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25.7.19

Recuerda su hijo Sergei: El día en que le arrebataron la Luna a Nikita Khrushchev



Vía La Tercera.

Autor: Marcelo Córdova
Vie 19 Jul 2019 | 03:27 pm

La llegada del hombre a la Luna sentenció la supremacía espacial definitiva de Estados Unidos frente a la URSS. A 50 años del hito, el hijo del líder soviético que lideró los primeros éxitos de su país en el espacio recuerda en esta conversación la reacción de su padre y relata cuán cerca estuvieron ambos países de enviar una misión conjunta al satélite.

Sergei Khrushchev tenía 34 años cuando Estados Unidos alcanzó el triunfo definitivo en la carrera por la supremacía espacial. Al amanecer del 21 de julio de 1969, este ingeniero soviético y sus amigos detuvieron el auto en el que viajaban por Ucrania y miraron la Luna que horas antes había sido conquistada por Neil Armstrong. “Estábamos de vacaciones y acampamos en Chernobyl, donde años después se levantaría la famosa estación nuclear. Uno de mis amigos tenía un pequeño telescopio e intentamos encontrar a los americanos en la Luna, pero no logramos ver nada”, cuenta a Tendencias.

Él conoce de cerca el impacto que tuvo el éxito del Apolo 11 en su país, porque su padre encabezó la Unión Soviética durante sus primeros y exitosos intentos por dominar el cosmos. Nikita Khrushchev fue el máximo líder del régimen de Moscú entre 1953 y 1964, y bajo su mandato los soviéticos lanzaron el primer satélite artificial Sputnik (1957) y lograron que Yuri Gagarin se convirtiera en el pionero de los viajes espaciales tripulados (1961).

Pero en 1969 los roles se habían invertido y la Unión Soviética vivía atormentada por sus fracasos: sólo tres semanas antes del inicio de la misión Apolo 11, el cohete experimental ruso N1 -con el cual pretendían llevar humanos a la Luna- explotó y provocó una de las detonaciones no nucleares más grandes de la historia. Al igual que sus compatriotas, Nikita -el hombre que nació en la humilde villa de Kalinovka y que se ganó la vida como minero y fabricante de ladrillos- se vio relegado al rol de mero espectador del éxito de la NASA.
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“Cuando los estadounidenses llegaron a la Luna, mi padre ya se había alejado del poder y vivía en Moscú”, agrega Sergei desde la casa donde reside actualmente en el estado norteamericano de Rhode Island. Quizás por esa razón, la reacción del ex líder soviético, que en 1969 tenía 75 años, no estuvo tan marcada por la rígida doctrina soviética de la Guerra Fría: “Su respuesta fue bastante natural. Al igual que mucha gente, estaba orgulloso de que un ser humano finalmente se hubiera posado en otro mundo. Por supuesto que hubiéramos preferido ser los primeros y eso explica por qué en la Unión Soviética no hubo grandes fanfarrias”.

La voz de Sergei, que hoy tiene 84 años, transporta a esa época en que Moscú y Washington se desafiaban constantemente. A pesar de que el ingeniero emigró a Estados Unidos en 1991, todavía tiene un notorio acento. Él tenía sólo 18 años cuando su padre reemplazó a Josef Stalin como primer secretario del partido comunista de la Unión Soviética. Dos años después, Nikita ya era el máximo líder del país. Sergei, quien de pequeño leía a Jack London y Shakespeare, recuerda que su padre lo sometió a una vida sin privilegios: “No tenía guardaespaldas, ni viajaba en limosina. Mi padre siempre me decía: ‘Nunca olvides que yo soy Khruschev y tú eres sólo un ciudadano’”, señaló en una entrevista publicada hace unos años por el portal OZY.com.

Cuando Nikita fue removido de su cargo en 1964, la paranoia de la Guerra Fría hizo que el Kremlin le negara a Sergei cualquier tipo de permiso para viajar al extranjero. Después de todo, decían las autoridades de Moscú, el ingeniero manejaba información sensible: entre 1958 y 1968 había trabajado en el Instituto de Control Computacional en Moscú y también había ayudado a desarrollar sistemas de guía para misiles, submarinos, naves espaciales y algunos de los vehículos no tripulados que los soviéticos enviaron a la Luna. El cambio se produjo en 1991, cuando Mikhail Gorbachev lideraba el país y conceptos como perestroika ya se hacían conocidos en Occidente.

Las restricciones a los viajes se relajaron y Sergei pudo visitar Estados Unidos para dar una charla en el Instituto Watson de Estudios Internacionales en la Universidad de Brown. Thomas J. Watson Jr., fundador del centro, lo invitó a unirse como académico y él aceptó. “Para entonces, era claro que la Unión Soviética estaba al borde del desastre”, señaló en el portal OZY.

En 1999, él y su esposa Valentina se volvieron ciudadanos norteamericanos, pero nunca se olvidó del legado de su padre: un hijo de un matrimonio anterior -que falleció en 2007, a los 47 años- llevó el nombre de Nikita Sergeyevich Khrushchev. Su memoria tampoco ha extraviado los detalles más importantes de los albores de la disputa espacial con Estados Unidos.

– ¿Usted y su padre hablaban de los planes de la NASA?

-Por supuesto, sabíamos todo lo que estaba pasando. En 1961, el líder del programa que dio origen al Sputnik y la nave que transportó a Yuri Gagarin se presentó ante mi padre y le dijo que los americanos habían iniciado sus preparativos y trabajos de diseño para ir a la Luna. Él miró a Sergei Korolev y le dijo: “Lo sé, pero lo que están haciendo es demasiado costoso. Que ellos gasten su dinero. Yo tengo que ceñirme a los recursos que tiene nuestro pueblo”. Mi padre le comunicó que debía pensar cuidadosamente en cómo iba a gastar ese dinero, porque tenía otras prioridades, como mejorar la calidad de vida de la gente.

-¿Qué efecto tuvo esa decisión?

-Esa determinación hizo que Nikita no autorizara el inicio del diseño de una nave con fines lunares hasta 1964. Recién en ese momento dijo que se podía establecer realmente cuánto costaría y luego tomar una decisión preliminar. Así que en realidad nunca hubo una carrera espacial. Los americanos trataron de presentar todo esto como si esa competencia en realidad hubiera existido, porque les servía para promoverse. Hasta 1965 la Unión Soviética no hizo prácticamente nada que mostrara una intención de ir a la Luna.
A la sombra del padre

“Escuchen el sonido que separará para siempre lo antiguo de lo nuevo”, dijo un locutor de la cadena radial NBC durante la noche del 4 de octubre de 1957. A continuación la audiencia pudo oír un chirrido proveniente del espacio que se repetía una y otra vez y que la agencia AP bautizó como “beep beep profundo”. Su emisor era una pequeña esfera de 23 centímetros de diámetro, que además estaba dotada de cuatro antenas que emitían pulsos de radio. Los soviéticos la habían lanzado a la órbita de la Tierra y la llamaron Sputnik.

El primer satélite artificial de la historia ya era una realidad y el impacto en Estados Unidos fue inmediato. Al día siguiente, el presidente Dwight Eisenhower encaró a sus asesores científicos con varias preguntas. ¿Cómo había ocurrido algo así?, ¿por qué el gobierno de Estados Unidos fue sorprendido tan de improviso por el lanzamiento? Simon Ramo, uno de los pioneros de la era espacial, escribió en su libro El negocio de la ciencia que la “respuesta americana al logro de la Unión Soviética fue comparable a la reacción ante el aterrizaje de Lindbergh en Francia, el bombardeo japonés de Pearl Harbor y la muerte de Franklin D. Roosevelt”.

Sergei Khrushchev fue testigo de ese hito desde la vereda soviética. “En la tarde del 4 de octubre de 1957, mi padre esperaba una llamada. El diseñador en jefe Sergei Korolev debía llamar desde el centro de lanzamiento de Tyuratam. Más temprano mi padre había estado en Kiev, Ucrania, para asistir a reuniones militares. También asistió a una demostración de tanques”, escribió el ingeniero en un artículo de la revista Air & Space.

La confirmación llegó cuando padre e hijo cenaban con varios oficiales en el palacio ucraniano de Mariyinsky. Un asistente salió de la habitación para luego volver con una sonrisa y entregarle la buena noticia a Nikita, quien la anunció a los comensales. “Él dijo: ‘Les diré que éste es un gran logro, pero es un secreto. Hemos lanzado un Sputnik’. Así que dejó de hablar de los asuntos locales y empezó a conversar sobre cuán importante era el Sputnik. Los oficiales estaban decepcionados. Pensaban que sus problemas eran mucho más importantes”, comentó Sergei en un reciente artículo de la revista Time.

Al día siguiente, la prensa mundial le dedicó toda su atención. Y en la Unión Soviética, el 6 de octubre el diario Pravda le dedicó toda su portada, con el titular: “¡El primer satélite artificial del mundo fue fabricado en la Unión Soviética!”. Lo que los periódicos no publicaron fue el nombre del jefe de la oficina de diseño donde el Sputnik fue creado. “En esa época nadie sabía el nombre de Sergei Korolev. Era clasificado. La KGB sabía que en realidad no había necesidad de mantenerlo en secreto, pero Ivan Serov, jefe de ese organismo, me dijo que los recursos del enemigo eran limitados, así que la idea era dejar que desperdiciaran sus esfuerzos intentando descubrir secretos irreales. Porque en cuanto a los verdaderos, sus brazos eran demasiado cortos para alcanzarlos”, escribió Sergei en Air & Space.

El siguiente gran paso se dio el 12 de abril de 1961, cuando los soviéticos lograron que Yuri Gagarin completara un vuelo que lo convirtió en el primer humano en ir al espacio. “Nikita estaba en un resort del Mar Negro trabajando en un informe. Korolev lo llamó y le dijo: ‘El hombre está en el espacio, pero debemos esperar 90 minutos’. Korolev llamó de nuevo y dijo: ‘Está de regreso’. Y Nikita dijo: ‘Dime, dime. ¿Está vivo? ¿Está vivo?”, relató Sergei a Time.

Korolev le aseguró que Gagarin estaba a salvo y dos días después los soviéticos organizaron una celebración masiva en la Plaza Roja de Moscú. “Fue muy similar al día de la Victoria tras la Segunda Guerra Mundial”, recuerda el ingeniero en la revista Time.

-¿Qué ocurrió luego que su padre fue removido de su cargo?

-En el otoño de 1965, el nuevo gobierno de Leonid Brezhnev aprobó la decisión firme de ir a la Luna. Pero en realidad el programa constaba de dos proyectos: enviar una misión tripulada y mandar alguna nave robotizada. La idea que incluía cosmonautas no prosperó porque estaba basada en un diseño concebido por Korolev y él cometió muchos errores. Fue la otra iniciativa -llamada programa Lunnik- la que logró volar con éxito y eventualmente trajo muestras a la Unión Soviética casi al mismo tiempo que lo hicieron las misiones Apolo.

-¿Las disputas entre Korolev y los demás especialistas fue lo que llevó al fracaso de las misiones tripuladas soviéticas?

-Por alguna razón, a fines de 1965 el gobierno decidió que Korolev debía emprender ese proyecto. Estaba solo y falló. Cayó en muchas equivocaciones al diseñar la nave espacial y el cohete de lanzamiento, porque en realidad él no era un científico ni un ingeniero avezado, sino un muy buen director de equipos de trabajo. Él tenía un buen ingeniero en jefe que le diseñó el lanzador del Sputnik, pero no encontró un experto así para el programa lunar.

En una entrevista publicada por la revista Scientific American, Sergei comenta que el gran problema de Korolev fue su mentalidad. Según Khrushchev, la intención del ingeniero era usar el lanzador que ya tenía, pero el N1 había sido creado en 1958 para otro propósito y tenía una capacidad limitada de carga de 70 toneladas: “Su filosofía era no trabajar en un diseño por etapas, como se hacía usualmente con las naves espaciales, sino que ensamblar todo y probar. Pensó que eso funcionaría. Hubo varios intentos y fracasos con el programa Lunnik. Enviar hombres a la Luna es demasiado complejo para una táctica de ese tipo. Creo que estaba condenado al fracaso desde el comienzo”.
Una oferta insólita

Hoy muy pocos lo recuerdan, pero en un momento Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de trabajar codo a codo en una misión lunar tripulada. John Logsdon, ex miembro del consejo de asesores de la NASA y fundador del Instituto de Políticas Espaciales en la Universidad George Washington, comentó al diario inglés The Telegraph que en un comienzo el presidente norteamericano John F. Kennedy no pretendió que el programa Apolo se convirtiera en una hazaña nacionalista: “Diez días después de anunciar la misión a la Luna, Kennedy se reunió con Khrushchev y le dijo ‘¿Por qué no lo hacemos juntos?’. Khrushchev respondió que no. Creo que la iniciativa de Kennedy era seria, aunque otros piensan que era propaganda”.

– ¿Por qué su padre rechazó esa oferta?

– En 1961, mi padre se reunió con Kennedy en Viena y él le propuso unirse al esfuerzo estadounidense, porque temía que los soviéticos pudieran llegar antes. Pero mi padre desechó la idea porque, según me dijo, en ese momento sentía que éramos débiles y que los americanos se enterarían de todos nuestros secretos. Al trabajar juntos, tendríamos que revelar algunas de nuestras tecnologías. Sin embargo, en 1963 Kennedy repitió su propuesta y Nikita estaba listo para sumarse al programa, porque creía que en ese momento éramos lo suficientemente fuertes como para destruir o al menos arruinar a los americanos. Así que si ellos sabían más sobre nuestro programa de misiles y otras herramientas, eso sería mejor para nosotros, porque los americanos se volverían más precavidos.

La nueva propuesta quedó registrada en un discurso de Kennedy ante Naciones Unidas, pero fue prácticamente olvidada. Era septiembre de 1963 y el programa Apolo estaba a punto de ser cancelado por problemas técnicos y de presupuesto. “Seguramente, deberíamos explorar la idea de que científicos y astronautas de nuestros dos países, y quizás de todo el mundo, trabajen juntos en la conquista del espacio, enviando algún día de esta década no sólo los representantes de una única nación, sino que de todos nuestros países”, manifestó el presidente estadounidense.

“Creo que si Kennedy hubiera vivido, estaríamos viviendo en un mundo completamente diferente”, comentó Sergei en 1997, tras una conferencia organizada por la NASA con motivo de los 40 años del lanzamiento del Sputnik. Lo cierto es que Kennedy fue asesinado en Dallas en noviembre de 1963 y la posibilidad de una misión estadounidense-soviética a la Luna comenzó a difuminarse. El 14 de octubre de 1964 Nikita se retiró del poder y cualquier opción de colaboración se desvaneció, por lo que cuando el Apolo 11 partió, el diario Pravda sólo publicó un artículo de tres columnas en su quinta página.

-¿Qué le parecen los nuevos planes que existen para volver a la Luna?

-En los 60 no había una necesidad científica de ir a la Luna. Fue un esfuerzo propagandístico de los americanos para mostrarse a sí mismos capaces de hacer algo así. Lo mismo pasa ahora. Tenemos programas muy sofisticados para enviar naves a la Luna, Marte y otros planetas, pero desde mi punto de vista no hay una necesidad de enviar humanos. Es muy difícil proteger a los astronautas de los peligros del espacio y, además, necesitas muchos recursos, porque también tienes que mandar comida y oxígeno. Sin embargo, por motivos propagandísticos más emocionales todo esto se va a repetir. Los americanos quieren enviar hombres a la Luna al igual que los chinos y van a recrear la competencia que tuvieron con la URSS.

-¿Cuál fue la principal enseñanza de la llegada del hombre a la Luna?

-El principal impacto fue probar que la humanidad podía hacerlo, que podíamos volar a otros mundos. Hoy necesitamos tecnología mucho más sofisticada para volver a hacerlo y que todavía no desarrollamos por completo. Pero hemos ido paso a paso. Es lo mismo que ocurrió con el primer avión de los hermanos Wright, que obviamente no es igual a los Boeing que vemos hoy. Cuando pusimos el Sputnik en órbita fue el mayor logro, porque era el inicio de la era espacial. Diría que la llegada a la Luna fue igual de importante que enviar un hombre al espacio, así que Gagarin y Armstrong son dos héroes de la humanidad.

4.10.18

Master of desert modernism Rick Joy celebrates 25th anniversary with retrospective tome



Vía Wallpaper.

By Jonathan Bell

The American desert holds a certain mystique for architects. Where else can you get the emboldening sense of having conquered nature without any need for aesthetic compromise? As a result, the arid expanses of the West are a playground for modernists of all persuasions, from the expressive to the minimal.

Rick Joy started his practice in Tucson, Arizona, in 1993, bringing a crafted, material approach to residential design. Projects like the Desert Nomad House of 2006 were part of a renaissance in desert building, delivering self-sufficiency, simplicity and a light touch on the delicate desert environment without compromising the purity of the scheme. The house was one of the standout projects in Joy’s first monograph, ‘DesertWorks’, published in 2002. Now, on the occasion of the studio’s 25th anniversary, a new book has been published, ‘Studio Joy Works’, which charts recent work, much of which is now far removed from his Tucson stamping ground.

Featured projects include the Sun Valley House in Idaho, a private retreat arranged as two wings flanking a central courtyard, with rustic stone walls chiselled and chamfered to geometric perfection. Stone is also used in the Woodstock Vermont Farm, this time paired with traditional cedar shingles to create a meticulously precise update of the state’s vernacular farm architecture. There’s plenty of design diversity on display, from the expansive family ranch in New Mexico with its sheet metal roof and shuttered concrete finishes, to the bunker-like minimalism of a vacation retreat in the Turks and Caicos Islands and the chalky minimalism of a loft in New York.

Joy’s studio has also started to engage in civic works, translating the same asceticism it applies to its private projects into public space. The book features the Princeton Transit Hall and Market, a bold piece of sculptural art that serves the famous college town without kowtowing to the town’s many architectural statements. Joy speaks of ‘cherishing the site’s spirit,’ and the works on display imply a strong sense of place, filtered through an even more rigorous approach to form and detail.

26.10.16

Ideología animada: las disputas arquitectónicas de EEUU y la Unión Soviética

Vía La Tercera.

Ideología animada: chilenos exhiben las disputas arquitectónicas de EEUU y la Unión Soviética

El acero versus el hormigón armado no sólo representaron sistemas de construcción diferentes para ambas potencias. También fueron símbolos de sus ideologías, que a su vez se reflejaron en sus dibujos animados. Los ganadores del León de Plata en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2014, exhiben ahora la investigación en la Trienal de Lisboa.

Autor: Denisse Espinoza



Popeye y Brutus colgados en los lados opuestos de una viga de acero a metros del suelo; Bugs Bunny camina sonámbulo sobre otra viga sin caer nunca, y Mickey Mouse corre a toda velocidad con una carretilla llena de ladrillos, cruzando de viga y viga, sin perder la sonrisa del rostro. En los años 30, Estados Unidos estaba orgulloso del sistema constructivo de sus primeros rascacielos, y así lo reflejaba en sus películas y dibujos animados. Mientras, la Unión Soviética exhibía sus efectivos paneles de hormigón en caricaturas similares, donde los personajes bailan y se trasladan sobre las inmensas estructuras.

El contraste ideológico, cultural y arquitectónico de ambos países enfrentados durante la Guerra Fría, se exhibe ahora en Coreografías: la exhibición del diseñador Hugo Palmarola y el arquitecto Pedro Alonso para la 4° Trienal de Arquitectura de Lisboa, que se desarrolla hasta el 11 de diciembre.

Ambos fueron reconocidos en 2014 con el León de Plata en la Bienal de Arquitectura de Venecia, gracias a una investigación sobre la KPD, una fábrica soviética de paneles de hormigón instalada en Chile durante la Unidad Popular. Ahora se embarcan en esta investigación que ya ha sido destacada por el diario británico The Guardian y la revista especializada Dezeen. La muestra consiste en dos videos proyectados simultáneamente y en loop, de caricaturas estadounidenses y soviéticas, donde se muestra la construcción con vigas de acero versus los paneles de hormigón armado.

“Para cada una de estas potencias fue muy importante enaltecer sus sistemas constructivos, que a su vez representan la fe de cada uno en los cimientos de su ideología. Los personajes animados hacen piruetas, bailan, caminan dormidos y se persiguen sin nunca caer. Hay una fe ciega de EEUU y la Unión Soviética en sus propias infraestructuras. Los EEUU pone en valor los rascacielos y su desarrollo del capitalismo, mientras la Unión Soviética simboliza el igualitarismo, con una estética cruda que retoma los principios del constructivismo”, explica Hugo Palmarola.

En el caso de EEUU, este tipo de comedias que utilizaba vigas de acero como elemento de humor partió en 1921, con la cinta Never Weaken del comediante Harold Lloyd, y luego fue replicada por los estudios animados para episodios de Mickey Mouse, Popeye, Porky, Mr. Magoo, Bugs Bunny, Tom and Jerry, etc.
La Unión Soviética, en tanto, empezó a utilizarlos a partir de la película Cheryomushki (1963), basada en una opereta de Shostakóvich, que hacía una apología del hormigón armado, heredada luego por otras animaciones desconocidas en Occidente, como The Story of a crime y I’ll get you. “En la medida que estas animaciones estaban dirigidas a un público general, y a los niños, estos sitios de construcción con coreografías de vigas y paneles eran también campos de batalla en la construcción de una cierta conciencia social hacia la política y la educación”, explican los chilenos.

Chilenos destacados

El evento portugués ha ganado atención al desplegarse por toda la ciudad en seis sedes diferentes, además de contar con importantes arquitectos como David Chiperfield y Rem Koolhaas en el mismo apartado en que lo hacen Palmarola y Alonso. Además de ellos, la chilena Cecilia Puga participa como jurado del Premio a la Trayectoria, otorgado a la oficina francesa Lacanton & Vassal; mientras que el Premio Debut, para oficinas emergentes, fue para la chilena UMWELT, de los arquitectos Arturo Scheidegger (1983) e Ignacio García Partarrieu (1984), ambos de la U. Católica. Tras competir contra 145 participantes, los chilenos se impusieron en el galardón -dotado de 5 mil euros- por “un corpus de obra que combina proyectos construidos con trabajos de investigación altamente relevantes (…) en los que el pensamiento y el rigor de la construcción impulsa la renovación del imaginario formal de la arquitectura”, señaló el jurado.

23.4.14

Una cualidad lírica de un encanto duradero: La pintura norteamericana y chilena en el Centenario de Chile, 1910

Vía MNBA.


Fotografía histórica mostrando un ala donde se expusieron las obras de los artistas americanos durante la exhibición en 1910, en Santiago de Chile. © Museo Nacional Bellas Artes.

La selección de obras realizada por la curadora norteamericana M. Elizabeth Boone da cuenta del diálogo entre la pintura norteamericana y chilena, generado a partir de la Exposición Internacional que tuvo lugar en el recién construido Museo de Bellas Artes que celebró el Centenario de la Independencia de Chile, en 1910. Entre el 19 de marzo y el 18 de mayo de 2014 en la Sala Chile.

Las investigaciones de la Dra M. Elizabeth Boone sobre las exposiciones universales y centenarios en los Estados Unidos, Europa y América Latina permiten revivir la Exposición Internacional llevada a cabo hace más de 100 años en el entonces Museo de Bellas Artes, a partir de obras pertenecientes a la Colección del Museo.

El 21 de septiembre de 1910 se inauguró en el Museo de Bellas Artes la gran Exposición Internacional, con motivo del Centenario de la independencia chilena. Entre los países invitados a participar se encontraba Estados Unidos, nación que compartía rasgos con Chile: ambas eran repúblicas, miraban hacia Europa y a su vez se diferenciaban de ella. A pesar de estas similitudes, desde el punto de vista chileno, Estados Unidos era un país comercial y no artístico.

El gobierno norteamericano aceptó la invitación, nombró a un comisario y un sub-comisario para organizar la muestra y envió cerca de 120 pinturas y 40 esculturas a Sudamérica. Es así como los chilenos pudieron sorprenderse por la cualidad del arte norteamericano.

A Pedro Lira, pintor formado en las academias de París y Director de la Escuela de Bellas Artes en Chile, también le llamaron la atención las obras norteamericanas: “después de recorrer con avidez y premura las salas numerosas que encierran ese complicadísimo resumen del arte mundial, saludemos desde luego a la gran república de los Estados Unidos, por sus sorprendentes adelantos, que la autorizan a colocarse dignamente al lado de las grandes escuelas europeas”.


Charles Morris Young, El Brandywine en invierno (The Brandywine in Winter), 1909. © Museo Nacional Bellas Artes.

Entre los autores presentes en la exhibición estaban los norteamericanos Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young. Sus pinturas establecieron diálogo con sus coetáneos chilenos Pedro Lira, Onofre Jarpa, Alberto Valenzuela Llanos, Alfredo Helsby y Benito Rebolledo Correa.

Al finalizar la exposición, a fines de diciembre, el gobierno chileno compró varias obras para incorporarlas en su incipiente Colección. Entre las obras escogidas estuvieron las pinturas de Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young, cuatro de las cuales habían recibido medalla de algún tipo en la exposición de Buenos Aires. Como señala la Dra. M. Elizabeth Boone en su escrito Una cualidad lírica de un encanto duradero: La pintura norteamericana en el Centenario de Chile, 1910: “las obras adquiridas en Chile por el Museo Nacional de Bellas Artes —cinco paisajes y un desnudo— forman una selección que tuvo mucha resonancia en un país que compartía con los Estados Unidos las riquezas del campo y las aspiraciones de un país joven. Las obras aquí expuestas muestran algunos puntos de contacto: la dedicación a la tradición académica, la mezcla armónica de los rasgos humanos con el mundo de la naturaleza y el amor por las praderas y los ríos del campo.”

Finalmente las relaciones establecidas entre ambos países fueron tanto comerciales por la compra y venta de pinturas, como artísticos. Browne pintó varios paisajes de Santiago durante su estadía en Chile y los expuso al público estadounidense al volver en 1911.

Browne y Trask también iniciaron una amistad con el pintor chileno Alfredo Helsby, cuya obra se incluye en esta exposición, y lo invitaron a visitar los Estados Unidos. Helsby viajó en 1914 y presentó sus obras en varias ciudades del país durante los años siguientes. Efecto de este intercambio es que hoy la obra Luna llena, Limache, Chile pertenezca a la colección del Smithsonian American Art Museum en Washington, D.C.

Para Roberto Farriol, director del MNBA, “esta investigación y la presente exhibición de obras pertenecientes a la Colección del Museo, junto con la puesta en valor artístico de nuestro patrimonio, también pone en relieve una arista desconocida de esta importante exposición del Centenario de Chile, permitiéndonos conocer las implicancias políticas y artísticas presentes en dicha exposición”.

Sobre la curadora:

La Dra. M. Elizabeth Boone es profesora catedrática de historia de arte en la Universidad de Alberta (Canadá) y se especializa en el arte de Estados Unidos, España y Latinoamérica de los siglos XIX y XX. Imparte clases y escribe ensayos y libros sobre temas relacionados con arte, identidad nacional y relaciones transnacionales. Ha trabajado en varios museos norteamericanos, incluyendo el Metropolitan Museum of Art y los Fine Arts Museums of San Francisco.

Ver también en el sitio de University of Alberta: Professor Betsy Boone curates an exhibition of American Art for the National Museum of Chile

24.6.13

Pan American Modernism: Avant-Garde Art in Latin America and the United States, June 22, 2013 - October 13, 2013, Lowe Art Museum, Miami

Vía Lowe Arte Museum.



Featuring the work of 50 Latin American artists and 21 artists from the United States, Pan American Modernism: Avant-Garde Art in Latin America and the United States explores, for the first time at the Lowe, the rich visual dialogue that exists between objects produced by artists working in 13 countries in North, South and Central America during the 60 years between 1919 and 1979. Showcasing 75 important works of art, many of which are not currently on view or have not been previously exhibited, this exhibition includes paintings, sculpture, works on paper, photography, and mixed media works that represent the Lowe’s diverse, multi-cultural holdings.

Rather than perpetuating a North American-centric hegemony, which tends to diminish and polarize works of art produced by Latin American artists, the exhibition analyzes how Pan American artistic exchanges, rather than stylistic transmission, construct a fuller understanding of Modernism as an international phenomenon across the Americas. Dialogues among the Cuban avant-garde, Mexican muralism and its legacy and counterpoints, Abstract Expressionism, and modernist photography explore commonalities and disconnects throughout the Americas. These exchanges examine the legacy of geometric abstraction in Constructivism, Minimalism, and Op art and consider the role of Colombian modernism. Artists documented in the exhibition include Eduardo Abela, Wifredo Lam, Man Ray, Amelia Peláez, Manuel Alvarez Bravo, Adolph Gottlieb, Jacob Lawrence, Hans Hofmann, Gordon Matta-Clark, and Roberto Matta, among others.

Organized by the Lowe Art Museum and curated by Dr. Nathan Timpano, Assistant Professor, Department of Art and Art History.

23.10.12

Una vivienda de Frank Lloyd Wright en Phoenix se enfrenta a su demolición

© Thompson Photography.

Vía El País.

La casa ha sido considerada como uno de los 20 edificios más importantes del arquitecto

Por Eva Sáiz, Washington 4 OCT 2012.

Frank Lloyd Wright diseñó en 1952 una casa para su hijo David y su nuera Gladys, una joya arquitectónica enclavada en un naranjal a las afueras de Phoenix que está considerada como uno de los 20 edificios más importantes del creador y que podría desaparecer en unas semanas. Sus actual propietaria, la empresa inmobiliaria 8081 Meridian, tiene previsto demoler el edificio para construir una urbanización en su lugar y aunque el Gobierno local ha iniciado el proceso para declarar al inmueble edificio protegido y evitar su derribo, la entidad asegura que tiene un permiso para poder llevar a cabo su iniciativa en cualquier momento.

La vivienda, un entramado de pasadizos y techos espirales de caoba, con tres habitaciones, dos baños y una escalera de caracol muy parecida a la que el arquitecto diseñó para el museo Guggenheim de Nueva York - a la casa de Phoenix ya se la ha tildado como la hermana pequeña de ese edificio-, había pasado casi desaparecida a los estudiosos y admiradores de la obra de Wright, hasta que en junio pasado se dispararon todas las alarmas cuando la inmobiliaria 8081 Meridian -que adquirió la vivienda ese mismo mes por 1,8 millones de dólares 8unos 1,4 millones de euros)- anunció su intención de demolerla. “David y Gladys eran muy celosos de su intimidad, nunca quisieron dar a conocer su casa, porque querían que fuera eso, una casa y no un museo rodeado de curiosos”, explica por teléfono Janet Halstead, directora ejecutiva de la Organización para la Conservación de Edificios de Frank Lloyd Wright.

“No hay una fecha límite para el derribo de la casa, pero el 7 de noviembre finaliza todo el proceso legal para declararla edificio protegido y mientras tanto estamos tratando de llegar a un acuerdo con la inmobiliaria para tratar de preservar el inmueble”, indicó Halstead. Parte de ese acuerdo para evitar la desaparición de la casa de Wright pasa por encontrar un comprador que la adquiera e impida a los propietarios derruirla antes de esa fecha. Aunque 8081 Meridian -con la que este periódico ha tratado de ponerse en contacto en varias ocasiones- había amenazado con iniciar los trabajos de demolición, en virtud de un permiso que el Ayuntamiento considera ilegal, este miércoles, el Gobierno local aseguró que habían convenido ampliar el plazo hasta encontrar alguien interesado en comprarla.

Scott Jarson, propietario de la inmobiliaria Jarson & Jarson y un acérrimo defensor de la preservación de la casa Wright, encontró esta misma semana a un comprador, sin embargo, la empresa propietaria no aceptó su oferta. “Ofrecimos 2.050.000 dólares, pero la inmobiliaria se negó a vender alegando que quería 2.200.000 dólares y que no estaba dispuesta a enseñar el interior de la vivienda a mi cliente”, explica Jarson por teléfono. El empresario se muestra esperanzado en poder encontrar otro comprador, pero teme que no pueda lograrlo antes de que 8081 Meridian emprenda de nuevo las tareas de demolición. En el caso de que derribaran la vivienda y se demostrara que no estaban autorizados, además de a una demanda criminal, la promotora podría verse obligada a reconstruir el edificio, sostiene Jarson.

De momento, además de un posible comprador, la única esperanza para la casa es que el 7 de noviembre sea declarada edificio protegido. Pero aunque finalmente el Gobierno local de Phoenix declarara autorizara esa posibilidad, la medida no libraría a la vivienda de su demolición, “únicamente aplazaría su derribo un máximo de tres años”, explica Halstead. “Se trata de un edificio único, parte del legado de Wright en Arizona. A través de nuestra página web estamos recogiendo firmas de apoyo que presentaremos al alcalde el 7 de noviembre”, informa.

Aunque los vecinos de Phoenix conocían la existencia de la casa en la que el hijo de Wright y su mujer vivieron durante 40 años, se ignoraba que pudiera estar en peligro. “Cuando ambos murieron [David en 1998, con 102 años y Gladys en 2008, con 104], los nietos del arquitecto vendieron la casa en 2009 con la condición de que su nuevo propietario la conservara y viviera en ella. Al parecer, no hizo ni lo uno ni lo otro y volvió a ponerla a la venta”, señala Jarson. “Todos pensábamos que estaba en buenas manos”, se lamenta.

Pese a que desde que Gladys muriera en 2008 la casa no ha sido habitada, Halstead considera que la vivienda no está en malas condiciones. “Como todos los edificios de más de 50 años, necesitará alguna reparación, pero más allá de ello, su estado de conservación es bueno”, sostiene. El acuerdo al que el lunes llegaron el Ayuntamiento de Phoenix y la inmobiliaria ha arrancado unas semanas más de vida a la casa de Wright, unos días preciosos para Jarson y Halstead en los que esperan dar con un comprador que garantice los cimientos del hijo del Guggenheim en Arizona.

Firme en Change.org la petición internacional de preservación de la Casa de David y Gladys.