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4.9.18

Incendio del Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro

Algunos artículos sobre la catástrofe del pasado domingo 2 de septiembre:

Vía El País.

El Museo Nacional de Brasil entierra siglos de trabajo entre cenizas

Por Felipe Betim.

El incendio ha consumido buena parte de los 20 millones de piezas coleccionados a lo largo de 200 años

El incendio que destruyó este domingo el Museo Nacional, en Río de Janeiro, llevó un día después a centenares de personas a los portones de la casa de campo de Boa Vista, el inmenso parque municipal que lo alberga. El fuego, descontrolado, quemó una parte importante de la historia de Brasil y del mundo. También una historia de vida y de trabajo de los empleados del recinto, que se preocupaban por extender el vasto conocimiento que custodiaba el museo. Y de los más jóvenes, universitarios que estudiaban en medio de su gigantesca colección: 20 millones de piezas recopiladas a lo largo de 200 años de existencia. Dentro del parque, frente al palacio incendiado, los profesionales que trabajaban en la institución se abrazaban este lunes entre lágrimas: el sentimiento general era equiparable a la partida de un amigo o un familiar cercano. Desolación solo compensada por la ausencia de víctimas mortales o heridos.

Mientras tanto, los bomberos y la Defensa Civil trabajaban sin tregua para enfriar el edificio, una antigua residencia de la familia imperial, y medir el riesgo de colapso de la estructura. Las primeras evaluaciones apuntan a que resistió bien a las nueve interminables horas en llamas. Pero el techo y el piso ya no son tales. Tampoco la decoración interna original ni gran parte de la colección. Poco se salvó, aunque algunos científicos se arriesgaron al rescatar microscopios y parte de las colecciones cuando el incendio empeoró.

"Pueden reconstruir todo, poner paredes de la más alta tecnología... Pero, ¿qué vamos a colocar ahí dentro?", lamenta el paleontólogo Maurílio Silva de Olivo, uno de los responsables de cuidar y reconstruir la colección de fósiles. "Todo lo que estaba expuesto se perdió: no resiste a una temperatura tan alta durante tanto tiempo. Nuestra esperanza está en el material guardado en cajas de acero".

Oliveira trabaja en el museo desde hace casi dos décadas, pero los problemas estructurales vienen, dice, de mucho antes. Los empleados de la institución se unieron, según su relato, para mantener el lugar funcionando y presionar al Gobierno Federal para que destinase más recursos a una de las joyas de la ciencia y la cultura brasileña, vinculada a la Universidad Federal de Río de Janeiro. "A pesar de todas las dificultades, éramos el quinto museo del mundo y la quinta institución de investigaciones de Latinoamérica por tamaño de nuestra colección", explica Oliveira, uno de los responsables del cuidado de los fósiles de la colección. En mayo de este año, los directores del museo recurrieron a una campaña virtual para recaudar fondos y recuperar uno de los espacios que cobijaba el esqueleto de un inmenso dinosaurio. Obtuvieron poco más de 6.000 euros al cambio y lograron reabrir la exposición.

La tragedia ha conmocionado a Brasil, un país que se resiente por la falta de compromiso de los políticos con los espacios públicos. La indiferencia hacia el museo, visitado por Albert Einstein y por la científica francesa Marie Curie en los años veinte del siglo pasado, se pudo medir en junio de este año, cuando ningún ministro de Estado se dignó a acudir a los festejos por su 200 aniversario.

El museo no solo concentraba piezas históricas. Era una “institución viva”, de producción de conocimiento, explica Ana Lazar, doctora del departamento de Vertebrados. "Somos una referencia para investigadores del mundo entero que venían a estudiar especies extintas que solo estaban aquí". Este lunes, los bomberos seguían retirando piezas de valor incalculable que parecían haber resistido a las llamas. En la entrada del palacio, el meteorito Bendegó, uno de los mayores del mundo, permanecía intacto, erigido ya en todo un símbolo de resistencia del museo. "Lo que tenemos que pensar ahora es en el futuro de la institución", decía Alexandre Kellner, director del museo. Hace poco había pedido a las autoridades un espacio extra para conservar mejor la colección que no estaba expuesta. Un ruego que, como tantos otros del Museo Nacional de Brasil, no llegó a tiempo.

Vía La Tercera.

Museo Nacional de Brasil pierde 200 años de patrimonio

Autor: Paula Valles M.

El Museo Nacional era uno de los más antiguos de Brasil y antes fue sede real.

El recinto que se incendió la tarde del domingo era uno de los más importantes de Latinoamérica y contenía más de 20 millones de piezas. Fundada en 1818, la institución era la más antigua de su país en esta disciplina y los costos de reconstrucción ascienden a 3 millones y medio de dólares.

Eran las siete y media de la tarde del domingo cuando comenzaron las llamas. A esa hora, los visitantes del Museo Nacional de Brasil, ubicado en Río de Janeiro, ya se habían retirado y el recinto tenía sus puertas cerradas. Al interior, solo quedaban cuatro vigilantes que afortunadamente no salieron heridos. El incendio, cuyas causas se están investigando por la Policía Federal, logró ser controlado durante la madrugada del lunes, y arrasó con 200 años de patrimonio brasileño.

De acuerdo a la información proporcionada por el subdirector del Museo Nacional de Brasil Luiz Duarte, el siniestro provocó la pérdida del 90 por ciento del acervo de la institución. En términos monetarios, los costos ascienden a 15 millones de reales, equivalentes a 3 millones 600 mil dólares.

Creado en 1818 por el Rey Juan VI de Portugal, cuando Brasil aún era una colonia, el museo comenzó en sus inicios a albergar especies botánicas y animales. Luego, durante el transcurso del siglo XIX abrió espacios a la arqueología, antropología y paleontología. Así, fue generando uno de los acervos más importantes del mundo. En sus 20 mil metros cuadrados, el recinto albergaba una colección de 20 millones de piezas, de las cuales solo un 1 por ciento habría estado expuesta al público.

En su interior, el Museo Nacional tenía organizadas sus exposiciones en diferentes secciones que abordaban la evolución de la tierra, la de la humanidad, culturas mediterráneas, Egipto, arqueología precolombina y brasileña, etnología indígena de Brasil, culturas del Pacífico, y zoología.

Dentro de esa amplia colección, destacaban piezas como Luzia, el cráneo más antiguo descubierto en América, que data de hace más de 11 mil años. En el ámbito geológico, el museo conservaba el meteorito de Bendegó, un hallazgo de 1874 catalogado como el segundo cuerpo celeste más grande del mundo. También destaca la gran colección de arqueología egipcia y precolombina, la más antigua de Latinoamérica. Según el sitio web del museo también se contaba con una momia hallada en Chile, en las cercanías de Calama. Sobre esa pieza, la Ministra de las Culturas Consuelo Valdés comenta: “Por ahora no tenemos información al respecto. Hace poco nuestro antropólogo de la Subdireccion de Museos del Servicio Nacional del patrimonio, estuvo ahí y no vio ni le comentaron de cuerpos humanos provenientes de Chile”. Además, el museo tiene uno de los más grandes acervos paleontológicos del continente, con una colección de fósiles que dan cuenta de un total de 56 mil ejemplares, entre ellos los huesos del gigantesco Maxakalisaurus.

Durante el último año, los recursos destinados al Museo Nacional de Brasil habían disminuido. Incluso este año, el museo estuvo cerrado por 10 días debido a una huelga de sus trabajadores a cargo de la limpieza, quienes reclamaban no recibo de sueldos.

El incendio de este recinto recuerda la tragedia de 1978, cuando otro incendio destruyó el 90 por ciento del acervo del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. Había obras de Picasso, Dalí, Miró y Paul Klee, entre otros.

Tras conocerse las devastadoras consecuencias del incendio, distintas personalidades alrededor del mundo han lamentado el suceso y puesto a disposición ayuda, con el objetivo de restaurar aquello que sea posible. Uno de ellos fue el presidente francés Emmanuel Macron, quién señaló en Twitter que “Francia pondrá a sus expertos al servicio del pueblo brasileño para ayudar en la reconstrucción”.

En la misma línea actuó la Ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, quién conoce el museo “Me impresionó el conjunto que representaba esta institución, tanto por la variedad de sus colecciones como por el propio edificio que en sí mismo tiene un enorme valor patrimonial”, cuenta. La ministra se contactó a primera hora con el Embajador de Brasil, para ofrecer el apoyo necesario. “Apenas ellos tengan un diagnóstico, acerca del estado de las colecciones, su documentación y archivo, podremos determinar qué tipo de ayuda prestar”, señaló.

15.6.16

Inundaciones en Antofagasta en marzo de 1934, Periódico La Libertad (Madrid)

El libro de Lanza y Urrutia sobre Catástrofes en Chile, respecto del año 1934, se refieren a los temporales desarrollados en mayo y junio, desde Copiapó a Magallanes, con más de catorce muertos y más de treinta heridos, miles de damnificados, caminos destruidos, puentes deteriorados, vías férreas interrumpidas, deslizamientos de tierra y trombas marinas.

Sin embargo no se refieren a lo ocurrido en marzo de 1934 en Antofagasta, que al parecer fue una suerte de preludio de los sucesos que luego azotaron el país.

El periódico La Libertad de Madrid, el 29 de marzo de 1934, publicó una breve nota sobre la catástrofe:

"INUNDACIONES EN ANTOFAGASTA: Cinco muertos y un centenar de heridos
Cinco personas han resultado muertas y más de cien heridas a consecuencia de las inundaciones sufridas en la región de los Andes. Se cree que las aguas llegarán hoy en su inundación hasta Antofagasta. En previsión de que esto pueda ocurrir se han dado órdenes para que sean evacuados los alrededores.
El ferrocarril internacional y el del Estado han experimentado desperfectos que alcanzan el valor de centenares de miles de pesos. Se ha establecido un servicio especial de vagones para el transporte de alimentos. Muchas personas han sido atacadas por el pánico y abandonando sus casas han huido a los montes próximos."

29.3.15

El terremoto que cayo desde el cielo. El Mercurio de Antofagasta, 29 de marzo de 2015.

Vía El Mercurio de Antofagasta.

Por V. Toloza Jiménez.

"Objetivamente no podía preverse la magnitud de las precipitaciones, sin embargo, hubo varias alertas el sábado y domingo pasado desde Chile y el extranjero, precisando que el miércoles y jueves la zona norte enfrentaría un episodio muy inusual."

28.3.15

Nueve muertos y 19 desaparecidos por un temporal en Chile

Vía El País.


Un hombre se sujeta a una cuerda de seguridad para no ser arrastrado por el agua en la ciudad chilena de Copiapó. El Gobierno chileno decretó el toque de queda en la región de Atacama, azotada desde el martes por intensas lluvias e inundaciones que causaron siete muertos, 19 desaparecidos y más de 1.500 desplazados por el desbordamiento de ríos y los aluviones.(AFP)

Mientras los incendios forestales se mantienen activos en diferentes zonas del sur de Chile, atacando unas 5700 hectáreas de la reserva ecológica China Muerta, el norte del país enfrenta el mayor desastre de los últimos ochenta años a causa de la lluvia, con nueve muertos y 19 desaparecidos. En las últimas horas fueron hallados dos cuerpos en la región de Antofagasta, una de las tres regiones afectadas por la catástrofe junto a la de Atacama y Coquimbo. Tres regiones desérticas que hasta el lunes estaban afectadas de intensas sequías, han enfrentado en cosa de horas lluvias equivalentes a las de todo un año. Aluviones, desborde de ríos, corte de carreteras, derrumbe de puentes y apagones eléctricos han provocado desde este martes una cantidad indeterminada de damnificados, que solamente con la luz del día y el paso de las horas las autoridades comenzarán a cuantificar.

"Se está viviendo una situación sumamente difícil", señaló la noche del miércoles la Jefa de Estado, que viajó a la región más afectada, la de Atacama, para liderar una reunión con las autoridades locales. "El Gobierno está haciendo todo lo humanamente posible", indicó Bachelet.

El subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, ha confirmado la muerte de siete personas y la desaparición de otras 19. De acuerdo al informe oficial, aunque la emergencia es compleja en toda la zona, existen tres localidades de Atacama donde la situación es especialmente crítica: Alto del Carmen, Tierra Amarilla y Diego de Almagro, que se encuentran sin conectividad terrestre. Las autoridades locales han realizado relatos dramáticos a través de los medios de comunicación. "La situación es caótica", ha señalado esta tarde a CNN el comandante de bomberos de Taltal, Manuel Palacios, donde se produjo un nuevo alud.

En total hay 5.983 personas damnificadas que están refugiadas en albergues; 5.450 en la región de Atacama, 392 en la de Antofagasta y 141 en la de Coquimbo. En Atacama además un grupo de 13 personas están aisladas en el Paso San Francisco, en la frontera con Argentina en plena cordillera de los Andes.

El Ejecutivo ha declarado el estado de excepción constitucional y cerca de 2400 efectivos de distintas áreas están trabajando en las regiones afectadas. "Llamamos a que no exista especulación en el precio de los alimentos y en particular del agua. En situaciones como esta hay que hacer un esfuerzo para no aprovecharse de la necesidad de las personas", ha indicado el subsecretario del Interior.

2.4.14

EARTHQUAKE: A post-Biblical view (Terremoto, una mirada pos-bíblica), by Lebbeus Woods, 2010.

Vía Lebbeuswoods.net.



Earthquakes are the result of natural, tectonic changes in the solid crust of the earth and, as such, are not inherently catastrophic. Their bad reputation comes from the destruction to human settlements that accompanies them, when buildings collapse under the stress of forces produced by earthquakes. This destruction is not the ‘fault’ of earthquakes, but rather of the buildings, which, even in regions regularly visited by earthquakes, are not designed to work harmoniously with the violent forces periodically released. So buildings collapse, usually with considerable loss of life and injuries. The earthquakes are blamed, as though the purpose of these sublimely unself-conscious phenomena was to damage and destroy the human. “Earthquake Kills Thousands!” “Killer Quake Strikes!” “Earthquake Levels Town!” are typical aftermath headlines. What they should say is “Falling Buildings Kill Thousands!” “Killer Buildings Strike!” “Inadequately Designed Town Leveled!”

Such headlines will not, of course, appear. If they did, architects, town-planners, engineers, and the entire army of professionals responsible for the design, construction, and maintenance of the affected buildings would be called to account. If that were to happen, they would certainly implicate politicians, developers, banks and the entire army of private and public officials controlling what gets built and where, the financial/economic community that finds it more profitable to rebuild what has been destroyed than to commission the development of architectures that would work with earthquakes and thus survive them. If this profit-driven community was called to account by public outcry, it would almost certainly turn the blame back on the public itself. After all, corporations and government are under constant pressure to give the public what it wants, which today means the same products, the same lifestyles, the same buildings and types of buildings to be found anywhere on the planet, regardless of the planet’s extremely varied processes of transformation. If all these individuals and social institutions were held responsible for the destruction caused by earthquakes, then the public in earthquake regions would have no choice but to demand radical changes of them. But this would be an expensive revolution, one that all the interests involved could afford only at great cost to their reputations, knowledge and technical expertise, and to their present economic prosperity.

There is, however, a deeper structure of resistance to investing in the invention of new architectures of and for earthquake, and this is formed by the most venerable beliefs about the relationship between the human and natural worlds, considered to be essentially hostile. The ‘Man versus Nature’ attitude begins in the founding stories of some of the world’s dominant religions. Christianity, Judaism and Islam share the Biblical account of the expulsion of Adam and Eve from the Garden of Eden, which came as a result of their desire for self-knowledge and, thereby, for independence from the rest of the unselfaware, wholly interdependent world. Many philosophers over the past epochs have rationalized this belief, but it was Rene Descartes who best codified it for the modern era. His philosophy postulates an essential duality of the world, comprised of the human and the Divine, which cannot be bridged, at least by the human. Not coincidentally, he also invented a mathematical systemóanalytical geometry--that organized the spatial and temporal properties of the human domain with great efficacy. Cartesian logic and geometry offer a pragmatic usefulness that shows no signs of diminishing, more than three hundred years after their inception, and in spite of immense cultural and technological changes to the society they serve. But, while Cartesian thought and method succeeded in freeing science, and therefore technology, from the grip of religion per se, it maintained the adversarial Biblical relationship between the domain of the human and the realm of ‘Divine’ nature. Nowhere is its fragility in this regard more clearly demonstrated than in earthquake regions. There, not only has the idea of the Cartesian ‘grid’ as a symbol of rational efficiency and stability been overturned (literally) by the nature of earthquake forces, but the civilizational cornerstone of human independence from Nature (a conceit, however transparent, that has propelled the notion of human progress) has been broken to bits. In light of the consistent failure of leading societies such as the United States and Japan to build effectively against earthquake, it is reasonable to reconsider the dominant philosophies, techniques and goals of building and urban design in earthquake regions.

At this writing, such a reconsideration by architects and planners has hardly begun. What is needed now are new ideas and approaches that go beyond the defensive reinforcement of existing conceptual and physical structures, and open up genuinely new possibilities for architecture in relation to the earth's continuing process of transformation. My own efforts in this direction have been sporadic and sketchy, resulting in two sets of highly speculative projects, which were published in my book of 1997, Radical Reconstruction. The San Francisco ‘houses’ of 1995, completed after research at the Berkeley Engineering Library, propose architectures extending the forces of earthquake into the dynamics of private life and social change. The ‘terrain’ projects of 1999, summarized in this book and completed after the cycle of disastrous earthquakes that struck around the world last autumn, propose that architecture be considered as an integral part of landscapes undergoing regular seismic upheavals. Both sets of projects look forward to a post-Biblical reconciliation of the human and the natural, through the conceptual and tectonic reformation of architecture itself.

16 April 2000
New York City