaces de caminar usando sólo la fuerza del viento. Meses después, en julio, en el Centro desembarcará Werkén de Bernardo Oyarzún, el envío chileno a la 57ª Bienal de Venecia, que consta de mil máscaras de ceremonias mapuches y letreros led con 6.906 apellidos de la etnia.

La pasada Bienal de Arquitectura de Venecia también estará presente: Unfinished, la versión itinerante del pabellón de España, galardonado recientemente con el León de Oro, llegará el mismo mes de julio al Museo de Arte Contemporáneo (MAC) del Parque Forestal. Se trata de una instalación con fotografías de 55 oficinas españolas que han sido capaces de gestar exitosas soluciones arquitectónicas frente a crisis económicas.

Si de muestras colectivas se trata, el MAC presentará desde octubre la exposición 1979 que toma como punto de partida ese año para reunir a un conjunto de autores chilenos -CADA, Eugenio Dittborn, Carlos Leppe, Juan Domingo Dávila, Francisco Brugnoli, Virginia Errázuriz, Raúl Zurita y Ronald Kay, entre otros- que han trabajado en torno a los acontecimientos políticos y sociales de una época en crisis.

Asimismo, una de las colectivas más llamativas será Grandes Artistas Latinoamericanos, que a partir de marzo reunirá en el Centro Cultural La Moneda más de 170 piezas -pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones, videos y dibujos- pertenecientes a la colección de la multinacional mexicana FEMSA. Entre los artistas, estarán Frida Kahlo, Diego Rivera, Roberto Matta, David Alfaro Siqueiros, Wilfredo Lam, Nemesio Antúnez, Joaquín Torres García, Alfredo Jaar y Julio le Parc.

El Museo Nacional Bellas Artes (MNBA), en tanto, abrirá su temporada en marzo con No todo lo que brilla, una exposición que bajo la curaduría de Gloria Cortés, presentará a 12 artistas mujeres preseleccionadas para participar en el capítulo chileno del National Museum of Women in the Arts de Nueva York. Algunas de las seleccionadas son Catalina Bauer, Marcela Bugueiro, Isidora Correa, Amelia Errázuriz, Virginia Guilisasti, Livia Marín, Karen Pazán, Rosario Perriello y Alejandra Prieto. Todas ellas presentarán trabajos que exploran el metal desde el cuerpo femenino, el deseo y la maternidad, hasta la crítica a los efectos del neoliberalismo y el consumismo.

El MNBA será también la sede de una de las muestras más esperadas del año: la fotógrafa Paz Errázuriz, Premio Nacional de Artes Plásticas 2017, presentará a partir de junio una retrospectiva organizada en conjunto con la Fundación Mapfre de España, que a través de 170 imágenes -muchas de ellas inéditas-, videos y documentos, dan cuenta de un trabajo de más de 40 años tras el lente.
Galerías y centros culturales

El Museo de Artes Visuales (MAVI) también dedicará exposiciones a artistas nacionales. Entre ellas, destaca la de Enrique Ramírez, quien en junio presentará Un hombre que camina. Se trata de una instalación fílmica realizada en el Salar de Uyuni, a 4.200 metros de altura en Bolivia, donde un bailarín personifica al diablo del altiplano mientras atraviesa las aguas del desierto.

A partir de agosto Artespacio exhibirá una serie de pinturas del neoexpresionista Carlos Maturana, alias Bororo. Dos meses después, en octubre, la galería Patricia Ready exhibirá Cloud’68 del reconocido arquitecto chileno Smiljan Radic. La muestra abordará la arquitectura de movimientos radicales surgidos entre los años 50 y 70 del siglo pasado en Europa, y tendrá como invitado especial al crítico suizo y actual codirector de la Serpentine Gallery de Londres, Hans Ulrich Obrist, quien presentará una serie de entrevistas a los protagonistas de dicha disciplina.

Otras espacios se alistan con exposiciones inéditas en Chile. El Centro Cultural Las Condes, por ejemplo, traerá por primera vez la obra pictórica de Juan Emar, reconocido intelectual del siglo XX, que se inició en la pintura y luego desarrolló una obra literaria de rasgos únicos. Y Galería Macchina de la Escuela de Arte UC, presentará 30 años del taller de cine de Alicia Vega, un proyecto Fondart que pretende difundir el significativo trabajo educativo y artístico realizado entre 1985 y 2015 por la cineasta y docente nacional.

17.11.17

Una noticia antigua y una reciente sobre la Pinacoteca de Andrés Sabella

Vía El Mercurio de Antofagasta.

6 de marzo de 2014

Más de 80 obras se suman a la Pinacoteca Andrés Sabella



Más de 80 obras -entre esculturas y cuadros- pasarán a formar parte de la Pinacoteca Andrés Sabella. La mayoría de los trabajos fueron regalos por artistas nacionales e internacionales a la Corporación que lleva el nombre del escritor antofagastino.

El catálogo que reúne esta importante colección será lanzada hoy a las 19 horas en el Museo Andrés Sabella, ubicado en la Casa de la Cultura. Instancia en la que serán exhibidas parte de las pinturas y esculturas que llegan a completar este trabajo y que el público podrá disfrutar.

Sonia Buljan, una de las fundadoras del Museo, destacó la importancia de nueva incorporación de obras a la Pinacoteca Andrés Sabella

"Todos los años estamos recibiendo aportes de diferentes obras de distintos pintores, dibujantes, escultores, acuarelistas y grabadores que confían en nosotros y en el valor de este proyecto. La Pinacoteca Andrés Sabella debe ser un orgullo para Antofagasta porque es parte del legado que él dejo a la comunidad", enfatizó.

Este es el segundo catálogo lanzado por la Corporación Cultural Andrés Sabella que ya en 2011 entregó a la comunidad parte de este tesoro patrimonial.

"Son tantas las obras tenemos que fácilmente podríamos lanzar un tercer catálogo para que la gente siga disfrutando tanto de las obras de Andrés Sabella como de quienes nos aportan con sus trabajos", explicó Sonia Buljan.

La Corporación Cultural Andrés Sabella, fundada en un comienzo por amigos del poeta nortino en 1989, se ha convertido en una pieza fundamental en el desafío de preservar, de enriquecer y difundir el legado de Sabella.

En total son más de 170 las obras que componen la Pinacoteca Andrés Sabella. Entre ellas se pueden encontrar obras del poeta además de varios de sus objetos personales.

11 de octubre de 2017

La Pinacoteca Andrés Sabella exhibirá 20 de sus mejores obras



PINTURA. La selección de los trabajos que componen la muestra estuvo a cargo del artista visual antofagastino Marko Franasovic.

Hasta el próximo viernes 20 de octubre la Pinacoteca de Andrés Sabella (colección personal con obras de artistas como Chela Lira, Alejandro Galetovic, Santiago Nattino y Osvaldo Ventura López), exhibirá una selección de sus obras al público. Dicho trabajo curatorial estuvo a cargo del artista visual antofagastino Marko Franasovic Bojanovic.

En esta oportunidad fueron escogidas 20 obras de diversos artistas, muchos de ellos poco conocidos, para conformar esta muestra, las que se desprenden de una colección de 180 obras entre afiches, grabados, dibujos y pinturas que componen la Pinacoteca Andrés Sabella.

Siglo pasado

La administración de dicha colección está a cargo de la Corporación Cultural Andrés Sabella, fundada en 1989, quien ha sido pieza fundamental en el resguardo, preservación y enriquecimiento de este tesoro, patrimonio de todos los antofagastinos.

"Nosotros realizamos este tipo de muestras de forma periódica para que la gente tenga conciencia de cuán importante era la cultura del siglo pasado. Muchos de estos artistas fueron adelantados a su tiempo como si hubiesen estado viviendo ahora", enfatizó Mirtha de la Vega, actual presidenta de la Corporación Cultural Andrés Sabella.

Es Andrés Sabella, en su artículo "Pintura de Antofagasta" escrito para la revista AISTEHESIS el año 1975, quien da cuenta de un período fundacional en la plástica antofagastina. En un extenso texto, nos cuenta cómo "la pintura entró a Antofagasta, en la Caja de óleos de César Soto Moraga", nos hace transitar por las aventuras de un joven Salvador Reyes, del "Maestro Palma" Humberto Palma Díaz, pintor adicto al aire libre; nos informa acerca de cómo Osvaldo Ventura firmaba sus primeros cuadros como Jimeno Hidalgo. Se refiere con admiración a la misteriosa figura de la Chela Lira, primera Dama del Ancla el año 1954. Nos da detalles del matrimonio entre el arquitecto Carlos Contreras y su esposa Lola y nos habla del don de Waldo Valenzuela para "evidenciar los dramas del Hombre Americano y ahondar los de la tierra atacameña".

Conocemos a través de las palabras del vate de la "austeridad de oficio y apasionamiento" de Iván Lambergh. Otorga una mención especial a los pintores que han salido de la Universidad del Norte: Ronald Clunes, Jorge Flores, Max Véliz. El mejillonino Ramón Vergara Grez quien "combate, lúcidamente, por una pintura en que forma y espacio sean las esencias".

De prácticamente todos los artistas nombrados por el poeta en este tratado acerca de la pintura antofagastina, la Pinacoteca cuenta con algún testimonio de autor.

Resguardo

En la actualidad y luego de una década de arduo trabajo por parte de los miembros de la Corporación, las obras se encuentran catalogadas y resguardadas con gran celo. Lamentablemente no cuentan con un lugar que las acoja de modo exclusivo y que permita que se encuentren en exposición permanente. Aún así, aspiran a contar con el apoyo de las instituciones y la sociedad civil con el fin de tener un lugar que se erija como centro vivo de la cultura y del legado del poeta y que se transforme en punto de convergencia de compatriotas del resto del país y de extranjeros que visiten la ciudad.

En esta oportunidad es el artista visual antofagastino Marko Franasovic Bojanovic quien ha realizado un trabajo de revisión y selección de las obras con el fin de cruzar su mirada con la del vate, quien además fue un gran dibujante, y con quien los une un común y fecundo amor por el hombre y mujer de este territorio y una mirada honda a este paisaje duro, a las distancias secas, a la tierra desnuda, a los crepúsculos nortinos que de una generación a otra cruzan y cuyo legado se mantiene más vivo que nunca.

"Lo llamativo de esta exposición, investigando a los autores, es que fueron todos marginales. Me llamó la atención que hay muchos autores de Valparaíso y Concepción. Era gente que no estaba validada en la sociedad de Bellas Artes, por ejemplo. Eran artistas que solo pintaban por pintar. En Antofagasta también hay varios casos parecidos", explicó Marko Franasovic, curador de la muestra.

Sobre la selección de las obras el artista antofagastino señala que, "El criterio principal en el proceso de selección tuvo que ver con la calidad autoral. Más que rescatar una obra lo que hicimos fue rescatar al autor de la obra, es decir, su biografía y su dedicación".

La exposición podrá ser visitada en las dependencias del Museo Andrés Sabella, ubicado en la Casa de la Cultura.

7.11.17

La presencia del mar en el dibujo de Andrés Sabella, por Waldo Valenzuela

Vía El Mercurio de Antofagasta, 18.06.17.



Esta era otra de las expresiones artísticas que cultivó el poeta nortino.

Waldo Valenzuela

El arte misterioso del dibujo acompañó toda la vida creadora de Andrés Sabella, en un ejercicio "no académico", sino "cazando imágenes", en una acción de "automatismo psíquico" en que hacía nacer desde la "nada blanca" del papel, imágenes donde el Mar estaba siempre presente.

Desde sus primeros esbozos de niño en una vieja agenda de su padre, hasta sus últimos trazos, el dibujo se le fue desbordando de sus dedos como una enredadera que fue entrelazando todo su oficio de hombre de letras con grafías, vertidas desde su alma. Aunque al dibujar describiera los perfiles de elementos y objetos de la vida cotidiana, el aroma del litoral lo envolvía todo, especialmente la brisa que traían las olas hacia la costa.

¡Cómo Andrés no habría de dibujar gaviotas niñas, cuando toda su poesía giraba en torno al misterio de lo femenino! Sus dibujos están habitados por perfiles, ojos, labios entreabiertos y cuerpos con toques de acuarela, que los encienden e iluminan. En una ocasión, observando la espiral presente en mis dibujos, sentenció: "Tus espirales son senos"… y torné a ser niño…

Los toques transparentes de acuarela permitían a Andrés transparentar el blanco del papel, el espacio y respetar la pureza de la línea. El óleo u otro material espeso y visceral hubieran traicionado el vuelo sutil de su caligrafía describiendo el mundo visible e invisible.

Patio trasero

El mar de Antofagasta fue el patio de su casa, en años en que aún no se le hurtaba espacio al borde mar. Para Sabella, Antofagasta era un balcón suspendido entre dos azules: el del cielo y el mar. Era Antofagasta dotada de dos atmósferas, más liviana la del cielo azul y más densa la del mar esmeralda.

Andrés, "espadachín de líneas", saltaba al abordaje de una mañana en el puerto, añorando mares del mundo, olas de su universo hecho de ríos, de corrientes submarinas, que se mueven silenciosamente bajo la superficie del paisaje inocente, depositando en la ribera de sus dibujos alguna botella con un mensaje dibujado.

El embrujo de su "dibujo brujo", está emparentado con la línea enamorada y adolescente del arte Florentino, Pre Renacimiento, con la caligrafía sagrada del Islam, con el humo verde del dibujo en la selva Maya, con las espirales del incienso ascendiendo hacia lo alto en oración; porque en Sabella su genio creador es universal. Su amor al mar y a los veleros le permite viajar hasta hoy por todas las latitudes.

Todo levita en sus diseños: Elba Emilia, veleros, libros, pipas, perfiles de amigas y amigos entrevistos en el recuerdo, reapareciendo en la memoria visual de su dibujo.

Andrés ha captado en sus dibujos ese protagonista primordial de la ciudad puerto: el espacio . En su composición grafica no divisamos la horizontal del desierto, salvo excepciones. Su hora crucial en sus dibujos es la luz azul y matinal de las 10 u 11 de la mañana, caminando por calle Prat, saludado y saludando amigos y conocidos. Su hogar de calle Uribe conectaba todas las tardes con el mundo mientras dibujaba mundos.

Los gatos de tía Martina, que según Andrés alguna vez fueron dioses, estaban en el secreto del contenido, por su fino oído, gracias al áspero rasgado de la pluma y su rastro de tinta en la nada blanca del papel, repitiendo cada día el gozo de la creación.

Confiamos en que algún día, en el futuro "Museo de Arte Moderno de Antofagasta", los dibujos de Sabella, su tesoro más preciado, sea el corazón mismo de las colecciones, articulando los espacios del Museo.

El Mar, los barcos, los peces, los caracoles, las estrellas y caballitos de mar, entre otros, fueron elementos siempre presentes en la magia de creación poética-pictórica de Sabella, como también lo fue el Barco de la Revista HACIA, la nave que zarpó desde la rada de Iquique para llevar a Andrés al Mar de la Eternidad.

¡Andrés Sabella, Gentilhombre de Mar, amó el Mar de Antofagasta!.

6.9.17

Franz Erhard Walther: Un lugar para el cuerpo. 6 abril - 10 septiembre, 2017 / Palacio de Velázquez. Parque del Retiro. Madrid.

Vía MNCARS.



La obra de Franz Erhard Walther (Fulda, Alemania, 1939), desarrollada desde finales de la década de 1950 hasta la actualidad, anticipa muchas de las cuestiones que caracterizan la historia del arte respecto a la condición del objeto artístico (la escultura, sus materiales, técnicas y modos de uso) y la naturaleza del espectador en cuanto receptor y partícipe.

Un lugar para el cuerpo es la primera gran exposición antológica de Franz Erhard Walther en España, en la que se presenta un amplio conjunto de esculturas, dibujos, pinturas, documentación fotográfica y material de archivo de toda su trayectoria. La exposición se articula en torno a dos temas: la acción y el lenguaje.

Walther entiende sus esculturas como lugares para el cuerpo, espacios habitables que modifican su apariencia y significado en función de múltiples soluciones formales, así como de las acciones que el artista y las propias obras sugieren al público (acciones denominadas por el artista como “activaciones”). Mediante estos recursos el artista reinterpreta la definición del objeto artístico, así como la relación entre el arte y el espectador. Para Franz Erhard Walther el cuerpo es ya en sí la escultura.

Desde comienzos de los años sesenta, Walther utiliza materiales textiles en la configuración de sus obras. En ellas la costura actúa como un principio constructivo, en la forma que lo hacen el collage y el assemblage en el siglo xx cuando estos son concebidos como procesos para la aproximación del arte y la vida. El innegable aspecto táctil, reforzado por el complejo uso del color, dota a estas obras de un carácter lúdico lleno de posibilidades; prototipos textiles que se convierten –en palabras del artista– en un conjunto de condiciones más que en un objeto acabado.

En un primer análisis, el trabajo de Walther con tejidos y su utilización en el marco de una acción pueden remitir a las iniciativas que surgen en Brasil en la década de 1960 como los Parangolés de Hélio Oiticica, los objetos sensoriales de Lygia Clark o el Divisor de Lygia Pape. Sin embargo, la activación que lleva a cabo Walther no se debe interpretar en un sentido performativo pues la acción y el movimiento no están pensados para una audiencia; cuando se activan las piezas, la acción implica un momento de presentación, no de representación.

Junto con la acción, el lenguaje es otra de las herramientas de las que Franz Erhard Walther se sirve en su labor de redefinir la obra de arte, al integrarse en una genealogía que parte de Mallarmé y se extiende hasta la poesía concreta. En su caso, el artista recurre a su profundo conocimiento de la historia de la tipografía para representar la palabra como material de trabajo, desde los dibujos de su serie Wortbilder [Imágenes palabra] hasta la reinvención de las formas tipográficas reveladas en sus alfabetos escultóricos, volúmenes que invitan al espectador a descubrir su legibilidad en el espacio y a interactuar con ellos.

Activaciones

Durante el periodo expositivo se activarán copias de exposición (2014) de varios de los elementos que componen 1. Werksatz [Primera serie de obras, 1963–1969], una obra emblemática que requiere de la participación del público y en la que el artista introduce muchas de las ideas esenciales de su trayectoria. La activación la realizarán mediadores formados por el propio artista.

Del 19 de abril al 30 de junio
Jueves y viernes,de 18:00 a 21:00 h.
Sábados y domingos, de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00 h.

Del 1 de julio al 9 septiembre
Jueves, viernes, sábados y domingos de 18:00 a 21:00 h.

Encuentro en torno a Franz Erhard Walther
Palacio de Velázquez, Parque del Retiro. 9 de septiembre, 12 h
Como cierre de la exposición, se realizará este encuentro que contará con las intervenciones de Elena Filipovic, Christian Rattemeyer y João Fernandes. Asimismo, el encuentro se complementará con una serie de activaciones realizadas por el mismo artista.

14.8.17

Por primera vez en Iquique obras de José Balmes

Vía La Mega FM/ Diario El Nortino.



A un año de la muerte del destacado artista y Premio Nacional de Artes Pláticas, sala de arte Casa Collahuasi presenta la muestra “Balmes, vive”.

Al conmemorarse un año del fallecimiento del destacado pintor español José Balmes Parramón, sala de arte Casa Collahuasi presenta a la comunidad una exposición que contempla sus obras.

Se trata de la muestra “Balmes, vive” conformada por 15 obras creadas por el ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 1999, las que fueron creadas entre los años 1986 y 2010, selección realizada por el Curador Francisco González-Vera, experto en la obra de Balmes.

Es la primera vez que Iquique recibe trabajos de uno de los referentes artístico del país, entre sus obras se encuentran Del Arbol, Caja de Pandora y Operación Albania, que nunca antes habían sido exhibidas al público, así lo explicó Concepción Balmes Barrios, hija del destacado pintor Español, quien estuvo a cargo de la presentación de la muestra. En su alocución también destacó que José Balmes tuvo una relación estrecha con el norte y que varias obras están inspiradas en él, incorporando tierra de la zona en alguna de sus creaciones.

De igual forma el curador señaló que la exposición contempla pinturas que hablan del paisaje, de la historia, de la memoria.

Bernardita Fernández, gerente de Asuntos Corporativos de Collahuasi, señaló que la sala se ha transformado en un espacio para conocer obras tanto de artistas regionales como nacionales, en un espacio que permite compartir y disfrutar el arte.

BALMES

Las obras de José Balmes es una de las más importantes manifestaciones del movimiento informalista en América Latina, cuya importancia central radica en la historia del arte chileno, que influenció a varias generaciones posteriores. El artista desarrolló el dibujo y la pintura, junto a la utilización de técnicas mixtas y variados elementos, que fueron reconocidas tanto en Chile como en el extranjero.

El artista nació en España el 20 de enero de 1927 y murió en Santiago el 28 de agosto de 2016, viajó a Chile en el famoso barco Winnipeg, en Chile estudió en el Liceo Barros Borgoño y luego en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile a partir del año 1943, obteniendo en el año 1947 la nacionalidad chilena.

En la universidad tuvo de maestros a Pablo Burchard y Camilo Mori, fue en esa casa de estudios donde conoció a Gracia Barrios, con quién se casó en el año 1952. De esa relación nace Concepción Balmes y tanto su mujer como su hija han sido destacadas artistas nacionales.

SALA DE ARTE

Sala de arte Casa Collahuasi está ubicada en Baquedano 930, abre sus puertas días hábiles, de lunes a viernes de 10 a 14 y de 15 a 19 hrs, sábado de 11 a 14 hrs, la entrada es liberada.

23.7.17

La “segunda ola” feminista no fue blanca

Vía Letras Libres.

La historia del arte feminista es una que sabe corregir sus recuerdos: las artistas afroamericanas, chicanas, mexicanas iniciaron en el feminismo al mismo tiempo que las artistas blancas y estadounidenses.

Por Sandra Barba



Hay certezas de las que no podemos fiarnos porque nos llevarían a concluir, entre otras cosas, que en la “segunda ola” del movimiento feminista se enfilaron solamente las mujeres blancas y estadunidenses, universitarias y de clase media que conocemos de sobra y, ya encarrerados, a afirmar que fue mucho después que aparecieron las afroamericanas, chicanas, mexicanas. Ellas empezaron en el feminismo al mismo tiempo que las blancas: 1970, 1971, 1973, 1974, 1984 son las fechas que lo confirman.

Las Mujeres Muralistas ya pintaban en 1973 las paredes del barrio latino de San Francisco. Cuenta Terezita Romo que, cansadas de que el muralismo chicano fuera otra “provincia de los hombres artistas”, Patricia Rodríguez, Graciela Carrillo, Consuelo Méndez e Irene Pérez pintaron la puerta de un garage del Balmy Alley, un callejón que hoy es un conocido por sus muros que se convirtieron en una colección de arte público. En sus entrevistas con Romo, el colectivo de mujeres explicó que quiso apartarse de los temas y la iconografía de los artistas chicanos. “Todos los héroes eran hombres. Parecía que los acontecimientos históricos sólo le ocurrían a los hombres” y por eso en el centro del mural Latinoamérica se ve a un par de mujeres indígenas criando a sus hijos, mientras que a la derecha aparecen otras –¿una de ellas, estudiante?– junto a los hombres y formando, como ellos, parte de la esfera pública. También están en uno y otro extremo, vestidas con trajes típicos, en el campo y en alusiones al pasado prehispánico: si la consigna del movimiento chicano fue introducir la historia de México en Estados Unidos, la de las chicanas fue que esa historia no excluyera a las mujeres.

Un par de años antes, las afroamericanas dieron la misma batalla. Excluidas del brazo estético de las organizaciones, Kay Brown, Dindga McCannon y Faith Ringgold fundaron el colectivo Where We At y montaron su propia exposición: “nosotras hicimos el catálogo, volantes con las fotos de todas y un resumen de cada obra. Fue una gran inauguración, se convirtió en un evento mediático: de pronto, las artistas negras fueron descubiertas”, recuerda McCannon.

Incluso un año atrás, en 1970, Michele Wallace y la misma Ringgold circularon un manifesto que denunció “la exclusión de las mujeres negras de TODAS las exposiciones”, pues éstas solían reconocer a unos cuantos de sus colegas consagrados –token niggas, los llamaron Wallace y Ringgold–, sin considerar el trabajo que ellas hacían. El documento es contundente porque cancela la posibilidad de definir el “arte negro” como un movimiento en el que sólo participan los hombres y exige que en cada exposición haya paridad de género y se reproduzca la “distribución étnica del sitio donde la muestra sea montada”.

Como lo hicieron otras, Ringgold trabajó el racismo y la discriminación de las mujeres –en particular, la de las afroamericanas–, en las artes visuales. En 1969, cuando Estados Unidos celebraba como un triunfo nacional que el hombre (blanco y no ruso, pero mucho menos negro) hubiera llegado a la Luna, la pintora decidió echar mano del símbolo patrio por excelencia para denunciar a una civilización que se congratulaba de sus avances tecnológicos mientras se empeñaba en ignorar la desigualdad dentro de sus fronteras. Flag for the Moon aprovecha los colores y las franjas de la bandera estadunidense para escribir de manera casi imperceptible –como imperceptible se quería entonces que fuera el racismo– la frase “Die Nigger”: una estrategia visual que hace elocuente lo que se quiere invisible. Ringgold usó el mismo recurso cuando pintó a un hombre blanco, una mujer blanca y un hombre negro, pero no a una afroamericana, en The Flag is Bleeding.  

Mientras The Black Panthers y el movimiento chicano negaban un papel protagónico para las mujeres dentro de sus organizaciones –algo contra lo que bell hooks escribió en Ain’t I a Woman, Black Women and Feminism–, Ringgold, Betye Saar, Howardena Pindell, Judithe Hernández intentaban conciliar racismo y feminismo.

Pero hay que decirlo: se distanciaron del Movimiento de Liberación de las Mujeres, porque también ahí pasaron por la contradictoria pero común experiencia de toparse de frente con la discriminación dentro de un movimiento social antidiscriminatorio. La cubana Ana Mendieta, por ejemplo, abandonó la Galería A.I.R., fundada en 1972 para exponer el arte de las mujeres, “furiosa porque a ella pertenecían principalmente las blancas de clase media”.

Tampoco puede decirse que el arte feminista sea exclusivo de una nación. En su estudio doctoral Arte feminista latinoamericano. Rupturas de un arte político en la producción visual, la historiadora y artista hizo un “catastro de más de 70 artistas” del continente que inicia desde la década de los 70. Entre los documentos que recupera está el tríptico de una conferencia de arte feminista en México en el año de 1979 y el volante de la Muestra Feminista Colectiva de 1978.[1]

Gracias a Archiva, el expediente de obras feministas que hizo Mónica Mayer, sabemos que grupos como Polvo de Gallina Negra (creado por la misma Mayer y Maris Bustamante) y Tlacuilas y Retrateras (en el que participaron Mayer, Karen Cordero, Ana Victoria Jiménez y Consuelo Almeida, entre otras) hicieron una serie de “performances, proyectos visuales y acciones político-plásticas” en la Ciudad de México durante la década de los ochenta.

No podemos fiarnos de los vistazos y las primeras impresiones, las definiciones angostas y las historias fáciles. Si pensamos que las feministas son sólo aquellas que así se nombran, que basta con enlistar a las líderes de los movimientos más visibles, perderemos de vista a buena parte de las mujeres de la así llamada segunda ola.

Aunque se ha querido decir que el punto de partida fue Fresno, California –pues fue ahí donde Judy Chicago impartió el primer programa de arte feminista– y se insista en reseñar la Womanhouse –la instalación de 1972 que salió de su primera generación de alumnas–, sólo hace falta recorrer unos cuantos kilómetros al oeste y rumbo a San Francisco, al este en dirección a Nueva York o cruzar la frontera entre Estados Unidos y América Latina para descubrir que el movimiento de las mujeres en las artes visuales ocurrió, como lo hacen los brotes, en más sitios, con otras caras y otros nombres, entre afroamericanas, mexicanas, chicanas, argentinas…

Tanto así que la idea misma del cánon feminista ha caído en desuso. Con humildad y cautela –para no arriesgarse a las distorsiones–, hablamos ahora de “puntos nodales”,[2] es decir, de un andar en paralelo, de focos en plural, de redes que se extienden hasta quién sabe dónde y que a veces se entrelazan, por lejos que estén una de otra. Y es que uno nunca sabe cuándo (pero sabe de antemano que así sucederá) será descubierto otro grupo, otra artista de la segunda mitad del siglo XX. Lo escribo así porque hace unos días me encontré con un artículo sobre la primera asociación de mujeres artistas asiático-estadunidenses: la del feminismo es una historia que sabe corregir sus recuerdos.

[1] Aunque Antivilo enfatiza que el arte feminista en México era “incipiente”, estaba aislado del mundo artístico y era autogestionado por las propias artistas, en lo que coincide con ella Karen Cordero.
[2] Un buen ejemplo de este tipo de análisis es el de Nina Lykke, Feminist Studies. A Guide to Intersectional Theory, Methodology and Writing, Routledge, Nueva York, 2010.