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12.4.26

Barragán en Barragán / Félix González-Torres / La Cuadra, Fundación Romero

Vía La Cuadra, Fundación Romero

Exposición: Barragán en Barragán / desde febrero 2026

Barragán en Barragán es una exposición curada por Jorge Covarrubias —responsable de la restauración de la Casa Prieto López y la Fuente del Bebedero de Luis Barragán—, que propone un recorrido por los primeros edificios modernistas del arquitecto en la Ciudad de México. Asimismo, ofrece una lectura de ocho de sus obras más emblemáticas: la Casa Prieto López, la Casa Gálvez, la Casa Gilardi, la Casa Estudio Barragán, el Convento de las Capuchinas, La Cuadra San Cristóbal, las Torres de Satélite y la Fuente del Bebedero.

La Cuadra San Cristóbal, 1969. Archival pigment print, 2025. © René Burri / Magnum Photos

Experiencia artística anual: Félix González-Torres / Feb. 8– Abr. 25, 2026

Del 8 de febrero al 25 de abril de 2026, La Cuadra acoge una exposición curada por Pablo León de la Barra que propone un diálogo poético y un encuentro imaginado entre la obra del artista Félix González-Torres (n. 1957, Guáimaro, Cuba; m. 1996, Miami) y los espacios arquitectónicos de Luis Barragán (n. 1902, Guadalajara, Jalisco; m. 1988, Ciudad de México) en La Cuadra, construida en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la Ciudad de México y una de las obras más emblemáticas del arquitecto.

Sobre Félix González-Torres

Félix González-Torres (1957–1996) fue un artista cubano-estadounidense fundamental del arte contemporáneo de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Su obra, de gran rigor conceptual y economía formal, utiliza materiales cotidianos para articular significados poéticos y políticos relacionados con el amor, la pérdida, la memoria y el poder. Vivió y trabajó en Nueva York y formó parte del colectivo Group Material. Su trabajo fue presentado en importantes exposiciones y retrospectivas en instituciones como el Museo Guggenheim, MOCA Los Ángeles y el Hirshhorn, y hoy forma parte de colecciones públicas de referencia a nivel internacional.

La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo © Gerardo Landa & Eduardo Lopez - GLR Estudio

Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán
Curada por Pablo León de la Barra

La exposición Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán propone un encuentro y un diálogo poético entre la obra del artista Félix González-Torres y los espacios arquitectónicos de Luis Barragán en La Cuadra de San Cristóbal, construida en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la Ciudad de México y considerada una de las obras más emblemáticas de Barragán. Aunque Barragán y González-Torres nunca se conocieron, pertenecieron a generaciones distintas, desarrollaron sus prácticas en campos diferentes y surgieron de contextos y entornos sociales diversos, en sus obras se manifiestan una serie de resonancias que, al ponerse en relación, activan una fricción entre ellas a partir de la cual surgen nuevas lecturas y nuevas posibles interpretaciones de ambos cuerpos de trabajo.

Luis Barragán (n. 1902, Guadalajara, Jalisco; m. 1988, Ciudad de México) es considerado el arquitecto modernista más relevante de México; Félix González-Torres (n. 1957, Guáimaro, Cuba; m. 1996, Miami) es una de las f i ras artísticas más influyentes surgidas en el siglo XX. Tanto Barragán como González-Torres, cada uno desde su práctica particular, subvirtieron el len aje del minimalismo. Barragán anticipó el minimalismo como movimiento artístico y, a través de la abstracción del vocabulario de la arquitectura colonial y vernácula produjo un len aje arquitectónico sinlar dentro de la modernidad, y además que produjo lo que hoy podría considerarse dentro del campo del arte como obras pioneras de arte minimalista a gran escala. Por su parte, González-Torres cuestionó el esencialismo autorreferencial del minimalismo y del arte conceptual de los años sesenta, demostrando que las obras de arte podían contener significados políticos y personales, y a través de ellos activar al espectador. Durante su vida Barragán estuvo en continuo diálogo creativo y en colaboración con diversos artistas que de una o otra manera tuvieron una influencia directa en su obra, desde Chucho Reyes, Dr. Atl, José Clemente Orozco, Mi el Covarrubias, Rosa Rolanda, Clara Porset, Mathías Goeritz, Josef y Anni Albers, y Sheila Hicks, entre otros. Mostrar el trabajo de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, expande la posibilidad de diálogos entre arte y arquitectura, y permite nuevas lecturas emocionales, poéticas y políticas del trabajo de ambos.

El año 2026 marca además el trigésimo aniversario del fallecimiento de González-Torres, a los 38 años, a causa de complicaciones relacionadas con el sida. A través de esta exposición se honra su vida y legado, así como el de muchas otras personas que como él, murieron a causa de esta enfermedad, en particular en México, donde el estigma existente en aquel momento contribuyó a que sus vidas fueran invisibilizadas y olvidadas. La exposición está dedicada a aquellos que vieron sus vidas interrumpidas por el sida y a quienes, por miedo y por vivir en sociedades represivas, no pudieron —o aún no pueden— vivir su sexualidad abiertamente.

La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo © Gerardo Landa & Eduardo Lopez - GLR Estudio

A continuación artículo de Arquitectura Viva:

 
Exposición: La Cuadra: arquitectura y arte en diálogo (19/02/2026)

La Cuadra, obra emblemática de Luis Barragán en el municipio mexicano de Atizapán de Zaragoza, inicia una nueva etapa como centro cultural tras su adquisición en 2025 por la Fundación Fernando Romero. Este espacio, concebido en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la ciudad, abre oficialmente al público con dos exposiciones.

La primera, ‘Barragán en Barragán’, comisariada por Jorge Covarrubias, es una retrospectiva del único arquitecto mexicano galardonado con el Premio Pritzker (1980), presentada dentro de una de sus propias obras maestras. La muestra se despliega como un recorrido por maquetas realizadas por el estudio del arquitecto y filántropo Fernando Romero (FR-EE), acompañadas de fotografías de Yukio Futagawa, Rene Burri y Armando Salas Portugal, así como aportaciones de figuras cercanas a su círculo, entre ellas Chucho Reyes y Doctor Atl. La exposición revisa obras fundamentales como la Casa Gálvez, la Casa-Estudio Luis Barragán, el Convento de las Capuchinas y La Cuadra, evidenciando la evolución de un lenguaje arquitectónico que integra tradición vernácula, modernidad, arte sacro y paisaje, siempre en busca de serenidad y profundidad emocional.

La segunda exposición, dedicada a Félix González-Torres (1957-1996) de origen cubano y comisariada por Pablo León de la Barra, propone un diálogo entre la obra del artista y los espacios de Barragán, tendiendo un puente entre arte contemporáneo y arquitectura. Aunque no llegaron a conocerse —pertenecían a generaciones distintas, provenían de contextos sociales y culturales diversos y desarrollaron su trabajo en ámbitos diferentes—, sus obras comparten resonancias formales y conceptuales.

González-Torres cuestionó el esencialismo del minimalismo y del arte conceptual para activar al espectador y poner en tensión la idea de la obra como objeto autónomo y cerrado. Su trabajo propone significados abiertos que se completan en cada contexto expositivo. En el patio de La Cuadra, la instalación artística se adapta de manera precisa al sitio y dialoga con su arquitectura a través de contrastes: cortinas con piezas esféricas que filtran la luz, formas circulares que interrumpen la geometría del espacio y superficies espejadas que incorporan al visitante en la obra. Estos elementos reafirman el potencial del lugar como un punto de encuentro entre memoria, arte y cultura contemporánea.

 

11.8.18

Intento de matización y precisiones a un atropello de Luis Barragán

Vía Informador México.


La fotografía que se integra en la columna corresponde a la única obra “firmada” físicamente por Barragán. El letrero de bronce está en la fachada de las casas dúplex del Parque México, en la ciudad del mismo nombre.

Por: Juan Palomar

El Mago, don Alfredo Vázquez, y su mujer, doña Luz Barragán, eran un matrimonio talentosísimo. Tenían dos casas maravillosas: la de Guadalajara, en Robles Gil, y Madero, esquina nororiente, y en la calle de Hidalgo 251 en Chapala. Ambas exquisitas, llenas de muebles preciosos y antigüedades y jardines espléndidos.

Luis Barragán era hermano de doña Luz. Y se fue a vivir a México en 1936. Pero regresaba eventualmente a casa de su hermana. A la casa de Guadalajara, y a la de Chapala. Esta última está situada en la falda del cerro de la Cruz, sobre un predio de más de media hectárea. En 1940, el trío de talentosos realizan allí una espléndida casa y un jardín importantísimo para la historia de la arquitectura mexicana y universal: el jardín del Mago. Ya se explicó en la columna de ayer el porqué de esta afirmación. Ver: "Para escándalo barraganesco, este sí vale la pena: el jardín del Mago en Chapala ahora en destrucción".


Garden at Mago Vazquez House, Chapala, Jalisco, 1940, by Luis Barragan Photograph by Sebastian Saldivar. Fuente: Pinterest.

Además, hacia 1955, Barragán recibió la comisión, por parte del Banco Internacional Inmobiliario, de hacer Jardines del Bosque. Al efecto, el arquitecto e ingeniero Barragán contrató a otro ingeniero tapatío para ser su asociado local: Yves Palomar Loriot de la Salle. Este señor era mi padre. Por él (fuente primaria) supe que LB se había acondicionado un departamento en la casa de Madero para poder estar viniendo, y que además intervino, otra vez junto con su cuñada y hermano, esa casa. La propiedad tenía un jardín estupendo con inconfundibles muros barraganescos y un estanque, una pérgola con jazmines y una entrada en pancoupé con otro infalible sello de LB: una puerta de sabino o parota con una reja con postigo por donde el que pasaba podía gozar parte de los jazmines (experiencia personal por muchos años).

Desgraciadamente esa casa fue vendida por los dueños originales y los posteriores propietarios la han maltratado atrozmente sin que el INBA haga tampoco el mínimo esfuerzo por protegerla, a pesar de que es desde 1991 del dominio público la autoría de la obra. El jardín de los muros y el estanque, por su parte, fue destruido años antes para levantar un pavoroso y muy alarmante edificito de interés social que allí puede apreciarse al día de hoy.

Para aportar más datos sobre la autoría de estas obras se transcriben las siguientes fuentes secundarias, ampliamente editadas, publicadas y distribuidas en América, Europa y Japón son, por lo menos, seis:

Luis Barragán, Obra Construida; José Álvarez Checa y Manuel Ramos Guerra; introducción de Octavio Paz. Junta de Andalucía-FATLB, Sevilla 1989.

Cartel-catálogo obra Luis Barragán en Jalisco; Juan Palomar y Alejandra Sube; Artes de México- FATLB, 1991.

Luis Barragán; José María Buendía, Juan Palomar, Guillermo Eguiarte; Prólogo de Álvaro Siza. Ed. Reverté, Barcelona-FATLB, Guadalajara, 1994, 2001, 2013.

Luis Barragán, Obra completa; Jorge Gamboa de Buen, Juan Palomar et al; introducción de Álvaro Siza. Editorial Tanáis, Madrid-Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México-FATLB, Guadalajara, 1994.

Barragán, l´espace et l’ombre, le mur et la couleur; Danièle Pauly; Ed. Birkhäuser, Basilea, Boston, Berlín-FATLB, Guadalajara, 2002.

No son pocas fuentes, ni muy recientes. La solvencia de quienes participan me imagino que acabará de quitar las dudas. La fundación suiza (Barragan (sic) Foundation) no conoce estas obras -Casas y jardines del Mago- por obvia distancia geográfica y cultural.

En el libro de Pauly, página 76, hay una nota a pie de página que transcribo: “D’après Alfredo Teio (sic) Vázquez, fils du propiétaire (….) Luis Barragán réalise la transformation du jardin vers 1940”. (Fuente primaria).

Vamos a ver si la razón, la cordura y el patrimonio logran prevalecer en el caso de estas dos obras del arquitecto más importante que este país y esta ciudad han dado. Las autoridades y los propietarios tienen la palabra (y este espacio, si lo ocupan).

jpalomar@informador.com.mx

19.3.17

La arquitectura de la nostalgia [sobre la casa de Luis Barragán]



Vía Informador.Mx, Ideas, espacio de opinión.

Por Martín Casillas de Alba (malba99@yahoo.com.mx)

Asombrado del análisis que nos ofreció la arquitecta Gabriela Bermeo durante la conferencia que dio el pasado sábado en la Casa Robert Brady de Cuernavaca, pudimos descubrir, como nunca nadie lo había hecho, varias facetas de la arquitectura de la casa de Luis Barragán en la Ciudad de México en donde ella trabaja desde hace siete años.

La arquitectura de la nostalgia fue el título de la conferencia en donde nos ofreció varias lecturas que puede tener esa casa para poder verla desde diferentes puntos de vista, sabiendo que se trata de una obra que está inscrita en el catálogo de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, única obra del siglo XX registrada en Latinoamérica.

Con el tema de la nostalgia, es decir, el anhelo por el momento o por una situación o acontecimiento del pasado, la arquitecta propuso ver la casa de Barragán, entre otras cosas, a través de la transformación que hizo desde que la construyó en 1947, hasta casi al final de su vida (1988), como si la primera versión hubiese sido el borrador de un poema-arquitectónico.

De esta manera nos fue mostrando la metamorfosis de cada una de las áreas de la casa hasta que terminó convirtiéndola en una obra de arte que todavía hoy en día nos deja con la boca abierta. Resultado de esa buena y puntual investigación, la arquitecta Bermeo mostró con fotografías el “antes” y el “después” y, mientras veíamos ese análisis comparativo, pensé que si fuera el manuscrito del poema Tierra baldía de T.S. Eliot, como lo podemos ver en el libro digital para iPad, entonces veríamos los tachones y los cambios propuestos por Ezra Pound al poema, así como, en este caso, pudimos ver las correcciones que hizo el arquitecto además de las propuestas que hizo Jesús “Chucho” Reyes, para sorprendernos de los resultados de esas transformaciones hasta llegar a ver la obra final, pulida y acabada, convertida en una joya de la arquitectura mexicana del siglo XX, una vez que hubo modificado, por ejemplo, la terraza que nada tienen que ver con el primer borrador, cuya intención era la de un palomar; o el proceso del muro entre la estancia y la biblioteca que la arquitecta Bermeo nos mostró para que pudiéramos verla desde la perspectiva personal, es decir, eso que el arquitecto veía a su altura de su metro noventa y dos centímetros.

También nos sorprendió esa otra lectura que hizo la arquitecta cuando nos muestra de qué manera los ventanales de la sala que dan al jardín corresponden a la propuesta geométrica de Pitágoras y nos demuestra cómo es que las modificaciones que hizo corresponden a la ecuación de ese teorema.

Nos presentó esos juegos con la luz y la manera como lo resuelve Barragán desde el año que la construye y habita en donde va reconociendo los hábitos diarios, entre otros, los del taller donde trabajaba por las mañanas y que, por eso, decide pintar de amarillo el techo y dejar entrar la luz natural o, la solución que encuentra en el cuarto de visitas, donde podemos ajustar la luz que deseamos según nuestro estado de ánimo.

La arquitecta conoce bien los libros de la biblioteca y aquellos que marcaba Barragán por alguna razón y, por eso, ejemplifica con algunas relaciones entre las obras plásticas y su arquitectura, por ejemplo, el rayo de luz de La Anunciación y el rayo del vestíbulo que, rebotando sobre el dorado de Goeritz, cae a cierta hora sobre aquel que esté concibiendo una buena conversación telefónica. O la obra de Chirico y su equivalente con la sombra de la terraza y, en otro libro, las tres esferas de Escher como las coloca en la mesa de la biblioteca.

Una conferencia fue un éxito pues logramos tener esas varias lecturas —objetivas y emocionales—, para que ahora podamos caminar por la Casa Barragán admirando la transformación de esa casa-poema original en una obra de arte universal.

10.3.17

Barragán, reinventor de la arquitectura mexicana


Gif animado realizado por Claudio Galeno a partir de fotografías de la Casa Gilardi publicadas en la revista L'Architecture D'Aujourd'hui nº208 de abril de 1980 en Archivo CGaleno.

Vía La Capital.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 9 de marzo de 1902, Barragán se graduó como ingeniero civil y arquitecto en 1925.

Luis Barragán, el único arquitecto mexicano que ha ganado el Premio Pritzker (1980), supo retratar en su obra el imaginario nacional más allá de lo obvio. Con la inspiración de los colores vivos y el uso de elementos de la arquitectura vernácula, desarrolló nuevos conceptos espaciales que hicieron de su obra todo un referente para muchas generaciones.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 9 de marzo de 1902, Barragán se graduó como ingeniero civil y arquitecto en 1925, tras lo cual realizó un viaje de dos por Europa, lo que cambió definitivamente su visión del urbanismo y el uso de jardines.

Ya en México, de 1945 a 1952, desarrolló el proyecto de planificación y urbanismo de los Jardines del Pedregal, fraccionamiento en el que diseñó espacios al aire libre y obras ornamentales como fuentes y rejas.Además, estableció reglas de construcción a fin de crear un ambiente armónico y salvaguardar la belleza del paisaje.

Barragán también realizó el proyecto de planificación del fraccionamiento Las Arboledas, al norponiente de la Ciudad de México, y participó en la creación del Club de Golf La Hacienda. En 1957 creó, junto con Mathias Goeritz, las Torres de Satélite.

En 1948 creó su casa-estudio, un proyecto que conjuga todos sus preceptos, con un juego de planos horizontales y verticales donde el cubo es un elemento redundante, y se establece un juego maestro entre el uso de luz natural, las texturas rugosas y los colores vivos, que en conjugación con los espacios al aire libre destinados para la contemplación dio origen al concepto de arquitectura emocional.La trascendencia de este proyecto a nivel internacional hizo que la UNESCO lo incluyera en 2004 en su lista de Patrimonio Mundial.

Otras de las obras sobresalientes del arquitecto jalisciense son la Capilla de las Capuchinas (1953), Cuadra San Cristóbal y Fuente de los Amantes (1969) y la Casa Gilardi (1976).

En 1976 el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó la primera exposición sobre su obra, lo que lo proyectó a nivel internacional. Ese mismo año, recibió en México el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Cuatro años después, ganó el Premio Pritzker, que es el reconocimiento internacional más importante en el ámbito de la arquitectura.

En 1985 recibió el Premio Jalisco y el Museo Tamayo de la Ciudad de México realizó una gran exposición retrospectiva de su obra. Dos años después, recibió el Premio Nacional de Arquitectura.

Luis Barragán murió el 22 de noviembre de 1988 en su casa-estudio, ubicada en Tacubaya, en la Ciudad de México.

9.12.16

Así se logró convertir los restos de Luis Barragán en un diamante

Vía El País.



Jill Magid contó con el beneplácito de la familia, la autorización de las autoridades de Jalisco y acabó por provocar un cisma en la fundación que preserva su legado

Una parte del arquitecto mexicano Luis Barragán (1902-1988) se acabó convirtiendo en un diamante. 525 gramos de sus cenizas se transformaron en una obra de la artista Jill Magid que numerosos críticos discuten si se puede calificar como arte. Una porción de sus restos fue exhumada y extraída de la urna en la que descansaban para formar un anillo que hoy se expone en el San Francisco Art Institute. Esta joya se ha convertido en una pieza de una exposición, al no haber logrado cumplir con la misión para la que fue creada: acabar en las manos de la coleccionista Federica Zanco, actual propietaria del archivo profesional del arquitecto.

Y es que esta obra pretendió ser mucho más que un diamante. Acabó siendo una herramienta de negociación, un regalo con el que Magid trató de convencer a Zanco para que entregase el archivo a México, según comentó la propia artista en la revista Artforum. Pero la coleccionista todavía no ha aceptado un obsequio para cuya realización se requirió del beneplácito de parte de la familia Barragán, de la autorización de las autoridades del Estado de Jalisco -que otorgaron el permiso para la exhumación- y que acabó por provocar un cisma en la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán que preserva el legado del arquitecto.

Magid también contó con la ayuda del Museo de arte de Zapopan de Guadalajara. Allí logró convencer a los familiares de Barragán, en una cena a la que invitó a 18 de sus miembros. Pintó la sala con los colores más comunes en la obra del arquitecto, sobre las servilletas fueron impresas fotografías de su archivo personal y la cerámica fue hecha a ex profeso para esta velada, según relata la propia autora en esta revista.

Mientras, la fundación se dividía entre partidarios y detractores de la propuesta. Cuatro de sus miembros dimitieron poco tiempo después de que se hiciera pública la obra de Magrid. Otros ayudaron a la artista, como Patrick Charpenel quien le facilitó el contacto de la secretaria de cultura del Estado de Jalisco, Myriam Vachez. “Se trata de una artista a la que respeto. Antes de interesarse en Barragán tenía conocimiento de su obra. Ha habido una especie de fundamentalismo sobre ella que todavía no entiendo. La pieza ha desatado las acciones más absurdas”, comenta Charpenel, exdirector del Museo Jumex.

Dolores Beistegui, Miquel Adrià, Víctor Alcérreca y Daniel Garza fueron los cuatro miembros que renunciaron a formar parte de esta fundación después de que este escándalo estallase en la prensa mexicana. Una decisión que en el caso de Adrià se debió a la tenue respuesta de la institución tras conocerse que los restos de este arquitecto se iban a convertir en una piedra preciosa.

“No se realizó ningún comunicado. En una junta planteamos que la fundación debía manifestarse, pero el posicionamiento de esta institución fue muy diplomático y en el fondo me pareció un poco cínico. Algunos de los miembros habían estado detrás de este proyecto“, asegura Adrià.

Una respuesta cuya tibieza se debió a que “la fundación no puede censurar una obra artística, ni señalar a los miembros de la familia que aceptaron el proyecto”, asegura Arabella González, presidenta de esta institución. La también fundadora de la editorial Arquitectónica defiende que nunca convocó una junta de urgencia sobre el tema porque no le llegó por una vía formal información sobre esta obra, a pesar de que a esta institución pertenecen miembros que apoyaron la labor de la artista, como Charpenel.

“Es cierto que en una reunión un miembro de la fundación dijo que Magid quería desenterrar a Luis Barragán para hacer un anillo y entregárselo a Federica Zanco. Nos reímos porque no creíamos que pudiese ser posible. Pensábamos que existían candados legales para impedirlo”, relata.

Magid era ya conocida en esta fundación a la que había pedido ayuda para sus investigaciones artísticas. Accedió al archivo personal que custodia la Casa Luis Barragán, revisó documentos y consultó correspondencia privada del arquitecto.

“A cualquier artista e investigador que presente un proyecto se le abren las puertas de la Casa de Luis Barragán. Magid no recibió ningún trato privilegiado y en cuanto a la polémica con las cenizas no estuvimos para nada involucrados. Otros artistas también han consultado los documentos que aquí custodiamos como Iñaki Bonilla que ha sido el último al que le hemos abierto el archivo”, asegura Catalina Corcuera, directora de la Casa Luis Barragán.

Esta obra, que pretendía acercar el archivo profesional de Luis Barragán a México, ha acabado por alejar a más de 2.600 Kilómetros de su Guadalajara natal una parte de sus restos. Ahora ya no descansan junto a Dr. Atl o José Clemente Orozco en la Rotonda de los jalicienses ilustres de esta ciudad del oeste de México. Se han convertido en una pieza de museo. 454 gramos de las cenizas del arquitecto han dejado de quedar al resguardo de las autoridades del Estado de Jalisco para pasar a ser propiedad de la artista y parte de la familia.

25.12.12

Se vende la Cuadra San Cristóbal de Luis Barragán en México DF


Vía Arquitectura Viva / Departures.

Equestrian estate by famed architect Luis Barragán, for sale

by Paul Wheatley | September 22nd 2012 | 11:00 am

Luis Barragán is counted as one of the great names in Mexican and world architecture. Self-taught (he had trained as an engineer) and influenced to some degree by European Modernism – particularly Le Corbusier – in the post-Second World War period, he became noted for his ability to combine elements from Mexican tradition with his own ideas of progressive design.

One of Barragán’s most renowned creations is the fantastically colourful Cuadra San Cristóbal equestrian estate, located in Mexico City. Created when Barragán was in his mid-60s, it is considered one of the architect’s great late-period designs and is now up for sale for EUR 10 million.

The estate was completed in 1968, and it clearly owes a lot more than ‘architecture as design’ for its success. Indeed, what was so special about Barragán’s best works was his vision of architecture as a work of art, though this invariably included a high degree of functionality – Cuadra San Cristóbal was, and is, after all, a working equestrian estate.

The property covers more than seven acres of land, centred on the main house, and comprises stables, a three-bedroom apartment and a two-bedroom guesthouse. Water – typically dropping waterfall-like – was a central element in Barragán’s design philosophy, and in this estate comes in the form of two L-shaped swimming pools, one for the horses with cascading water, and a smaller one for people. Highlighting the combination of functionality with artistic design, the horses enter their pool via a huge, rather minimalist rose-pink wall with scaled entrances. Additional walls in “deep purple, rust red and stark white” further showcase the architect’s focus on forms, colours and lights.

In 1980, Barragán won a Pritzker Architecture Prize, with the jury citing “his commitment to architecture as a sublime act of the poetic imagination.” Barragán’s 1948 House and Studio, now on UNESCO’s World Heritage list, was a major reason, as were innovative designs such as his Mexico City equestrian estate.