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30.3.25

Los murales y estatuas que se han perdido en Antofagasta, La Estrella, 29 de marzo de 2025

Vía La Estrella.

En los últimos 15 años al menos cinco obras urbanas tradicionales fueron destruidas o estropeadas.

Por Cristian Castro.

En los últimos 15 años, al menos cinco grandes esculturas y murales que decoraban los espacios públicos de Antofagasta han desaparecido o se han estropeado por efecto del desgaste o la directa acción humana.
Por ejemplo, el monumento al minero y el pescador del escultor Avelino Sanhueza que se ubicaba en un bandejón frente al balneario municipal. Esta escultura inaugurada en 1979 desapareció súbitamente de su base en diciembre de 2012.

También está la destrucción del monumento al bombero de avenida Brasil, el cual cedió por efecto de la fatiga de material en octubre de 2016. Hoy, solo se mantiene su pedestal.

A fines de 2019, en el contexto de las movilizaciones se arrancó de cuajo una estatua que representaba a la figura del monseñor Luis Silva Lezaeta, instalada en plena Plaza Colón.

Al igual que la estatua del bombero, solo le sobrevive la base.

Los murales han sufrido suerte similar. Dos obras urbanas del fallecido artista plástico Juan Salva fueron sobrepintadas. La primera fue un trabajo hecho en el frontis de la Feria Modelo que fue tapado con pintura en agosto de 2019, y el segundo fue un relieve apostado en la cara sur del Puerto de Antofagasta, que fue recubierto con pintura azul y gris en 2021.

HISTÓRICOS

Pero hay al menos una decena más de estas creaciones que se perdieron de las postales urbanas en el remoto pasado.

Al respecto el arquitecto y académico de la Universidad Católica del Norte, Claudio Galeno Ibaceta, explica que "una de las que más lamento su pérdida es la escultura monumental de Juan López, que estaba frente al Hotel Antofagasta, obra de Osvaldo Ventura. Era una pieza moderna muy estilizada que representaba a López sobre su bote el Halcón. Otras que eran muy interesantes, era el Monumento de la Colonia Alemana, que estaba en la Plaza Sotomayor, y que fue regalada por esa colonia en el Centenario de la República".

También agrega que "otra pieza muy interesante era la escultura de los Gladiadores regalado por la Colonia Griega, también en el Centenario, y que fue puesta en la Plaza Centenario, el primer módulo del Parque Brasil. Hoy en día solo la base sobrevive y fue reubicada a un costado del parque en la reciente remodelación".

DESTINO

Galeno cuenta que muchas de estas esculturas lisa y llanamente se perdieron para siempre. 

"La mayoría terminaron destruidos. El de Juan López del Hotel, cuando hicieron las obras de ampliación de la avenida, lo estaban trasladando de mala manera, y a la grúa que lo cargaba se le cayó y se quebró. El monumento alemán, en vez de ser preservado y restaurado, cuando se hizo la remodelación de la plaza por el año 2001, fue demolido y solo se recuperó una figura que ahora está sobre una columna de cobre en la plaza", explica.

No obstante, el arquitecto no pierde esperanzas "Creo que se podría buscar donde fue a parar el de los Gladiadores de los griegos, que puede que la colonia lo tenga guardado. Asimismo los murales del aeropuerto del pintor Ronald Clunes, deberían ser recuperados. O los tienen los del MOP o los ele la aeronáutica".

28.12.16

Montemar y la auténtica arquitectura moderna

Publicado en la revista En Viaje 296, junio de 1958, p.22-23. Archivo Claudio Galeno.

Escrito por D.O.



En el camino que va de Viña del Mar a Concón se encuentra situado el edificio de la Estación de Biología Marina, perteneciente a la Universidad de Chile. Con dicha obra -en terminación- se inaugura, por así decirlo, un punto vigoroso de referencia para lo que podría ser la moderna arquitectura chilena. Su autor, el arquitecto Enrique Gebhard, cunta ya con sobresalientes intervenciones en el plano de las renovaciones; desde la dirección de la Revista de Arquitectura, en un principio, y posteriormente como miembro del movimiento mundial de arquitectura moderna conocido por la sigla de C.I.A.M. (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). En el cual participan personalidades como Le Corbusier, Gropius, Niemeyer, Costa, Van Esteren, etc. Se han ocupado de las notables realizaciones de Gebhard, la mundialmente reconocida revista francesa "Architecture d'Aujourd'hui", "The Architectural Review" y otras revistas extranjeras de igual valor. Fue asimismo invitado a trabajar junto a Le Corbusier en el Plan de Buenos Aires. Todos estos antecedentes hablan por sí solos del valor incuestionable de la obra realizada en Montemar.

Numerosa es la literatura que actualmente existe sobre los diversos problemas presentes en la arquitectura, innúmeras son también las investigaciones y descubrimientos logrados. Por la teoría de la evolución, por las series de Fourier, vamos cada vez penetrando más en el sentido de esos espacios vacíos y cerrados, y a cuyas relaciones, de las partes con el todo, fue dado el nombre de arquitectura. Largo sería citar la palabra de los Dischinger, los Finsterwalder o los Girkaman, verdaderos teóricos de esas estructuras compuestas en superficies. Las mismas teorías que han ido motivando a los arquitectos nuevas formas y ritmos de adecuación con el tiempo. Tampoco nos sería posible hablar del apasionante y profético Antonio Sant'Elia y su "ciudad del futuro". Bástenos por ahora valorar, en forma somera, el significativo aporte de Enrique Gebhard a la incipiente arquitectura moderna del país.

En el edificio realizado por este arquitecto chileno, para Estación de Biología Marina, se advierte el deseo y la ambición de satisfacer y dar cumplimiento a los postulados imperantes en nuestra época. Más la lección dada por los grandes descubridores del momento, en ningún caso, le ha servido para copiarla servilmente, sino para adentrarse en lo que ellas tienen de espíritu original, creador y revolucionario. La sencillez de las líneas y la desnudez de los diferentes cuerpos, articulados en un orden de estructura estrictamente funcional, desprovisto en absoluto de ornamentación, da un aspecto por entero diferente de aquellos que estábamos acostumbrados a ver en nuestras ciudades. A la concepción verdaderamente nueva se suma aquí la valentía de su ejecución. Y al desmontar, además, toda una falsa arquitectura con fueros, ha dado paso a una visión desconocida, al parecer, por nuestros arquitectos: la adecuación del edificio a la naturaleza.

Todo es desnudo, todo es pura línea, pura constructividad, con vistas al cumplimientos de la función que el edificio debe desempeñar. Nada de aquellas “tortas” adheridas a la construcción, que podemos ver, verbigracia, en tantos edificios de Santiago. Porque hasta ahora nuestra arquitectura ha estado oscilando entre dos puntos de extremas solicitaciones: lo malo norteamericano y el barroco hispano. Ambas formas, tan andadas ya, de ida y vuelta, no ofrecen ninguna sorpresa ni posibilidades futuras. Ya se han hecho recetas de muestrario, a elección del cliente. En el edificio de Montemar, por el contrario todo es austero, funcional. Esta palabra, funcional es ya sabido que es como el “leitmotiv”, y el tópico de la llamada arquitectura moderna.

La esencia del lugar está aquí tan notoria y es concebida de una manera tan elástica y transparente, tan dinámica y amplia que no solo se extiende a la adecuación del emplazamiento, a la integración de la estructura al paisaje, sino también al aprovechamiento de los propios materiales, lejos de toda circunstancialidad, cargados de totalidad, de belleza impensada. Gebhard es, en este sentido, un lírico que logra comunicarnos su visión del momento, del lugar, del espíritu funcional y finalista.



Las columnas angulares o rectas y los terraplenes motivan ritmos plásticos que a primera vista dan la impresión de esculturas y que son, entretanto, funcionales, pues resultan de las transiciones entre los espacios creados, entre los prismas estructurales que coordinan la estabilidad de la construcción. Esas mismas columnas, adoptando diversas disposiciones en la obra de Montemar, se mantienen atentas al principio que determina las construcciones sobre pilotes, es decir, una mayor libertad de movimiento espacial.

Siendo la arquitectura moderna un arte constructivo que se orienta hacia el ser de su propia esencia, hace fundamental no sólo el estudio profundo de las leyes que rigen la materia y la ordenación de las fuerzas naturales, sino que también la pura y simple necesidad imperante, no esté reñida con el anhelo de libertad que es inherente al espíritu. En la feliz o desgraciada alianza entre lo que pide el espíritu creador y lo que pide la fuerza de la las masas, en que se obtenga o no un armonioso equilibrio entre ambos factores reales estará o no la consecución de una obra arquitectónica determinada. Y todo ello cohesionado a las necesidades de los tiempos, con las exigencias del espíritu y de la libertad del alma humana, que piden algo más que uniformidad de “colmenas”. “Por arquitectura debe entenderse –decía Sant’Elia- el esfuerzo dirigido a armonizar el ambiente con el hombre, esto es, a convertir el mundo de las cosas en una proyección directa del mundo del espíritu.

Otra experiencia de feliz resultado es la preocupación del arquitecto Gebhard por las superficies. Así, en el auditorio –primer cuerpo del edificio-, hizo recaer la responsabilidad en los artistas porteños Mary Matzner [Martner], Carlos González y Eugenio Brito. Los murales realizados por estos artistas participan vivamente de las modulaciones de las estructuras y comunican a la fachada una fuerte resonancia de texturas en contraste. Esos murales dan por resultado una valoración de las superficies externas, como asimismo una riqueza decorativa. Tanto Mary Matzner como Eugenio Brito y Carlos González logran integrar, a las estructuras espaciales, signos y formas fluidas que se entrelazan en ritmos y coordinaciones.

La técnica usada es la del Fulget, originada por los muralistas italianos y utilizada, en América, únicamente por Brasil y Argentina. Este procedimiento llamado monolítico ofrece enormes posibilidades dentro de la arquitectura actual porque da unidad de color y materia. El Fulget está hecho de diversos tipos de piedras en su color natural y con formas que van de lo esferoidal a la chancada. Bajo su textura se crean en Montemar formas densas y ágiles que se adaptan a la solidez del muro y al desplazamiento del edificio. En relación con la pintura mural, nos parece el intento de estos tres artistas el más efectivo y serio realizado en el país.

Hoy se impone revolucionar en Chile ese módulo de construcción ancestral, de materiales duros y masas rígidas que corresponden a conceptos antiquísimos, sin quebrantar, por cierto, el espíritu de los eternos principio: lugar y tiempo. Es todavía insospechado, entre nosotros, el porvenir que se abre en esta dirección tomada por la arquitectura moderna. Este edificio creado por Enrique Gebhard, gracias al apoyo de la Universidad de Chile, plantea ahora el problema. Los más importante sería que este primer paso no se pierda y nos dé, como resultado, obras acordes con la época y las necesidades del ser contemporáneo.

13.7.10

Falleció la artista María Martner, autora de numerosos murales en obras de arquitectura moderna.

Aunque fue hace ya algunas semanas, quiero publicar este post respecto de la muerte de la artista María Martner. Su obra es de gran interés principalmente por sus murales compuestos con piedras, aprovechando los colores naturales de los minerales, aplicado sobre obras de arquitectura, entre las que cuentan el edificio de la Cepal, de Duhart, el Monumento a O'Higgins en Chillan Viejo, de Carlos Martner, la casa de Neruda en Isla Negra, la piscina Tuapahue en el Cerro San Cristobal, tambien proyecto de Carlos Martner. Este último mural además, fue realizado en colaboración con el arquitecto y artista mexicano Juan O'Gorman, uno de los grandes exponentes de la modernidad regionalista mexicana.

Parte central del mural de la Piscina Tupahue en Santiago:
© Claudio Galeno

Detalle de mural en Monumento O'Higgins en Chillan Viejo:
© Claudio Galeno


Detalle friso en casa de Neruda en Isla Negra:
© Claudio Galeno

Dejo aqui esta noticia del Mercurio de Valparaíso:

Murió la destacada artista María Martner / Miércoles 23 de junio de 2010 / El Mercurio de Valparaíso

11.10 hrs.- La muralista y vitralista, admirada por Neruda, falleció ayer a los 89 años.

La premiada muralista y vitralista nacional María Martner falleció ayer, a los 89 años, dejando como legado una importante obra que es reconocida en Chile y el extranjero. La artista tuvo una estrecha amistad con Pablo Neruda, quien organizó su primera muestra y le dedicó un poema.

"Yo estaba trabajando en murales grandes cuando conocí a Pablo y le gustó mucho lo que hacía. Así que me entusiasmó para hacer mi primera exposición en el Ministerio de Educación, hace ya muchos años, y en el catálogo escribió el poema ‘Piedras para María’. El movió todo, yo nunca hubiera hecho sola esa exposición, pues es tan difícil presentar mi trabajo, ya que algunos son muy pesados y otros muy frágiles. Pablo siempre me impulsó, como lo ha hizo con tanta gente joven”, recordaba la artista en una entrevista publicada en “El Mercurio de Valparaíso”.

Nacida en Santiago, María Martner ingresó en 1940 a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde tuvo maestros como Julio Vásquez y Lily Garafulic en escultura y Gregorio de la Fuente en dibujo. Desde un principio su obra se orientó al trabajo en piedra y minerales, inspirándose primero en las técnicas de los mosaicos venecianos. Luego derivó a un estilo particular que no pule las piedras.

Entre sus murales en piedra destacan: "Los peces del frío", que está en la casa-museo La Chascona; "Mural en Balneario Tupahue" diseño del artista mexicano Juan O'Gorman; y "Monumento Plaza Tomic”, ubicado en la avenida Argentina.

También creó el monumento a Bernardo O’Higgins en Chillán y los murales frente al estadio de Playa Ancha.

En 1977 María Martner viajó a California, Estados Unidos, para estudiar la técnica del vitral y comenzó a experimentar con el diseño de estructuras en las que utiliza piedras semipreciosas laminadas y cobres. Como vitralista, la artista se caracterizó por realizar diseños modernos y audaces.

Su trabajo le valió la admiración de artistas como Osvaldo Guayasamín y el mismo Neruda, quien en todas sus casas tenía obras de esta artista.