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29.7.17

Estudian los antiguos cines del norte de Chile


Gif animado teatros Región de Antofagasta: Chacabuco, Nacional, Chile, Metro y Pedro de Valdivia (Alfa). Elaborado por Claudio Galeno.

Vía UCN al día.

Fecha: 5 julio, 2017

Investigación cuenta con la colaboración del Dr. Claudio Galeno, académico de la Escuela de Arquitectura.

Patrimonio, historia y variadas vivencias son el legado de los antiguos cines de la Región de Antofagasta, de los cuales quedan como testimonio algunos de sus edificios, mientras que otros cambiaron su uso o fueron demolidos para luego dar paso a distintas actividades económicas.

Recogiendo antecedentes de estos edificios, los que en el caso de las salitreras y campamentos mineros fueron declarados monumentos nacionales, visitó Antofagasta el destacado arquitecto argentino, Dr. Marcelo Vizcaíno, quien desarrolla una investigación sobre el cine en Chile.

En el estudio, que abarca parte importante de la zona norte, cuenta con el apoyo como investigador asociado del arquitecto, Dr. Claudio Galeno Ibaceta, Director del Programa de Magíster en Arquitectura de la Escuela de Arquitectura de nuestra Universidad.

PATRIMONIO
El Dr. Marcelo Vizcaíno recorrió Antofagasta, María Elena, Pedro de Valdivia, Chuquicamata y Chacabuco, localidades que cuentan con salas emblemáticas que estuvieron vinculadas a la producción minera, contando con instalaciones en los respectivos campamentos mineros.

La mayoría fueron declaradas monumentos históricos, como son los cines de las salitreras y de Chuquicamata, los cuales forman parte del patrimonio arquitectónico del norte de chile. En la actualidad no están en uso, pero sí son resguardados en términos de su declaratoria.

La investigación busca relevar los antiguos cines y su aporte a la cultura y a la arquitectura de las ciudades donde estuvieron insertos.

El Dr. Claudio Galeno explicó que el trabajo considera un inventario con fichas de los distintos edificios. De esta forma, se contará con un registro con información de los edificios donde funcionaron los cines, incluyendo en su contenido el material visual, fotografías, planimetría, fechas y arquitectos, entre otros detalles.

Los investigadores esperan publicar un libro que cuente la historia de estos centros cinéfilos, incluyendo los cines de las zonas norte, central y sur del país.

“Es importante poder declarar lo que hay y protegerlo. Por ejemplo, el ex Cine Nacional de Antofagasta, que puede ser declarado Monumento Histórico. El edificio de calle Sucre comenzó su construcción en 1930, finalizando en 1936. Este el último exponente de esta cultura en nuestra ciudad, donde en la década de 1920 hubo una industria cinematográfica con varias empresas haciendo películas, pero al llegar el sonido en los filmes con una tecnología más sofisticada, se modifica el formato coincidiendo con el cambio del cine mudo al sonoro, y la crisis del salitre”, señaló el académico de la UCN.

PROYECTO
El trabajo del Dr. Vizcaíno comenzó trabajando con los cines en Santiago junto a sus alumnos memoristas. La iniciativa consideró detalles de cómo se podían reciclar o reutilizar estos recintos que son lugares comunes, y parte de las vivencias del público. Fue en estas salas donde muchos se conocieron, y también son recordados por las películas emblemáticas exhibidas en alguna oportunidad.

Posteriormente, el profesional argentino radicado en Chile, postuló a fondos culturales para realizar una investigación sobre los cines y su arquitectura en el territorio nacional, la que fue iniciada en 2016. Fue así como llegó a la capital regional, para visitar en terreno estas antiguas instalaciones.

SEMINARIO
El Dr. Vizcaíno, académico del Campus Creativo de la U. Andrés Bello, junto a Patricia Méndez, académica de la U. del Bío Bío, expusieron en relación a la arquitectura y el cine en la Escuela de Arquitectura de la UCN. En la ocasión, abordaron los temas “Palacios plebeyos, memoria material de los cines en Santiago”, y “Cines en argentina. Patrimonio del siglo XX”, respectivamente.

5.9.14

Los primeros balnearios de Antofagasta: arquitectura y cuerpo con los pies en el agua. Por Claudio Galeno Ibaceta. The Antofagasta first hot springs: architecture and body with feet at ocean.



Vía Agenda Antofagasta.

Antofagasta está indisolublemente enlazado al mar. Desde que se determinó que “La Poza” podía albergar muelles para embarque de minerales, mercancías y pasajeros, su historia quedó conectada con el mundo a través del océano.

Si bien estas relaciones sostenidas en el transporte podrían ser catalogadas de funcionales, también constituyeron imagen urbana, ya que varios de los principales edificios estaban vinculados a este espacio de muelles que recibía el viajero y el inmigrante por la puerta de entrada a la ciudad y al desierto. En ese sentido, la densidad de muelles, grúas, embarcaderos, varaderos, botes y lanchones, su fachada marítima que se repletaba de construcciones horizontales, era su rostro de bienvenida, había una ciudad en el agua.

Mientras que el territorio marino que se expandía desde La Poza era de dominio de los navegantes, algunas partes de la orilla fueron siendo domesticadas como lugares de ocio. En el plano de Francisco Vidal Gormaz de 1880, aunque recién aparecen dos muelles, ya aparecen algunas estructuras de baños. Uno de ellos está dibujado sobre la playa, frente a un canal que se formaba entre la orilla y la isla de rocas al lado suroeste de La Poza, y el otro quedaba cercano al Fuerte Sur y al Matadero, en una zona de expansión urbana, en el remate de la actual calle 21 de Mayo.

En el plano de 1895 de Nicanor Boloña, ya hay seis muelles, y sobre la isla un faro. Seguían figurando los mismos balnearios, el situado sobre el canal frente a la isla, que fue llamado Baños del Rhin, y el del Fuerte Sur, nombrado como Baños de Orchard.

El registro fotográfico de los Baños del Rhin, lo muestra como una construcción palafítica con un pasillo perimetral con algunas cortinas sobre la playa que avanza sobre el canal, desde el cual escaleras y trampolines acercaban a agitados bañistas al agua, mientras algunas personas con traje y sombrero observan la escena. Esta imagen revela un particularidad de esos precursores bañistas, en su mayoría son hombres jóvenes y niños.

Un plano de 1903, que registra ocho muelles en La Poza, muestra que a los lados de los Baños del Rhin se han instalado el muelle Yungay y una construcción que debe corresponder al Hotel Maury. Además por el suroeste, en el remate de calle Prat aparecieron los Baños del Manzano. En la isla estaba el faro y una casita a la que se podía llegar mediante un esquelético puente. Siguiendo por la costa hacia el sur había otro espacio de baño en la manzana al borde entre las calles Washington y Orella, mientras que se mantiene el baño de la poza de 21 de Mayo con Condell.

En torno a 1910 y a las celebraciones del Centenario, en La Poza se edificó una nueva fachada marítima (waterfront) con la inclusión de la Gobernación y el Resguardo (arq. Leonello Bottacci). Algunos años después, en el completo mapa guía de Roberto Bertini y Abd-El-Kader de 1914, fueron incluidos el Hotel Maury y a su costado sur los Baños del Manzano. La estructura palafítica del Maury, el hotel preferido por los británicos y por Pablo Neruda, era de dos pisos con galerías-balcones que enfrentaban el mar y estaba montada sobre el canal. Las fotos de época muestran que poseía sus propias escaleras que permitían a los bañistas disfrutar del agua, mientras que desde los balcones algunos observadores apreciaban la escena.

En el mismo plano-guía, más hacia el sur, los Baños de Orchard ahora aparecen como los Baños del Danubio. Este último sitio es representando como una pequeña entrada de mar con algunas estructuras, mientras que la fachada urbana era la de un edificio. El perfil cosmopolita de los bañistas y observadores queda manifiesto en los nombres de los balnearios, el Danubio y el Rhin, dos de los principales ríos europeos.

Los baños en la orilla fueron lugares necesarios para los habitantes de una ciudad agreste, con un ambiente de trabajo duro y con una costa eminentemente rocosa. Las estructuras lúdicas que acercaban a las pozas eran un espacio de encuentro entre el cuerpo y el agua, incluso precursoras a la emergente cultura del ocio de la modernidad.