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16.3.17

Feininger, en busca de las formas puras

Vía ABC.

Feininger, en busca de las formas puras

Feininger: dibujante, caricaturista, pionero del cómic, grabador, fotógrafo, músico y pintor. Prolífico y «degenerado», casi un desconocido en España. La Fundación Juan March pone remedio


«IV B (Manhattan)», tinta y acuarela de 1937, de Lyonel Feininger

Por JOSÉ JIMÉNEZ 15/03/2017.

Lyonel Feininger: un artista entre dos mundos, que va y viene. Nacido en Nueva York (1871), sus padres -músicos alemanes- quisieron que se trasladara a Alemania, adonde llegaría en 1887, con tan sólo dieciseis años, para que pudiera completar allí su formación musical. Sin embargo, Feininger eligió la vía del arte y el dibujo, y acabaría convirtiéndose en una figura protagonista de la vanguardia artística alemana. Tras la llegada al poder de los nazis, y después de que sus obras fueran incluidas entre las que estos calificaron como «arte degenerado», Feininger partió en junio de 1937 hacia Estados Unidos, donde viviría ya hasta el final de sus días, en 1956. Ir y venir. Inestabilidad que expresa la terrible condición de la existencia humana en esa primera mitad de un siglo XX desgarrado por las más violentas y destructivas guerras mundiales.

En un ir y venir

La excelente exposición de la Fundación Juan March, primera retrospectiva en España de este artista, permite una reconstrucción sumamente completa de una trayectoria creativa que, en ese ir y venir, se abre también a los registros plurales que los nuevos soportes expresivos fueron propiciando desde el último tercio del siglo XIX, con la expansión de la tecnología y la formación de las grandes ciudades. Con cerca de 400 obras y documentos, la muestra nos permite apreciar esa pluralidad de soportes artísticos en los que Feininger desplegó su expresión: dibujante, caricaturista, pionero del cómic, grabador, fotógrafo y pintor.

Sin olvidar su interés en la fabricación de maquetas (trenes, barcos), de muñecos, de marionetas. O su permanencia en la música. Registros que, en conjunto, nos permiten considerar los ecos, reflejos y afinidades existentes entre su persona y Paul Klee, con quien compartiría espacio y años de trabajo en la Bauhaus. Es importante también mencionar la gran calidad de las dos publicaciones editadas con motivo de la exposición: además de un magnífico catálogo en gran formato y con textos de diversos especialistas internacionales en la obra de Feininger, la traducción y publicación semifacsímil del libro Lyonel Feininger. La ciudad en los confines del mundo, cuya edición original al cuidado de uno de sus hijos -T. Lux Feininger- apareció en 1965.

En mi opinión, la raíz de todo el juego expresivo de Feininger se sitúa en el dibujo, donde alcanza sus cotas artísticas más elevadas, y que se despliega, en proyección, en sus acuarelas y estampas.

Dibujo que dialoga con un mundo en transformación, el de las grandes ciudades y los viajes y desplazamientos, y que por ello debe abrirse al más intenso dinamismo de la expresión, en lugar de situarse en la estabilidad y en la quietud. El alargamiento de figuras y formas, la desmesura grotesca de personas y edificios en la gran ciudad, nos muestran, en un giro expresionista, el eco interior de lo que pasaba «fuera». Todo ello se aprecia en las piezas para las revistas ilustradas y en las tiras cómicas de un Lyonel Feininger irónico y «caricaturista», que comenzó a tener un reconocimiento público en esos ámbitos a partir de 1906.

Vagos objetivos

Retrospectivamente, en una carta del 2 de julio de 1946, el propio Lyonel Feininger escribió: «Cuando allá por 1907 me puse a pintar mi primer cuadro, no era aún más que un caricaturista, y vagos mis objetivos en la pintura al óleo. Parecía que mi única salida era el cartel. O, para ser más exactos, mi ideal era crear cuadros con objetos silueteados». A partir de esa consideración, Feininger sitúa el núcleo de la pintura en «la distribución de la estructura espacial» y, en lugar de modular el color al modo de la fotografía, en ir a la busca de «formas puras». Claves estas que nos permiten apreciar la intención que predomina en su pintura: la representación dinámica de las formas en sí mismas (y aquí, además del impacto que le causó el cubismo, «resuena» la correspondencia de las formas con los modelos y las maquetas).

Pero lo decisivo para Feininger sería no ponerse demasiado «serios». Cerca ya del final de su trayectoria, en una carta del 5 de diciembre de 1954, dirá de manera tajante: «No es bueno permitir que todo lo que nos divierte desaparezca de nuestras vidas». Y aquí encontraríamos la explicación última de su trabajo artístico, de su pluralidad de soportes, de su alejamiento de lo solemne, y de su atención a los juguetes. En todo momento, Feininger juega a través de la expresión.

En ello podemos percibir un eco de lo que Friedrich Schiller afirmó en 1795, al caracterizar el juego como espacio de expresión de todos los seres humanos cuando somos niños, y manifestación de un impulso formal que todos poseemos, aunque ya adultos, este sólo en ciertos casos se desarrolla en las artes. Así que el ir y venir de Feininger se sitúa también en el juego, en el que siempre se mantuvo.

Sus obras transmiten la herencia de la libertad expresiva del Romanticismo, pero que en Feininger, en el contexto del Expresionismo, de las grandes ciudades y de los viajes, se conduce hacia el autocuestionamiento y la broma. Hacia el juego liberador. El mismo que, en último término, desvela el niño que nos habita, el niño que todos llevamos dentro a lo largo del curso de la vida. Y que en las obras de Lyonel Feininger alienta con intensidad en todo momento.

Lyonel Feininger (1871-1956). Fundación Juan March (Madrid), 17 febrero – 28 mayo 2017

Vía Fundación Juan March.

Exposición en Madrid: Lyonel Feininger (1871-1956), 17 febrero – 28 mayo 2017

Esta exposición presenta la trayectoria completa de este artista, alemán y americano, maestro de la Bauhaus y figura imprescindible del panorama artístico de las vanguardias.

Aunque Lyonel Feininger nació en Nueva York, sus padres, músicos de origen alemán, quisieron que se trasladara a Hamburgo para completar su formación musical cuando tenía tan solo dieciséis años. Ese doble origen, americano y alemán, marcó su vida y obra.


"Gelmeroda VIII", 1921. Whitney Museum of American Art, Nueva York. © Whitney Museum, N.Y.

En Alemania, Feininger decidió abandonar la música para dedicarse a lo que era verdaderamente su pasión: el dibujo y la ilustración. Tras recibir clases de dibujo en la Allgemeine Gewerbeschule [la Escuela Pública de Artes y Oficios] de Hamburgo, el artista se adentró en un género entonces incipiente, del que sería uno de sus primeros creadores: el tebeo. Sus viñetas fueron publicadas rápidamente, aunque de manera puntual, en revistas americanas y alemanas. Esta actividad se consolidaría con la firma de contratos para la revista alemana Ulk (en 1895), Lustige Blätter [Páginas cómicas] al año siguiente, siguiente, y, en 1906, el Chicago Sunday Tribune: para este último, Feininger creó The Kin-der-Kids [Los niños Kin-der] y Wee Willie Winkie's World [El mundo de Willie Winkie], sus historietas más relevantes.

Tras consolidar su carrera como ilustrador, Feininger dio un paso más allá con la intención de buscar un medio de expresión que le permitiera desplegar libremente su capacidad. De forma natural y progresiva, fue dejando de lado las tiras cómicas para volcarse en la pintura. Aunque en sus primeros cuadros mantuvo todavía un vínculo con la caricatura, centrándose en escenas callejeras y personajes exagerados, entre 1906 y 1908, tras residir en París, trabajó en una línea más abstracta abandonando prácticamente la figura y adoptando un lenguaje basado en las líneas rectas y los planos fragmentados de color.


Portada de The Chicago Sunday Tribune con imagen satírica de Lyonel Feininger, 29 de abril de 1906. Colección Achim Moeller, Nueva York

En 1919 Walter Gropius lo invitó a formar parte de la Bauhaus para que dirigiera el taller de grabado, en el que Feininger impartió clases hasta su clausura por los nazis en 1932. Esta experiencia le hizo desarrollar en profundidad la xilografía, técnica que le permitió ahondar en sus lienzos en el juego de los distintos planos. Con la llegada del nazismo, su arte fue tachado de "degenerado". En 1937, decidió regresar de nuevo a Estados Unidos, donde viviría hasta su muerte.

Dentro de la línea expositiva en la que la Fundación Juan March lleva años trabajando para presentar figuras, épocas o aspectos insuficientemente explorados de la cultura moderna, la exposición Lyonel Feininger (1871-1956) es una suerte de "retrospectiva concentrada" de la obra del artista. La muestra reúne cerca de cuatrocientas obras procedentes de diversas colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos, a través de las cuales se plantea un recorrido por su obra articulado en torno a las diferentes técnicas en las que el artista trabajó (dibujo, obra gráfica, pintura, fotografía y construcción de juguetes) y a los principales temas de su producción: la caricatura y los dibujos satíricos; los lugares emblemáticos que le inspiraron como París, Deep, Halle, Gelmeroda o Manhattan; su fijación por los puentes, las torres, los paisajes marinos y la vida urbana.

La exposición se acompaña de un catálogo, que constituye la primera monografía sobre Feininger en español, con ensayos y textos de algunos de los más reputados especialistas en su obra como Wolfgang Büche, Ulrich Luckhardt, Maurizio Scudiero, Heinz Widauer, Peter Selz, Achim Moeller, Danilo Curti-Feininger, Martin Faass o Sebastian Ehlert. Además, se publica como edición complementaria La ciudad en los confines del mundo, volumen sobre el artista publicado en 1965 en inglés y alemán, con textos del también pintor T. Lux Feininger y fotografías de Andreas Feininger, dos de sus tres hijos.