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13.7.10

Falleció la artista María Martner, autora de numerosos murales en obras de arquitectura moderna.

Aunque fue hace ya algunas semanas, quiero publicar este post respecto de la muerte de la artista María Martner. Su obra es de gran interés principalmente por sus murales compuestos con piedras, aprovechando los colores naturales de los minerales, aplicado sobre obras de arquitectura, entre las que cuentan el edificio de la Cepal, de Duhart, el Monumento a O'Higgins en Chillan Viejo, de Carlos Martner, la casa de Neruda en Isla Negra, la piscina Tuapahue en el Cerro San Cristobal, tambien proyecto de Carlos Martner. Este último mural además, fue realizado en colaboración con el arquitecto y artista mexicano Juan O'Gorman, uno de los grandes exponentes de la modernidad regionalista mexicana.

Parte central del mural de la Piscina Tupahue en Santiago:
© Claudio Galeno

Detalle de mural en Monumento O'Higgins en Chillan Viejo:
© Claudio Galeno


Detalle friso en casa de Neruda en Isla Negra:
© Claudio Galeno

Dejo aqui esta noticia del Mercurio de Valparaíso:

Murió la destacada artista María Martner / Miércoles 23 de junio de 2010 / El Mercurio de Valparaíso

11.10 hrs.- La muralista y vitralista, admirada por Neruda, falleció ayer a los 89 años.

La premiada muralista y vitralista nacional María Martner falleció ayer, a los 89 años, dejando como legado una importante obra que es reconocida en Chile y el extranjero. La artista tuvo una estrecha amistad con Pablo Neruda, quien organizó su primera muestra y le dedicó un poema.

"Yo estaba trabajando en murales grandes cuando conocí a Pablo y le gustó mucho lo que hacía. Así que me entusiasmó para hacer mi primera exposición en el Ministerio de Educación, hace ya muchos años, y en el catálogo escribió el poema ‘Piedras para María’. El movió todo, yo nunca hubiera hecho sola esa exposición, pues es tan difícil presentar mi trabajo, ya que algunos son muy pesados y otros muy frágiles. Pablo siempre me impulsó, como lo ha hizo con tanta gente joven”, recordaba la artista en una entrevista publicada en “El Mercurio de Valparaíso”.

Nacida en Santiago, María Martner ingresó en 1940 a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde tuvo maestros como Julio Vásquez y Lily Garafulic en escultura y Gregorio de la Fuente en dibujo. Desde un principio su obra se orientó al trabajo en piedra y minerales, inspirándose primero en las técnicas de los mosaicos venecianos. Luego derivó a un estilo particular que no pule las piedras.

Entre sus murales en piedra destacan: "Los peces del frío", que está en la casa-museo La Chascona; "Mural en Balneario Tupahue" diseño del artista mexicano Juan O'Gorman; y "Monumento Plaza Tomic”, ubicado en la avenida Argentina.

También creó el monumento a Bernardo O’Higgins en Chillán y los murales frente al estadio de Playa Ancha.

En 1977 María Martner viajó a California, Estados Unidos, para estudiar la técnica del vitral y comenzó a experimentar con el diseño de estructuras en las que utiliza piedras semipreciosas laminadas y cobres. Como vitralista, la artista se caracterizó por realizar diseños modernos y audaces.

Su trabajo le valió la admiración de artistas como Osvaldo Guayasamín y el mismo Neruda, quien en todas sus casas tenía obras de esta artista.

14.2.10

Neruda a la carta / Hotel Maury de Antofagasta: “el mejor hotel en el mejor lugar y clima”

© Archivo Fahrenkrog

Neruda a la carta
Por Revista Qué Leer

Recibo una edición de las Cartas de Amor (Seix Barral) de Pablo Neruda y estoy tentado dejar el libro rutinariamente en una pila, no creo que pueda encontrar nada nuevo del autor chileno. Si el turrón el Almendro vuelve a casa por Navidad, Pablo Neruda siempre vuelve a las librerías por San Valentín. Sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada se han reeditado tanto que la palabra amor incluso suena a desgastada. Sin embargo, el libro viene con una nota manuscrita de una persona de la editorial por la que siento especial afecto y lo empiezo a ojear. Y la edición es muy interesante porque reproduce fotográficamente con un muy buen papel y una gran nitidez las cartas y postales originales. Uno se queda inevitablemente atrapado en la telaraña de la letra manuscrita, una letra que al principio cuesta un poco descifrar, probablemente porque hemos perdido la práctica de leer escritos de puño y letra. Pero al poco uno va tomando el hilo de la lectura y se siente transportado al momento exacto en que Neruda escribía sus cartas. A eso contribuye que muchas hojas llevan el membrete de hoteles como el Hotel Cornavin de Genéve (varias), el Hotel Maury de Antofagasta (con una leyenda que reza: “el mejor hotel en el mejor lugar y clima”) o el Gran Hotel de Stockholm con su regia corona en el encabezamiento. Aunque a Neruda Estocolmo le parece una ciudad fea, sin luz, donde ve la nieve negra. Las postales descoloridas del Machu Pichu o de Buenos Aires revelan su costumbre de escribir en el hueco destinado a tal efecto de manera perpendicular a la dirección de envío, girando la postal. Es una manera de volver a leer a Neruda de una manera más cercana y su letra menuda, en la que hay palabras que uno no es capaz de desentrañar, pero que sin embargo resultan cartas muy clarividentes sobre su estado de ánimo y su pensamiento. Sin duda, el correo electrónico y el blog han sido grandes avances para la comunicación, pero unas líneas escritas a mano tienen la rara cualidad de hacernos visualizar a quien las escribe de una manera mucho más palpable. Uno no puede evitar cierta melancolía por haber perdido el placer de la escritura a mano, con lo que tiene de emocional y personal. Probablemente no habría abierto este volumen si la nota que la acompañaba recomendándome su lectura no hubiera sido manuscrita.