Por Claudio Galeno-Ibaceta sobre la interacción del arte con la arquitectura, desde Antofagasta y el Norte Grande de Chile. By Claudio Galeno-Ibaceta about the interaction between art and architecture, from Antofagasta and the Large North of Chile.
Mostrando las entradas con la etiqueta demolición. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta demolición. Mostrar todas las entradas
4.8.18
29.12.17
2.7.16
Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama: el antropólogo Horacio Larraín Barros defiende la preservación del edificio levantado por Le Paige
Vía Eco-Antropología:
Iconoclastas hacen desaparecer el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama: Reflexiones de un antropólogo cultural. Argumentos y contra-argumentos.
jueves, 9 de junio de 2016
Por Horacio Larraín Barros.
Destrucción del Museo Arqueológico Padre Gustavo le Paige, S.J. en San Pedro de Atacama.
A fines del mes de Mayo 2016, se inició el desmantelamiento del Museo, obra pionera del jesuíta padre Gustavo Le Paige en San Pedro de Atacama. La comunidad científica debería estar de duelo. La obra titánica por la que Luchó le Paige durante 27 años, hecha trizas en pocos días. La decisión de demolerlo desde sus cimientos, fue ocultada maliciosamente por largo tiempo, para entorpecer y frenar una sana reacción. La obra, enaltecida con ilustres visitas de Chile y el extranjero, y admirada por decenas de miles de visitantes, caerá inexorablemente -salvo un milagro de último minuto- bajo el mazo iconocida de los nuevos constructores. ¿Por qué y a manos de quiénes sucumbe hoy este ícono sanpedrino?. ¿Qué ocultos manejos parecen vislumbrarse tras esta tan drástica como descaminada decisión?

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 1. El jesuíta le Paige, frente a su obra, su querido Museo, por el que luchó durante tantos años. Fue construido con su esfuerzo y su espíritu de lucha en el año l962. Imagen captada por el médico anestesista suizo Bruno Seeberger en el frontis del edificio, en febrero del año 1967, enviada hace unos años al autor de este Blog. Le Paige, enérgico como sabía serlo cuando algo le disgustaba profundamente, extiende hoy su dedo acusador hacia los presuntos responsables de esta lamentable acción. Es su enérgico y aleccionador: j´accuse..! (yo acuso!), en cierto modo, un eco lejano del justo clamor del famoso escritor francés Émile Zola, en 1895, publicado en París, al dejar el escritor al descubierto un gran escándalo en su época.

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 2. El P. le Paige en animada conversación con el médico suizo Bruno Seeberger (febrero 1967) Aquí le explica cómo logró levantar, cinco años antes, la obra de su vida: su querido museo arqueológico. Le Paige, nacido en un 24 de noviembre del año 1903, tiene aquí 64 años. Aún es fuerte y puede darse el lujo de trepar a la cima del volcán Licancabur, en pos de sus antiguas ruinas. (Foto Bruno Seeberger).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 3. Fig. 3. El flamante arquitecto antofagastino Carlos Contreras Alvarez que con Le Paige trazara los primeros planos del Museo. Esta foto corresponde aproximadamente al año 1957. Carlos, en animadas conversaciones con le Paige, a quien llegó a admirar profundamente, fue diseñando palmo a palmo la estructura del nuevo Museo según los requerimientos y necesidades expresados por el jesuíta. (archivo fotográfico profesor Claudio Galeno, Universidad Católica del Norte, Antofagasta. Foto enviada al autor de este capítulo del blog).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 4. La notable escultura del profesor Harold Krusell, a su colega y amigo en la entonces incipiente Universidad del Norte, creada pocos años antes (1957). Krusell supo captar como pocos, en esta vigorosa imagen, tanto su férreo carácter como la notable visión arqueológica del sacerdote-arqueólogo (Foto Justo Zuleta, San Pedro de Atacama, fines de Mayo 2016).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 5. Fachada del Museo, obra de Le Paige. Estampa de la primera rotonda, terminada a fines del año 1963. La estatua del P. Le Paige fue instalada, muchos años después, mirando fijamente al acceso de su Museo, como quien custodia en adelante su propia obra. Hoy éste luce desierto y sin visitantes, esperando su demolición por una decisión errada de la autoridad universitaria y municipal, con la complicidad de unos cuantos atacameños que fueron "convencidos" (¿?) de su imperiosa necesidad. Según nos hemos enterado ahora, entrevistando a varios líderes atacameños, no se realizó aquí, previamente, una consulta realmente informada a la comunidad indígena y sus pueblos, tal como obliga la ley. ¿Quién o quiénes han sido los principales motores o cerebros de este evidente atentado al patrimonio local?. ¿Y con qué endebles, discutibles o falaces argumentos?.
Un Video ilustrativo: detalles de la construcción del Museo hecha por le Paige en 1962.
En estos días, se acaba de hacer una denuncia pública ante la fiscalía de la ciudad de Calama, para salvar este monumento, auténtico ícono de San Pedro de Atacama. Sus gestores, la arqueóloga Ana María Barón y el joven y dinámico antropólogo atacameño Ulises Cárdenas Hidalgo, nos muestran en él la realidad que se vivía en la época de su construcción (1961-62), en este notable video que recomendamos en este momento a nuestros lectores, como modo de entender más en profundidad el grave problema surgido al decretarse su demolición.
Una antigua filmación.
En este video, mientras la arqueóloga Ana María Barón expone el problema, se puede ver, de trasfondo, notables imágenes de una antigua filmación de la construcción del Museo, hecha durante el año 1962. Se puede ver allí al sacerdote Le Paige, de sotana gris, observando cada detalle de la construcción por parte de obreros atacameños, sus fieles colaboradores. Nos proponemos aquí, en beneficio de nuestros lectores, repasar los argumentos que nos hacen mayor fuerza para defender el viejo Museo, levantado por el sacerdote le Paige el año 1962 y planificado minuciosamente por él desde varios años antes.
El Museo, ícono patrimonial de la zona atacameña.
1. La impresionante maqueta que hemos visto del proyectado nuevo Museo, de varios pisos subterráneos y de hormigón armado, nada tiene que ver con el paisaje rural atacameño, ni menos aún, con el entorno pueblerino colonial de San Pedro, reflejado en su "zona típica", en torno a la Plaza y sectores aledaños. Esto es lo primero que salta a la vista a un observador desaprensivo y sin prejuicios. Resulta fuera de lugar construir aquí, exactamente donde está ubicado el antiguo Museo, muy cerca de la casa parroquial de estilo colonial tardío, un edificio ultra moderno, de líneas exquisitas, tal vez, pero totalmente fuera de contexto, tanto geográfico como cultural (patrimonial). Es un auténtico "elefante blanco", en ese ambiente rural. Una de dos, o se conservan los alrededores de la zona típica en su contexto histórico tradicional, con las mejoras legítimas para su puesta en valor, respetando la "memoria" ancestral de varios siglos, o se demuele todo lo antiguo, iglesia parroquial incluída, y casas coloniales anexas para acoger con los brazos abiertos la modernidad arquitectónica, único símbolo para algunos del "progreso".
2. La idea de crear en la zona de San Pedro otro edificio, moderno y funcional, dotado de las últimas tecnologías para mostrar en sus vitrinas y sistemas de videos el desarrollo de la cultura en Atacama durante un período de unos 15.000 años de evolución ininterrumpida, es, sin duda excelente y digna de todo elogio. ¡Qué duda cabe! Y es lo que los nuevos constructores han pretendido destacar y subrayar. Y es éste, igualmente, el argumento que ha "seducido" también a los investigadores locales (arqueólogos, antropólogos, historiadores) que se beneficiarán sin duda grandemente de sus nuevas instalaciones, dotadas de los más modernos sistemas de registro, consulta y exposición y a un pequeño grupo de atacameños que habría apoyado -según se afirma-, el nuevo Proyecto por su palpable "modernidad".
3. Pero tal Museo, a nuestro juicio y al de otros muchos investigadores consultados al efecto por nosotros, debe ser erigido en otro lugar, más alejado de la zona típica, aquella que describiera y nos presentara ya don Rodulfo Amando Philippi por el año 1853, en uno de sus dibujos titulado "La Plaza de Atacama" (Cf. Philippi, Viaje al desierto de Atacama, Halle (Sajonia) 1860). Donde se levanta hoy el Museo de Le Paige, no cabe introducir un "elefante blanco" que no se condice con la piedra liparita o el adobe tradicional.
4. Así, para algunos, con esta construcción tan exótica, se inauguraría en el viejo San Pedro la entrada a la modernidad, para alegría de algunos y lágrimas de otros muchos. ¿Y por qué decimos que debe erigirse lejos de la "zona típica colonial"? Simplemente por respeto a la "memoria histórica" del lugar. Una cosa es construir algo nuevo que se considera indispensable, por las necesidades inherentes tanto a la investigación de la zona atacameña como a la educación de la comunidad (iniciativa loable), y otra, muy diferente, es destruir lo antiguo, por el hecho de ser antiguo, cualquiera sea su "peso" local. Y la razón estriba en la necesidad de conservación de la "memoria histórica" de los pueblos.
5. Si derribamos hoy un edificio señero e icónico, esta memoria termina por esfumarse, aminorarse, desvanecerse poco a poco y sólo quedaría en pie en ajadas y borrosas fotografías o en antiguos grabados. Una cosa es ver el edificio tal cual fue erigido hace 64 años y otra, muy distinta, es mostrarlo solo en imágenes desleídas. El primero, atrae, complace y hace revivir una época al turista; el segundo solo rememora pálidamente el hecho, sin impactar mayormente ni la mente ni la imaginación. Nadie llora ante una fotografía; pero sí recorriendo con sus propios pies esa reliquia del pasado. Nadie se conmueve ante una foto en color del circo romano o del Capitolio pero sí ante un edificio de carne y hueso como el Coliseo romano en el que se realiza hasta hoy, por ejemplo, la procesión del Viernes Santo en Roma, presidida por el mismo papa.
6. ¿Qué es la "memoria" de un pueblo y qué tiene que ver con el tema que tratamos?.
Nos hemos referido en el caso presente a la necesidad de fortalecer la "memoria histórica". Todos los lugares habitados, máxime los pueblos, tienen "memoria" viva, es decir, conservan elementos que recuerdan con firmeza al visitante de hoy, el pasado ya ido, pero del que han quedado huellas visibles, palpables, visitables, que nuevamente se pueden recorrer, admirar, gozar íntimamente y fotografiar. Por cierto, no todo lo antiguo se puede conservar y/o restaurar, pues en tal caso no habría ya lugar o sitio para lo nuevo, para la población que crece. Pero sí aquellos lugares, recintos o edificaciones que hicieron "historia", es decir, que marcaron a fuego un período de tiempo y que dejaron huella tanto en Chile como en el extranjero.
7. En la medida en que destruimos los rastros tangibles del pasado, aquellos que contribuyeron a formar un pueblo y determinar su desarrollo, en esa misma medida destruimos y sepultamos la identidad local. Destruir, pues, los íconos del pasado equivale a cortar nuestras raíces con él, desconociendo o negando nuestra evolución cultural. Por esto mismo, precisamente, la arqueología se esfuerza hoy por hacernos revivir el pasado, mostrándonos sus modos de vida y sus huellas visibles. Los Museos, por esto, nos hacen presente el pasado, volviéndolo por un instante algo "verificable". Se habla mucho hoy de reforzar la identidad. Se nos habla, igualmente, de "crisis de la identidad". ¿Qué hacemos al respecto, en forma concreta, para robustecerla, afianzarla y proyectarla hacia el futuro?. ¿Cómo vamos a robustecer la identidad si al mismo tiempo cortamos el cordón umbilical con el pasado de modo tan violento e injustificable?
8. Memoria histórica e identidad.
La "memoria" de personajes, episodios y lugares está, por lo tanto, en íntima relación con la identidad local y regional. Si borramos la memoria, extirpamos simultáneamente elementos de identidad (local, regional, nacional). Borremos imaginariamente por un instante de la Roma actual, las huellas del pasado etrusco, romano y cristiano. Suprimamos mentalmente por un instante los arcos de triunfo, las calzadas romanas, el Coliseo, el Capitolio, el Foro Romano, las Basílicas, las Catacumbas, el Museo Vaticano, la Plaza de san Pedro... ¿qué nos quedaría en Roma, digno de visitarse?. Muy poco, a la verdad. Precisamente por ello, en los países civilizados, se preserva y perpetúa con un cariño especial aquellos edificios o grandiosas ruinas que marcaron una época de esplendor o de esfuerzo colectivo.
9. Pisoteando y abofeteando nuestra propia historia local.
Borrar la memoria -como se pretende en el caso que analizamos- es destruir parte de nuestra propia historia. Es, en cierto modo, renegar de lo que fuimos un día, cortar repentinamente nuestras raíces con el pasado. Es, a fin de cuentas, "hacer tabla rasa" del pasado, creyendo ingenuamente que lo nuevo es, tan solo por el solo hecho de ser nuevo, necesariamente mejor o superior. Este prurito de borrar el pasado y sus recuerdos, para construir sobre sus cenizas, es renegar de lo que fuimos un día. Es desconocer u olvidar lo que un día se construyó y levantó con esfuerzo y sacrificio sin igual. Esto es exactamente lo que interpretamos hoy tras este afán insensato de destruir la memoria de un glorioso pasado reciente, que ha influido de manera decisiva -querámoslo o no- en su actual desarrollo como pueblo atacameño o lickan antai, plenamente consciente de sus valores tradicionales. ¿A quién se debe este legítimo orgullo actual del atacameño y su historia ancestral?. Sin la menor duda, a Le Paige y a su voluntad de hierro. Reflexionemos en ello.
10. La identidad local. ¿cómo comprobarla?.
Recorriendo hace un año atrás los numerosos puestos de artesanías junto a la zona típica de San Pedro de Atacama, sufrí un terrible y cruel desengaño. Busqué por largo rato especímenes de la artesanía autóctona, atacameña. Quería llevarme de recuerdo algunas piezas de la hermosa artesanía en piedra volcánica liparita, aquella que fomentaran con tanta energía Le Paige, Ingeborg Lindberg, Marcel D´Ans y Carlos Contreras en los inicios gloriosos del Museo arqueológico (1960-68). Busqué inútilmente objetos de la sencilla pero bella textilería atacameña típica, aquella que otrora elaboraban primorosamente en su telar al suelo, los artesanos de San Pedro, Toconao, Cámar, Socaire o Peine premiados con pasajes a la famosa Feria de Artesanía Tradicional de la Universidad Católica, en los tiempos del escultor Lorenzo Berg (1975-80). ¡No hallé nada, absolutamente nada! Yo no lo podía creer. Solo se podía encontrar por docenas las típicas y coloridas artesanías bolivianas, aquellas que inundan todos los mercados del Norte de Chile pero que para nosotros carecen absolutamente de identidad. Solo topé en esa feria, para mi sorpresa, con comerciantes peruanos y bolivianos, de un hablar y pronunciar diferente. ¿Dónde estaba la artesanía tradicional atacameña? ¿Dónde sus artesanos? ¿Dónde el toque mágico de lo propio, lo vernáculo? Lo auténticamente atacameño brillaba por su ausencia, por desgracia. ¿Será que San Pedro al preferir lo foráneo, reniega hoy de su artesanía tradicional lugareña, potente y bella en su misma simplicidad? Tema éste de honda raíz antropológica que nos debe hacer reflexionar profundamente. ¿Qué estamos haciendo hoy en fomento de nuestra identidad en Atacama? ¿Qué elementos, qué factores están hoy destruyendo y corroyendo nuestra identidad, labrada tras siglos y milenios de una intrigante y fascinante historia arqueológica?
Empuje civilizador de Le Paige.
11. ¡Qué falta nos hace hoy Le Paige y su empuje auténticamente civilizador, sí, pero de cuño y cepa tradicional atacameña! Nuestra reciente visita deja en evidencia que faltaba evidentemente aquí la energía de un Le Paige quien en su momento pregonaba y fomentaba la identidad atacameña a todos los vientos; faltaba más "amor a lo propio", a lo vernáculo, a lo original. Primaba por todas partes lo extranjero, lo exótico, lo extranjerizante, lo no-nuestro. Síntoma éste claro y evidente de los nuevos aires que corren hoy en un San Pedro que parece querer abrirse desenfadadamente al mundo exterior, por desgracia sacrificando lo tradicional, lo local, lo singular, lo irrepetible. Atacama sucumbe hoy ante el ímpetu avasallador de lo foráneo, tal vez repitiéndose extraña y parcialmente la vieja hegemonía cultural de un Tiahuanaco exótico, lejano, pero ahora reproducido doce siglos después. Es el gigantesco reto que nos plantea hoy una globalización ciega, que debemos aprender a combatir con las armas del amor, aprecio y defensa de lo propio, lo específicamente nuestro, nacido de nuestras raíces históricas. Si no, dejaremos pronto de ser lo que somos. Iremos perdiendo lenta o rápidamente nuestra propia identidad, aquella que nos trazó la historia con caracteres indelebles.
12. Los nuevos iconoclastas.
La expresión "iconoclasta" viene del griego bizantino εἰκονοκλάστης, término que, que a la letra, significa "destructor de íconos o imágenes". Aplicado este término originalmente a la destrucción intencional de imágenes religiosas por parte de fundamentalistas religiosos, el término se ha extendido hoy a todo afán por destruir imágenes o entidades que por sus características representan, objetivizan y sintetizan el sentir de un pueblo, de una doctrina, de un movimiento social o étnico o de una persona singular y única. En el caso que aquí presentamos, un Museo con 64 años de historia viva, hijo de un esfuerzo creador impresionante que dio origen al desarrollo tanto turístico como social y cultural de San Pedro de Atacama, bien puede y con pleno derecho catalogarse como un "ícono", una imagen, una representación viva y perdurable de ese mismo pueblo.
Ya hemos explicado in extenso en otros capítulos de este Blog la obra imperecedera del sacerdote belga Gustavo le Paige de Walque como párroco e investigador en la localidad de San Pedro entre los años 1955 (fecha de su arribo) y 1980, fecha de su deceso.
Hay que reconocer que sin Le Paige y su notable Museo Arqueológico, San Pedro hubiese probablemente permanecido sumido y aletargado en su ruralidad primitiva, tal como ha permanecido postergado y empobrecido el poblado atacameño de Chiuchíu hasta el día de hoy.
13. Muchos párrocos antecedieron a Le Paige en la parroquia de San Pedro; algunos de ellos están enterrados junto a Le Paige y yacen hoy olvidados en el viejo cementerio local de San Pedro. Alguno de ellos, como don Domingo Atienza, merecieron dar nombre a una calle del pueblo. Pero ninguno de ellos logró, sin embargo, crear un ícono local imperecedero así como ninguno de ellos logró concitar tantas y tan potentes energías en pro de su desarrollo con identidad atacameña. "Mi vocación", señaló Le Paige al suscrito, en la entrevista concedida en el mes de noviembre de 1979, "ha sido dar a conocer a San Pedro". Y ciertamente lo logró, contra viento y marea, como nadie antes que él. Hoy se pretende lamentablemente opacar, desdibujar y/o echar al olvido este imperecedero legado. ¿Cómo? Destruyendo y sepultando para siempre su obra cumbre: su querido Museo, el que fue capaz de levantar con sus manos y con las manos curtidas de sus queridos jóvenes atacameños
14. En busca de los responsables.
"Iconoclastas" en este caso son aquellos que han promovido, divulgado o apoyado, de una u otra manera, la demolición completa y la destrucción de este ícono del poblado de san Pedro de Atacama, reconocido como tal desde hace décadas por chilenos y extranjeros. El Museo arqueológico Padre Gustavo le Paige es, para el mundo cultural, la imagen viva del poblado atacameño de San Pedro, después de su hermosa, legendaria y maciza iglesia colonial, recién restaurada. El pueblo mismo no posee otros íconos visibles. Y éste, su Museo, muere hoy lentamente bajo el mazo implacable de los nuevos iconoclastas del mundo moderno, aquellos que no han atinado a comprender el significado profundo de este fragmento de la historia local, tal vez porque no han sido capaces de percibir su íntimo y más profundo significado. ¿Ceguera?, ¿Insensibilidad?, ¿Recelo u odiosidad disimulada a la figura señera de Le Paige?, ¿O tal vez, falta de realismo y visión de futuro?. Estamos seguros que la historia -magistra vitae- los sancionará vigorosamente algún día, los castigará con el repudio y decretará su respectiva responsabilidad en este verdadero iconocidio (muerte o destrucción del ícono).
Por nuestra parte, creemos haber cumplido con un deber profesional como arqueólogos y antropólogos al denunciar valientemente ante la opinión pública, tal como ya lo han hecho otros investigadores de Atacama, este atropello a la cultura local, reivindicando ante la historia el preciado legado cultural del jesuita Gustavo le Paige S.J., representado nítidamente en su notable e inolvidable Museo Arqueológico.
Iconoclastas hacen desaparecer el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama: Reflexiones de un antropólogo cultural. Argumentos y contra-argumentos.
jueves, 9 de junio de 2016
Por Horacio Larraín Barros.
Destrucción del Museo Arqueológico Padre Gustavo le Paige, S.J. en San Pedro de Atacama.
A fines del mes de Mayo 2016, se inició el desmantelamiento del Museo, obra pionera del jesuíta padre Gustavo Le Paige en San Pedro de Atacama. La comunidad científica debería estar de duelo. La obra titánica por la que Luchó le Paige durante 27 años, hecha trizas en pocos días. La decisión de demolerlo desde sus cimientos, fue ocultada maliciosamente por largo tiempo, para entorpecer y frenar una sana reacción. La obra, enaltecida con ilustres visitas de Chile y el extranjero, y admirada por decenas de miles de visitantes, caerá inexorablemente -salvo un milagro de último minuto- bajo el mazo iconocida de los nuevos constructores. ¿Por qué y a manos de quiénes sucumbe hoy este ícono sanpedrino?. ¿Qué ocultos manejos parecen vislumbrarse tras esta tan drástica como descaminada decisión?

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 1. El jesuíta le Paige, frente a su obra, su querido Museo, por el que luchó durante tantos años. Fue construido con su esfuerzo y su espíritu de lucha en el año l962. Imagen captada por el médico anestesista suizo Bruno Seeberger en el frontis del edificio, en febrero del año 1967, enviada hace unos años al autor de este Blog. Le Paige, enérgico como sabía serlo cuando algo le disgustaba profundamente, extiende hoy su dedo acusador hacia los presuntos responsables de esta lamentable acción. Es su enérgico y aleccionador: j´accuse..! (yo acuso!), en cierto modo, un eco lejano del justo clamor del famoso escritor francés Émile Zola, en 1895, publicado en París, al dejar el escritor al descubierto un gran escándalo en su época.

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 2. El P. le Paige en animada conversación con el médico suizo Bruno Seeberger (febrero 1967) Aquí le explica cómo logró levantar, cinco años antes, la obra de su vida: su querido museo arqueológico. Le Paige, nacido en un 24 de noviembre del año 1903, tiene aquí 64 años. Aún es fuerte y puede darse el lujo de trepar a la cima del volcán Licancabur, en pos de sus antiguas ruinas. (Foto Bruno Seeberger).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 3. Fig. 3. El flamante arquitecto antofagastino Carlos Contreras Alvarez que con Le Paige trazara los primeros planos del Museo. Esta foto corresponde aproximadamente al año 1957. Carlos, en animadas conversaciones con le Paige, a quien llegó a admirar profundamente, fue diseñando palmo a palmo la estructura del nuevo Museo según los requerimientos y necesidades expresados por el jesuíta. (archivo fotográfico profesor Claudio Galeno, Universidad Católica del Norte, Antofagasta. Foto enviada al autor de este capítulo del blog).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 4. La notable escultura del profesor Harold Krusell, a su colega y amigo en la entonces incipiente Universidad del Norte, creada pocos años antes (1957). Krusell supo captar como pocos, en esta vigorosa imagen, tanto su férreo carácter como la notable visión arqueológica del sacerdote-arqueólogo (Foto Justo Zuleta, San Pedro de Atacama, fines de Mayo 2016).

Detalle de fotografía publicada en el post de Larraín en Eco-Antropología.
Fig. 5. Fachada del Museo, obra de Le Paige. Estampa de la primera rotonda, terminada a fines del año 1963. La estatua del P. Le Paige fue instalada, muchos años después, mirando fijamente al acceso de su Museo, como quien custodia en adelante su propia obra. Hoy éste luce desierto y sin visitantes, esperando su demolición por una decisión errada de la autoridad universitaria y municipal, con la complicidad de unos cuantos atacameños que fueron "convencidos" (¿?) de su imperiosa necesidad. Según nos hemos enterado ahora, entrevistando a varios líderes atacameños, no se realizó aquí, previamente, una consulta realmente informada a la comunidad indígena y sus pueblos, tal como obliga la ley. ¿Quién o quiénes han sido los principales motores o cerebros de este evidente atentado al patrimonio local?. ¿Y con qué endebles, discutibles o falaces argumentos?.
Un Video ilustrativo: detalles de la construcción del Museo hecha por le Paige en 1962.
En estos días, se acaba de hacer una denuncia pública ante la fiscalía de la ciudad de Calama, para salvar este monumento, auténtico ícono de San Pedro de Atacama. Sus gestores, la arqueóloga Ana María Barón y el joven y dinámico antropólogo atacameño Ulises Cárdenas Hidalgo, nos muestran en él la realidad que se vivía en la época de su construcción (1961-62), en este notable video que recomendamos en este momento a nuestros lectores, como modo de entender más en profundidad el grave problema surgido al decretarse su demolición.
Una antigua filmación.
En este video, mientras la arqueóloga Ana María Barón expone el problema, se puede ver, de trasfondo, notables imágenes de una antigua filmación de la construcción del Museo, hecha durante el año 1962. Se puede ver allí al sacerdote Le Paige, de sotana gris, observando cada detalle de la construcción por parte de obreros atacameños, sus fieles colaboradores. Nos proponemos aquí, en beneficio de nuestros lectores, repasar los argumentos que nos hacen mayor fuerza para defender el viejo Museo, levantado por el sacerdote le Paige el año 1962 y planificado minuciosamente por él desde varios años antes.
El Museo, ícono patrimonial de la zona atacameña.
1. La impresionante maqueta que hemos visto del proyectado nuevo Museo, de varios pisos subterráneos y de hormigón armado, nada tiene que ver con el paisaje rural atacameño, ni menos aún, con el entorno pueblerino colonial de San Pedro, reflejado en su "zona típica", en torno a la Plaza y sectores aledaños. Esto es lo primero que salta a la vista a un observador desaprensivo y sin prejuicios. Resulta fuera de lugar construir aquí, exactamente donde está ubicado el antiguo Museo, muy cerca de la casa parroquial de estilo colonial tardío, un edificio ultra moderno, de líneas exquisitas, tal vez, pero totalmente fuera de contexto, tanto geográfico como cultural (patrimonial). Es un auténtico "elefante blanco", en ese ambiente rural. Una de dos, o se conservan los alrededores de la zona típica en su contexto histórico tradicional, con las mejoras legítimas para su puesta en valor, respetando la "memoria" ancestral de varios siglos, o se demuele todo lo antiguo, iglesia parroquial incluída, y casas coloniales anexas para acoger con los brazos abiertos la modernidad arquitectónica, único símbolo para algunos del "progreso".
2. La idea de crear en la zona de San Pedro otro edificio, moderno y funcional, dotado de las últimas tecnologías para mostrar en sus vitrinas y sistemas de videos el desarrollo de la cultura en Atacama durante un período de unos 15.000 años de evolución ininterrumpida, es, sin duda excelente y digna de todo elogio. ¡Qué duda cabe! Y es lo que los nuevos constructores han pretendido destacar y subrayar. Y es éste, igualmente, el argumento que ha "seducido" también a los investigadores locales (arqueólogos, antropólogos, historiadores) que se beneficiarán sin duda grandemente de sus nuevas instalaciones, dotadas de los más modernos sistemas de registro, consulta y exposición y a un pequeño grupo de atacameños que habría apoyado -según se afirma-, el nuevo Proyecto por su palpable "modernidad".
3. Pero tal Museo, a nuestro juicio y al de otros muchos investigadores consultados al efecto por nosotros, debe ser erigido en otro lugar, más alejado de la zona típica, aquella que describiera y nos presentara ya don Rodulfo Amando Philippi por el año 1853, en uno de sus dibujos titulado "La Plaza de Atacama" (Cf. Philippi, Viaje al desierto de Atacama, Halle (Sajonia) 1860). Donde se levanta hoy el Museo de Le Paige, no cabe introducir un "elefante blanco" que no se condice con la piedra liparita o el adobe tradicional.
4. Así, para algunos, con esta construcción tan exótica, se inauguraría en el viejo San Pedro la entrada a la modernidad, para alegría de algunos y lágrimas de otros muchos. ¿Y por qué decimos que debe erigirse lejos de la "zona típica colonial"? Simplemente por respeto a la "memoria histórica" del lugar. Una cosa es construir algo nuevo que se considera indispensable, por las necesidades inherentes tanto a la investigación de la zona atacameña como a la educación de la comunidad (iniciativa loable), y otra, muy diferente, es destruir lo antiguo, por el hecho de ser antiguo, cualquiera sea su "peso" local. Y la razón estriba en la necesidad de conservación de la "memoria histórica" de los pueblos.
5. Si derribamos hoy un edificio señero e icónico, esta memoria termina por esfumarse, aminorarse, desvanecerse poco a poco y sólo quedaría en pie en ajadas y borrosas fotografías o en antiguos grabados. Una cosa es ver el edificio tal cual fue erigido hace 64 años y otra, muy distinta, es mostrarlo solo en imágenes desleídas. El primero, atrae, complace y hace revivir una época al turista; el segundo solo rememora pálidamente el hecho, sin impactar mayormente ni la mente ni la imaginación. Nadie llora ante una fotografía; pero sí recorriendo con sus propios pies esa reliquia del pasado. Nadie se conmueve ante una foto en color del circo romano o del Capitolio pero sí ante un edificio de carne y hueso como el Coliseo romano en el que se realiza hasta hoy, por ejemplo, la procesión del Viernes Santo en Roma, presidida por el mismo papa.
6. ¿Qué es la "memoria" de un pueblo y qué tiene que ver con el tema que tratamos?.
Nos hemos referido en el caso presente a la necesidad de fortalecer la "memoria histórica". Todos los lugares habitados, máxime los pueblos, tienen "memoria" viva, es decir, conservan elementos que recuerdan con firmeza al visitante de hoy, el pasado ya ido, pero del que han quedado huellas visibles, palpables, visitables, que nuevamente se pueden recorrer, admirar, gozar íntimamente y fotografiar. Por cierto, no todo lo antiguo se puede conservar y/o restaurar, pues en tal caso no habría ya lugar o sitio para lo nuevo, para la población que crece. Pero sí aquellos lugares, recintos o edificaciones que hicieron "historia", es decir, que marcaron a fuego un período de tiempo y que dejaron huella tanto en Chile como en el extranjero.
7. En la medida en que destruimos los rastros tangibles del pasado, aquellos que contribuyeron a formar un pueblo y determinar su desarrollo, en esa misma medida destruimos y sepultamos la identidad local. Destruir, pues, los íconos del pasado equivale a cortar nuestras raíces con él, desconociendo o negando nuestra evolución cultural. Por esto mismo, precisamente, la arqueología se esfuerza hoy por hacernos revivir el pasado, mostrándonos sus modos de vida y sus huellas visibles. Los Museos, por esto, nos hacen presente el pasado, volviéndolo por un instante algo "verificable". Se habla mucho hoy de reforzar la identidad. Se nos habla, igualmente, de "crisis de la identidad". ¿Qué hacemos al respecto, en forma concreta, para robustecerla, afianzarla y proyectarla hacia el futuro?. ¿Cómo vamos a robustecer la identidad si al mismo tiempo cortamos el cordón umbilical con el pasado de modo tan violento e injustificable?
8. Memoria histórica e identidad.
La "memoria" de personajes, episodios y lugares está, por lo tanto, en íntima relación con la identidad local y regional. Si borramos la memoria, extirpamos simultáneamente elementos de identidad (local, regional, nacional). Borremos imaginariamente por un instante de la Roma actual, las huellas del pasado etrusco, romano y cristiano. Suprimamos mentalmente por un instante los arcos de triunfo, las calzadas romanas, el Coliseo, el Capitolio, el Foro Romano, las Basílicas, las Catacumbas, el Museo Vaticano, la Plaza de san Pedro... ¿qué nos quedaría en Roma, digno de visitarse?. Muy poco, a la verdad. Precisamente por ello, en los países civilizados, se preserva y perpetúa con un cariño especial aquellos edificios o grandiosas ruinas que marcaron una época de esplendor o de esfuerzo colectivo.
9. Pisoteando y abofeteando nuestra propia historia local.
Borrar la memoria -como se pretende en el caso que analizamos- es destruir parte de nuestra propia historia. Es, en cierto modo, renegar de lo que fuimos un día, cortar repentinamente nuestras raíces con el pasado. Es, a fin de cuentas, "hacer tabla rasa" del pasado, creyendo ingenuamente que lo nuevo es, tan solo por el solo hecho de ser nuevo, necesariamente mejor o superior. Este prurito de borrar el pasado y sus recuerdos, para construir sobre sus cenizas, es renegar de lo que fuimos un día. Es desconocer u olvidar lo que un día se construyó y levantó con esfuerzo y sacrificio sin igual. Esto es exactamente lo que interpretamos hoy tras este afán insensato de destruir la memoria de un glorioso pasado reciente, que ha influido de manera decisiva -querámoslo o no- en su actual desarrollo como pueblo atacameño o lickan antai, plenamente consciente de sus valores tradicionales. ¿A quién se debe este legítimo orgullo actual del atacameño y su historia ancestral?. Sin la menor duda, a Le Paige y a su voluntad de hierro. Reflexionemos en ello.
10. La identidad local. ¿cómo comprobarla?.
Recorriendo hace un año atrás los numerosos puestos de artesanías junto a la zona típica de San Pedro de Atacama, sufrí un terrible y cruel desengaño. Busqué por largo rato especímenes de la artesanía autóctona, atacameña. Quería llevarme de recuerdo algunas piezas de la hermosa artesanía en piedra volcánica liparita, aquella que fomentaran con tanta energía Le Paige, Ingeborg Lindberg, Marcel D´Ans y Carlos Contreras en los inicios gloriosos del Museo arqueológico (1960-68). Busqué inútilmente objetos de la sencilla pero bella textilería atacameña típica, aquella que otrora elaboraban primorosamente en su telar al suelo, los artesanos de San Pedro, Toconao, Cámar, Socaire o Peine premiados con pasajes a la famosa Feria de Artesanía Tradicional de la Universidad Católica, en los tiempos del escultor Lorenzo Berg (1975-80). ¡No hallé nada, absolutamente nada! Yo no lo podía creer. Solo se podía encontrar por docenas las típicas y coloridas artesanías bolivianas, aquellas que inundan todos los mercados del Norte de Chile pero que para nosotros carecen absolutamente de identidad. Solo topé en esa feria, para mi sorpresa, con comerciantes peruanos y bolivianos, de un hablar y pronunciar diferente. ¿Dónde estaba la artesanía tradicional atacameña? ¿Dónde sus artesanos? ¿Dónde el toque mágico de lo propio, lo vernáculo? Lo auténticamente atacameño brillaba por su ausencia, por desgracia. ¿Será que San Pedro al preferir lo foráneo, reniega hoy de su artesanía tradicional lugareña, potente y bella en su misma simplicidad? Tema éste de honda raíz antropológica que nos debe hacer reflexionar profundamente. ¿Qué estamos haciendo hoy en fomento de nuestra identidad en Atacama? ¿Qué elementos, qué factores están hoy destruyendo y corroyendo nuestra identidad, labrada tras siglos y milenios de una intrigante y fascinante historia arqueológica?
Empuje civilizador de Le Paige.
11. ¡Qué falta nos hace hoy Le Paige y su empuje auténticamente civilizador, sí, pero de cuño y cepa tradicional atacameña! Nuestra reciente visita deja en evidencia que faltaba evidentemente aquí la energía de un Le Paige quien en su momento pregonaba y fomentaba la identidad atacameña a todos los vientos; faltaba más "amor a lo propio", a lo vernáculo, a lo original. Primaba por todas partes lo extranjero, lo exótico, lo extranjerizante, lo no-nuestro. Síntoma éste claro y evidente de los nuevos aires que corren hoy en un San Pedro que parece querer abrirse desenfadadamente al mundo exterior, por desgracia sacrificando lo tradicional, lo local, lo singular, lo irrepetible. Atacama sucumbe hoy ante el ímpetu avasallador de lo foráneo, tal vez repitiéndose extraña y parcialmente la vieja hegemonía cultural de un Tiahuanaco exótico, lejano, pero ahora reproducido doce siglos después. Es el gigantesco reto que nos plantea hoy una globalización ciega, que debemos aprender a combatir con las armas del amor, aprecio y defensa de lo propio, lo específicamente nuestro, nacido de nuestras raíces históricas. Si no, dejaremos pronto de ser lo que somos. Iremos perdiendo lenta o rápidamente nuestra propia identidad, aquella que nos trazó la historia con caracteres indelebles.
12. Los nuevos iconoclastas.
La expresión "iconoclasta" viene del griego bizantino εἰκονοκλάστης, término que, que a la letra, significa "destructor de íconos o imágenes". Aplicado este término originalmente a la destrucción intencional de imágenes religiosas por parte de fundamentalistas religiosos, el término se ha extendido hoy a todo afán por destruir imágenes o entidades que por sus características representan, objetivizan y sintetizan el sentir de un pueblo, de una doctrina, de un movimiento social o étnico o de una persona singular y única. En el caso que aquí presentamos, un Museo con 64 años de historia viva, hijo de un esfuerzo creador impresionante que dio origen al desarrollo tanto turístico como social y cultural de San Pedro de Atacama, bien puede y con pleno derecho catalogarse como un "ícono", una imagen, una representación viva y perdurable de ese mismo pueblo.
Ya hemos explicado in extenso en otros capítulos de este Blog la obra imperecedera del sacerdote belga Gustavo le Paige de Walque como párroco e investigador en la localidad de San Pedro entre los años 1955 (fecha de su arribo) y 1980, fecha de su deceso.
Hay que reconocer que sin Le Paige y su notable Museo Arqueológico, San Pedro hubiese probablemente permanecido sumido y aletargado en su ruralidad primitiva, tal como ha permanecido postergado y empobrecido el poblado atacameño de Chiuchíu hasta el día de hoy.
13. Muchos párrocos antecedieron a Le Paige en la parroquia de San Pedro; algunos de ellos están enterrados junto a Le Paige y yacen hoy olvidados en el viejo cementerio local de San Pedro. Alguno de ellos, como don Domingo Atienza, merecieron dar nombre a una calle del pueblo. Pero ninguno de ellos logró, sin embargo, crear un ícono local imperecedero así como ninguno de ellos logró concitar tantas y tan potentes energías en pro de su desarrollo con identidad atacameña. "Mi vocación", señaló Le Paige al suscrito, en la entrevista concedida en el mes de noviembre de 1979, "ha sido dar a conocer a San Pedro". Y ciertamente lo logró, contra viento y marea, como nadie antes que él. Hoy se pretende lamentablemente opacar, desdibujar y/o echar al olvido este imperecedero legado. ¿Cómo? Destruyendo y sepultando para siempre su obra cumbre: su querido Museo, el que fue capaz de levantar con sus manos y con las manos curtidas de sus queridos jóvenes atacameños
14. En busca de los responsables.
"Iconoclastas" en este caso son aquellos que han promovido, divulgado o apoyado, de una u otra manera, la demolición completa y la destrucción de este ícono del poblado de san Pedro de Atacama, reconocido como tal desde hace décadas por chilenos y extranjeros. El Museo arqueológico Padre Gustavo le Paige es, para el mundo cultural, la imagen viva del poblado atacameño de San Pedro, después de su hermosa, legendaria y maciza iglesia colonial, recién restaurada. El pueblo mismo no posee otros íconos visibles. Y éste, su Museo, muere hoy lentamente bajo el mazo implacable de los nuevos iconoclastas del mundo moderno, aquellos que no han atinado a comprender el significado profundo de este fragmento de la historia local, tal vez porque no han sido capaces de percibir su íntimo y más profundo significado. ¿Ceguera?, ¿Insensibilidad?, ¿Recelo u odiosidad disimulada a la figura señera de Le Paige?, ¿O tal vez, falta de realismo y visión de futuro?. Estamos seguros que la historia -magistra vitae- los sancionará vigorosamente algún día, los castigará con el repudio y decretará su respectiva responsabilidad en este verdadero iconocidio (muerte o destrucción del ícono).
Por nuestra parte, creemos haber cumplido con un deber profesional como arqueólogos y antropólogos al denunciar valientemente ante la opinión pública, tal como ya lo han hecho otros investigadores de Atacama, este atropello a la cultura local, reivindicando ante la historia el preciado legado cultural del jesuita Gustavo le Paige S.J., representado nítidamente en su notable e inolvidable Museo Arqueológico.
24.3.15
Ordenaron demoler parte de uno los galpones de ATI por no cumplir con el plan regulador de Antofagasta

Vía Soyantofagasta.
Paola Cataldo L.
Por no cumplir con plan regular de la ciudad, la Municipalidad de Antofagasta ordenó la demolición de parte del galpón número 5 de Antofagasta Terminal Internacional (ATI), el cual está destinado al acopio de concentrado de cobre.
La acción se dio a conocer por medio de un decreto municipal que se extendió hoy y compromete la demolición de 1.473 metros cuadrados, que abarcan las dos torres delanteras, la sala eléctrica y parte del galpón antes mencionado.
Según explicó el asesor urbanista del municipio, Jorge Luis Honores a Soyantofagasta.cl, son cuatro las construcciones que están dentro del área estipulada en el decreto, más las correas transportadoras.
“Lo que abarca del galpón en superficie y en características no es tanto, pero la operatividad de éste no funcionaría al eliminar las correas transportadoras y el área de la parte eléctrica”, agregó.
La alcaldesa, Karen Rojo, dijo que en vista de lo que ha sucedido con el galpón hicieron una fiscalización, en la que se pudieron dar cuenta de que parte del proyecto de acopio y concentrado de cobre que está ubicado dentro de la Empresa Portuaria de Antofagasta (EPA) está dentro de la franja de utilidad pública. “De tal manera que el equipo de la municipalidad me entregó el documento que me otorga la facultad para decretar la orden de demolición”.
Asimismo, manifestó que "hay 50 metros que están dentro del uso de utilidad pública que tiene esa franja y como tal no puede existir ninguna obra que no tenga ese carácter".
“Tanto EPA como ATI ya han sido notificadas para cumplir con esta obligación que nosotros como municipalidad le hemos puesto, donde tienen que demoler en un plazo máximo de 60 días”, añadió.
Este decreto llega luego que el municipio cursara tres infracciones a la compañía por construir dentro de la zona de utilidad pública del plan regulador de la comuna.
La determinación sugerida por la Dirección de Obras Municipales se basaría en defender el espacio destinado a utilidad pública que es un bien de la ciudadanía.
Esta acción se suma a la que decretó el Tribunal Ambiental de Santiago que decidió suspender por 30 días el funcionamiento del Sistema de Acopio de Concentrados (SAC) y del Terminal de Embarque de Graneles Mineros (TEGM).
Además, los padres de los niños contaminados por metales pesados enviaron una carta a Unicef denunciando la situación que se vive en la zona. El organismo comprometió la ayuda de sus expertos y agendó una reunión para la primera semana de abril.
8.5.14
La demolición del Hipódromo de Antofagasta, obra de Mario Recordón

En una nota de El Mercurio de Antofagasta respecto del destino de los terrenos del Hipódromo, se muestra la lamentable demolición del edificio que albergaba servicios y graderías, una obra del destacado arquitecto chileno Mario Recordón, que era un experto en edificios deportivos.
Una vez más especulación inmobiliaria y la falta de control del Estado han permitido que terrenos con fines deportivos se conviertan en sitio de privados.
15.4.13
¿Hasta tu MoMA? Sobre la demolición del American Folk Art Museum en New York
© Dan Nguyen/FlickrUna nueva polémica ha estallado en New York, el MoMA, con el fin de ampliarse, compró un edificio vecino a sus instalaciones, el American Folk Art Museum (AFAM), y lo demolerá. La obra en cuestión es un diseño de los arquitectos Tod Williams y Billie Tsien, y a pesar de que es una obra muy reciente, inaugurada y aclamada el 2001, es considerada uno de los mejores ejemplo de arquitectura contemporánea a mediana escala en la gran manzana. Los mismo arquitectos en una declaración en su página web la definen como "un tipo de edificio que es muy raro en una ciudad que a menudo se define por lo enorme e impersonal".
El MoMA hizo una buena oferta al AFAM y ellos vendieron la pieza, pero el MoMA no está interesado en conservar el edificio ya que lo encuentra muy hermético y opaco, de esa forma no coincide con el lenguaje acristalado del actual Museo realizado por Yoshio Taniguchi. Es curioso que el MoMA siendo un precursor en la puesta en valor de la arquitectura, no haya considerado un destino al modesto American Folk Art Museum.
Nadie ha quedado inerte a la inminente pérdida de un excelente diseño, y las voces se han hecho sonar. "MoMA, Develop Don't Destroy", dice Julie Lovine en Architect Newspaper.
El AFAM ha dicho en "el edificio no es el Museo" y que "un Museo no es un edificio", pero eso suena sólo a la lavado de manos, ya que en realidad fueron ellos que se desprendieron de su reciente arquitectura de 12 años.
El otro contrapunto de esta paradoja es que la nueva construcción de la extensión es del arquitecto Jean Nouvel.
A continuación una extensa nota vía The New York Times.
12-Year-Old Building at MoMA Is Doomed
By ROBIN POGREBIN
Published: April 10, 2013
When a new home for the American Folk Art Museum opened on West 53d Street in Manhattan in 2001 it was hailed as a harbinger of hope for the city after the Sept. 11 attacks and praised for its bold architecture.
“Its heart is in the right time as well as the right place,” Herbert Muschamp wrote in his architecture review in The New York Times, calling the museum’s sculptural bronze facade “already a Midtown icon.”
Now, a mere 12 years later, the building is going to be demolished.
In its place the adjacent Museum of Modern Art, which bought the building in 2011, will put up an expansion, which will connect to a new tower with floors for the Modern on the other side of the former museum. And the folk museum building, designed by Tod Williams and Billie Tsien, will take a dubious place in history as having had one of the shortest lives of an architecturally ambitious project in Manhattan.
“It’s very rare that a building that recent comes down, especially a building that was such a major design and that got so much publicity when it opened for its design — mostly very positive,” said Andrew S. Dolkart, the director of Columbia University’s historic preservation program. “The building is so solid looking on the street, and then it becomes a disposable artifact. It’s unusual and it’s tragic because it’s a notable work of 21st century architecture by noteworthy architects who haven’t done that much work in the city, and it’s a beautiful work with the look of a handcrafted facade.”
MoMA officials said the building’s design did not fit their plans because the opaque facade is not in keeping with the glass aesthetic of the rest of the museum. The former folk museum is also set back farther than MoMA’s other properties, and the floors would not line up.
“It’s not a comment on the quality of the building or Tod and Billie’s architecture,” Glenn D. Lowry, MoMA’s director said.
Mr. Lowry personally went to the architects’ offices to inform them of the museum’s decision, a gesture that Ms. Tsien said she appreciated.
“We feel really disappointed,” she said in an interview. “There are of course the personal feelings — your buildings are like your children, and this is a particular, for us, beloved small child. But there is also the feeling that it’s a kind of loss for architecture, because it’s a special building, a kind of small building that’s crafted, that’s particular and thoughtful at a time when so many buildings are about bigness.”
The folk art museum, which had once envisioned the building as a stimulus for its growth, ended up selling the property, at 45 West 53d Street, to pay off the $32 million it had borrowed to finance an expansion. It now operates at a smaller site on Lincoln Square, at West 66th Street.
Mr. Lowry said the expansion would complete the MoMA campus, which will ultimately consist of five buildings, four of them on West 53rd Street between Fifth Avenue and the Avenue of the Americas.
Still to be built is an 82-story tower just west of the folk museum that is being developed by Hines, a Houston company, and was designed by the French architect Jean Nouvel. It will include apartments as well as exhibition space for the museum.
When the projects are finished the museum will gain about 10,000 square feet of gallery space at the former folk art site and about 40,000 in the Nouvel building, officials said. The Modern’s second, fourth and fifth floors will line up with those in both buildings. (The second-floor galleries are double height.)
“We’ll have a completely integrated west end to the museum,” Mr. Lowry said. “Floor plates will extend seamlessly.”
Precisely what will be displayed in the new galleries has yet to be determined, but Mr. Lowry said they would include work from the Modern’s “midcentury collections, early Modern collections and temporary exhibitions.”
The cost for the project has not been announced, he said, and fund-raising has yet to begin.
MoMA’s 2004 renovation, designed by the Japanese architect Yoshio Taniguchi, increased the museum’s gallery space to 125,000 square feet, from 85,000 (and the overall size to 630,000 square feet, from 378,000). But the museum still needs more room for exhibitions.
“We have a lot of art that we own that we would like to show,” said Jerry I. Speyer, the real estate developer who is the museum’s chairman. “When we built what exists today we didn’t get as much exhibition space as we really need.”
Ms. Tsien said she and Mr. Williams, her husband, wished the Modern had found a way to reuse what they designed and to realize its value.
“It’s a building that kids study in architecture school,” she said. “They study it as a kind of precedent to understand how buildings are made and to understand the kind of space it is because it is a complex and interesting building in a very small site.”
But, she added, “it doesn’t seem to make sense to second-guess how they might have used it.”
The Modern will interview architects to design the new addition, Mr. Lowry said, and hopes to select one by the end of this year. It expects to have the building demolished by then.
Construction of the Nouvel project is expected to start in 2014, with both new buildings being completed simultaneously in 2017 or 2018, Mr. Lowry said.
The museum has been aggressive about expansion. In 1996 it bought the Dorset Hotel, a 1920s building on West 54th Street, and two adjacent brownstones, using much of the sites for its extensive renovation in 2004.
In 2007 the museum sold its last vacant parcel of land for $125 million to Hines, which decided to develop the Nouvel building and include space for the museum.
Mr. Nouvel originally designed the tower, at 53 West 53d Street, with a spire rising 1,250 feet — matching the top floor of the Empire State Building — and Nicolai Ouroussoff predicted in The Times that it would be “the most exhilarating addition to the skyline in a generation.”
But residents protested the height and the Department of City Planning demanded that Mr. Nouvel cut 200 feet from the top. He did so, and in 2009 the City Council approved plans for a tower that is to rise 1,050 feet.
The museum is deciding what to put at ground level at the former folk art building site — perhaps additional retail or another restaurant, Mr. Lowry said. (Its upscale restaurant, the Dining Room at the Modern, received three stars from Pete Wells in The Times last month.)
“We bought the site,” Mr. Lowry said, “and our responsibility is to use the site intelligently.”
Ms. Tsien said she could not recall another example of such a high-profile architectural project being demolished so soon after it was built. “Museums have opened and closed and buildings have shifted,” she said, “but I don’t know about being torn down.”
9.1.13
El descuartizamiento del Terminal Aéreo del Aeropuerto Cerro Moreno (actual Andrés Sabella), o como disectar en vida el cuerpo de la arquitectura
El terminal aéreo del aeropuerto Cerro Moreno, rebautizado como Andrés Sabella (en homenaje al moderno poeta antofagastino), ha sido reconocido como el mejor ejemplo chileno de arquitectura del Movimiento Moderno orientada al transporte aéreo.
Las primeras intenciones concretas de contar con un terminal aéreo de relevancia, data de 1959, cuando el Ministerio de Obras Públicas desarrolló un primer proyecto para su edificio, pero que no se edificó. Ese diseño había sido realizado por el arquitecto Gonzalo Rudolphy Sánchez, y sería de 5.140 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Un paralelepípedo modesto que anticipó sobriamente al expresivo diseño de 1969.
El nuevo diseño fue realizado en noviembre de 1969, por el arquitecto Jorge Patiño para la Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas. En los primeros meses de 1970 se expuso al intendente Joaquín Vial Izquierdo la maqueta del nuevo edificio. En 1972 estaban muy avanzadas la obra gruesa, y se podía apreciar su materialidad mixta en hormigón armado y acero. Se trataba de una serie de expresivas columnas que caracterizan el edificio que estaban enlazadas por una serie de vigas de hormigón (ver post: Aeropuerto de Antofagasta, diálogos semánticos sobre sus columnas modernas: "cactus", "ancla" y "flecha"). Las cubiertas eran completamente de retículas metálicas. A pesar de que en 1973 la estructura estaba muy avanzada, recién a mediados de 1975 entró en funcionamiento el nuevo terminal aéreo. El Mercurio de Antofagasta decía:
"El terminal de pasajeros está acondicionado para atender a 400 pasajeros. Tendrá modernas oficinas para casino, compañías aéreas, para el turismo"
Sobre su tecnología indicaban:
"La torre de control del Aeropuerto Cerro Moreno de Antofagasta es una de las edificaciones más modernas de las aeródromos sudamericanos, los controles de vuelo, aparatos meteorológicos y radio son de gran precisión y auguran un aumento."
Hace algunos meses publiqué un post (Terminal del Aeropuerto Cerro Moreno: remodelación de un ícono modernista de Antofagasta) sobre la ampliación y transformación que se realizaría al terminal aéreo de Antofagasta, sin embargo, las obras prometían ser respetuosas con el edificio, o por lo menos eso fue lo que declaraba el gerente de aeropuertos del Holding IDC, Omar Becerra el 3 de marzo de 2012 a El Mercurio de Antofagasta:
"Lo único que vamos a utilizar del actual terminal es prácticamente los elementos estructurales, el resto se cambia completamente. Hay que entender que pese a lo antiguo del edificio, no se puede negar que tiene una estructura imponente, entonces esa estructura es lo que el ministerio decidió mantener y eso daba la posibilidad de poder mejorar los espacios."
Sin embargo "esa estructura" se remitía no al conjunto de la estructura, y su relevante arquitectura ha sido depredada, dejando solo lo que es de hormigón. Esa es sin duda una actitud de un erróneo pensamiento posmoderno que ve solo en lo que es simbólico como algo a mantener, en este caso las columnas. No han sido capaces de entender que la estructura es un todo, y respetarla significa velar por la integridad de hormigón más las retículas metálicas. Justamente estas últimas han sido amputadas, y el desafortunado edificio está viendo como en vida, va siendo disectado, para cubrirlo de una membranas de moda.
El edificio se había mantenido impertérrito desde su inicio de funciones, por lo menos en cuanto estructuras (ver post: Desaparecidos murales Aeropuerto Cerro Moreno Antofagasta, 1977, Ronald Clunes), pero este último espectáculo macabro, está torturando y desintegrando una obra emblemática de la ciudad de Antofagasta.
Es un proceso de canibalismo: entre 1969 y 1975 el Ministerio de Obras Públicas crea una magnífica obra que significa la ciudad de Antofagasta y que es precursora a nivel nacional en cuanto servicios para el transporte aéreo, el mismo MOP, cuarenta años después, en un estado democrático, sacrifica en vida y descuartiza el noble edificio que ha albergado los servicios a la comunidad minera por décadas. El MOP crea y el MOP descuartiza.
¿No podría haberse realizado una obra que respetara lo existente y propusiera una extensión contemporánea que integrara este representante del patrimonio de la modernidad?
A continuación imágenes de la "vivisección":
20.12.12
La extinción de las antiguas casas de avenida Argentina vecinas de la desaparecida Quinta Casale
Vista desde calle Orella con Av. Argentina.
Ha tardado años, pero progresivamente las viejas casonas de avenida Argentina entre calles Uribe y Orella están desapareciendo.
Plano de Abd-El-Kader de 1914 que muestra la manzana 438 que ocupan las casas.
Algunas vez estas casas, desde sus galerías no solo veían desde la altura la ciudad que se desarrollaba hacia el mar, sino que tenían como significativo vecino, la afamada Quinta Casale, lugar de reunión social de la vida de Antofagasta. Además por el sur tenían también la Quinta Aramayo y la Quinta Edén (como se puede ver en el plano de Abd-El-Kader). Una gran extensión verde que sin duda entregaba esplendor a estas casas, que actualmente sufren en manos de especulación inmobiliaria.
Casa del Dr. Rossi.
La antigua casa del Dr. Rossi es una de la mejor se conserva a pesar de que ha sido usada por diversas empresas, pero algunas han sufrido ampliaciones que las han deformado, otras están en venta (ver: inmobiliaria que la ofrece como un excelente terreno para una empresa constructora), otras ha sido demolidas para dar paso a nuevos edificios, y una está siendo resguardadas por sus residentes.
Casa en venta en Guzmán Propiedades.
Transformación de las casas.
Casa de la palmera cercana a calle Uribe muy bien mantenida por su propietario, y luego un nuevo edificio en Av. Argentina 2272 de Imnobiliaria I-Bicentenario.
Ha tardado años, pero progresivamente las viejas casonas de avenida Argentina entre calles Uribe y Orella están desapareciendo.
Plano de Abd-El-Kader de 1914 que muestra la manzana 438 que ocupan las casas.
Algunas vez estas casas, desde sus galerías no solo veían desde la altura la ciudad que se desarrollaba hacia el mar, sino que tenían como significativo vecino, la afamada Quinta Casale, lugar de reunión social de la vida de Antofagasta. Además por el sur tenían también la Quinta Aramayo y la Quinta Edén (como se puede ver en el plano de Abd-El-Kader). Una gran extensión verde que sin duda entregaba esplendor a estas casas, que actualmente sufren en manos de especulación inmobiliaria.
Casa del Dr. Rossi.
La antigua casa del Dr. Rossi es una de la mejor se conserva a pesar de que ha sido usada por diversas empresas, pero algunas han sufrido ampliaciones que las han deformado, otras están en venta (ver: inmobiliaria que la ofrece como un excelente terreno para una empresa constructora), otras ha sido demolidas para dar paso a nuevos edificios, y una está siendo resguardadas por sus residentes.
Casa en venta en Guzmán Propiedades.
Transformación de las casas.
Casa de la palmera cercana a calle Uribe muy bien mantenida por su propietario, y luego un nuevo edificio en Av. Argentina 2272 de Imnobiliaria I-Bicentenario.
7.8.12
Memento Mori: otra reciente demolición en calle Manuel Antonio Matta en la curva con calle Arturo Prat
En Antofagasta la calle Matta del siglo XX, fue un espacio de sociabilidad que reunió no solo comercio en las plantas bajas sino también las residencias de significativas familias de la ciudad en las plantas superiores. De alguna forma esto empezaba con el edificio de tres pisos más mansarda de los Coronata en la esquina de Maipu con Matta, un edificio actualmente en un estado ruinoso de manos de una red de farmacia; seguían arquitecturas historicistas y eclécticas de dos o más pisos por ambos lados de la calle, hasta llegar a Baquedano, donde en la esquina se juntaban una serie de edificios, donde destaca la Casa Gimenez diseñada por el arquitecto sevillano José Espiau y Muñoz, siendo esta su única obra en Chile. En la esquina opuesta estaba la casa de la familia Sanz con un diseño del arquitecto Leonello Bottacci. Luego por calle Matta está la casa Franceschini diseñada por Homero Lois Fraga.
Ver Demolición del centro de Antofagasta. en un mapa más grande
Finalmente este espacio urbano comercial y familiar ha estado sufriendo el impacto de la renovación de sus arquitectura por las grandes cadenas comerciales, como hemos visto con Ripley entre Baquedano y Prat que eliminó una serie de casonas y entre ellos el famoso Golden Star Club, también Falabella hizo lo mismo, y La Polar. También los edificios de estacionamentos han arrasado, prueba de eso es el que se situa en Baquedano entre Condell Y Latorre, que arrasó con la antigua sede de El Mercurio, un curioso edificio ecléctico. Otro edificio de estacionamentos situado en Latorre entre con Serrano se llevó la sede la Sociedad de Bellas Arte, y así la historia sigue.
Ahora es la vez de una serie de casas al llegar a la curva de calle Prat, que han sido demolidas por ABC DIN, por el momento figura un simbólico vacio en la manzana que a la manera de un memento mori evoca todas las demoliciones que se han llevado a cabo en estos años del "desarrollo" posmoderno con la tabula rasa de Antofagasta.
4.8.12
Sindicato de Estibadores Marítimos, la demolición de un edificio constructivista
Se demuele otra obra del arquitecto Alejandro Crestá Gouyou. Ahora, se suma a la desaparición del Terminal de Buses de la Empresa Tramaca de calle Uribe, la demolición del Sindicato de Estibadores Marítimos.
Desde hace varias semanas ya se anunciaba la demolición de la arquitectura constructivista que albergó el Sindicato de Estibadores Marítimos. Se había cerrado el estacionamiento, y se rodeaba de un cierre para las obras, además se ofrecían departamento de la Inmobiliaria Calicanto. Sin duda una de las primeras agresiones fue el borrador de la pintura realizada por el muralista Raul Lito Navarrete que por años cubrió los muros exteriores del teatro, y que relataban la vida de los estibadores de Antofagasta.
El edificio había sido proyectado por el arquitecto Alejandro Crestá Gouyou en 1968, y sus obras, realizadas por los mismos estibadores duraron hasta 1971. Por lo general su estética siempre fue la de un edificio inacabado, permanentemente en obra gruesa. Si embargo fue un edificio singular, por su mezcla de programas, desde un gran teatro hasta camarines y sauna. Estaba inspirado en un barco, y tuvo hasta sala de máquinas, donde estaban las calderas de las saunas. Su aparente relación con los preceptos del constructivismo sovietico, en torno de la idea del gran condensador social no eran casuales. A fines de los años sesenta cuando lo estibadores querían construir una sede, los rusos destinaron fondos para que los estibadores de Antofagasta construyeran su edificio.
Hace ya varios años que los mismo sindicato había vendido el edificio, en gran parte debido a la extinción de la asociación sindical, cada vez con menos integrantes activos.
18.4.12
Nos quieren demoler la historia de Antofagasta (sobre la silenciosa demolición de las ex casas de Ferrocarril y de la Compañía Huanchaca)
Vía La Estrella de Antofagasta.
Grupo de antofagastinos busca declarar zona típica viviendas con más de un siglo.
Es un trozo de historia de Antofagasta, el que está, siendo destruido bajo la mirada apática de los transeúntes y las autoridades.
En consecuencia, un grupo de antofagastinos comprometidos con la ciudad, comenzaron una campaña para proteger y declarar zona típica las casonas "del Ferrocarril", antiguas casas de la Fundición Playa Blanca de la Compañía Huanchaca, ubicadas en un cuadrante entre la avenida Argentina, Maipú, Curicó y Baquedano.
El geólogo Patricio Espejo, quien lidera la campaña, dijo que hoy está en demolición una casona, la que había sido modificada ampliamente desde hace varios años. Por consiguiente, en venta se encuentran dos de las más representativas, por avenida Argentina, y a la vuelta, por Maipú, una de las, pocas casas de obreros que subsiste sin ser modificadas.
Dijo que de prosperar su venta sin duda serán demolidas para construir edificios; como sucedió con dos de ellas, vecinas de la que hoy se desarman, en calle Baquedano.
Para Espejo, la demolición y reemplazo por edificios de estas casas implican una pérdida patrimonial de proporciones.
Zona Típica.
Es necesario, afirma Espejo, hacer todo lo posible para que las casonas sean protegidas formalmente, quizás bajo la forma de zona típica, siendo importante que el municipio tome conciencia de este tema, al que en el pasado ha sido penosamente indiferente.
Por su parte, el arquitecto y académico de la Universidad Católica del Norte, afirmó que las características arquitectónicas, su significado histórico, su importancia dentro de la memoria de la ciudad, su aspecto paisajístico y urbanístico, asignan un valor especial dentro de Antofagasta.
Según Galeno, lo anterior justifica con creces bajo todos estos aspectos su protección bajo, la denominación de "Zona de conservación histórica" (Decreto Supremo nº47, 1992 del MINVU, que fija nuevo texto de la Ordenanza General de la ley de Urbanismo y Construcciones) y Zona "Típica o Pintoresca" (ley 17288).
Más de un siglo
Las casa del antiguo Establecimiento de Playa Blanca, ubicadas originalmente en los sectores actuales de Coviefi y Gran Vía, fueron trsladadas antes de 1904 (probablemente en 1902) por la Empresa de Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia a terrenos que esta sociedad tenía entre las calles Baquedano, Maipú, Av. Argentina y Curicó, y en su recinto de calle Iquique con Zenteno.
Etiquetas:
antofagasta,
arquitectura en madera,
casas,
chile,
compañía huanchaca,
demolición,
ferrocarril antofagasta bolivia,
fundición playa blanca,
historicismo,
memoria,
patrimonio,
patrimonio en peligro
Enviar esto por correo electrónicoBlogThis!Compartir en XCompartir en FacebookCompartir en Pinterest
26.2.12
Demolición de la antigua Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta, la extinción de la memoria urbana.
© Claudio Galeno.
© Claudio Galeno.En este verano se llevó a cabo otra demolición que afecta la memoria urbana de la ciudad de Antofagasta, en este episodio el gran afectado fue la antigua Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta que ocupaba un extenso terreno con un edificio y un galpón en calles Orella y Condell, entre ambos corformaban un conjunto arquitectónico que caracterizaba el área por la calidad y diseño de su construcción.
Ver Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta en un mapa más grande
Estos edificios, últimamente en abandono, habían sido ocupados hasta hace algunos años por una universidad privada. Las estructuras estaba compuestas por un edificio de madera con galería en el segundo piso, ubicado por calle Orella, y por un magnífico galpón con lucernario y con una fachada ecléctica por calle Condell, este segundo era de hormigón armado, mientras que la estructura de la cubierta era de acero.
© Claudio Galeno.
© Claudio Galeno.
© Claudio Galeno.La historia de la Compañía surgió como una iniciativa liderada por el ingeniero brasileño descendiente de húngaros: Julio Pinkas.
El historiador Recabarren en su libro "Episodios de la Vida Regional" (descargar en Memoria Chilena) nos cuenta del origen y desarrollo de la "luz eléctrica" en Antofagasta:
"(...)
A fines de ese año [1903], la Municipalidad dio la concesión a la empresa formada por Julio Pinkas, Ambrosio Varas y Pedro Muñoz, bautizada con el nombre de fantasía de Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta.
Las dificultades económicas de la empresa de Pinkas y Compañía, obligó su traspaso al Banco Alemán Transatlántico, institución que negoció con Mitrovic Hermanos -la misma que producia cerveza- para obtener la propiedad de la Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta.
El cambio no significó mejorar el servicio, que siguió siendo deficiente. La Municipalidad trató el problema en varias ocasiones.
A fines del decenio, el numero de luces de alumbrado público (300), demuestra el crecimiento de la ciudad.
Al finalizar la decada del treinta se ha establecido en la ciudad la Empresa Sudamericana de Servicios Públicos, con los mismos implementos de la antigua generadora de energía, pero accionada por capitales norteamericanos.
Las instalaciones estaban ubicadas en Condell, entre Orella y Uribe. El zumbido y el trepidar de los motores invadia el sector y daba origen a permanentes reclamos de los vecinos, situación que duró hasta la década del cincuenta.
En 1942, la empresa cambio de razon social y pasó a llamarse Compañía Nacional de Fuerza Eléctrica, de donde derivó la sigla CONAFE.
(...)" (Recabarren, pp.115-116)
© Claudio Galeno.
10.9.11
Un nuevo golpe a la memoria de Tocopilla: el Liceo B-2 [Latrille] se demuele y se levanta un nuevo edificio
6.9.11
El Estadio Regional y su remodelación, el brutalismo de la modernidad y la mecánica de la demolición
Desde hace días iniciaron la "remodelación" del Estadio Regional de Antofagasta, lo que significa una agresiva transformación. Sin duda el mundo deportivo debe estar radiante, ya que finalmente tendrán un coliseo digno. Lo único chocante es que el diseño realizado por el equipo de arquitectos liderado por Mario Recordón (arquitecto especialista en diseño de arquitectura deportiva, premio nacional de Arquitectura y un reconocido atleta nacional) en 1959 e inaugurado en 1964, está sufriendo una radical mutilación, daño que ya había sido inaugurado con la fatal incrustación de un escenario en el área norte de la construcción en manos del poco virtuoso ex alcalde Adaro.
¿No podría haberse considerado un diseño que recuperase el diseño original y entregase a la vez las necesidades contemporáneas para la ciudad de Antofagasta?
A continución una serie de imágenes del encuentro no fortuito del diseño brutalista de la arquitectura de Recordón con la máquina de la demolición del desarrollo contemporáneo.














¿No podría haberse considerado un diseño que recuperase el diseño original y entregase a la vez las necesidades contemporáneas para la ciudad de Antofagasta?
A continución una serie de imágenes del encuentro no fortuito del diseño brutalista de la arquitectura de Recordón con la máquina de la demolición del desarrollo contemporáneo.














Suscribirse a:
Entradas (Atom)





























