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10.8.17

Guggenheim de New York reunirá obra de Josef Albers en México

Vía El Universal (México).

La muestra aborda la relación entre la obra abstracta del artista y la arquitectura precolombina



El museo Guggenheim de Nueva York anunció hoy una exposición de la obra que Josef Albers creó durante sus frecuentes visitas a México, lo que revela la influencia que tuvo el arte precolombino en este artista de origen alemán.

Titulada "Josef Albers en México", la exposición ilumina la relación entre la obra abstracta del artista, nacido en 1888 en Alemania y fallecido 88 años más tarde en Estados Unidos, y la arquitectura precolombina, ademas de que incluye muchas fotografías nunca antes expuestas.

Abierta el público del 3 de noviembre de 2017 al 18 de febrero de 2018, la muestra contará con una selección de pinturas tempranas raramente mostradas, lienzos icónicos de sus series "Homenaje al cuadrado" y "Variante/Adobe", y obras en papel.

La exposición también incluye una rica selección de fotografías y collages de imágenes, muchos de los cuales fueron creados por Albers tras sus frecuentes visitas a sitios arqueológicos mexicanos a partir de los años 1930.

Con cartas, estudios y fotografías personales no vistas en las colecciones del Museo Guggenheim y de la Fundación Josef y Anni Albers, "Josef Albers en México" ofrece una oportunidad para descubrir el aspecto menos conocido de la práctica de este artista.

La muestra además ofrece una nueva perspectiva sobre sus obras abstractas más célebres, de acuerdo con el Guggenheim. La muestra es organizada por Lauren Hinkson, curadora asociada del museo.

Artista, poeta, teórico y profesor de artes y diseño en la Bauhaus, Dessau y Berlín, así como en varias instituciones en Estados Unidos, Albers y su esposa la artista Anni Albers viajaron a México y otros países latinoamericanos más de una docena de veces desde 1935 a 1967.

En sus visitas fue a monumentos de la antigua Mesoamérica, que los arqueólogos estaban excavando en medio de un resurgimiento del interés por el arte precolombino cultura.

En cada visita, Albers tomó cientos de fotografías en blanco y negro de las pirámides y santuarios en estos sitios, agrupando a menudo varias imágenes impresas en varios tamaños sobre hojas de cartón.

Las fotografías y los collages resultantes revelan el enfoque innovador, aunque poco estudiado de Albers, además de subrayan la importancia de la serialidad y la temporalidad dentro de su cuerpo general de trabajo, destacó el museo.

"El entusiasmo de Albers por las imágenes precolombinas puede considerarse dentro de la compleja y convulsionada historia de los artistas modernistas que miran hacia las culturas no occidentales como fuente de material", apuntó el museo.

Añadió que su obra contrasta con la de los artistas mexicanos revolucionarios a los que conoció en sus viajes, entre ellos Diego Rivera.

"Al mismo tiempo, el compromiso a largo plazo de Albers para estudiar el arte y la arquitectura mexicana lo sitúa como una figura preestablecida en la historia del arte americano posterior a la Segunda Guerra Mundial", precisó el Guggenheim.

En ese grupo se encuentran también artistas como Donald Judd, Ad Reinhardt y Robert Smithson, que miraron hacia antiguas tradiciones con una nueva sensibilidad y consciencia.

nrv

4.11.15

Bajo un mismo sol: Arte de América Latina hoy, Museo Jumex, México.

Vía unmismosol.



Bajo un mismo sol: Arte de América Latina hoy, incluye adquisiciones recientes para la colección del Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York. La exposición cuenta con dibujo, escultura, instalaciones, performance, pintura, y video; además presenta una amplia gama de enfoques y estéticas existentes en la región.

Entendiendo que América Latina no puede concebirse como una entidad única y homogénea, Bajo un mismo sol considera la diversidad de respuestas artísticas a realidades conformadas por historias coloniales y modernas caracterizadas por políticas gubernamentales represivas, crisis económicas y desigualdades sociales semejantes, así como por periodos alternos de desarrollo económico y progreso social. A pesar del crecimiento financiero y el aumento de estabilidad en la mayor parte del continente durante la última década, América Latina sigue dividida por diferencias de clases y etnias, así como marcada por la posibilidad de revueltas políticas y económicas. Bajo un mismo sol presenta obras de arte que abordan el pasado y el presente de la región, para permitirnos imaginar otros futuros posibles.

Las obras de la exposición están pensadas en torno a cinco temas entrecruzados: conceptualismos, activismo político, lo tropical, modernidades y participación. Bajo un mismo sol se presenta en diversos espacios del Museo Jumex. La mayor parte de la exposición se encuentra en la Galería 3. En la Galería 2 se presenta un conjunto de obras en video. El texto de Luis Camnitzer El Museo es una escuela está instalado en la fachada del edificio, mientras que Another Day [Otro día] de Paul Ramírez Jonas se exhibe en el lobby del Museo. La obra de Rafael Ferrer Artforhum está instalada en la librería del sótano.

Más información aquí.


Curaduría

Pablo León de la Barra
Curador de Guggenheim UBS MAP, Latinoamérica

En 2013, un comité de cinco reconocidos expertos en arte latinoamericano eligió a Pablo León de la Barra como Curador de Guggenheim UBS MAP, Latinoamérica. Actualmente, León de la Barra está realizando una residencia de dos años en el Museo Guggenheim de Nueva York y es el curador de Under the Same Sun: Art from Latin America Today, la segunda exposición de la Guggenheim UBS MAP Global Art Initiative enfocada en el arte contemporáneo y los artistas de América Latina. León de la Barra,nació en la Ciudad de México en 1972, tiene un Doctorado en Historias y Teorías de la Architectural Association en Londres (Inglaterra).

En la última década, León de la Barra ha sido curador y co-curador de más de una docena de exposiciones en diversas instituciones, entre las que destacan: David Roberts Art Foundation y Architecture Foundation en Londres, Inglaterra; Centre d’Art Contemporain en Ginebra, y Kunsthalle Zürich, Suiza; Apexart y Art in General en Nueva York, EEUU; Casa Luis Barragán, Casa del Lago y Museo Tamayo Arte Contemporáneo en la Ciudad de México; Museo La Ene en Buenos Aires, Argentina; Museu Carmen Miranda en Río de Janeiro, Brasil; Beta Local en San Juan, Puerto Rico; Centro Cultural de España en la Ciudad de Guatemala, Guatemala; La Casa Encendida en Madrid, España; y el Proyecto AMIL en Lima, Perú; entre otros.

En Londres fue miembro fundador de 24-7, un colectivo de artistas y curadores (2002-2005); Director artístico de Blow de la Barra Gallery (2005-2008); y fundador y co-curador del espacio de arte comunitario White Cubicle Gallery (2005-2012). Asimismo, fue fundador del Novo Museo Tropical y curador de la Primera Bienal Tropical en San Juan, Puerto Rico (2011). León de la Barra forma parte de los comités consultivos de Cisneros Fontanals Art Foundation en Miami, Estados Unidos, y en la Fundación Luis Barragán en la Ciudad de México.

León de la Barra ha participado en diversas conferencias y simposios internacionales como: Serpentine Gallery Marathon en Londres, Inglaterra (2008, 2010, 2011); Cisneros Seminar en Caracas, Venezuela (2012); Temas Centrales, TEOR/éTica, en Costa Rica (2012); Rethinking Latin American Art Symposium, MOLA en Los Ángeles, EEUU y MALI en Lima, Perú (2011); Video Brasil en São Paulo, Brasil (2011); y The Curators, Witte de With en Rotterdam, Holanda (2009).

En 2012, León de la Barra recibió el primer Premio de viaje de la Colección Patricia Phelps de Cisneros para América Central y el Caribe en honor a Virginia Pérez-Ratton.

Además de escribir para diversos medios alrededor del mundo, León de la Barra escribe en su blog: Centre for the Aesthetic Revolution.

13.8.14

Constelación latina: 'Bajo el mismo sol' lleva al Guggenheim neoyorquino el arte latinoamericano de hoy


Installation view: Under the Same Sun: Art from Latin America Today, Solomon R. Guggenheim Museum, New York, June 13–October 1, 2014
Photo: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation

Vía El País.

¿Cuándo una identificación geopolítica pasa de ser una estrategia coyuntural de representación para transformarse en una fórmula aceptable? La pregunta la formulo en el contexto de la exposición Bajo el mismo sol: arte de Latinoamérica hoy —que el comisario Pablo León de la Barra ha organizado para el Museo Guggenheim Nueva York— porque, a pesar de la favorable opinión que merece la muestra, me parece que las cartografías de nuestro tiempo, y las que exploran los artistas involucrados en esta muestra, han venido experimentando un giro que articula una ruptura con lo geográfico, a partir de formulaciones, posiciones y lenguajes abiertos o inconcluyentes de reconocimientos, identificaciones o proyecciones, ya sean locales o transnacionales, con Latinoamérica.

Para empezar, la muestra se enmarca en “La iniciativa de arte global Guggenheim UBS Map”, que según Jürg Zeltner, CEO del UBS Wealth Management, se propone transmitir “una visión completa de las regiones más dinámicas y evolutivas del mundo” y alinear “una perspectiva global y cultural con nuestra experiencia en los mercados emergentes”. ¿Totalizar y homogeneizar económicamente la diversidad cultural? ¿Aplicar una fórmula Monsanto al arte? Desde luego esa no es la intención del comisario, sino la finalidad condescendiente de esta iniciativa que el Guggenheim ya ha extendido hacia Asia y que próximamente se ocupará de África. Para León de la Barra, por el contrario, la exposición “puede entenderse como un intento de redefinir los mapas culturales dentro de las Américas, de eliminar fronteras y de crear nuevas relaciones entre diferentes centros artísticos”. “A pesar de las contradicciones y conflictos en nuestras historias tanto coloniales como modernas y de las peculiaridades que deben ser reconocidas y respetadas”, para este comisario de origen mexicano y también de pasaporte británico, “todos vivimos bajo el mismo sol y debemos aprender a reconocer que lo que está ocurriendo en otros lugares es tan importante como lo que está ocurriendo en nuestro entorno inmediato”.

Para ello, De la Barra ha desplegado casi medio centenar de obras de más de cuarenta artistas en las salas del segundo y cuarto pisos del museo, adyacentes a la rotonda principal del legendario Guggenheim neoyorquino (y no es que los latinoamericanos no hayan hecho todavía méritos para exponer en el mítico espacio principal; Nancy Spector organizó una muestra de Félix González-Torres en 1995). El despliegue es, pues, algo apretado, aunque preferible, en este caso, a ese devanado y tortuoso remolino de Frank Lloyd Wright que engulle todo lo que no lo asuma o lo transforme irreconocible. Y esa escasez de espacio —agotado este hasta lo insospechado entre pasillos y barandas—, apenas si permite distinguir dónde empiezan las diferencias de lo que De la Barra entiende por conceptualismo, modernismo o participación, o dónde terminan las del activismo político o la tropicología, que son los temas abiertos entre los que el comisario quiere articular la muestra. Ello, en todo caso, nos ayuda a establecer nuestras propias lecturas y narrativas, y a involucrarnos, “física y mentalmente”, como expresamente desea el comisario, para entrar a formar parte activa de la exposición.

La muestra se propone establecer una relación entre artistas de generaciones anteriores como Rafael Ferrer, Luis Camnitzer, Juan Downey, Marta Minujín, David Lamelas o Alfredo Jaar —sus ideas, formulaciones o resoluciones políticas y discursivas— con generaciones más recientes, como las de Javier Téllez, Paul Ramírez Jonas, Donna Conlon y Jonathan Harker, Tania Bruguera, Minerva Cuevas, Regina José Galindo, Mariana Castillo Deball, Mario García Torres o Carlos Motta, que abarcan tanto y con la misma complejidad y rigor que aquellos. Se agradece también la presencia ineludible, interactiva, de Carlos Amorales, Rivane Neuenschwander, Amalia Pica y Carla Zaccagnini, así como las complejas sutilezas de Wilfredo Prieto, Damián Ortega, Jonathas de Andrade, Tamar Guimarães o Erika Verzutti. Dominique González-Foerster es, sin duda, la invitada sorpresa en una reunión heterogénea y relevante donde podríamos echar de menos a tantos artistas como los que están presentes. Pero esa sería otra historia.

Por lo demás, esta muestra de instalaciones, pinturas, fotografías, esculturas, vídeos y dibujos, que a veces provoca y otras veces invita a reflexionar, que a veces suena y otras veces denuncia o nos permite jugar, no se propone unificar ni resumir nada, sino reflejar aproximaciones y contigüidades, fragmentaciones y discontinuidades, a veces polifónicamente y otras veces apelando a heterotopías.

El análisis que despliega De la Barra tampoco trata de contextualizar históricamente las obras que presenta, ni las condiciones de su producción, sino como ejemplos de la actualidad, insinuando cómo ciertas situaciones y sucesos políticos, económicos, sociales o culturales han afectado, se reflejan o se referencian en el arte y la producción de estos artistas latinoamericanos contemporáneos. Precisamente en estos argumentos descansa la relevancia y la probable influencia de esta muestra, inconclusa porque apunta hacia su propia continuidad.



Under the Same Sun: Art from Latin America today. Museo Guggenheim Nueva York. Hasta el 1 de octubre. La muestra viajará al Museo de Arte Moderna (MAM) de São Paulo y al Museo Jumex de la Ciudad de México en 2015.

11.9.12

Arquitectura habitada, a partir de 20 de septiembre en el Guggenheim Bilbao



El Museo Guggenheim Bilbao presenta el 20 de septiembre de 2012: Arquitectura habitada


Fecha inauguración: 20 de septiembre de 2012 Comisaria: Lucia Agirre

Ubicación: Salas: 301, 302, 303 y 304

La muestra acoge seis obras de la Colección Propia del Museo, la mayoría de ellas no exhibidas con anterioridad: Liam Gillick, Doris Salcedo, Cristina Iglesias, Mona Hatoum y Pello Irazu.

La exposición reflexiona sobre el concepto de arquitectura, de espacio y su potencial para narrar una historia existente o que está a punto de ser creada por el espectador.

El Museo Guggenheim Bilbao presenta, del 20 de septiembre de 2012 al 19 de mayo de 2013, Arquitectura habitada, una nueva muestra de obras pertenecientes a la Colección propia del Museo Guggenheim Bilbao que reflexiona en torno al concepto de arquitectura y su capacidad para sugerir un pasado o un presente creado por nosotros y nuestras relaciones con los demás. Arquitectura entendida en los mismos términos que planteó en 1881 William Morris, impulsor del movimiento Arts and Crafts: “todo el ambiente físico que rodea la vida humana: no podemos escaparnos de la arquitectura mientras formemos parte de la civilización, porque la arquitectura representa el conjunto de modificaciones y alteraciones introducidas en la superficie terrestre, para satisfacer las necesidades humanas, exceptuando sólo el puro desierto”. Por tanto es una arquitectura que abarca no sólo los edificios o construcciones habitables, sino las ciudades, sus calles, mobiliario y, en definitiva, todo aquello creado por la mano del
hombre.

La exposición incluye seis obras pertenecientes a la Colección del Museo de cinco artistas internacionales que reflexionan en torno a la ocupación del espacio como lugar de narrativas ya existentes o que están a punto de ser creadas por el espectador.

Con ocasión de esta muestra, se presentan por primera vez en el Museo Guggenheim Bilbao las obras: ¿Cómo te vas a comportar? Un gato de cocina habla (How are you going to behave? A kitchen cat speaks, 2009) del artista británico Liam Gillick; Sin título, (2008), de Doris Salcedo; Hogar (Home, 1999) de Mona Hatourm; y Formas de vida 304 (Life Forms 304, 2003), de Pello Irazu. Completan la exposición los trabajos de Cristina Iglesias, Sin título (Habitación de alabastro), 1993 y Sin título
(Celosía II), 1997.

En la sala 303 se expone la obra ¿Cómo te vas a comportar? Un gato de cocina habla ( How are you going to behave? A kitchen cat speaks, 2009) producida originariamente para el pabellón alemán de la Bienal de Venecia de 2009 por el artista británico Liam Gillick (Aylesbury, 1964) y donada al Museo Guggenheim Bilbao. Esta instalación consta de una cocina modular realizada en madera de pino, basada en la cocina Frankfurt, diseñada en los años veinte por la arquitecta y activista antinazi Margarete
Schütte-Lihotzky para un complejo de viviendas sociales. En este trabajo, Liam Gillick evoca la utopía moderna del acceso al diseño de calidad y el discurso moderno sobre el espacio habitable, temas recurrentes en su trayectoria artística. Dentro de la instalación, un gato disecado, sentado sobre uno de los módulos, habla al observador de encuentros, relaciones; utopía y melancolía; sueños y desilusiones; el paso del tiempo y la transformación, llenando de sonido el espacio expositivo y la mente del
espectador.

La sala 302 acoge dos obras de Cristina Iglesias y la escultura Sin título (2008) de Doris Salcedo (Bogotá, 1958). El trabajo de la artista colombiana es parte de una serie, aún en curso, iniciada en 1989; la más extensa hasta la fecha. Se trata de un amplio conjunto de ensamblajes en los que el mobiliario doméstico se utiliza como vehículo para explorar la convulsa historia política de su Colombia natal: “todas las obras que he hecho hasta ahora contienen evidencias de primera mano de una víctima real de la guerra en Colombia". En la pieza de Doris Salcedo el mobiliario envejecido por el uso se combina de forma híbrida y dislocada, sus cavidades y superficies fraccionadas se recubren de hormigón; a través de sus cualidades materiales, las formas resultantes funcionan como testigos mudos de experiencias traumáticas, tanto personales como colectivas.

Frente a ella se presenta la obra Sin título (Celosía II, 1997) de la artista vasca Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) en la que reinterpreta el característico enrejado de los confesionarios de las iglesias católicas o de los serrallos musulmanes, pervirtiendo su funcionalidad al impedir que este objeto escultórico pueda ser habitado y, por lo tanto, planteando una visión desierta y unidireccional del
exterior al interior de la misma. Estas limitaciones incomodan nuestra curiosidad, plantean una ausencia de interlocutor y, como el título indica con el doble significado de la palabra celosía, nos habla de deseos no cumplidos, recelos e inquietudes y anhelos no correspondidos. Cristina Iglesias otorga a estos enrejados una condición casi primigenia, con un acabado que evoca al adobe, a las
construcciones más naturales, al mismo tiempo que esconde en ellos palabras fragmentadas a las que intentamos dar un significado, una historia o un pasado, aunque de nuevo nuestras expectativas queden truncadas. Una arquitectura que no puede ser habitada pero que se define precisamente por las historias y deseos no cumplidos. También de Cristina Iglesias, la obra Sin título (Habitación de alabastro, 1993), suspendida de la pared, presenta una arquitectura abierta y translúcida, en la que el
espectador se ve protegido por la consistencia y fragilidad del alabastro. Este delicado y firme refugio nos pone en relación con el entorno, lo modifica y se ve modificado por las condiciones del mismo; la única limitación es la de nuestra historia personal.

La obra Hogar (Home, 1999) de la artista británica de origen libanés Mona Hatoum (Beirut, 1952), que ocupa la sala 301 del Museo, se compone de una mesa sobre la cual reposan varios utensilios de cocina conectados entre sí mediante pinzas y cables de metal, que a su vez están enchufados a una toma de corriente. A través de un programa informático la electricidad alimenta pequeñas bombillas ocultas bajo algunos de los objetos a frecuencia e intensidad variables, mientras el zumbido de la corriente eléctrica se amplifica mediante altavoces. El conjunto queda acotado con una serie de cables de acero horizontales que separan al espectador de estos objetos potencialmente letales. En esta instalación, Mona Hatoum, al igual que en otras obras claves de su trayectoria artística, genera un escenario inquietante y amenazador que contrasta con la imagen de confort y seguridad que acompaña al espacio de lo doméstico e incide en una de sus principales constantes: el deseo de activar una respuesta emocional en el espectador a través de la creación de entornos a medio camino entre la atracción y la
repulsión, entre lo conocido y lo extraño.

Por último, el artista guipuzcoano Pello Irazu (Andoain, 1963) transforma el espacio expositivo con Formas de vida 304 (Life Forms 304, 2003). La arquitectura de la galería 304 forma parte de la instalación mediante una pintura mural que rodea al espectador a modo de pentagrama, modificando nuestra percepción del espacio. Mientras tanto, el objeto construido, que ocupa el espacio central de la sala, se convierte en un refugio intransitable y de apariencia inestable en el que la combinación de
diferentes materiales y colores produce la sensación de una deconstrucción previa a la reconstrucción, de materiales reutilizados en espacios o arquitecturas antes habitadas.

Esta exposición brinda al espectador la oportunidad de reflexionar, a través de cinco artistas claves de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao, sobre el espacio y su ocupación a través de la experiencia, la historia o las relaciones de las personas. Todas las arquitecturas tienen su historia - de lo doméstico o de lo público, del ser humano aislado o en grupo- pero es siempre una historia de la transitoriedad, de lo vivido en un determinado momento o que está a punto de escenificarse en la visita a esta exposición.