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9.7.23

Arte Glitch: la estética del error digital

Vía Cool toki...

Con el tiempo, el arte glitch se ha convertido en mucho más que un movimiento en homenaje a las imperfecciones, y ahora se posiciona como un verdadero estandarte de la cultura pop.

Published

El Arte Glitch es la práctica de usar errores digitales o analógicos con fines estéticos ya sea corrompiendo datos digitales o manipulando físicamente dispositivos electrónicos. En un sentido técnico, una falla es el resultado inesperado de un mal funcionamiento, especialmente en software, videojuegos, imágenes, videos, audio y otros artefactos digitales.

Glitch art es una excelente oportunidad para las marcas. No sólo el estilo es hermoso, sino que la naturaleza provocativa del arte glitch crea imágenes memorables que van desde la pixelización, degradación del color y doble exposición.

Uno puede percibir fallos sin saber cómo se produjeron. El glitch es un desliz o accidente visual que atraviesa el medio para interrumpir el flujo de información. La interrupción libera un momento crítico y potencial que obliga al espectador a reflexionar sobre la tecnología.

La estética del glitch puede tener una tendencia a la fragmentación, al quiebre. Como el efecto del punctum , es lo que fascina en cuanto a su capacidad para resaltar un error, una equivocación y lo intrigante. ¿El arte glitch perfora y evoca una sensación de intensidad emocional para el espectador?

La popularidad del glitch art es en sí misma una admisión del fracaso del sistema y de nuestra frágil y vulnerable relación con las nuevas tecnologías. 

Estos magníficos accidentes demostraron que las tecnologías también ofrecen muchas posibilidades en términos de expresión y creatividad. Esto tuvo el efecto de abrir nuevos caminos para los diseñadores gráficos, permitiéndoles reinventar productos, logotipos, tipografías y muchas otras opciones.

LA TENDENCIA 

El arte glitch como movimiento podría compararse con la música punk. Su resurgimiento también ha desafiado a los medios que hasta entonces parecían inaccesibles para muchos: todos fluidos, impecables y poco realistas.

FORMAS DE ARTE GLITCH

Dado que el arte glitch a menudo no es estático, toma formas fuera de los archivos .jpeg o .jpg fijos. Algunas formas incluyen:

Música con fallas: la música con fallas implica la reproducción de discos, CD, casetes o archivos de sonido distorsionados que presentan fallas, que pueden incluir saltos o momentos perdidos de la música.

Videos de fallas: los videos de fallas son el tipo más común de arte de fallas y puede crearlos dañando archivos electrónicos o medios duros como DVD o cintas de video. Los artistas también pueden deformar videos jugando con un VHS o usando imanes para distorsionar los píxeles en la pantalla.

Sitios web con fallas: estos sitios web con errores codificados pueden generar piezas más interactivas. Los fallos que se propagan por todo el sitio web mejoran la experiencia del usuario y funcionan como una forma de arte.

 

 

 

 

6.11.22

El color más feo del mundo, el negro más negro y otras tonalidades con una historia detrás

Vía El País.

Por Eva Morell

Málaga -

Del enfrentamiento entre los artistas Anish Kapoor y Stuart Semple por el tono más oscuro a empresas como Tiffany’s, propietarias de su color corporativo, hasta un pigmento inventado para crear rechazo a fumar.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Existe un color tan parecido a la masa de un agujero negro que prácticamente no deja escapar la luz de él. En el año 2016, el artista británico Anish Kapoor compró los derechos de uso del mismo, popularmente conocido como el negro más negro del mundo. Vantablack, que es como en realidad se llama el color, es un pigmento desarrollado por la empresa del Reino Unido NanoSystems, especializada en nanotecnología e investigación. Se trata de una sustancia creada a partir de nanotubos de carbono capaces de absorber el 99,9% del espectro de luz visible, de tal manera que cuando la luz alcanza el color, en lugar de reflejarla, esta se queda atrapada en ese bosque de pequeñas jaulas que la retienen, siendo expulsada posteriormente en forma de calor.

Además, para ser creado el Vantablack necesita una temperatura de 400 grados. Ostenta, sin ir más lejos, el récord mundial de la sustancia más oscura creada por el hombre. Un negro no exento de polémica, ya que esto significa que Kapoor es la única persona del mundo que puede utilizar el color con fines creativos, lo que en su momento provocó una respuesta negativa por parte de la comunidad artística en todo el mundo, acusándolo de monopolio e incluso de crimen contra el arte.

La historia llega incluso más lejos, con la rivalidad interminable desde 2016 entre Anish Kapoor y el pintor inglés Stuart Semple. Enojado tras la compra de Vantablack, Semple decidió crear su propia versión de ese negro más negro en 2019, y, a través de una campaña de Kickstarter, consiguió la financiación completa para su desarrollo en tan solo 38 horas. Black 3.0 es un pigmento técnicamente parecido, pero que solo absorbe entre el 98% y el 99% de la luz.

Pero Stuart Semple, sobre todo, se convirtió en la némesis de Kapoor al vetarle la compra de uno de sus inventos más famosos, el pinkest pink (o rosa más rosa); en su web tiene publicada una cláusula de exención de responsabilidad por la cual cualquier comprador debe confirmar que ni trabaja, ni colabora ni tiene relación con el artista británico de origen indio y que, por tanto, ese rosa no llegará nunca a sus manos. Semple, por cierto, es el inventor también del blanco más puro catalogado en el mundo, o White 2.0., que promete ser un 50% más brillante que cualquier otro blanco del mundo, reflejando el 75% de los rayos del sol y obligando casi a usar gafas de sol para verlo.

El azul, un color maldito y un icono de la moda

Pero el negro más negro del mundo no es el único color controvertido. El azul Prusia es uno de los tonos más importantes y destacados en la historia del arte. Lo descubrió accidentalmente el químico alemán Heinrich Diesbach en el año 1704, y se ha considerado el primer pigmento sintético moderno. El escritor Benjamin Labatut lo describe en su novela Un verdor terrible (2020) como “un azul tan deslumbrante que Diesbach pensó que había hallado el hsbd-iryt, el color original del cielo, el legendario azul con que los egipcios decoraron la piel de sus dioses”.

Al principio se empleó como colorante para teñir las telas de los uniformes militares en Alemania, por lo que se le conoce también como berliner blau. Pronto se convertiría en la principal referencia para pintores y artistas durante el siglo XVIII, ya que abarató el coste del azul usado hasta entonces, que se obtenía con lapislázuli y era uno de los colores más caros del mercado. Obras como La gran ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai y La noche estrellada de Vincent van Gogh utilizan este pigmento. Incluso ya en el siglo XX, el famoso periodo azul de Pablo Picasso, tiene al Prusia como el absoluto protagonista.

Sorprendentemente, uno de los usos más interesantes de este azul se encuentra en el campo de la medicina. Este colorante es uno de los incluidos en la lista de Medicamentos Esenciales de la OMS, ya que es un antídoto muy efectivo para las intoxicaciones por metales pesados y radiación. Sin embargo, también guarda un macabro secreto, ya que igual que tiene un efecto curativo, cuando se mezcla con ácido sulfúrico se convierte en uno de los venenos más poderosos del mundo: el cianuro.

Catástrofes médicas aparte, existe una tonalidad de azul que se ha convertido en el icono más reconocible de la moda y el arte y que tiñó gran parte de la segunda mitad del siglo XX. Un color intenso, casi eléctrico, al que no le hace falta presentación: el azul Klein. El pintor francés Yves Klein registró el International Klein Blue (IKB) en 1960, desarrollado en colaboración con Edouard Adam, un proveedor parisino de pintura. La singularidad de este color no se encuentra en el pigmento, sino en el aglutinante de resina sintética en el que se mezcla el mismo y que permite que esa intensidad vibrante se mantenga. Fascinado desde su infancia por el azul del cielo y del mar, Klein consideraba que su IKB era la expresión más perfecta posible del azul, su gran obra maestra, capaz de capturar lo infinito, y es por ello que lo convirtió en su marca más reconocida y reconocible. Codiciado por artistas visuales y marcas de todo el mundo, es un azul prohibido, ya que para usarlo hay que pedir permiso a la viuda del pintor y gestora de su legado, la artista Rotraut Klein-Moquay.

Colores con copyright y el más feo del mundo

Hay colores que se han convertido en la seña de identidad de una marca, como el rojo de Coca-Cola o el naranja de la compañía de telecomunicaciones Orange. Las marcas saben del inmenso poder de asociación y conexión con sus productos y, por eso, muchas son dueñas en exclusiva de sus colores más característicos. El rosa Barbie está registrado por Mattel y en 2012 lanzó una de sus muñecas vestida con su Pantone 219C. Por su parte, la casa de joyas Tiffany’s tiene el copyright sobre su cinematográfico azul turquesa, el Pantone 1837C, también llamado Tiffany Blue, y que utiliza ese número en homenaje al año de fundación de la empresa. Tampoco se escapan los grandes de la moda, como el diseñador de zapatos Christian Louboutin y sus inconfundibles suelas teñidas de rojo, que son objeto de culto y fetichismo. Él registró la tonalidad en el año 2008, y desde entonces es objeto de discordia entre marcas que copian su estilo. Esto le ha costado varios pleitos por violación de derechos y plagio en Europa y Asia, que hasta ahora Louboutin ganó, erigiéndose como único productor de suelas carmesí en el mundo.

Pero hay un color que, sin duda, se lleva la peor partida de todos los que existen, y que ha sido calificado como el más feo del mundo. Siete estudios diferentes corroboran que el Pantone 448C, una mezcla de marrón oscuro con gris verdoso, es la tonalidad menos agraciada. En 2012, una agencia contratada por el Gobierno australiano inventó esta gama para utilizarla en las cajetillas de tabaco y crear rechazo a fumar. La agencia GFK en esa investigación confirmó su éxito ya que los participantes afirmaban que era poco atractivo, sucio y “sin adjetivos positivos” y no les invitaba a coger un cigarrillo. Sin embargo, un pequeño porcentaje lo calificó como “elegante”, porque claro, para gustos, colores.

6.1.19

Primeras Jornadas de Historia de la Ciencia, Tecnología y Sociedad 7 y 8 de enero de 2019. Instituto Historia PUCV, Viña del Mar

Vía Laboratorio de Historia de la Ciencia, Tecnología y Sociedad.



En el marco del Proyecto de Publicación de Historia de la Ciencia y de la Tecnología en Chile, estas primeras jornadas se proponen discutir las vinculaciones entre el conocimiento y sus bases sociales, sus proyecciones en la esfera política, su arquitectura institucional, cómo la participación de las comunidades que le dan sentido, cuestiona y colabora en sus prácticas entre otros temas relacionados.

Durante las jornadas se reflexionará sobre aquellos aspectos que hasta ahora han sido poco abordados. Por ello nos proponemos atender a las siguientes preguntas: ¿la ciencia en Chile se puede explicar más allá de la presencia de los varones de origen europeo? ¿Dónde se sitúa su movilidad? ¿Cómo descubrir la presencia de actores invisibilizados, innovaciones híbridas o mestizas, agencias materiales, etc.? ¿Cómo comprender el papel de lo local? ¿Cómo se ha dado la relación de la ciencia con el público? ¿Dónde se sitúan sus inscripciones y sus representaciones?

LUGAR

Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Dirección: Paseo Valle 396, Viña del Mar.


COMITÉ CIENTÍFICO

Carlos Sanhueza (UCh) y Lorena B. Valderrama (UAH): Edición general
María José Correa (UNAB) y Verónica Ramírez (UAI): Eje I. El género en la ciencia. Actores, prácticas y políticas
Cecilia Ibarra (UCh), Nelson Arellano (UCh) y Gloria Baigorrotegui (Usach): Eje II. Ciencias, Tecnologías e Innovaciones mestizas
Amarí Peliowski (U. Mayor), Catalina Valdés (UCh), Daniela Serra (PUC): Eje III. Cultura visual y material de las ciencias: imágenes, objetos y espacios
Rodrigo Booth (UCh) y Cecilia Ibarra (UCh): Eje IV. Ciencia e historia ambiental: paisajes, conflictos, recursos
Bárbara Silva (PUC), Marcelo Sánchez (UCh), Lorena B. Valderrama, (UAH): Eje V. Las ciencias y sus públicos: circulaciones y colaboraciones en la producción de los conocimientos científicos


COMITÉ ORGANIZADOR

Carlos Sanhueza (UCh)
Catalina Valdés (UCh)
Lorena B. Valderrama (UAH)
Nelson Arellano-Escudero (UCh)
Verónica Ramírez (UAI)
Virginia Iommi (PUCV)

PROGRAMA

DOMINGO 6 DE ENERO

19:00: Proyección del documental sobre Donna Haraway, Story Telling for Earthly Survival de Fabrizio Terranova (2016). CENTEX. Sotomayor 233, Valparaíso

21:00: Bienvenida (lugar por confirmar)


LUNES 7 DE ENERO

09:00 – 09:15: Palabras de Bienvenida (Sala A)

09:15 – 11:00: Eje I. El género en la ciencia. Actores, prácticas y políticas (María José Correa y Verónica Ramírez, editoras). Sala B.

09:15 – 09:25: “Señores de un saber antiguo y un comportamiento moderno: el padre Manuel Chaparro contra Juan Antonio Ríos, o la lucha por el Protomedicato de Chile. 1776-1778”, Tamara Araya (UCh).
09:35 – 09:45: “La nomenclatura de la botánica”: MariaGraham y el arte de la ciencia”, Jennifer Hayward (Wooster College).
09:55 – 10:05: “Irrumpir en la prensa y pronunciarse sobre temas científicos: el doble desafío de las primeras divulgadoras de la ciencia en Chile (1870-1900)”, Verónica Ramírez (UAI).
10:15 – 10:25: “Mujeres: de la confusión a la susceptibilidad. El género de la higiene en Santiago de Chile, 1892-1924”, María José Correa (UNAB).



09:15 – 11:00: Eje II. Ciencias, Tecnologías e Innovaciones mestizas (Cecilia Ibarra, Nelson Arellano, Gloria Baigorrotegui, editores). Sala A.

09:15 – 09:25: “Incorporación tecnológica para la resistencia: transferencia de tecnología agrícola y ganadera española al mundo mapuche de los siglos XVI y XVII, una clave del éxito indígena en la Guerra de Arauco”, Francis Goicovich (UCh).
09:35 – 09:45: “Tecnologías andinas”, Daniella Jofré (UCh).
09:55 – 10:05: “Materiales y política en los Libros-copiadores de correspondencia (Chile, 1770-1796)”, José Araneda (SNS)
10:25 – 10:35: “Registros de autopsias en la morgue de Santiago: evolución de pericias médicas a través de libros copiadores y expedientes judiciales (1893-1920)”, Mario Fabregat (UMCE)



11:00 – 11:30: Café



11:30 – 13:00: Eje I. El género en la ciencia. Actores, prácticas y políticas (María José Correa y Verónica Ramírez, editoras). Sala B

11:35 – 11:45: “Visibilización marginalizada: la inserción y profesionalización de las mujeres en las ciencias físicas y astronómicas en Chile (1949 – 1967)”, Jorge Mujica (PUC) y Amanda Rutlland Da Cunha (UAH).
11:55 – 12:05: “Enfermeras pediátricas del Servicio Nacional de Salud: dilemas entre género y conocimiento científico, 1960-1980″, Soledad Zárate (UAH).
12:15 – 12:25: “Asistentes Sociales al momento de crearse el Servicio Nacional de Salud”, Maricela González (UST).



11:30 – 13:00: Eje II. Ciencias, Tecnologías e Innovaciones mestizas (Cecilia Ibarra, Nelson Arellano, Gloria Baigorrotegui, editores). Sala A.

11:35 – 11:45: “Chile en sintonía: la expansión territorial de la radiodifusión entre 1925 y 1944”, Ricardo Paredes y Francisco Garrido (CChER-MNHN).
11:55 – 12:05: “Los últimos días de la industria electrónica nacional: el caso de IRT”, Francisco Garrido y Ricardo Paredes (MNHN-CChER).
12:15 – 12:25: “La construcción sismorresistente y los inicios de la ingeniería sísmica en Chile después del terremoto de 1906”, Sandro Maino (UTFSM).
12:35 – 12:45: “Participación de los imaginarios en la instalación de un sistema de saneamiento moderno en Santiago de Chile, 1869-1931”, Miguel Muñoz (USACH).



13:00 – 15:00: Almuerzo



15:00 – 17:30: Eje II. Ciencias, Tecnologías e Innovaciones mestizas (Cecilia Ibarra, Nelson Arellano, Gloria Baigorrotegui, editores). Sala A.

15:15 – 15:25: “La tecnología y la sociedad que posibilitó el primer boom salitrero del siglo XIX”, Sergio González (UTA).
15:35 – 15:45: “El backstage ferroviario y el take off de la industrialización en Chile: mantenimiento, reparación y revisión en la era de la máquina de vapor, 1850-1930”, Guillermo Guajardo (UNAM).
15:55 – 16:05: “Saberes populares en la instalación de la astronomía moderna en Chile: entre el Dr. Stock y Don Fidel”, Bárbara Silva (PUC).
16:15 – 16:25: “Energía y civilización en Chile: domesticación, mestizaje y criollismo de las tecnologías de la energía solar (XIX-XX)”, Nelson Arellano (UCh).
16:35 – 16:45: “La ininterrumpida producción de vacunas chilenas durante el Siglo XX”, Cecilia Ibarra y Mirtha Parada (UCh-ISP).



15:00 – 17:30: Eje IV. Ciencia e historia ambiental: paisajes, conflictos, recursos (Rodrigo Booth, Cecilia Ibarra, editores). Sala B.

15:15 – 15:25: “Naturaleza, historia y ambiente en una ciudad del desierto de Atacama: Antofagasta y su espacio urbano”. José Antonio González (UCN).
15:35 – 15:45: “El desierto de Atacama desde los artificios de la Revolución Industrial: reportes técnicos de ingeniería y arquitectura”. Claudio Galeno (UCN).
15:55 – 16:05: “El San Cristóbal de Santiago, la pieza que muta frente a la crisis de una ciudad”. Tatiana Carbonel (PUC).
16:15 – 16:25: “¿Geografía ignorada? Ciencia y estado en los Andes en el Siglo XIX”. Rafael Sagredo (PUC).
16:35 – 16:45: “Huellas de una exploración: infraestructuras, historias e imaginarios dejados por los futuros geotérmicos de la cordillera de los Andes”. Martín Fonck (Rachel Carson Center, U Munich).
16:55 – 17:05: “Extinción, centralización e internacionalización: hacia una historia de la conservación y la ciencia en la Patagonia del siglo XX”. Emily Wakild (Boise State University).



18:00 – 19:30: Recepción (lugar por confirmar)

MARTES 8 DE ENERO



09:00 – 10:45: Eje III. Cultura visual y material de las ciencias: imágenes, objetos y espacios (Amarí Peliowski, Catalina Valdés, Daniela Serra, editoras). Sala B.

09:05 – 09:15: “El dibujo como práctica científica: funciones de la planimetría en la arquitectura del siglo XVIII en Chile”. Amarí Peliowski (UMayor).
09:25 – 09:35: “(Dar a) ver la frontera”. Catalina Valdés (UCh).
09:45 – 09:55: “Hacia una historia material de la historia de la anatomía en Chile: el caso Westenhöfer (1908-1911)”. Marcelo Sánchez (UCh).
10:05 – 10:15: “La ruta de los objetos. Dinámicas materiales de la historia global/local de un museo de ciencia en Chile (1853-1904)”. Carlos Sanhueza (UCh).
10:25 – 10:35: “La máquina eléctrica de José Antonio de Rojas: sentidos de la electricidad”. Marcelo Somarriva (UAI)
10:45 – 10:55: “Jesuitas y prácticas médicas. La botica del Colegio Máximo de San Miguel: apuntes sobre un laboratorio colonial (S. XVII-XVIII)”. Julio Vera (UCh).



09:00 – 10:45: Eje IV. Ciencia e historia ambiental: paisajes, conflictos, recursos (Rodrigo Booth, Cecilia Ibarra, editores). Sala A.

09:05 – 09:15: “El fuego como amenaza socioambiental. Antecedentes del combate de incendios forestales en el Gran Valparaíso (1930-1970). Jorge Muñoz y Carolina Marín (PUC).
09:25 – 09:35: “Infraestructuras hidráulicas en Valparaíso, 1843-1901”. Diego Arango (Uch).
09:45 – 09:55: “Gestión residual y organización socioespacial: el debate en torno al primer sistema de alcantarillado moderno y la construcción de un túnel de cintura en la ciudad de Valparaíso, 1870–1906”. Pablo Páez (PUC).
10:05 – 10:15: “Apuntes para una historiografía natural del estrecho”. Oriette Sandoval (UACh).
10:25 – 10:35: “Los escritos de Luigi Sada di Carlo (1821–1889) y la sistematización de las prácticas botánicas en Santiago de Chile”. Romy Hecht (PUC).



09:00 – 11:00: Eje V. Las ciencias y sus públicos: circulaciones y colaboraciones en la producción de los conocimientos científicos (Bárbara Silva, Marcelo Sánchez, Lorena Valderrama, editores). Sala C.

09:05 – 09:15: “Lectores de literatura astronómica en Chile colonial: anotaciones en impresos de los siglos XVI y XVII”, Virginia Iommi Echeverría (PUCV).
09:25 – 09:35: “La Revista Chilena de Historia Natural de Valparaíso en Cataluña. Inscripciones y registros transterrados (1897-1940)”, Antoni Roca-Rosell (UPC) y Nelson Arellano-Escudero (UCh).
09:45 – 09:55: “El fomento del gusto por la ciencia a partir de lecturas magazinescas (1851- 1920)”, Marina Alvarado Cornejo (UCSH) y Manuel Alvarado Cornejo (UCh).
10:05 – 10:15: “La respuesta de la sociedad penquista a la epidemia de cólera: discurso, prácticas y control social (1886-1888)”, Francisco Muñoz Melo (UDEC).



10:45 – 11:15: Café



11:15 – 13:00: Eje III. Cultura visual y material de las ciencias: imágenes, objetos y espacios (Amarí Peliowski, Catalina Valdés, Daniela Serra, editoras). Sala B.

11:15 – 11:25: “Chile de colección: abordando los materiales surandinos en los inventarios de gabinetes y museos europeos del siglo XVII”. Catherine Burdick (UMayor).
11:35 – 11:45: “’Palacios de magia moderna’: arquitectura, elegancia, y tecnología en los cines de Santiago, 1915-1945”. Camila Gatica (PUC).
11:55 – 12:05: “La producción de conocimiento en el Museo de Etnología y Antropología de Chile (MEA), 1912-1929”. Gabriela Polanco.

11:15 – 13:00: Eje IV. Ciencia e historia ambiental: paisajes, conflictos, recursos (Rodrigo Booth, Cecilia Ibarra, editores). Sala A.

11:15 – 11:25: “Transformación socioambiental y tecnificación en el agro chileno: estaciones experimentales, agentes y tecnologías desde el Ministerio de Agricultura, 1925-1967”. Jorge Olea (PUC).
11:35 – 11:45: “Nitrógeno, ciencia y políticas públicas. Integrando historia y CTS para el estudio del cambio medioambiental en Chile”. William San Martín (Worcester Politechnic).
11:55 – 12:05: “El Alambrado en Fuego Patagonia”. Rodrigo González (Umag).
12:15 – 12:25: “La clasificación de los suelos y la creación de la idea de ‘aptitud forestal’ del suelo en Chile, 1950-2010”. Mauricio Folchi (Uch).
12:35-12:45: “El agua del desierto: usos alternativos en el desierto de Atacama (siglos XVIII Y XIX). Inmaculada Simón (U. Autónoma).



11:15 – 13:00: Eje V. Las ciencias y sus públicos: circulaciones y colaboraciones en la producción de los conocimientos científicos (Bárbara Silva, Marcelo Sánchez, Lorena Valderrama, editores). Sala C.

11:15 – 11:25: “La Revista Médica de Chile. Espacio de exhibición y circulación del conocimiento y de las prácticas médicas, Chile 1872-1950”, Catalina Saldaña Lagos (PUC).
11:35 – 11:45: “Mediadores en comunidad: un estudio a la obra “Viage al desierto de Atacama (1853 – 1854)”, Felipe Vilo (UCh).
11:55 – 12:05: “Las noticias del Apocalipsis. Prensa, terremotos y ciencia en Chile (1868-1906)”, Lorena B. Valderrama (UAH).



13:00-13:15: Palabras de Cierre (Sala A).

13:15-15:15: Almuerzo

15:30-18:00: Reunión Comité Científico (Sala por Confirmar)

17.6.17

Patrimonio industrial, editorial de Arquitectura Viva 182 (2006), por Luis Fernández-Galiano

Vía Arquitectura Viva.


© Arquitectura Viva.

Inmersos en la Tercera Revolución Industrial, necesitamos no olvidar la Segunda y la Primera. En el tránsito entre los siglos XVIII y XIX, Europa fue teatro de una colosal mutación técnica y social, la mayor experimentada por la humanidad desde el Neolítico, que condujo desde una economía agrícola y rural a otra industrial y urbana, impulsada por el carbón, la máquina de vapor y el ferrocarril, y a esta transformación hemos convenido en llamar Primera Revolución Industrial. El siguiente cambio radical tendría lugar en la coyuntura entre los siglos XIX y XX, afectaría a un ámbito geográfico mucho más amplio, y de nuevo modificaría la estructura económica y la vida cotidiana bajo el impacto del petróleo, la electricidad y el automóvil, vectores de la denominada Segunda Revolución Industrial. Hoy estamos viviendo una nueva mudanza, gestada a caballo de los siglos XX y XXI, y basada en el doble pilar de las energías renovables y los medios y herramientas digitales, otra transformación histórica para la que se ha acuñado el nombre de Tercera Revolución Industrial, término que emplea el Parlamento Europeo y que el escritor y activista Jeremy Rifkin describe como la combinación de Internet, la electricidad verde y la impresión 3-D con la conocida como ‘economía distribuida’, una forma sostenible de capitalismo que se describe como la organización en red de empresas pequeñas y medias, y que parece ser más eficaz para estimular la innovación que la economía centralizada o la descentralizada inconexa.

El patrimonio industrial es una herramienta material para recordar las mutaciones históricas que nos han hecho lo que somos, y sin cuyo concurso las transformaciones técnicas, económicas y sociales resultan ininteligibles. Al mismo tiempo, los edificios y paisajes que fueron producto y escenario de ese cambio son valiosas estructuras físicas y territoriales donde se acumulan los materiales, la energía y el esfuerzo humano que los hizo posibles, por lo que su conservación o reciclaje para nuevos usos no es sino un razonable imperativo ecológico. Depósitos de la memoria colectiva, y depósitos también de trabajo y talento, los restos construidos de las revoluciones industriales merecen conservarse como parte esencial de nuestro patrimonio mental y material. Pero al igual que la memoria de los hechos más trágicos de nuestro pasado común debe templarse por una voluntad de reconciliación que exige la amnistía de la amnesia, la memoria de los logros más sobresalientes de nuestra historia técnica e industrial no debe excluir prescindir de ellos cuando su pervivencia física constriñe las transformaciones exigidas por el cambio social, evitando el síndrome de ‘Funes el memorioso’, el personaje de Borges cuya infinita capacidad de recordar condena a la inmovilidad. Discriminar entre lo que merece recordarse y lo que puede olvidarse, entre lo que debe conservarse y lo que puede desaparecer, es una tarea difícil y arriesgada, pero también un desafío imprescindible para las sociedades de la Tercera Revolución Industrial.

Luis Fernández-Galiano

9.6.16

Project Tango de Google: Tu teléfono ya podrá hacer un mapa de lo que te rodea



Vía La Tercera.

Luego de tres años en desarrollo, Project Tango de Google será capaz de escanear una habitación y mapearla en 3D, permitiendo su aplicación en varias áreas.

Imagina que tu smartphone es tan inteligente que capta tu entorno: el tamaño de la habitación, la ubicación de puertas y ventanas, y la presencia de otras personas. ¿Qué harías con esa información?

Estamos por averiguarlo. El jueves, Lenovo le ofrecerá a los clientes la primera oportunidad de comprar un teléfono con el Project Tango de Google, que lleva tres años en desarrollo, en un intento de empapar a las máquinas con un mejor conocimiento de lo que las rodea.

Rastreo de ubicación a través de GPS y torres de celulares le dicen a las aplicaciones en dónde estás, pero no mucho más. Tango utiliza software y sensores para rastrear movimiento y calcular el contorno de habitaciones, dándole la habilidad al nuevo teléfono de Lenovo de hacer mapas de interiores. Eso es un bloque de construcción crucial para una prometedora frontera de la "realidad aumentada", o la proyección digital de información e imágenes realistas en un ambiente real.

Si Tango cumple con las expectativas, quien compre muebles podrá descargar modelos digitales de sillones, sillas y mesas de centro para ver cómo se verían en sus salas. Los niños que estudian la era mesozoica podrán poner un tiranosaurio en su casa o salón, y hasta tomarse selfies con uno. La tecnología incluso sabrá cuándo mostrar información sobre un artista o escena representada en una pintura mientras caminas por un museo.

Tango podrá crear mapas internos de hogares y oficinas al instante. Google no tendrá que construir previamente una base de datos de mapas, como lo hace con servicios existentes como Google Maps o Street View. Aun así, Tango traería nuevas preocupaciones sobre la privacidad si los controles no son suficientemente estrictos para evitar que se compartan mapas con apps no autorizadas o sean robadas por hackers.

El debut de Tango se da en un contexto de caída en las ventas de teléfonos. Mucha gente ha decidido actualizar sus smartphones en parte porque no se han emocionado con los avances tecnológicos que han llegado al mercado en años recientes. Los teléfonos con nueva e intrigante tecnología podrían impulsar las ventas.

Pero la tecnología de mapeo de habitaciones de Tango probablemente siga siendo muy abstracta para atraer a mucha gente de inmediato, considera Ramo Llamas, analista del grupo de investigación IDC.

"Para la mayoría de la gente, aún está varios pasos adelante de lo que pueden mentalizar, así­ que será un largo periodo de gestación", dijo Llamas.

Google planea integrar al Tango a otros teléfonos, pero este año se enfoca en la sociedad con Lenovo, según Johnny Lee, un ejecutivo de Google que supervisó al equipo que desarrolló la tecnología.

11.9.13

How 3D printers work [Cómo funciona una impresora 3D]

Vía The Economist / Arquitectura Viva.

AT FIRST, 3D printing was known as stereolithography, a process invented in 1986 by Chuck Hull of 3D Systems. Variations of this process are still used. It begins, like all 3D printing, with software that takes a series of digital slices through a computer model of an object. The shape of each slice is used selectively to harden a layer of light-sensitive liquid, usually with ultraviolet light, to form the required shape. After each layer has been made, the build tray lowers by a fraction, another layer of liquid is added and the process is repeated until the object is complete.

Many other approaches have since been developed. Laser-sintering involves zapping layers of powdered plastic or metal with a laser to harden the powder in some places, but not others. Other machines use an electron beam in a similar way. An alternative process melts a metallic powder as it is deposited. This can be used to repair worn parts, such as turbine blades. Some machines operate a bit like 2D inkjet printers, jetting light-sensitive liquid materials to form layers and then hardening them. Some machines can print a dozen different materials in a single pass of the print head.
Technology Quarterly

One of the most popular techniques is fused deposition modelling (FDM), which is akin to a computer-controlled glue gun (pictured below). A heated nozzle extrudes a filament of thermoplastic, which sets as it cools. Multiple heads can extrude different colours. FDM is the mechanism used in many of the small 3D printers used by hobbyists, some of which now cost less than $1,000. More capable 3D printers cost tens of thousands of dollars, and big industrial systems, like the laser-sintering machines capable of printing aerospace parts in titanium, cost as much as $1m.

5.7.13

Biología y construcción, por Eduardo Prieto.

©throughthesandglass.

Vía Arquitectura Viva 152.

05/07/2013

El término cyborg fue acuñado en 1960 —una época marcada por los retos de la exploración del espacio— para nombrar al ser humano que, mejorado mediante la tecnología, podría ser capaz de sobrevivir en entornos extraterrestres. Desde entonces, la idea ha ido diseminándose por todos los saberes, desde las humanidades —recuérdense los polémicos debates sobre la pertinencia de alterar con medios cibernéticos la naturaleza humana— hasta las técnicas que, extrapolando la noción de cíborg a la ingeniería de materiales y dándole un nuevo sentido, han alumbrado una nueva generación de compuestos híbridos cuyas propiedades están a caballo entre lo mecánico y lo biológico, o que se obtienen mediante procesos biológicos.

Este último caso es el de los materiales que se están desarrollando en el contexto de un nuevo programa espacial: el hipotético viaje a Marte que, a largo plazo, implicaría la creación de hábitats humanos estables. Como el problema de construir dichos hábitats no consistiría tanto en la tecnología disponible como en el transporte de los materiales, algunas investigaciones —en particular, la dirigida por Lynn Rothschild, de la NASA— se están orientando a la síntesis in situ de fuentes de energía o de materiales de construcción. La biología sintética proporcionaría tales suministros gracias a pequeños paquetes de microorganismos adaptados a la atmósfera marciana, y programados para multiplicarse aprovechando las materias primas allí disponibles: el dióxido de carbono, el nitrógeno y también los residuos generados por los propios astronautas.

Varias bacterias serían las encargadas de este singular proceso productivo. La Anabaena prospera en condiciones extremas, metabolizando el nitrógeno y el dióxido de carbono en azúcares que podrían utilizarse como combustible o como alimento. Otras clases de microorganismos, como la Sporosarcina pasteurii, permitirían incluso sintetizar materiales de construcción: las bacterias transformarían en carbonato cálcico la urea procedente del orín humano, dando lugar a una especie de cemento con la misma resistencia a compresión del hormigón, que podría utilizarse para consolidar el material rocoso de la superficie marciana.

La biología sintética también está detrás de otros hallazgos no menos sorprendentes, aunque sí más pegados a la tierra, y que responden a varias líneas de investigación vinculadas con la tecnología constructiva. Entre ellas destaca la desarrollada por un grupo de la Universidad de Delft, que ha descubierto un método para fabricar un biocemento autorreparable, es decir, susceptible de atenuar la degradación que corrosión del acero produce en el hormigón armado. El material incorpora unas microcápsulas cerámicas que, por un lado, contienen esporas y, por el otro, el sustrato que las mantiene vivas (lactato cálcico). Estas esporas permanecen en estado latente hasta que entran en contacto con el agua —la misma que produce la corrosión de las armaduras—; en ese momento comienzan a producir de manera natural la calcita que va reparando el hormigón, sellando grietas de hasta medio milímetro de espesor.

Autogenerados o autorreparables, los nuevos materiales podrían depender menos de la ingeniería tradicional que de la biología.

4.2.13

Pau Pedragosa: de la abstracción al cuerpo de la arquitectura. Foros ESARQ 2013. Martes 05.02.3013, 19:00, Aula Magna ESARQ.

Vía ESARQ-UIC.


De la abstracción al cuerpo de la arquitectura. ¿Crisis de la arquitectura o la arquitectura como crisis?

Martes, 5 de Febrero de 2013, 19.00 h.
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universitat Internacional de Catalunya (ESARQ-UIC) Aula Magna - C/ Immaculada, 22, 08017 Barcelona

El Próximo martes 5 de Febrero, dentro de la programación del ciclo de conferencias “Foros Esarq 2013: Atmospheres. The sense of the things” que organiza La Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universitat Internacional de Catalunya, ESARQ-UIC, Pau Pedragosa, arquitecto y doctor en Filosofía impartirá una ponencia bajo el título “De la abstracción al cuerpo de la arquitectura. ¿Crisis de la arquitectura o la arquitectura como crisis?", que versará sobre la escisión entre la producción tecnológica y la comprensión humanística de la disciplina

La arquitectura está golpeada por una grave crisis. La razón profunda de esta crisis consiste en que la arquitectura se encuentra escindida entre las dos culturas opuestas e irreconciliables que definen el mundo contemporáneo: la producción tecnológica y la comprensión humanística. Desde la cultura tecnológica se concibe la arquitectura como una máquina abstracta de habitar que racionaliza y estandariza la vida humana, la segunda cultura comprende la arquitectura como cuerpo concreto que interpreta la complejidad del mundo de la vida cotidiana.

El movimiento moderno en arquitectura, a principios del siglo XX, se enfrentó a esta crisis y se decidió por la tecnología, por la máquina de habitar, por la racionalización de los edificios y de nuestro entorno, ahora, en un contexto de crisis sorprendentemente parecido al de hace un siglo, es el momento de compensar la comprensión abstracta del habitar mediante su particularización y concreción.

Pau Pedragosa ha sido profesor en la Escuela de Diseño EINA y en el Instituto Europeo de Diseño (IED). Actualmente es profesor ayudante en el Departamento de Composición Arquitectónica de la ETSAB. Se ha especializado en Fenomenología, Hermenéutica, Estética y Teoría de la Arquitectura. Es miembro fundador de Grup d’Estudis Fenomenològics del Institut d’Estudis Catalans (IEC), miembro de la Sociedad Española de Fenomenología (SEFE) y de la Organisation of Phenomenological Organisations (OPO) y participa en el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación llamado: Topología del espacio urbano contemporáneo.

24.3.12

Arqueólogos 'high tech'

Vía El País.


Ver Líneas de Nazca en un mapa más grande

Por Pablo Francescutti 16 MAR 2012 - 13:29 CET

Cavar con el pico y la pala, abrirse paso a machetazos por la espesura o aventurarse por senderos de cabras ya no es la receta obligada para los hallazgos arqueológicos; en ocasiones, ni hace falta moverse del despacho. El arqueólogo de salacot, pantalones y camisa caqui arrodillado en el fondo de una excavación comparte el escenario con el investigador sentado frente a su ordenador, que interpreta en la pantalla las pistas sobre tesoros ocultos suministradas por satélites, radares y otros complejos artilugios.

Tradicionalmente, los descubrimientos en esa disciplina se han producido en pozos cavados a partir de indicios vagos o hallazgos accidentales. Ahora resulta posible localizar yacimientos desde una oficina, sin pisar la jungla o el desierto. Los secretos del pasado se pueden desentrañar desde satélites situados a más de 700 kilómetros de altura. Ha sonado la hora de la arqueología con “mando a distancia”; una arqueología no destructiva capaz de detectar las reliquias enterradas sin siquiera hundir la pala.

“Las nuevas técnicas se reparten en dos grupos: la teledetección, que se practica desde las alturas, y los métodos de prospección geofísica, en contacto directo con el suelo”, explica el geólogo Enrique Aracil, director de la empresa Análisis y Gestión de Subsuelo (AGS), especializada en prospecciones para minería, obra civil y arqueología. “La primera hace registros a gran escala, aunque da menos detalles; los segundos operan en pequeñas superficies y proporcionan información más detallada”.
Arqueología de alturas

La teledetección tiene su antecedente en la fotografía aérea. El empleo de imágenes tomadas desde aviones para localizar ruinas ocultas les fue sugerido a los arqueólogos británicos por su eficacia demostrada en la detección de enemigos camuflados durante la I Guerra Mundial. Fue un aficionado, el aviador Charles Lindbergh, quien probó su utilidad al avistar las aldeas abandonadas de los indios pueblo en los barrancos de Arizona. Quizá su fruto más vistoso lo representen los geoglifos de Nazca (Perú), catalogados por Maria Reiche en los años cuarenta y cincuenta: trazados de formas antropomórficas y animales apenas visibles a ras del suelo.

Pero la fotografía aérea tiene límites: requiere luz diurna, tiempo apacible y ausencia de bruma. No sirve cuando una espesa capa arbórea se interpone entre el investigador y los objetos buscados. Estas restricciones fueron superadas en los años setenta por las cámaras de infrarrojos y ultravioleta diseñadas para ver lo que resulta invisible a simple vista. Pionero en su aplicación fue Tom Sever, arqueólogo de la NASA. Sirviéndose de los satélites de la agencia espacial, pudo descubrir la red de calzadas elevadas que surcaban las encharcadas tierras mayas. Como las calzadas confluían en ciertos puntos, pensó: “Ahí debe de haber algo”, y a ellos encaminó sus pesquisas. ¡Bingo! Enterrados en las encrucijadas se escondían núcleos urbanos y centros ceremoniales.

“La teledetección ha cambiado radicalmente nuestra visión de la prehistoria, al posibilitar la cartografía de la totalidad de los paisajes culturales”, apunta Juan Manuel Vicent García, del Grupo de Investigación Prehistoria Social y Económica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y lo ejemplifica: “En un estudio que realizamos de un complejo minero de Orenburgo (Rusia), el más importante del este europeo en la edad del bronce, chocamos con el misterio de su repentino colapso. Sospechamos que la causa podía haber sido la desaparición de los recursos forestales. Mediante la combinación de imágenes satelitales de la vegetación actual y series históricas de polen, pudimos reconstruir el paisaje de la época del colapso y descartar esa hipótesis, al verificar que los bosques no se habían visto afectados”.

El último logro en el rango infrarrojo lo ha protagonizado la egiptóloga Sarah Parcak, de la Universidad de Alabama (EE UU). Tras un año de análisis de imágenes del delta del Nilo tomadas por el satélite Landsat, su equipo anunció en junio pasado la localización de nada menos que 17 pirámides, 1.000 sepulcros y más de 3.000 edificaciones desconocidas. Para ello procesaron las vistas con el programa Erdas Imagine, que diferencia árboles, arena, rocas, agua, suelos cultivados o montículos de sedimentos humanos en función de su “firma espectral” (el modo singular con que cada elemento refleja la radiación). Los antiguos ladrillos egipcios, por ejemplo, superan en densidad a la arena y el polvo, por lo que su “firma espectral” se destaca con claridad.
La hora de Google Earth

Tanta maravilla tiene una pega: una imagen de satélite puede valer decenas de miles de euros. De ahí el enorme abaratamiento en los costes que ha supuesto Google Earth. El mapamundi digital compuesto por Google a partir de imágenes aéreas y satelitales ofrece desde 2005 acceso gratuito y directo a vistas de altísima resolución de casi todo el orbe.

Su valor para la arqueología quedó de manifiesto ese mismo año. El programador italiano Luca Mori observaba por curiosidad unas vistas de su pueblo, Sorbolo, cuando reparó en una sombra ovalada de 500 metros de largo en las afueras del municipio. Avisados los arqueólogos, advirtieron que se trataba de una villa romana del siglo I enterrada bajo el lecho de un río. Enterado de la historia de Mori, el estadounidense Scott Madry se conectó con Google Earth en su despacho de la Universidad de Carolina del Norte y escudriñó la zona de Francia central en la que había excavado 20 años. “A la media hora comencé a identificar sitios”, recuerda fascinado. En total, el especialista inventarió 101 yacimientos medievales, galo-romanos y prehistóricos.

Los hallazgos con Google Earth no han dejado de multiplicarse. Investigadores británicos detectaron en la costa de Poppit Sands (Gales) una trampa de pesca de más de 280 metros de largo y mil años de antigüedad. Expertos de las Universidades de Hawai y California avistaron las sendas por las que los pobladores de la isla de Pascua arrastraron a sus estatuas, los moáis. El año pasado, en un estudio de agrimensura, la física turinesa Amelia Sparavigna divisó en las cercanías del lago Titicaca (Bolivia-Perú) geoglifos con formas de pájaros y serpientes que evocan a las figuras de Nazca.

“Google Earth ha democratizado el acceso a la observación de la Tierra. Y si bien muchas veces los hallazgos suelen resultar un fiasco, hay algunos interesantes”, reconoce Vicent. ¿Ha sonado la hora de los arqueólogos espontáneos? El experto del CSIC no lo cree: “Una cosa es interpretar fotografías aéreas y otra muy distinta procesar imágenes, sobre todo las de fuera del espectro visible. Hay que tener presente que en muchos casos no se ven los yacimientos, sino la vegetación que los recubre, y determinar lo que esta oculta requiere los conocimientos de grupos interdisciplinares”.
Sofisticados radares

Las imágenes infrarrojas o ultravioleta, provengan de Google Earth u otras fuentes, escudriñan con eficacia las regiones húmedas o boscosas, mientras en desiertos y llanuras desnudas funciona mejor el radar. Concebido con fines militares, este aparato emite pulsos de radio que rebotan contra un objeto estático o móvil y, a partir del eco generado, producen gran cantidad de información acerca de la superficie y el subsuelo.

Una variante, el radar de apertura sintética, puede embarcarse en satélites y aviones. Capaz de “ver” a través de las nubes y el polvo, genera mapas topográficos de gran resolución. Su empleo resultó clave en el hallazgo de Xucutaco-Hueitapalan, la legendaria Ciudad Blanca de Honduras. Protegida de los conquistadores por una selva impenetrable, la urbe precolombina fue abandonada por sus habitantes y cayó en el olvido. Las imágenes de los satélites JERS-1 y ERS-2 allanaron su localización, y en abril de 1999 una expedición encontró sus ruinas donde el radar la había situado.

Otra modalidad muy empleada en pesquisas arqueológicas es el radar de penetración terrestre, o georradar. El dispositivo lanza pulsos electromagnéticos contra el suelo y su eco dibuja un retrato fiel de los objetos enterrados. Trabaja con eficacia en suelos arenosos y uniformes, como los que se extienden al noroeste de El Cairo. Allí, el año pasado, el equipo austriaco de Irene Fortsner-Müller visualizó una metrópolis que podría ser Avaris, la capital de los hicsos que gobernaron Egipto entre los siglos XVII y XVI antes de Cristo. “Las imágenes tomadas con el radar muestran una ciudad subterránea completa, con sus calles, casas y tumbas, dándonos una visión general del esquema urbano”, comentó el jerifalte máximo de la arqueología egipcia, Zahi Hawass.
Métodos geofísicos

Más versátil que el georradar es el sensor de calicateo electromagnético. De apenas tres kilos de peso, un investigador lo lleva consigo mientras camina por suelos mojados o cubiertos de vegetación. Mediante la generación de un campo electromagnético que interactúa con el terreno, mide su conductividad eléctrica y por ese medio localiza anomalías que sugieren la presencia de estructuras enterradas. “Combinado con un GPS, nos permite sondear 5.000 metros cuadrados de terreno en un solo día”, explica Óscar López Jiménez, director del laboratorio de arqueogeofísica de la consultora Gipsia, que practica prospecciones en bienes patrimoniales. “Sus datos condujeron al equipo de la Universidad de Alcalá de Henares al poblado calcolítico de Valle de las Higueras (Toledo); un asentamiento del III milenio antes de Cristo del cual no subsiste ninguna estructura. La pista nos la dio la ‘huella electromagnética’ de la tierra apisonada por sus primitivos moradores”.

Otro método geofísico, la tomografía eléctrica, hace la “radiografía” de un yacimiento a partir de la reacción de sus componentes a la corriente transmitida por electrodos implantados en el terreno. “Con ella levantamos en Atapuerca un mapa de galerías subterráneas con sedimentos que pueden contener restos humanos y animales que orientará las futuras excavaciones”, explica Aracil. “Los equipos de prospección mediante tomografía eléctrica, por lo general, trabajan con rapidez y alcanzan una mayor profundidad de investigación que un equipo de georradar”, compara el geólogo, “y sus imágenes suelen ser más fácilmente interpretables que las de un georradar”. Con este instrumento, los expertos de AGS, en colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), identificaron cuevas con asentamientos prehistóricos en la república caucásica de Alto Karabaj y trazaron planos del subsuelo de Clunia Sulpicia, la antigua ciudad romana próxima a Aranda del Duero.

Los arqueólogos beneficiados por este abanico de herramientas no ocultan su entusiasmo. “Hasta fines de los años ochenta debíamos levantar la cartografía en el propio terreno, a mano y con ayuda de un teodolito. Ahora, además de ahorrarnos ese trabajo, podemos disponer de modelos tridimensionales de un posible yacimiento. Si entonces me lo hubieran contado, me habría sonado a ciencia-ficción”, expresa Vicent. “Es una revolución en el plano cuantitativo, ya que se producen más datos, y en el cualitativo, pues ha acelerado el giro interdisciplinar de la arqueología”.

Otras técnicas de diversa índole (sísmicas, hiperespectrales…) se hallan en fase de pruebas. Previsiblemente, aguzarán todavía más la “visión” de la arqueología no intrusiva. “Estamos en los inicios de una revolución”, precisa López Jiménez, quien de todos modos reconoce que “hace falta refinar los modelos y, sobre todo, mejorar nuestra comprensión de la información que nos proporcionan”.
Dinero y teorías

El panorama no se presenta tan halagüeño en cuanto al acceso a esos recursos por la arqueología española. “Nuestra disciplina posee nivel europeo, pero nuestra infraestructura es bastante limitada. No se incentiva la incorporación de esas aplicaciones a los laboratorios”, critica Vicent. “El reto pasa por generar una inquietud que valore nuestro pasado y promueva la aplicación intensiva y sistemática de estos instrumentos en los yacimientos más relevantes”, propone Aracil. López Jiménez coincide: “La implantación de las técnicas es marginal, en parte debido a la falta de fondos de los equipos científicos. Más proclives a emplearlas se muestran empresas como Renfe Adif, abocadas a excavar en terrenos de interés arqueológico, ya que ellas acortan sensiblemente la duración de los estudios de impacto patrimonial”.

Pero la técnica no tiene la última palabra, advierte el experto del CSIC. “Por decirlo con una frase de cine, todo esto no sirve de nada sin ‘la fuerza’, es decir, sin una teoría. La mirada al pasado de la arqueología remite a teorías históricas y a filosofías sociales, y los datos que aportan las tecnologías enriquecen nuestros debates teóricos, a los cuales se subordinan”. Con igual rotundidad, Vicent describe las sinergias entre viejos y nuevos métodos: “Las búsquedas se han facilitado, sin duda; ahora recorremos el campo con un GPS y un ordenador portátil, pero luego tendremos que excavar y limpiar. Pese a los avances, seguimos metidos en un agujero con un pincel”.

4.11.11

Jornadas: Museos y cultura participativa: nuevas estrategias digitales en el diseño de exposiciones. Transmisión en vivo online.

Vía Marcos Figueroa.



Jornadas de debate abiertas al público
2 - 3 de noviembre 2011 / 10 a 17hs
Espacio Fundación Telefónica, Arenales 1540, Ciudad de Buenos Aires
Transmisión en vivo y en directo en el sitio web de la Fundacion TyPA: www.typa.org.ar

En la era de las nuevas tecnologías sociales los usuarios crean, eligen, juzgan, se conectan y comparten contenidos. No se comportan más como simples receptores pasivos que solo consumen información generada por otros, sino que participan activamente en el proceso de construcción. Esta tendencia a la participación activa no se circunscribe solo al ámbito de las web sino que propone un cambio de paradigma que se expande a todas las esferas de la sociedad.

Entonces, ¿Cómo se posicionan los museos en este nuevo contexto? ¿De qué estrategias disponen para adaptarse a las nuevas formas de gestión de la información? ¿Cómo diseñan sus propuestas de exhibición? ¿Qué diálogo establecen con su público? Resulta fundamental que los museos aprovechen esta instancia de cambios y las nuevas herramientas que proporcionan las plataformas digitales para repensar su función, reinventarse y modificar el modo de vincularse con sus visitantes, actuales y futuros.

Con el objetivo de instalar el debate, proporcionar nuevas herramientas y contribuir a la implementación de estrategias de diseño de exposiciones y comunicación innovadoras para los museos, la Fundación TyPA y el Espacio Fundación Telefónica organizan dos jornadas de conferencias en las que participarán destacados especialistas. Invitados locales e internacionales aportarán nociones sobre las últimas tendencias en la incorporación de recursos provenientes de las nuevas plataformas digitales en el diseño de exposiciones.

Simultáneamente, entre el 2 y el 4 de noviembre, se llevará a cabo un taller de diseño de exposiciones participativas con profesionales de museos previamente seleccionados. Con carácter teórico práctico, este taller procurará incentivar a incorporar en el diseño de exposiciones mayor interactividad y construcción compartida del conocimiento, utilizando los nuevos recursos conceptuales, con el doble objetivo de lograr tanto una audiencia más diversificada (nuevos canales de comunicación) como una mayor participación del público.

DECARGAR AGENDA COMPLETA DE LAS JORNADAS DE DEBATE E INFORMACIÓN SOBRE LOS EXPOSITORES