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11.4.20

Sabella y Soto Moraga: isla de colores. Por Patricio Espejo Leupin


César Soto Moraga, Marina. Pinacoteca Andrés Sabella (imagen publicada en catálogo del 2009).

Vía El Mercurio de Antofagasta.

Gracias a nuestro gusto por hurguetear en la vieja prensa, leemos una entrevista de un joven Andrés Sabella al pintor, político e industrial César Soto Moraga. El adolescente de casi 19 años planificaba una exposición de cuadros. Llegó así a la "casuca pintoresca con una banderilla prisionera", arriba de la línea del tren. La vivienda -primer piso taller y segundo dormitorio- está atiborrada de cuadros. El poeta no es un extraño: "A usted, Sabella, lo conozco chiquitito. Cuando andaba con polleritas y su mamá lo cargaba en brazos". César Soto se ha atrincherado allí desde 1930, y para entonces llevaba casi 20 años sin tomar los pinceles. Su historia lo rodea: retratos de mujer y desnudos que pintó al salir del Bellas Artes, otros cuando "comenzaba a encontrar el quid de las marinas", y lo nuevo: "Ahora ensayo el paisaje. Todas esas marchitas son apuntes que he pintado desde esta altura. Ahora estudio los secretos de los panoramas". Critica su trabajo previo. "¡Mire que pintar toda la vida así! Esa cabecita mística me costó un trabajo bárbaro. Ya no sirve. Ya no siento esas cosas". Hoy lo anima la naturaleza. Ha plantado los árboles frente a su casa, y ahora los pinta. Andrés sentencia: "¿Sabe? Su casa es una isla de colores".

El viejo pintor desearía una cátedra en el Liceo antofagastino, para "enseñarles a los muchachos con fervor de artista, con calor de alma, a tomar un lápiz". Sabella piensa que este hombre debería ser no solo maestro, sino la piedra angular de ese edificio. La casa es taller y galería: "esos caballos, son del húngaro Visky. Esa mancha de Camilo Mori. Aquella carita de don Juan Francisco González. Esa marinita de Mario Bonatt. Esta tela del Negrito González".

Al despedirse, explica la bandera que flamea siempre en su casa. Ha caído el Dictador. "Tan pronto el civismo volvió a florecer en Chile, decidí elevar esa banderita hasta que se destiña". A Sabella no le sorprende: "radicalazo como es, no me parece extraña su vehemencia".

¡Dónde habrá quedado la obra de don César, que llenaba aquel viejo taller del cerro!

Patricio Espejo Leupin, geólogo, escritor

13.8.19

Arquitectura nacionalista. Por Andrés Sabella. El Mercurio de Antofagasta, 27 de agosto de 1982



Vía El Mercurio de Antofagasta / Biblioteca Nacional de Chile.

Ahora que funciona en la ciudad una Escuela de Arquitectura, conviene que se lea el ensayo sobre arquitectura de Pedro Prado. No es difícil obtenerlo: acaba de publicarse en un tomo Nascimento: "Ensayos" (Sobre la Arquitectura y la Poesía), bajo el cuidado celoso del poeta Juan Antonio Massone.

Pedro Prado fue, además, de poeta y novelista de fuerza lírica singular, filósofo y pintor, arquitecto que pensaba en cuánto celo debíamos aportar para construir nuestras casas, no en remedo "de", sino en verdad con nuestras realidades:

"La primera belleza de la arquitectura debe ser la propiedad".

En esta frase coloca la piedra sillar de sus ideas. Para el poeta de "La casa junto al mar", lo chilenos debemos bregar porque la arquitectura nacional sea, precisamente, "arquitectura nacionalista", entendiéndose por tal aquella en que lo elementos y rasgos de cada una de la muchas regiones que componen al país, correspondan a lo que éstas son:

"En Chile, una arquitectura, para ser nacional y nacionalista, tendrá que ser apropiada en sus múltiples variaciones, y el factor común a todas ni será ni éste ni el otro motivo, sino la continuación lógica del carácter de la región en el carácter de las casas".

En tal línea de trabajo, Prado rechaza, naturalmente, las construcciones que no satisfacen la realidad de su medio, porque se alzan en calco:

"Influencias perniciosas que nos falsean: elementos de construcción simulados con una cáscara superficial, errores contra la topografía y contra el clima y las condiciones asísmicas, y aberraciones bajo el punto de vista de la psicología que poseemos, forman la ley general".

Patricio Gross, en su libro "Arquitectura en Chile" (1978), anota, como ideal de la arquitectura chilena de hoy y mañana que:

"Será en el desarrollo de nuevas obras que tengan presente lo que no es más propio, como mejor podamos acercarnos a lo que constituye nuestra auténtica tradición del habitar; formas bellas en su simplicidad y economía de materiales, sin alardes ni juegos estructurales, en íntimo acuerdo con el paisaje y la luz, sin ostentosas diferencias y donde se pueda gozar de un espacio construido a escala del hombre", ligando su pensamiento al de Prado, por el impulso que debe inspirarnos, impidiendo que seamos una tierra "que tiene gran número de construcciones impropias, cuyos estilos se han propagado por el país sin discernimiento, alguno".

En instantes en que la construcción nacional se muestra angustiada por la cesantía que la falta de capitales trae consigo, estas reflexiones de Prado soplan una esperanza para cuando retomemos las herramientas, plazo que para bien de lo hogares chilenos se acorte todo lo posible para no ser gentes de rielo raso y de pan escaso.

Ver: Pedro Prado y los ensayos sobre arquitectura. por Patricio Pinto.

17.11.17

Una noticia antigua y una reciente sobre la Pinacoteca de Andrés Sabella

Vía El Mercurio de Antofagasta.

6 de marzo de 2014

Más de 80 obras se suman a la Pinacoteca Andrés Sabella



Más de 80 obras -entre esculturas y cuadros- pasarán a formar parte de la Pinacoteca Andrés Sabella. La mayoría de los trabajos fueron regalos por artistas nacionales e internacionales a la Corporación que lleva el nombre del escritor antofagastino.

El catálogo que reúne esta importante colección será lanzada hoy a las 19 horas en el Museo Andrés Sabella, ubicado en la Casa de la Cultura. Instancia en la que serán exhibidas parte de las pinturas y esculturas que llegan a completar este trabajo y que el público podrá disfrutar.

Sonia Buljan, una de las fundadoras del Museo, destacó la importancia de nueva incorporación de obras a la Pinacoteca Andrés Sabella

"Todos los años estamos recibiendo aportes de diferentes obras de distintos pintores, dibujantes, escultores, acuarelistas y grabadores que confían en nosotros y en el valor de este proyecto. La Pinacoteca Andrés Sabella debe ser un orgullo para Antofagasta porque es parte del legado que él dejo a la comunidad", enfatizó.

Este es el segundo catálogo lanzado por la Corporación Cultural Andrés Sabella que ya en 2011 entregó a la comunidad parte de este tesoro patrimonial.

"Son tantas las obras tenemos que fácilmente podríamos lanzar un tercer catálogo para que la gente siga disfrutando tanto de las obras de Andrés Sabella como de quienes nos aportan con sus trabajos", explicó Sonia Buljan.

La Corporación Cultural Andrés Sabella, fundada en un comienzo por amigos del poeta nortino en 1989, se ha convertido en una pieza fundamental en el desafío de preservar, de enriquecer y difundir el legado de Sabella.

En total son más de 170 las obras que componen la Pinacoteca Andrés Sabella. Entre ellas se pueden encontrar obras del poeta además de varios de sus objetos personales.

11 de octubre de 2017

La Pinacoteca Andrés Sabella exhibirá 20 de sus mejores obras



PINTURA. La selección de los trabajos que componen la muestra estuvo a cargo del artista visual antofagastino Marko Franasovic.

Hasta el próximo viernes 20 de octubre la Pinacoteca de Andrés Sabella (colección personal con obras de artistas como Chela Lira, Alejandro Galetovic, Santiago Nattino y Osvaldo Ventura López), exhibirá una selección de sus obras al público. Dicho trabajo curatorial estuvo a cargo del artista visual antofagastino Marko Franasovic Bojanovic.

En esta oportunidad fueron escogidas 20 obras de diversos artistas, muchos de ellos poco conocidos, para conformar esta muestra, las que se desprenden de una colección de 180 obras entre afiches, grabados, dibujos y pinturas que componen la Pinacoteca Andrés Sabella.

Siglo pasado

La administración de dicha colección está a cargo de la Corporación Cultural Andrés Sabella, fundada en 1989, quien ha sido pieza fundamental en el resguardo, preservación y enriquecimiento de este tesoro, patrimonio de todos los antofagastinos.

"Nosotros realizamos este tipo de muestras de forma periódica para que la gente tenga conciencia de cuán importante era la cultura del siglo pasado. Muchos de estos artistas fueron adelantados a su tiempo como si hubiesen estado viviendo ahora", enfatizó Mirtha de la Vega, actual presidenta de la Corporación Cultural Andrés Sabella.

Es Andrés Sabella, en su artículo "Pintura de Antofagasta" escrito para la revista AISTEHESIS el año 1975, quien da cuenta de un período fundacional en la plástica antofagastina. En un extenso texto, nos cuenta cómo "la pintura entró a Antofagasta, en la Caja de óleos de César Soto Moraga", nos hace transitar por las aventuras de un joven Salvador Reyes, del "Maestro Palma" Humberto Palma Díaz, pintor adicto al aire libre; nos informa acerca de cómo Osvaldo Ventura firmaba sus primeros cuadros como Jimeno Hidalgo. Se refiere con admiración a la misteriosa figura de la Chela Lira, primera Dama del Ancla el año 1954. Nos da detalles del matrimonio entre el arquitecto Carlos Contreras y su esposa Lola y nos habla del don de Waldo Valenzuela para "evidenciar los dramas del Hombre Americano y ahondar los de la tierra atacameña".

Conocemos a través de las palabras del vate de la "austeridad de oficio y apasionamiento" de Iván Lambergh. Otorga una mención especial a los pintores que han salido de la Universidad del Norte: Ronald Clunes, Jorge Flores, Max Véliz. El mejillonino Ramón Vergara Grez quien "combate, lúcidamente, por una pintura en que forma y espacio sean las esencias".

De prácticamente todos los artistas nombrados por el poeta en este tratado acerca de la pintura antofagastina, la Pinacoteca cuenta con algún testimonio de autor.

Resguardo

En la actualidad y luego de una década de arduo trabajo por parte de los miembros de la Corporación, las obras se encuentran catalogadas y resguardadas con gran celo. Lamentablemente no cuentan con un lugar que las acoja de modo exclusivo y que permita que se encuentren en exposición permanente. Aún así, aspiran a contar con el apoyo de las instituciones y la sociedad civil con el fin de tener un lugar que se erija como centro vivo de la cultura y del legado del poeta y que se transforme en punto de convergencia de compatriotas del resto del país y de extranjeros que visiten la ciudad.

En esta oportunidad es el artista visual antofagastino Marko Franasovic Bojanovic quien ha realizado un trabajo de revisión y selección de las obras con el fin de cruzar su mirada con la del vate, quien además fue un gran dibujante, y con quien los une un común y fecundo amor por el hombre y mujer de este territorio y una mirada honda a este paisaje duro, a las distancias secas, a la tierra desnuda, a los crepúsculos nortinos que de una generación a otra cruzan y cuyo legado se mantiene más vivo que nunca.

"Lo llamativo de esta exposición, investigando a los autores, es que fueron todos marginales. Me llamó la atención que hay muchos autores de Valparaíso y Concepción. Era gente que no estaba validada en la sociedad de Bellas Artes, por ejemplo. Eran artistas que solo pintaban por pintar. En Antofagasta también hay varios casos parecidos", explicó Marko Franasovic, curador de la muestra.

Sobre la selección de las obras el artista antofagastino señala que, "El criterio principal en el proceso de selección tuvo que ver con la calidad autoral. Más que rescatar una obra lo que hicimos fue rescatar al autor de la obra, es decir, su biografía y su dedicación".

La exposición podrá ser visitada en las dependencias del Museo Andrés Sabella, ubicado en la Casa de la Cultura.

7.11.17

La presencia del mar en el dibujo de Andrés Sabella, por Waldo Valenzuela

Vía El Mercurio de Antofagasta, 18.06.17.



Esta era otra de las expresiones artísticas que cultivó el poeta nortino.

Waldo Valenzuela

El arte misterioso del dibujo acompañó toda la vida creadora de Andrés Sabella, en un ejercicio "no académico", sino "cazando imágenes", en una acción de "automatismo psíquico" en que hacía nacer desde la "nada blanca" del papel, imágenes donde el Mar estaba siempre presente.

Desde sus primeros esbozos de niño en una vieja agenda de su padre, hasta sus últimos trazos, el dibujo se le fue desbordando de sus dedos como una enredadera que fue entrelazando todo su oficio de hombre de letras con grafías, vertidas desde su alma. Aunque al dibujar describiera los perfiles de elementos y objetos de la vida cotidiana, el aroma del litoral lo envolvía todo, especialmente la brisa que traían las olas hacia la costa.

¡Cómo Andrés no habría de dibujar gaviotas niñas, cuando toda su poesía giraba en torno al misterio de lo femenino! Sus dibujos están habitados por perfiles, ojos, labios entreabiertos y cuerpos con toques de acuarela, que los encienden e iluminan. En una ocasión, observando la espiral presente en mis dibujos, sentenció: "Tus espirales son senos"… y torné a ser niño…

Los toques transparentes de acuarela permitían a Andrés transparentar el blanco del papel, el espacio y respetar la pureza de la línea. El óleo u otro material espeso y visceral hubieran traicionado el vuelo sutil de su caligrafía describiendo el mundo visible e invisible.

Patio trasero

El mar de Antofagasta fue el patio de su casa, en años en que aún no se le hurtaba espacio al borde mar. Para Sabella, Antofagasta era un balcón suspendido entre dos azules: el del cielo y el mar. Era Antofagasta dotada de dos atmósferas, más liviana la del cielo azul y más densa la del mar esmeralda.

Andrés, "espadachín de líneas", saltaba al abordaje de una mañana en el puerto, añorando mares del mundo, olas de su universo hecho de ríos, de corrientes submarinas, que se mueven silenciosamente bajo la superficie del paisaje inocente, depositando en la ribera de sus dibujos alguna botella con un mensaje dibujado.

El embrujo de su "dibujo brujo", está emparentado con la línea enamorada y adolescente del arte Florentino, Pre Renacimiento, con la caligrafía sagrada del Islam, con el humo verde del dibujo en la selva Maya, con las espirales del incienso ascendiendo hacia lo alto en oración; porque en Sabella su genio creador es universal. Su amor al mar y a los veleros le permite viajar hasta hoy por todas las latitudes.

Todo levita en sus diseños: Elba Emilia, veleros, libros, pipas, perfiles de amigas y amigos entrevistos en el recuerdo, reapareciendo en la memoria visual de su dibujo.

Andrés ha captado en sus dibujos ese protagonista primordial de la ciudad puerto: el espacio . En su composición grafica no divisamos la horizontal del desierto, salvo excepciones. Su hora crucial en sus dibujos es la luz azul y matinal de las 10 u 11 de la mañana, caminando por calle Prat, saludado y saludando amigos y conocidos. Su hogar de calle Uribe conectaba todas las tardes con el mundo mientras dibujaba mundos.

Los gatos de tía Martina, que según Andrés alguna vez fueron dioses, estaban en el secreto del contenido, por su fino oído, gracias al áspero rasgado de la pluma y su rastro de tinta en la nada blanca del papel, repitiendo cada día el gozo de la creación.

Confiamos en que algún día, en el futuro "Museo de Arte Moderno de Antofagasta", los dibujos de Sabella, su tesoro más preciado, sea el corazón mismo de las colecciones, articulando los espacios del Museo.

El Mar, los barcos, los peces, los caracoles, las estrellas y caballitos de mar, entre otros, fueron elementos siempre presentes en la magia de creación poética-pictórica de Sabella, como también lo fue el Barco de la Revista HACIA, la nave que zarpó desde la rada de Iquique para llevar a Andrés al Mar de la Eternidad.

¡Andrés Sabella, Gentilhombre de Mar, amó el Mar de Antofagasta!.

17.10.17

Vergara Grez y el Geometrismo. Por Andres Sabella.

Vía El Mercurio de Antofagasta.



Mejillones es cuna de dos artistas que, distintos en su expresión, juntan sus ímpetus en un mismo fuego de hallazgos: el poeta Neftalí Agrella vive en la aventura de la palabra nueva. Ramón Vergara Grez, nacido el 31 de agosto de 1923, pinta en rechazo de cómodos asaltos a la realidad, escogiendo para sus telas la dificultará del hacedor de formas. Su arte es geométrico, goza la inmensidad de sus visiones, pasándolas a nosotros, como señales de un mundo al que sólo pueden penetrar los que desterraron de sus ojos el espectáculo "de todos", para ceder espacio al espectáculo "de uno mismo".

En 1961, Vergara Grez declaró que:

"Comprendí que la pintura es por una parte, las líneas, los planos y los colores y, por otra parte, la ordenación de esto en el plano de la tela".

Se enfrentaba a la pasión que exigiría en todos los desgarramientos: el orden, la pureza que, únicamente, soporta existir en "espacios vírgenes". El Grupo "Rectángulo" nació de algunos desvelados que Vergara Grez encabezada, en 1956, guiándolos hacia utopías de formas. Durante 23 años, no se debilitó el brío de las líneas augurales. Hoy el Movimiento "Forma Y Espacio" lo prolonga, victoriosamente.

El arte geométrico chileno que lo encarna, se levanta sobre tres fuerzas decisivas: lo subjetivo, lo mítico y lo mágico. La Geometría les permite a sus cultores disfrutar "la magia de las líneas", liberándolos del artista-espejo y reemplazándolos por el artista-surco.

Vergara Grez "pinta despierto", despierto al mandato secreto de los sueños que lo turban. Estos sueños, robustecidos por la nostalgia que lo obligaron a pintar, recientemente, una tela de laboriosa ternura: "Te devuelvo tu Iglesia, Mejillones", donde las formas rigurosas recuerdan el rigor de la memoria de su infancia. Un día, lo esperamos, esta obra será ocasión de visitas a Mejillones, su contraseña de valor.

Con Ramón Vergara Grez comparten por la plenitud de la línea -madre, varios pintores, empecinados porque el arte geométrico dé a nuestra América el encantamiento incesante de sus leyes de gracia.

Andrés Sabella

10.8.16

Rescatan desconocido dibujo del poeta Andrés Sabella

Vía La Tercera.



El croquis del autor de Norte Grande data de 1979 y acaba de ser incluido en la edición aniversario de la revista Alerce, de la Sociedad de Escritores de Chile.

Destacado miembro de la Generación del '38, el poeta, narrador y periodista chileno Andrés Sabella (1912-1989) era, además, un avezado dibujante.

"Dibujo para que haya en mi casa locura y maravilla. Dibujo porque es mi domingo dibujar", decía, antes de precisar: "Si el poeta se cansa de bailar con las letras, se recuesta en las líneas: ellas no demoran en moverse entre lo posible y lo imposible del hombre".

Portadas de libros como Mónica Sanders, de Salvador Reyes, y exposiciones como Dibujando la Realidad y los Sueños, dan cuenta de la destreza del escritor con la acuarela.

Por eso, el hallazgo de un desconocido trabajo del autor de Norte Grande y La Sangre y sus Estatuas tuvo inmediata repercusión en el mundo de las artes.

La pieza, fechada en 1979 y perteneciente a una colección particular, acaba de ser reproducida en la revista Alerce, de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), publicación que celebra con el rescate de la obra plástica el segundo aniversario de su nueva época.

16.1.13

Pintores y escutores en Antofagasta, por Víctor Carvacho, revista PEC (Política, Economía y Cultura), 1965


Vía El Portal del Arte.

En Antofagasta se, está desarrollando un movimiento pictórico vigoroso. Pudimos apreciarlo en una visita reciente. Formábamos parte de un jurado de selección y premios perteneciente al Salón Regional del Norte, al cual concurren, convocados por el municipio antofagastino, artistas residentes entre Coquimbo y Arica. Los pintores que conocimos se encuentran en la vanguardia de la pintura chilena y constituyen el primer conjunto de provincia con niveles artísticos equiparables a los mejores de Santiago. Hay seis o siete bastante homogéneos, poseen, además, rasgos que permiten afirmar que existe una escuela pictórica local, diferenciada del resto del país.

¿Cómo se produjo este fenómeno?

Por obra de la Universidad del Norte y del Centro Universitario de Antofagasta. Ambas instituciones mantienen Escuelas de Bellas Artes y de Pedagogía en Artes Plásticas. Sus profesores son todos jóvenes. Unen a la preparación pedagógica la actividad creadora en el dominio de la pintura, el dibujo, el grabado. La escultura y las artes aplicadas. Junto a la labor docente está la otra labor, la de creación y divulgación artística, a la cual se entregan fervorosamente. No ha sido comprendida con facilidad su labor. En todas partes existe una especie de maleza provinciana, como la que se ha descargado por estos días en la Feria del Forestal. La constituyen los eternos aficionados que jamás despegan de la mediocridad. No obstante, se han impuesto estos artistas, asimilados por el crecimiento de Antofagasta. Hoy, son un motivo de orgullo para la cultura local.

¿Quiénes forman en este grupo de artistas?

Está, en primer lugar, el pintor Silva. Como un godo de buena cepa, rubicundo bajo el sol implacable, lo vimos trabajar en su taller en el montaje de la exposición de sus cursos, en la Feria Regional. Conocimos lo mucho que ha pintado. Se distinguen en su producción dos etapas. Ambas están regidas por el sigilo del expresionismo. En la primera, se aplicó especialmente a la figura. En la segunda, a la presencia enigmática y solitaria de los objetos. Su paleta verde y roja, al comienzo, se ha ido haciendo gris y sombría. Impera en todo un rigor composicional austero. Silva es un pintor en la plena posesión de sus condiciones creadoras.

Juan León es otro pintor de valor. Formado en la Universidad de Chile y en Dresden, ciudad en la que estudió durante tres años, se caracteriza por el sentido crítico con que ajusta y ciñe sus formas. Es un figurativo, con fuerte dosis de abstraccionista. No obstante, nunca se pierde en sus telas la imagen de las cosas visibles. Ciertos paisajes tienen la alba limpieza de planos que dicta la contemplación de la pampa. Algo tienen de su luz y de sus yermas extensiones. Al Salón Regional presentó una tela notable con la forma de un pez traslúcido, contrastado sobre un plano de madera.

¿Quién no recuerda, en Santiago, a Waldo Valenzuela?

Cuando adolescente, mientras vivía en Ovalle, escribió a Camilo Mori. Más tarde, se vino a estudiar a Santiago, hizo una exposición bastante vanguardista, para sus años, en el Banco de Chile, había muchos soles y cielos de añil. También se reconocían formas orgánicas audaces, con vísceras que dejaban al descubierto sus secretos procesos fisiológicos. Después, estuvo bajo las enseñanzas de Manuel Venegas. Cambió Valenzuela y renegó de sus atrevimientos primitivos. Se fue a Antofagasta como profesor y director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Norte. Engordó, empezó a pintar como un anciano y tomó, vagamente, la apariencia de un Monseñor de la pintura regional. Altibajos profesionales han hecho el milagro de rejuvenecer al pintor. Lo que ahora hace, vuelve por los fueros que lo hicieron un pintor de avanzada a los 18 años. Aún no sale del todo de la crisis de recuperación, pero lo que pinta ya es digno de conocerse y admirarse.

Un pintor nuevo que promete muchísimo es Flores. Por la estructura, sus paisajes son cubistas; por el colorido, expresionistas. En sus planos están las casas, los muros, el cielo y el sol de Antofagasta. No es poco decir. Vive también en Antofagasta el pintor Iván Lamberg. Su desarrollo se encuentra estancado. Voleado hacia un subjetivismo morboso, no ha sido capaz de reflejar el impacto de un medio vivificador como el de la tierra que pisa y el aire que respira. Lleva a cuestas una especie de cementerio personal, poblado de marionetas que posan para sus telas.

Chela Lira es una figura local. Exótica, en el maquillaje y en el modo de mostrarse, aún causa expectación con sus formas de sirena barroca. Parece que pinta poco, porque al Salón Regional mandó cosas antiguas. Pasa por ellas la luz y el color de su maestro y compañero Roko Matjasic. Mujer de fuerte personalidad, ha sufrido en forma desquiciadora el impacto de las nuevas tendencias, sin recuperarse del todo en la coherencia y sinceridad con que en ellas debe expresarse. Además, como lo dice donosamente: “si no pinto flores, ¿quién me compra?”. Y lo hace con calidad pictórica, que es lo que importa.

Andrés Sabella es pastor de una grey numerosa. Pontifica en todos los lugares. Se le quiere. Es un Quijote gordo de la literatura, especialmente poética. Metido en las artes plásticas cultiva un estilo de dibujo de preciosas alusiones orientales. Pasa por ellas un ángel; primo hermano del que asistía a García Lorca.

El escultor Gregorio Berchenko obtuvo el Premio de Honor, en el Salón Regional del Norte, Es bastante original en sus composiciones en hierro. Trabaja parcamente, por lo que vimos. No le haría mal emprender obras de más aliento, con todo lo que sabe y con todo lo que de él esperaba Marta Colvin, cuando era su ayudante.

9.1.13

El descuartizamiento del Terminal Aéreo del Aeropuerto Cerro Moreno (actual Andrés Sabella), o como disectar en vida el cuerpo de la arquitectura


El terminal aéreo del aeropuerto Cerro Moreno, rebautizado como Andrés Sabella (en homenaje al moderno poeta antofagastino), ha sido reconocido como el mejor ejemplo chileno de arquitectura del Movimiento Moderno orientada al transporte aéreo.

Las primeras intenciones concretas de contar con un terminal aéreo de relevancia, data de 1959, cuando el Ministerio de Obras Públicas desarrolló un primer proyecto para su edificio, pero que no se edificó. Ese diseño había sido realizado por el arquitecto Gonzalo Rudolphy Sánchez, y sería de 5.140 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Un paralelepípedo modesto que anticipó sobriamente al expresivo diseño de 1969.

El nuevo diseño fue realizado en noviembre de 1969, por el arquitecto Jorge Patiño para la Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas. En los primeros meses de 1970 se expuso al intendente Joaquín Vial Izquierdo la maqueta del nuevo edificio. En 1972 estaban muy avanzadas la obra gruesa, y se podía apreciar su materialidad mixta en hormigón armado y acero. Se trataba de una serie de expresivas columnas que caracterizan el edificio que estaban enlazadas por una serie de vigas de hormigón (ver post: Aeropuerto de Antofagasta, diálogos semánticos sobre sus columnas modernas: "cactus", "ancla" y "flecha"). Las cubiertas eran completamente de retículas metálicas. A pesar de que en 1973 la estructura estaba muy avanzada, recién a mediados de 1975 entró en funcionamiento el nuevo terminal aéreo. El Mercurio de Antofagasta decía:

"El terminal de pasajeros está acondicionado para atender a 400 pasajeros. Tendrá modernas oficinas para casino, compañías aéreas, para el turismo"

Sobre su tecnología indicaban:

"La torre de control del Aeropuerto Cerro Moreno de Antofagasta es una de las edificaciones más modernas de las aeródromos sudamericanos, los controles de vuelo, aparatos meteorológicos y radio son de gran precisión y auguran un aumento."

Hace algunos meses publiqué un post (Terminal del Aeropuerto Cerro Moreno: remodelación de un ícono modernista de Antofagasta) sobre la ampliación y transformación que se realizaría al terminal aéreo de Antofagasta, sin embargo, las obras prometían ser respetuosas con el edificio, o por lo menos eso fue lo que declaraba el gerente de aeropuertos del Holding IDC, Omar Becerra el 3 de marzo de 2012 a El Mercurio de Antofagasta:

"Lo único que vamos a utilizar del actual terminal es prácticamente los elementos estructurales, el resto se cambia completamente. Hay que entender que pese a lo antiguo del edificio, no se puede negar que tiene una estructura imponente, entonces esa estructura es lo que el ministerio decidió mantener y eso daba la posibilidad de poder mejorar los espacios."

Sin embargo "esa estructura" se remitía no al conjunto de la estructura, y su relevante arquitectura ha sido depredada, dejando solo lo que es de hormigón. Esa es sin duda una actitud de un erróneo pensamiento posmoderno que ve solo en lo que es simbólico como algo a mantener, en este caso las columnas. No han sido capaces de entender que la estructura es un todo, y respetarla significa velar por la integridad de hormigón más las retículas metálicas. Justamente estas últimas han sido amputadas, y el desafortunado edificio está viendo como en vida, va siendo disectado, para cubrirlo de una membranas de moda.

El edificio se había mantenido impertérrito desde su inicio de funciones, por lo menos en cuanto estructuras (ver post: Desaparecidos murales Aeropuerto Cerro Moreno Antofagasta, 1977, Ronald Clunes), pero este último espectáculo macabro, está torturando y desintegrando una obra emblemática de la ciudad de Antofagasta.

Es un proceso de canibalismo: entre 1969 y 1975 el Ministerio de Obras Públicas crea una magnífica obra que significa la ciudad de Antofagasta y que es precursora a nivel nacional en cuanto servicios para el transporte aéreo, el mismo MOP, cuarenta años después, en un estado democrático, sacrifica en vida y descuartiza el noble edificio que ha albergado los servicios a la comunidad minera por décadas. El MOP crea y el MOP descuartiza.

¿No podría haberse realizado una obra que respetara lo existente y propusiera una extensión contemporánea que integrara este representante del patrimonio de la modernidad?

A continuación imágenes de la "vivisección":








31.5.12

Ciclo de charlas: "Dicen de Andrés", Centro Cultural Estación Antofagasta.


En el Centro Cultural Estación Antofagasta se realizarán una serie de charlas a propósito de la muestra de dibujos "Luz de Andrés Sabella". La programación es la siguiente:

Lunes 4 de junio, 19:00 horas - "Sabella, su vida ligada a la literatura" por Sergio Gaytán.

Jueves 7 de junio, 19:00 horas - "Espacio, línea y color en el dibujo de Andrés Sabella" por Waldo Valenzuela.

Lunes 11 de junio, 19:00 horas - "Sabella, periodista de la antofagastinidad" por Jaime Alvarado.

Jueves 14 de junio, 19:00 horas - "Hombre de cuatro rumbos" por Patricia Bennett.

Jueves 21 de junio, 19:00 horas - "Duende mágico que todo lo entiende" por María Canihuante.

El Centro Cultural Estación Antofagasta se situa en calle Bolivar con Pasaje Abaroa, frente a las oficinas administrativas del Ferrocarril de Antofagasta (FCAB).

23.6.09

PUESTA EN VALOR PINACOTECA ANDRÉS SABELLA

© Corporación Cultural Andrés Sabella
© Corporación Cultural Andrés Sabella

La Corporación Cultural Andrés Sabella ocupa un espacio en el gran edificio de la antigua Municipalidad de Antofagasta, actualmente Casa de la Cultura. En esa serie de recintos se exponen las pertenencias del poeta, desde sus muebles hasta su colección de obras de arte. Esa pinacoteca privada, que fue entregada por la familia a la Corporación, es una excelente muestra de arte chileno del siglo XX con una gran mayoría de artistas nortinos. En realidad esa pinacoteca es una selección de la vida moderna en Antofagasta. Sabella, como muchos artistas, era un gran coleccionista, recordemos a Neruda, pero también mencionaría al famoso inglés ilustrado Sir John Soane, con su mítica casa. El asunto es que esta colección de arte, que es moderna no solo porque sea del siglo XX, sino porque incluye muchas fotografías, tiene obras magníficas, como el autorretrato de Chela Lira, y el retrato que ella hizo de Sabella. Agregaría que felicito la iniciativa de la Corporación por este proyecto liderado por Branko Marinov que ha puesto énfasis en mantener este magnífico legado de Sabella.