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1.5.21

Chiapas - Yale - Ciudad de México: el viaje de una estela maya robada

Vía El País.

La vuelta a México de una pieza arqueológica saqueada evidencia los límites de las políticas de devolución del patrimonio robado

Jon Martín Cullell / México 24 ABR 2019 - 03:48 CEST 

La estela de La Mar llega al Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México. INAH
 La última noticia que se tenía de la estela era una fotografía de 1900, tomada por un explorador italo-alemán en las selvas del sur de México. En la imagen aparece rota en cinco pedazos, grandes trozos de piedra labrada del siglo IX en los que dos dignatarios mayas, con taparrabos, penacho de plumas y collar, levantan la mirada hacia el cielo.

Algún tiempo después de aquella foto, un grupo de saqueadores limó los pedazos para luego empacarlos y venderlos fuera del país. Una esquina de la estela acabó decorando la pared del departamento de un coleccionista privado en la costa este de Estados Unidos. Hace unos tres años, el dueño supo que ese pedazo de piedra provenía en realidad de un saqueo y se comunicó con la galería de arte de la Universidad de Yale para devolverla. Este centro se demoró hasta octubre pasado para alertar a la diplomacia mexicana de la ubicación de la pieza perdida. Finalmente, el enorme trozo de piedra caliza sacada de la selva de Chiapas volvió a Ciudad de México hace poco más de una semana, en un vuelo comercial desde Nueva York. Pese al éxito de la repatriación, su retorno muestra paradójicamente los límites de la política de recuperación de patrimonio del Estado mexicano.

El regreso del fragmento supone un buen inicio de año para la recuperación de patrimonio robado, cuyos frutos en la última década han sido muy variables, según muestran los datos proporcionados por el INAH a EL PAÍS. En 2008 se restituyeron unas 900 piezas, pero en 2011 no hubo ninguna. Un año después, el número se disparó hasta superar las 5.000 y en 2013 volvió a caer en picado a algo más de una decena. “No es constante, depende del año”, explica el arqueólogo Alejandro Bautista, quien desde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha participado en estos esfuerzos. “Lograr que se restituya implica un proceso diplomático, judicial, administrativo, académico…”, justifica.

En el caso de la estela de La Mar, se ha tardado varias décadas. Los arqueólogos consultados no recuerdan una restitución tan importante desde el Bajorrelieve de Xoc, una piedra labrada de época olmeca interceptada en una casa de subastas en París y devuelta a México en 2015. Recuperar estelas, las lápidas conmemorativas que los antiguos mayas esculpían para dar testimonio de acontecimientos importantes, es una rareza. “Generalmente son figurillas o vasijas; nada tan espectacular como una estela”, asegura Bautista.

La estela de La Mar en 1900. INAH

 

El explorador Teobert Maler, fotógrafo de ocasión, pudo ser uno de los últimos en verla en su hábitat original. Después de luchar para el fugaz Imperio mexicano de Maximiliano de Habsburgo, Maler se dedicó a documentar las ruinas mayas del sur del país. En 1900 visitó el yacimiento arqueológico de La Mar, en el Estado de Chiapas, donde fotografió la estela. Algunos años después de Maler, no se sabe cuántos, llegaron los saqueadores. La primera mitad del siglo XX fue una época dorada para este gremio y rica en historias de expolio gracias a la falta de protección de los yacimientos. En este contexto, las vistosas estelas mayas fueron un botín jugoso.

El arqueólogo Alejandro Tovalín, de la oficina del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas, explica la mecánica del saqueo: “La piedra caliza es relativamente suave. Se usaba una sierra para sacar un corte de unos seis centímetros de grosor y los fragmentaban en pequeños cuadrados; muchas veces bajo pedido. Bastantes estelas fueron destruidas en ese momento”. Bien troceadas, acababan decorando los salones de coleccionistas europeos o estadounidenses, como fue el caso del Bajorrelieve el Xoc y del fragmento recuperado.

A pesar de la falta de registros de muchas de las piezas robadas, los esfuerzos de restitución han empezado a cosechar éxitos modestos en la última década. El azar y la buena voluntad han jugado un papel importante. Algunas piezas han sido recuperadas gracias a investigaciones policiales extranjeras -México tiene sendos acuerdos bilaterales en este ámbito que facilitan la devolución de las piezas robadas una vez encontradas-, pero lo más común es que los dueños o sus descendientes las devuelvan voluntariamente. “De las 42 piezas recuperadas en 2018, 38 fueron retornos voluntarios y cuatro decomisos policiales”, apunta como ejemplo Alejandro Bautista, del INAH.

Juntar los fragmentos

Hace unos tres años, un coleccionista estadounidense cuya identidad no ha trascendido se puso en contacto con la Galería de arte de la Universidad de Yale. Desde 1966 tenía en su domicilio particular una esquina de piedra labrada de 45 centímetros de ancho, 74 de largo y siete de grosor, que pertenecía a la estela fotografiada por Maler hacía más de 100 años. “Mientras consultaba unos archivos él vio la imagen y descubrió que formaba parte de una pieza mayor”, explica Laurence Kanter, el galerista que participó en la operación. “Entonces se comunicó con nosotros para pedirnos ayuda. Nos dijo que quería reunirla con los otros pedazos, pero que no sabía cómo hacerlo”.

La galería ya había ayudado a víctimas del Holocausto a recuperar obras de arte confiscadas por los nazis, pero era su primera experiencia con arte prehispánico. Y esta vez se trataba de devolver, no de recuperar. Kanter se comunicó con el Consulado de México en Nueva York, una mole grisácea en pleno Manhattan. La noticia pasó entonces del Consulado a la Secretaría de Relaciones Exteriores en la capital y, de allí, al INAH. El arqueólogo Alejandro Bautista viajó en octubre a Nueva York para hacer un primer diagnóstico y supervisar el embalaje de la pieza.

Cinco meses después de ese viaje de reconocimiento, la esquina de estela ha pisado tierra mexicana y ha sido inscrita en el Registro de Bienes Culturales, una especie de acta de nacimiento. El paradero de los otros cinco fragmentos sigue siendo un misterio. La forma del corte de la esquina restituida podría dar alguna pista. “Si el corte es homogéneo, el resto podría estar escondido en alguna colección. Si es irregular, es posible que hayan sido destruidos”, aventura Tovalín. ¿Pero qué posibilidad hay de una reunión de los cinco pedazos? “Es muy complicado...”.

16.8.18

Nuevos geoglifos "reescriben" la historia de la Amazonía en Brasil

Vía El Mercurio de Antofagasta / EFE.

Investigación. Fueron descubiertos en el estado de Acre y revelarían una cultura que pobló la zona hace 2.500 años.



Nuevos geoglifos descubiertos en el estado brasileño de Acre refuerzan la idea de que en la Amazonía existió una población milenaria numerosa y jerarquizada desde 2.500 años antes de la llegada de los europeos, lo que está "reescribiendo" la historia de esa región.

"La Amazonía era estudiada como un pasado inhóspito, una región con poca población, y estas estructuras arqueológicas que estamos viendo aquí demuestran lo contrario", señaló a la agencia Efe Ivandra Rampanelli, arqueóloga con maestría y doctorado en prehistoria y responsable del más reciente descubrimiento de geoglifos en Acre.

Para Rampanelli, las excavaciones apuntan a que "podría haber existido una población densa, grande, organizada y jerarquizada y eso está reescribiendo la historia de la Amazonía como un todo, está cambiando lo que antes era visto como un territorio vacío".

Los geoglifos son figuras construidas en laderas de cerros o en planicies, usando la técnica de adición de tierra o piedras, con tonalidades oscuras de origen volcánico a manera de mosaico.

Los investigadores han descubierto en los últimos años un total de 523 geoglifos en el estado de Acre, fronterizo con Bolivia y Perú, país donde se encuentran los famosos de Nazca.

Descubrimientos

Según Rampanelli, responsable por las más recientes excavaciones, los nuevos "dibujos en la tierra" descubiertos en la planicie de Acre están asociados a rituales de los pueblos indígenas que habitaron la región antes de la llegada de los europeos.

Los primeros descubrimientos, detalló Rampanelli, datan de 1977, cuando investigadores locales encontraron ocho áreas arqueológica. A pesar del trabajo continuo posterior, fue sólo a partir de 2005 cuando las excavaciones con herramientas satelitales permitieron un "estudio sistemático" de esos lugares.

El más reciente descubrimiento en la selva amazónica ocurrió en octubre del año pasado con un equipo coordinado por Ramapanelli y que contó con la participación del español Agustín Díaz Castillo, de la Universidad de Valencia.

En julio, comenzaron a ser divulgados los primeros resultados de los estudios del hallazgo.

"Estamos muy interesados en saber qué más tiene esta área arqueológica en medio de la selva", expresó la arqueóloga.

Para Rampanelli, al estar en medio de la vegetación se encuentran mejor preservados "que los que están en áreas privadas y que hoy en día sirven pasto para ganado".

"Con las futuras excavaciones podremos encontrar vestigios materiales mejor preservados y también podremos hacer estudios de inventario botánico, inventario forestal, estudios de suelo, porque que están mejores preservados que otras áreas abiertas que tienen áreas arqueológicas", añadió.

Los dos nuevos geoglifos, que aparecieron por la deforestación en la región, están en la zona selvática de la reserva Chico Mendes, en Acre, y uno de ellos, en forma de círculo, tiene noventa metros de diámetro, con hasta cuatro de profundidad.

800 geoglifos

La Amazonía de Brasil y Bolivia tiene más de 800 geoglifos, 523 de los cuales están en Acre, uno de los estados más pobres del país.

Recientemente también una expedición arqueológica británica descubrió 81 aldeas de este tipo en el estado brasileño de Mato Grosso (occidente), con vestigios de cerámicas y herramientas de pueblos antiguos.

10.8.18

Hallazgos inesperados aumentan atractivo y misterio que rodean a Tiahuanaco

Vía EFE (15.05.2017).

Varios hallazgos inesperados en la antigua ciudadela de Tiahuanaco, en un trabajo impulsado por la Unesco y a cargo del arqueólogo español José Ignacio Gallegos, enriquecen la investigación y el misterio que rodean a esa antigua cultura.


PUMA PUNKU: 0: Edificio principal; 1, 2 y 3: Edificio occidental; 4: Plataforma superior de plaza central; 5: Plataforma inferior de Plaza central; 6: Plaza oriental; 7: Edificio sur. Crédito: José Ignacio Gallego y María Eugenia Pérez.
Fuente: Los Tiempos.

El consultor de la Unesco explicó a Efe que el trabajo de preservación y conservación que se realizaba en el sitio de Tiahuanaco, a 70 kilómetros de La Paz, dio un giro sorpresivo cuando se descubrió con estudios topográficos, tecnología satelital y un dron que el complejo arqueológico es más grande de lo que se conoce.

Tiahuanaco, que fue anterior a la de los incas, nació como una aldea alrededor del 1.580 a.C, pero creció hasta convertirse en imperio andino que se extendió alrededor del 724 d.C, aunque su declive se produjo en torno al 1.187 d.C, según los historiadores.

"El objetivo del proyecto no era el descubrimiento científico, el objeto es dotar de un conjunto de herramientas que permitirán que después que finalicemos el trabajo se hagan políticas adecuadas en el trabajo del sitio", sostuvo el experto.

No obstante, los ocho vuelos del dron realizados en el sitio han evidenciado que el sitio arqueológico engloba al menos 650 hectáreas, de las que en 411 se hizo el estudio topográfico.

Entre los principales hallazgos está que el área de Puma Punku, uno de los sitios con menos investigación y más enigmático porque acoge grandes piezas líticas, es de al menos 14 hectáreas.

Las investigación ha detectado que bajo tierra hay una plaza subterránea y hasta dos plataformas de lo que se considera una pirámide, que las autoridades bolivianas quieren excavar.

Se trata de un hallazgo que podría cambiar la visión que hay sobre el sitio arqueológico, comentó a Efe el director del Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Administración de Tiahanaco (CIAAAT), Julio Condori.

"Va a cambiar el enfoque y muchas teorías van a ser enriquecidas o complementadas, pero principalmente nos permite hacer una relectura y una reinterpretación de lo que ha sido Tiahuanaco",dijo.

Los trabajos realizados también permiten sospechar que cerca del templo de Kalasasaya, donde están importantes piezas de esa civilización como la Puerta del Sol, también hay otra construcción lítica, posiblemente otro templo, bajo tierra.

Además, el trabajo dio luces, según Condori, sobre la relación del agua con Tiahuanaco ya que se ha identificado lo que sería una red de canales de agua.

"Al parecer el rol del agua ha sido fundamental en Tiahuanaco. Por ejemplo hay vertientes canalizadas cerca de Puma Punku y con la investigación y las excavaciones podremos saber más", sostuvo.

Según Gallegos, cerca del sitio arqueológico también existen zonas inundables y canales, que han sido localizadas gracias a las investigaciones y excavaciones de otros arqueólogos.

"Todo esto nos habla de la cultura del agua y de cómo tenían ese dominio no solo para beber sino para todas las cosas de la vida cotidiana y de su forma de vida, circunstancias religiosas, políticas", subrayó el investigador español.

También se ha detectado que bajo tierra hay un centenar de "unidades domésticas" de forma circular en el sitio arqueológico.

Otro de los descubrimientos está en la zona Kantatallita, ubicada en el este del sitio arqueológico, que también tendría escondida bajo tierra una pirámide que al parecer podría ser de tres plataformas subterráneas y en forma de T.

"La Unesco ha hecho referencia a que en el área de Kantatallita, que significa luz del alba, estaría una pirámide pequeña, pero eso se confirmará con las excavaciones", resaltó el jefe de comunicaciones de CIAAAT, Raúl Yujra.

Según Condori, las excavaciones posiblemente comiencen en septiembre de este año para verificar datos del estudio topográfico.

Los investigadores del CIAAAT coordinan con los encargados de la Unesco la realización de estas excavaciones en la que por primera vez utilizarán las herramientas del laboratorio de arqueología que ha sido inaugurado el pasado martes en el museo del lugar.

Yolanda Salazar

21.11.17

Museo de Arte Precolombino estrena inédita exposición sensorial que recrea la inmensidad del arte rupestre

Vía El Dínamo.



El Museo Chileno de Arte Precolombino y BHP / Minera Escondida presentan “Taira, el amanecer del arte en Atacama”, una exposición que traerá a Santiago la belleza, complejidad y vitalidad del arte rupestre de Taira (Región de Antofagasta) entre el 1 de diciembre de 2017 y el 27 de mayo de 2018.

Una sucesión de imágenes en 360°, un viaje fílmico telescópico que imita el vuelo de un cóndor y un espectáculo donde el público experimentará la atmósfera, fantasía y realidad de los fenómenos astronómicos de Taira son algunas de las novedades de esta exposición inédita en Chile, que releva un sitio arqueológico cuyas representaciones rupestres son incomparables en la prehistoria del arte americano.

“Esta es una exposición muy novedosa que creo no se ha hecho nunca en nuestro país. Se basa en una larga investigación de nuestro curador, José Berenguer, y por lo tanto es una expresión de arte rupestre muy bien documentada. Museográficamente es aventurada, con la inclusión de nuevos medios y alta tecnología”, explica Carlos Aldunate, director del Museo Chileno de Arte Precolombino.

La muestra cuenta con la colaboración en testimonios y saberes ancestrales de la Comunidad Indígena Atacameña Taira, actuales habitantes del lugar donde se ubica el sitio arqueológico investigado.

“Taira, el amanecer del arte en Atacama” se enmarca dentro de la alianza de colaboración que sostienen hace más de una década BHP / Minera Escondida y el Museo Chileno de Arte Precolombino, que ha llevado a producir proyectos culturales de gran relevancia para el país. Este aporte al patrimonio propio de los pueblos precolombinos, especialmente aquellos del actual territorio chileno, tiene por objetivo demostrar que el mundo precolombino no es algo del pasado, sino que permanece en nuestro acervo genético y cultural.

“Nuestra alianza con el Museo Chileno de Arte Precolombino tiene ya más de quince años y es parte de un compromiso de BHP a nivel global. En Australia y otros países donde tenemos operaciones también desarrollamos proyectos para reconocer y celebrar el arte y la cultura indígenas. En nuestro país, junto con continuar trabajando en nuevos proyectos que incorporen una activa participación de las comunidades indígenas locales, ahora estamos iniciando una iniciativa de intercambio cultural con Australia, que esperamos sea el inicio de una colaboración a largo plazo entre el Museo Precolombino y la National Gallery de South Australia”, señala Daniel Malchuk, presidente de BHP Minerals Americas.

“Taira es muy bello. Sin embargo, pensarlo solo como una joya estética o como un objeto de arte es limitarlo. En nuestra exposición, buscamos estimular el placer estético, pero también el goce de entender el mensaje que hay detrás de las imágenes”, agrega Berenguer, arqueólogo, investigador de la exposición y curador jefe del Museo Precolombino.

Con ese objetivo, la museografía se desarrolla de manera innovadora, mediante dispositivos multimedia al servicio de la estimulación sensorial y los objetivos comunicacionales. “El paisaje rotundo horizontal, con tiempo casi suspendido del desierto, además de toda la diversidad del valle del Loa, han sido recursos visuales que activan la narrativa de la historia que contamos. Los formatos de exposición, desde lo clásico, mostrando objetos, hasta recursos digitales, mostrando animaciones, hacen que lo audiovisual sea un componente fuerte”, explica el arquitecto Rodrigo Tisi, quien junto a su equipo está encargado del diseño y montaje.

Zona interactiva para la familia

La Zona Interactiva Mustakis del Museo Precolombino se renueva para acompañar la nueva exhibición “Taira, el amanecer del arte en Atacama” e invita a toda la familia a aprender jugando con actividades que ayudarán a grandes y chicos a entender por qué nuestros antepasados dejaron marcas en las rocas que nos maravillan hasta hoy.

Con Taira AR, un entretenido juego de realidad aumentada, podrán personalizar su propio arte rupestre y conocer los mitos de creación de las llamas, un animal muy importante para las culturas originarias del norte grande de Chile. Además, podrán tocar y escuchar a la “Roca que habla” para descubrir que, para las comunidades antiguas que habitaron las cercanías de Taira, grabar y pintar en ella era lo mismo que pedir un deseo.

17.10.17

Tras la huella de la chata "Liffey" hundida en la bahía de Mejillones

Vía El Mercurio de Antofagasta.



HISTORIA. Fragata perteneció a Real Armada Británica y fue botada en Devonport, en 1855. En Mejillones sirvió de residencia a los empleados ingleses del Fcab.

La bahía de Mejillones encierra una serie de episodios propios de su dependencia marítima. En este caso, nos referimos a los muchos naufragios acaecidos en sus aguas, algunos de trágicos perfiles, en tanto otros hay que son ignorados. Este "cementerio" submarino, espera ser explotado por un grupo de emprendedores mejilloninos quienes, derrochando coraje, esfuerzo y porfía, sueñan con transformar el fondo de la bahía en un recurso turístico de grandes proyecciones.

Hojeando libros y hurgando archivos, efectuando reiteradas inmersiones, algunas provechosas y otras no tanto, esperan dar con los restos de la fragata inglesa "Liffey", nave de la Real Marina Inglesa que terminó sus días en Mejillones, luego de navegar todos los océanos, con una dotación de medio millar de hombres y una batería compuesta de 50 cañones de diverso calibre.
Circuito

"La idea es hacer un circuito submarino para buceadores de mediana experiencia. Hay goletas y remolcadores hundidos que ya los tenemos ubicados. La tarea ha sido dura, porque el fondo está lleno de fango, producto de la contaminación. Todo este circuito terminaría con el reconocimiento de los restos de la "Liffey", que está aquí, en la proyección del antiguo muelle de la empresa "Buchanan and Jones" - afirma David Pizarro, mientras emerge de las profundidades con un trozo de madera.

Junto a Felipe Catalán, director del museo de Mejillones y al buzo Karim Rivera, el buzo comercial David Pizarro trabajó en el balizado de los restos sumergidos de los pilotes, como una manera de determinar con mayor precisión el lugar del hundimiento de la fragata inglesa.

Botada al agua el año 1856, la "Liffey" navegó por las aguas del mundo como parte de la Flota Volante de la Real Armada Inglesa. Ancló en Coquimbo, donde estuvo apostada por largos años, junto a otras naves británicas. Tanto tiempo permaneció en esas aguas, que los tripulantes bajaban a "La Pampilla", donde los marinos extranjeros practicaban fútbol, deporte que se desconocía en Chile. Corría el año 1894, apagados los desenfrenados odios generados por la revolución que derrocó al presidente Balmaceda, el 24 de junio los ingleses residentes y algunos chilenos entusiastas dieron origen al Coquimbo Unido, primer club de football de Chile. (¿"Coquimbo United", que hablaba de la unión de criollos y británicos?)

La imponente fragata fue dada de baja el año 1903, fue desarbolada y su armamento transbordado a otro navío inglés. Con posterioridad al año 1906, la "Liffey" es remolcada hasta Mejillones, adquirida por la empresa salitrera "English Lomax" y en el año 1924, pasa a poder de la naviera JJ. Mac Auliffe, donde sirvió de "chata", para acopiar stocks de carbón, pertrechos logísticos y alojamiento de los empleados ingleses solteros.

"Las aguas de Mejillones encierran una serie de historias. Hay que bajar a buscarlas, para darlas a conocer y ponerlas a disposición de la comunidad. En esos maderos hundidos, en los cascos que están sumergidos, se han escrito páginas llenas de episodios en que los principales actores fueron los mejilloninos, salvo escasas excepciones. Recuperar ese pasado para traerlo al presente es nuestro sueño…"- explica Felipe Catalán, director del Museo de Mejillones, que depende del municipio.

Final

Catalán explica que la "Liffey" terminó sus días hecha astillas, porque fue desmantelada y su madera vendida a los mejilloninos. Algunos la adquirieron para hacer muebles, pero pasaron muchos malos ratos dada la dureza de la "teka", madera con la que estaba hecha su obra viva, los baos y la cubierta.

Lo que queda de la "chata" Liffey en el fondo del mar mejillonino es muy poco. La quilla, parte de sus cuadernas, los palmajares, parte del codaste y el empalme de la roda, son los escasos vestigios del que fue un poderoso navío inglés. Todo hecho de aquella "teka", que es difícilmente afectada por la "broma" o "polilla de mar", (Teredo navalis). Pero lo que más hay bajo esas aguas, son muchísimos recuerdos, episodios enjundiosos que estos tres mejilloninos esperan sacar a flote, para disfrutarlos y compartirlos.

27.8.17

Geoglifos de Chug Chug en [el Desierto de ] Atacama son traspasados a comunidades



Vía La Tercera.

Autor: Karen González T.

Según la ministra de Bienes Nacionales, la finalidad de la concesión es “proteger este sitio arqueológico de importancia mundial y valor patrimonial excepcional para la humanidad”.

Los Geoglifos de Chug Chug, ubicados a 35 km de Calama, en pleno desierto de Atacama, es uno de los sitios arqueológicos más importantes del país y el segundo con mayor número de las ancestrales representaciones después de los Geoglifos de Pintados, en la Pampa del Tamarugal (Tarapacá). En 19 mil hectáreas, se distribuyen más de 560 figuras de gran tamaño y visibles a gran distancia, que dan cuenta del intenso uso que las comunidades indígenas de la zona, principalmente atacameñas y aymaras, le dieron a esta ruta desde épocas prehispánicas, hasta el mismo siglo XX.

Debido a su valor, que algunas organizaciones han comparado con el de los geoglifos de Nazca (Perú) es que el Ministerio de Bienes Nacionales (BB.NN.) decidió entregar una concesión gratuita de cinco años de duración a dos comunidades indígenas para su administración.

Según la ministra de la cartera, Nivia Palma, la finalidad de la concesión es “proteger este sitio arqueológico de importancia mundial y valor patrimonial excepcional para la humanidad”. Estas dos comunidades indígenas han tenido “ocupaciones ancestrales sobre el territorio”, por lo que “paralelamente estamos tramitando una concesión de largo plazo que permita la creación de un parque como un aporte para miles de estudiantes y turistas que visitan esta asombrosa zona”, agrega.

En total, son 15 mil hectáreas que se reparten entre las comunas de María Elena y Calama, que serán administradas por las comunidades indígenas Aymara de Quillagua y Atacameña Chunchuri, con fines de investigación, conservación y puesta en valor patrimonial de los ancestrales polígonos.

Como explica Tomás Sepúlveda, director de Proyectos de la Fundación Desierto de Atacama, entidad que también participa del proyecto, “estos geoglifos están siendo amenazados y destruidos por distintas acciones: autos que se suben a los cerros a hacer rally, la actividad minera y también por el turismo informal. Por eso es fundamental este paso para entregar una mejor protección”.

El presidente de la comunidad Aymara de Quillagua, Víctor Palape, explica que “llevamos dos años trabajando con la comunidad de Chunchuri para poder proteger de forma efectiva este patrimonio que nos dejaron nuestros abuelos, que son todos los pueblos que vivían en el alto El Loa”.

22.4.17

Un Geoglifo Antropomorfo en Chile [o recintos arqueológicos en Tarapacá y Antofagasta]

Vía La Entrada Secreta.

"La entrada secreta" recupera otro documento interesante de su archivo, un pequeño artículo publicado en la revista Cuarta Dimensión en agosto de 1974:

Por Daniel Rodríguez Luján



1. Valle de Tafí
Durante mi estadía en Chile, en Febrero del presente año [1974], tuve la oportunidad de leer la Revista Geográfica de Chile, en su número 21, en la que se comentaba que durante un reconocimiento aéreo, realizado en el Valle de Tafí, fueron descubiertas un gran número de ruinas de forma circular el modo de pircas de piedra de unos 50 centímetros de alto, las que por sus características pareciesen pertenecer a la misma época que las ruinas de Guatacombo, la famosa “Ciudad Perdida” descubierta en 1961 en la Provincia de Tarapacá del hermano país.

2. Ruinas de Guatacombo [Huatacondo]
Durante el año mencionado en el curso de vuelo de reconocimiento geológico en helicóptero, el Sr. James Kieghlev, de la Asociación Martin Kykes, halló un importante sitio arqueológico en pleno desierto de Atacama, fotografiándolo desde el aire. Posteriormente el geólogo Jefe de la Chile Exploration de Chuquicamata, Dr. Robert Hamilton y el ingeniero Emil de Bruyne, llevaron a cabo trabajos de investigación en dicha área con aviones del Club Aéreo llegando a la conclusión que en la Quebrada de Guatacombo existieron civilizaciones de un desarrollo agrícola, quedando sus huellas bajo el polvo del desierto por muchos siglos, por lo que pasaron desapercibidos para todos los seres humanos.

La ubicación de este yacimiento arqueológico está al este noreste de Quillagua, latitud 20° 59′ Sur y longitud 69° 10′ Oeste, en medio del desierto más estéril del norte de Chile.

3. Gigante de Atacama
En esta desolada tierra se encuentra un geoglifo antropomorfo, que extendido sobre el suelo alcanza una extensión de casi 100 metros y cabe mencionar que en la actualidad no existe camino alguno que permita el acceso a tan enorme figura, sólo visible desde el aire.

La publicación de la Revista Geográfica señala que en las laderas de las colinas de la zona, hay más geoglifos que serán estudiados en un futuro no muy lejano.

La figura de la conformación antropomórfica está hecha con rocas producto de rodados de brecha volcánica, consistente en material de acarreo. La superficie de estas rocas se presenta cubierta de un barniz del desierto, debido a su larga exposición a la acción de fuertes vientos cargados con arena. Con estas mismas características se muestran las áreas arqueológicas de Guatacombo, las cuales se hallan totalmente cubiertas de terrazas de cultivo que ocupan grandes extensiones a lo largo de la Pampa del Tamarugal.

Los dibujos trazados en los faldeos de las laderas cordilleranas se suponen los obtenían removiendo y ordenando las piedras sueltas, dándole formas diferentes, en algunos casos geométricas, en el lugar hay nada menos que 200 de dichas características.

4. centro ceremonial del Licancabur
En un vuelo efectuado sobre el cráter del volcán Licancabur, en las cercanías de San Pedro de Atacama, se pudo detectar con mucha claridad unas ruinas arqueológicas, tal vez las de mayor altura en todo el mundo, 6.000 metros aproximadamente.

El Reverendo Padre Le Paige fue el primero que exploró dichos contextos comentando que quizás se tratase de un adoratorio de los antiguos atacameños.

17.7.16

La ciudad inca en Santiago de Chile que Pedro de Valdivia ignoró. Por Denisse Espinoza.



Vía La Tercera.



[Hallazgo] En 2012 los investigadores Gonzalo Sotomayor y Rubén Stehberg afirmaron que a la llegada de los españoles la capital ya era una importante sede del Imperio cusqueño. Una excavación en el Museo Histórico comprueba la tesis que cambiaría la visión sobre el origen de Chile.

Fue a fines de 2011 cuando el historiador Gonzalo Sotomayor llegó a la oficina de Rubén Stehberg, jefe del área de arqueología del Museo de Historia Natural, con un dato clave. Luego de bastante tiempo descifrando y estudiando los archivos eclesiásticos de los dominicos, Sotomayor había dado con el sitio más probable donde el Imperio Inca habría levantado una de sus sedes administrativas principales. “Me dijo haber encontrado el testimonio de un indio de origen peruano, Gaspar Jauxa quien dice que el camino del Inca partía en el centro de Santiago ‘desde la casa de Doña Ysabel de Caseres donde están los paredones biexos de las casa del inga’ (sic), en lo que sería hoy calle Puente con Catedral. Nunca había tenido una ubicación tan exacta”, recuerda hoy Stehberg, quien en 1975 se graduaba de arqueólogo con una tesis donde ya planteaba la idea de que en la ribera del Mapocho existía un centro administrativo del Tawantinsuyo a la llegada de los españoles. La información de Sotomayor reavivó la hipótesis, pero para comprobarla había que remover tierra.

Gracias a un proyecto Fondecyt, lograron ese mismo año excavar bajo el Museo de Arte Precolombino y la Catedral de Santiago, donde justamente encontraron importantes fragmentos incas: a fines de 2012 la publicación Mapocho incaico revolucionó a los historiadores, generando voces a favor y en contra. No se detuvieron. En estos últimos cuatro años las excavaciones se ampliaron a toda la cuenca del río Mapocho, incluyendo el cerro Chena, la quebrada San Ramón y sitios en Apoquindo, Tobalaba, Peñalolén y Quilicura, donde encontraron desde alfarería y cerámica cusqueña hasta cementerios indígenas. Hace tres semanas iniciaron los trabajos en uno de los patios del Museo Histórico (que el público puede visitar hasta el 31 de julio), donde otra vez hallaron fragmentos de cerámica inca. La investigación que por estos días está en su punto álgido, también ha sufrido un duro revés. En marzo pasado, Gonzalo Sotomayor falleció producto de un cáncer. Tenía 42 años.

“Fue una enfermedad muy agresiva. Lo perdimos y quedamos cojos, él proveía de documentación histórica clave. Teníamos tantos planes”, lamenta Stehberg. En dos meses más publicará Mapocho incaico norte, documento que logró completar junto al historiador de la UC; mientras que con el resto del equipo compuesto por la arqueóloga Claudia Prado, el geólogo Juan Carlos Cerda y ahora con la ayuda de Emma de Ramón, conservadora del Archivo Nacional y Miguel Lecaros, asistente de Sotomayor, planean concluir Mapocho incaico central, parte final de la investigación.

Visiones y omisiones

La evidencia demuestra que a la llegada de los españoles ya existía en lo que hoy es la Plaza de Armas un importante asentamiento dirigido por el gobernador inca Quilicanta, quien incluso habría ayudado a la expedición de Diego de Almagro y más tarde al propio Pedro de Valdivia.

Este centro habría tenido una importante red vial, con acequias donde se practicaba la hidroagricultura y extracción de minerales como plata y oro, además de conectar con provincias del Tawantinsuyo. Uno de los primeros indicios lo encontraron en las actas del Cabildo de 1541 donde se indica que Valdivia fue nombrado gobernador “en el tambo grande que está junto a la plaza de esta ciudad” ¿Qué hacía un tambo -albergue incaico- en territorio chileno? El dato ya empezaba a echar por tierra la idea de que el conquistador había fundado Santiago de Nueva Extremadura en un peladero.

“Las cartas que Valdivia le envió al rey influyeron mucho en que los historiadores no profundizaran en el tema inca. En ellas no da cuenta de nada, es una visión europeocéntrica que invisibilizó el aporte indígena. Estaban más preocupados en destacar sus propios logros, querían deslumbrar al rey, pero lo cierto es que lo que hicieron fue aprovechar la ubicación que los incas ya había establecido. Valdivia dependía de los indígenas prácticamente para todo, incluso para comer, aunque terminaron destruyendo todo ese sistema”, afirma Stehberg.

Valdivia se habría encontrado con una ciudad en pleno funcionamiento, con plaza, edificios públicos, viviendas, depósitos y acequias, que incluso en 1536 habría sido saqueada por españoles de la expedición de Diego de Almagro, quienes se llevaron a vírgenes mamaconas consagradas para la deidad solar, según el relato del cronista Padre Rosales. Además en las excavaciones en el Pucará Chena, Stehberg y Sotomayor encontraron una plataforma ceremonial, de la que el arqueólogo no quiere dar más detalles “hasta que se libere la publicación oficial”, dice. La momia del Niño del Cerro El Plomo, sería otra de las piezas clave.

“Lo interesante es que aunque el Tawantinsuyo en el Perú desapareció por el 1532, en el valle del Mapocho siguió funcionando hasta el 11 de septiembre de 1541”, dice el arqueólogo. La exactitud de la fecha se debe a que ese día cientos de indígenas asaltaron y quemaron la ciudad, provocando la ira de los españoles sobre todo la de Inés de Suárez, compañera de Valdivia, quien mandó a degollar al cacique Quilicanta, culpado de la sublevación. “Eso marcó el final del Tawantinsuyo en nuestras tierras”, dice Stehberg. Aunque para la historiografía nacional, el dominio inca siempre fue invisible. Todo está por reescribirse.

27.1.16

Los túneles que no existían en Puebla, México

Vía El País.

Sorprendente descubrimiento: Los túneles que no existían en Puebla

Una serie de caminos subterráneos del siglo XVI han sido hallados en las entrañas de esta ciudad colonial del centro de México

Por Sonia Corona.


La altura original de los túneles llegaba hasta los 8,5 metros, sin embargo, por cuestiones de seguridad y de estabilidad para las construcciones actuales, sólo se excavará hasta llegar a los 3,5 metros.
© Foto: Saúl Ruiz / El País.

Era una leyenda que se contaba en las sobremesas y en las tertulias: Bajo la ciudad de Puebla había túneles que conectaban iglesias con antiguos edificios y los revolucionarios mexicanos los habían utilizado para escabullirse durante la guerra. Pero no había rastro de ellos, ni mapa que probara su existencia, hasta ahora. Una red de 10 kilómetros de caminos subterráneos construidos en los siglos XVI, XVII y XVIII han sido hallados en el corazón de la ciudad y el gobierno local se ha puesto a la tarea de descubrirlos para echar un poco de luz sobre su historia.

Los primeros indicios de la existencia de los túneles los dio una serie de mapas del siglo XIX en manos de una familia de la región, pero la prueba definitiva de que no se trataba de un mito fue el hallazgo accidental de una parte de la estructura durante una remodelación urbana en 2014. Poco a poco las bóvedas semicirculares de los canales fueron descubiertas de la tierra que ocultaba su simetría casi perfecta. “Nunca nos imaginamos que eran así, yo en toda mi carrera nunca había visto nada así”, cuenta Sergio Vergara, gerente del centro histórico de Puebla (centro de México).

Las primeras investigaciones revelan que los túneles fueron construidos después de la fundación de la ciudad en 1531. Puebla fue una de las primeras ciudades formadas durante la colonia española y funcionaba como un importante centro habitacional para el clero novohispano. Los subterráneos se construyeron en los siguientes dos siglos a la par que la mayoría de las iglesias, monasterios y los edificios más representativos de la nueva urbe: el Ayuntamiento y la Catedral. Los caminos habrían servido, en un principio, para trasladar con discreción las riquezas de la iglesia Católica.

Los pasadizos poseen diferentes estilos arquitectónicos según su época de construcción y hasta ahora se han encontrado hasta 15 diferentes sistemas de arcos que han sostenido las estructuras a través de los siglos. Los constructores utilizaron una composición de piedras lascas —rocas pulidas y pegadas con los materiales disponibles de la época— hasta formar un arco de medio punto y con una apariencia similar a la bóveda catalana. “Un trabajo milimétrico”, apunta Vergara. Las estructuras han soportado la construcción de edificios, el montaje de sistemas hidráulicos, seísmos, la introducción del asfaltado y el tráfico de los automóviles. Al entrar a ellos un potente olor a azufre y la humedad se apoderan del ambiente, ya que las estructuras fueron construidas en un suelo con mantos de aguas sulfurosas.

La entrada al primero de nueve túneles —llamado Puerta de Zaragoza— estará abierta a los visitantes el próximo febrero en el Barrio de Xanenetla, al noreste de la ciudad. Sus bóvedas alcanzaron alguna vez los 8,5 metros de altura y su longitud recorría 4 kilómetros desde el río San Francisco hasta el Fuerte de Guadalupe, una estructura en la cima de un cerro para proteger la urbe de ataques. Estos detalles respaldan la hipótesis de que el subterráneo sirvió para el transporte de armas, municiones, e incluso soldados durante la célebre batalla del 5 de mayo de 1862, un enfrentamiento contra el Ejército francés que invadía México y en el que los mexicanos resultaron vencedores. Los túneles habrían sido clave para derrotar a los franceses en un ataque simultáneo por diferentes frentes.

“Estas historias me las contaba mi abuelo, que había visto personalmente algunos túneles y decía: ‘Yo vi a Porfirio Díaz, que cruzaba a caballo y pasaban las carretas en las bóvedas de la ciudad’”, cuenta Antonio Gali, alcalde de Puebla. Su abuelo Rafael Gali, un emigrante libanés dedicado a la industria textil, presenció a principios del siglo XX los traslados que algunas personas con una buena posición social hacían a través de las llamadas “calles de abajo”. Tras la Revolución mexicana (1910) no se volvió a saber más sobre los pasadizos y las leyendas tomaron el relevo. “No me imagino tantos años de historia y sin que nadie tuviera el interés de encontrarlos”, reflexiona Gali.

26.12.14

El origen de los geoglifos del desierto de Atacama

Vía ABC.



EFE.

El arqueólogo Gonzalo Pimentel asegura que es «un tipo de arte rupestre vinculado a las antiguas rutas caravaneras que los viajeros dejaban como impronta de su paso y su identidad»

En las laderas del desierto de Atacama, en el norte de Chile, se halla uno de los grandes misterios de la humanidad: gigantescas figuras grabadas en el suelo representan formas abstractas e inquietantes siluetas humanas que encierran las claves de un mundo aún por desvelar.

Indescifrables códigos extraterrestres y épicos viajes fenicios son algunas de las múltiples conjeturas que se han hecho en torno a más de 500 figuras del norte de Chile, unos mitos que pueden ser derribados por el arqueólogo chileno Gonzalo Pimentel, quien lleva años estudiando esas inquietantes formaciones.

Lejos de las explicaciones marcianas, el origen de esas grandes proezas» se encuentra «mucho más relacionado con la naturaleza del hombre que lo que muchos otros quieren creer», dijo el experto en geoglifos y movilidad andina precolombina. Se trata, según Pimentel, «de un tipo de arte rupestre vinculado a las antiguas rutas caravaneras que los viajeros dejaban como impronta de su paso y su identidad».

Las figuras, realizadas principalmente en el primer milenio de nuestra era, miden entre 10 y 300 metros y se encuentran en medio millar de puntos entre las ciudades de Antofagasta y Arica, en pleno desierto de Atacama. Las creaciones se obtenían «dibujando sobre el suelo, ya sea sacando las piedras superficiales oscuras para dejar a la vista la arena más clara o amontonándolas con el objetivo de generar un contraste que permite distinguir la figura del fondo», explicó el experto.

Ellos son el testimonio de la odisea que debió vivir el hombre en esos áridos parajes y del comportamiento de los grupos especializados de las sociedades andinas, vinculados al tráfico regional e internacional. Más allá de las improntas identitarias, «es posible que las figuras respondan también a sistemas de marcas o señaléticas alusivas a las rutas y desplazamientos», pues su ubicación se encuentra siempre lejos de cualquier antigua localidad.

Nada que ver, pues, con creaciones marcianas o de la Civilización Fenicia -quienes según algunos reportajes habrían dejado Oriente Medio para asentarse en el desierto de Atacama hace más de 3.000 años-, el origen de los geoglifos estaría relacionado con la misma motivación que empuja a «los jóvenes de hoy día a hacer grafitis en las paredes».

El imaginario colectivo de los andinos

«Las figuras -apuntó el experto- son obra y gracia del Mundo Andino Precolombino, de los ancestros locales que, en su afán de domesticar el desierto, de dotarlo de contenido y cultura, nos pintaron las laderas de los cerros con enormes figuras como si quisieran competir con el infinito desierto». Rombos escalados, cruces andinas y figuras humanas ataviadas con túnicas y herramientas representan la visión del mundo, cosmovisión, cosmogonía e imaginarios colectivos de varios miles de años y decenas de generaciones de andinos.

«Fue hecho por el mundo andino para el mundo andino», remarcó Pimentel, quien subrayó la gran relevancia de estas figuras para el conocimiento de las culturas prehispánicas. Pues, según el experto, a través de los dibujos se «representa la diversidad social y cultural de grupos humanos como los atacameños, tarapaqueños, aimaras y algunos grupos quechuas».

No obstante, el arqueólogo descartó que otras de las figuras geométricas encontradas en la planicie alta de Lasana, a 40 kilómetros al noreste de la ciudad de Calama, fueran realmente geoglifos. Pimentel, que estudió concretamente estas figuras en 2008 para National Geographic, determinó que «la mayor parte de ellas fueron realizadas a mediados del siglo XX, al sacar áridos de forma artesanal mientras se construían caminos mineros y tuberías».

«En términos formales -señaló- se podría decir que están realizados con la misma técnica que los geoglifos pero en realidad, aquí no hay intención de transmitir nada». En la zona de Lasana abundan, pues, las figuras resultantes de la actividad productiva; sin embargo, según el experto sí se han encontrado otras figuras de grandes dimensiones que se pueden asociar a los geoglifos.

El caso más paradigmático corresponde a una compleja figura abstracta de trazado ortogonal, de 300 metros de largo por ochenta de ancho, construida entre el año 900 y 1550 de nuestra era, que es observable por completo desde el aire.

Estos estudios derriban los incontables mitos que rodean las enigmáticas líneas que parecen esfumarse en el horizonte; aun así, existe un misterio siempre quedará en el aire. Cuando fueron creadas, el hombre aún no había podido alzar el vuelo, así pues, ¿para quién fueron trazados los dibujos?

Como ya ocurriera con las legendarias líneas de Nazca, en el sur de Perú, bajo la arena del inconmensurable desierto chileno las claves de este mundo arcaico permanecen encerradas como improntas de una civilización aún por desvelar.

23.8.14

Arqueólogos [encabezados por el esloveno Ivan Šprajc] ubican una ciudad y un centro urbano maya en Campeche, México

Vía CNN México.

© Ivan Šprajc

En las zonas denominadas como La lagunita y Tamchén, además de edificios monumentales, también se encontraron 10 estelas y tres altares

(Notimex) — Un grupo de arqueólogos, encabezados por el esloveno Ivan Šprajc, ubicó una ciudad maya perdida durante décadas y un centro urbano nunca antes reportado en el área norte de la Reserva de la Biosfera Calakmul, en Campeche.

Además de edificios monumentales dispuestos alrededor de varias plazas, incluyendo un juego de pelota y un templo piramidal de casi 20 metros de altura; también se encontraron 10 estelas y tres altares.

El rasgo más impactante de la zona denominada como La lagunita, es una portada zoomorfa que representa las fauces abiertas del monstruo de la tierra, asociado en la religión maya con el inframundo, el agua y la fertilidad, de acuerdo con los promotores del arqueólogo Ivan Šprajc, del Centro de Investigaciones Científicas de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes.

Sobre el centro urbano, denominado Tamchén (pozo profundo, en referencia a la gran cantidad de chultunes), los arqueólgos encabezados por el esloveno Ivan Šprajc informaron que destaca por tener una gran concentración de chultunes en el centro cívico y ceremonial, algunos de profundidades inusitadas, así como por varias plazas con edificios voluminosos.

También hay un templo piramidal, con una estela y un altar en su base, que conserva partes considerables del santuario superior.

La importancia de ambos sitios está indicada por las características arquitectónicas y los monumentos esculpidos, así como por la gran concentración de restos habitacionales en sus alrededores.

Junto con Chactún (descubierta en 2013), Lagunita y Tamchén ostentan varios elementos insólitos, representando un reto para las futuras investigaciones en el área del oriente de Campeche.

11.1.14

El Dakar ha destruido geoglifos y Camino del Inca.


El recorrido de la destrucción de América latina. © Dakar.

Vía Visión Nacional.

Una denuncia realizada por el Colegio de Arqueólogos sobre los graves daños que ha sufrido el patrimonio arqueológico en el norte de Chile nos hace reflexionar acerca de los reales beneficios que esta competencia se lleve a cabo en el país.

Según la vicepresidenta del organismo colegiado, Paola González, desde el punto de vista patrimonial y arqueológico el impacto de este certamen sería significativo, “el Rally Dakar es un reguero de destrucción en el norte de chile, calculamos que unos 250 sitios documentados han sido destruidos, es como si nos destruyeran miles y miles de libros de historia prehispánica e histórica, que son irreconstruibles, porque no son renovables”, detalló la profesional con sentidas palabras, y continuó explicando, “la destrucción de un geoglifo no es como un bosque de canelo que tu lo destruyes y plantas otro en el cerro del lado, acá si un sitio arqueológico se destruye, no vuelves a saber nunca más que pasó, ni continuar con las investigaciones de antiguas sociedades en base a aquellos vestigios”.

Por este motivo desde el 2012 el Colegio de Arqueólogos está solicitando que este evento sea sometido a un Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental, para de este modo generar una línea de base, considerando que los sitios por donde se realiza esta competencia son monumentos nacionales y pertenecen al Estado, y en versiones anteriores han resultado dañados geoglifos y parte del Camino del Inca.

Sin embargo, para el gremio es incomprensible la postura que ha tomado el Estado, en el sentido de no resguardar el patrimonio histórico, además de aportar con recursos para que este evento se lleve a cabo en el país, determinación totalmente opuesta a la que tomó Ecuador, que rechazó tajantemente la solicitud de la empresa Amaury Sport Organisation (ASO) para que la competencia se realizara por ese país, luego de analizar la experiencia y los daños provocados por las caravanas de vehículos en Chile, Bolivia y Perú.

Asimismo, en las redes sociales, como facebook se pueden observar numerosos grupos “anti-Dakar”, donde sus participantes muestran fotos de los daños ambientales, ecológicos y a los animales de las zonas recorridas.

10.9.13

Tratan de evitar que la minera Radomiro Tomic destruya más de 190 sitios arqueológicos de la zona de Calama

Vía Lo Actual.

Corporación de Cultura y Turismo de Calama entrega informe sobre Proyecto RT Sulfuros

La dirección de Patrimonio ha estudiado los posibles daños que ocasionaría a la zona.

Hasta Antofagasta y en compañía del alcalde de comuna, Esteban Velásquez, la dirección de Patrimonio de la Corporación de Cultura y Turismo entregó al Servicio De Evaluación Ambiental (SEA) un expediente sobre El proyecto RT Sulfuros, el cual permitiría explotar las reservas de sulfuros de la División Radomiro Tomic pero que en la práctica destruiría más de 190 sitios arqueológicos de la zona.

Hasta este 9 de septiembre se recibirán informes respecto de este proceso de evaluación abierta, que según asegura el mismo director del área de Patrimonio de la Corporación de Cultura y Turismo René Huerta, preocupa además a otras instituciones ligadas al medio ambiente o al mismo patrimonio de Calama.

"Hay irregularidades respecto a la posibilidad de afectar a más de 190 sitios arqueológicos de la región, es por ello que creemos que se puede lograr diálogos sin que afecte o pase por nuestro patrimonio y evitar así un desastre que después tengamos que lamentar", puntualizó Huerta Quinsacara.

La principal intención de la CCTC a través de su dirección de patrimonio es poner este tema en conocimiento de la comunidad y principalmente de entes que puedan regular la concreción del proyecto, todo esto a través de la ley de Medio Ambiente o a través de la Ley de Protección a Monumentos Nacionales.

Una de las grandes innovaciones que presenta este proyecto es el uso de agua de mar desalada para varios de los procesos de operación, lo que permite no aumentar el consumo de agua fresca de la cordillera pero que podría afectar el mismo desierto en su recorrido.

12.12.12

El Rally Dakar pone en riesgo patrimonio arqueológico de países como Chile, Perú y Argentina

Vía Zona Franca Mx.

5 diciembre, 2012 Por: Mayela Macías

La espectacularidad del Rally Dakar es estudiado por el Patrimonio Mundial para América Latina y el Caribe de la Unesco.

Se acerca el Rally Dakar en una nueva edición y a casi un mes de su inicio, la Unesco expresó preocupación por los daños que la carrera causa en el patrimonio arqueológico de países como Chile, Perú y Argentina, ahí, donde se efectúa la competencia automovilística.

Nuria Sanz, jefa de Patrimonio Mundial para América Latina y el Caribe de la Unesco, dijo que ese asunto “preocupa profundamente” al organismo de Naciones Unidas.

Sanz, participó en la capital chilena en una reunión junto a representantes de treinta países de la región para elaborar un plan de acción para proteger y administrar durante los próximos años los sitios que forman parte de la lista de Patrimonio Mundial.

Durante el encuentro, aseguró Sanz, representantes de los tres países que recibirán el rally le expresaron su inquietud por el impacto que el paso de los vehículos puede generar en los restos arqueológicos indígenas que hay en esos sectores.

“Hay que advertir al Comité de Patrimonio Mundial que eso puede tener impactos muy negativos para todo ese potencial maravilloso de los territorios arqueológicos intactos en Chile, Perú, Argentina y otros sitios” , señaló la jefa de Patrimonio Mundial para la región.

El rally Dakar, que se celebrará entre el 5 y el 20 de enero de 2013, recorrerá la zona centro-sur de Perú, el norte de Argentina y algunos sectores del desierto de Atacama, en el norte de Chile, antes de finalizar en Santiago.

Los organizadores de la carrera han asegurado en varias ocasiones que el trazado del rally se ha elaborado conjuntamente con las autoridades de los países implicados para respetar las zonas donde se encuentran restos arqueológicos.

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En Perú caravana del Dakar destruyó fósiles de ballenas y delfines de alto valor arqueológico


Vía ABC.


Una asociación paleontológica de Perú pide responsabilidades por el paso del rally por el desierto de Ica

El rally Dakar, que atravesó este año el desierto del sur de Perú y culminó en Lima, dejó toneladas de basura y fósiles de ballena y delfines destruidos por la presencia de espectadores durante la ruta, ha denunciado el director de la Asociación Museo Paleontológico Meyer Hönninger, Klaus Hönninger.

Por primera vez, Perú fue parte de la popular carrera automovilística y el próximo 5 de enero será escenario de la salida de su 34ª edición, según anunciaron en Lima los organizadores y representantes del Gobierno peruano.

El desierto de Ica, por donde correrán nuevamente los participante, está considerado como uno de los yacimientos de fósiles más grandes del mundo, pues tiene más de mil esqueletos repartidos en él, explicó Hönninger. Sin embargo, a pesar de que planteó a los organizadores y a las autoridades del ministerio de Cultura una serie de recomendaciones para evitar daños en ese escenario, el rally causó "daños enormes, de los que nadie se hace responsable", indicó.

El experto dijo que, en primer lugar, los perjuicios fueron ecológicos por las "toneladas de basura" regadas en el desierto de la región Ica, compuestas por "neumáticos viejos de los coches que corrieron y piezas de motor".
«Los espectadores utilizaron vértebras de ballenas como bancos para sentarse»
Además, el hecho de que los espectadores hayan tenido acceso a distintos puntos de la ruta en una zona de desierto, donde hay restos arqueológicos y paleontológicos sin resguardo ni impedimento de acceso, es otro de los motivos de protesta de Hönninger.

El investigador denunció que el esqueleto de una ballena de unos 20 millones de años de antigüedad sufrió el retiro de sus vértebras para ser usadas como bancos por los espectadores para ver sentados el paso de los automóviles y motos. "Ese es un daño irreparable, han revuelto fósiles, o han pasado por encima con todoterrenos", señaló.
«Nadie asume la responsabilidad»

De igual forma, el estudioso registró la destrucción de fósiles de delfín y de otros restos de ballena hallados en las zonas de terreno sedimentario. "El Ministerio de Cultura sabe de los daños, pero se quieren quedar callados porque saben que tienen una responsabilidad", se quejó.

Hönninger dijo que los paleontólogos de Chile tienen la misma preocupación porque el rally pasará por el desierto de Atacama, La Serena y Copiapó, "donde tienen grandes fósiles vertebrados" pero que, a diferencia de Perú, sí tienen zonas intangibles.

En opinión del experto, "no se puede evitar el Dakar porque hay muchos intereses económicos, pero lo que estoy exigiendo es que el Estado diga qué institución es la responsable por los daños".

12.8.12

Roundhouse Foundations/ Las fundaciones de la Casa de Máquinas del "The Engineers Triangle"

Vía BLDGBLOG.

Aerial photo of the roundhouses site, courtesy of Network Rail.

Another short piece from Archaeology this month highlights the discovery, earlier this year, of the remains of railway "roundhouses" outside York, England. Sadly, they'll soon be covered over by new construction: "Archaeologists are working to record and preserve the site, which is still called by its nineteenth-century name, 'The Engineers' Triangle,' before the new buildings are erected on top of the roundhouses."

It would be a fascinating design challenge to incorporate the oddly shaped foundations into the plans or local street pattern of any future construction, even—or perhaps especially—if the resulting building is not itself circular. Inside, strangely nested curved rooms, ramps, and corridors corkscrew down to the basement, where, embedded in the ground like a mandala, are the unexplained stained bricks of an earlier industrial era, still influencing the movements of people above.

24.3.12

Arqueólogos 'high tech'

Vía El País.


Ver Líneas de Nazca en un mapa más grande

Por Pablo Francescutti 16 MAR 2012 - 13:29 CET

Cavar con el pico y la pala, abrirse paso a machetazos por la espesura o aventurarse por senderos de cabras ya no es la receta obligada para los hallazgos arqueológicos; en ocasiones, ni hace falta moverse del despacho. El arqueólogo de salacot, pantalones y camisa caqui arrodillado en el fondo de una excavación comparte el escenario con el investigador sentado frente a su ordenador, que interpreta en la pantalla las pistas sobre tesoros ocultos suministradas por satélites, radares y otros complejos artilugios.

Tradicionalmente, los descubrimientos en esa disciplina se han producido en pozos cavados a partir de indicios vagos o hallazgos accidentales. Ahora resulta posible localizar yacimientos desde una oficina, sin pisar la jungla o el desierto. Los secretos del pasado se pueden desentrañar desde satélites situados a más de 700 kilómetros de altura. Ha sonado la hora de la arqueología con “mando a distancia”; una arqueología no destructiva capaz de detectar las reliquias enterradas sin siquiera hundir la pala.

“Las nuevas técnicas se reparten en dos grupos: la teledetección, que se practica desde las alturas, y los métodos de prospección geofísica, en contacto directo con el suelo”, explica el geólogo Enrique Aracil, director de la empresa Análisis y Gestión de Subsuelo (AGS), especializada en prospecciones para minería, obra civil y arqueología. “La primera hace registros a gran escala, aunque da menos detalles; los segundos operan en pequeñas superficies y proporcionan información más detallada”.
Arqueología de alturas

La teledetección tiene su antecedente en la fotografía aérea. El empleo de imágenes tomadas desde aviones para localizar ruinas ocultas les fue sugerido a los arqueólogos británicos por su eficacia demostrada en la detección de enemigos camuflados durante la I Guerra Mundial. Fue un aficionado, el aviador Charles Lindbergh, quien probó su utilidad al avistar las aldeas abandonadas de los indios pueblo en los barrancos de Arizona. Quizá su fruto más vistoso lo representen los geoglifos de Nazca (Perú), catalogados por Maria Reiche en los años cuarenta y cincuenta: trazados de formas antropomórficas y animales apenas visibles a ras del suelo.

Pero la fotografía aérea tiene límites: requiere luz diurna, tiempo apacible y ausencia de bruma. No sirve cuando una espesa capa arbórea se interpone entre el investigador y los objetos buscados. Estas restricciones fueron superadas en los años setenta por las cámaras de infrarrojos y ultravioleta diseñadas para ver lo que resulta invisible a simple vista. Pionero en su aplicación fue Tom Sever, arqueólogo de la NASA. Sirviéndose de los satélites de la agencia espacial, pudo descubrir la red de calzadas elevadas que surcaban las encharcadas tierras mayas. Como las calzadas confluían en ciertos puntos, pensó: “Ahí debe de haber algo”, y a ellos encaminó sus pesquisas. ¡Bingo! Enterrados en las encrucijadas se escondían núcleos urbanos y centros ceremoniales.

“La teledetección ha cambiado radicalmente nuestra visión de la prehistoria, al posibilitar la cartografía de la totalidad de los paisajes culturales”, apunta Juan Manuel Vicent García, del Grupo de Investigación Prehistoria Social y Económica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y lo ejemplifica: “En un estudio que realizamos de un complejo minero de Orenburgo (Rusia), el más importante del este europeo en la edad del bronce, chocamos con el misterio de su repentino colapso. Sospechamos que la causa podía haber sido la desaparición de los recursos forestales. Mediante la combinación de imágenes satelitales de la vegetación actual y series históricas de polen, pudimos reconstruir el paisaje de la época del colapso y descartar esa hipótesis, al verificar que los bosques no se habían visto afectados”.

El último logro en el rango infrarrojo lo ha protagonizado la egiptóloga Sarah Parcak, de la Universidad de Alabama (EE UU). Tras un año de análisis de imágenes del delta del Nilo tomadas por el satélite Landsat, su equipo anunció en junio pasado la localización de nada menos que 17 pirámides, 1.000 sepulcros y más de 3.000 edificaciones desconocidas. Para ello procesaron las vistas con el programa Erdas Imagine, que diferencia árboles, arena, rocas, agua, suelos cultivados o montículos de sedimentos humanos en función de su “firma espectral” (el modo singular con que cada elemento refleja la radiación). Los antiguos ladrillos egipcios, por ejemplo, superan en densidad a la arena y el polvo, por lo que su “firma espectral” se destaca con claridad.
La hora de Google Earth

Tanta maravilla tiene una pega: una imagen de satélite puede valer decenas de miles de euros. De ahí el enorme abaratamiento en los costes que ha supuesto Google Earth. El mapamundi digital compuesto por Google a partir de imágenes aéreas y satelitales ofrece desde 2005 acceso gratuito y directo a vistas de altísima resolución de casi todo el orbe.

Su valor para la arqueología quedó de manifiesto ese mismo año. El programador italiano Luca Mori observaba por curiosidad unas vistas de su pueblo, Sorbolo, cuando reparó en una sombra ovalada de 500 metros de largo en las afueras del municipio. Avisados los arqueólogos, advirtieron que se trataba de una villa romana del siglo I enterrada bajo el lecho de un río. Enterado de la historia de Mori, el estadounidense Scott Madry se conectó con Google Earth en su despacho de la Universidad de Carolina del Norte y escudriñó la zona de Francia central en la que había excavado 20 años. “A la media hora comencé a identificar sitios”, recuerda fascinado. En total, el especialista inventarió 101 yacimientos medievales, galo-romanos y prehistóricos.

Los hallazgos con Google Earth no han dejado de multiplicarse. Investigadores británicos detectaron en la costa de Poppit Sands (Gales) una trampa de pesca de más de 280 metros de largo y mil años de antigüedad. Expertos de las Universidades de Hawai y California avistaron las sendas por las que los pobladores de la isla de Pascua arrastraron a sus estatuas, los moáis. El año pasado, en un estudio de agrimensura, la física turinesa Amelia Sparavigna divisó en las cercanías del lago Titicaca (Bolivia-Perú) geoglifos con formas de pájaros y serpientes que evocan a las figuras de Nazca.

“Google Earth ha democratizado el acceso a la observación de la Tierra. Y si bien muchas veces los hallazgos suelen resultar un fiasco, hay algunos interesantes”, reconoce Vicent. ¿Ha sonado la hora de los arqueólogos espontáneos? El experto del CSIC no lo cree: “Una cosa es interpretar fotografías aéreas y otra muy distinta procesar imágenes, sobre todo las de fuera del espectro visible. Hay que tener presente que en muchos casos no se ven los yacimientos, sino la vegetación que los recubre, y determinar lo que esta oculta requiere los conocimientos de grupos interdisciplinares”.
Sofisticados radares

Las imágenes infrarrojas o ultravioleta, provengan de Google Earth u otras fuentes, escudriñan con eficacia las regiones húmedas o boscosas, mientras en desiertos y llanuras desnudas funciona mejor el radar. Concebido con fines militares, este aparato emite pulsos de radio que rebotan contra un objeto estático o móvil y, a partir del eco generado, producen gran cantidad de información acerca de la superficie y el subsuelo.

Una variante, el radar de apertura sintética, puede embarcarse en satélites y aviones. Capaz de “ver” a través de las nubes y el polvo, genera mapas topográficos de gran resolución. Su empleo resultó clave en el hallazgo de Xucutaco-Hueitapalan, la legendaria Ciudad Blanca de Honduras. Protegida de los conquistadores por una selva impenetrable, la urbe precolombina fue abandonada por sus habitantes y cayó en el olvido. Las imágenes de los satélites JERS-1 y ERS-2 allanaron su localización, y en abril de 1999 una expedición encontró sus ruinas donde el radar la había situado.

Otra modalidad muy empleada en pesquisas arqueológicas es el radar de penetración terrestre, o georradar. El dispositivo lanza pulsos electromagnéticos contra el suelo y su eco dibuja un retrato fiel de los objetos enterrados. Trabaja con eficacia en suelos arenosos y uniformes, como los que se extienden al noroeste de El Cairo. Allí, el año pasado, el equipo austriaco de Irene Fortsner-Müller visualizó una metrópolis que podría ser Avaris, la capital de los hicsos que gobernaron Egipto entre los siglos XVII y XVI antes de Cristo. “Las imágenes tomadas con el radar muestran una ciudad subterránea completa, con sus calles, casas y tumbas, dándonos una visión general del esquema urbano”, comentó el jerifalte máximo de la arqueología egipcia, Zahi Hawass.
Métodos geofísicos

Más versátil que el georradar es el sensor de calicateo electromagnético. De apenas tres kilos de peso, un investigador lo lleva consigo mientras camina por suelos mojados o cubiertos de vegetación. Mediante la generación de un campo electromagnético que interactúa con el terreno, mide su conductividad eléctrica y por ese medio localiza anomalías que sugieren la presencia de estructuras enterradas. “Combinado con un GPS, nos permite sondear 5.000 metros cuadrados de terreno en un solo día”, explica Óscar López Jiménez, director del laboratorio de arqueogeofísica de la consultora Gipsia, que practica prospecciones en bienes patrimoniales. “Sus datos condujeron al equipo de la Universidad de Alcalá de Henares al poblado calcolítico de Valle de las Higueras (Toledo); un asentamiento del III milenio antes de Cristo del cual no subsiste ninguna estructura. La pista nos la dio la ‘huella electromagnética’ de la tierra apisonada por sus primitivos moradores”.

Otro método geofísico, la tomografía eléctrica, hace la “radiografía” de un yacimiento a partir de la reacción de sus componentes a la corriente transmitida por electrodos implantados en el terreno. “Con ella levantamos en Atapuerca un mapa de galerías subterráneas con sedimentos que pueden contener restos humanos y animales que orientará las futuras excavaciones”, explica Aracil. “Los equipos de prospección mediante tomografía eléctrica, por lo general, trabajan con rapidez y alcanzan una mayor profundidad de investigación que un equipo de georradar”, compara el geólogo, “y sus imágenes suelen ser más fácilmente interpretables que las de un georradar”. Con este instrumento, los expertos de AGS, en colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), identificaron cuevas con asentamientos prehistóricos en la república caucásica de Alto Karabaj y trazaron planos del subsuelo de Clunia Sulpicia, la antigua ciudad romana próxima a Aranda del Duero.

Los arqueólogos beneficiados por este abanico de herramientas no ocultan su entusiasmo. “Hasta fines de los años ochenta debíamos levantar la cartografía en el propio terreno, a mano y con ayuda de un teodolito. Ahora, además de ahorrarnos ese trabajo, podemos disponer de modelos tridimensionales de un posible yacimiento. Si entonces me lo hubieran contado, me habría sonado a ciencia-ficción”, expresa Vicent. “Es una revolución en el plano cuantitativo, ya que se producen más datos, y en el cualitativo, pues ha acelerado el giro interdisciplinar de la arqueología”.

Otras técnicas de diversa índole (sísmicas, hiperespectrales…) se hallan en fase de pruebas. Previsiblemente, aguzarán todavía más la “visión” de la arqueología no intrusiva. “Estamos en los inicios de una revolución”, precisa López Jiménez, quien de todos modos reconoce que “hace falta refinar los modelos y, sobre todo, mejorar nuestra comprensión de la información que nos proporcionan”.
Dinero y teorías

El panorama no se presenta tan halagüeño en cuanto al acceso a esos recursos por la arqueología española. “Nuestra disciplina posee nivel europeo, pero nuestra infraestructura es bastante limitada. No se incentiva la incorporación de esas aplicaciones a los laboratorios”, critica Vicent. “El reto pasa por generar una inquietud que valore nuestro pasado y promueva la aplicación intensiva y sistemática de estos instrumentos en los yacimientos más relevantes”, propone Aracil. López Jiménez coincide: “La implantación de las técnicas es marginal, en parte debido a la falta de fondos de los equipos científicos. Más proclives a emplearlas se muestran empresas como Renfe Adif, abocadas a excavar en terrenos de interés arqueológico, ya que ellas acortan sensiblemente la duración de los estudios de impacto patrimonial”.

Pero la técnica no tiene la última palabra, advierte el experto del CSIC. “Por decirlo con una frase de cine, todo esto no sirve de nada sin ‘la fuerza’, es decir, sin una teoría. La mirada al pasado de la arqueología remite a teorías históricas y a filosofías sociales, y los datos que aportan las tecnologías enriquecen nuestros debates teóricos, a los cuales se subordinan”. Con igual rotundidad, Vicent describe las sinergias entre viejos y nuevos métodos: “Las búsquedas se han facilitado, sin duda; ahora recorremos el campo con un GPS y un ordenador portátil, pero luego tendremos que excavar y limpiar. Pese a los avances, seguimos metidos en un agujero con un pincel”.

12.6.11

Cultura y conflicto en torno al nuevo museo para San Pedro de Atacama



El título del destacado libro del arqueólogo Lautaro Nuñez Atencio: Cultura y conflicto en los oasis de San Pedro de Atacama pareciera que sigue vigente. Desde hace tiempo que se viene comentando de los problemas para desarrollar el proyecto para el nuevo Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, después de un apresurado concurso que adjudicó el diseño a Iglesis Prat arquitectos. Las comunidades atacameñas se han opuesto al proceso, y la verdad es que lo que se ha revelado es una serie de conflictos internos de la comunidad. Se sabe que San Pedro se ha visto arrasada por el turismo masivo y contaminada de afuerinos que han llegado cada uno con su propio imaginario, generando lo que ocurre en sitios tan bullados como este, adonde acuden toso aquellos seres humanos que andan en busca de ambientes místicos, como Tulum, Tepoztlan, Ibiza, Goa, etc.

Personalmente creo que tiene interés el edificio actual del Museo, un diseño metabolista que levantó el cura Le Paige con el arquitecto Sergio Puebla, obviamente se podría mejorar para adeacuarlo a los actuales requerimientos, pero ¿para que hacer algo tan violento, como demoler e imponer un diseño hiper contemporáneo?

Un amigo me ha contado de un artículo que salió publicado en el Mercurio respecto del caso del Museo de San Pedro de Atacama, lo dejo aquí para que lo vean:

Domingo 10 de Abril de 2011
Capital Arqueológica Intereses contrapuestos:
La discordia del nuevo museo arqueológico de San Pedro

Un terremoto y el museo de este pueblo se derrumba sobre sus cerca de 300 mil piezas. La necesidad de uno nuevo es evidente. Lo bueno es que hay un proyecto. Lo malo, que las tensiones entre el museo y algunos sectores indígenas tejen una madeja que tiene enredadas las cosas.

JUAN IGNACIO RODRÍGUEZ MEDINA

El pueblo de San Pedro de Atacama es un lugar apacible. O lo es al menos ahora, cuando ha pasado la fiebre turística de enero y febrero. Aunque transitan algunos autos, la mayoría de la poca gente que se ve, camina o monta una bicicleta para moverse por las quince o veinte manzanas del lugar y especialmente por las dos calles principales: Caracoles (donde está gran parte del comercio) y Gustavo Le Paige, que aglutina en unos cien metros al municipio, la plaza, la comisaría, la iglesia (el único edificio que rompe la línea de construcciones de un solo piso) y el museo. Es el centro cívico.

Esta historia se emplaza en esa calle, en ese centro y tiene que ver con el jesuita Gustavo Le Paige, especialmente con el Museo Arqueológico que fundó en 1961, y que hoy pertenece a la Universidad Católica del Norte (UCN). El año pasado el museo se unió con la Municipalidad de San Pedro, para obtener recursos regionales para el diseño de un nuevo edificio que reemplace al actual, que no cumple con las condiciones para resguardar y exhibir como se debe su colección de cerca de 300 mil piezas de la cultura atacameña.

Una colección en riesgo

Es 6 de abril y Manuel Torres, el conservador del museo de San Pedro, está contento porque le llegó su nuevo computador. El antiguo se le quemó por un alza de voltaje en el sistema eléctrico de este recinto constituido por tres construcciones circulares. Es una muestra de la precariedad del actual edificio que -se supone- debe proteger las piezas arqueológicas que allí se albergan. Lo más grave son las fallas estructurales de la rotonda que almacena los objetos: a simple vista se ven las grietas en el adobe, producto de las cerchas de fierro que alguna vez se instalaron, lo que implica que ante cualquier terremoto como el ocurrido en febrero de 2010, la estructura se vendría abajo.

Tampoco se cuenta con las condiciones técnicas óptimas para el almacenamiento de la colección. Si bien se está en un proceso que incluye el traslado de todo el material a una de las alas, la clasificación del mismo y la adquisición de depósitos aptos, todavía hay objetos que están en repisas comunes, abiertas, y otros en cajas de cartón. Además, falta espacio. Y por último, la sala de exposición no posee las condiciones medioambientales (luz, calor, humedad, etcétera) para mostrar y difundir, por ejemplo, una túnica Tiwanaku, de diez o más siglos de antigüedad, que es única en el mundo por su buen estado.

Hans Gundermann, director del museo, cree que el nuevo edificio es "una necesidad país, pues se trata de una de las colecciones más importantes de América Latina". Quienes impulsaron la idea fueron Mark Hubbe -director del museo hasta el 31 de marzo y encargado académico del plan- y René Huerta -encargado de proyectos-. El primero explica que el diagnóstico también tiene que ver con la función de la institución, que en las actuales circunstancias no se puede realizar a cabalidad: "La producción y difusión del conocimiento respecto al patrimonio arqueológico y antropológico de la zona atacameña y alrededores". Huerta habla de "vulnerabilidad", pues sobre eso recae el peso del plan del nuevo museo.

Sigamos entonces con la historia. El concurso lo ganó la oficina Iglesis Prat Arquitectos, en sociedad con TAU 3 Arquitectos. El sábado 22 de enero se debía presentar la idea a la comunidad. Según relata Jorge Mora, el arquitecto que coordina el plan, se buscaba que opinaran sobre el anteproyecto: "Nos habían insistido mucho sobre la participación de ellos", afirma Mora. ¿Qué ocurrió? Los representantes indígenas rechazaron lo que se les mostraba y se retiraron. Mora cree que cayeron en medio de un problema en el que no tienen arte ni parte: "Fuimos muy ingenuos", sostiene, "no tuvimos antecedentes de las tensiones que había".

Le Paige

En este punto de la trama hay que remontarse más atrás en el tiempo. A Gustavo Le Paige (1903-1980), sacerdote jesuita nacido en Bélgica, quien es trasladado desde el Congo hacia Chile en 1953. Llega a la parroquia de Chuquicamata y al año siguiente se mueve a la de San Pedro de Atacama. Allí se interesa por las culturas precolombinas locales y comienza a hacer excavaciones, hasta que en 1963, con apoyo de la Universidad del Norte -actual UCN-, inaugura el primer pabellón del actual Museo Arqueológico Gustavo Le Paige.

Si bien en sus labores arqueológicas el sacerdote contó con la ayuda de los lugareños y muchos le agradecen que haya puesto a San Pedro en el mapa, su figura es controversial. Se apunta a lo invasivo que fue su trabajo, y en especial a la extracción de restos humanos. Es más, el año pasado la comunidad indígena de San Pedro de Atacama logró que por primera vez se reenterraran unas osamentas (fueron encontradas en 2009, mientras se construía un parque). El anhelo de muchos es lograr lo mismo con los cuerpos que hay en el museo; ya en 2007 consiguieron que la institución dejara de exhibirlos (en línea con las actuales tendencias en museografía), como lo anuncia un letrero en la entrada del recinto: "Por respeto al pueblo atacameño, este museo ha retirado todo resto humano de su exhibición al público". A propósito, el proyecto plantea un trato especial para los restos humanos, con espacios de ingreso exclusivo para los indígenas atacameños.

Las tensiones

La relación del museo y algunas comunidades no es la mejor. Mirta Solís, presidenta de la comunidad de Catarpe, asegura: "No se ve una relación concreta con la universidad". Ada Aramayo, presidenta de la de San Pedro de Atacama y miembro de la comisión a cargo de revisar el avance del proceso, espeta: "Han ganado plata, como se dice vulgarmente, a costilla de los indígenas atacameños, y nunca les han aportado nada".

Esas tensiones son las que irrumpieron y se mezclaron con el diseño del nuevo recinto museístico, en el que los grupos indígenas demandan mayor participación, bajo el paraguas del convenio 169 de la OIT sobre "Pueblos indígenas y tribales en países independientes", ratificado por Chile, que señala que los indígenas deben ser consultados sobre lo que se haga en sus tierras.

Tanto Solís como Aramayo señalan que en la reunión de enero la gente sintió que se les estaba presentando algo ya listo, inconsulto (aunque solo era un anteproyecto). Por eso se pararon y se fueron. Dice Aramayo: "Ni el museo ni la empresa se acercaron", "antes de hacer la adjudicación, el museo o tal vez la municipalidad también tendrían que haberles consultado a las comunidades, porque eso es una ley".

Las diez comunidades del pueblo de San Pedro (hay otras ocho en sectores más lejanos) demandan un contacto con la rectoría de la UCN. Por eso, hace algo más de un mes -según calcula Amayo-, nueve de ellas (la décima se sumó después) enviaron una carta con demandas, que entre otras cosas exige la conformación de un directorio en el museo donde ellos tengan una representación del 50%, y así tomar decisiones como la designación del director, la contratación de arqueólogos y antropólogos atacameños ("no sólo gente para hacer el aseo o cobrar la entrada"). Quieren becas en la universidad para sus hijos y participación en los ingresos del museo. Dicen que aún no reciben respuesta, por lo que, revela Aramayo, entre las comunidades ronda la idea de hacer un museo propio: "Creo que luego vamos a tener que ponernos en esa campaña". E insiste en el reentierro de los cuerpos y en ver qué y cómo se va a mostrar la cultura atacameña.

De todos, Aramayo y Solís concuerdan con que hay que renovar el actual edificio: "Pero que no sea para beneficio del mismo museo, porque acá la universidad se favorece de exhibir lo que es nuestro", especifica la primera.

El jamón del sándwich

En medio de toda esa trama, enredados en ella, los consultores a cargo del diseño se sienten "como el jamón del sándwich", en palabras de Jorge Mora y José Pérez de Arce, el encargado de la parte museográfica. Mora cree que "este proyecto desenterró una herida que hay entre el museo y la comunidad, y nosotros estamos pagando por eso"; de ahí que desee que se separen las aguas y que los indígenas los escuchen (de hecho, el plan tiene entre sus objetivos "responder a los requerimientos locales").

El municipio -mandante en todo y responsable de administrar los dineros- apoya la idea de un nuevo museo, según sostiene la alcaldesa, Sandra Berna: "Tengo que jugármela, porque es lo que yo quiero para el museo", "hoy día éste no se identifica con el título de capital arqueológica que tiene San Pedro". Piensa reunirse con las comunidades para aclarar las cosas y separar la disputa con la universidad, del diseño para un futuro inmueble. ¿Y si la gente igualmente se opone? "No se van a negar todos, no creo, creo que van a escuchar", opina la edil.

José Pérez de Arce concluye: "Si se le cierra la puerta a esto, lo de capital arqueológica queda en eslogan; si se le abre, implica grandes posibilidades para Chile y su cultura".

30.3.11

Patricio Guzmán: "La televisión chilena jamás ha programado una película mía"

Vía El Mundo / El Cultural

El director de documentales recibe el homenaje del prestigioso Brooklyn Academy of Music con un ciclo en el que aparecen todos sus trabajos

Julio VALDEÓN | Publicado el 29/03/2011 (Nueva York)

Patricio Guzmán (Santiago de Chile, 1941), ha dedicado su vida a rodar documentales. Estudiante en la Escuela Oficial de Cine de Madrid, donde se licenció en 1970, su trayectoria está marcada por La batalla de Chile, monumental trilogía en la que narra el último año de la presidencia de Salvador Allende. Su encarcelamiento por los esbirros de Pinochet en el Estadio Nacional y la peripecia para sacar el material grabado de Chile dieron combustible al mito, pero fue la calidad de la película, cómo de debe ser, la que lo consagró como uno los grandes. Otras cintas, caso de En el nombre de Dios (1987), La cruz del sur (1992), Obstinada memoria (1997), La isla de Robinson Crusoe (1999), El caso Pinochet (2001), Madrid (2002) o Salvador Allende (2006), aquilataron una trayectoria sólida. Simultáneamente lírica y objetiva. Abierta al brochazo poético y respetuosa con los hechos. Repleta de subjetividad y pulso artístico pero, dato importante, con el espinazo eminentemente periodístico.

Guzmán ha viajado a Nueva York por un doble motivo. Recibe el homenaje del prestigioso BAM (Brooklyn Academy of Music) con un ciclo en el que aparecen todos sus trabajos, un acontecimiento celebrado por el New York Times con justos halagos. Además, se estrena comercialmente Nostalgia de la luz, su última película, reflexión en torno al tiempo, el olvido, la distancia y la muerte. Un ensayo que toma cuerpo en el desierto de Atacama. Entre el infierno del viento y el cielo de un sol duro. Entre científicos que escudriñan el cielo y momias precolombinas. Entre arqueólogos que estudian las momias y familiares de desaparecidos que, frente al desarrollo del país, buscan las calaveras de los suyos sin que a nadie le importe mucho. Las condiciones de Atacama, de una sequedad extrema, facilitan la observación astronómica y la conservación de los cadáveres. Del diálogo entre científicos, víctimas e historiadores, pasado y futuro, Guzman exprime oro fundido. Quedamos en la Embajada de Francia, pero nos encontramos en la puerta, y por la calle, Quinta Avenida, pasan los grupos que celebran el Día de San Patricio. El verde lo traen repartido en camisetas, camisas y camisolas, gorras y faldas, pantalones, tocados, verde clorofílico, mentolado, fordiano, que recuerdan la dulce Irlanda. Guzmán cabecea con melancólico.

- ¿No es hermoso?

(...)

Ya en el interior de la embajada, veinte minutos más tarde, comentamos su interés por la astronomía, matriz de Nostalgia del cielo.

-El enamoramiento comenzó cuando yo tenía 14 años. A Chile llegaba una revista argentina, Más allá, con textos de Isaac Asimov y Ray Bradbury, entre otros, e ilustraciones de planetas y galaxias. Yo tenía la colección completa y me fascinaba. Un día solicité al observatorio astronómico nacional una visita para mi clase, pero requerían acudir con la clase al completo. Tenía que ser un grupo numeroso y nadie excepto mi mejor amigo quería ir. Así que mentí. Escribí una petición asegurando que iríamos todos. Llegó el día y mi amigo y yo nos presentamos delante de la puerta del observatorio. Recuerdo la cara de extrañeza del científico cuando vio que sólo éramos dos muchachos. ¿Y el resto?, preguntó. Le respondí que nos habían puesto un examen de última hora. No sé si me creería. Se encogió de hombros y nos dejó pasar. Esa noche tuvimos el observatorio para nosotros solos, con la cúpula abierta. Vimos la constelación de Orión y la luna. La película, por cierto, abre con ese mismo telescopio.

-Un telescopio antiguo.

-Sí, fabricado en Dresde, como la mayoría de los telescopios de la época, como el que existe en el Observatorio de París. Casi todos los países tenían entonces telescopios alemanes.

-¿Cómo y por qué Chile se convirtió en un enclave capital para la astronomía?
-El empuje decisivo lo dio un catalán, un español, que en los años sesenta invitó a las universidades más importantes para que vieran el cielo de Chile. Él pagaba todo. Buscaba a sus invitados en el aeropuerto. Los alojaba y los llevaba a Atacama. Atrajo a las principales fundaciones estadounidenses, la Carnegie, la Smithsonian o el MIT, y también europeas, con la European Astral Observatory al frente. Comenzó entonces, en el desierto chileno, la construcción de los mayores telescopios. Ahora mismo están fabricando uno dotado de una lente de 70 metros de diámetro, cuya capacidad alcanzará prácticamente hasta los primeros instantes del Big-Bang. Y está ALMA, que será el radiotelescopio más grande del mundo, con sesenta antenas, ubicado a 5.500 metros de altura. Todavía tardará unos años en funcionar a pleno rendimiento, pero cuando lo haga será capaz de viajar casi hasta el nacimiento del tiempo y el espacio.

-En un segundo plano, paralelo, de Nostalgia de la luz, aparte la astronomía, está la arqueología.
-Mi primera novia era arqueóloga. Su estudio estaba lleno de artefactos. Ella había colaborado con Thor Heyerdhal, cerebro de la expedición de Kon-Tiki. De ahí, de hablar con ella y contemplar aquellos objetos, viene mi interés por la arqueología.

-A la que también rinde homenaje.
-Sí, pero nada fue preconcebido. Yo había estado en Atacama con Allende. Es una tierra bellísima y comencé a escribir el guión pensando en el desierto, un espacio hecho de sal y viento, y en las contradicciones que encierra. El problema fue que una vez acabé ese trabajo de, digamos, escritorio, tuve que salir a comprobar si existía aquello de lo que escribía. Fue entonces cuando me encontré con el astrónomo, Gáspar, que nació después del golpe y estudió bajo el régimen de Pinochet.

-Claro, porque tras el cosmos y la arqueología están los familiares de desaparecidos, como Victoria y Violeta, que buscan los suyos en el desierto desde hace veintiocho años, Miguel y Luís, que sobrevivieron a los campos de concentración, o Valentina, que perdió a sus padres, desaparecidos.

-Atacama, finalmente, no sólo es la puerta hacia el origen del universo o el libro donde leer la historia del continente previa a la conquista española. Fue también el lugar elegido para hacer desaparecer los cadáveres delos ejecutados durante la dictadura. La cuestión de fondo que alienta Nostalgia de la luz es que cuestionar cómo es posible que seamos más capaces de enfrentarnos al pasado remoto, al más inaccesible, mientras que los muertos de hace treinta o cuarenta años no interesan a nadie.

-Bueno, a sus familiares.
-Sí, pero deberían de interesarle a todo el pueblo chileno. Vea, la memoria es terapéutica, y aparte evitar que repitamos los errores del pasado ayuda a conocerse. Resulta inconcebible, por ejemplo, que al 90% de los indios chilenos los matáramos nosotros en el XIX, no los españoles, como solemos decir los chilenos para evitar sentirnos culpables, pero de esas matanzas, de ese genocidio, nadie habla. Eso no se toca. No existe.

-O sea, que la desmemoria abarca más allá de la dictadura.
-En Chile sólo tenemos héroes de cartón-piedra, y sólo ahora, tras muchos años de silencio, una nueva generación de historiadores comienza a indagar.

-Pues sus trabajos han supuesto un prolongado esfuerzo para restituir la memoria.
-Ya, y en mi país jamás los han proyectado en la televisión.

-¿De verdad?

-Ninguno, ni La batalla de Chile, ni Salvador Allende... ninguno.
-Quizá el día que se proyecten pueda decirse que el país ha logrado reconciliarse con su pasado, asumirlo, no sé, crecer.

-Mire, en Chile todo está reluciente. Tenemos autopistas magníficas, modernos aeropuertos, etc., pero las diferencias económicas son terribles, brutales, todo se ha construido sobre esa desigualdad atroz, sobre el olvido sistemático de amplias capas de nuestra población, por no hablar de la amnesia de lo que ocurrió, las torturas, la muerte de tantos, el robo sistemático, el miedo de los supervivientes, la destrucción del tejido artístico y científico nacional, la ruptura dramática con una noble tradición democrática... El precio ha sido enorme.