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3.11.16

Extraños gustos y excentricidades, el "lado b" de cinco ilustres personajes

Vía El Mercurio de Antofagasta.

SOCIEDAD. A lo largo de la historia muchas personas realizaron innegables aportes a la construcción de la ciudad actual, pero algunos además tenían costumbres bastante singulares, que si bien no les restan méritos, son dignas de conocer también.





Por Cristian Castro (cronica@mercurioantofagasta.cl)

Fueron cientos los personajes destacados que, con su aporte, ayudaron a que un naciente y arriesgado proyecto de emprendimiento en medio del desierto más árido del mundo, pudiese transformarse en el actual polo de oportunidades y desarrollo que es la ciudad de Antofagasta.

Nombres como Andrés Sabella, desde el mundo de las artes y las letras; José Papic, desde la promoción del desarrollo económico; o Antonio Rendic, desde el compromiso social, resuenan cada tanto tiempo con fuerza debido al continuo reconocimiento que la sociedad antofagastina hace de sus legados.

Pero también existe otro grupo (muchos de ellos nacidos en otras ciudades o países) que pocas veces son evocados, y que no sólo destacaron en la historia local por su compromiso con la ciudad, sino también por sus excentricidades, las cuales en ocasiones, incluso fueron más llamativas que sus propios legados.
Historias

Poco conocida es, por ejemplo, la afición que tuvo el fundador de la Sexta Compañía de Bomberos de Antofagasta, Julio Pinkas, por salir a pasear por las calles de la ciudad en una lujosa carroza arrastrada por dos aborígenes de raza negra vestidos de elegante frac; o el "divismo" de un superintendente de Bomberos y político regionalista, Gonzalo Castro Toro, quien aseguraba ser descendiente de Mateo de Toro y Zambrano, el histórico presidente de la primera junta de gobierno de 1810.

Digno de destacar es también el ingenio y aplomo de un arquitecto que, fascinado con las naves espaciales, cuando se le pide diseñar los planos para el conjunto habitacional Gran Vía (Curvo, Caliche y la Torre Pérez Zujovic), dibuja en ellos enormes estanques de agua a los cuales da apariencia aerodinámica y extraterrestre.

Aquí, una breve reseña de algunas personalidades que, si bien destacaron en lo público, también lo hicieron por su comportamiento personal.

26.2.12

Demolición de la antigua Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta, la extinción de la memoria urbana.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

En este verano se llevó a cabo otra demolición que afecta la memoria urbana de la ciudad de Antofagasta, en este episodio el gran afectado fue la antigua Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta que ocupaba un extenso terreno con un edificio y un galpón en calles Orella y Condell, entre ambos corformaban un conjunto arquitectónico que caracterizaba el área por la calidad y diseño de su construcción.


Ver Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta en un mapa más grande

Estos edificios, últimamente en abandono, habían sido ocupados hasta hace algunos años por una universidad privada. Las estructuras estaba compuestas por un edificio de madera con galería en el segundo piso, ubicado por calle Orella, y por un magnífico galpón con lucernario y con una fachada ecléctica por calle Condell, este segundo era de hormigón armado, mientras que la estructura de la cubierta era de acero.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

La historia de la Compañía surgió como una iniciativa liderada por el ingeniero brasileño descendiente de húngaros: Julio Pinkas.

El historiador Recabarren en su libro "Episodios de la Vida Regional" (descargar en Memoria Chilena) nos cuenta del origen y desarrollo de la "luz eléctrica" en Antofagasta:

"(...)
A fines de ese año [1903], la Municipalidad dio la concesión a la empresa formada por Julio Pinkas, Ambrosio Varas y Pedro Muñoz, bautizada con el nombre de fantasía de Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta.

Las dificultades económicas de la empresa de Pinkas y Compañía, obligó su traspaso al Banco Alemán Transatlántico, institución que negoció con Mitrovic Hermanos -la misma que producia cerveza- para obtener la propiedad de la Compañía de Luz Eléctrica de Antofagasta.

El cambio no significó mejorar el servicio, que siguió siendo deficiente. La Municipalidad trató el problema en varias ocasiones.

A fines del decenio, el numero de luces de alumbrado público (300), demuestra el crecimiento de la ciudad.

Al finalizar la decada del treinta se ha establecido en la ciudad la Empresa Sudamericana de Servicios Públicos, con los mismos implementos de la antigua generadora de energía, pero accionada por capitales norteamericanos.

Las instalaciones estaban ubicadas en Condell, entre Orella y Uribe. El zumbido y el trepidar de los motores invadia el sector y daba origen a permanentes reclamos de los vecinos, situación que duró hasta la década del cincuenta.

En 1942, la empresa cambio de razon social y pasó a llamarse Compañía Nacional de Fuerza Eléctrica, de donde derivó la sigla CONAFE.

(...)" (Recabarren, pp.115-116)

© Claudio Galeno.