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1.5.21

Chiapas - Yale - Ciudad de México: el viaje de una estela maya robada

Vía El País.

La vuelta a México de una pieza arqueológica saqueada evidencia los límites de las políticas de devolución del patrimonio robado

Jon Martín Cullell / México 24 ABR 2019 - 03:48 CEST 

La estela de La Mar llega al Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México. INAH
 La última noticia que se tenía de la estela era una fotografía de 1900, tomada por un explorador italo-alemán en las selvas del sur de México. En la imagen aparece rota en cinco pedazos, grandes trozos de piedra labrada del siglo IX en los que dos dignatarios mayas, con taparrabos, penacho de plumas y collar, levantan la mirada hacia el cielo.

Algún tiempo después de aquella foto, un grupo de saqueadores limó los pedazos para luego empacarlos y venderlos fuera del país. Una esquina de la estela acabó decorando la pared del departamento de un coleccionista privado en la costa este de Estados Unidos. Hace unos tres años, el dueño supo que ese pedazo de piedra provenía en realidad de un saqueo y se comunicó con la galería de arte de la Universidad de Yale para devolverla. Este centro se demoró hasta octubre pasado para alertar a la diplomacia mexicana de la ubicación de la pieza perdida. Finalmente, el enorme trozo de piedra caliza sacada de la selva de Chiapas volvió a Ciudad de México hace poco más de una semana, en un vuelo comercial desde Nueva York. Pese al éxito de la repatriación, su retorno muestra paradójicamente los límites de la política de recuperación de patrimonio del Estado mexicano.

El regreso del fragmento supone un buen inicio de año para la recuperación de patrimonio robado, cuyos frutos en la última década han sido muy variables, según muestran los datos proporcionados por el INAH a EL PAÍS. En 2008 se restituyeron unas 900 piezas, pero en 2011 no hubo ninguna. Un año después, el número se disparó hasta superar las 5.000 y en 2013 volvió a caer en picado a algo más de una decena. “No es constante, depende del año”, explica el arqueólogo Alejandro Bautista, quien desde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha participado en estos esfuerzos. “Lograr que se restituya implica un proceso diplomático, judicial, administrativo, académico…”, justifica.

En el caso de la estela de La Mar, se ha tardado varias décadas. Los arqueólogos consultados no recuerdan una restitución tan importante desde el Bajorrelieve de Xoc, una piedra labrada de época olmeca interceptada en una casa de subastas en París y devuelta a México en 2015. Recuperar estelas, las lápidas conmemorativas que los antiguos mayas esculpían para dar testimonio de acontecimientos importantes, es una rareza. “Generalmente son figurillas o vasijas; nada tan espectacular como una estela”, asegura Bautista.

La estela de La Mar en 1900. INAH

 

El explorador Teobert Maler, fotógrafo de ocasión, pudo ser uno de los últimos en verla en su hábitat original. Después de luchar para el fugaz Imperio mexicano de Maximiliano de Habsburgo, Maler se dedicó a documentar las ruinas mayas del sur del país. En 1900 visitó el yacimiento arqueológico de La Mar, en el Estado de Chiapas, donde fotografió la estela. Algunos años después de Maler, no se sabe cuántos, llegaron los saqueadores. La primera mitad del siglo XX fue una época dorada para este gremio y rica en historias de expolio gracias a la falta de protección de los yacimientos. En este contexto, las vistosas estelas mayas fueron un botín jugoso.

El arqueólogo Alejandro Tovalín, de la oficina del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas, explica la mecánica del saqueo: “La piedra caliza es relativamente suave. Se usaba una sierra para sacar un corte de unos seis centímetros de grosor y los fragmentaban en pequeños cuadrados; muchas veces bajo pedido. Bastantes estelas fueron destruidas en ese momento”. Bien troceadas, acababan decorando los salones de coleccionistas europeos o estadounidenses, como fue el caso del Bajorrelieve el Xoc y del fragmento recuperado.

A pesar de la falta de registros de muchas de las piezas robadas, los esfuerzos de restitución han empezado a cosechar éxitos modestos en la última década. El azar y la buena voluntad han jugado un papel importante. Algunas piezas han sido recuperadas gracias a investigaciones policiales extranjeras -México tiene sendos acuerdos bilaterales en este ámbito que facilitan la devolución de las piezas robadas una vez encontradas-, pero lo más común es que los dueños o sus descendientes las devuelvan voluntariamente. “De las 42 piezas recuperadas en 2018, 38 fueron retornos voluntarios y cuatro decomisos policiales”, apunta como ejemplo Alejandro Bautista, del INAH.

Juntar los fragmentos

Hace unos tres años, un coleccionista estadounidense cuya identidad no ha trascendido se puso en contacto con la Galería de arte de la Universidad de Yale. Desde 1966 tenía en su domicilio particular una esquina de piedra labrada de 45 centímetros de ancho, 74 de largo y siete de grosor, que pertenecía a la estela fotografiada por Maler hacía más de 100 años. “Mientras consultaba unos archivos él vio la imagen y descubrió que formaba parte de una pieza mayor”, explica Laurence Kanter, el galerista que participó en la operación. “Entonces se comunicó con nosotros para pedirnos ayuda. Nos dijo que quería reunirla con los otros pedazos, pero que no sabía cómo hacerlo”.

La galería ya había ayudado a víctimas del Holocausto a recuperar obras de arte confiscadas por los nazis, pero era su primera experiencia con arte prehispánico. Y esta vez se trataba de devolver, no de recuperar. Kanter se comunicó con el Consulado de México en Nueva York, una mole grisácea en pleno Manhattan. La noticia pasó entonces del Consulado a la Secretaría de Relaciones Exteriores en la capital y, de allí, al INAH. El arqueólogo Alejandro Bautista viajó en octubre a Nueva York para hacer un primer diagnóstico y supervisar el embalaje de la pieza.

Cinco meses después de ese viaje de reconocimiento, la esquina de estela ha pisado tierra mexicana y ha sido inscrita en el Registro de Bienes Culturales, una especie de acta de nacimiento. El paradero de los otros cinco fragmentos sigue siendo un misterio. La forma del corte de la esquina restituida podría dar alguna pista. “Si el corte es homogéneo, el resto podría estar escondido en alguna colección. Si es irregular, es posible que hayan sido destruidos”, aventura Tovalín. ¿Pero qué posibilidad hay de una reunión de los cinco pedazos? “Es muy complicado...”.

12.2.21

Christie's niega reclamo de Chile y subasta clava mapuche de 800 años acogiéndose a las leyes de Francia

 Vía El Mercurio.

Un privado compró bastón de mando ceremonial en equivalente a $24 millones:

Venta tuvo lugar el martes en remate “Quetzalcóatl, la serpiente emplumada”, un lote de tesoros precolombinos de México, de Ecuador y de nuestro país.

MAURICIO SILVA


La casa de remate Christie's, de Francia, rechazó las peticiones del Gobierno de Chile de retirar una clava o bastón de mando ceremonial mapuche de 800 años de antigüedad de la subasta llamada “Quetzalcóatl, la serpiente emplumada”, efectuada el pasado martes en París.

El valioso objeto arqueológico, revestido de valor espiritual para la etnia mapuche y protegido como propiedad del Estado por la ley chilena, fue entregado al mejor postor: un privado cuyo nombre se mantiene en reserva y que pagó por la pieza 27.500 euros ($24 millones), superando las expectativas de la casa gala.

La subasta recaudó cerca de US$ 3 millones al rematar 33 piezas de arte prehispánico compuestas principalmente por máscaras, platos y figuras precolombinas mexicanas (mayas, aztecas y toltecas, entre otras), pero también había piezas de Ecuador (cultura Valdivia) y del sur de Chile.

En este caso, se trataba de una clava o cetro ceremonial esculpido en piedra, “coronado por una cabeza de ave muy estilizada, posiblemente de un loro con el pico hueco, decorado con incisiones que representan plumas que rodean un ojo tallado con un motivo de estrella”, según describe la casa de subastas.

“Estos enigmáticos implementos de piedra se interpretan como posibles insignias de autoridad de los antiguos pueblos que ocupan el sur de Chile moderno”, añade.

Para el Museo Nacional de Historia Natural, la clava coincide con rasgos de piezas chilenas de contexto arqueológico ritual que han sido saqueadas desde la zona centro hasta el sur de Chile. Expertos de otros museos puntualizaron que más allá de ser una insignia de mando, “el objeto está ligado al ámbito espiritual de la cultura mapuche, entendiéndose que su importancia puede ser fundamental para procesos de reivindicación cultural y territorial”.

El Servicio Nacional del Patrimonio Cultural señaló que, a la luz de estos antecedentes, Chile se contactó con Christie's. “El Estado, por medio de las instancias correspondientes, solicitó que este bien fuese retirado de la subasta para permitir la verificación de su procedencia antes de su venta, por su gran importancia para el país y los pueblos descendientes de la cultura mapuche”, explicó la institución.

El viernes pasado, la presidenta de Casa Christie's en Francia, Cecile Verdier, respondió con cartas dirigidas al embajador de Chile en Francia, Juan Salazar, y al director de Urgencias de Unesco, Lazare Eloundou. En ellas, negó la petición chilena por no considerar que el bien a subastar tuviera un origen ilícito. “Asimismo, manifestó que la legislación chilena no se aplica a los bienes ubicados en Francia, para los cuales rige solamente la ley francesa”, explicó el Servicio del Patrimonio.

En particular, el Código Civil francés dispone que todo poseedor de buena fe de un bien se presume como propietario. Ese sería el caso de la clava mapuche que en 1980 apareció en poder de un privado en Estados Unidos y llegó a coleccionistas europeos en 2011 a través de remates legales, afirma Christie's.

La abogada experta en Derecho Internacional, Paz Zárate, valoró la intervención de Cancillería, pero puntualizó que “el Derecho nacional no es oponible a otro país. Es necesario subrayar el Derecho Internacional, en especial la declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas al tratarse de reclamos sobre patrimonio ancestral”

26.7.11

Expolio de libros en Perú. La Biblioteca Nacional de Lima denuncia el robo de 932 volúmenes de gran valor

© Biblioteca Nacional del Perú / Flickr

Vía El País
Por JAIME CORDERO - Lima - 26/07/2011

En febrero de este año, la Biblioteca Nacional de Perú denunció que venía siendo víctima de sistemáticos robos de sus volúmenes de mayor valor histórico. Cinco meses después, tras un exhaustivo inventario que obligó al cierre de sus puertas, su director, el historiador Ramón Mujica Pinilla, presentó los números del expolio: se han perdido 932 libros de los fondos de antigüedad y más valor.

Algunos de esos volúmenes datan de los siglos XVI y XVII. Tal es el caso de un manuscrito de bolsillo titulado Una Vida de Santo Toribio de Mogrovejo, escrito en 1679 y robado por uno de los trabajadores justamente durante el proceso de inventario. Ramón Mujica aseguró que dicho robo incluso ha quedado registrado en vídeo. También se da por desaparecido un incunable de Erasmo de Rotterdam, publicado en París en 1524.

Mujica informó de que se han perdido 181 libros del fondo antiguo y de las bibliotecas particulares, 125 libros de la colección general, 414 manuscritos de la valiosa biblioteca que legó el historiador Raúl Porras Barrenechea y 32 volúmenes considerados joyas bibliográficas. Asimismo, se considera especialmente sensible la pérdida de tres libros que fueron recientemente devueltos por el Gobierno chileno y que habían sido saqueados durante la ocupación de Lima en la Guerra del Pacífico (1879-1883). Según Mujica, estos libros nunca se habían puesto a disposición del público, pues ni siquiera habían sido catalogados.

Silvana Salazar, directora técnica de la Biblioteca Nacional, señaló en una rueda de prensa que la mayor parte de los libros robados está relacionada con los conflictos entre Perú y Chile. Tras el inventario de cinco meses, se ha determinado que la Biblioteca Nacional de Perú tiene un patrimonio de 150.894 libros y alrededor de 320.000 documentos de valor histórico. "La biblioteca tiene que ser declarada en emergencia", reclama Ramón Mujica, que señala que durante el inventario tuvo que pedir ayuda al sector privado, pues el Gobierno no hizo ningún aportación. Pese a que el año pasado estrenó una nueva sede, las condiciones de seguridad de las colecciones de valor siguen siendo deficientes.

Para poder hacer el inventario, Telefónica del Perú prestó las cámaras de seguridad con las que se realizó la vigilancia de las bóvedas, salas y pasillos por las que se trasladaron los libros. Con esas cámaras se filmó el robo del manuscrito de 1679. "Ahora, tendremos que devolverlas y las colecciones quedarán nuevamente desprotegidas", señala el director.

La Biblioteca Nacional finalmente volverá a abrir sus puertas al público esta semana, pero Mujica reclama más ayuda gubernamental. Debido a un decreto de urgencia que impone medidas de austeridad en el tramo final del gobierno, el centro se ha quedado sin recursos para invertir en medidas de seguridad. "El Estado tiene que invertir en la defensa de su patrimonio, aún nos queda muchísimo por inventariar", explica Mujica. Entre lo que aún no se ha registrado destacan una amplia colección de mapas, música, partituras, otro grupo de libros antiguos y los alrededor de siete millones de tomos que forman su colección de textos considerados modernos.

Aunque parezca insólito, la Biblioteca Nacional del Perú no cuenta con un sistema informático de gestión bibliográfica, lo que complica la tarea de registrar su patrimonio.