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29.6.19

Revista "El Detallista", Órgano Oficial de la Federación Provincial del Comercio Detallista Establecido de Antofagasta, año 1, nº5, abril/mayo de 1972



Una publicación singular es la revista "El Detallista", Órgano Oficial de la Federación Provincial del Comercio Detallista Establecido de Antofagasta. A continuación algunas páginas interiores, las primeras se refieren a una feria organizada por el Municipio, y la editorial de ese número.







A lo largo de la revista, junto a los artículos se incluyen publicidad del comercio de Antofagasta.

17.11.17

Panel KPD que integró el pabellón chileno en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2014 es parte del Museo de la Memoria

Vía Museo de la Memoria.

3 de noviembre de 2017



Desde el viernes 03 de noviembre,y gracias a un trabajo conjunto entre el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), a través de su Área de Arquitectura y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, se exhibirá de forma permanente el histórico panel KPD que formó parte de Monolith Controversies, pabellón que representó a Chile en la 14 Bienal de Arquitectura de Venecia 2014 y que obtuvo el León de Plata a la representación nacional.

La inauguración fue encabezada por el ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Ernesto Ottone, la senadora Isabel Allende, el rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, la presidenta del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, María Luisa Sepúlveda y el director de la institución, Francisco J. Estévez; además de los arquitectos Hugo Palmarola y Pedro Alonso, el director de la ex Corporación del Mejoramiento Urbano, CORMU, Miguel Lawner, el presidente de los exonerados de la KPD.

La historia del panel se remonta a 1972, en Quilpué, cuando la Unión Soviética donó a Chile la ex fábrica KPD destinada a prefabricar paneles de hormigón destinados al programa de vivienda social que comenzaba a implementar el gobierno de la Unidad Popular. En el día de la inauguración el ex presidente Salvador Allende imprimió su firma sobre el cemento fresco del panel que luego sería instalado como un monumento en la entrada del recinto, comenzando así un pedregoso camino por la historia social y política de Chile.

“Este panel es testimonio de un proyecto social de vivienda y también de la arquitectura de una época. Posee una carga simbólica relevante por ser además una huella concreta de una dolorosa transformación en nuestro país, que hoy, restaurado y puesto en valor en una exposición permanente, contribuye a relevar el aporte cultural de la arquitectura y su impacto en temas sociales. Hoy esta pieza nos trae la memoria histórica de lo que fue la fábrica de la KPD, pero también nos permite leer las diferencias respecto a nuestra historia reciente”, dijo el Ministro de Cultura, Ernesto Ottone.

El director del Museo de la Memoria y los DDHH, Francisco Javier Estévez, aseguró que “este panel representa el símbolo de cómo la dictadura afectó para siempre el futuro de sus trabajadores, sus sueños y proyectos de vida. Muchos de ellos fueron torturados y existen 5 detenidos desaparecidos. Es por ello que estamos agradecidos de que los exonerados políticos de la ex KPD hayan querido mantenerlo en este museo de todos los chilenos”. Los trabajadores desaparecidos de la ex fábrica son Nelsa Zulema Gadea Galán, Luis Gerardo Otárola Valdés, Sergio Jorge Hidalgo Orrego, Hernán Leopoldo Quezada Moncada y Manuel Depremontt Muñoz.

La senadora Isabel Allende Bussi, hija presidente Salvador Allende Gossens se refirió a los trabajadores de la fábrica indicando que, “quiero agradecer su presencia el día de hoy pero por sobre todo quiero agradecer su conducta, porque sé las consecuencias sufridas por aquellos que sobrevivieron el golpe y sé lo que han sufrido como exonerados. Quiero partir con ellos y por ellos, porque sin su contribución no estaríamos aquí el día de hoy y quiero decirles además que esto es muy emocionante porque con este gesto se reivindica a las víctimas de la KPD y se recupera un elemento histórico muy importante”.

“No sólo representa la historia de un plan arquitectónico, sino que implicó después la persecución, la tortura e incluso la muerte de sus ex trabajadores, así que este es un lugar para recordar todo lo que eso significó y, personalmente, me siento muy agradecida por la visión de los trabajadores al proteger la firma de mi padre”, agregó la senadora.

Tras el golpe de Estado de 1973, la nueva administración -a cargo de la Armada de Chile- ordenó cubrir la firma, la instalación de faroles coloniales y agregar en la ventana del panel un con una imagen religiosa. Desde este viernes, ese simbólico espacio estará ocupado por ese panel con la firma de Allende restaurada y con una adaptación de la muestra Monolith Controversies, que incluye el León de Plata que quedará instalado en el Museo de forma permanente y abierta a todos los visitantes. Además lo acompañará una muestra de fotografías del Nolberto Salinas, ex fotógrafo de la fábrica, y diferentes materiales de prensa que dan contexto y relato a la instalación.

A finales de la década del ‘70, la fábrica fue subastada y se vendió por lotes. En 2006, el ex trabajador Servando Mora fue protagonista del rescate del panel que fue luego trasladado a un sitio de la Municipalidad de Quilpué, lugar desde donde viajó hasta Venecia gracias a un trabajo de investigación desarrollado por el arquitecto Pedro Alonso y el diseñador Hugo Palmarola durante más de siete años y que les valió ser elegidos por el Consejo de la Cultura como curadores del pabellón nacional en la Bienal de Arquitectura de la ciudad italiana en 2014, el certamen más importante del área a nivel internacional. Ese pabellón nacional fue comisariado por Cristóbal Molina, coordinador del Área de Arquitectura y que actuó en representación del CNCA, el diseño de la exposición estuvo a cargo de Gonzalo Puga y la identidad visual fue obra de Martín Bravo.

Edificación con grandes paneles

Más de 25.000 viviendas se vieron afectadas por el terremoto que azotó la zona central del país en 1971. Es por esta situación que la Unión Soviética resolvió donar al Estado de Chile, durante el mandato del Presidente Allende, las maquinarias, los vehículos, la asesoría técnica y otros rubros, destinados a la instalación de una planta de paneles pesados prefabricados de hormigón, destinados a la construcción de bloques de vivienda en cuatro pisos de altura. La planta se denominó KPD (del acrónimo ruso que significa Edificación con grandes paneles) y posteriormente cambió su nombre a VEP (Viviendas económicas prefabricadas). Se ubicó en el barrio industrial CORFO del Belloto, adecuado por su proximidad con las principales fuentes de insumos, además de localizarse en el epicentro de la zona siniestrada

La planta tenía la capacidad de producir 1.680 departamentos anuales en su gran mayoría de 70 m2 cada uno con tres dormitorios, y unos pocos de dos dormitorios con algo más de 60 m2, correspondientes a los ubicados en las plantas bajas de cada bloque. Para Chile, la existencia de esta planta significó la oportunidad de experimentar el comportamiento de una tecnología avanzada de construcción, que había dominado los procesos de la reconstrucción en Europa durante la post segunda guerra mundial, en especial en Francia, los países escandinavos, repúblicas socialistas y la Unión Soviética.

En su investigación, Pedro Alonso y Hugo Palmarola determinaron la existencia de 153 bloques de viviendas construidos en Chile por la planta KPD, así como la experiencia de otros veintiocho sistemas de paneles de hormigón prefabricado, implementados en todo el mundo entre 1931 y 1981.

Pedro Alonso, arquitecto perteneciente al proyecto de Monolith Controversies mencionó que, “tanto el proceso de la recuperación de la firma, como el de montaje en el museo fueron complementarios pero ligeramente distintos y estamos muy contentos porque ambos salieron muy bien. Creemos que hemos sido afortunados porque hemos trabajado con un equipo excelente que nos ha permitido desarrollar una excelente labor y nos da la satisfacción de entregar al Museo una operación museográfica patrimonial de primer nivel”.

Su entrega en comodato al Museo fue posible por una gestión conjunta entre el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, la Municipalidad de Quilpué, la Asociación de Exonerados Políticos VEP ex KPD y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

10.8.17

Edificio Puerto Aéreo de Iquique, construcción en 1958



Fotografía en publicidad de Materiales H. H. Robertson Company en Chile:

Edificio Puerto aéreo Iquique, durante su construcción en 1958. Paredes interiores y exteriores. Q-panels; Q-decks.

Fuente: Revista AUCA nº22, 1972.

20.9.16

El MAM [Museo de Arte Moderno (México)] de Juan Acha

Vía Excélsior.

Para conmemorar el centenario del natalicio del crítico de origen peruano, el Museo de Arte Moderno abre una exposición que recupera su legado teórico a partir de la revisión de su propio acervo

Por Sonia Ávila


Juan Acha. Foto: Archivo Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.

Juan Acha (Sullana, Perú, 1916 - Cd. de México, 1995) entendió el arte como un proceso sociocultural. Una experiencia más compleja que la simple observación. Un trayecto en tres fases: producción, distribución y consumo. Proceso que él consiguió en México desde el Museo de Arte Moderno (MAM). Su trinchera crítica y teórica durante la década de los 70. La sede de su ejercicio teórico sobre el arte latinoamericano, donde gestó una red de colaboración internacional, programas pedagógicos y promoción de una generación de artistas.

El recinto fundado en 1964 fue para el crítico peruano el laboratorio de teorización artística. El espacio para poner en práctica su propuesta de alejar el arte de las capitales creativas y generar productos locales, establecer vínculos de intercambio con Latinoamérica y estudiar desde la sociología el impacto de las obras en el público. Entonces de 1972 a 1976 Acha, en su rol de subdirector del museo, emprendió este proyecto crítico. Fungió como “un agente continental” dentro de un proceso de renovación artística.


Planos del Museo de Arte Moderno, proyectado por Pedro Ramírez Vásquez. © MAM.

De este periodo da cuenta la exposición Juan Acha: por una nueva problemática artística, que se exhibe en el MAM. La muestra es una revisión del quehacer teórico de quien llegó al país en 1971. Una exploración de sus propuestas a través del archivo y colección del propio museo que en gran medida se construyó por las gestiones culturales de Acha. Un proyecto que además tuvo salida en el suplemento Diorama de Excélsior, donde el crítico publicó de manera regular sus textos.

La muestra se enmarca en un programa conmemorativo por el centenario del natalicio del también profesor. Organizado por diferentes museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la celebración Juan Acha 100 incluye publicaciones y coloquios sobre sus teorías. Sin embargo, la investigación surgió del grupo Los Yacuzis, integrado por curadores, editores y periodistas que en su mayoría participaron en la segunda edición de la Escuela de Crítica organizada por el Proyecto Siqueiros.

Un pensamiento fuera del centro

Desde el MAM, Juan Acha impulsó un acercamiento con Latinoamérica. Colocó a México como punto de referencia en el mapa de circulación del arte. Así trajo exposiciones de artistas no-objetuales y geométricos. Fue el puente para que llegaran al país artistas como el brasileño Sergio Camargo, el venezolano Alejandro Otero, el húngaro Víctor Vasareli. En la escena nacional impulsó a una generación joven que luego formó el movimiento de los Grupos. Y fue de los primeros en hablar sobre el videoarte, el arte en sistemas e incluso los proyectos cibernéticos.

“Él era un profesor que trabajaba en la Escuela de Artes Plásticas La Esmeralda y estuvo pendiente de que estas teoría terminaran en otras generaciones de prácticas artísticas y por eso tuvo contacto con el grupo Proceso Pentágono, el No grupo. Esto se ve en la sala, cómo su propia teoría se va consolidando y se ve el diálogo con estos otros actores, incluso colaboraciones de corte efímero”, detalla el cocurador de la muestra Julio García Murillo.

Incluso, añade, Acha intervino en las tareas de gestión y consiguió crecer la colección del museo. Varias de las obras adquiridas por él se exhibirán. “La exposición fue realizar una reconstrucción de ese momento y develar qué piezas adquirió, qué generó, qué procesos artísticos produjo durante su paso por el museo, y también la exposición devela cómo aplicar esas teorías a obras actuales. Así se genera una exhibición dialéctica del pasado y su relación con el presente”.

A través de documentos, la muestra refiere a la crítica de Acha sobre la historia del arte mexicano. Su propuesta de analizar la escuela mexicana de pintura desde una perspectiva sociológica y entender el impacto social que representó. Pues el crítico analizó la distribución de la obra nacionalista a través del Estado, de los medios de comunicación y del sistema educativo.

García Murillo señala además que Acha fue de los primeros críticos en asimilar el arte desde un pensamiento económico. No sólo en el sentido del mercado, sino como una práctica material que implica un consumo. Un ejercicio que no termina en lo simbólico o lo emotivo. Sino en la compra-venta del producto. Una de sus principales propuestas era, a partir de la teoría económica de la dependencia, marcar distancia de los centros de producción occidentales para generar los propios.

Entonces plantea alrededor del proceso estético tres ejes: las artesanías, el arte culto y las artes tecnológicas. Con estas categorías, Acha trabajó el concepto de arte no-objetual e intentó englobar una idea total del arte culto. Buscaba un concepto de arte más amplio que criticara a la propia institución artística.

“Tiene un cuerpo teórico que le permite partir no sólo de la historia del arte, sino de la sociología del arte y la teoría del arte. Pasa por distintos niveles, incluso el semiótico o tiene análisis fisiológicos sobre el espectador y todo eso le permite entender un proceso artístico que aplica desde Perú en los 60 y ve de manera regional en México, Colombia, Argentina y Brasil”.

8.3.14

Eileen Gray: Pioneer of Design, by Joseph Rykwert, Architectural Review, December 1972



Vía Architectural Review

Joseph Rykwert introduces the work of Eileen Grey in this piece from December 1972, prior to the opening of an exhibition of her work at the Heinz Gallery

Eileen Gray was born in Ireland (Enniscorthy, Co Wexford) in 1879. She spent her childhood in London, and went as a student to the Slade in 1898 or thereabouts. Her father was a painter, so that the idea of painting and of drawing came quite naturally. Towards the end of her days at the Slade, she came by chance on the sign for a lacquer workshop in Dean Street:

‘I went upstairs and I saw that they were making things in lacquer. They were using both Chinese and European lacquer. I asked the owner if I could work there and he said: “Yes, of course. you can start on Monday.” Just like that! I found it very interesting. and the foreman was very kind. I went on seeing them and corresponding with them for many years.’

While at the Slade. she also went to Paris ‘for a few days with some friends’. But she found it very congenial and returned often. After the Slade, she worked a great deal drawing, mostly at Colorossi’s in the Grande Chaumiere; she also found a studio in the rue Joseph Barras, but continued travelling between Paris and London.

She had already taken her first balloon trips and was very thrilied by the first air Channel crossings. In fact she was of the party which accompanied Latham on his cross-Channel flight in 1909. She continued to be interested in flying; in the early ’20s she flew on the first airmail service in America, from New Mexico to Acapulco.

In 1907 she found a flat in the rue Bonaparte where she still lives. Dissatisfied with her drawings, she began to make furniture. ‘Frankly, drawings were no use. I wanted to do something useful. So I started with relief screens and panels…’

There was a workshop around the corner, in the rue Visconti, and opposite in the rue Bonaparte. She worked mostly with a Japanese craftsman, Sugawara. He was the most experienced lacquer technician in Paris at the time. Eileen Gray went on working with him, and with a staff of French assistants they trained, for many years. This remained the pattern of her work: she would find craftsmen with whom she could reach an understanding and would develop methods of design in conjunction with them over several years; joiners, masons, upholsterers worked with her usually over decades.

During the war work was interrupted. Eileen Gray became an ambulance driver for the French army in Paris. But soon she found there was a surplus of ambulance drivers, and she returned to making lacquer, first in Paris and later in London. But she already had a clientele and an establishment in Paris. Soon after the war, Eileen Gray opened a gallery exhibiting furniture, lacquer, carpets and some paintings and sculptures opposite the Salle Pleyel in the rue du Faubourg St Honore. It was uneconomic for her to produce one-off pieces, and the gallery was from the outset intended as an outlet for multiples of certain designs.

This had its disadvantages, since ‘decorators’ would sometimes produce whole interior schemes using her pieces without acknowledgment. But much of the early work was highly individual, particularly the lacquer screens. The earliest ones were in fact figurative reliefs of great complexity, using metal inlays on lacquer which required extremely elaborate working. Although she was at first influenced by the linear qualities of Beardsley, she was working away from figuration to more abstract and more generalised forms.

This tendency is clearly apparent in her most important individual early commission, the flat which was published in Wendingen in 1924. For this flat she already had made a number of carpets, and carpets in fact became the most successful products of the gallery which sold to a Parisian and American clientele. The carpets were made in conjunction with Evelyn Wylde, and were very remarkable at the time for using natural wool from the south of France and vegetable dyes.

There were one or two works by artists exhibited at the gallery. Ossip Zadkine (who at that time was not exhibiting anywhere else) was perhaps the most prominent. But her Parisian contacts were as much with the world of fashion as with the artists. Paul Poiret was a visitor, though Jacques Doucet was much more assiduous in his visits and bought from the gallery as well as directly from the workshop, even if - as Eileen Gray says - ‘he liked things which were too elaborately ornamented’ for the way her taste was developing.

She had met the architects connected with Wendingen at the exhibition of the Artistes-Decorateurs in 1922 and maintained a contact with Wils, Oud and Ravensteyn. It was at this time too that she met the Greek critic, Christian Zervos, and the Rumanian architect Jean Badovici, who through their publications Cahiers d’Art and L’Architecture Vivante became the most influential publicists of modern art and architecture in Paris during the ’20s and early ’30s.

Badovici urged Eileen Gray to turn her attention to building: ‘Badovici said: “It’s so silly, all this trouble with furniture, and what’s furniture, after all. It’s so trivial. Why don’t you do some architecture?” I said: “It’s perfectly absurd. I haven’t had any training.” But suddenly I decided I would start working at it myself… I went down to the Midi alone and really worked very hard. I made a lot of drawings: facades, plans. Then Badovici came to join me, and we started the house.’

Eileen Gray bought two sites on which houses were built. Both were awkward sites and required her to use local labour. Elaborate models and full-size drawings for every detaiI were essential. Since this was a high point for L’Architecture Vivante, Badovici had little time to spare for the problems of the house at Roquebrune. In any case, the second house at Castellar was designed and built by Eileen Gray herself. In fact the Roquebrune house was to have an important, if anecdotal, part in the history of architecture. The adjoining site was occupied, across a hedge, by the bistro of Monsieur Rebutato who let off a small piece of ground to Le Corbusier; it was on this small piece of ground that Corbusier built the hut to which he so often retired and from which he was to take his fatal swim.

Moreover, Badovici occupied the house during the second world war and it was at this time that it was extensively and elaborately painted by Le Corbusier. But he did not regard it as a neutral background to his figurative exercises. There is reason to believe that he kept a copy of Maison en bard de mer in his study at the rue de Sevres, and always regarded the house as an exemplary building.

For Badovici, too, she designed a small flat (40m2) which was to serve both as his office and as a home in 1930-31. It was a quite extraordinary economic use of space for the time, almost in the spirit of the minimum dwelling. The furniture she was now using was very different from her early products which were sold through the gallery. There was much less emphasis on noble materials, on highly figured woods, lacquer, bone or metal inlays. The furniture was of leather and metal tube, usually chrome; the screens quite often of transparent celluloid or metal mesh.

Meanwhile, Eileen Gray’s interests enlarged. While she was supervising the house at Castellar, she began work on a number of larger buildings, none of which were executed. But she exhibited sporadically both furniture and projects. Furniture at the exhibition of decorative arts in 1925, for instance; a very large project for a centre de loisirs was a part of Le Corbusier’s Pavilion des Temps Nouveau at the Paris World Exhibition in 1937.

With the arrival of the second world war, Eileen Gray moved down to her house at Castellar and left her designs and the unsold furniture and carpets in Paris. These last were unfortunately looted; and if they have not been destroyed, may yet turn up somewhere in Germany. The house at Castellar was also looted after Eileen Gray had been interned as an enemy alien in a village 200 miles away, so that in 1945 she was left with very little material evidence of her activity. She had always been a rather isolated figure. In the early ’20s, when the ‘modern art world’ was fairly close, she often avoided meetings which might have proved fruitful because of her dislike of publicity.

One such meeting was with Apollinaire. Knowing how mercurial the corpulent poet was, it is interesting to speculate what she might have suggested to him, and how those awful last pages on Cubist decoration in La Peinture Cubiste might have turned out as a result. She was, and has remained, a very shy person; but in any case, the Parisian reception of her work was not very friendly. She quotes reviews which spoke of her work as being ‘inquietant’. In the event her closer contacts in the design world were with the Dutch. She did meet Gropius and two or three of her things appeared in Moderne Bauformen. But some Parisian designers very much appreciated her work. Le Corbusier had been a steady if intermittent friend, Mallet-Stevens wanted her to work for him, and Bijvoegt befriended her in his Paris years.

But it was her choice to work alone and to concentrate on the quality of individual objects and on the remarkable refinement of detail. Her isolation has increased since the war. Her only executed project is an interior for her own occupation at St Tropez, but she has continued working on a number of ideas and is currently engaged on designing metal and plastic screens. She is even meditating on some pieces of furniture using plastic tube frames. Her interest in technique as well as in the changes of design has remained constant and she finds it tedious to reminisce. The curiosity of the young about her early doings seems extravagant, unwarranted, when so much is going on now to fascinate.

And yet the young will continue to be curious because however you estimate the scale of her achievement it is unique. Not only for the inventiveness and the high quality of the individual objects, but also because of that extraordinary fusion of formal invention with craftsman skill which required, at the time when she achieved it a visionary intuition about the possible grafting of invention on manual skiII which only achieved a fully articulated and explicit expression in the work of the early Bauhaus masters.

28.2.14

El pequeño Pompidou, por Anatxu Zabalbeascoa

Vía El País.



Renzo Piano y Richard Rogers se hicieron famosos de la noche a la mañana. En 1977 inauguraron un edificio-máquina, un buque irreverente, tecnológico y pop a partes iguales, atracado junto a los antiguos puestos del mercado de Les Halles. En el corazón de París brotó así un organismo cultural vivo. Puede que el Pompidou fuera el primer icono instantáneo. Acercarse a él suponía contagiarse de la vitalidad que comunicaban los tubos de sus fachadas, por los que circulaba la gente. En el interior no había jerarquía, los espacios eran abiertos y su aire efímero restaba protocolo a la cultura. Los colores eran primarios y decoraban sin miedo el invento.

Hoy es fácil aplaudir una osadía de edificio que ha recibido a más de 150 millones de visitantes. Pero entonces, el diario Le Figaro sentenció: “Igual que el lago Ness, París ya tiene su monstruo”. El nuevo centro dio la vuelta al mundo trastocando con su popularidad la idea de lo que podía llegar a ser un museo a finales del siglo XX. El propio Piano lo ha reconocido: la broma de dos arquitectos jóvenes y hippies terminó convertida en un símbolo, un manifiesto. Todo eso sucedió en un día. Pero tardó en gestarse casi una década. El triunfo del Pompidou se apoyaba en la idea de André Malraux de acercar la cultura al ciudadano y en la selección de un jurado sin precedentes (con Oscar Niemeyer y Jean Prouvé) para la primera vez que Francia permitía participar en sus concursos a arquitectos extranjeros.

Sin embargo, poco antes de ese tiempo tan fecundo, cuando Renzo Piano todavía no había ganado el concurso, Piero Ambrogio Busnelli, un intrépido empresario italiano, le telefoneó para que le proyectara una fábrica. El arquitecto genovés tenía entonces 35 años. Trabajaba investigando viviendas de emergencia para la Unesco y quería “cambiar el mundo”, según sus propias palabras. Ya se había asociado con Richard Rogers, y juntos representaban la rama más social de la entonces incipiente arquitectura high-tech. Fieles al idealismo de los años sesenta, les preocupaba que sus edificios fueran como máquinas para poder, con ellas, transformar la sociedad. Las investigaciones de Piano para construir viviendas desmontables o la idea defendida por Rogers de reconquistar las calles nacen de esa ideología, una visión de progreso que compartía Busnelli, un pionero en la producción masiva de mobiliario italiano moderno, fallecido el pasado mes de enero, poco después de celebrar el 40º aniversario de su emblemático edificio.

Hubo intuición en la decisión de llamar a Piano, que “era ya un arquitecto prometedor, alguien que investigaba”, explicaba Busnelli quitándose méritos. En Novedrate, donde la fábrica que levantó Piano se mantiene en uso, pulcra, y ya al margen del tiempo destaca la capacidad de Busnelli para ver más allá de lo evidente. También su afición a tomar decisiones importantes en poco más de un minuto. Algo así sucedió en 1966. El propio Busnelli recordaba que él solo tenía diez años más que Piano y que su reconocida marca de mobiliario era por entonces, como el propio arquitecto, otra promesa.

Otra forma de vida

Las oficinas debían transmitir una idea flexible, indefinida, del espacio, del trabajo y del diseño. El edificio debía mostrar otra forma de vida. Y Renzo Piano lo ideó ensayando lo que pocos años después desarrollaría en París en una obra que alteró la ciudad y revolucionó la arquitectura. En Novedrate, 25 kilómetros al norte de Milán, y muy cerca de Como, las escaleras de acceso a la fábrica de B+B Italia están en las esquinas. Hay tubos en las fachadas para animar con su movimiento esas grandes superficies y mucha luz natural. Los interiores están despejados, algunas escaleras recuerdan a un barco, un jardín frondoso se cuela como única decoración por los inmensos paños de vidrio que sirven de ventanales. Toda esa construcción parece desmontable.

Aunque tiene un cierto aspecto de laboratorio, el edificio alberga las oficinas de una empresa que en 1966 sabía que el futuro pintado como futurista corre el riesgo de quedarse anticuado.

Más allá de este proyecto, en Novedrate existe un micromundo arquitectónico. Al inmueble de Piano y a una fábrica de Afra y Tobia Scarpa, de 1968, se sumó hace una década un centro de investigación firmado por Antonio Citterio. Pero además otros han llegado hasta allí. Lo más destacado del diseño italiano se da cita entre los vecinos. Las factorías de Molteni & C., Cassina, Poliform, Minotti o Flexform están también junto a un pueblo en el que la mayoría de los trabajadores viven del diseño.

¿Cuánto del futuro Pompidou anuncia este edificio italiano? El crítico Stefano Casciani lo considera “un prototipo a escala completa de la técnica constructiva del Pompidou”. La experimentación, la investigación, el diseño, la tecnología y también cierta aventura forman parte del ADN de este edificio, que comparte con Piano la capacidad de, como dijo Hans Hollein, “sentir el futuro”. Esta oficina-manifiesto —que se inauguró en 1973— convertida en símbolo de una cultura empresarial volcada hacia los materiales innovadores que, sin embargo, optó por investigar para conseguir larga vida a los productos. Y un edificio que muestra que la mejor arquitectura de un momento preciso puede no tener fecha de caducidad.

Ver además: "B & B Italy celebrates the 40th birthday of its Renzo Piano, Richard Rogers - designed headquarters"

27.8.13

El brutalismo carioca en la Piscina Olímpica de Arica,Piscina Olímpica de Arica, 1968-1972, Nelson Berthelon, Sergio Román, Alicia Meza.

© Claudio Galeno.

La Piscina fue proyectada por los arquitectos Sergio Román Rodríguez y Nelson Berthelon aliados con Alicia Meza. Se trata de un complejo deportivo para deportes acuáticos cuya arquitectura eleva la piscina y las graderías sobre el paisaje costero.

El conjunto deportivo fue contruido para albergar el Campeonato Panamericano de Natación, Polo Acuático y Saltos Ornamentales de 1972, ya que había un compromiso de realizarlo en Arica. Por lo tanto, se realizó un concurso regional en 1968, donde participaron tres oficinas de arquitectura.

El edificio planteó una innovación estructural, gracias a la sugerencia de un ingeniero de la JAA, la utilización de pretensados y postensados, que permitieron abaratar significativamente los costos de la obra. Además el terreno tenía napas freáticas muy superficiales por lo tanto se decidió no realizar excavaciones y elevar la piscina sobre el suelo, una operación que singularizó la espacialidad de su arquitectura.

En 1975, el diseño de la Piscina Olímpica fue premiado por el Colegio de Arquitectos de Chile como la las mejor obra de equipamiento realizadas en Chile durante el año 1974.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.