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28.2.25

El hospital y el monumento

Vía El País.

Ante las actitudes hostiles del Gobierno mexicano, quiero proponer un acto de reciprocidad entre México y España que no pasa por la política sino por la sociedad.

Enrique Krauze / 28 FEB 2025 - 01:00 CLST

México y España no necesitan reconciliarse: los lazos entre sus pueblos son estrechos e indisolubles. Sin embargo, ante las actitudes hostiles (para mí incomprensibles, inadmisibles) del Gobierno mexicano, quiero proponer un acto de reciprocidad histórica que no pasa por la política sino por la sociedad. Una doble iniciativa que, en mi opinión, honraría a ambas naciones.

Hospital de Jesús en Ciudad de México. Fuente: Google Maps.

La primera iniciativa estaría a cargo de empresarios mexicanos. Consistiría en salvar al Hospital de Jesús que en el quinto centenario de su fundación pasa por un momento difícil en el que requiere de una inversión de cerca de 200 millones de pesos para restaurar la infraestructura: salas, quirófano, equipos de anestesia y resonancia, etc. El hospital, hay que recordarlo, es el más antiguo de América y desde su origen atendió sin distinción a indios y españoles.

Hace unos años recorrí sus recintos. Tras la fachada funcionalista, el visitante se encuentra de pronto con el “Hospital de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno” (su nombre original), fundado por Hernán Cortés en 1524, a un lado del sitio en que se reunió por primera vez con Moctezuma. Están ahí los dos patios intactos del siglo XVI con sus sólidas arcadas. Adornan los muros frisos que combinan la Pasión de Cristo con guirnaldas, flores y escudos. Al pie de la escalinata se encuentra el escudo de Cortés y su busto, copia del que Tolsá esculpió en 1794 para su cenotafio, hoy desaparecido. Un rico artesonado cubre el techo de sus oficinas, donde se resguardan los retratos del fundador. En el siglo XIX estuvo bajo el cuidado del historiador conservador Lucas Alamán, quien en 1823 escondió los restos del conquistador en un lugar secreto para evitar que sus malquerientes los quemaran.

El espíritu todo del lugar produce la impresión de que los siglos han pasado y, a la vez, permanecen. Al mismo tiempo, hay una continuidad conmovedora y sorprendente en su función. Unos médicos del hospital me recibieron con toda cortesía. Con gran dignidad, me hablaron entonces de su labor: “Somos pocos los doctores, hay en este momento 43 pacientes, hacemos dos cirugías al día y dependemos únicamente de una junta privada”. Esa labor debe seguir. Salvando al hospital, asegurando su modesta continuidad, la iniciativa habrá honrado la mejor faceta de Cortés.

Tocaría el corazón español.

La segunda iniciativa estaría a cargo de empresarios españoles. Se trataría de erigir en alguna ciudad española un monumento a Cuauhtémoc. Es también un momento oportuno, pues el 28 de febrero se cumplirán 500 años de su ejecución por órdenes de Cortés en Itzamkanac.

No hay personaje mexicano que suscite menos diferencias que Cuauhtémoc, es el héroe inapelable. Con justicia, el poeta mexicano Ramón López Velarde lo llamó el “único héroe a la altura del arte”. Los criollos novohispanos lo veneraron tempranamente, como muestra de su naciente patriotismo. Don Carlos de Sigüenza y Góngora, en el siglo XVII, lo comparó con los héroes de la Antigüedad clásica: “cosas pudiera referir de este invictísimo joven, que ya que no se antepusiesen a las que se celebran de los antiguos romanos, por lo menos se ladearán con las más aplaudidas en las naciones todas”. La saga heroica de Cuauhtémoc recorrió los siglos del virreinato. El Congreso de Chilpancingo lo invocó en septiembre de 1813. En la segunda mitad del siglo XIX, el historiador liberal Manuel Orozco y Berra se refirió a él como “el indomable caudillo de la libertad nacional”.

Monumento a Cuauhtémoc, Paseo de la Reforma, Ciudad de México. Fuente: Google Maps

Benito Juárez mandó construir un primer monumento en su honor en 1869, un discreto busto colocado en el antiguo Paseo de la Viga, en las afueras de la Ciudad de México. Hoy está en un prado en el ángulo noroeste del Zócalo en la capital. Tiempo después, en 1887, Porfirio Díaz inauguró el monumento piramidal coronado por su estatua en una glorieta del Paseo de la Reforma, obra de los arquitectos Francisco M. Jiménez y Ramón Agea, adornado con frisos de Mitla, columnas de Tula, cornisas de Uxmal, escudos, trajes de guerra y armas de combate de Tenochtitlan, y una inolvidable escena del tormento de Cuauhtémoc. El monumento sigue en pie. Es un emblema nacional.

Monumento a Cuauhtémoc, Parque do Flamengo, Rio de Janeiro. Fuente: Google Maps.

Tras la Revolución, el Gobierno de México obsequió una copia de esta estatua al pueblo de Brasil. Se colocó en un parque en Río de Janeiro. En la inauguración, en septiembre de 1922, el ministro de Educación José Vasconcelos celebró a “nuestro mayor héroe indígena, [el] héroe que está más cerca del corazón mexicano […], un héroe sublime porque prefirió sucumbir a doblegarse”.

No hay un monumento a Cuauhtémoc en España. Debería haberlo, idealmente en Extremadura o quizá en Andalucía, origen de tantos conquistadores. Pero más allá del sitio, lo importante es el valor simbólico del gesto. Sería un acto de justicia con el héroe y un reconocimiento a la grandeza de la civilización mesoamericana y a las culturas indígenas actuales de México.

Tocaría el corazón mexicano.

Concordia viene de corazón. Concordia, hermosa palabra latina que los pueblos de México y España podrían reafirmar, por encima de las veleidades y el ruido de la política.

 

1.5.21

Chiapas - Yale - Ciudad de México: el viaje de una estela maya robada

Vía El País.

La vuelta a México de una pieza arqueológica saqueada evidencia los límites de las políticas de devolución del patrimonio robado

Jon Martín Cullell / México 24 ABR 2019 - 03:48 CEST 

La estela de La Mar llega al Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México. INAH
 La última noticia que se tenía de la estela era una fotografía de 1900, tomada por un explorador italo-alemán en las selvas del sur de México. En la imagen aparece rota en cinco pedazos, grandes trozos de piedra labrada del siglo IX en los que dos dignatarios mayas, con taparrabos, penacho de plumas y collar, levantan la mirada hacia el cielo.

Algún tiempo después de aquella foto, un grupo de saqueadores limó los pedazos para luego empacarlos y venderlos fuera del país. Una esquina de la estela acabó decorando la pared del departamento de un coleccionista privado en la costa este de Estados Unidos. Hace unos tres años, el dueño supo que ese pedazo de piedra provenía en realidad de un saqueo y se comunicó con la galería de arte de la Universidad de Yale para devolverla. Este centro se demoró hasta octubre pasado para alertar a la diplomacia mexicana de la ubicación de la pieza perdida. Finalmente, el enorme trozo de piedra caliza sacada de la selva de Chiapas volvió a Ciudad de México hace poco más de una semana, en un vuelo comercial desde Nueva York. Pese al éxito de la repatriación, su retorno muestra paradójicamente los límites de la política de recuperación de patrimonio del Estado mexicano.

El regreso del fragmento supone un buen inicio de año para la recuperación de patrimonio robado, cuyos frutos en la última década han sido muy variables, según muestran los datos proporcionados por el INAH a EL PAÍS. En 2008 se restituyeron unas 900 piezas, pero en 2011 no hubo ninguna. Un año después, el número se disparó hasta superar las 5.000 y en 2013 volvió a caer en picado a algo más de una decena. “No es constante, depende del año”, explica el arqueólogo Alejandro Bautista, quien desde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha participado en estos esfuerzos. “Lograr que se restituya implica un proceso diplomático, judicial, administrativo, académico…”, justifica.

En el caso de la estela de La Mar, se ha tardado varias décadas. Los arqueólogos consultados no recuerdan una restitución tan importante desde el Bajorrelieve de Xoc, una piedra labrada de época olmeca interceptada en una casa de subastas en París y devuelta a México en 2015. Recuperar estelas, las lápidas conmemorativas que los antiguos mayas esculpían para dar testimonio de acontecimientos importantes, es una rareza. “Generalmente son figurillas o vasijas; nada tan espectacular como una estela”, asegura Bautista.

La estela de La Mar en 1900. INAH

 

El explorador Teobert Maler, fotógrafo de ocasión, pudo ser uno de los últimos en verla en su hábitat original. Después de luchar para el fugaz Imperio mexicano de Maximiliano de Habsburgo, Maler se dedicó a documentar las ruinas mayas del sur del país. En 1900 visitó el yacimiento arqueológico de La Mar, en el Estado de Chiapas, donde fotografió la estela. Algunos años después de Maler, no se sabe cuántos, llegaron los saqueadores. La primera mitad del siglo XX fue una época dorada para este gremio y rica en historias de expolio gracias a la falta de protección de los yacimientos. En este contexto, las vistosas estelas mayas fueron un botín jugoso.

El arqueólogo Alejandro Tovalín, de la oficina del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas, explica la mecánica del saqueo: “La piedra caliza es relativamente suave. Se usaba una sierra para sacar un corte de unos seis centímetros de grosor y los fragmentaban en pequeños cuadrados; muchas veces bajo pedido. Bastantes estelas fueron destruidas en ese momento”. Bien troceadas, acababan decorando los salones de coleccionistas europeos o estadounidenses, como fue el caso del Bajorrelieve el Xoc y del fragmento recuperado.

A pesar de la falta de registros de muchas de las piezas robadas, los esfuerzos de restitución han empezado a cosechar éxitos modestos en la última década. El azar y la buena voluntad han jugado un papel importante. Algunas piezas han sido recuperadas gracias a investigaciones policiales extranjeras -México tiene sendos acuerdos bilaterales en este ámbito que facilitan la devolución de las piezas robadas una vez encontradas-, pero lo más común es que los dueños o sus descendientes las devuelvan voluntariamente. “De las 42 piezas recuperadas en 2018, 38 fueron retornos voluntarios y cuatro decomisos policiales”, apunta como ejemplo Alejandro Bautista, del INAH.

Juntar los fragmentos

Hace unos tres años, un coleccionista estadounidense cuya identidad no ha trascendido se puso en contacto con la Galería de arte de la Universidad de Yale. Desde 1966 tenía en su domicilio particular una esquina de piedra labrada de 45 centímetros de ancho, 74 de largo y siete de grosor, que pertenecía a la estela fotografiada por Maler hacía más de 100 años. “Mientras consultaba unos archivos él vio la imagen y descubrió que formaba parte de una pieza mayor”, explica Laurence Kanter, el galerista que participó en la operación. “Entonces se comunicó con nosotros para pedirnos ayuda. Nos dijo que quería reunirla con los otros pedazos, pero que no sabía cómo hacerlo”.

La galería ya había ayudado a víctimas del Holocausto a recuperar obras de arte confiscadas por los nazis, pero era su primera experiencia con arte prehispánico. Y esta vez se trataba de devolver, no de recuperar. Kanter se comunicó con el Consulado de México en Nueva York, una mole grisácea en pleno Manhattan. La noticia pasó entonces del Consulado a la Secretaría de Relaciones Exteriores en la capital y, de allí, al INAH. El arqueólogo Alejandro Bautista viajó en octubre a Nueva York para hacer un primer diagnóstico y supervisar el embalaje de la pieza.

Cinco meses después de ese viaje de reconocimiento, la esquina de estela ha pisado tierra mexicana y ha sido inscrita en el Registro de Bienes Culturales, una especie de acta de nacimiento. El paradero de los otros cinco fragmentos sigue siendo un misterio. La forma del corte de la esquina restituida podría dar alguna pista. “Si el corte es homogéneo, el resto podría estar escondido en alguna colección. Si es irregular, es posible que hayan sido destruidos”, aventura Tovalín. ¿Pero qué posibilidad hay de una reunión de los cinco pedazos? “Es muy complicado...”.

15.9.20

México aún no encuentra al ladrón de su historia [o el saqueo del Archivo General de la Nación]

 Vía El País.

El Archivo General del país demanda penalmente a una casa de subastas para frenar el saqueo de documentos históricos

El 4 de octubre de 1810, casi dos semanas después de que el cura Miguel Hidalgo y Costilla llamó al grito de independencia de México, el heroico sacerdote ya se sentía invencible. Su ejército había logrado controlar lugares clave como Guanajuato y, en medio de los combates, decidió escribir una carta a uno de sus aliados secretos en el ejército realista, el coronel Narciso de la Canal. "Puse particular cuidado en no mezclar ni que se nombrara a usted en nuestros movimientos, temeroso de que si el éxito no correspondía a los santos deseos de que estábamos animados, quedase usted envuelto en nuestras mismas desgracias'', escribió el cura en su corta carta escrita a mano. “Ahora que las cosas han tomado un aspecto demasiado favorable, no temo convidar a usted a que uniendo sus poderosos influjos, participe de las glorias del libertador de nuestra Patria”.

El plan no salió como esperaba: el coronel no se alió a la lucha de los guerreros y, después de varias derrotas, el cura Hidalgo terminó fusilado y decapitado por sus enemigos. Pero la corta carta es un testimonio breve de la esperanza independentista que Miguel Hidalgo despertó en 1810, un pequeño tesoro de la emoción revolucionaria que se celebra cada septiembre en México.

El país se independizó después de varias guerras y, 210 años después, la carta de Hidalgo ha vuelto a tomar relevancia entre los amantes de la historia. La casa de subastas Morton, la más grande del país, la incluyó esta semana en una de sus catálogos especiales, en el que subastaba 252 documentos y objetos de la independencia. Tenía previsto ofrecer la carta de Hidalgo el martes, por un precio entre 110.000 y 130.000 pesos mexicanos (entre 4.000 y 5.000 euros). El precio de salida del fervor revolucionario.

“Estamos intrigados sobre el origen de dichos documento", le escribieron un día antes de la subasta nueve historiadores mexicanos al director del Archivo General de la Nación (AGN), Carlos Ruiz Abreu. Aseguran que la copia de la carta de Hidalgo debería estar previamente, de acuerdo a sus fuentes, en el Archivo General. Además, otro de los manuscritos ofertados en la misma subasta —una carta de 1814 del comandante José María Morelos pidiendo formar una Academia Militar para profesionalizar a los revolucionarios— no se conocía entre los historiadores. “Nos parece que por ser un asunto de interés público sería importante que el Archivo que usted dirige señale si se han cumplido los requisitos legales para esa venta”, escribieron. Le recordaron que una ley del 2018 le exige a las casas de subastas notificar previamente la venta de este tipo de documentos, y suponían que Morton no había cumplido con el requerimiento.

Tras recibir la carta, en menos de 24 horas, Ruiz Abreu decidió demandar penalmente a la casa de subastas ante la Fiscalía. El Archivo alega “la probable comercialización de Patrimonio Documental de la Nación” en 75 de los 252 objetos ofertados en la subasta del martes. Morton no informó al Archivo de esta venta, dice la denuncia, y “en caso de omitirse dicha notificación, el AGN podrá anular la transacción o, en su caso, solicitar la expropiación de dichos documentos”.

A pesar de la amenaza penal horas antes de la subasta, Morton no la canceló. Pero al llegar al lote 77, la carta de Hidalgo, el subastador anunció a los compradores que el lote “estaba retirado”, y siguió con la subasta sin más explicación. Ningún otro lote, sobre todo no los otros 74 que le preocupan al Archivo General, fue retirado. La carta firmada por el comandante José María Morelos que los historiadores esperaban preservar, fue descrita por el subastador como uno de “los lotes más importantes” ese día. Se vendió por 80.000 pesos mexicanos, unos 3.300 euros, a un anónimo: “La paleta 437”.

 Vista de la carta de Miguel Hidalgo al Sr. Coronel Narciso de la Canal, como invitación a formar parte del movimiento armado.

Un robo histórico

Alfredo Ávila, uno de los nueve historiadores que escribieron a Ruiz Abreu, aún no está seguro de que la carta de Hidalgo haya sido robada del Archivo General de la Nación, ni que se trate de la carta original escrita por el sacerdote. “Miguel Hidalgo no tenía esa letra”, explica Ávila. Podría ser una copia escrita por un tercero, pero esto no la haría menos valiosa. “Nunca nadie ha visto esta carta original, y si fuera la única copia manuscrita, tendría valor, por supuesto”.

Los historiadores de México saben que, desde hace décadas, varias casas de subastas han ofrecido cientos de documentos que estaban previamente en el Archivo General de la Nación, el más grande de toda América Latina. “Los saqueos son muy cotidianos,” dice Ávila. “Nosotros nos enteramos cuando hay ventas públicas, pero el tráfico en general se da entre los conocedores de subastas”.

"Sí es un terreno muy fértil, el del tráfico ilícito, y es un terreno en el que no hemos agarrado al toro por los cuernos'', admite Marco Palofox, director de asuntos jurídicos del Archivo General de la Nación, quien dice no tener claro cuál es la mejor estrategia para detener el tráfico, ni quién en el Archivo hubiera podido robar documentos. “No se ha emitido ninguna resolución en la que se imponga una sanción administrativa o penal por la sustracción de los documentos”, dice, con palabras legales, lo que se podría decir de forma más sencilla: no han encontrado aún al ladrón (o ladrones, que hacen los que los historiadores llaman “el robo hormiga”).

Rastrear el tamaño de este robo histórico es difícil por tres razones. Primero, porque pocas casas de subasta hacen públicos los objetos para la venta en sus páginas web, y los historiadores no tienen el músculo investigativo para vigilar lo que ofrecen todas las subastas del mundo. Segundo, porque aunque muchos de los archivos de México se han digitalizado o microfilmado, más del 60% de los documentos no están registrados en un catálogo (están guardados, en el Archivo General, en instituciones públicas municipales, o archivos de las iglesias del país). Para probar que un documento fue robado, primero se tendría que demostrar que estaba previamente en esos archivos públicos. Tercero, porque las casas de subasta no están en la obligación de revelar quién es el vendedor, y eso impide también rastrear a un posible ladrón.

A pesar de esos tres obstáculos, la poca digitalización sí ha permitido identificar algunos saqueos. Por ejemplo, en abril del año pasado, la Galería Swann de Nueva York vendió por 6.750 dólares (unos 5.700 euros) un decreto, de 1540, en el que la corona española le exigía al conquistador Hernán Cortés devolver 8.000 pesos para una exploración que nunca se realizó. Ese mismo manuscrito (con la misma caligrafía y los mismos defectos en la página) había sido consultado y fotografiado por una investigadora en el Archivo General de la Nación en 2010.

En la misma subasta, Swann también vendió por 12.500 dólares (10.500 euros) un decreto del rey español en el que pide proteger los bienes de Cortés. Este segundo documento también se había encontrado en el Archivo General. En nueve años, de alguna forma, los dos decretos salieron del Archivo y lograron volar hasta una galería neoyorquina. La Galería Swann no es la única casa de subastas internacional que ha ofrecido documentos que historiadores mexicanos ya habían visto anteriormente en el Archivo. La casa de subastas Christie 's, por ejemplo, vendió en 2017 y 2019 cartas firmadas por Hernán Cortés que provenían del mismo sector del archivo que los dos vendidos por Swann.

“No estoy seguro quién fue [el responsable del robo]”, explica a El PAÍS Michel Oudijk, filólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México. “Pero tiene que ser alguien del Archivo. Los investigadores sabemos que nos es imposible sacar un documento porque en el Archivo te revisan cuando entras y sales; dejas tu bolsa en una caja fuerte, y si tienes hojas, solo pueden ser de media cuartilla. Hasta tienes que abrir tu ordenador portátil para demostrar que no llevas papeles ahí”.

Oudijk, quien se especializa en el periodo colonial de México, es uno de los pocos que han hecho una base de datos con los objetos coloniales que la Casa de Subastas Morton ha ofrecido a sus compradores desde el 2008: más de 3.000 documentos, impresos o manuscritos, entre los cuales se encuentran, por ejemplo, escrituras para la venta de esclavos, cartas al Papa, o planos de Ciudad de México del siglo XVIII. “En el caso de Morton específicamente, lo que han ofrecido, cuando ves estos números, es asombroso,” dice Oudijk. El PAÍS solicitó una entrevista con la casa de subastas Morton, pero no obtuvo respuesta.

Desde el 2014, Oudijk también ha identificado más de 80 documentos importantes de la historia indígena de México que se han ofrecido en las oficinas neoyorquinas de la galería Swann, desde Colección de 10 testamentos en Nahualt hasta Reglas de ortografía, diccionario y arte del idioma Othomi. “Mi trabajo no es ser detective de documentos,” dice Oudijk, aclarando que le sería imposible saber si todos estos documentos fueron robados, porque tendría que confirmar si estaban previamente en un catálogo del archivo. “Pero, algunos sí lo fueron. Otros se roban en las iglesias de los pueblos, y luego se venden. Es un problema muy grave, porque el patrimonio cultural no está protegido”.

¿Cómo detener el saqueo?

La estrategia principal para defender estos documentos, hasta ahora, ha sido esperar que un historiador corra la suerte de encontrarse con un catálogo de subasta, que ese historiador identifique allí documentos que ya ha leído previamente en el Archivo General, y que ese historiador logre llamar a tiempo a las autoridades para que intenten detener la venta del archivo. Una estrategia precaria, que ha funcionado en unos pocos casos.

En julio de este año, por ejemplo, el investigador Javier Eduardo Ramírez identificó unos manuscritos de los siglos XVIII y XIX, sustraídos ilegalmente del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y puestos en venta por la Casa de Subastas Morton. Ramírez descubrió que los manuscritos habían sido microfilmados en 1961, y alertó al Instituto Nacional de Antropología e Historia y a la casa de subastas, que decidió retirar voluntariamente los documentos del mercado. "Es bueno que ahora el Archivo tome cartas en el asunto'', opina Ramírez, al discutir la demanda esta semana contra Morton.

La demanda contra la Casa de Subastas Morton, sin embargo, fue un esfuerzo nuevo para detener el saqueo de documentos históricos sin enfocarse en el robo en sí, sino pidiendo al intermediario (la casa de subastas) que se haga responsable y los consulte antes de la venta de un documento. Esta consulta ha sido prácticamente inexistente hasta ahora, a pesar de que es una obligación de acuerdo a la ley mexicana de Archivos. “No hay antecedentes de que el Archivo General haya observado o puesto atención en los procesos, o que haya incentivado que los particulares que quieran vender tengan que cumplir con ese proceso”, asegura David Vásquez, el presidente del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. “Queremos que exista un respeto a esta norma”.

Marco Palofox y sus colegas en el Archivo General intentaron identificar, en menos de 24 horas, todos los manuscritos en el catálogo de Morton que superficialmente podrían ser considerados fundamentales para el patrimonio de documentos: “Si es original o no es original, quién lo firmó, o si tiene que ver con la historia de México o no”. El abogado admite que él no tiene “la capacidad operativa” para saber si esos 75 documentos que identificaron en la subasta del martes son robados o no. "No tenemos ni idea qué falta en el Archivo General de la Nación'', dice. Pero en estos 75 casos consideran que “por su rareza o importancia para la historia mexicana” deberían ser conservados en el país.

"El propósito de la denuncia es enviar un mensaje contundente a los actores involucrados en la comercialización del patrimonio documental de la nación'', explicó el director del Archivo, Ruiz Abreu, en una entrevista de radio. Pero además de la demanda, aseguró estar comprometido con conocer “la magnitud de este saqueo” y frenar al “personal coludido, el personal del mismo Archivo, con los que han cortado con una perfección extraordinaria los documentos”.

Ruiz Abreu dice que muchos de los documentos que se vieron en Swann y Christie’s fueron cortados con navajas, de forma muy precisa, para no revelar que eran parte de libros más grandes guardados en los archivos de la demanda. Pero no hay robo histórico que se frene solo con una acción legal, o archivo que se proteja con solo un pequeño grupo de historiadores vigilando las subastas internacionales. Al final, el pecado original, solo se sana si se logra frenar al ladrón. Por ahora, el Archivo General sigue buscándolo.

26.1.19

2º Congreso Iberoamericano de Historia Urbana / Mesa 14: Do consultório ao grande hospital geral, as escalas urbanas da arquitetura para a saúde em América Latina. Postulación de ponencias hasta el 20 de abril de 2019



La convocatoria para nuevas ponencia para las mesas del 2º Congreso Iberoamericano de Historia Urbana (México, 25-29 nov 2019) ya está abierta, la puedes ver en este link, donde se puede descargar un pdf con todas las mesas.
http://2cihu.unam.mx/index.php/mesas_aceptadas/

Los interesados en proponer una ponencia deberán dirigir su propuesta lo antes posible –fecha límite: 20 de Abril 2019– a los coordinadores de mesa de su interés.

Las ponencias que postulen a la mesa 14 debe enviar a nuestros correos (aaamora@gmail.com, cgaleno@ucn.cl) una resumen que incluya un título y un resumen de no más de 300 palabras, nombre de su autor o sus autores, su pertenencia institucional.

Copiamos aquí la convocatoria particular de nuestra mesa 14:

MESA 14: Do consultório ao grande hospital geral, as escalas urbanas da arquitetura para a saúde em América Latina

Resumem

Na América Latina os governos nacionalistas introduziram processos de modernização aliados à promoção de politicas públicas. No campo da saúde e de sua modernização, destaca-se, desde sua criação em 1902, o papel exercido pela Organização Pan-americana de Saúde – OPAS na difusão de ideias cientificas e de ações de saúde, sobretudo na América Latina e no Caribe.

Tais processos impulsionaram a construção de edificações para atender as funcionalidades exigidas por esses novos programas. Este foi um campo fértil para os arquitetos comprometidos com o ideário moderno.

A identificação dessa produção com características semelhantes nos levou a considerar a hipótese de que tais edifícios, para além das suas especificidades funcionais, refletiram ideias e práticas projetuais que conferiam à arquitetura um papel simbólico e de configuração dos espaços públicos nas cidades. Por outro lado, as decisões sobre a localização adequada destas edificações implicaram na conformação de setores singulares dentro das urbes latino-americanas.

A arquitetura e o urbanismo modernos podem ser entendidos como resultado de investigações artísticas, que adquirem um sentido a partir da relação que se estabelece entre usuário, arquitetura e urbanismo. Teria, assim, um caráter de algo inacabado, que necessita do público para concluí-la, uma estética que supõe a ação como elemento para a sua existência (ARGAN, 2001).

Pretendemos neste simpósio direcionar nossa investigação especificamente a essa relação da edificação pública de saúde na trama urbana nas suas diversas escalas no âmbito de processos de modernização do Estado, das politicas publicas de saúde e das cidades, e como os edifícios contribuíram para dar qualidade espacial ao espaço publico citadino.

Assim, a arquitetura se articularia com os elementos arquitetônicos e de arte, e os espaços não edificados, para compor experiências urbanas. Este recurso que configura a espacialidade moderna edilícia na cidade é utilizado em obras com funções distintas, daqueles cuja racionalidade funcional se fazia mais presente e requerida, como nos hospitais, até edificações para a administração pública. Vale lembrar que nos países que compõem esse grande continente, com similaridades e diferenças, se observa a presença dessas manifestações, com características particulares em cada lugar (DAMAZ, 1963). O caráter moderno não se restringiu a capacidade técnica e racional de responder ao programa, sua presença estava na linguagem proposta e, sobretudo, numa relação intencionada a ser estabelecida com o usuário.

Consideramos que os arquitetos latino-americanos antecederam as críticas aos CIAMs do pós-guerra, e as propostas expressas no celebre e polêmico texto “Nove Pontos sobre a Monumentalidade” (GIEDION; SERT; LÉGER, 1943). Cabe, pois, na tentativa de entendimento horizontal dessas propostas na América Latina, refletir sobre a confluência das formulações conceituais para a implantação do edifício de saúde moderno nas cidades.

Assim, a formulação de estratégias territoriais para a distribuição das distintas escalas de estabelecimento de saúde deixaram como legado uma serie de arquiteturas, que vão desde o consultório, ou posto de saúde, ao hospital geral, do bairro, ou distrito, à metrópole.

Coordenadores

Ana M. G. Albano Amora

FAU-PROARQ-Universidade Federal do Río de Janeiro, Brasil

aaamora@gmail.com

Claudio Galeno-Ibaceta

Programa de Magíster Arquitectura en Zonas Áridas, Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile

cgaleno@ucn.cl

31.1.18

Founding Statement of the International Committee of Architectural Critics, Mexico City, 26 October 1978

Vía CICA.



1. We believe that collaboration and dialogue between the architectural profession and architectural critics should be organised on a permanent basis within the framework of the UIA.

2. We believe that criticism and evaluation should be recognised as a part of the architectural process, from the program stage through to the final design details. Architectural criticism is no longer to be conceived as a tribunal where the critics are judges and the architects are judged and often blamed. Architectural criticism has a wider and more important role than this.

3. We wish to emphasise that economic, technological and socio-cultural considerations alone will not create an architecture that possesses all the values which are vital to society. A better quality of life, creative power and the expression of the individual and collective imagination are also needed.

We believe that the role of the architectural critic is not only to recognise and select, but to encourage such creativity in the face of bureaucratic restrictions and academic taboos.

Bruno Zevi (Italy)
Max Blumenthal (France)
Louise de Mereles (Mexico)
Mildred Schmertz (USA)
Blake Huges (USA)
Jorge Glusberg (Argentina)

Mexico City, 26 October 1978

10.8.17

Guggenheim de New York reunirá obra de Josef Albers en México

Vía El Universal (México).

La muestra aborda la relación entre la obra abstracta del artista y la arquitectura precolombina



El museo Guggenheim de Nueva York anunció hoy una exposición de la obra que Josef Albers creó durante sus frecuentes visitas a México, lo que revela la influencia que tuvo el arte precolombino en este artista de origen alemán.

Titulada "Josef Albers en México", la exposición ilumina la relación entre la obra abstracta del artista, nacido en 1888 en Alemania y fallecido 88 años más tarde en Estados Unidos, y la arquitectura precolombina, ademas de que incluye muchas fotografías nunca antes expuestas.

Abierta el público del 3 de noviembre de 2017 al 18 de febrero de 2018, la muestra contará con una selección de pinturas tempranas raramente mostradas, lienzos icónicos de sus series "Homenaje al cuadrado" y "Variante/Adobe", y obras en papel.

La exposición también incluye una rica selección de fotografías y collages de imágenes, muchos de los cuales fueron creados por Albers tras sus frecuentes visitas a sitios arqueológicos mexicanos a partir de los años 1930.

Con cartas, estudios y fotografías personales no vistas en las colecciones del Museo Guggenheim y de la Fundación Josef y Anni Albers, "Josef Albers en México" ofrece una oportunidad para descubrir el aspecto menos conocido de la práctica de este artista.

La muestra además ofrece una nueva perspectiva sobre sus obras abstractas más célebres, de acuerdo con el Guggenheim. La muestra es organizada por Lauren Hinkson, curadora asociada del museo.

Artista, poeta, teórico y profesor de artes y diseño en la Bauhaus, Dessau y Berlín, así como en varias instituciones en Estados Unidos, Albers y su esposa la artista Anni Albers viajaron a México y otros países latinoamericanos más de una docena de veces desde 1935 a 1967.

En sus visitas fue a monumentos de la antigua Mesoamérica, que los arqueólogos estaban excavando en medio de un resurgimiento del interés por el arte precolombino cultura.

En cada visita, Albers tomó cientos de fotografías en blanco y negro de las pirámides y santuarios en estos sitios, agrupando a menudo varias imágenes impresas en varios tamaños sobre hojas de cartón.

Las fotografías y los collages resultantes revelan el enfoque innovador, aunque poco estudiado de Albers, además de subrayan la importancia de la serialidad y la temporalidad dentro de su cuerpo general de trabajo, destacó el museo.

"El entusiasmo de Albers por las imágenes precolombinas puede considerarse dentro de la compleja y convulsionada historia de los artistas modernistas que miran hacia las culturas no occidentales como fuente de material", apuntó el museo.

Añadió que su obra contrasta con la de los artistas mexicanos revolucionarios a los que conoció en sus viajes, entre ellos Diego Rivera.

"Al mismo tiempo, el compromiso a largo plazo de Albers para estudiar el arte y la arquitectura mexicana lo sitúa como una figura preestablecida en la historia del arte americano posterior a la Segunda Guerra Mundial", precisó el Guggenheim.

En ese grupo se encuentran también artistas como Donald Judd, Ad Reinhardt y Robert Smithson, que miraron hacia antiguas tradiciones con una nueva sensibilidad y consciencia.

nrv

28.7.17

Del México colonial al Met: una exhibición colosal

Vía New York Times.


Un detalle de "Moisés y la serpiente de bronce y la Transfiguración de Jesús”, de 1683, uno de las obras de Cristóbal de Villalpando en exhibición en el Museo Metropolitano del Arte en Nueva York. © Cristóbal de Villalpando, Propiedad de la Nación Mexicana, Secretaría de Cultura

Sube las escaleras que llevan a la puerta principal del Museo Metropolitano de Arte; abre tu bolso para que lo revisen; paga la aportación voluntaria –ya sean 25 centavos o 25 dólares– por un boleto, y avanza en línea recta. Te encontrarás en la sombría sala de esculturas medievales, con su gigantesca reja (trascoro) de hierro, pero algo inusual, algo brillante, se asoma más allá. La entrada a la Colección Lehman, generalmente vacía, en la parte trasera del museo, está llena de apóstoles estupefactos, envueltos en sedas de colores lila y rosa; hay profetas con barbas blancas largas iluminados al fondo por un sol deslumbrante. En el centro de todas estas obras, invitando a los grupos de visitantes a que se reúnan ahí, se encuentra el hijo de Dios, vestido de blanco y con bigote; su cuerpo es mitad carne y mitad luz.

Lo que se ve a través de la puerta es la parte superior de un retablo espectacular de nueve metros, creado por Cristóbal de Villalpando, el pintor más importante del siglo XVII en México, o la Nueva España, como se le llamaba durante el virreinato. El retablo, que fue terminado en 1683, nunca antes se había alejado de su hogar en la catedral colonial de Puebla, México. A partir de ahora y hasta octubre, esta obra maestra del barroco mexicano —un estilo más ligero y menos rígido que su contraparte europea, en el que se usan colores brillantes y ornamentación libre— es la única pieza que se encuentra en el patio del Ala Lehman, y su intensa mezcla de santos y mortales debería estimular todo tipo de veneración. Desde 2001, cuando el interior del Guggenheim se pintó de negro para compensar una obra maestra del barroco brasileño, no se había mostrado un retablo latinoamericano de tal magnitud e importancia en Nueva York.

La exhibición Cristóbal de Villalpando: Mexican Painter of the Baroque incluye diez obras más pequeñas del artista, que se encuentran en el piso de arriba, todavía en el Ala Lehman. Pero la mejor opción al llegar al museo, es bajar primero al sótano para ver el retablo de cerca. La transfiguración de Jesucristo que viste de lejos ocupa solo una fracción de la pintura, mientras que abajo está una visión del Antiguo Testamento de índole más oscura. Representa un pasaje del Libro de los Números, en el que los israelitas están siendo masacrados por serpientes por dudar de la palabra de Dios.

Las mujeres sollozan u observan horrorizadas; una serpiente envuelve un cuerpo musculoso en el suelo. Moisés, de cuya cabeza irradian rayos de luz que parecen cuernos, hace una señal para que los israelitas vean la escultura de latón de una serpiente, que está enrollada a lo largo de un poste parecido a una cruz en la parte central inferior, justo debajo de Jesucristo, que está en la mitad superior. La escultura, impuesta por Dios, los sanará.

En los primeros minutos durante los cuales observas el retablo de Villalpando, probablemente todavía seguirás tratando de dilucidar quiénes son los personajes, cuyas expresivas poses y túnicas se adentran de lleno en el dramatismo barroco, e intentarás averiguar cómo se relacionan las dos partes de la obra.

Y es que es un extraño mundo doble el que presenta Villalpando: no está dividido perfectamente, sino que se derrama a lo largo del eje que lo divide, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento y de regreso. Moisés aparece entre los israelitas aterrados y de nuevo en las nubes de la vibrante mitad superior, al lado de Jesucristo en su capullo de luz.

El paisaje, pronunciadamente inclinado como un escenario teatral, es en su mayor parte contiguo de abajo hacia arriba. El desierto por el que vagan los judíos se extiende hacia arriba para convertirse en el Calvario, donde la cruz se encuentra bajo las sombras y adornada con una corona de espinas, un látigo, una lanza y otros objetos de la Pasión.

Pero ¿qué están haciendo estas dos escenas, sin relación bíblica, reunidas en un solo retablo? La respuesta literal está en un ángel de rostro insolente que sostiene un pánel, en el que se explica en latín: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre debe ser levantado”. En otras palabras, la serpiente de bronce es una prefiguración de la crucifixión de Cristo y la salvación del mundo.

Sin embargo, en contradicción con la famosa prohibición en el Segundo Mandamiento de adorar ídolos, en esta pintura Dios exige explícitamente la creación de una obra de arte. A pesar de no ser un ídolo, la serpiente de bronce salva vidas. La escultura es una representación de Cristo pero también una obra de arte por sí misma, y por lo tanto puedes ver el retablo como una reivindicación de la pintura de Villalpando, con el objetivo de inspirar reverencia y revelar la labor divina.

Hay poca información biográfica acerca de Villalpando, cuyas obras más importantes se ubican en iglesias y rara vez viajan. Nacido en Ciudad de México, tenía un poco más de treinta años de edad cuando terminó el retablo de Puebla. Habría aprendido los rudimentos de la pintura figurativa barroca de artistas de mayor edad en Ciudad de México, así como de copias de pinturas flamencas, sobre todo las de Peter Paul Rubens. Después de todo, Rubens, al igual que Villalpando, era súbdito de la España de los Habsburgo —la Bélgica de hoy en día estuvo bajo el dominio español hasta el inicio del siglo XVIII— y Ciudad de México, durante la época colonial, era parte de un flujo transatlántico de imágenes e ideas que enlazaban al imperio español.

Las diez pinturas religiosas del piso de arriba atestiguan el complejo intercambio de influencias mexicanas y europeas en el arte de Villalpando. Todas excepto una son préstamos de colecciones mexicanas y, aunque es un placer descubrirlas, no todas tienen la misma sofisticación. En “Agonía en el jardín”, una pintura temprana de aire italiano de la década de 1670, titubea al pintar paños y le cuesta trabajar con la escala; además, una pequeña pintura de Adán y Eva en el Edén sería difícil de distinguir de las que crearon miles de aprendices flamencos. Pero en pinturas como “El dulce nombre de María”, una composición gloriosa y asimétrica que data de alrededor del año 1695 en la que la virgen contempla su propio nombre escrito en las nubes, Villalpando infundió el drama del barroco europeo con la luz brillante del Nuevo Mundo.

Las exposiciones de arte latinoamericano colonial son tan poco comunes en Estados Unidos que sería maleducado desear que esta fuera más grande (una gran exposición de pinturas mexicanas del siglo XVIII se inaugurará este otoño en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, como parte del enorme festival Pacific Standard Time). Aún tendrás que ir a Ciudad de México para descubrir todos los logros de Villalpando, pero el sobresaliente retablo de Puebla debe ser un sitio de peregrinación este verano para quienes se encuentren en Nueva York.

En la esquina inferior derecha del retablo, en un destello dorado que se contrapone a la oscuridad, hay una firma importante: “Villalpando inventor”. Ese epíteto orgulloso y merecido testifica que un artista en Nueva España no tenía motivos para considerarse un simple imitador europeo. Fue un inventor por mérito propio y su mirada se extiende hasta el paraíso.

19.3.17

La arquitectura de la nostalgia [sobre la casa de Luis Barragán]



Vía Informador.Mx, Ideas, espacio de opinión.

Por Martín Casillas de Alba (malba99@yahoo.com.mx)

Asombrado del análisis que nos ofreció la arquitecta Gabriela Bermeo durante la conferencia que dio el pasado sábado en la Casa Robert Brady de Cuernavaca, pudimos descubrir, como nunca nadie lo había hecho, varias facetas de la arquitectura de la casa de Luis Barragán en la Ciudad de México en donde ella trabaja desde hace siete años.

La arquitectura de la nostalgia fue el título de la conferencia en donde nos ofreció varias lecturas que puede tener esa casa para poder verla desde diferentes puntos de vista, sabiendo que se trata de una obra que está inscrita en el catálogo de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, única obra del siglo XX registrada en Latinoamérica.

Con el tema de la nostalgia, es decir, el anhelo por el momento o por una situación o acontecimiento del pasado, la arquitecta propuso ver la casa de Barragán, entre otras cosas, a través de la transformación que hizo desde que la construyó en 1947, hasta casi al final de su vida (1988), como si la primera versión hubiese sido el borrador de un poema-arquitectónico.

De esta manera nos fue mostrando la metamorfosis de cada una de las áreas de la casa hasta que terminó convirtiéndola en una obra de arte que todavía hoy en día nos deja con la boca abierta. Resultado de esa buena y puntual investigación, la arquitecta Bermeo mostró con fotografías el “antes” y el “después” y, mientras veíamos ese análisis comparativo, pensé que si fuera el manuscrito del poema Tierra baldía de T.S. Eliot, como lo podemos ver en el libro digital para iPad, entonces veríamos los tachones y los cambios propuestos por Ezra Pound al poema, así como, en este caso, pudimos ver las correcciones que hizo el arquitecto además de las propuestas que hizo Jesús “Chucho” Reyes, para sorprendernos de los resultados de esas transformaciones hasta llegar a ver la obra final, pulida y acabada, convertida en una joya de la arquitectura mexicana del siglo XX, una vez que hubo modificado, por ejemplo, la terraza que nada tienen que ver con el primer borrador, cuya intención era la de un palomar; o el proceso del muro entre la estancia y la biblioteca que la arquitecta Bermeo nos mostró para que pudiéramos verla desde la perspectiva personal, es decir, eso que el arquitecto veía a su altura de su metro noventa y dos centímetros.

También nos sorprendió esa otra lectura que hizo la arquitecta cuando nos muestra de qué manera los ventanales de la sala que dan al jardín corresponden a la propuesta geométrica de Pitágoras y nos demuestra cómo es que las modificaciones que hizo corresponden a la ecuación de ese teorema.

Nos presentó esos juegos con la luz y la manera como lo resuelve Barragán desde el año que la construye y habita en donde va reconociendo los hábitos diarios, entre otros, los del taller donde trabajaba por las mañanas y que, por eso, decide pintar de amarillo el techo y dejar entrar la luz natural o, la solución que encuentra en el cuarto de visitas, donde podemos ajustar la luz que deseamos según nuestro estado de ánimo.

La arquitecta conoce bien los libros de la biblioteca y aquellos que marcaba Barragán por alguna razón y, por eso, ejemplifica con algunas relaciones entre las obras plásticas y su arquitectura, por ejemplo, el rayo de luz de La Anunciación y el rayo del vestíbulo que, rebotando sobre el dorado de Goeritz, cae a cierta hora sobre aquel que esté concibiendo una buena conversación telefónica. O la obra de Chirico y su equivalente con la sombra de la terraza y, en otro libro, las tres esferas de Escher como las coloca en la mesa de la biblioteca.

Una conferencia fue un éxito pues logramos tener esas varias lecturas —objetivas y emocionales—, para que ahora podamos caminar por la Casa Barragán admirando la transformación de esa casa-poema original en una obra de arte universal.

18.3.17

Presentan exposición sobre las ideas detrás de la arquitectura moderna en México

Vía Centro Urbano.



Por Dinorah Nava

Estará disponible hasta el próximo 20 de abril en la Galería José Luis Benlliure, en la Facultad de Arquitectura UNAM

Desde el pasado 9 de marzo se presenta una investigación-exposición que lleva por nombre Casa-manifiesto | Arqueología de la modernidad. La persistencia de las ideas.

Se trata de un proyecto de investigación sobre las ideas detrás de la arquitectura moderna en México y sus consecuencias actuales. Esta exhibición estará disponible hasta el próximo 20 de abril.

La casa O´Gorman analiza con la metodología de un arqueólogo para aislar todos sus componentes, trazar secuencias estratigráficas, relacionar ideales con influencias, agrupar historiografías y excavar para construir una taxonomía arquitectónica más allá de la forma.

La muestra curatorial y editorial está vinculada al Segundo Lugar del Pabellón de México para la Exposición Internacional de la Bienal de Venecia de 2014 y mención honorífica en la IX Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU) en la categoría de trabajos de investigación.

Ésta plantea dos ejes discursivos en dos tiempos y sedes distintas, con apoyo del Programa de Coinversiones Culturales del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y una colaboración inter-institucional con el Instituto Nacional de Bellas Artes, a través del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Fundación ICA, Mextrópoli y ArchdailyMX.

Casa-manifiesto | Arqueología de la modernidad. La persistencia de las ideas, está organizada por Lucía Villers, Juan José Kochen, Alberto Odériz y se exhibe en la Galería José Luis Benlliure, en la Facultad de Arquitectura UNAM.

10.3.17

Barragán, reinventor de la arquitectura mexicana


Gif animado realizado por Claudio Galeno a partir de fotografías de la Casa Gilardi publicadas en la revista L'Architecture D'Aujourd'hui nº208 de abril de 1980 en Archivo CGaleno.

Vía La Capital.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 9 de marzo de 1902, Barragán se graduó como ingeniero civil y arquitecto en 1925.

Luis Barragán, el único arquitecto mexicano que ha ganado el Premio Pritzker (1980), supo retratar en su obra el imaginario nacional más allá de lo obvio. Con la inspiración de los colores vivos y el uso de elementos de la arquitectura vernácula, desarrolló nuevos conceptos espaciales que hicieron de su obra todo un referente para muchas generaciones.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 9 de marzo de 1902, Barragán se graduó como ingeniero civil y arquitecto en 1925, tras lo cual realizó un viaje de dos por Europa, lo que cambió definitivamente su visión del urbanismo y el uso de jardines.

Ya en México, de 1945 a 1952, desarrolló el proyecto de planificación y urbanismo de los Jardines del Pedregal, fraccionamiento en el que diseñó espacios al aire libre y obras ornamentales como fuentes y rejas.Además, estableció reglas de construcción a fin de crear un ambiente armónico y salvaguardar la belleza del paisaje.

Barragán también realizó el proyecto de planificación del fraccionamiento Las Arboledas, al norponiente de la Ciudad de México, y participó en la creación del Club de Golf La Hacienda. En 1957 creó, junto con Mathias Goeritz, las Torres de Satélite.

En 1948 creó su casa-estudio, un proyecto que conjuga todos sus preceptos, con un juego de planos horizontales y verticales donde el cubo es un elemento redundante, y se establece un juego maestro entre el uso de luz natural, las texturas rugosas y los colores vivos, que en conjugación con los espacios al aire libre destinados para la contemplación dio origen al concepto de arquitectura emocional.La trascendencia de este proyecto a nivel internacional hizo que la UNESCO lo incluyera en 2004 en su lista de Patrimonio Mundial.

Otras de las obras sobresalientes del arquitecto jalisciense son la Capilla de las Capuchinas (1953), Cuadra San Cristóbal y Fuente de los Amantes (1969) y la Casa Gilardi (1976).

En 1976 el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó la primera exposición sobre su obra, lo que lo proyectó a nivel internacional. Ese mismo año, recibió en México el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Cuatro años después, ganó el Premio Pritzker, que es el reconocimiento internacional más importante en el ámbito de la arquitectura.

En 1985 recibió el Premio Jalisco y el Museo Tamayo de la Ciudad de México realizó una gran exposición retrospectiva de su obra. Dos años después, recibió el Premio Nacional de Arquitectura.

Luis Barragán murió el 22 de noviembre de 1988 en su casa-estudio, ubicada en Tacubaya, en la Ciudad de México.

21.9.16

Frida y Diego toman el Grand Palais de París

Vía La Razón de México.



Una magna exposición, que abarca 50 años de arte mexicano, se exhibe en la Ciudad Luz del 5 de octubre de 2016 al 23 de enero de 2017; la muestra, integrada por 203 obras, incluye piezas de Clemente Orozco, Tamayo, Carrington...

La muestra México 1900-1950. Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias, que se presentará en el Grand Palais de París del 5 de octubre de 2016 al 23 de enero de 2017, es la más amplia y representativa exposición de arte mexicano de la primera mitad del siglo XX que se exhibe en Francia en los últimos 25 años.

Organizada por la Réunion des Musées Nationaux-Grand Palais de París, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes, la muestra está integrada por 203 obras: 119 pinturas, 27 esculturas, 25 dibujos, 19 fotografías, 11 grabados y dos videos, procedentes de 20 colecciones mexicanas, 10 extranjeras y 10 particulares.

A través de cuatro ejes temáticos: Antes de la Revolución, México y la Revolución, Las otras caras de la Escuela Mexicana e Hibridaciones: encuentro de dos mundos, la exhibición hace un recorrido por el vasto panorama del arte de nuestro país desde el comienzo de la Revolución hasta mediados del siglo XX.

Entre las obras que se presentarán, destacan los dos cuadros más importantes del periodo cubista de Rivera: Paisaje zapatista y Retrato de Ramón Gómez de la Serna, ambos de 2015. El primero forma parte de la colección del Museo Nacional de Arte (Munal), mientras que el segundo pertenece al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

Agustín Arteaga, curador de la instalación, explicó en entrevista con La Razón que el Retrato de Ramón Gómez de la Serna pertenecía a una colección privada de España y fue adquirido por el Malba a finales del siglo XX. “Es la primera vez que regresa a Europa desde entonces”, dijo.

Dentro de las piezas procedentes de colecciones internacionales, se encuentra el Aurretrato con pelo corto, de Frida Kahlo, que pertenece al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) y el cual rara vez sale de ese recinto.

Otra de las obras de Rivera que se mostrarán es el mural Río Juchitán, que por primera vez sale del país, y el cual fue incorporado a la colección del Munal a través del Sistema de Administración y Enajenación de Bienes de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Además de trabajos de estos artistas, la exhibición cuenta con obras de David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Roberto Montenegro, Manuel Rodríguez Lozano, Ángel Zarraga, Francisco Goitia, Manuel Álvarez Bravo, María Izquierdo, Tina Modotti, Nahui Ollin, Leonara Carrington e, incluso, Mathiaz Goeritz, uno de los pioneros del arte minimalista a nivel mundial, y de Gabriel Orozco, artista contemporáneo.

Aunque en el título se destacan los nombres de Rivera, Kahlo y Orozco, célebres en Francia y Europa, a decir de Arteaga, uno de los propósitos de la exposición es cuestionar el canon de artistas mexicanos que son referente en el extranjero: “Estamos tratando de desarticular el cliché. Buscamos, primero, acercar la mayor posible cantidad de visitantes a la muestra para que una vez allí descubran que en el arte mexicano hay mucho más que estos tres nombres”.

A la conferencia de prensa para presentar la exposición, asistió el secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa; la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, y la embajadora de Francia en México, Maryse Bossière.

Tovar y Bossière destacaron que esta exhibición es muestra de las colaboraciones culturales que han tenido ambos países en los últimos años. Recordaron que la exposición Los modernos, que este 2016 se presentó en el Munal, se exhibirá en Lyon el próximo año. Que Francia sea el país invitado de honor del Festival Cervantino 2017, es otro ejemplo de ello, coincidieron.

20.9.16

El MAM [Museo de Arte Moderno (México)] de Juan Acha

Vía Excélsior.

Para conmemorar el centenario del natalicio del crítico de origen peruano, el Museo de Arte Moderno abre una exposición que recupera su legado teórico a partir de la revisión de su propio acervo

Por Sonia Ávila


Juan Acha. Foto: Archivo Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.

Juan Acha (Sullana, Perú, 1916 - Cd. de México, 1995) entendió el arte como un proceso sociocultural. Una experiencia más compleja que la simple observación. Un trayecto en tres fases: producción, distribución y consumo. Proceso que él consiguió en México desde el Museo de Arte Moderno (MAM). Su trinchera crítica y teórica durante la década de los 70. La sede de su ejercicio teórico sobre el arte latinoamericano, donde gestó una red de colaboración internacional, programas pedagógicos y promoción de una generación de artistas.

El recinto fundado en 1964 fue para el crítico peruano el laboratorio de teorización artística. El espacio para poner en práctica su propuesta de alejar el arte de las capitales creativas y generar productos locales, establecer vínculos de intercambio con Latinoamérica y estudiar desde la sociología el impacto de las obras en el público. Entonces de 1972 a 1976 Acha, en su rol de subdirector del museo, emprendió este proyecto crítico. Fungió como “un agente continental” dentro de un proceso de renovación artística.


Planos del Museo de Arte Moderno, proyectado por Pedro Ramírez Vásquez. © MAM.

De este periodo da cuenta la exposición Juan Acha: por una nueva problemática artística, que se exhibe en el MAM. La muestra es una revisión del quehacer teórico de quien llegó al país en 1971. Una exploración de sus propuestas a través del archivo y colección del propio museo que en gran medida se construyó por las gestiones culturales de Acha. Un proyecto que además tuvo salida en el suplemento Diorama de Excélsior, donde el crítico publicó de manera regular sus textos.

La muestra se enmarca en un programa conmemorativo por el centenario del natalicio del también profesor. Organizado por diferentes museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la celebración Juan Acha 100 incluye publicaciones y coloquios sobre sus teorías. Sin embargo, la investigación surgió del grupo Los Yacuzis, integrado por curadores, editores y periodistas que en su mayoría participaron en la segunda edición de la Escuela de Crítica organizada por el Proyecto Siqueiros.

Un pensamiento fuera del centro

Desde el MAM, Juan Acha impulsó un acercamiento con Latinoamérica. Colocó a México como punto de referencia en el mapa de circulación del arte. Así trajo exposiciones de artistas no-objetuales y geométricos. Fue el puente para que llegaran al país artistas como el brasileño Sergio Camargo, el venezolano Alejandro Otero, el húngaro Víctor Vasareli. En la escena nacional impulsó a una generación joven que luego formó el movimiento de los Grupos. Y fue de los primeros en hablar sobre el videoarte, el arte en sistemas e incluso los proyectos cibernéticos.

“Él era un profesor que trabajaba en la Escuela de Artes Plásticas La Esmeralda y estuvo pendiente de que estas teoría terminaran en otras generaciones de prácticas artísticas y por eso tuvo contacto con el grupo Proceso Pentágono, el No grupo. Esto se ve en la sala, cómo su propia teoría se va consolidando y se ve el diálogo con estos otros actores, incluso colaboraciones de corte efímero”, detalla el cocurador de la muestra Julio García Murillo.

Incluso, añade, Acha intervino en las tareas de gestión y consiguió crecer la colección del museo. Varias de las obras adquiridas por él se exhibirán. “La exposición fue realizar una reconstrucción de ese momento y develar qué piezas adquirió, qué generó, qué procesos artísticos produjo durante su paso por el museo, y también la exposición devela cómo aplicar esas teorías a obras actuales. Así se genera una exhibición dialéctica del pasado y su relación con el presente”.

A través de documentos, la muestra refiere a la crítica de Acha sobre la historia del arte mexicano. Su propuesta de analizar la escuela mexicana de pintura desde una perspectiva sociológica y entender el impacto social que representó. Pues el crítico analizó la distribución de la obra nacionalista a través del Estado, de los medios de comunicación y del sistema educativo.

García Murillo señala además que Acha fue de los primeros críticos en asimilar el arte desde un pensamiento económico. No sólo en el sentido del mercado, sino como una práctica material que implica un consumo. Un ejercicio que no termina en lo simbólico o lo emotivo. Sino en la compra-venta del producto. Una de sus principales propuestas era, a partir de la teoría económica de la dependencia, marcar distancia de los centros de producción occidentales para generar los propios.

Entonces plantea alrededor del proceso estético tres ejes: las artesanías, el arte culto y las artes tecnológicas. Con estas categorías, Acha trabajó el concepto de arte no-objetual e intentó englobar una idea total del arte culto. Buscaba un concepto de arte más amplio que criticara a la propia institución artística.

“Tiene un cuerpo teórico que le permite partir no sólo de la historia del arte, sino de la sociología del arte y la teoría del arte. Pasa por distintos niveles, incluso el semiótico o tiene análisis fisiológicos sobre el espectador y todo eso le permite entender un proceso artístico que aplica desde Perú en los 60 y ve de manera regional en México, Colombia, Argentina y Brasil”.

18.9.16

Muere Teodoro González de León, el abanderado de la arquitectura mexicana



Vía El País / Arquitectura Viva.

Discípulo de Le Corbusier, cinceló el México moderno a golpe de enormes y minimalistas bloques de hormigón

Por David Marcial Pérez
México 17 SEP 2016

Nació en una pequeña casita de una calle sin asfaltar en los límites de la capital del México posrevolucionario y murió en un elegante inmueble del centro de la ciudad, blanco, luminoso y con una estrecha piscina en el jardín interior en la que nadaba cada mañana 45 minutos. Teodoro González de León, el arquitecto más renombrado de México, falleció este viernes a los 90 años de un parada cardíaca.

Su vida y su obra acompañaron y definieron la transformación de la gigantesca urbe latinoamericana, donde se encuentra la mayor parte de su legado. Discípulo de Le Corbusier, la visión racionalista del arquitecto suizo inspiró de modo decisivo el trabajo de González de León a base de grandes bloques de hormigón cincelado: minimalismo, sobriedad y gran escala.

Hoy, fiesta nacional por la Independencia mexicana, el maestro había dado el día libre a su equipo. Pero él sí fue al estudio que tiene en la acera de enfrente a su casa. Estaba trabajando en un nuevo proyecto, la Torre Manacar, un vasto complejo al sur de la ciudad de 22 pisos y un centro comercial. “Ha conservado hasta el final el mismo entusiasmo e intensidad de siempre. Además, tenía más trabajo que nunca, como pasa con los grandes”, explica Miquel Adrià, director de Arquine, arquitecto y amigo personal, con quien últimamente estaba colaborando en un documental sobre su vida.

Estudiante de la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), participaría después en la renovación del fastuoso recinto de la ciudad universitaria más grande de América, donde alcanzaría en 2001 el título de Doctor Honoris Causa.

Sus primeros trabajos vinieron de la mano de arquitectos ya consolidados como Carlos Obregón Santacilia, Carlos Lazo Barreiro y Mario Pani Darqui. Becado por el gobierno francés, trabajó 18 meses en el taller de Le Corbusier a finales de los cuarenta. Durante esa estancia, colaboró en el nacimiento de una de las primeras piezas del funcionalismo, la Unité d’Habitation, en Marsella, un imponente bloque de viviendas de hormigón visto, que González de León replicó en la capital mexicana, por ejemplo, en el Conjunto Urbano 222, más de cien mil metros cuadrados de construcción que incluyen una torre de oficinas, dos torres de departamentos y un centro comercial.

Durante décadas sus trabajos estuvieron ligados a otro de los notables de la arquitectura mexicana, Abraham Zabludovsky. Fruto de esa colaboración se levantaron sus construcciones más emblemáticas, como el Auditorio Nacional o el Museo Tamayo, donde aparece sintetizado todo su repertorio abstracto: monumentalidad y discreción; taludes, rampas, y un luminoso patio interior. En el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), una de sus últimas obras, culminó su aportación al campus con un círculo envolvente de cubos de hormigón blanco con iluminación cenital.

“Representa una manera de hacer una arquitectura muy digna respondiendo a las necesidades específicas de su época, con un discurso plástico propio, entre lo prehispánico y lo neo cubista”, apuntaba recientemente el arquitecto mexicano Mauricio Rocha. “Contiene una sincretismo entre la modernidad lercorbusiana y el legado preihispánico, entre el concreto como único material y la comprensión de las formas antiguas, esa relación con los taludes, la idea de paisaje, del edificio como parte de la ciudad", añade Adrià.

Reconocido y premiado a lo largo de Latinoamérica, en la evolución de su obra, de un marcado acento teórico, también es una constante la referencia a los grandes ejemplos de la arquitectura prehispánica como la misteriosa y ordenada megalópolis de Teotihuacán. “Trabajo todos los días en la arquitectura. Pero no es un trabajo. Es una forma de vida, igual que es una forma de vida leer o pintar. Esto no es un oficio”, dijo en una reciente entrevista con este periódico.

13.9.16

Cuadro de Diego Rivera pasó escondido por años en Estados Unidos

Vía ViveUSA.


Diego Rivera ganó un premio con su obra titulada "El Albañil" (1904)

Por Begoña De Ubieta

El arte del gran muralista mexicano fue creado para ser visto en público, pero en el caso de esta pintura no fue así

El cuadro del “Albañil” del maestro Diego Rivera perteneció a la familia de un habitante de Texas, de nombre Rugeley Ferguson, por casi un siglo, después de haber sido comprado por sus Tatarabuelos en 1920, probablemente en México.

Esta obra, aunque no tan famosa como sus importantes murales, fue pintada por Rivera en 1904, cuando era sólo un estudiante de 18 años en la escuela de Bellas Artes. El cuadro en óleo fue entrado en un concurso logrando que ganará una medalla y una beca para continuar con sus estudios de arte, lo que lo motivó a ir a Europa a seguir aprendiendo de otros grandes de la época.

La ironía es que el ganador del primer premio en ese concurso fue otro de los pioneros del movimiento muralista en México después de la Revolución, Roberto Montenegro. Con el paso de los años de encierro en una bodega, el cuadro llegó a deteriorarse por un tiempo teniendo que restaurarse parte de la lona.

De acuerdo a una nota en The Dailymail, Ferguson llevó la obra en agosto de 2012 al programa de antigüedades de PBS para averiguar el valor real de su pieza, en donde para su grata sorpresa, Colleene Fesko, de la empresa "Works of Art" en Boston, valuó la pintura de Diego Rivera entre 800 mil a 1 millón de dólares.


Después de no haber sido apreciada por nadie durante años, la obra fue colgada detrás de una puerta en la oficina de la casa del empresario: “Si la puerta se abría, la pintura no se podía ver”, dijo Ferguson, durante la presentación del show “Antiques Roadshow” en PBS.

Durante la evaluación, Fesko le dijo al dueño que esta obra tenía un gran valor porque era una de las tres o cuatro pinturas en existencia de esa época cuando el maestro era estudiante. Agregó que esta pieza señala el inició del estilo muralista del pintor, el desarrollo de su técnica como artista y la visión de su tema central, los obreros y campesinos mexicanos. “También se puede apreciar y valorar que la firma de Rivera es la de todavía un joven”, continuó diciendo la experta.

Al reconocer el dueño el valor histórico, artístico y monetario de “El Albañil” de Rivera, Rugeley Ferguson dijo en el programa: “El cuadro necesita estar en un museo en donde todo el mundo pueda verlo”.

Ese museo que ahora exhibe en préstamo la obra gracias a la familia Ferguson es el Museo de Arte de San Antonio, en la sala del Centro para Arte Latinoamericano Nelson Rockefeller, junto con otras piezas de grandes de la pintura mexicana como David Alfaro Siqueiros (“El Grito” 1931) y su compañero de escuela Roberto Montenegro (“Mujeres de Tierra Caliente” 1934), entre otros muchos.

18.6.16

Arte brasileño que devoró Europa: exposición Antropofagia y modernidad, arte brasileño en la Colección Fadel, 1908-1979

Vía Excelsior (México).

El Museo Nacional de Arte [de México] inauguró ayer la mayor muestra de obras modernas del país sudamericano, con más de 150 piezas

Por Luis Carlos Sánchez


Pintura 174: ritmos coplanares, Willys de Castro.

El 11 de enero de 1928, Tarsila do Amaral (1886-1973) le regaló al poeta y dramaturgo Oswald de Andrade –destacado exponente del modernismo brasileño y promotor de la Semana de Arte Moderno de Sao Paulo en 1922-, el lienzo Abaporu con motivo de su cumpleaños. Aquel cuadro habría de inaugurar todo un movimiento artístico. Tarsila y Oswald decidieron lanzar una revista donde publicaron el Manifiesto Antropófago que daría nombre a una de las más productivas etapas del arte moderno brasileño.

La propuesta era implantar un lenguaje moderno recuperando la cultura y las tradiciones autóctonas. En un acto “antropofágico”, el arte debía aprovechar y “devorarse” lo que le sirviera de las vanguardias europeas para acoplarlo a la realidad brasileña. Ese mismo año que Tarsila regaló Abaporu también pintó La muñeca, un óleo en el que aplicó lo que aprendió del cubismo, el fauvismo y el surrealismo, pero que encontró reflejo en su propia tierra, mucho más colorida y barroca.

La muñeca forma parte de las más de 150 piezas, entre pintura, escultura, instalación, obra gráfica y dibujo, que conforman la exposición Antropofagia y modernidad. Arte brasileño en la Colección Fadel. 1908-1979, con la que el Museo Nacional de Arte (Munal) ofrece desde hoy, un panorama de los diferentes movimientos artísticos modernos ligados a la construcción cultural de Brasil y hasta los inicios del arte contemporáneo en esas latitudes.

La muestra se articula de manera cronológica en tres módulos, proviene de la Colección Hecilda y Sérgio Fadel, que está conformada por más de mil 500 piezas que dan cuenta de la historia del arte en Brasil desde finales del siglo XIX a la actualidad. Subdivida en diferentes temáticas, la exposición ha sido curada por la argentina Victoria Giraudo, curadora del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), a donde la muestra viajará después para exponerse con el nombre de Colección Fadel. Modernidad y vanguardia brasileña.

“Cada vez me siento más brasileña: quiero ser la pintora de mi tierra”, dijo alguna vez Tarsila do Amaral; que una mujer enarbolara el estandarte del arte plástico brasileño no es casualidad. Con el título Meninas brasileñas, la exposición Antropofagia y modernidad arranca su primer módulo con un recuento del arte de las primeras décadas de la república brasileña (la producción de café estaba reemplazando al azúcar y provocó que Brasil creciera económicamente), donde la mujer tuvo uno de los papeles más importantes.

Anita Malfatti (1889- 1964) es una de ellas. En la exposición se incluye la acuarela Desnudo femenino, que fue pintada entre 1915 y 1916. Malfatti tuvo influencia directa de las vanguardias europeas pero al escritor Monteiro Lobato, le pareció que sus cuadros habían sido hechos por internos de un manicomio. Esto provocó que ella dejara de pintar y sólo el aliento de Oswald de Andrade le hizo volver a la pintura. Otras “meninas” incluidas en la exposición son Maria Martins (1894-1973) con la escultura Uriapuru; Lygia Pape (1927-2004), de quien se exhibe una xilografía Sin título elaborada en papel arroz o Lygia Clark (1920-1988), de quien se muestra la escultura armable Bicho, de 1960.

Plantas, arena, aves silvestres, poemas-objeto, una televisión y raros objetos bautizados como Parangolé conformaron en 1967 una instalación ambiental titulada Tropicalia, que el artista Hélio Oiticica (1937-1980) montó, inspirado en las favelas, en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. La obra acabó fundando una nueva etapa del arte brasileño, que retomaba el pensamiento antropofágico, pero llamaba a una renovación cultural mediante la reivindicación del mestizaje.

La vegetación, el agua, las favelas, la samba, la mulata brasileña o los temas oníricos, marcan la producción artística brasileña posterior. En este núcleo, aparecen en la exposición obras como Floresta tropical de John Grasz (1891-1980); Colina de favela y O lago de Tarsila do Amaral; Rueda de Samba de Emiliano di Cavalcanti (1897-1976); Las bahíanas del mismo Grasz o Retrato de Bur-le Marx de Flavio de Carvahlo (1899-1973).

Con el surgimiento en 1951 de la Bienal de Sao Paulo, que se inspiraba en la Bienal de Venecia, se generó ahora la necesidad de experimentar y cuestionar los elementos de representación hacia un arte abstracto. Antropofagia y modernidad muestra la antesala del arte contemporáneo brasileño a través de artistas como Alfredo Volpi (1896-1988), de él se exhibe Elementos geométricos; Luiz Sacilotto (1924-2003); Maurício Nogueira Lima (1930-1999), del que se incluye Composición concreta.

21.5.16

Lanzamiento de libro: Sistemas arquitectónicos de pabellones en hospitales de América Latina, volumen 2

II SEMINARIO INTERNACIONAL DE HISTORIA DE LA ARQUITECTURA HOSPITALARIA
23 DE MAYO · TEATRO CARLOS LAZO

9:40 A 10:40 Preentación del libro: Sistemas arquitectónicos de pabellones en hospitales de América Latina, volumen 2, por el DR. GERMÁN E. FAJARDO DOLCI, DIR. FACULTAD DE MEDICINA, UNAM



Sistemas arquitectónicos de pabellones en hospitales de América Latina, volumen 2
coordinadora
María Lilia González Servín

México 2016
Universidad Nacional Autónoma de México

Índice

Presentación, Marcos Mazari Hiriart

Introducción, María Lilia González Servín

ARGENTINA

Usos sociales al aire libre del hospital pabellonal Muñiz
Gabriela Eda Campari

El hospital Muñiz en el contexto urbano
La corporalidad entre pabellones y jardines
Cotidianeidad contemporánea del espacio verde intrahospitalario
Desafíos a futuro: participación en la construcción social del espacio verde del hospital
Bibliografía

BRASIL

Arquitectura y microbiología en los tiempos de Oswaldo Cruz
Jaime Larry Benchimol

Breve panorama de los hospitales de pabellón en la capital brasileña
La revolución pasteuriana en la salud pública y en los hospitales de Río de Janeiro
El tiempo de Oswaldo Cruz
El arquitecto de Oswaldo Cruz
Nuevos paradigmas en la arquitectura hospitalaria
Bibliografía

El Hospital Colonia de Curupaiti: su historia, su trazado urbanístico
y sus edificaciones
Ana Albano Amora, Renato Gama-Rosa Costa, Franklin Quaresma, Tatiana Casalio

Consideraciones iniciales
La Colonia Curupaity o Curupaiti
Implantación de Curupaiti y su relación con la ciudad
El modelo urbanístico
Estructura de pabellones y demás edificaciones de Curupaiti
Consideraciones finales
Bibliografía

COLOMBIA

Los santos del cuidado y la arquitectura hospitalaria patrimonial en Colombia
Carlos Eduardo Nieto

Bibliografía

CHILE

Chile y sus hospitales en pabellones en la Exposición Universal de París de 1889
Dr. Arq. Claudio Galeno-Ibaceta

Introducción
Londres, 1851
París, 1867
Filadelfia, 1876
Barcelona, 1888
París, 1889
Iquique, 1887
Bibliografía

Casa de Salud de Mujeres Carolina Doursther y Sanatorio Laennec
en San José de Maipo, Santiago de Chile
Alicia Campos Gajardo

Hospital del Salvador de Antofagasta, su estado actual
y las relaciones urbanas que establece, 1917-2016
Oscar Valencia

Antecedentes generales
El Hospital del Salvador como una respuesta sanitaria en el norte de Chile
Las religiosas de la congregación de las Hijas de Santa Ana
Características arquitectónicas
Relación geométrica con el Hospital Regional de Antofagasta
Vestigios actuales
Las secuelas para el Hospital del Salvador que dejó el Hospital Regional
El Hospital del Salvador y la trama urbana
El Área Clínica

El sanatorio de San José de Maipo: un referente en la arquitectura de la salud de Chile
Gabriela Pereira

Introducción
Panorama histórico de la salud
San José de Maipo como lugar de sanación
Los primeros sanatorios
Casa de Salud Carolina Doursther de Tocornal
Casa de Salud Carolina Doursther de Tocornal, su arquitectura de pabellón aislado
Aislamiento
Asoleamiento y alumbrado natural de las habitaciones
Ventilación
Parque
San José de Maipo como un hito de la salud en Chile
Hospital del Salvador
Ministerio de Salud de Chile

MÉXICO

Hospital Civil, 1864-1964 ex convento de San Francisco, Oaxaca
Arq. Laura Olivia Baca Ángeles, Arq. Tandeé Rolando Villa Ruíz

Introducción
Antecedentes
El Hospital Civil, 1864-1964
Primera etapa, 1864-1902
Segunda etapa, 1903-1931
Tercera etapa, 1932-1952
Cuarta etapa, 1953-1964
Conclusión
Bibliografía

Relación e integración: La humanización de las áreas verdes en los servicios hospitalarios
Carla Filipe Narciso

La importancia de los espacios verdes en centros hospitalarios
Algunos ejemplos emblemáticos en Portugal
Bibliografía

27.1.16

Los túneles que no existían en Puebla, México

Vía El País.

Sorprendente descubrimiento: Los túneles que no existían en Puebla

Una serie de caminos subterráneos del siglo XVI han sido hallados en las entrañas de esta ciudad colonial del centro de México

Por Sonia Corona.


La altura original de los túneles llegaba hasta los 8,5 metros, sin embargo, por cuestiones de seguridad y de estabilidad para las construcciones actuales, sólo se excavará hasta llegar a los 3,5 metros.
© Foto: Saúl Ruiz / El País.

Era una leyenda que se contaba en las sobremesas y en las tertulias: Bajo la ciudad de Puebla había túneles que conectaban iglesias con antiguos edificios y los revolucionarios mexicanos los habían utilizado para escabullirse durante la guerra. Pero no había rastro de ellos, ni mapa que probara su existencia, hasta ahora. Una red de 10 kilómetros de caminos subterráneos construidos en los siglos XVI, XVII y XVIII han sido hallados en el corazón de la ciudad y el gobierno local se ha puesto a la tarea de descubrirlos para echar un poco de luz sobre su historia.

Los primeros indicios de la existencia de los túneles los dio una serie de mapas del siglo XIX en manos de una familia de la región, pero la prueba definitiva de que no se trataba de un mito fue el hallazgo accidental de una parte de la estructura durante una remodelación urbana en 2014. Poco a poco las bóvedas semicirculares de los canales fueron descubiertas de la tierra que ocultaba su simetría casi perfecta. “Nunca nos imaginamos que eran así, yo en toda mi carrera nunca había visto nada así”, cuenta Sergio Vergara, gerente del centro histórico de Puebla (centro de México).

Las primeras investigaciones revelan que los túneles fueron construidos después de la fundación de la ciudad en 1531. Puebla fue una de las primeras ciudades formadas durante la colonia española y funcionaba como un importante centro habitacional para el clero novohispano. Los subterráneos se construyeron en los siguientes dos siglos a la par que la mayoría de las iglesias, monasterios y los edificios más representativos de la nueva urbe: el Ayuntamiento y la Catedral. Los caminos habrían servido, en un principio, para trasladar con discreción las riquezas de la iglesia Católica.

Los pasadizos poseen diferentes estilos arquitectónicos según su época de construcción y hasta ahora se han encontrado hasta 15 diferentes sistemas de arcos que han sostenido las estructuras a través de los siglos. Los constructores utilizaron una composición de piedras lascas —rocas pulidas y pegadas con los materiales disponibles de la época— hasta formar un arco de medio punto y con una apariencia similar a la bóveda catalana. “Un trabajo milimétrico”, apunta Vergara. Las estructuras han soportado la construcción de edificios, el montaje de sistemas hidráulicos, seísmos, la introducción del asfaltado y el tráfico de los automóviles. Al entrar a ellos un potente olor a azufre y la humedad se apoderan del ambiente, ya que las estructuras fueron construidas en un suelo con mantos de aguas sulfurosas.

La entrada al primero de nueve túneles —llamado Puerta de Zaragoza— estará abierta a los visitantes el próximo febrero en el Barrio de Xanenetla, al noreste de la ciudad. Sus bóvedas alcanzaron alguna vez los 8,5 metros de altura y su longitud recorría 4 kilómetros desde el río San Francisco hasta el Fuerte de Guadalupe, una estructura en la cima de un cerro para proteger la urbe de ataques. Estos detalles respaldan la hipótesis de que el subterráneo sirvió para el transporte de armas, municiones, e incluso soldados durante la célebre batalla del 5 de mayo de 1862, un enfrentamiento contra el Ejército francés que invadía México y en el que los mexicanos resultaron vencedores. Los túneles habrían sido clave para derrotar a los franceses en un ataque simultáneo por diferentes frentes.

“Estas historias me las contaba mi abuelo, que había visto personalmente algunos túneles y decía: ‘Yo vi a Porfirio Díaz, que cruzaba a caballo y pasaban las carretas en las bóvedas de la ciudad’”, cuenta Antonio Gali, alcalde de Puebla. Su abuelo Rafael Gali, un emigrante libanés dedicado a la industria textil, presenció a principios del siglo XX los traslados que algunas personas con una buena posición social hacían a través de las llamadas “calles de abajo”. Tras la Revolución mexicana (1910) no se volvió a saber más sobre los pasadizos y las leyendas tomaron el relevo. “No me imagino tantos años de historia y sin que nadie tuviera el interés de encontrarlos”, reflexiona Gali.