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10.8.17

Edificio Puerto Aéreo de Iquique, construcción en 1958



Fotografía en publicidad de Materiales H. H. Robertson Company en Chile:

Edificio Puerto aéreo Iquique, durante su construcción en 1958. Paredes interiores y exteriores. Q-panels; Q-decks.

Fuente: Revista AUCA nº22, 1972.

28.12.16

Montemar y la auténtica arquitectura moderna

Publicado en la revista En Viaje 296, junio de 1958, p.22-23. Archivo Claudio Galeno.

Escrito por D.O.



En el camino que va de Viña del Mar a Concón se encuentra situado el edificio de la Estación de Biología Marina, perteneciente a la Universidad de Chile. Con dicha obra -en terminación- se inaugura, por así decirlo, un punto vigoroso de referencia para lo que podría ser la moderna arquitectura chilena. Su autor, el arquitecto Enrique Gebhard, cunta ya con sobresalientes intervenciones en el plano de las renovaciones; desde la dirección de la Revista de Arquitectura, en un principio, y posteriormente como miembro del movimiento mundial de arquitectura moderna conocido por la sigla de C.I.A.M. (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). En el cual participan personalidades como Le Corbusier, Gropius, Niemeyer, Costa, Van Esteren, etc. Se han ocupado de las notables realizaciones de Gebhard, la mundialmente reconocida revista francesa "Architecture d'Aujourd'hui", "The Architectural Review" y otras revistas extranjeras de igual valor. Fue asimismo invitado a trabajar junto a Le Corbusier en el Plan de Buenos Aires. Todos estos antecedentes hablan por sí solos del valor incuestionable de la obra realizada en Montemar.

Numerosa es la literatura que actualmente existe sobre los diversos problemas presentes en la arquitectura, innúmeras son también las investigaciones y descubrimientos logrados. Por la teoría de la evolución, por las series de Fourier, vamos cada vez penetrando más en el sentido de esos espacios vacíos y cerrados, y a cuyas relaciones, de las partes con el todo, fue dado el nombre de arquitectura. Largo sería citar la palabra de los Dischinger, los Finsterwalder o los Girkaman, verdaderos teóricos de esas estructuras compuestas en superficies. Las mismas teorías que han ido motivando a los arquitectos nuevas formas y ritmos de adecuación con el tiempo. Tampoco nos sería posible hablar del apasionante y profético Antonio Sant'Elia y su "ciudad del futuro". Bástenos por ahora valorar, en forma somera, el significativo aporte de Enrique Gebhard a la incipiente arquitectura moderna del país.

En el edificio realizado por este arquitecto chileno, para Estación de Biología Marina, se advierte el deseo y la ambición de satisfacer y dar cumplimiento a los postulados imperantes en nuestra época. Más la lección dada por los grandes descubridores del momento, en ningún caso, le ha servido para copiarla servilmente, sino para adentrarse en lo que ellas tienen de espíritu original, creador y revolucionario. La sencillez de las líneas y la desnudez de los diferentes cuerpos, articulados en un orden de estructura estrictamente funcional, desprovisto en absoluto de ornamentación, da un aspecto por entero diferente de aquellos que estábamos acostumbrados a ver en nuestras ciudades. A la concepción verdaderamente nueva se suma aquí la valentía de su ejecución. Y al desmontar, además, toda una falsa arquitectura con fueros, ha dado paso a una visión desconocida, al parecer, por nuestros arquitectos: la adecuación del edificio a la naturaleza.

Todo es desnudo, todo es pura línea, pura constructividad, con vistas al cumplimientos de la función que el edificio debe desempeñar. Nada de aquellas “tortas” adheridas a la construcción, que podemos ver, verbigracia, en tantos edificios de Santiago. Porque hasta ahora nuestra arquitectura ha estado oscilando entre dos puntos de extremas solicitaciones: lo malo norteamericano y el barroco hispano. Ambas formas, tan andadas ya, de ida y vuelta, no ofrecen ninguna sorpresa ni posibilidades futuras. Ya se han hecho recetas de muestrario, a elección del cliente. En el edificio de Montemar, por el contrario todo es austero, funcional. Esta palabra, funcional es ya sabido que es como el “leitmotiv”, y el tópico de la llamada arquitectura moderna.

La esencia del lugar está aquí tan notoria y es concebida de una manera tan elástica y transparente, tan dinámica y amplia que no solo se extiende a la adecuación del emplazamiento, a la integración de la estructura al paisaje, sino también al aprovechamiento de los propios materiales, lejos de toda circunstancialidad, cargados de totalidad, de belleza impensada. Gebhard es, en este sentido, un lírico que logra comunicarnos su visión del momento, del lugar, del espíritu funcional y finalista.



Las columnas angulares o rectas y los terraplenes motivan ritmos plásticos que a primera vista dan la impresión de esculturas y que son, entretanto, funcionales, pues resultan de las transiciones entre los espacios creados, entre los prismas estructurales que coordinan la estabilidad de la construcción. Esas mismas columnas, adoptando diversas disposiciones en la obra de Montemar, se mantienen atentas al principio que determina las construcciones sobre pilotes, es decir, una mayor libertad de movimiento espacial.

Siendo la arquitectura moderna un arte constructivo que se orienta hacia el ser de su propia esencia, hace fundamental no sólo el estudio profundo de las leyes que rigen la materia y la ordenación de las fuerzas naturales, sino que también la pura y simple necesidad imperante, no esté reñida con el anhelo de libertad que es inherente al espíritu. En la feliz o desgraciada alianza entre lo que pide el espíritu creador y lo que pide la fuerza de la las masas, en que se obtenga o no un armonioso equilibrio entre ambos factores reales estará o no la consecución de una obra arquitectónica determinada. Y todo ello cohesionado a las necesidades de los tiempos, con las exigencias del espíritu y de la libertad del alma humana, que piden algo más que uniformidad de “colmenas”. “Por arquitectura debe entenderse –decía Sant’Elia- el esfuerzo dirigido a armonizar el ambiente con el hombre, esto es, a convertir el mundo de las cosas en una proyección directa del mundo del espíritu.

Otra experiencia de feliz resultado es la preocupación del arquitecto Gebhard por las superficies. Así, en el auditorio –primer cuerpo del edificio-, hizo recaer la responsabilidad en los artistas porteños Mary Matzner [Martner], Carlos González y Eugenio Brito. Los murales realizados por estos artistas participan vivamente de las modulaciones de las estructuras y comunican a la fachada una fuerte resonancia de texturas en contraste. Esos murales dan por resultado una valoración de las superficies externas, como asimismo una riqueza decorativa. Tanto Mary Matzner como Eugenio Brito y Carlos González logran integrar, a las estructuras espaciales, signos y formas fluidas que se entrelazan en ritmos y coordinaciones.

La técnica usada es la del Fulget, originada por los muralistas italianos y utilizada, en América, únicamente por Brasil y Argentina. Este procedimiento llamado monolítico ofrece enormes posibilidades dentro de la arquitectura actual porque da unidad de color y materia. El Fulget está hecho de diversos tipos de piedras en su color natural y con formas que van de lo esferoidal a la chancada. Bajo su textura se crean en Montemar formas densas y ágiles que se adaptan a la solidez del muro y al desplazamiento del edificio. En relación con la pintura mural, nos parece el intento de estos tres artistas el más efectivo y serio realizado en el país.

Hoy se impone revolucionar en Chile ese módulo de construcción ancestral, de materiales duros y masas rígidas que corresponden a conceptos antiquísimos, sin quebrantar, por cierto, el espíritu de los eternos principio: lugar y tiempo. Es todavía insospechado, entre nosotros, el porvenir que se abre en esta dirección tomada por la arquitectura moderna. Este edificio creado por Enrique Gebhard, gracias al apoyo de la Universidad de Chile, plantea ahora el problema. Los más importante sería que este primer paso no se pierda y nos dé, como resultado, obras acordes con la época y las necesidades del ser contemporáneo.

22.12.15

El inusitado descubrimiento del 2015: Agencia de la Caja de Empleados Particulares (luego INP y actual IPS), 1954-1958, arq. Ricardo Pulgar San Martín



El Mercurio de Antofagasta en noviembre de 1955 publicó una foto de la maqueta del conjunto de los edificios que construía la Caja de EE.PP y que se componía de su sede, bloques de departamentos dúplex y de un piso (que en total sumaban 52 viviendas), 13 locales comerciales y un teatro estilo bandeja que tendría capacidad para 800 personas. El conjunto ocupaba casi dos fachadas completas de la manzana, calle Sucre y San Martín.



Los edificios fueron construidos por la Empresa Edmundo Pérez Zujovic, para los imponentes de la Caja de Previsión de Empleados Particulares. El arquitecto Pulgar el representante de la Zona Norte de la Caja de EE.PP. entre 1950 y 1955, luego pasó a ser el arquitecto jefe Zona Norte de la Empresa Constructora Edmundo Pérez.



En un inicio se levantó el edificio de cinco pisos de la Caja, en la esquina de calle Washington con Sucre. Durante los inicios de la construcción, debido a la naturaleza no rocosa del terreno se pudo modificar las fundaciones diseñadas para roca por las de tipo de relleno, lo que permitió incluir un subterráneo al edificio de la Caja.



El 1º de agosto de 1958 fue inaugurado el edificio de la Caja. El primer piso estaba destinado a locales comerciales, el segundo a las secciones de Contabilidad, Caja, Jubilaciones, Préstamos y Reembolso y oficina del Contador e Inspección; en el tercero las de Prestamos Hipotecarios, fondos de retiro, Secretaría General y Oficina de Agente; y en el cuarto piso el Departamento Técnico, Fiscalia, Servicio Médico y Casino del personal.



La prensa decía: “Este edificio, fiel reflejo de la arquitectura moderna, es uno de los tantos que han caracterizado ya a Antofagasta como una gran ciudad de amplio contenido progresista y en un creciente periodo de embellecimiento.”



El edificio se caracteriza por su fachada exterior de quiebra soles verticales que enmascaran y filtran la luz del segundo y tercer piso de oficinas. Luego el cuarto piso, está expresado por un corredor perimetral coronado por un quiebra sol continuo que filtra la luz de ese espacio exterior. Al acceder por calle Sucre, se asciende a las plantas superiores por una escalera iluminada naturalmente por aberturas romboidales en el muro que colinda al estacionamiento. Al llegar al segundo piso surge un interior inusitado, un gran vacío central que comunica y organiza las oficinas del segundo y tercer piso, definiendo una gran verticalidad y tridimensionalidad al espacio público, que permite tener un gran dominio de la actividad en las dos plantas. Ese espacio central interior, explica la decisión de diseñar las fachadas exteriores con abundantes quiebra soles, de modo que el interior se vuelque hacia el interior.

13.12.13

Declararán a Cerro Sombrero Monumento Nacional

Vía La Prensa Austral.



por Paula López, 12 de diciembre de 2013.

Durante la sesión de ayer del Consejo de Monumentos Nacionales sancionó y aprobó, por unanimidad, declarar Monumento Nacional (en la categoría de Histórico) al centro cívico de Cerro Sombrero, en la comuna de Primavera, Tierra del Fuego.

Esto es: el complejo polideportivo de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), la iglesia, la plaza, el sector de la bomba de bencina, el cine y el casino social. El área residencial será declarada como Zona Típica.

Así lo informó, este mediodía, el alcalde de Primavera, Blagomir Brztilo, quien calificó como un “tremendo logro y el mejor regalo de Navidad”, la noticia, de la cual se enteró esta misma mañana. Con ello se espera impulsar significativamente el turismo en la zona, integrándose a Cerro Sombrero a las rutas turísticas internacionales.

Una vez que se elabore el decreto que oficialice esta declaratoria y se publique en el Diario Oficial -lo cual tardará algunos meses-, entrará en vigencia esta nueva categoría de Cerro Sombrero, que cuenta con 500 habitantes y una población flotante cercana a las 1.300 personas.

La postulación de Cerro Sombrero como Zona Típica, primero, fue iniciativa de la arquitecta magallánica Pamela Domínguez, quien hizo un levantamiento arquitectónico y elaboró un estudio sobre el valor patrimonial del lugar, en 2010.

En mayo pasado la actual administración municipal comenzó a trabajar en conjunto con el Consejo de Monumentos Nacionales y la Enap para redefinir el polígono que se iba a declarar como Zona Típica, en un principio.

El pasado 28 de noviembre integrantes del Consejo de Monumentos Nacionales sesionaron en Cerro Sombrero, junto al municipio y la Enap, donde consensuaron el área que ahora será declarada Monumento Nacional.

Con esta categoría, el municipio podrá acceder a los recursos necesarios para restaurar y poner en valor toda el área de Cerro Sombrero declarada Monumento Nacional, como era originalmente, cuando fue construida, en 1958.

17.2.12

Le vide, por Yves Klein en 1958: el arte del vacío



En 1958, Yves Klein realió una exhibición en la galería de Iris Clert en París, donde no se mostraba nada a no ser el espacio vacío. Todo además había sido pintado de blanco, para acentuar la percepción de auscencia. La obra la denominó "La spécialisation de la sensibilité à l’état matière première en sensibilité picturale stabilisée, Le Vide" ("La especialización de la sensibilidad en la materia en estado bruto hacia sensibilidad pictórica estabilizada, El Vacío").