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1.2.20

La arquitectura más atractiva del planeta está en la Antártica

Vía La Prensa Austral.

¿Quién dijo que una base de investigación polar tenía que ser fea? Los diseñadores están repensando la construcción en el entorno más hostil del mundo.


Imagen vía El Independiente.

Los representantes de la comunidad científica y del gobierno de Brasil viajaron a mediado de este mes a la Antártica a inaugurar su nueva base de investigación Comandante Ferraz, la cual viene a remplazar las instalaciones que se perdieron en un incendio en el año 2012. Los dos edificios de poca altura, diseñados por Estudio 41, un despacho brasileño de arquitectura, tienen laboratorios, asistencia operativa y alojamientos, y podrían confundirse con un museo de arte o un hotel boutique.

“Brasil es un país tropical, así que no estábamos habituados a estas condiciones”, señaló Emerson Vidigal, director de esa empresa.

“Estas condiciones”: temperaturas que descienden a 51 grados Celsius bajo cero y vientos que alcanzan los 160 kilómetros por hora.

A lo largo del siglo XX, la arquitectura en la Antártica fue un asunto práctico y, en gran parte, improvisado, que tenía por objeto resguardar del clima y mantener vivos a los ocupantes. En 1959, el Tratado Antártico destinó ese continente a la investigación. Desde entonces, los científicos han llegado en cantidades cada vez más grandes, con necesidades cada vez más complejas. La construcción en la Antártica, que por mucho tiempo perteneció al ámbito de los ingenieros, ahora está atrayendo a arquitectos diseñadores que quieren trasladar la estética —al igual que la eficiencia, la durabilidad y el aprovechamiento de energía— a la zona más fría del planeta. “Como arquitectos, nos interesa la comodidad de la gente, así que nos propusimos crear un tipo de ambiente propicio para el bienestar”, comentó Vidigal.

Cuando los exploradores británicos construyeron ahí una de las primeras estructuras permanentes en 1902, la aislaron con fieltro y la revistieron con madera. La cabaña era “tan fría y entraba tanto viento en comparación con el barco que, durante el primer año, nunca se habitó”, recordó Ernest Shackleton, uno de los miembros de la tripulación de esa expedición. Cuando la acumulación de nieve obstruía el paso por la puerta, el equipo utilizaba una ventana para entrar y salir.

Ese espíritu de improvisación continuó durante décadas. En 1956, la organización británica Royal Society fundó la base Halley, pero, para 1961, sus instalaciones habían quedado enterradas bajo la nieve y cerraron en 1968. La base Halley II que la remplazó fue reforzada con soportes de acero, pero su vida útil fue todavía más corta, de 1967 a 1973. Halley III duró once años, Halley IV duró nueve y Halley V, casi quince, y cada trabajo de reconstrucción fue una tarea costosa y complicada.

Cuando surgió la necesidad de construir una nueva base Halley en 2005, la Prospección Antártica Británica, la cual gestiona la ocupación del espacio del Reino Unido en la Antártica, adoptó un enfoque novedoso y colaboró con el Real Instituto de Arquitectos Británicos para patrocinar un concurso de diseño. La empresa ganadora, Hugh Broughton Architects, diseñó la base Halley VI para que durara al menos 20 años.

Además de ser visualmente atractiva, Halley VI ofrece un ambiente más cómodo para vivir y trabajar. Está montada sobre pilotes hidráulicos, lo que permite que los operadores la eleven para sacarla de la nieve acumulada. Además, si es necesario mover toda la estación —que está asentada sobre una plataforma de hielo—, esto puede hacerse gracias a unos esquíes que hay en la base de esos pilotes. “Con anterioridad, estos proyectos solo pretendían ofrecer un resguardo del clima”, comentó Broughton. “Se les decía a los ingenieros: ‘Este es el clima, esta es la velocidad del viento, estas son las limitaciones’. Pero ahora estos proyectos pretenden usar la arquitectura como medio para mejorar tanto el bienestar como la eficiencia de la operación”.

Otros países ya se han sumado. En 2018, España abrió una nueva base de investigación y contrató a la empresa de Broughton para diseñarla. Al igual que Halley VI, tiene una silueta marcada y sus edificios modulares están revestidos con paneles rojos de plástico reforzados con fibra.

Estos edificios no solo tienen que soportar algunas de las condiciones climáticas más extremas del mundo, sino que los materiales de construcción tienen que enviarse y armarse en las escasas doce semanas del verano. La mayoría de los proyectos se construyen paulatinamente en el transcurso de varios años.

Cuando el Centro Nacional de Investigación Antártica y Oceánica de India decidió construir una nueva base de investigación, la empresa de arquitectura que eligió —bof architekten, de Alemania— ideó una manera para que la construcción fuera más eficiente. En vez de enviar a la Antártica contenedores de transporte llenos de materiales de construcción y luego regresarlos vacíos, los arquitectos integraron los contenedores de envío al diseño. “No es una de esas situaciones en las que despiertas y dices: ‘Quiero construir una base de investigación en la Antártica’, pero los arquitectos hicieron aportaciones importantes a estos proyectos”, comentó Bert Buecking, socio de bof architekten.

Para Estados Unidos, la arquitectura en la Antártica es algo urgente. La estación más grande de Estados Unidos, McMurdo, se inauguró en 1956 como una base naval improvisada, creció de acuerdo con las circunstancias durante décadas y ahora hay que modernizarla.

“Con el fin de prepararse para el trabajo de campo, los científicos reciben capacitación en un edificio, recogen el equipo para el campo en otro, reciben una motonieve en otro edificio y le ponen combustible en otro sitio”, dijo Ben Roth, gerente de proyectos de Antarctic Infrastructure Modernization for Science, el programa de la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF, por su sigla en inglés) que modernizará la estación McMurdo durante la próxima década.

Roth calificó a los edificios existentes como “acaparadores de energía”, y otros funcionarios de Estados Unidos creen que eso genera problemas adicionales para la investigación científica en la estación. “Cuanto más gastamos para mantener en funcionamiento el edificio, menos recursos tenemos para mandar a los investigadores al área”, afirmó Alexandra Isern, directora del Departamento de Ciencias de la Antártica en la NSF.

En 2012, la NSF contrató a OZ Architecture, una empresa con sede en Denver, para desarrollar un diseño conceptual preliminar para una nueva estación McMurdo. Un equipo independiente de arquitectos y constructores está trabajando en el desarrollo de esos diseños. El complejo resultante ofrecerá “instalaciones cómodas”, señaló Roth, las cuales incluirán centros de acondicionamiento físico, salas de estar y alojamientos optimizados.

Broughton observó con interés “la forma tan radical en que ha cambiado el enfoque de estos proyectos en tan poco tiempo”. Como dijo Buecking, “cuando el Reino Unido construyó la base Halley VI, muchos países se dieron cuenta de la importancia de hacer algo especial, y no hacer algo así nada más”.

9.8.12

Residencias Antárticas (postulación) desde el 7 de agosto al 26 de septiembre.


El Consejo de la Cultura y las Artes abrió este martes 7 de agosto una convocatoria para que artistas de todo el país realicen residencias artísticas en la Antártica durante el verano de 2013, generando así una mayor cercanía con el continente blanco, en lo que de seguro será una experiencia única para los creadores.

El llamado a participar es de carácter nacional, está abierto a representantes del área de las artes visuales y tiene como propósito la generación de obras que permitan vincular ala Antárticacon la ciudadanía nacional e internacional y acrecentar el sentido de pertenencia en torno a este alejado territorio. Por esta razón, quienes sean seleccionados para desarrollar la residencia deberán explicitar su experiencia en una creación orientada a hacer visible y propiciar el conocimiento de su patrimonio.

El Ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, destacó la importancia de esta iniciativa que “contribuirá a una mayor integración del Continente Blanco al imaginario de nuestro país, de manera que los chilenos reconozcan y vinculen este territorio con nuestra historia e identidad, y además, aprecien su valor natural y científico”.

El concurso es organizado por el Consejo de la Cultura y las Artes de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, en el marco del programa Sello Regional bajo el componente Proyecto A, y las postulaciones se podrán realizar hasta el 26 de septiembre del presente año.

Según lo establecido en las bases, a esta iniciativa podrán postular los artistas chilenos mayores de 18 años. La modalidad de residencia será única y con una permanencia en la Antártica de aproximadamente un mes en las instalaciones chilenas de las Fuerzas Armadas, hasta donde serán traslados en una travesía marítima a bordo del Rompehielos Almirante Viel de la Armada de Chile. Los costos relacionados con la alimentación, hospedaje y apoyo logístico de la residencia, serán de responsabilidad del Consejo de Cultura.

El “Proyecto A” de residencias en la Antártica tuvo una primera versión el presente año con artistas de la Región de Magallanes: Andrea Araneda(artes visuales), Marcela Alcaíno (orfebre), Mauricio Valencia (pintor) y Cristian Cvitanic (fotógrafo), además de Sergio Lay (pintor y fotógrafo), quienes efectuaron un recorrido de inspiración por esas tierras. Tras esa vivencia expusieron sus obras en el Centro Cultural Estación Mapocho, donde plasmaron su sensibilidad en trabajos que apuntaron a transmitir la identidad Antártica.

Los resultados del concurso de residencias se darán a conocer el próximo 9 de octubre en este sitio web y se seleccionarán tres proyectos que serán exhibidos en julio de 2013 en el Museo de Bellas Artes de Santiago y con posterioridad en el Museo Regional de Magallanes.

Este certamen cuenta con el apoyo del Instituto Antártico Chileno (Inach), la Fuerza Aérea de Chile, Armada de Chile y el Ejército de Chile.

Descarga:

Bases Proyecto A

Ficha de postulación

Resolución que aprueba las bases Proyecto A