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3.8.19

El Monte Aconcagua, el terrible gigante

Disney hizo una serie de cortos sobre Latinoamérica, luego de un viaje que hizo con su equipo en 1941 (Ver documental Walt & el Grupo).

El corto dedicado a Chile, de 1942, trata de un avioncito llamado Pedro cuya familia está a cargo de llevar el correo de Santiago a Mendoza, volando sobre los Andes. Cuando su padre se enferma, le toca a Pedro llevar la correspondencia, y en el peligroso camino se encontrará con un terrible gigante, el Monte Aconcagua.

La representación que hacen de la montaña más alta de Sudamérica es muy dramática, humanizándolo realmente como un gigante dormido.

A continuación algunas páginas del libro de 1944, editado en Barcelona por José Mª Rieusset, que cuenta el relato del cortometraje:


La portada de Pedro el avioncito de los Andes. A la derecha se ve la cordillera como una gran muralla vertical.


La primera página del cuento, donde se introduce que la familia de aeroplanos está a cargo del servicio aeropostal entre Chile y Argentina.


Pedro llegando a la escuela de aviones. Sobre la puerta el escudo chileno, y afuera la bandera.


Pedro se encuentra con otro personaje de este cuento, con un cóndor.


Pedro se oculta en las nubes, cuando divisa el Aconcagua. En la ilustración de este libro, el Aconcagua, es solo una cima entre las nubes, no está humanizado. Mientras que en el cortometraje es como un asustador gigante dormido. Como se puede ver es el fotograma a continuación:



La mítica e imponente montaña, se puede divisar desde muchas partes del territorio chileno. A continuación un pequeño video (Boomerang) publicado en Instagram donde se puede ver como su cima se distingue radicalmente del resto de montañas de la cordillera.

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#inbetweenspace #cordilleradelosandes #aconcagua #andeslandscape

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3.12.17

Los colectivos de la Caja del Seguro Obrero de Antofagasta: arquetipos de las políticas chilenas de vivienda. Por Claudio Galeno

Vía Historia Arquitectónica de Concepción: Visiones regionales.



A partir de 1933, Estados Unidos desarrolló una política de fortalecimiento de alianzas con los países latinoamericanos que llevó por nombre “Good Neighbors” o “Buenos Vecinos”. En ese contexto, en 1943, realizó una serie de documentales sobre los desarrollos sudamericanos, entre los cuales destacaban los programas chilenos en vivienda social. Así llegó a Chile el fotógrafo, cineasta y documentalista, Julien Bryan que realizó la película: “Housing in Chile: One Government's Plan to Provide Better Homes”, que expuso lo que hacía el Estado respecto de vivienda. Él y su equipo crearon una sencilla historia que puso en valor las estrategias habitacionales y los mismos chilenos.

El filme si bien pasa casi totalmente en la capital, termina con una escena memorable, que fue destacada por el arquitecto Horacio Torrent, por un lado se muestra una secuencia de personas bajando por las escaleras en caracol de la Población Arauco (arquitectos Secchi y Berlindis), construida por la Caja de Habitación Popular en 1940 en Santiago, y luego pasa a la única escena regional, personas bajando por las rampas de los Colectivos de la Caja de Seguro Obrero en Antofagasta.

El conjunto había sido construido entre 1939 a 1942, y el diseño había sido liderado por Luciano Kulczewski y Aquiles Zentilli, quienes dirigieron a los arquitectos del taller de la Caja de Seguro Obrero. Las obras fueron inspeccionadas por el fundamental arquitecto Jorge Tarbuskovic, hijo de croatas, quien desarrolló casi todas su trayectoria en Antofagasta.

Las escenas de la película de Bryan muestran un dueto de arquitecturas racionalistas con circulaciones amables que recogían la experiencia del cuerpo en las dinámicas circulaciones públicas, algo que repetirá años más tarde a escala urbano-territorial el arquitecto Ricardo Pulgar en sus emblemáticos edificios Huanchaca (Curvo) y Caliche..

Si bien los Colectivos que fueron construidos en Antofagasta, Tocopilla, Iquique y Arica, son en la actualidad considerados precursores de las exigencias una vida moderna. ¿Por que aparecieron en la película de Julien Bryan?

Un antecedentes podría ser que algunos años antes, en 1940, la revista chilena “Urbanismo y Arquitectura” había publicado el proyecto de los colectivos aún cuando las construcciones se iniciaban.

A eso se suma que muchos de los trayectos modernos de transporte pasaban por Antofagasta, tanto por avión, con Panagra, como las líneas de trasporte marítimo como Grace con el Santa Clara. Así, el documentalista pasó por la incipiente ciudad y filmó la vida de los Colectivos.

Algunos años después, otro investigador del urbanismo latinoamericano, Francis Violich, incluyó a los edificios en una publicación que los destacaba, se trató de “Cities of Latin America”, de 1944. Él estuvo en Antofagasta visitando las construcciones y fue lo más moderno que visitó en la ciudad, como indicó, una maravilla para todos aquellos que venían a visitarlo.

Los Colectivos son un magno ejemplo de las aspiraciones de un Chile moderno y de una Antofagasta progresista que se moderniza pese a los embates de las crisis del salitre. Si bien en la política de los Buenos Vecinos mediaron intereses, el destaque de los Colectivos en los registros y apreciaciones de Bryan y Violich revelan el interés internacional por la precursora y notable experiencia nortina de la Caja de Seguro Obrero.

11.2.13

Obituario: Eugenio Trías, el filósofo de las antenas poéticas


Vía El País.

Francesc Arroyo Barcelona 10 FEB 2013 - 17:04 CET

A principios de los años setenta se podía fumar en casi todas partes. Por supuesto, en las aulas universitarias. Y Eugenio Trías (Barcelona, 1942) fumaba. Y mucho. Era, además, muy tímido, de modo que llegaba a la Universidad de Barcelona, donde iniciaba su carrera docente, con un par de horas de antelación para darse carrerilla. Se metía en el bar, donde también fumaba, y se sentaba con algunos alumnos a los que explicaba la clase que luego iba a dar (Filosofía Contemporánea, era la asignatura). Quizá ese fumar ayudó en demasía a un cáncer que le estalló hace algo más de cinco años y contra el que uno de los filósofos españoles más significados de los últimos años fue luchando sin tregua. Hasta el domingo, que le venció de manera definitiva en su ciudad natal, a los 70 años.

La universidad fue siempre su casa. Durante alguno de los cierres con los que la dictadura obsequiaba a los estudiantes, Trías se negaba a cortar el discurso y se reunía con ellos en su propio domicilio o en bares más o menos cercanos al edificio universitario. Allí estaba en su salsa: sin tribuna ni distancia. Quizá era una respuesta a sus orígenes familiares, una alta burguesía catalana a la que perteneció su padre, Carlos Trías Beltrán, político falangista. La política nunca le llamó del todo, como sí le ocurrió a su hermano Jorge Trías. Un tercero, Carlos Trías, con el que llegó a compartir de joven algún libro a cuatro manos en 1970 (Santa Ava de Adis Abebas, firmando bajo el seudónimo común de Cargenio Trías), tiró por la literatura y se hizo escritor.

Él se había licenciado en Filosofía en 1964 en su fundacional Universidad de Barcelona y su brillantez le llevó a que inmediatamente, apenas un año después, fuera profesor ayudante, que pasaría a ser en breve adjunto en el mismo centro y en la Universidad Autónoma de Barcelona. Nada del pensamiento le era ajeno: la ética, la reflexión cívico-política, la filosofía de la religión, la estética… Quizá por ello había publicado ya varios libros antes de haber cumplido los 30 años. Luego, de repente, se fue. A Brasil. Una época explicada con no poco sentido del humor en su autobiografía El árbol de la vida (2003). Pero volvió pronto, y con solo 32 años ya recibía el primero de cerca de una quincena de reconocimientos. Sería en 1974 por Drama e identidad, donde ya dejaba ver su pasión por la música al buscar estructuras comunes entre la sonata y la tragedia. El estudio obtendría el premio Nueva Crítica, que abría un palmarés que le llevaría, solo un año después, al Anagrama de ensayo por El artista y la ciudad. Otro hito de esa trayectoria sería, en 1983, el Nacional de Ensayo por Lo bello y lo siniestro.

Convencido de que la filosofía debía tener “antenas poéticas”, intentó impregnar de ello sus títulos más celebrados en el métier, quizá La filosofía y su sombra y Teoría de las ideologías. Catedrático de Estética desde 1986 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona adonde había llegado invitado por Xavier Rubert de Ventós una década antes, se decía que era el introductor del estructuralismo y de Foucault. Era mucho más, claro, y sabía mucho más, como demostró a lo largo de los casi 30 títulos que publicó hasta casi ayer mismo. En su obra escrita (hay otra obra difusa en las clases impartidas en varias universidades, la última la Pompeu Fabra de Barcelona, en donde desde 1992 ejercía como catedrático de Historia de las Ideas), hay conceptos que resultan clave. En especial, el de límite. La filosofía es pensamiento en el límite y es la noción de límite lo que ilumina el conjunto del ser. Resulta difícil no ver en esta visión del sujeto en el mundo una imagen de una de sus pasiones: el cine. En el cine clásico, la pantalla es el límite que confiere sentido al haz de proyecciones de luz que, sin ese límite, se perderían en la nada, dejaría de ser percibidas por el espectador-sujeto. El desarrollo de esta cosmovisión la expuso en Lógica del límite (1991).

De esa pasión por el cine dejó constancia en Vértigo y pasión (1998), que incluye un texto sobre la película de Hitchcock que contribuye a dar título a la obra. En los últimos meses, Trías estaba trabajando en un texto dedicado, precisamente, al cine. Iba a ser el paralelo, en el conjunto de sus reflexiones, a las dedicadas a la música en su última obra publicada y una de las más exitosas: La imaginación sonora (2010).

Porque si el cine fue una pasión, la otra (filosofía al margen) fue la música. Él mismo explicó en sus memorias la relación con este arte a partir del momento en que su padre le regaló un tocadiscos. La imaginación sonora es una obra dedicada al pensamiento musical. Pero no solo. De hecho, ninguna de sus obras era solo lo que se apuntaba en el prólogo. De un modo u otro, abrían siempre camino hacia otros destinos. Ahí, sin embargo, apuntaba más: a todo lo que siempre quiso comprender y sistematizar y que termina en la muerte. Leerlo sobrecogía a quienes ya sabían que se hallaba enfermo. “Es posible preguntarse: ¿es esta vida presagio de una vida diferente? ¿Son nuestras vidas 'preludios de una desconocida canción que tendría en la muerte su primera y solemne nota', como decía Franz Liszt?”. Pero la muerte, seguía reflexionando en primera persona, “nos aguarda siempre detrás, a nuestras espaldas; en el peor de los casos, esperando una estocada a traición; en el mejor, asistiendo por anticipado al moribundo. Espera nuestro último suspiro para enterrarnos, o para disolvernos en el fuego, en el humo, en ceniza”. “Se muere varias veces en el argumento de la vida”, escribía en la coda final. Y en ese mismo punto, en nota a pie de página, una cita de una película de David Lynch: “Nada, no pasa nada, te estás muriendo”. Y añadía: “Acto seguido se ve la cámara en la parte superior de la pantalla, y el director ordena; ‘corten”.

20.9.12

La arquitectura moderna en Chile (1907-1942). Revistas de arquitectura y estrategia gremial, por el Dr. arquitecto Max Aguirre González


El jueves 27 de septiembre de 2012 a las 12:30 horas en el Hall Central de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile, se preentará el libro "La arquitectura moderna en Chile (1907-1942). Revistas de arquitectura y estrategia gremial", escrito por el Dr. arquitecto Max Aguirre González.

La invitación ha sido realizada por el Decano de la FAU, arquitecto Leopoldo Prat Vargas, y la presentación será realizada por a Vicerrectora de Extesión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, antropóloga Sonia Montecinos Aguirre; el Presidente de ICOMOS Chile, historiador de arte, José de Nordenflycht Concha; y el Vicedecano de la FAU, arquitecto Humberto Eliash Díaz.