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16.7.19

Siza vuelve a sus piscinas [en Oporto]


Portada del libro: Álvaro Siza Vieira. Piscinas en el mar. Álvaro Siza en conversación con Kenneth Frampton. Editorial Gustavo Gili.

Vía El País.

El arquitecto portugués regresa a las famosas piscinas que ideó, como uno de sus primeros proyectos, en la playa de Leça da Palmeira, a las afueras de Oporto. Esto es lo que piensa

Por Anatxu Zabalbeascoa
16 JUL 2019 - 10:25 CEST

Corría el año 56, Alvaro Siza tenía 23 años y comenzó a visitar la playa de Leça da Palmeira (afueras de Oporto, Portugal) donde, casi diez años después, concluiría una de sus obras más inclasificables entre el land art, el paisajismo y la escultura: las piscinas de las mareas. El encargo le llegaba de su maestro, Fernando Távora, por entonces ocupado en hacer una piscina mayor en un centro deportivo cercano. En una muy posterior visita a aquellas piscinas tempranas, un Siza ya septuagenario recordó aquellos días y se lo contó a Kenneth Frampton. El crítico británico lo escribió en un libro que fue publicado por el Illinois Institute of Technology de Chicago y que ahora la editorial Gustavo Gili ha traducido al castellano.

Estas son, grosso modo, tres de las ideas que Siza le contó a Frampton sobre sus piscinas brutalistas y el trabajo cálido realizado con hormigón armado.

1-Lo que había antes:

“Siempre presto atención a lo que había antes en el lugar y a la aportación que de ello proviene. Existe, por tanto, una transformación y, cuando me he referido a una transformación, era eso lo que tenía en mente. Yo no inventé la forma espacial de la piscina: ya estaba allí. Pero el resultado no es solo lo que ya estaba allí, sino que se trata también de esa transformación dado que hay nuevos temas que desarrollar. Fue una buena época. Yo era muy joven cuando construí las piscinas y si no recuerdo mal, no tenía más trabajos. De modo que solía ir todos los días a ver el lugar. También iba a comer al restaurante de la Boa Nova, que había construido poco antes. En verano era fantástico, pues al acabar de trabajar podía darme un baño. Aunque había pedido un levantamiento topográfico —que de hecho, recibí— era imposible representar en planta la complejidad de las rocas, de modo que elaboré el proyecto con los elementos que había determinado a través de los dibujos y de la topografía. Iba al lugar, estaba en la propia topografía y luego, uno por uno, iba fijando mis propias cotas”.

2-El cuerpo:

Uno podría pensar que el objetivo de las piscinas fue alterar lo mínimo la topografía del lugar. Pues no, eso fue más bien una consecuencia. Siza confiesa a Frampton que “la principal dificultad fue que se pudiera ver el mar al pasar en coche”. “El cuerpo lo controla todo en arquitectura. No solo el mobiliario, también cómo nos movemos. (---) Luego está la relación entre los distintos espacios.

En muchos edificios palladianos, miras y ves una cara completa, con sus ojos, su nariz, su boca y todo lo demás. Estoy seguro de que llevamos completamente impresa esta presencia continua del cuerpo, de nuestros cuerpos y de los ajenos y que todo empieza con el uso, con necesidades corporales, con el modo en que usamos una silla. Todo está, de hecho, controlado por el cuerpo”.

3-La dificultad

Lo más difícil de las piscinas fue lidiar con el Ayuntamiento. “Pensaban que era un lugar demasiado peligroso, pero como la normativa no era muy estricta, defendí que los muros podrían brindar una mayor seguridad, aunque todo el mundo decía que sería muy peligroso para los niños. Mucha gente cree que los niños tienen tendencias suicidas, pero yo creo que quienes las tienen son los adultos, no los niños.

La piscina de los niños es orgánica. La de los adultos, ortogonal aunque, esto cuesta verlo desde la tierra. Fueron pensadas para 500 personas. Hoy, más de medio siglo después, muchos días calurosos aquellas piscinas se llenan con más de 2.000 personas.

16.3.17

Lyonel Feininger (1871-1956). Fundación Juan March (Madrid), 17 febrero – 28 mayo 2017

Vía Fundación Juan March.

Exposición en Madrid: Lyonel Feininger (1871-1956), 17 febrero – 28 mayo 2017

Esta exposición presenta la trayectoria completa de este artista, alemán y americano, maestro de la Bauhaus y figura imprescindible del panorama artístico de las vanguardias.

Aunque Lyonel Feininger nació en Nueva York, sus padres, músicos de origen alemán, quisieron que se trasladara a Hamburgo para completar su formación musical cuando tenía tan solo dieciséis años. Ese doble origen, americano y alemán, marcó su vida y obra.


"Gelmeroda VIII", 1921. Whitney Museum of American Art, Nueva York. © Whitney Museum, N.Y.

En Alemania, Feininger decidió abandonar la música para dedicarse a lo que era verdaderamente su pasión: el dibujo y la ilustración. Tras recibir clases de dibujo en la Allgemeine Gewerbeschule [la Escuela Pública de Artes y Oficios] de Hamburgo, el artista se adentró en un género entonces incipiente, del que sería uno de sus primeros creadores: el tebeo. Sus viñetas fueron publicadas rápidamente, aunque de manera puntual, en revistas americanas y alemanas. Esta actividad se consolidaría con la firma de contratos para la revista alemana Ulk (en 1895), Lustige Blätter [Páginas cómicas] al año siguiente, siguiente, y, en 1906, el Chicago Sunday Tribune: para este último, Feininger creó The Kin-der-Kids [Los niños Kin-der] y Wee Willie Winkie's World [El mundo de Willie Winkie], sus historietas más relevantes.

Tras consolidar su carrera como ilustrador, Feininger dio un paso más allá con la intención de buscar un medio de expresión que le permitiera desplegar libremente su capacidad. De forma natural y progresiva, fue dejando de lado las tiras cómicas para volcarse en la pintura. Aunque en sus primeros cuadros mantuvo todavía un vínculo con la caricatura, centrándose en escenas callejeras y personajes exagerados, entre 1906 y 1908, tras residir en París, trabajó en una línea más abstracta abandonando prácticamente la figura y adoptando un lenguaje basado en las líneas rectas y los planos fragmentados de color.


Portada de The Chicago Sunday Tribune con imagen satírica de Lyonel Feininger, 29 de abril de 1906. Colección Achim Moeller, Nueva York

En 1919 Walter Gropius lo invitó a formar parte de la Bauhaus para que dirigiera el taller de grabado, en el que Feininger impartió clases hasta su clausura por los nazis en 1932. Esta experiencia le hizo desarrollar en profundidad la xilografía, técnica que le permitió ahondar en sus lienzos en el juego de los distintos planos. Con la llegada del nazismo, su arte fue tachado de "degenerado". En 1937, decidió regresar de nuevo a Estados Unidos, donde viviría hasta su muerte.

Dentro de la línea expositiva en la que la Fundación Juan March lleva años trabajando para presentar figuras, épocas o aspectos insuficientemente explorados de la cultura moderna, la exposición Lyonel Feininger (1871-1956) es una suerte de "retrospectiva concentrada" de la obra del artista. La muestra reúne cerca de cuatrocientas obras procedentes de diversas colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos, a través de las cuales se plantea un recorrido por su obra articulado en torno a las diferentes técnicas en las que el artista trabajó (dibujo, obra gráfica, pintura, fotografía y construcción de juguetes) y a los principales temas de su producción: la caricatura y los dibujos satíricos; los lugares emblemáticos que le inspiraron como París, Deep, Halle, Gelmeroda o Manhattan; su fijación por los puentes, las torres, los paisajes marinos y la vida urbana.

La exposición se acompaña de un catálogo, que constituye la primera monografía sobre Feininger en español, con ensayos y textos de algunos de los más reputados especialistas en su obra como Wolfgang Büche, Ulrich Luckhardt, Maurizio Scudiero, Heinz Widauer, Peter Selz, Achim Moeller, Danilo Curti-Feininger, Martin Faass o Sebastian Ehlert. Además, se publica como edición complementaria La ciudad en los confines del mundo, volumen sobre el artista publicado en 1965 en inglés y alemán, con textos del también pintor T. Lux Feininger y fotografías de Andreas Feininger, dos de sus tres hijos.