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4.10.18

Master of desert modernism Rick Joy celebrates 25th anniversary with retrospective tome



Vía Wallpaper.

By Jonathan Bell

The American desert holds a certain mystique for architects. Where else can you get the emboldening sense of having conquered nature without any need for aesthetic compromise? As a result, the arid expanses of the West are a playground for modernists of all persuasions, from the expressive to the minimal.

Rick Joy started his practice in Tucson, Arizona, in 1993, bringing a crafted, material approach to residential design. Projects like the Desert Nomad House of 2006 were part of a renaissance in desert building, delivering self-sufficiency, simplicity and a light touch on the delicate desert environment without compromising the purity of the scheme. The house was one of the standout projects in Joy’s first monograph, ‘DesertWorks’, published in 2002. Now, on the occasion of the studio’s 25th anniversary, a new book has been published, ‘Studio Joy Works’, which charts recent work, much of which is now far removed from his Tucson stamping ground.

Featured projects include the Sun Valley House in Idaho, a private retreat arranged as two wings flanking a central courtyard, with rustic stone walls chiselled and chamfered to geometric perfection. Stone is also used in the Woodstock Vermont Farm, this time paired with traditional cedar shingles to create a meticulously precise update of the state’s vernacular farm architecture. There’s plenty of design diversity on display, from the expansive family ranch in New Mexico with its sheet metal roof and shuttered concrete finishes, to the bunker-like minimalism of a vacation retreat in the Turks and Caicos Islands and the chalky minimalism of a loft in New York.

Joy’s studio has also started to engage in civic works, translating the same asceticism it applies to its private projects into public space. The book features the Princeton Transit Hall and Market, a bold piece of sculptural art that serves the famous college town without kowtowing to the town’s many architectural statements. Joy speaks of ‘cherishing the site’s spirit,’ and the works on display imply a strong sense of place, filtered through an even more rigorous approach to form and detail.

18.1.17

Acerca de Glenda Kapstein, por Jaime Márquez, 2008


Casa de Retiro, vista de una parte de las habitaciones, año 2006. © Claudio Galeno.

Carta publicada en Revista CA 134, abr/may 2008. Carta a la directora: Glenda Kapstein, por Jaime Márquez. p.17.

Muchas veces, los arquitectos, nos imaginamos que la construcción de los espacios que proyectamos y construimos, serían capaces de resolverle todos los problemas al ser humano. Pero hay modos de la cultura de una época, que están más allá de nuestro oficio, por muy importante que la forma del espacio, de los edificios y las ciudades, pueda llegar a ser. Me pregunto ¿cómo es posible que a pesar de todos nuestros adelantos en las redes y sistemas de comunicación, algunos que nos sentíamos amigos de Glenda, no hayamos sabido, hasta el mismo día de su muerte, que hacía dos años que se encontraba postrada?

Solo la aceleración de la actual forma de vida, que nos tiene cogido a muchos, puede explicar que no haya existido espacio para que nuestros amigos comunes nos informaran de su estado.

Supe de Glenda, antes de conocerla a ella, por las fotos de su obra la Casa de Retiro San Francisco Javier, en Antofagasta. que publicamos en revista CA. Me llamó la atención las celdas de retiro, puestas levemente elevadas, en hilera frente al mar. Vi en esa forma una sutil mezcla de los corredores de un claustro con la naturaleza nortina, haciendo el mar de inmenso patio de aislamiento.

Despues visite personalmente la obra y me impresionó, más aún, la capilla con esa nube negra, de malla rachel, acogiéndonos y amortiguando la asoladora luz del desierto. Y luego, aquel pequeño oratorio: un cubo cerrado, flotando sobre el agua y con una luz cenital, que el propio orante podía modificar, con un mecanismo artesanal, moviendo un cielo de género blanco. La luz inferior y la superior suspendían al orante en una situación entre tierra y cielo.

Allí estaban presentes todos los elementos que Glenda manejaría, de distintas maneras, a lo largo de su constante búsqueda y en todas sus obras.

En su libro “Espacios Intermedios, respuesta arquitectónica al medio ambiente: II Región”, en el férreo marco de una investigación universitaria, nos da cuenta de la rigurosidad de su pensamiento (en la estructura del texto) y de su enorme sensibilidad (en los dibujos, fotos e ¡sométrica de las edificaciones nortinas que registra y analiza).

En las visitas que me tocara hacer a la Universidad Católica del Norte, durante algunos años. invitado a participar durante varios días en los maratónicos exámenes finales de taller, me correspondió escuchar y participar en los debates y planteamientos de aquel apasionado grupo de arquitectos, que se había reunido en torno al proyecto docente de la U. Católica del Norte, fundado por “Kika” Schweitzer, y del cual formaba parte importante Glenda. La inserción de la obra arquitectónica en el proceso histórico de lectura, significación y construcción de un específico medio natural; la creación del cobijo necesario para acoger y significar los actos del habitar humano; los recursos técnicos disponibles; estructurales. ambientales y de instalaciones; eran debatidos todos apasionadamente entre los profesores y ¡de cara a los alumnos!

Recuerdo que en una ocasión Glenda me llevó en su auto hacia el interior del desierto y me hizo internarme solo. un trecho más a pie, para que pudiera experimentar allí la presencia ausencia del desierto nortino.

Al final de este recuerdo, me pregunto: ¿será que el espacio del desierto del norte, uno de los más grandes y áridos del mundo, es capaz de formar estas mujeres férreas, pero de enorme sensibilidad, como Kika, Glenda, nuestra Gabriela Mistral y otras vivas que por pudor ajeno no nombro?

Jaime Márquez Rojas
Arquitecto

2.8.16

Atrapar la niebla para tener agua en el desierto de Lima

Vía El País.



La capital peruana es la mayor ciudad del mundo ubicada en un desierto tras El Cairo. Sin lluvia y apenas sol, pero sí mucha niebla, recoger agua con redes es una solución barata e innovadora

Por Stephanie Bakker

“Quiero comenzar un plan de agroturismo con una piscina propia”. Maura Vargas, con una mano manchada de tierra marrón, señala hacia un lugar oculto por la espesa niebla. Allí se encuentra la fuente a la que ha estado yendo durante años para coger agua para sus plantas. Dos veces a la semana, ella y su marido iban allí en taxi pertrechados con dos bidones. Se tardaba media hora en llegar y el transporte era demasiado caro. Sobre todo si pensamos que de las plantas tampoco se sacaba demasiado en aquellos tiempos. Porque, ¿qué se puede hacer con apenas un par de bidones de agua semanales si vives en una zona tan seca como el desierto?

Y, sin embargo, ahora está rodeada de calabazas, patatas, campos de aloe vera y árboles cargados de frutos tropicales. El jardín de Maura es un oasis verde en medio del seco arenal que rodea Lima. La solución se encuentra, como una sombra silenciosa, tras ella: una red de nailon de malla fina de seis por cuatro metros, firmemente tensada entre dos postes de madera. Desde lejos parece más bien una gigantesca red de voleibol. Cuando el viento empuja la niebla baja a través de la red, pequeñas gotas de agua quedan atrapadas en ella, explica Maura. Las gotitas se van juntando para formar gotas de agua más grandes, que se deslizan gracias a la gravedad hacia su destino final: un aljibe. En días favorables –una humedad relativa del 98% no es una excepción en Lima– la red recoge 400 litros de agua. Maura no tiene más que abrir el grifo del aljibe para poner en marcha el sistema de irrigación que ha construido ella misma.

Situada entre el océano Pacífico y la cordillera de Los Andes, la capital de Perú es un caso especial desde el punto de vista meteorológico. La fría corriente de Humboldt, que fluye a lo largo de costa, atempera el sol tropical a la vez que la cordillera de Los Andes mantiene alejadas las lluvias amazónicas. Lima es, después de El Cairo, la ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto, y tiene un clima mucho más frío de lo que se podría suponer por su situación geográfica. Apenas llueve, y lo mismo se puede decir del sol: no aparece más de dos meses al año. El resto del año, la ciudad queda sepultada bajo un blanco mar de nubes, causado por una espesa niebla marina que surge al chocar las corrientes de viento frías con las cálidas.

Esta ciudad, donde reside la tercera parte de la población peruana –casi nueve millones de personas–, depende de tres ríos para el suministro de agua: el Rímac, el Chillón y el Lurín. Sin embargo, a causa del cambio climático, en los últimos años el agua del deshielo de la que se alimentan estos ríos ha disminuido un 12%. Y, mientras el agua se hace más escasa, la ciudad sigue creciendo sin control. A Lima llegan 15.000 nuevos habitantes al año por término medio, que pegan literalmente sus casas a los arrabales de la ciudad. La mayoría de los habitantes de esos llamados pueblos jóvenes tienen luz, televisión y teléfono móvil, pero les falta lo más básico: agua.

Dos millones de limeños carecen de acceso a agua corriente, asevera Abel Cruz, de la fundación Peruanos sin Agua. En Villa María del Triunfo, el suburbio donde vive Maura, viven 335.000 personas. Se trata en su mayoría de inmigrantes que han acudido a la capital desde la zona amazónica y de Los Andes para probar suerte. Por las embarradas calles sube un camión cisterna tocando ruidosamente el claxon. Una mujer con un bebé en brazos sale corriendo a la calle. Apenas ha tenido tiempo de quitar el sucio plástico del aljibe cuando ya se precipita a borbotones dentro de él el agua proveniente del camión. La mujer explica que pasa dos veces a la semana y que ella usa el agua para todo: lavar, fregar el suelo y cocinar. En invierno, la cantidad de agua que le toca le llega "justito", pero en verano, cuando todo el mundo quiere darse un baño, surgen las estrecheces. “Entonces nos metemos toda la familia en una tina”, cuenta riéndose. Cruz le pregunta cuánto le cuesta. “Veinte soles por metro cúbico”, responde en tono de protesta, “¡10 veces más caro que en el centro de la ciudad!”. Allí no tienes más que abrir el grifo y, encima, la gente es rica, añade con indignación. “Los que menos tenemos somos los que más pagamos”.

Junto con los habitantes de algunos suburbios, Cruz intenta sacar el máximo provecho a las especiales condiciones climáticas de su ciudad. Así, con la ayuda de USAID y de la fundación holandesa Nederlandse Creating Water Foundation ha instalado 160 redes atrapanieblas en siete distritos diferentes. Aunque, en su opinión, tampoco se puede decir que esas redes sean precisamente un ingenio técnico. “La naturaleza lleva haciéndolo millones de años”. Pero saber que se puede disponer de agua asequible de forma estable ha cambiado la vida de numerosas familias. Gracias a la red atrapanieblas Maura pudo comenzar el cultivo de aloe vera en su jardín. Tiene más de una hectárea de terreno y el producto lo vende, por turnos con sus vecinos, a fabricantes de productos naturales, que lo utilizan para la elaboración de pastillas para la garganta, suplementos alimenticios y productos de cosmética. Su aspiración es lograr el sello de cultivo biológico, con lo que podrá doblar el precio al que vende sus plantas.

Naturalmente, las redes funcionan solamente cuando hay niebla, es decir, unos nueve meses al año. “Durante ese tiempo el agua nos sale prácticamente gratis, con lo que el coste de la vida se ha reducido un 50%”, detalla Maura. En verano compra agua de los camiones cisterna, gasto para el que ha podido ir ahorrando durante todo el invierno. Su familia y ella suelen comer en el jardín, donde, además de aloe vera, también crecen calabazas, patatas, remolachas, alubias, lechugas y rábanos entre los cactus, el único recuerdo de que aquí hubo un desierto una vez. Cada vez más a menudo, dispone de suficientes ingredientes para cocinar para sus clientes. Sus vecinos hace tiempo que acudían a su restaurante al aire libre para degustar sus recetas de pato, arroz o cobaya asada, pero hace poco se han apuntado también un cliente francés y uno estadounidense. Lima es cada vez más popular como destino culinario y Maura quiere aprovechar la ocasión. Mientras recolecta verduras, con uno de sus nietos colgado de sus piernas y el otro a la espalda, expone su sueño. Quiere convertir su pequeña cocina al aire libre en un restaurante rural serio. Con un jardín infantil, un par de sencillas habitaciones para huéspedes y una piscina propia. Pero, ¿cuántas redes atrapanieblas necesitaría para llenar su piscina? Le entra la risa con la pregunta, mientras calcula a la velocidad del rayo que debería ser suficiente con otras dos redes.

Abel Cruz asegura que las redes atrapanieblas instaladas en Villa María del Triunfo han creado un total de 74 hectáreas de zonas verdes en Lima. “Esos son los pulmones verdes que necesita una megaciudad como esta”. Se encuentra en el punto más alto del barrio, donde un sistema de ocho redes va llenando una gran cisterna. En total, en el proyecto participan 120 familias, y quien no tiene red en su jardín, viene aquí a por agua. Antes, estas familias vivían sumidas en la más absoluta pobreza; ahora la mayoría son autosuficientes, dice Cruz. El paso siguiente es que creen su propia empresa y que logren unos ingresos dignos de la clase media. La llegada del agua a los barrios abre un gran abanico de posibilidades. Cruz ve cómo personas como Maura sueñan con una empresa de agroturismo con piscina, mientras otros ponen en marcha una granja de pollos, una piscifactoría o un criadero de cobayas, que tanto gustan en Perú a la barbacoa.

No hace falta mirar demasiado alrededor para darse cuenta de que el oasis verde de Maura y de sus vecinos es una rareza. Desde este enclave no se ve otra cosa que las montañas que rodean la ciudad totalmente edificadas; casas apiladas como piezas de Lego cubriendo las laderas. Perú es una de las economías que más crece de Latinoamérica, y el crecimiento se concentra en la capital. Todos los días llegan a la ciudad cientos de personas en busca de oportunidades. A falta de planes urbanísticos sociales, los inmigrantes y los tratantes de tierras ocupan parcelas que consideran tierra de nadie y construyen sus propias casas y se dotan de infraestructuras (insuficientes e inadecuadas) confiando en que, si esperan lo suficiente —normalmente hasta las siguientes elecciones—, el político de turno reconozca sus barrios a cambio de votos.

La zona montañesa de Villa María del Triunfo, donde vive Maura, está escasamente urbanizada, por lo que es alta la probabilidad de que la ocupen los tratantes o los emigrantes, explica Abel Cruz. El hecho de que haya posibilidades de obtener buenos ingresos en la zona la hace todavía más atractiva. A la entrada del barrio, los vecinos han colocado una puerta que vigilan por turnos las 24 horas del día, para protegerse contra los invasores. Y así, ahora el oasis se ha convertido en una comunidad cerrada. Un fenómeno harto conocido en todo el mundo, con el que un determinado grupo de personas quiere proteger lo que tienen de otros que carecen de ello. Normalmente, se trata de dinero. En Lima es el agua.

20.8.15

Libros en el desierto, por Cristián Warnken

Vía El Mercurio Blogs.

Jueves 20 de agosto de 2015

Viajo a Antofagasta a una tertulia sobre libros. "¿Vas a Antofagasta a hablar de libros?", me pregunta un amigo con un dejo de ironía, y me dice a renglón seguido: "Esa ciudad es como la Dubái chilena: desierto, edificios levantados sin dios ni ley en el borde costero, dinero fácil, mineros que no saben en qué gastarse la plata y andan luciendo sus autos último modelo. Esa ciudad tiene el Producto Interno Bruto de Suiza y me parece que ya no hay librerías. No sé si sea el lugar adecuado para hablar de libros", concluye.

Lo escucho con beneficio de inventario. En primer lugar, porque lo que me describe no es muy distinto a lo que ocurre en el resto de nuestro país. Además, desconfío de las caricaturas que puedan hacerse de personas o ciudades y siempre creo que toda ciudad, hasta la más anodina, tiene su secreto. Por algo Raúl Ruiz escogió a Antofagasta como la locación de su última película, "La noche de enfrente". ¿Por qué Ruiz escogió a Antofagasta y no a Valparaíso o Punta Arenas para rodar su nostálgico e irónico testamento fílmico?

Mis contertulios en la conversación que tenemos sobre libros son el "Paco" Rivano, dueño de la mítica librería de San Diego, dramaturgo, narrador de culto, y Óscar Luis Molina, editor de grandes editoriales de habla hispánica que ya son leyenda, traductor prolífico, ensayista. Vienen de dos orígenes muy distintos. Rivano, ex carabinero, es un autodidacta, su escuela ha sido la calle, sus personajes viven en los bajos fondos y hablan en coa, el habla del lumpen y los "choros". Molina es un humanista refinado, lector de Erasmo y Ficino, pensador del siglo XVI del que nadie habla hoy. Defensor apasionado del mundo escrito, Molina afirma que en nuestra cultura en habla castellana, de matriz oral, siempre se ha desconfiado de los libros, estos no forman parte de nuestra cotidianidad, a diferencia de los países de habla inglesa, en que el Estado subvenciona y sostiene a editoriales que tienen quinientos años y que editan miles de libros en un año, algo impensable en estos lares.

Molina tuvo que alejarse de Chile después del golpe militar. Rivano, en cambio, es un provocador políticamente incorrecto, defensor del régimen militar, un escritor de origen popular que se divierte mofándose de los que él llama "cuicos de izquierda". Pero ambos tienen una pasión común a la que han consagrado sus vidas: los libros.

Al escucharlos conversar, en el hotel en que nos alojamos, sobre primeras ediciones, incunables, escritores y libros como si fueran talismanes de un mundo secreto, me los empiezo a imaginar como dos personajes de una película futurista de Ruiz. Esta podría ocurrir en un Chile a mediados del siglo XXI, en el que ya nadie lee libros, las bibliotecas han sido cerradas, las librerías desaparecieron y todos los habitantes de ese país vagan como zombies, autistas hiperconectados a sus adminículos virtuales. Rivano y Óscar Luis Molina se encuentran clandestinamente en Antofagasta -la ciudad perfecta donde nadie pensaría que podrían encontrarse lectores- a intercambiar los últimos libros rescatados del olvido o la quema, en un país lleno de "últimos hombres", esos que alguna vez describió Nietzsche.

Los últimos hombres solo quieren confort, no necesitan hacerse preguntas ni cuestionarse nada, solo exigen estar "entretenidos", para no conectarse con su silencio, aburrimiento o soledad, donde florece la angustia y melancolía, esa enfermedad de escritores y lectores. Rivano y Molina, antaño separados por circunstancias políticas ya remotas, vuelven a reunirse como activistas secretos en un tiempo donde pensar, sentir son consideradas acciones terroristas, criminales. En suma, una especie de "Fahrenheit 451", pero en versión criolla. Y todo esto sucede en Antofagasta, con el imponente desierto encima, y el otro, adentro del alma: el desierto del nihilismo iletrado chileno. Tal vez el más brutal de todos los nihilismos.

29.3.15

El terremoto que cayo desde el cielo. El Mercurio de Antofagasta, 29 de marzo de 2015.

Vía El Mercurio de Antofagasta.

Por V. Toloza Jiménez.

"Objetivamente no podía preverse la magnitud de las precipitaciones, sin embargo, hubo varias alertas el sábado y domingo pasado desde Chile y el extranjero, precisando que el miércoles y jueves la zona norte enfrentaría un episodio muy inusual."

23.3.13

I harvest water from the clouds: Carlos Espinosa


Chilean physicist Carl Espinosa pioneered technology to turn water vapor into potable water. A simple structure fitted with nylon mesh captures cloud vapor in high-altitude, low rainfall areas, converting it to drinking water without consuming any energy.

18.12.12

Edificio Consistorial de la Municipalidad de Maria Elena, Iglesis-Prat arquitectos, 2003-2011

Este año pude visitar el nuevo edificio Consistorial de la Ilustre Municipalidad de Maria Elena, una obra fruto de un concurso del año 2003, cuyo primer premio lo obtuvo Iglesis Prat arquitectos. El diseño final data del 2008, sin duda impactado por el terremoto del 2007, que debe haber exigido ciertos ajustes. Finalmente la construcción fue realizada entre el 2010 y el 2011.


Es un edificio bastante hermético que evidencia un aislamiento del clima desértico agresivo del exterior. Las aberturas que comunican con el exterior, están enmascaradas con filtros que controlan la fuerte radiación exterior.



Su altura fue cuidadosa con su entorno, lo que significa que no es muy alto, pero su gran altura se logra en un patio interior que se hunde y de esa forma conquista un espacio cívico resguardado, con las dimensiones que un edificio institucional requiere.





Más antecedentes en el sitio web de la oficina de Iglesis Prat.

30.3.11

Patricio Guzmán: "La televisión chilena jamás ha programado una película mía"

Vía El Mundo / El Cultural

El director de documentales recibe el homenaje del prestigioso Brooklyn Academy of Music con un ciclo en el que aparecen todos sus trabajos

Julio VALDEÓN | Publicado el 29/03/2011 (Nueva York)

Patricio Guzmán (Santiago de Chile, 1941), ha dedicado su vida a rodar documentales. Estudiante en la Escuela Oficial de Cine de Madrid, donde se licenció en 1970, su trayectoria está marcada por La batalla de Chile, monumental trilogía en la que narra el último año de la presidencia de Salvador Allende. Su encarcelamiento por los esbirros de Pinochet en el Estadio Nacional y la peripecia para sacar el material grabado de Chile dieron combustible al mito, pero fue la calidad de la película, cómo de debe ser, la que lo consagró como uno los grandes. Otras cintas, caso de En el nombre de Dios (1987), La cruz del sur (1992), Obstinada memoria (1997), La isla de Robinson Crusoe (1999), El caso Pinochet (2001), Madrid (2002) o Salvador Allende (2006), aquilataron una trayectoria sólida. Simultáneamente lírica y objetiva. Abierta al brochazo poético y respetuosa con los hechos. Repleta de subjetividad y pulso artístico pero, dato importante, con el espinazo eminentemente periodístico.

Guzmán ha viajado a Nueva York por un doble motivo. Recibe el homenaje del prestigioso BAM (Brooklyn Academy of Music) con un ciclo en el que aparecen todos sus trabajos, un acontecimiento celebrado por el New York Times con justos halagos. Además, se estrena comercialmente Nostalgia de la luz, su última película, reflexión en torno al tiempo, el olvido, la distancia y la muerte. Un ensayo que toma cuerpo en el desierto de Atacama. Entre el infierno del viento y el cielo de un sol duro. Entre científicos que escudriñan el cielo y momias precolombinas. Entre arqueólogos que estudian las momias y familiares de desaparecidos que, frente al desarrollo del país, buscan las calaveras de los suyos sin que a nadie le importe mucho. Las condiciones de Atacama, de una sequedad extrema, facilitan la observación astronómica y la conservación de los cadáveres. Del diálogo entre científicos, víctimas e historiadores, pasado y futuro, Guzman exprime oro fundido. Quedamos en la Embajada de Francia, pero nos encontramos en la puerta, y por la calle, Quinta Avenida, pasan los grupos que celebran el Día de San Patricio. El verde lo traen repartido en camisetas, camisas y camisolas, gorras y faldas, pantalones, tocados, verde clorofílico, mentolado, fordiano, que recuerdan la dulce Irlanda. Guzmán cabecea con melancólico.

- ¿No es hermoso?

(...)

Ya en el interior de la embajada, veinte minutos más tarde, comentamos su interés por la astronomía, matriz de Nostalgia del cielo.

-El enamoramiento comenzó cuando yo tenía 14 años. A Chile llegaba una revista argentina, Más allá, con textos de Isaac Asimov y Ray Bradbury, entre otros, e ilustraciones de planetas y galaxias. Yo tenía la colección completa y me fascinaba. Un día solicité al observatorio astronómico nacional una visita para mi clase, pero requerían acudir con la clase al completo. Tenía que ser un grupo numeroso y nadie excepto mi mejor amigo quería ir. Así que mentí. Escribí una petición asegurando que iríamos todos. Llegó el día y mi amigo y yo nos presentamos delante de la puerta del observatorio. Recuerdo la cara de extrañeza del científico cuando vio que sólo éramos dos muchachos. ¿Y el resto?, preguntó. Le respondí que nos habían puesto un examen de última hora. No sé si me creería. Se encogió de hombros y nos dejó pasar. Esa noche tuvimos el observatorio para nosotros solos, con la cúpula abierta. Vimos la constelación de Orión y la luna. La película, por cierto, abre con ese mismo telescopio.

-Un telescopio antiguo.

-Sí, fabricado en Dresde, como la mayoría de los telescopios de la época, como el que existe en el Observatorio de París. Casi todos los países tenían entonces telescopios alemanes.

-¿Cómo y por qué Chile se convirtió en un enclave capital para la astronomía?
-El empuje decisivo lo dio un catalán, un español, que en los años sesenta invitó a las universidades más importantes para que vieran el cielo de Chile. Él pagaba todo. Buscaba a sus invitados en el aeropuerto. Los alojaba y los llevaba a Atacama. Atrajo a las principales fundaciones estadounidenses, la Carnegie, la Smithsonian o el MIT, y también europeas, con la European Astral Observatory al frente. Comenzó entonces, en el desierto chileno, la construcción de los mayores telescopios. Ahora mismo están fabricando uno dotado de una lente de 70 metros de diámetro, cuya capacidad alcanzará prácticamente hasta los primeros instantes del Big-Bang. Y está ALMA, que será el radiotelescopio más grande del mundo, con sesenta antenas, ubicado a 5.500 metros de altura. Todavía tardará unos años en funcionar a pleno rendimiento, pero cuando lo haga será capaz de viajar casi hasta el nacimiento del tiempo y el espacio.

-En un segundo plano, paralelo, de Nostalgia de la luz, aparte la astronomía, está la arqueología.
-Mi primera novia era arqueóloga. Su estudio estaba lleno de artefactos. Ella había colaborado con Thor Heyerdhal, cerebro de la expedición de Kon-Tiki. De ahí, de hablar con ella y contemplar aquellos objetos, viene mi interés por la arqueología.

-A la que también rinde homenaje.
-Sí, pero nada fue preconcebido. Yo había estado en Atacama con Allende. Es una tierra bellísima y comencé a escribir el guión pensando en el desierto, un espacio hecho de sal y viento, y en las contradicciones que encierra. El problema fue que una vez acabé ese trabajo de, digamos, escritorio, tuve que salir a comprobar si existía aquello de lo que escribía. Fue entonces cuando me encontré con el astrónomo, Gáspar, que nació después del golpe y estudió bajo el régimen de Pinochet.

-Claro, porque tras el cosmos y la arqueología están los familiares de desaparecidos, como Victoria y Violeta, que buscan los suyos en el desierto desde hace veintiocho años, Miguel y Luís, que sobrevivieron a los campos de concentración, o Valentina, que perdió a sus padres, desaparecidos.

-Atacama, finalmente, no sólo es la puerta hacia el origen del universo o el libro donde leer la historia del continente previa a la conquista española. Fue también el lugar elegido para hacer desaparecer los cadáveres delos ejecutados durante la dictadura. La cuestión de fondo que alienta Nostalgia de la luz es que cuestionar cómo es posible que seamos más capaces de enfrentarnos al pasado remoto, al más inaccesible, mientras que los muertos de hace treinta o cuarenta años no interesan a nadie.

-Bueno, a sus familiares.
-Sí, pero deberían de interesarle a todo el pueblo chileno. Vea, la memoria es terapéutica, y aparte evitar que repitamos los errores del pasado ayuda a conocerse. Resulta inconcebible, por ejemplo, que al 90% de los indios chilenos los matáramos nosotros en el XIX, no los españoles, como solemos decir los chilenos para evitar sentirnos culpables, pero de esas matanzas, de ese genocidio, nadie habla. Eso no se toca. No existe.

-O sea, que la desmemoria abarca más allá de la dictadura.
-En Chile sólo tenemos héroes de cartón-piedra, y sólo ahora, tras muchos años de silencio, una nueva generación de historiadores comienza a indagar.

-Pues sus trabajos han supuesto un prolongado esfuerzo para restituir la memoria.
-Ya, y en mi país jamás los han proyectado en la televisión.

-¿De verdad?

-Ninguno, ni La batalla de Chile, ni Salvador Allende... ninguno.
-Quizá el día que se proyecten pueda decirse que el país ha logrado reconciliarse con su pasado, asumirlo, no sé, crecer.

-Mire, en Chile todo está reluciente. Tenemos autopistas magníficas, modernos aeropuertos, etc., pero las diferencias económicas son terribles, brutales, todo se ha construido sobre esa desigualdad atroz, sobre el olvido sistemático de amplias capas de nuestra población, por no hablar de la amnesia de lo que ocurrió, las torturas, la muerte de tantos, el robo sistemático, el miedo de los supervivientes, la destrucción del tejido artístico y científico nacional, la ruptura dramática con una noble tradición democrática... El precio ha sido enorme.

24.12.10

Una arquitectura del sitio Por: Anatxu Zabalbeascoa

© Fundacion Wiese / Museo CAO

Vía Del tirador a la ciudad / Blog de Anatxu Zabalbeascoa

La arquitecta Claudia Uccelli (Lima, 1965) quiso que su edifico para el Museo CAO, cerca de Trujillo, en Perú, demostrara una comprensión de las culturas indígenas asentadas en la costa norte de ese país. Así, aunque la arquitectura como paisaje y la volumetría de una construcción como topografía son dos cuestiones claves en la arquitectura actual, Uccelli quiso además que su edificio manejara la dualidad del claroscuro y de los llenos y vacíos en un intento de acercamiento a la estética de esas culturas.

¿Por qué no se pierde el edificio en la nada o el todo que es ese paisaje sin fin azotado por el viento? El inmueble, de hormigón -“un elemento compositivo sin distracciones”, explica Uccelli- y levantado con un presupuesto de 250 dólares el metro cuadrado, es una arquitectura orgánica. Tras erigir una estructura tensionada en el sitio arqueológico “El Brujo”, donde hoy se encuentra el museo, Uccelli ganó el concurso para levantar este edificio en el que los espacios se suceden en una planta que ella define como “Moche doméstica” –los antiguos habitantes de la zona-, a pesar de que el área construida es poco doméstica: ronda los 1.500 metros cuadrados.
© Fundacion Wiese / Museo CAO

El recorrido interior, las fugas visuales hacia el mar cercano, la dirección del viento, su azote, y la ausencia de límites emulan, desde el propio museo, la naturaleza del lugar. El nuevo edificio del complejo arqueológico busca difundir los hallazgos, señalar en el mapa turístico la Ruta Moche y crear un vínculo con las poblaciones “urbano-marginales” de los alrededores, como el pueblo de Magdalena de Cao, Santiago de Cao o Chocope, que ven en ese nuevo espacio un lugar donde reconocer sus orígenes.

La disposición de tres de los cinco volúmenes que forman el museo genera una plaza en su interior protegida del clima sumamente erosivo del lugar, que une al fuerte viento la arena. Esa plaza es el nexo que une y define la relación entre los volúmenes del museo. Sin embargo, ese espacio abierto, y sin embargo protegido, es también la paradoja de un lugar que se entiende mejor como paisaje que como arquitectura, pero que para poder vivirse precisa de la protección sutil, pero firme, de la arquitectura.

22.9.10

El desierto en el museo de las ruinas / La Estrella del Norte, Miércoles 22 de septiembre de 2010



Un registro de texturas, formas y colores del Desierto de Atacama de la Región de Antofagasta se está exhibiendo gratuitamente hasta el 4 de octubre en el museo del Parque Cultural Huanchaca.

La muestra fotográfica, realizada por la artista Carla Monforte, es un nuevo montaje del proyecto "Desierto/Geomorfotografías" financiado por Fondart 2008, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y patrocinado por Fundación Ruinas de Huanchaca, SQM, ESO, Enjoy, Universidad Católica del Norte, Correos de Chile y Foto América. Son 24 imágenes digitales, de un total de 120 piezas del proyecto original, las que son exhibidas secuencialmente descubriendo y re-mirando los pliegues y luces del Desierto.

30.8.10

EL TEATRO PAOLO SOLERI EN SANTA FE SERÁ DEMOLIDO

Reporter: Ian Schwartz

SANTA FE (KRQE) - A group of students, preservation historians and a concert promoter are crying foul because the 50-year-old Paolo Soleri Amphitheater in Santa Fe is set to close and be demolished.

Concerts and high school graduations have been part of the Paolo Soleri on the Santa Fe Indian School campus since 1965.


More info at KRQE


5.2.10

TURISMO Y SUS CONDICIONES MÍNIMAS

¿Que ocurre si sumas dos noticias del El Mercurio?
"Alta inversión para apoyar turismo regional" + "Invasión de basura en sector balneario"

© El Mercurio de Antofagasta

El 23 de enero se publicó una nota sobre la alta inversión que se hará para apoyar el turismo regional, según manifestó el seremi de economia regional Wilfredo Castro. El seremi en cuestion indicó que el Gobierno Regional "considera al turismo como uno de los cuatro sectores estratégicos". Para tal conisderan promover el turismo en la zona en un ámbito internacional. Pero esta es una buena noticia de fantasia si al señor Castro no le sumamos todas las otras reales noticias del estado de la "oferta". Diria que las noticias sobre la crisis de la basura en el radio urbano, es un aspecto, el otro es lo que ocurre fuera del limite...
Propongo un paseo más allá del Auto Club, a nuestra oferta costera, hasta Coloso, les anuncio que se encontrarán no solo con basura, sino con escombros en tal cantidad que han transformado el paisaje del borde, restos de "empresas turísticas", palmeras abandonadas a su suerte, desperdicios orgánicos en las bambalinas de las "caleta" Coloso, etc, etc, etc. En realidad el paseo es muy frustrante...
Seguro que el proyecto "Promoción turística de la Región de Antofagasta en Zicosur y Mercado Nacional e Internacional", no incluyó imágenes de esta cruda realidad de nuestra costa, por otro lado seria interesante conocer los resultados de la "Evaluación de recursos arqueológico del la costa del Desierto de Atacama para diversificar los destinos del TIE en la Región de Antofagasta", y ojalas a las administración regional y municipal los incluyan e instruyan en el plan de "Mejoramiento de empresas turísticas y su adaptación en el mercado internacional".

Por último agregaría que el litoral de Antofagasta, tiene un potencial turístico muy poco explotado, y que permite su uso practicamente todo el año, además permititiría sostener un desarrollo productivo en el tiempo más allá de los recursos naturales no renovables, pero para eso se requieren ciertas condiciones mínimas de urbanidad y cuidado con este magnífico paisaje del desierto costero.

© El Mercurio de Antofagasta

28.1.10

PAISAJES WAGNERIANOS, LUZ DE VERANO EN ANTOFAGASTA

Hace algunos años, un grupo de arquitectos visitamos un área al norte de Antofagasta, la desembocadura de la enorme quebrada Salar del Carmen en el radio urbano, una de las únicas dos conexiones con el desierto de la depresión intermedia, sin duda un espacio geográfico impresionante. En esa área elevada uno de los elementos del paisaje que domina es el denominado Cerro de la Cruz, un promontorio que se mete sobre la ciudad con su geología escarpada debido a sus rocas meteorizadas, un escena dramática, y que entra en el plano de lo sublime. Uno de los arquitectos del grupo, especificamente el chileno catalán José Manresa, se refirió a la montaña como "wagneriana". No dejaba de tener mucha razón, ya que aquella escena borrascosa del paisaje antofagastino podría estar recreada en alguna escenografía de alguna ópera de Richard Wagner, el eterno buscador de la obra de arte total.

© Claudio Galeno

© Claudio Galeno

© Claudio Galeno

© Claudio Galeno

1.6.09

LA MAGNIFICA LUZ DE INVIERNO Y EL NUEVO HOTEL TERRADO ANTOFAGASTA.

© Claudio Galeno

Sin duda cuando mejor se aprecia el desierto es en invierno. Puede que los días sean cortos, que estemos todos resfriado, que la humedad inunde todo, pero no podemos ignorar como la ciudad se llena de luces y sombras horizontales, de amaneceres profundos y largos en tiempo, que penetran por los interiores de las casas, de atardeceres penetrantes, de "rayos persistentes" como ha indicado el arquitecto Rolando Meneses. Es cierto que también es época de brumas, que inundan la ciudad, que crean un ambiente londinense, de cerros que desaparecen y de perfiles de ciudad recortados en secuencia. Pero en este post es sobre la luz de los días despejados, que no son muchos, pero que deslumbran con una luz cinematográfica.

A propósito en esta foto la estrella es el nuevo Hotel Terrado, que se está imponiendo como un nuevo icono de arquitectura contemporánea de gran lenguaje, haciendo honor a su robusto acompañante el patrimonial Hotel Antofagasta. El construir ese nuevo edificio en altura con sus terminaciones acristaladas y su esbeltez, renueva el perfil urbano de esa área de la ciudad que quedó bastante dañado desde que se había construido el polémico "Albergue del Club de Yates". Bienvenido nuevo Hotel Terrado.

28.4.08

ARQUITECTURA DEMOCRÁTICA, MODERNISMO EN ANTOFAGASTA

Un reportaje sobre hitos de la arquitetura moderna (siglo XX) de Antofagasta que fue publicado en la revista +Decoración (ex Casa y Decoración) de La Tercera, nº 248, el día sábado 26 de enero de 2008. Esta basado en una entrevista realizada al arquitecto Claudio Galeno, en Antofagasta, realizada por Daswy Soto Azaf con excelentes fotos de Alejandra González y fotos de época los archivos de Claudio Galeno. Se destacan nueve edificios, y sin duda uno de los más impactantes es una vez más el "Curvo" (Huanchaca) del arquitecto Ricardo Pulgar San Martín.








16.1.07

EL DESIERTO, QUEBRADA LA NEGRA, ANTOFAGASTA, CHILE


ⓒ foto Claudio Galeno
Quebrada La Negra, un espacio territorial donde se reune el espacio del Oceano Pacifico con el Desierto de Atacama.