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15.9.25

Miguel Alandia, el muralista de los obreros cuya obra fue protegida por mineros durante la dictadura militar boliviana

Vía El País.

El Museo Nacional de Arte de Bolivia inaugura una sala permanente con las obras del artista que utilizó su producción como medio de luchas sociales y subversión

El mural que decoraba el Palacio de Gobierno de Bolivia y fue destruido por la dictadura militar en 1964. Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia


Caio Ruvenal / Cochabamba (Bolivia) - 13 SEPT 2025 - 05:00 CEST

Corría el año 1965. Los regímenes militares copaban América Latina y Bolivia no era la excepción. El general René Barrientos ordenó, como una de las primeras medidas de su gobierno de facto, la toma de los campamentos mineros, donde se encontraba la mayor fuerza militante de los partidos de izquierda. Uno de los más importantes era el centro Milluni, en el altiplano de La Paz, porque albergaba la radio y foco de comunicación para movilizaciones La voz del minero. Los soldados arremetieron y se llevaron cadáveres, micrófonos y controladores. No se percataron, sin embargo, de que el muro del auditorio del teatro del campamento era falso: una pared de adobe construida por los trabajadores de la mina cuando fueron alertados del ataque y que protegía un mural que contaba su historia de explotación.

Es uno de los 16 murales que pintó, entre 1953 y 1966, el artista plástico Miguel Alandia Pantoja (Bolivia, 1914- Perú, 1975), dirigente sindical y uno de los mayores representantes de la intelectualidad de izquierda boliviana. Al ser considerado un enemigo de la dictadura, el presidente Barrientos ordenó la destrucción sistemática de su obra plasmada en edificios públicos. No todos los murales tuvieron la misma suerte que el de Milluni, y muchos ya no existen. Un tardío consuelo llega ahora, con la reconstrucción —a base de bocetos y estudios previos que dejó el autor— de uno de los murales que fue extraído y demolido del Palacio de Gobierno en 1964. Es la pieza central de la nueva sala permanente que el Museo Nacional de Arte de Bolivia (MNA) dedica a Alandia, inaugurada a finales de julio.

“Hemos cumplido un sueño del maestro que nos hizo conocer uno de sus hijos: reponer el mural construido en el hall del Palacio de Gobierno”, asegura Claribel Arandia, directora del MNA. La clase trabajadora no solo fue el principal motivo temático de la obra de Alandia, sino también de quienes más cerca estuvo, organizándolos en sindicatos y exigiendo sus derechos laborales, que no fueron promulgados en Bolivia hasta 1942. Su arte nunca estuvo separado de su activismo político, un camino coherente tras vivir en carne propia las agitaciones sociales del siglo XX en el país sudamericano.

Alandia nació en el principal centro minero del altiplano, Catavi (Potosí), tierra rocosa, cubierta de sílice. Hijo de una vendedora de pan y un contador de la empresa minera, presenció con nueve años la llamada masacre de Uncía (1923), en el campamento aledaño. El Ejército disparó a mansalva contra una huelga de trabajadores que se habían agrupado en una federación y exigían su reconocimiento, además de mejoras laborales. Fallecieron nueve personas, y desde entonces la muerte —dramatizada con tonos oscuros y con el altiplano de fondo— sería una constante en su obra, como en los cuadros Homenaje a los líderes mineros asesinados (1965) o Cuatro mujeres y un yaciente (1969), por mencionar un par.

Las condiciones en la mina entonces eran deplorables: explotación intensiva sin industrialización, los mismos mineros realizaban el traslado de mineral a pie por kilómetros, y la expectativa de vida era inferior a los 40 años. La plata primero y luego el estaño eran el sustento económico de la nación, pero la producción estaba en manos de un pequeño grupo de empresarios. “La época republicana continuó con el orden colonial y no subvirtió los privilegios económicos y políticos basados en la condición étnica (…) Los sectores oligárquicos mantenían su dominio en base a la explotación de la mano de obra indígena y trabajadora”, escribe la historiadora Daniela Franco en el libro Dos miradas sobre el artista al servicio de la revolución (2024), del que es coautora junto a Javier del Carpio.

La convulsión social no dio tregua a la vida de Alandia. A los 18 años fue llamado para engrosar las filas del Ejército en la Guerra del Chaco (1932-1935) contra Paraguay. Fue un sangriento enfrentamiento entre dos países que no habían terminado de despegar económicamente como sus vecinos, y que pusieron sus intereses en una región limítrofe con supuestas reservas petroleras. El pintor dejó un registro gráfico de su vivencia como prisionero de guerra, experiencia que profundizó su conciencia social: las líneas del frente estaban compuestas por indígenas del altiplano llevados a un ecosistema de bosque seco, sin saber muy bien qué hacían allí.

Llegaría Alandia a la cúspide de su activismo político a su regreso del Chaco, que coincidió con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La demanda de estaño subió exponencialmente, y con ella, la explotación de los mineros. “Como una forma paliativa de afrontar la crisis económica que se arrastraba desde la Guerra del Chaco, el presidente Enrique Peñaranda aceptó la ayuda financiera americana, que no era más que incentivos monetarios a cambio de algo mucho más grande: una producción minera a precios irrisorios”, apunta en la biografía del pintor potosino el coautor Javier del Carpio, quien estudia su vida desde hace 20 años. El alza de precios trajo una bonanza a las empresas mineras que no se vio reflejada en los obreros.

Cerca de 7.000 mineros marcharon hasta las oficinas de una de las empresas en Catavi, donde los esperaba el Ejército, que disparó a quemarropa y dejó un saldo de 19 muertos. Alandia radicalizó su actividad política: militó en el Partido Obrero Revolucionario y fundó en 1947 la Central Obrera Nacional, vigente hasta hoy como Central Obrera Boliviana. Mientras tanto, en el plano artístico —menos prolífico en aquella época por el convulso contexto— descargó su sentir en el mural Dictadura capitalista: último acto (1945). En la parte superior, sobre una cruz, están caricaturizados los presidentes de los países protagonistas de la Segunda Guerra: de Roosevelt a Hitler.

Abajo de ellos, en un escenario lúgubre y dantesco, aparece la indígena Marcela Barzola sin un brazo, una de las mártires de la masacre de Catavi. A sus pies yacen cuerpos, y detrás de ellos, una multitudinaria protesta con el pasacalle: “Queremos pan…”. La lucha por revertir el orden económico y político culminó en una revolución armada en 1952 —que bebió mucho de sus antecesoras en la región: México y Cuba—, en la que Alandia participó con fusil y dinamita en mano. La victoria fue para los subversivos y parecía que finalmente llegaba un momento de paz para el artista. Pidió su baja momentánea de su partido para dedicarse a su pintura y fue contratado por el gobierno de la revolución para hacer varios murales.

Mural 'La revolución' (1953). Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia

“El muralismo presenta el anhelo de llevar un mensaje de identidad a las grandes masas. Es sobre todo una tendencia política más que una finalidad artística. Tiene un sentido pedagógico para la educación estética”, dijo en una entrevista Alandia. El principal representante del muralismo mexicano, Diego Rivera, visitó Bolivia en 1954, se quedó impresionado con su trabajo e intercedió para que expusiera en el Palacio de Bellas Artes del D.F. en 1957. Le dio el puntapié internacional al boliviano: en la década del sesenta Alandia expuso en Rusia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Austria, Chile y Uruguay, entre otros.

Cuando estaba en esa gira y parecía gozar de su mejor momento, llegó la noticia más aciaga: los conservadores volvían a arremeter con un golpe de Estado. Barrientos no solo ordenó la destrucción de su obra monumental, sino que también avasalló su casa y se llevó documentos y objetos personales. Alandia tuvo que quedarse con su familia en Montevideo, aunque volvió en 1971 para participar de un intento de derrocamiento armado que fracasó. Murió en el exilio, en Lima, cuatro años después, aquejado por un cáncer.

Del Carpio lo define como un “hombre inquebrantable, muy paciente y sencillo, pero de temperamento aguerrido cuando tenía que defender sus principios”. Fue él quien descubrió el mural de Milluni en 2017, en riesgo de desaparecer por nunca haber sido restaurado. Después de peregrinar por instituciones públicas para su rescate, finalmente el Ministerio de Cultura inició las reparaciones. Llegó la pandemia, se cerró esa cartera y el proyecto quedó huérfano. En 2023 se anunció que el mural había sido robado.

5.8.18

La muerte del artista Juan Salva "nos recuerda que la compleja trama de la vida es inestable, que nada está detenido, que la belleza impoluta es un mito, y que el mundo necesita la humanidad irracional de la fiesta."


"Locura Maya" (acrílico, 150x150 cm) de Juan Salva en la muestra de BAJ y FME del 2012.

Hace un poco más de dos semanas, el 18 de julio de 2018, falleció el artista antofagastino Juan Salva, el principal exponente del arte antofagastino de corriente latinoamericanista.

Su obra se inició en los años setenta durante sus años de estudio en la Universidad del Norte y se desarrolló desde los años ochenta, todo en plena dictadura militar.

La última exposición en la que participó fue en la colectiva LUPA organizada por Balmaceda Arte Joven.

A propósito de su muerte, merecidamente fueron publicadas varias notas en la prensa antofagastina, cuyos links están al final de este post.

A continuación extraigo algunos fragmentos biográficos del escrito crítico ""Juan Salva Rodríguez, una pintura del gesto o la escritura del cuerpo" que publiqué el año 2012 sobre su obra, a propósito de una exposición en Balmaceda Arte Joven. El texto fue parte del catálogo de esa muestra. El escrito completo lo pueden leer o descargar en mi perfil de ResearchGate.

"El artista Juan Salva Rodríguez ha dejado en manifiesto que ha ejecutado una pintura de gesto, (...) si nos adentramos en los aspectos inconscientes (...) de la relación del artista y sus telas, veremos que el gesto no solo está proyectado por la mano, sino también por el brazo, el tronco, hasta llegar a todo el cuerpo para culminar en el intelecto.

En la muestra se pudo apreciar (...) su reconocido dominio del color en consonancia con el uso de temáticas relativas al norte chileno, (...) una evolución de sus forma de expresión, o la manifestación de una producción artística más despejada de protocolos.

Juan Salva Rodríguez fue marcado por la experiencia de su padre con la fragua. Él mismo ha relatado como "el maestro Salva", que trabajaba en la minería, creaba piezas de hierro forjado en su taller que mantenía en paralelo a su trabajo. Juan recuerda con intensidad la atmosfera de creación que se daba en el ambiente de la fragua, del hierro en el fuego, de la luminosidad provocada por la brasa y por el metal que era moldeado por la fuerza creadora del maestro.

Salva estudió Licenciatura en Artes Plásticas en el extinto Departamento de Artes Visuales de la Universidad del Norte, en la cual ingresó en 1974 y se recibió en 1979 con la tesis "Técnicas de la pintura mural" realizada en conjunto con los artistas Jaime Cabrera Cossio, Fernando González Román y Mario Saavedra Villarroel, la tesis fue dirigida por el destacado pintor Ronald Clunes León y si nos detenemos un momento sobre la formación de Salva, no deja de tener importancia el hecho de que haya estudiado arte durante el periodo inicial de la dictadura militar chilena.

La tesis es un cuidadoso manual de las técnicas del muralismo, complementado con la experiencia de haber ejecutado cada una de las técnicas como parte de la investigación, lo que se puede ver en el amplio registro fotográfico que la acompaña. Los mismos autores declaran en el documento la necesidad que sentían de complementar su enseñanza con una investigación sobre el arte del mural.

Se podría decir que la decisión de operar en el muralismo, significaba explorar una mayor escala, un mayor soporte, que podría ser el de la arquitectura, o el arte integrado, en el discurso de la modernidad que se refería a la síntesis de las artes, principalmente en el momento en que estos artistas se formaron, cuando la epopeya de la modernidad era oscurecida por la desorientada posmodernidad, principalmente en un Chile de fines de los años 70'. En el contexto de Antofagasta, una ciudad militarizada, Salva desarrolló una producción en la represión, centrada en la vida misma, más que en ser un evidente agente ideológico, como ha declarado, refugiándose en el imaginario mágico del desierto y de la tradicional vida en epopeya de desierto de Atacama. En el documento de su tesis declararon:

"Así, llegamos a tomar posición frente a la pintura y hemos comprendido que la pintura de caballete, actualmente es un objeto de consumo individual y se convierte en propiedad de..., lo que ha establecido la ruptura entre el arte y el pueblo, perdiendo el carácter colectivo, social y popular de arte mural."

La investigación del grupo de Salva es exactamente como lo plantea su título, una exploración sobre aquellas técnicas murales, que culminaba en ese marcado momento latinoamericano, demostrando su interés por las corrientes de la modernidad identitaria y regionalista. Además, en el caso de Antofagasta, debido a la existencia de las escuelas de arte de la Universidad de Norte, desde 1960, y de la Universidad de Chile, a partir de 1964, se había formado una importante escena artística preocupada por su propio contexto y por su propia historia. Algunos de los académicos de esa diversa escena, fueron en "la Norte": Waldo Valenzuela, Osvaldo Thiers, Iván Lamberg, Harold Krussel, Ronald Clunes y Alicia Valenzuela; mientras que en "la Chile" estaban: Osvaldo Silva Castellón, Juan Hernando León, Gregorio Berchenko, Guillermo Deisler y Mario Tardito.

Además Salva también ha colaborado con el teatro y la escenografía. Su primera experiencia se produjo mientras terminaba sus estudios en 1979, periodo en que tuvo la oportunidad de trabajar con el reconocido director de teatro Eugenio Guzmán, la obra que montó en Antofagasta fue "La visita de la vieja dama", una comedia de Friedrich Durrenmatt, para la cual Salva realizó las escenografías y todo el diseño de la puesta en escena presentada con éxito en el Teatro Pedro de la Barra. Según el pintor, la particularidad de su propuesta fue que era cinética, que tenía movimiento mediante prismas que giraban y que mediante esa rotación cambiaban el contexto de la escena. A esto se suma una experiencia de cinco años, a partir de alrededor de 1985, diseñando el escenario central del tradicional Festival de Colectividades Extranjeras de Antofagasta, donde construyó grandes plataformas, la iluminación y estructuras con movimiento.

A pesar de que la producción artística de Salva es muy reconocida, y que ha dedicado su vida a la producción del arte, increíblemente, sobre el arte de Salva se ha escrito poco, y por lo general ha sido sobre los temas de sus pinturas, que han estado enraizados en una cosmovisión propia y compartida, impregnada de la vida dramática del norte chileno. Esos temas, por lo general, son de interés para el público, pero por otro lado también corresponden a una lectura más figurativa de sus obras: los cuerpos que bailan, el diablo andino, el ritual religioso, pero además mediante estas obras se revelan características sintaxis compositivas, manifiesto en la imagen colectiva de cuerpos acumulados o entrelazados. Sobre los temas de Salva, Waldo Valenzuela escribió:

"(...) curiosamente uno de los temas que se hace presente de modo constante en su quehacer pictórico son los grupos de danzantes de la Virgen, es decir de las expresiones de la religiosidad popular, fenómeno eminentemente latinoamericano, donde se funden o conjugan ancestrales tradiciones mágico-religiosas de origen pre-colombino y la herencia hispana de procedencia colonial que enriquecen con su música y bailes los grandes santuarios nortinos, en Salva sin embargo es otra la traducción: la multitud es vociferante y en las bandas de bronce se da una catarsis expresiva de gran violencia plástica."

Los temas para las pinturas, también son estimulados por la afición de Salva por la literatura, afinidad que con el paso del tiempo ha desarrollado cada vez con más intensidad. De esa forma la lectura ha sido compañera de su pintura, estimulando el proceso creativo, entregando relatos y composiciones que luego articulan la generación de una nueva obra, de esa forma el artista funciona como un mediador entre lo literario y lo pictórico, en un decodificador, por utilizar un término propio del artista.

Sobre ciertos conceptos compositivos que han guiado su producción, podemos destacar la idea de entrelazamiento, que también permite llevarnos de la idea de corporeidad a la de incorporeidad. En ese sentido, la acumulación de cuerpos, que el artista ha declarado como una manifestación de lo "colectivo", no sólo se observa en los conjuntos de personajes, sino también en la acumulación de cuerpos, o en la detención en los fragmentos de cuerpos, en los miembros, donde las manos son su mayor protagonista.

Los miembros están definidos por manchas y sombras, líneas de oscuridad y campos de oscuridad donde se sostienen los planos de color. Los planos pretenden ser volúmenes de luz. Esa idea, siempre presente, nos llevaría a referirnos a la luz y la sombra, pero en cada cuadro la luz emerge de forma diferente, alterando la composición, jerarquizando, dando distintos énfasis.

Un primera lectura sobre las obras expuestas, es el hecho de que las pinturas no caben en sus telas, que su vida se expande hacia el exterior, (...) Si bien los campos de colores y de luces podrían parecer los dominantes, son las líneas o los delineados que subrayan las piezas, las que dominan el ojo y empatizan con el observador, las líneas lo guían, lo inducen, los desplazan, el ojo ingenuo es acarreado en el gesto de Salva. Por la línea se subyuga el cuerpo de luz, el trazo o la línea acentúa el plano iluminado, pero a la vez lo oprime, así, el cuerpo del observador queda atrapado, o enredado, en el entrelazamiento.

En las pinturas expuestas, la mayoría son entrelazamientos expansivos, (...) los cuerpos entrelazados quedan contenidos en la tela, pero aun están al borde del desborde. Los cuerpos que bailan en realidad son las proyectadas contorsiones del mismo artista, que derrama su acción sobre la superficie, quedando plasmada la impronta de su cuerpo, el derrame del cuerpo, los gestos del cuerpo sobre la tela.

[Algunas] (...) pinturas (...) presentan escenas más complejas, donde no es solo la línea la protagonista de la composición, sino el volumen, la acumulación de piezas, (...) los volúmenes se encajan entre si, o se apilan como mamposterías, y la pieza o el miembro domina la estructura. Sin embargo, también está el cuerpo del artista, solo que aquí los trazos transmiten movimientos más automáticos.

El automatismo del cuerpo es innegable en la pintura a gran escala, (...) donde domina el brazo, la torsión del tronco y el desplazamiento de todo el cuerpo, así como su elongamiento y contorsión. (...) [En algunas] está más presente la mano y el brazo, (...) [en otras] está el brazo y el tronco, de forma que la pintura transmite un ritmo erótico del cuerpo. [Otras son] (...) pura mano, lo que refleja un trazado complejo, más meditado, que se podría entender como más científico, con mayor dominio del intelecto. [Algunas composiciones] (...) expresa[n] mayor abstracción, ya que [son] (...) más automática[s], y por lo tanto más visceral[es]. Así con un accionar provocado desde los órganos, el gesto resulta más erótico, y empático con el observador. En ciertas piezas esa impronta del gesto está activada desde el uso del aerógrafo. El uso de esa herramienta, le ha permitido al artista, como el mismo ha expresado, la libertad del trazo extendido sin interrupción, luego reescrito con los pinceles. Esa técnica, que viene de su participación en el ámbito del diseño gráfico, ha sido incorporada a parte de su obra, y evidentemente colabora con fuerza en el gesto automático.

En forma paralela, ciertas manifestaciones del graffiti contemporáneo tienen esa impronta del gesto del brazo y de la mano, o según su escala, del tronco o del cuerpo completo. Las pinturas de Salva inquietan al cuerpo de observador mediante la activación del principio de la empatía, de la proyección sentimental, entendido como la respuesta del cuerpo afectado por las líneas y los campos de color.

(...)

El pintor ha declarado que la recurrente presencia del diablo en ciertas obras, podría entenderse como la necesidad de alterar el orden, frente a una producción dedicada a la vida colectiva.

Para terminar, la producción de Salva ha sido catalogada de expresionista o de fauvista incluso, pero además de estas apreciaciones, en esta muestra, se revela una libertad creativa que plasma su interés por la acción espontánea de la voluntad del gesto, que denota su interés por el movimiento mediante obras menos intelectualizadas, por lo tanto menos figurativas, que no necesitaban responder al medio para estar expuestas. Cuando el artista ha hecho referencia a sus escenografías, ha destacado lo cinético, que afortunadamente coincide con su trazado automático, haya sido este generado desde una acción más del intelecto, o más auténtica desde lo visceral. La existencia que representa, la colectividad, sus escenas de multitudes o grupos entrelazados, o incluso el diablo, manifiestan su pasión por el movimiento y por un arte que altera el orden establecido, y nos recuerda que la compleja trama de la vida es inestable, que nada está detenido, que la belleza impoluta es un mito, y que el mundo necesita la humanidad irracional de la fiesta."


Por Claudio Galeno-Ibaceta.

A continuación las notas de prensa:


Soychile, 18.07.2018
y El Mercurio de Antofagasta:
A los 63 años fallece pintor el antofagastino Juan Salva: Sus murales estaban instalados en lugares claves de la ciudad, como en la Biblioteca Regional de Antofagasta y la fachada de la Corporación Municipal de Desarrollo Social (Cmds).

UCN al Día, 19.07.2018:
Juan Salva: un legado de arte, colorido y compromiso con su Alma Mater: Pintor y ex estudiante de nuestra institución falleció a los 63 años.

Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, 19.07.2018:
Mundo de las Culturas lamenta deceso de destacado artista plástico antofagastino Juan Salva Rodríguez.

16.11.15

Juan Salva, exposición pictórica, hasta el 27 de noviembre en al Zócalo de la Biblioteca de la Universidad Católica del Norte, Antofagasta



Vía El Nortero.

El artista visual y Licenciado en Artes plásticas Juan Salva, nos muestra su último trabajo que recoge en cada uno de sus trazos la fuerza de la tradición andina, con su música y danzas propias de la religiosidad popular.

Como reseña su amigo y ex profesor, Waldo Valenzuela, "cuando nos acercamos a su obrar pictórico es como acercarse a un fenómeno natural, nos asomamos a observar los movimientos de una materia pictórica a punto de entrar en erupción..." Razón suficiente, para visitar esta muestra que es reflejo fiel de nuestra realidad como región.

La exposición estará abierta a todo público, en forma gratuita hasta el 27 de noviembre en el Zócalo de la Biblioteca de la Universidad Católica del Norte.

Para agendar visitas tomar contacto con: gahumada@ucn.cl

Exposición Pictórica Individual Juan Salva
Dirección: Avenida Angamos 0610
Lugar: Zócalo Biblioteca Universidad Católica del Norte
Ciudad: Antofagasta

Un link a un escrito de Claudio Galeno sobre el trabajo de Juan Salva.

La exposición pendiente 1973-2015: Orozco, Rivera, Siqueiros, Museo Nacional de Bellas Artes (Chile), del 20 de noviembre de 2015 al 21 de febrero de 2016

Vía Museo Nacional de Bellas Artes (Chile) y Museo de Arte Carrillo Gil.

La importante muestra de artistas mexicanos que no se inauguró en septiembre 1973. En el primer piso desde el 20 de noviembre 2015 hasta el 21 de febrero de 2016.


© Museo de Arte Carrillo Gil.

"La ruta a México es: Antofagasta, Lima, Panamá, México y escala técnica en esos lugares. Comuníquenlo al canciller Rabasa y díganle que cruce los dedos"

El texto corresponde a un telegrama enviado en septiembre de 1973 por Gonzalo Martínez Corbalá, embajador de México en Chile, antes de subir al avión que lo trasladó a su país junto a 180 obras de la exposición que se suspendió antes de su inauguración programada para el 13 de septiembre de 1973, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. Junto a él viajaban los familiares del presidente Salvador Allende.

La cancelación de la exposición se produjo en medio de la convulsión del golpe militar y sin que muchos se enteraran. La muestra Orozco Rivera Siqueiros. Pintura Mexicana presentaría al público chileno una de las colecciones de arte moderno más importantes del continente. Cuarenta y dos años después y para celebrar el 25° aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre México y Chile, ambos gobiernos han realizado un esfuerzo conjunto para reeditar esta muestra con una selección de las 76 obras originales y pertenecientes al Museo de Arte Carrillo Gil.

Las pinturas originalmente de propiedad del coleccionista de arte mexicano Álvar Carrillo Gil, fueron donadas al Estado mexicano en 1972, tras lo cual comenzó una serie de exposiciones itinerantes a nivel mundial, siendo Santiago de Chile el primer destino escogido para ello.

Las gestiones del museógrafo y comisario de exposiciones mexicano Fernando Gamboa, y del entonces director del Museo Nacional de Bellas Artes, Nemesio Antúnez permitieron el regreso de las obras a su país de origen.
Junto a las obras se exhibirán testimonios de puño y letra de Fernando Gamboa, quien vivió el golpe de Estado y los hitos que le sucedieron mientras se hospedaba en el Hotel Carrera, frente a La Moneda. Gamboa describió a Antúnez como "el prototipo de la amistad, de la decencia, y del artista e intelectual humanista chileno… El estilo del Museo".

Sobre la relevancia del contexto histórico de la muestra La exposición pendiente 1973 - 2015. Orozco, Rivera y Siqueiros, el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Roberto Farriol, señala: "esta exposición, junto con presentar obras valiosísimas de los tres maestros muralistas, es también un ejercicio de relectura de estas mismas desde una visión crítica. Por ello, y con el objetivo de contextualizar un momento histórico de incuestionable importancia, se ha trabajado en la investigación y documentación entre ambas instituciones, a cargo de Carlos Palacios, curador del Museo de Arte Carrillo Gil y en forma colaborativa, con Gloria Cortés, curadora del Museo Nacional de Bellas Artes"

Según Ángel Cabeza, director Dibam "la obra de estos tres artistas es parte del patrimonio artístico latinoamericano, y es en ese contexto que el gobierno de Chile, a través de sus instituciones involucradas, asume esta verdadera deuda cultural de más de cuarenta años con Chile y también con México. Esta exposición es muy importante, en tanto retoma una fluida relación cultural que se vio violentamente interrumpida".
La exposición

La exhibición se realizará en el primer piso del MNBA, en los mismos espacios que Antúnez y Gamboa destinaron a la muestra original, utilizándose en esta ocasión las rotondas de dichas salas como espacios para el despliegue de documentos y testimonios de época que dan cuenta de los esfuerzos realizados para realizar la muestra en 1973 y su retorno a salvo luego de la cancelación de su apertura.

Destaca entre las obras las pinturas cubistas El arquitecto (1915-1916) y Maternidad (1916) de Diego Rivera.
De José David Alfaro Siqueiros, se exhiben veintiuna obras, pinturas, litografías y croquis. Entre ellas Zapata, estudio para el mural del castillo de Chapultepec (1966), Torso femenino (1945) o el Retrato de José Clemente Orozco (1947). La relación de Siqueiros con Chile, está representada por los grabados realizados para ilustrar el Canto General de Pablo Neruda.

La selección más numerosa corresponde a cincuenta obras de José Clemente Orozco con óleos y grabados previos a los murales de gran contenido político. Entre ellas se aprecian obras emblemáticas como El fusilado (1926-28), El réquiem (1928), Pancho Villa (1931), Cristo destruye su cruz (1943) o Los teules IV (1947).

20.3.11

Un magnánimo mural de Luis Núñez de acceso restringido o Prohibido el acceso, sólo para vehículos

© Foto Rodrigo Villalobos / El Mercurio de Antofagasta

En proceso de finalización está el gigantesco mural que realiza el pintor Luis Núñez San Martín. El artista es conocido en los círculos nortinos por su propuesta de recrear la vida del período salitrero, con interesantes obras en assemblage, y salió al gran formato con el exitoso mural de la Casa Gibbs que conquistó el espacio urbano. Luego realizó una versión menos afortunada en el muro exterior del puerto, y un mural en la plaza de Calama sobre el ex edificios del INP. Pero para suerte del ciudadano antofagastino, esta nueva versión continua con el camino iniciado en Gibbs.

El muro utilizado para esta obra, es el paramento suroeste del ex Banco Mercantil de Bolivia, del banquero Simón Iturri Patiño, actual sede de la Policia de Investigaciones, que se orienta directamente hacia un estacionamento enrejado.

Es lamentable que tan notable esfuerzo, y la calidad del trabajo de Luis Núñez quede reducido a estar contenido en un área privada que se usa de estacionamento. Nótese algo que lo que le ocurrió al fotógrafo del Mercurio de Antofagasta en la nota escrita por Carlos Contreras Bruce y publicada hoy 20 de marzo de 2011, que es lo mismo que le ocurre al paseante, sólo se puede apreciar el mural desde lejos, y abajo de él, un mar de carcasas de vehículos. Dando por resultado una obra que se observa de forma tangencial.

Pero pensemos que esto pudiese cambiar y ojalás ese espacio cerrado destinado a vehículos, fuese abierto a la ciudad y que el ciudadano o turista puede entrar en una relación empática con la intensidad de las perspectivas de la magnánima obra de Núñez.

13.7.10

Falleció la artista María Martner, autora de numerosos murales en obras de arquitectura moderna.

Aunque fue hace ya algunas semanas, quiero publicar este post respecto de la muerte de la artista María Martner. Su obra es de gran interés principalmente por sus murales compuestos con piedras, aprovechando los colores naturales de los minerales, aplicado sobre obras de arquitectura, entre las que cuentan el edificio de la Cepal, de Duhart, el Monumento a O'Higgins en Chillan Viejo, de Carlos Martner, la casa de Neruda en Isla Negra, la piscina Tuapahue en el Cerro San Cristobal, tambien proyecto de Carlos Martner. Este último mural además, fue realizado en colaboración con el arquitecto y artista mexicano Juan O'Gorman, uno de los grandes exponentes de la modernidad regionalista mexicana.

Parte central del mural de la Piscina Tupahue en Santiago:
© Claudio Galeno

Detalle de mural en Monumento O'Higgins en Chillan Viejo:
© Claudio Galeno


Detalle friso en casa de Neruda en Isla Negra:
© Claudio Galeno

Dejo aqui esta noticia del Mercurio de Valparaíso:

Murió la destacada artista María Martner / Miércoles 23 de junio de 2010 / El Mercurio de Valparaíso

11.10 hrs.- La muralista y vitralista, admirada por Neruda, falleció ayer a los 89 años.

La premiada muralista y vitralista nacional María Martner falleció ayer, a los 89 años, dejando como legado una importante obra que es reconocida en Chile y el extranjero. La artista tuvo una estrecha amistad con Pablo Neruda, quien organizó su primera muestra y le dedicó un poema.

"Yo estaba trabajando en murales grandes cuando conocí a Pablo y le gustó mucho lo que hacía. Así que me entusiasmó para hacer mi primera exposición en el Ministerio de Educación, hace ya muchos años, y en el catálogo escribió el poema ‘Piedras para María’. El movió todo, yo nunca hubiera hecho sola esa exposición, pues es tan difícil presentar mi trabajo, ya que algunos son muy pesados y otros muy frágiles. Pablo siempre me impulsó, como lo ha hizo con tanta gente joven”, recordaba la artista en una entrevista publicada en “El Mercurio de Valparaíso”.

Nacida en Santiago, María Martner ingresó en 1940 a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde tuvo maestros como Julio Vásquez y Lily Garafulic en escultura y Gregorio de la Fuente en dibujo. Desde un principio su obra se orientó al trabajo en piedra y minerales, inspirándose primero en las técnicas de los mosaicos venecianos. Luego derivó a un estilo particular que no pule las piedras.

Entre sus murales en piedra destacan: "Los peces del frío", que está en la casa-museo La Chascona; "Mural en Balneario Tupahue" diseño del artista mexicano Juan O'Gorman; y "Monumento Plaza Tomic”, ubicado en la avenida Argentina.

También creó el monumento a Bernardo O’Higgins en Chillán y los murales frente al estadio de Playa Ancha.

En 1977 María Martner viajó a California, Estados Unidos, para estudiar la técnica del vitral y comenzó a experimentar con el diseño de estructuras en las que utiliza piedras semipreciosas laminadas y cobres. Como vitralista, la artista se caracterizó por realizar diseños modernos y audaces.

Su trabajo le valió la admiración de artistas como Osvaldo Guayasamín y el mismo Neruda, quien en todas sus casas tenía obras de esta artista.