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31.12.25

Patrimonio en retroceso: el cambio de los viejos edificios, por Cristian Castro, La Estrella, marte 30 de diciembre de 2025

En el centro de Antofagasta se encuentran una decena de edificios de más de cien años que han sido intervenidos, restándoles su belleza original.

Cristian Castro Orozco
La Estrella

En el centro de Antofagasta, donde aún se conservan una decena de edificios de más de cien años, se advierte un fenómeno que preocupa a especialistas y vecinos: la intervención y transformación de antiguas construcciones patrimoniales, muchas veces sin criterios adecuados de conservación, lo que ha significado la pérdida de elementos originales y de su valor histórico y arquitectónico.

Tal vez el ejemplo más palmario de esto es un inmueble ubicado en la esquina de Matta con Maipú, el cual sufrió una intervención parcial hace ya varios años, perdiendo solo dos de sus pisos, y cubriendo por completo su estructura original con un enorme cartel publicitario de una farmacia.

DETERIORO

Si bien no se pasó de incendios o de la demolición, sí se ha ido perdiendo poco a poco la identidad de estos edificios. Los inmuebles antiguos, algunos declarados como Monumentos Históricos, han sido intervenidos sin criterios claros, afectando no solo su imagen, sino también su integridad estructural.

Lo mismo ocurre también en pleno centro de Antofagasta, donde decenas de inmuebles de inicios del siglo XX han sido intervenidos. La técnica de construcción basada en muros portantes solo permitía algunos pisos superiores e interiores, pero las intervenciones posteriores han significado la alteración de fachadas, cierres de balcones y el reemplazo de materiales originales.

El arquitecto y académico de la Universidad Católica del Norte, Claudio Galeno Ibaceta, señala que “en distintas épocas de Antofagasta se han producido cambios importantes en edificios que han sido representativos de la imagen urbana de la ciudad. Estas transformaciones responden a diversas categorías, desde el deterioro por abandono hasta la intervención agresiva”.

Por ejemplo, al sur de la ciudad, el emblemático edificio modernista del Casino del Balneario Municipal pasó de ser una construcción futurista y luminosa a una estructura llena de agregados y cambios de uso, para finalmente terminar abandonada.

PALACETE BOTTA

Responsable del ejemplo del inicio, el edificio de la familia Botta, ubicado en la esquina de Baquedano con Esmeralda, corresponde a una construcción ecléctica de fines del siglo XIX. Según los antecedentes históricos, el inmueble fue edificado por el arquitecto italiano Máximo Cabrini en 1908, siendo una de las viviendas más destacadas de la época.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el edificio fue sufriendo cambios que alteraron su configuración original. Posteriormente, el incendio y la demolición parcial terminaron por acentuar su deterioro.

Si nos acercamos a la zona de Conservación Histórica, se observa que existen edificios emblemáticos que aún mantienen algunas condiciones originales, como el antiguo Correo, hoy Biblioteca, o el actual Banco Estado, ubicado en la calle San Martín. Sin embargo, la gran mayoría de los inmuebles del sector no ha sufrido ampliaciones ni transformaciones extensas, lo que les ha permitido conservar parte de su valor urbano y arquitectónico.

Así, el presente deja en evidencia que Antofagasta enfrenta el desafío de proteger su patrimonio construido, evitando que las intervenciones continúen borrando la memoria material de la ciudad.

30.8.25

Histórica casona cumplió más de tres años destruida. La Estrella de Antofagasta, 25 de agosto de 2025

Vía La Estrella. 

 

Inmueble del Club de Tenis quedó dañado tras incendio, y pese a que en un principio existían intenciones de recuperar la estructura, aún no hay certeza sobre su destino. 



3.8.25

La montaña boliviana que enriqueció a Europa se hunde y no hay plata para salvarla

 Vía El País, América Futura.

El Cerro Rico de Potosí, con cuya plata se impulsó el capitalismo hace 500 años, está en riesgo de derrumbe. Para intentar protegerlo, están cerrando bocaminas y rellenando sus hundimientos.

Nils Sabin / Potosí (Bolivia) - 02 AGO 2025 - 05:30 CLT

El Cerro Rico de Potosí, que desde Bolivia alimentó al mundo de plata, se ha convertido en una montaña hueca. Después de casi cinco siglos de explotación minera, su interior, en particular la parte alta, está vacía. El cerro, de 4.768 metros de altura y cuya estructura formaba un pico triangular casi perfecto, ahora está ligeramente derrumbada sobre el este y repleta de hundimientos, algunos de los cuales alcanzan decenas de metros de ancho y profundidad. “El colapso del Cerro Rico es casi inminente”, advierte Hernán Ríos Montero, geólogo en la Universidad Tomás Frías de esa ciudad boliviana.

Fundada en 1545 por los españoles, después de que se descubrieran vetas de plata en el cerro, Potosí se transformó rápidamente en un centro de la América colonial, alcanzando más de 120.000 habitantes en 1575. La plata que salía de allí se acuñaba en la Casa de la Moneda de la ciudad antes de ser enviada a la Corona Española. “Se sacaron millones, probablemente miles de millones, del Cerro Rico”, asegura Freddy Llanos, ingeniero minero de la Universidad Tomás Frías. “Somos corresponsables del enriquecimiento de Europa y de los inicios del capitalismo, pero hoy en día no tenemos los recursos para salvar nuestra montaña”, agrega en referencia al auge de la explotación de plata y estaño que vivió la ciudad desde finales del siglo XIX y hasta los años 80.

Cierre lento

Desde hace unos 15 años, la situación del Cerro Rico se ha degradado rápidamente. Entre 2009 y 2011, aparecieron los primeros hundimientos en la cúspide de la montaña. En 2014, Potosí, inscrito como sitio Unesco desde 1987, ingresó a la lista del patrimonio mundial en peligro. La respuesta, durante esos años, fue rellenar los hundimientos tanto con material seco como con hormigón aligerado, una técnica que no impidió la aparición de nuevos derrumbes. Pero a inicios de 2022 llegó la principal medida de protección: un fallo judicial que obligó a Comibol, la empresa minera pública y administradora del Cerro Rico, a cerrar todas las bocaminas arriba de la cota de 4.400 metros de altura, y a relocalizar las cooperativas mineras afectadas en otra parte de la montaña.

El proceso ha avanzado poco a poco: de las 56 bocaminas que operaban arriba de esta línea, 36 fueron cerradas a finales de 2024, diez más se clausurarán este año y las ocho últimas, en 2026. “Socialmente, es un tema muy complejo”, explica Santiago Cárdenas, ingeniero de la Comibol encargado de la migración de los mineros. “No podemos parar todo de golpe o los mineros van a quedar desempleados. Entonces esperamos que las cooperativas encuentren otro lugar que explotar para cerrar las bocaminas”.

El impacto social de la minería es evidente en Potosí. Hoy, entre 10.000 y 12.000 mineros siguen trabajando en las entrañas de la montaña, aunque la gran mayoría debajo de los 4.400 metros de altura. Su número varía en función de los precios internacionales de los metales que explotan. Pailaviri, un campamento minero situado en la base del Cerro Rico, es una verdadera colmena con un flujo constante de trabajadores subiendo o volviendo a la ciudad. Desde allí, se pueden observar mineros saliendo de las bocaminas más bajas, empujando carritos llenos de minerales, y volquetas bajando desde más arriba por la ruta principal.

Para comprender la lentitud del cierre de las bocaminas es necesario entender las dinámicas de poder del Cerro Rico. La Comibol administra la montaña, pero las cooperativas mineras que extraen el mineral tienen un peso político importante. La alianza del sector cooperativista con los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) –Evo Morales, entre 2006 y 2019, y Luis Arce, entre 2020 y 2025- ha permitido a los trabajadores acceder a altos cargos, principalmente en el Ministerio de Minería y Metalurgia. El actual líder de este ministerio, Alejandro Santos Laura, fue máximo dirigente de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras. “Lo único que les interesa [a las cooperativas], es continuar enriqueciéndose con el cerro”, crítica Llanos. “Como tienen mucho poder, frenan cualquier proceso de preservación”.

A pesar de que un derrumbe generalizado en la parte alta del cerro cambiaría el rostro de la montaña para siempre, no es el único lugar con hundimientos. La zona cercana a Pailaviri también sufre. “Vivo en esta casita desde hace más de 27 años, pero ahora está por caerse porque hay mineros trabajando abajo”, cuenta una de las 200 guardas del Cerro Rico. Son mujeres que cuidan las bocaminas y las herramientas de los mineros de potenciales robos. Con salarios muy bajos —de entre 70 y 150 dólares mensuales — y condiciones de vida muy precarias —no tienen agua corriente o a veces electricidad —, son también las primeras en verse impactadas por estos hundimientos.

Un “reloj de arena”

Por otra parte, no hay certeza de que los cierres de bocaminas acabarán con las actividades en la parte alta del Cerro Rico. “Puedes entrar en una bocamina situada a 4.300 metros de altura, y subir por dentro del cerro, porque todas las minas están interconectadas”, detalla Llanos. Es algo probable, ya que la zona prohibida es también una de las más ricas en minerales de toda la montaña. Además, si bien esta medida podría, en el mejor de los casos, frenar el deterioro de la estructura del Cerro Rico, tampoco resuelve el hecho de que la montaña está vacía.

En los tres últimos años, la Comibol ha rellenado 55 de los 146 hundimientos mediante 400.000 toneladas de desechos metalúrgicos. “Acá había un desplome de 60 metros de profundidad, indica Gregorio Socaño, ingeniero responsable del sostenimiento geológico del Cerro Rico por parte de la empresa. ”Ahora está parcialmente relleno y estamos esperando a ver si el hundimiento ha sido detenido. Si no es el caso, seguiremos rellenando”. Sin embargo, Ríos considera esta estrategia una pérdida de tiempo y recursos. “Hay que imaginar un reloj de arena: lo que vas poniendo arriba termina cayendo en la parte hueca de la montaña. Es una ilusión pensar que se puede rellenar una montaña que fue vaciada durante casi cinco siglos mediante volquetas”.

Pese a esto, decenas de camiones siguen subiendo diariamente hasta las alturas del Cerro Rico para colmar la montaña. Hasta finales del año 2024, el costo de los rellenos había alcanzado unos 3 millones de dólares. “Es una medida de emergencia, pero, por el momento, es la única que podemos financiar, reconoce Socaño. ”Es bastante difícil realizar estudios para soluciones más ambiciosas porque el cerro se está moviendo todo el tiempo y estos estudios caducan muy rápidamente".

La Facultad de Ingeniería Minera de la Universidad Tomás Frías tiene una alternativa, explica Llanos. Consiste en construir una estructura de metal y hormigón al interior de la montaña. “Esto permitiría sostener la estructura del cerro e impedir que los mineros ingresen a la parte más alta”. Es un proyecto ambicioso y costoso. “Estimamos que serían unos 3,5 millones de dólares que no tenemos, pero, por el momento, nadie propone otra alternativa”, insiste.

La cúspide de Cerro Rico ofrece una vista muy sorprendente. Dos enormes cráteres, de varias decenas de metros, ocupan la mayoría del espacio. De la pequeña caseta que hace un año seguía de pie, solo queda una pared. El resto se lo comió uno de los dos hundimientos. Es un paisaje que entristece a Llanos: “La preservación del cerro no avanza, y creo que las próximas generaciones de potosinos y de bolivianos nos juzgarán con mucha dureza cuando vean cómo hemos fallado en proteger este símbolo nacional.“

2.8.25

La montaña del “vale un Potosí” corre riesgo de desaparecer

Vía El País / Planeta Futuro. 

Un reportero boliviano, acogido en España temporalmente, relata el riesgo que corre por denunciar las tropelías contra el Cerro Rico, uno de los yacimientos de plata más grandes del mundo 

Por Juan José Toro / Madrid - 23 FEB 2021 - 20:10 CLST

 

Cerro de Potosí. Grabado en madera, del libro Crónica del Perú, 1552, de Pedro Cieza de León.
 

Imagínense despertar cada mañana, abrir la ventana y encontrarse como fondo con un enorme cerro triangular, como si hubiera sido dibujado para darle mayor misterio a un paisaje enclavado en las rocas de la cordillera de los Andes. En un tiempo, ese cerro era un cono perfecto, pero comenzó a ser explotado por los españoles en 1545 y, desde entonces, su forma ha variado. Sin embargo, los cambios dramáticos no son de los tiempos en los que España había instalado sus reales en estas tierras, no… El cerro ha modificado su forma en los últimos años.

Se trata del Cerro Rico de Potosí, el yacimiento de plata más grande del mundo y de la historia, aquel que prodigó metal en tales cantidades que, cuando comenzó a llegar a Sevilla, los españoles no sabían dónde más guardarla, porque todos sus posibles almacenes se habían llenado.

Los potosinos sabemos que, gracias a esa plata, Felipe II pudo consolidar el imperio español y, en gratitud, le otorgó su escudo a la ciudad. Y sabemos, también, que el Cerro Rico es objeto de una explotación desmedida, incontrolada e ilegal que, en pocos años, ha provocado hundimientos y modificado su estructura morfológica.


Patrimonio mundial

El 11 de diciembre de 1987, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco inscribió a Potosí en la lista del patrimonio de la humanidad que merece ser protegido y, en su caso, restaurado, por ser el testimonio físico de un pasado y aporte extraordinarios para el planeta.

El Cerro Rico de Potosí, cuya plata forjó imperios, fue una de las razones para la inscripción. Desde entonces, el Estado boliviano debería de haber desarrollado planes, programas y proyectos destinados a su conservación y a la del complejo sistema industrial que los españoles construyeron en Potosí en el siglo XVI.

Sin embargo, lo único que hizo Bolivia, como Estado, fue aprobar un reglamento que prohíbe las operaciones mineras en la cúspide del cerro. La norma no se aplica y, por el contrario, era vulnerada con la directa complicidad del Gobierno a través de la entidad que debería controlar la explotación de minerales, la Corporación Minera de Bolivia (Comibol).

La explotación desmedida y los hundimientos llamaron la atención de la Unesco, cuyo Comité del Patrimonio Mundial, reunido en Doha en junio de 2014, decidió incluir a Potosí en la lista del patrimonio en riesgo.


Complicidad estatal

Los potosinos sabemos que existe una explotación desmedida del Cerro Rico porque esta se produce ante nuestros ojos, ahí en la montaña, que puede ser vista desde cualquier parte de la ciudad. Lo que no sabíamos es cómo se legalizaban esas labores ilegales. Averiguarlo demandó una investigación paciente porque lo primero que se encontró es hermetismo.
 

"Conseguir información no era fácil y representaba provocar a la Corporación Minera de Bolivia. Su reacción fue casi inmediata porque llegaron hasta a dinamitar la puerta del diario El Potosí."

En Bolivia, las minas no son explotadas por el Estado desde 1985. El Gobierno las ha cedido en arrendamiento a unas organizaciones de mineros que, formalmente, se presentan como cooperativas que emplean a por lo menos 10.000 obreros. Esa, o más, es la cantidad de familias que dependen directamente de la explotación de minerales en el Cerro Rico. Si a eso sumamos la compra de servicios, entenderemos que los dirigentes de las denominadas cooperativas mineras son personas con un poder económico que se refleja en lo político. Llegaron al extremo de ser ellos quienes nombraron ministros de minería y a las autoridades de la Comibol.

Debido a ello, conseguir información no era fácil y representaba provocarlos. Su reacción fue casi inmediata porque llegaron hasta a dinamitar la puerta del diario El Potosí, que es el medio donde trabajo y el que ha publicado todas las notas referidas a los hundimientos.

Corrupción y crimen

Para explotar el Cerro Rico de Potosí es necesario obtener una autorización de la Comibol, que es extendida mediante un formulario que se llama tornaguía. En el procedimiento formal, la tornaguía se emite luego de que un operador minero ha solicitado permiso para realizar operaciones mineras en el yacimiento. La Comibol debería verificar que los trabajos no se realicen en la zona prohibida y recién extender la tornaguía, pero lo que ocurría hasta el año pasado es que el gerente regional de la corporación, Richard Arancibia, emitía esos formularios a su libre albedrío.

En la investigación que realicé sobre ese tema, confirmé además que Arancibia era empleado a sueldo de la Federación Departamental de Cooperativas Mineras de Potosí. Tenía esa condición hasta que los dirigentes hicieron que se lo nombre gerente regional. Se había puesto al gato a cuidar la carne.

Mis publicaciones eran cada vez más incómodas, así que los dirigentes de las cooperativas pasaron de las amenazas a los hechos. Una madrugada que me dirigía a la radio Kollasuyo para emitir mi programa periodístico, fui atacado por dos desconocidos que me dieron una paliza a dos cuadras de la plaza principal, allí donde está la oficina central de la Policía.

Como las publicaciones no cesaron, hubo una nueva paliza, en septiembre del año pasado. En esa ocasión estaba subiendo hasta la cúspide del Cerro Rico con dirigentes del comité cívico y voluntarios en la defensa del cerro. A solo unos metros de la cumbre, nos emboscaron centenares de mineros. No nos dejaban pasar y, cuando comencé a filmar lo que pasaba, me atacaron a golpes. Calculo que fui golpeado por unas cuarenta personas y, si no me mataron, es porque había demasiados testigos. Arancibia, que nos acompañaba en la inspección, pareció coordinar el ataque cuando habló con los mineros.


Patrimonio en riesgo

En un dibujo publicado en Sevilla en marzo de 1553, en la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León, se puede ver al Cerro Rico como una punta de lanza que perfora el cielo. A sus pies está la ciudad que fue el monedero del mundo en el siglo XVI, la que forjó el imperio español.

Imagínense despertarse una mañana, abrir la ventana y encontrarse que ya no está, que se ha hundido, que se ha venido abajo. Desmoronado.

Tras haber sido atacado por la gente azuzada por los dirigentes de las cooperativas mineras de Potosí, me acogí a la organización Reporteros Sin Fronteras, que me trajo por tres meses a Madrid, para alejarme del lugar de tensión.

Aquí encontré que la memoria histórica de España respecto a Potosí prácticamente se ha perdido. La mayoría de los españoles con los que hablé ya no sabe qué. Conocen, porque “los mayores la pronuncian”, que hay una frase que dice “vale un Potosí” para referirse a una riqueza extraordinaria.

Potosí no solo es la ciudad… Potosí es el Cerro Rico, porque ese es su nombre. Y está en riesgo de desaparecer. He venido a España a pedir ayuda para evitarlo.

Juan José Toro Montoya es escritor, periodista y abogado. Actualmente trabaja en el Diario El Potosí, de Bolivia.

16.2.25

¿Cambiará la imagen de Liceo Politécnico de Iquique?

A mediados de noviembre de 2024, el arquitecto Rodrigo Fuentealba me compartió su preocupación por los cambios que se aplicarían al emblemático edificio del Liceo Politécnico de Iquique. La pregunta es si realmente se harán efectivos con la aprobación en estos días del nuevo plan regulador que incluye inmuebles de conservación histórica y al parecer este edificio está entre ellos.

La imagen difundida del proyecto muestra el reconocido acceso son cambios notorios, mientras que las fachadas laterales reciben algun tipo de tratamiento que las modifica sustancialmente.

Veamos una noticia sobre los cambios planeados:

CORE de Tarapacá aprueba $4.300 millones para mejorar infraestructura del Liceo Politécnico de Iquique

Vía Radio Paulina, 15.11.2024.

En su última sesión, el Consejo Regional de Tarapacá aprobó $4.338.891.000 provenientes del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) para financiar un innovador proyecto de conservación en el Liceo Politécnico José Gutiérrez de la Fuente.

La iniciativa beneficiará a 1.328 estudiantes de jornadas diurna y vespertina, incluyendo el Liceo Técnico Profesional de Adultos que opera en el mismo establecimiento.

Este Plan de Infraestructura Educacional es resultado de una colaboración entre el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Iquique, el Gobierno Regional de Tarapacá, la Seremi de Educación y el Centro Acelerador de Proyectos Regionales Tara-Paka, con el propósito de mejorar la infraestructura de los 40 establecimientos educativos y jardines infantiles públicos pertenecientes al SLEP.

El director ejecutivo del SLEP Iquique, Najle Majluf Morales, expresó su satisfacción por la aprobación de los recursos, destacando la colaboración con el Gobernador José Miguel Carvajal y el Mineduc para cumplir con las normas de construcción y brindar espacios seguros.

Por su parte, la directora del liceo, Ingrid Cofré Castro, valoró el impacto positivo del proyecto para mejorar las condiciones de aprendizaje.

El proyecto incluye una renovación integral de la infraestructura, que abarca desde pintura, baños y pisos hasta canchas, patios, cubiertas, sistema eléctrico, áreas verdes y espacios interiores.

Además, el Consejo Regional aprobó $640 millones para mejoras en los jardines infantiles SLEP Arumanti y Carita de Sol de Alto Hospicio, sumando una inversión total de $4.938.891.000 para estos proyectos educativos en la región.

 

15.9.20

México aún no encuentra al ladrón de su historia [o el saqueo del Archivo General de la Nación]

 Vía El País.

El Archivo General del país demanda penalmente a una casa de subastas para frenar el saqueo de documentos históricos

El 4 de octubre de 1810, casi dos semanas después de que el cura Miguel Hidalgo y Costilla llamó al grito de independencia de México, el heroico sacerdote ya se sentía invencible. Su ejército había logrado controlar lugares clave como Guanajuato y, en medio de los combates, decidió escribir una carta a uno de sus aliados secretos en el ejército realista, el coronel Narciso de la Canal. "Puse particular cuidado en no mezclar ni que se nombrara a usted en nuestros movimientos, temeroso de que si el éxito no correspondía a los santos deseos de que estábamos animados, quedase usted envuelto en nuestras mismas desgracias'', escribió el cura en su corta carta escrita a mano. “Ahora que las cosas han tomado un aspecto demasiado favorable, no temo convidar a usted a que uniendo sus poderosos influjos, participe de las glorias del libertador de nuestra Patria”.

El plan no salió como esperaba: el coronel no se alió a la lucha de los guerreros y, después de varias derrotas, el cura Hidalgo terminó fusilado y decapitado por sus enemigos. Pero la corta carta es un testimonio breve de la esperanza independentista que Miguel Hidalgo despertó en 1810, un pequeño tesoro de la emoción revolucionaria que se celebra cada septiembre en México.

El país se independizó después de varias guerras y, 210 años después, la carta de Hidalgo ha vuelto a tomar relevancia entre los amantes de la historia. La casa de subastas Morton, la más grande del país, la incluyó esta semana en una de sus catálogos especiales, en el que subastaba 252 documentos y objetos de la independencia. Tenía previsto ofrecer la carta de Hidalgo el martes, por un precio entre 110.000 y 130.000 pesos mexicanos (entre 4.000 y 5.000 euros). El precio de salida del fervor revolucionario.

“Estamos intrigados sobre el origen de dichos documento", le escribieron un día antes de la subasta nueve historiadores mexicanos al director del Archivo General de la Nación (AGN), Carlos Ruiz Abreu. Aseguran que la copia de la carta de Hidalgo debería estar previamente, de acuerdo a sus fuentes, en el Archivo General. Además, otro de los manuscritos ofertados en la misma subasta —una carta de 1814 del comandante José María Morelos pidiendo formar una Academia Militar para profesionalizar a los revolucionarios— no se conocía entre los historiadores. “Nos parece que por ser un asunto de interés público sería importante que el Archivo que usted dirige señale si se han cumplido los requisitos legales para esa venta”, escribieron. Le recordaron que una ley del 2018 le exige a las casas de subastas notificar previamente la venta de este tipo de documentos, y suponían que Morton no había cumplido con el requerimiento.

Tras recibir la carta, en menos de 24 horas, Ruiz Abreu decidió demandar penalmente a la casa de subastas ante la Fiscalía. El Archivo alega “la probable comercialización de Patrimonio Documental de la Nación” en 75 de los 252 objetos ofertados en la subasta del martes. Morton no informó al Archivo de esta venta, dice la denuncia, y “en caso de omitirse dicha notificación, el AGN podrá anular la transacción o, en su caso, solicitar la expropiación de dichos documentos”.

A pesar de la amenaza penal horas antes de la subasta, Morton no la canceló. Pero al llegar al lote 77, la carta de Hidalgo, el subastador anunció a los compradores que el lote “estaba retirado”, y siguió con la subasta sin más explicación. Ningún otro lote, sobre todo no los otros 74 que le preocupan al Archivo General, fue retirado. La carta firmada por el comandante José María Morelos que los historiadores esperaban preservar, fue descrita por el subastador como uno de “los lotes más importantes” ese día. Se vendió por 80.000 pesos mexicanos, unos 3.300 euros, a un anónimo: “La paleta 437”.

 Vista de la carta de Miguel Hidalgo al Sr. Coronel Narciso de la Canal, como invitación a formar parte del movimiento armado.

Un robo histórico

Alfredo Ávila, uno de los nueve historiadores que escribieron a Ruiz Abreu, aún no está seguro de que la carta de Hidalgo haya sido robada del Archivo General de la Nación, ni que se trate de la carta original escrita por el sacerdote. “Miguel Hidalgo no tenía esa letra”, explica Ávila. Podría ser una copia escrita por un tercero, pero esto no la haría menos valiosa. “Nunca nadie ha visto esta carta original, y si fuera la única copia manuscrita, tendría valor, por supuesto”.

Los historiadores de México saben que, desde hace décadas, varias casas de subastas han ofrecido cientos de documentos que estaban previamente en el Archivo General de la Nación, el más grande de toda América Latina. “Los saqueos son muy cotidianos,” dice Ávila. “Nosotros nos enteramos cuando hay ventas públicas, pero el tráfico en general se da entre los conocedores de subastas”.

"Sí es un terreno muy fértil, el del tráfico ilícito, y es un terreno en el que no hemos agarrado al toro por los cuernos'', admite Marco Palofox, director de asuntos jurídicos del Archivo General de la Nación, quien dice no tener claro cuál es la mejor estrategia para detener el tráfico, ni quién en el Archivo hubiera podido robar documentos. “No se ha emitido ninguna resolución en la que se imponga una sanción administrativa o penal por la sustracción de los documentos”, dice, con palabras legales, lo que se podría decir de forma más sencilla: no han encontrado aún al ladrón (o ladrones, que hacen los que los historiadores llaman “el robo hormiga”).

Rastrear el tamaño de este robo histórico es difícil por tres razones. Primero, porque pocas casas de subasta hacen públicos los objetos para la venta en sus páginas web, y los historiadores no tienen el músculo investigativo para vigilar lo que ofrecen todas las subastas del mundo. Segundo, porque aunque muchos de los archivos de México se han digitalizado o microfilmado, más del 60% de los documentos no están registrados en un catálogo (están guardados, en el Archivo General, en instituciones públicas municipales, o archivos de las iglesias del país). Para probar que un documento fue robado, primero se tendría que demostrar que estaba previamente en esos archivos públicos. Tercero, porque las casas de subasta no están en la obligación de revelar quién es el vendedor, y eso impide también rastrear a un posible ladrón.

A pesar de esos tres obstáculos, la poca digitalización sí ha permitido identificar algunos saqueos. Por ejemplo, en abril del año pasado, la Galería Swann de Nueva York vendió por 6.750 dólares (unos 5.700 euros) un decreto, de 1540, en el que la corona española le exigía al conquistador Hernán Cortés devolver 8.000 pesos para una exploración que nunca se realizó. Ese mismo manuscrito (con la misma caligrafía y los mismos defectos en la página) había sido consultado y fotografiado por una investigadora en el Archivo General de la Nación en 2010.

En la misma subasta, Swann también vendió por 12.500 dólares (10.500 euros) un decreto del rey español en el que pide proteger los bienes de Cortés. Este segundo documento también se había encontrado en el Archivo General. En nueve años, de alguna forma, los dos decretos salieron del Archivo y lograron volar hasta una galería neoyorquina. La Galería Swann no es la única casa de subastas internacional que ha ofrecido documentos que historiadores mexicanos ya habían visto anteriormente en el Archivo. La casa de subastas Christie 's, por ejemplo, vendió en 2017 y 2019 cartas firmadas por Hernán Cortés que provenían del mismo sector del archivo que los dos vendidos por Swann.

“No estoy seguro quién fue [el responsable del robo]”, explica a El PAÍS Michel Oudijk, filólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México. “Pero tiene que ser alguien del Archivo. Los investigadores sabemos que nos es imposible sacar un documento porque en el Archivo te revisan cuando entras y sales; dejas tu bolsa en una caja fuerte, y si tienes hojas, solo pueden ser de media cuartilla. Hasta tienes que abrir tu ordenador portátil para demostrar que no llevas papeles ahí”.

Oudijk, quien se especializa en el periodo colonial de México, es uno de los pocos que han hecho una base de datos con los objetos coloniales que la Casa de Subastas Morton ha ofrecido a sus compradores desde el 2008: más de 3.000 documentos, impresos o manuscritos, entre los cuales se encuentran, por ejemplo, escrituras para la venta de esclavos, cartas al Papa, o planos de Ciudad de México del siglo XVIII. “En el caso de Morton específicamente, lo que han ofrecido, cuando ves estos números, es asombroso,” dice Oudijk. El PAÍS solicitó una entrevista con la casa de subastas Morton, pero no obtuvo respuesta.

Desde el 2014, Oudijk también ha identificado más de 80 documentos importantes de la historia indígena de México que se han ofrecido en las oficinas neoyorquinas de la galería Swann, desde Colección de 10 testamentos en Nahualt hasta Reglas de ortografía, diccionario y arte del idioma Othomi. “Mi trabajo no es ser detective de documentos,” dice Oudijk, aclarando que le sería imposible saber si todos estos documentos fueron robados, porque tendría que confirmar si estaban previamente en un catálogo del archivo. “Pero, algunos sí lo fueron. Otros se roban en las iglesias de los pueblos, y luego se venden. Es un problema muy grave, porque el patrimonio cultural no está protegido”.

¿Cómo detener el saqueo?

La estrategia principal para defender estos documentos, hasta ahora, ha sido esperar que un historiador corra la suerte de encontrarse con un catálogo de subasta, que ese historiador identifique allí documentos que ya ha leído previamente en el Archivo General, y que ese historiador logre llamar a tiempo a las autoridades para que intenten detener la venta del archivo. Una estrategia precaria, que ha funcionado en unos pocos casos.

En julio de este año, por ejemplo, el investigador Javier Eduardo Ramírez identificó unos manuscritos de los siglos XVIII y XIX, sustraídos ilegalmente del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y puestos en venta por la Casa de Subastas Morton. Ramírez descubrió que los manuscritos habían sido microfilmados en 1961, y alertó al Instituto Nacional de Antropología e Historia y a la casa de subastas, que decidió retirar voluntariamente los documentos del mercado. "Es bueno que ahora el Archivo tome cartas en el asunto'', opina Ramírez, al discutir la demanda esta semana contra Morton.

La demanda contra la Casa de Subastas Morton, sin embargo, fue un esfuerzo nuevo para detener el saqueo de documentos históricos sin enfocarse en el robo en sí, sino pidiendo al intermediario (la casa de subastas) que se haga responsable y los consulte antes de la venta de un documento. Esta consulta ha sido prácticamente inexistente hasta ahora, a pesar de que es una obligación de acuerdo a la ley mexicana de Archivos. “No hay antecedentes de que el Archivo General haya observado o puesto atención en los procesos, o que haya incentivado que los particulares que quieran vender tengan que cumplir con ese proceso”, asegura David Vásquez, el presidente del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. “Queremos que exista un respeto a esta norma”.

Marco Palofox y sus colegas en el Archivo General intentaron identificar, en menos de 24 horas, todos los manuscritos en el catálogo de Morton que superficialmente podrían ser considerados fundamentales para el patrimonio de documentos: “Si es original o no es original, quién lo firmó, o si tiene que ver con la historia de México o no”. El abogado admite que él no tiene “la capacidad operativa” para saber si esos 75 documentos que identificaron en la subasta del martes son robados o no. "No tenemos ni idea qué falta en el Archivo General de la Nación'', dice. Pero en estos 75 casos consideran que “por su rareza o importancia para la historia mexicana” deberían ser conservados en el país.

"El propósito de la denuncia es enviar un mensaje contundente a los actores involucrados en la comercialización del patrimonio documental de la nación'', explicó el director del Archivo, Ruiz Abreu, en una entrevista de radio. Pero además de la demanda, aseguró estar comprometido con conocer “la magnitud de este saqueo” y frenar al “personal coludido, el personal del mismo Archivo, con los que han cortado con una perfección extraordinaria los documentos”.

Ruiz Abreu dice que muchos de los documentos que se vieron en Swann y Christie’s fueron cortados con navajas, de forma muy precisa, para no revelar que eran parte de libros más grandes guardados en los archivos de la demanda. Pero no hay robo histórico que se frene solo con una acción legal, o archivo que se proteja con solo un pequeño grupo de historiadores vigilando las subastas internacionales. Al final, el pecado original, solo se sana si se logra frenar al ladrón. Por ahora, el Archivo General sigue buscándolo.

23.6.20

Historia y decadencia de la Universidad de Venezuela, el monumento que ha sobrevivido a todo menos al régimen de Maduro

Vía El País.

La Ciudad Universitaria de Caracas, del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, fue declarada Patrimonio de Humanidad en el año 2000. A pesar de ello, la falta de mantenimiento de los últimos años ya le pasa factura


universidad venezuela patrimonio
A la izquierda, el Aula Magna con los móviles de Alexander Calder, diseñados para mejorar la acústica de la sala. A la derecha, uno de los pasillos cubiertos de hormigón armado diseñados por Carlos Raúl Villanueva, en una foto tomada la semana pasada. | Getty / Whatsapp
 
"No sirvió de nada declararlo patrimonio". Paulina Villanueva, hija del arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900-1975), autor del campus de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, no podía creerlo cuando al abrir un nuevo mensaje en su móvil se encontró con las imágenes del hundimiento de una de las piezas más singulares de la obra de su padre, un corredor cubierto de hormigón armado, dentro de un conjunto que la Unesco considera "una obra maestra del urbanismo, la arquitectura y el arte" y un "ejemplo sobresaliente" de los ideales del movimiento moderno.
Paulina atiende la videollamada de ICON Design desde Nueva York, donde se quedó bloqueada cuando se declaró la pandemia de covid-19. Varios factores fatales han confluido para que esta pasarela haya acabado venciendo: "El cerco económico del gobierno de Maduro a las universidades, que se han quedado prácticamente sin recursos, ha coincidido con las lluvias torrenciales que han caído en los últimos días en Caracas". Todo ello en plena cuarentena por el coronavirus, "que ha hecho que la universidad se haya quedado vacía varios meses".

La obra del diablo

La Ciudad Universitaria de Caracas (1940-1060) es la obra de una vida: cerca de 40 edificios se distribuyen en 200 hectáreas cuatro zonas: el hospital universitario (que el artista moderno Mateo Manaure revistió con un mural policromado), el conjunto central (en el que se ubican el aula magna y el rectorado), la ciudad deportiva y las facultades, entre las que destaca la de Arquitectura. "A principios de los años cincuenta comenzó a trabajar en el conjunto central, que ya no es como los edificios estucados de blanco de la primera etapa, sino un despliegue de formas de hormigón armado a la vista, muy audaces, que ejecutó con ingenieros e integrando las artes", explica María Fernanda Jaua, arquitecta venezolana licenciada por la facultad de Arquitectura en esta universidad y ahora residente en Madrid.


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El pasillo de hormigón armado y acero que se ha hundido estos días en una imagen de 1959. | Getty

Todos quedan unidos en un entramado de pasillos cubiertos, un ejemplo extraordinario de la adaptación de la arquitectura al entorno. "Villanueva tuvo la posibilidad de llevar a la realidad los ideales de la arquitectura moderna de principios del s. XX, pero a la vez tuvo en consideración el lugar, de clima tropical", señala Jaua.


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Vista general de la Ciudad Universitaria de Caracas. A la derecha, el edificio rojo de la Biblioteca, que forma parte del conjunto central. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

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Vista del conjunto central con el rectorado a la izquierda, el aula magna en el centro y la biblioteca a la derecha. | Fundación Villanueva

"Para la protección del sol y del calor [con sombras y ventilación]", continúa, "se inspiró en la arquitectura colonial española, sin copiarla, con elementos como celosías, corredores, espacios abiertos e intermedios entre exterior e interior. Estos pasillos son casi un kilómetro y medio de distintas estructuras que unen los edificios para caminar entre ellos protegido del sol". En ellos, Villanueva tuvo la ocasión de experimentar con el hormigón armado y el acero, junto a los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti.

"El corredor que se ha caído", explica Jaua, "tiene las columnas a un lado para dejar abiertas las vistas al jardín central al que da el aula magna. Es un pasillo ondulado que se llena de agua y de hojas y, si no lo limpias, el peso termina afectando a la estructura".


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La plaza cubierta de la ciudad universitaria es una síntesis de la arquitectura moderna y de elementos propios de las construcciones coloniales, como la generación de sombras y ventilación. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

Además, decenas de obras de arte se distribuyen por toda la ciudad, integradas en la vida cotidiana; una "síntesis de las artes" –una idea que le Le Corbusier trabajó durante toda su vida– , en la que participó un importante grupo de creadores de vanguardia, como el estadounidense Alexander Calder o el francés Fernand Léger. El diseño incluye desde el paisajismo, con especies autóctonas de hoja verde, hasta las manillas de las puertas y por supuesto los muebles.

"Cuando mi padre fue a presentarle el proyecto a Alexander Calder para pedirle que participara, él le respondió: 'Villanueva, eso es demasiado ambicioso, esto no lo puede construir un hombre. Si llega a construirlo es porque es usted el diablo". Terminado el conjunto Calder se presentó en Caracas con una silla negra con alas de mariposa que había hecho para el arquitecto: "Es la silla del diablo", le dijo. Ahora se encuentra en el jardín de la casa Caoma, la residencia de Villanueva en Caracas.


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Alexander Calder, de pie, con Carlos Raúl Villanueva en la silla del diablo. | Fundación Villanueva

Un funcionario lo suficientemente loco

Pero tan milagroso como el proyecto es el hecho de que Villanueva lograra llevarlo a cabo sin interferencias, desde un despacho en el Ministerio de Obras Públicas, y pasando por gobiernos de todos los signos, golpes de estado, presidentes asesinados y dictaduras. "Solo en una ocasión recibió la visita el general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958)", cuenta Paulina Villanueva, también arquitecta y directora de la Fundación Villanueva, que lleva décadas velando por preservar la integridad de la obra.


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El arquitecto posa bajo los móviles de Calder en el aula magna de la Universidad Central de Venezuela. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

"Le fueron con el chisme de que el arquitecto de la Ciudad Universitaria estaba haciendo una cosa loca en el aula magna con un artista, Calder, que estaba chalado. Pérez Jiménez se acercó y le preguntó qué era aquello que había por el suelo. Allí estaban las nubes de Calder por el suelo. Y mi padre le dio la respuesta que había que darle: 'Esto, general, es funcional".

Los móviles de Calder que pueblan el auditorio como platillos flotantes de formas y colores irradian las ondas acústicas del espacio, pero son a la vez la guinda de una síntesis de las artes que se compone de un total de 107 obras de 24 artistas plásticos, entre murales y esculturas.


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El rectorado y la biblioteca vistos desde uno de los corredores cubiertos, en 1959. | Getty

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El edificio de la Facultad de Arquitectura fotografiado en 2016. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

No es que el general Pérez Jiménez compartiera los ideales del movimiento moderno. "La dictadura militar venezolana quería celebrar en la universidad la X Conferencia Iberoamericana en 1954, con mandatarios de todos los países, y quería mostrarse al mundo con lo que sabía que el mundo valoraba en aquel momento", cuenta Paulina Villanueva. "Así que durante al menos el tiempo hasta que se celebró la cumbre, hubo recursos de sobra para ejecutar el proyecto".

Para cuando el dinero se acabó la Ciudad Universitaria estaba prácticamente completada, al menos a ojos profanos. Para Villanueva, la arquitectura estaba viva y debía ir creciendo y adaptándose con el paso del tiempo y el cambio de usos. Costó más convencer a algunos artistas para que participasen en un proyecto financiado por una dictadura, que a la propia dictadura de las bondades del arte. En el caso de algunos creadores venezolanos, como Jesús Soto, la negativa "era comprensible", dice Jaua, no querían vincularse con el gobierno militar.


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Parte trasera del aula magna en 2016. Al fondo el edificio de la biblioteca central. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

Otros, como Miró, simplemente estaban en plena fertilidad creativa, con demasiado trabajo para atender ningún nuevo encargo. En general, los europeos de izquierdas comprendieron que era más trascendente el proyecto en sí mismo que el origen del dinero. "La dictadura va a pasar, pero la obra va a quedar", dijo Fernand Léger, criticado por contribuir al conjunto, en 1954, con un vitral ubicado en el edificio de la biblioteca central.

¿Por qué no podemos cultivar rosas?

La permanencia, en cambio, ha sido un caballo de batalla que ha habido que sacar casi a diario desde que Villanueva falleció a causa del Párkinson. Su hija puede contar cada una de las veces que ha tenido que frenar los impulsos creativos de rectores, profesor y alumnos, afear la dejadez de las administraciones públicas y universitarias en el mantenimiento o bajar los brazos ante cambios irreparables.


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El reloj de la entrada a la Ciudad Universitaria, también de hormigón, fue llevado a cabo por los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti, los mismos que desarrollaron los corredores cubiertos. | Julio César Mesa (@juliotavolo)

"Un día, en una reunión de alguna de las comisiones de conservación que ha habido en la universidad, llegó la solicitud de un decano que quería plantar rosales. Le dijimos que no y el decano se indignó con nosotros, y de paso el rector se indignó también con nosotros. Tuvimos que explicarle que el diseño no se reducía a los edificios, sino que era un proyecto integral, del que formaban parte también los espacios, los pasillos y los jardines: chaguaramos, palmas, vegetación verde, así eran los jardines de mi padre", cuenta. "Todo el mobiliario del aula magna era una preciosidad y lo cambiaron por unos muebles nuevos de un mal gusto horrible. Un rector decidió que a mi papá le faltaron pasillos y acordó construir unos nuevos que no tienen nada que ver con el proyecto".


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Detalle del museo al aire libre en la plaza central de la Ciudad Universitaria. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

Con todo, se consiguieron mantener la integridad y autenticidad del diseño de Villanueva, condiciones indispensables para que la Unesco llegase a declararlo Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Villanueva. En vista de las dificultades cotidianas para que aún hoy se comprenda la importancia de preservar la Ciudad Universitaria, cuesta imaginar cómo el arquitecto consiguió salirse con la suya durante dos décadas.


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Edificio del rectorado. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva

Quizá fue por esa habilidad para dar la respuesta idónea o quizá por su manejo precario del español. De padre venezolano, Villanueva nació y se educó en Francia, primero en el Liceo Condorcet y luego en la Escuela de Bellas Artes de París. Fuera de la academia se vinculó con las vanguardias de aquel París efervescente. Y conquistó a la que luego fue su mujer, una venezolana que, según bromeaba, se había casado con él "porque hablaba perfectamente francés", cuenta Paulina.

Ya en Venezuela, regresó a París en 1937 porque había hecho el pabellón de Venezuela para la exposición universal, en la que España presentó el pabellón de la República. "Mi mamá decía que se pasaba el tiempo allí con Sert, que en el venezolano estaba menos interesante. Allí conoció también a Miró". Los recuerdos que Paulina Villanueva tiene de su padre trabajando comienzan cuando él estaba enfrascado con la ejecución del conjunto central de la Universidad. "Era como un sacerdote de la arquitectura: trabajaba de ocho de la mañana a 12 del mediodía y de dos a seis de la tarde, y cuando llegaba la hora cerraba".


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El Hospital universitario es el principal de los edificios de la primera etapa, estucados en blanco y con líneas más clásicas. | Getty




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
[Colores originales colocados por el artista Mateo Manaure al Hospital Universitario de Caracas.]

Sorprende que consiguiera así, sin nocturnidad ni arrebatos de genio excéntrico, no solo levantar la Ciudad Universitaria, sino combinar el proyecto con sus clases de Proyectos y de Historia de la Arquitectura y con su trabajo en el Banco Obrero, a través del que hizo un buen número de edificios de viviendas sociales, como El Silencio o 23 de enero.


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Dos estudiantes posan en 1959 en un panel de azulejos ubicado en la plaza central. | Getty

"Arreglarse se va a arreglar"

Mientras esos edificios no tienen problemas de mantenimiento, el estado actual de la universidad es, en palabras de Paulina Villanueva, triste. "Sobrevive gracias a la dedicación de muchas personas [afines al proyecto] que quedan trabajando allí. Cada vez que pasa el tiempo y no se hacen los trabajos de mantenimiento la ciudad universitaria se deteriora. Y ahora con la pandemia la universidad ha estado sola varios meses", lamenta. "El concreto no es como la piedra, no es eterno. El estado de ese pasillo ya era delicado desde hace bastante tiempo. Se hizo un diagnóstico y luego no se realizó el mantenimiento que se debía: los drenajes estaban tapados y había que arreglar la impermeabilización. Ahora, los soportes de acero están dañados".

Aunque reconoce que hace falta un informe de peritaje para saber si se va a poder salvar o si habrá que demoler la estructura para volverla a construir, Paulina no pierde la fe en el diablo: "Arreglarse se va a arreglar; hay que tratar de hacerlo de la mejor forma posible y con las personas adecuadas, buenos ingenieros".

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La Sala de Conciertos con un mural del artista moderno venezolano Mateo Manaure. | Paolo Gasparini / Fundación Villanueva