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23.12.17

Las actas que relatan los inicios de Antofagasta

Vía La Estrella de Antofagasta.



Proyecto rescató documentos municipales desde 1874 a 1920 y los digitalizó para que las nuevas generaciones puedan conocer más sobre la historia de nuestra ciudad.

Por Cristian Puebla H.

Desde ahora los antofagastinos, y especialmente aquellos amantes de la historia de nuestra ciudad, tienen la posibilidad solamente haciendo un clic de revisar esas primeras actas municipales que cuentan cómo era la vida y lo que ocurría en Antofagasta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Historias desconocidas, personajes emblemáticos, y muchos mitos que por décadas se han contado y que ahora se pueden revisar a través de la página www.archivohistoricoantofagasta.cl.

Hace unos días se realizó un recorrido a la centenaria "Bóveda municipal", donde los presentes pudieron conocer este impresionante espacio y observar cientos de actas que se encuentran en la Casa de la Cultura, que por años fue el edificio consistorial.

La actividad fue parte del lanzamiento de la cuarta fase del proyecto "Puesta en valor de las actas municipales de Antofagasta", que también contempló la entrega de un documental, la proyección de varias cápsulas históricas y la versión de sus protagonistas, quienes explicaron la modalidad de trabajo empleada durante estos años y que corresponde a un catálogo internacional.

Esta inédita iniciativa consideró un trabajo de recopilación de las primeras actas de Antofagasta escritas a mano, para posteriormente sacar fotografías de las páginas y generar así versiones digitales de este contenido, quedando ordenadamente catalogado entre los años 1874 y 1920.

Emoción

El historiador Floreal Recabarren es quien lidera este equipo. El ex edil de Antofagasta habla emocionado sobre esta iniciativa, sobre los resultados de la investigación y los objetivos que tuvo este trabajo, el cual permitirá salvaguardar las antiguas actas y dejará esta información digitalizada para las próximas generaciones.

"Este es un trabajo muy específico, muy bonito, de mucho conocimiento y paciencia. Aquí está toda la historia de la ciudad, donde algunos de sus problemas se repiten en el tiempo. Varias personas han puesto lo mejor de sí para llegar a este gran resultado. Estamos muy orgullosos por concretar este sueño", aseguró.

Una de las personas importantes para que esta iniciativa pudiera concretarse fue el coordinador Edgardo Solís, quien explicó que esta etapa buscó visibilizar lo realizado en casi cuatro años de trabajo, traducido en los documentales, microcápsulas y ciclos de charlas, mostrando todo lo realizado hasta el momento.

"Llevamos digitalizado desde 1874 a 1920, todo un logro. La gente sólo basta que ingrese a la dirección de la página y podrá acceder a estos archivos. Una novedad es que los temas tienen un catálogo amigable y de fácil acceso para los usuarios, para que personas de todas las edades puedan revisar sin problemas el material", sostuvo.

Estudiantes

Dentro de los objetivos está llegar a los estudiantes, que pueda servir como una herramienta de cultura para que los niños y jóvenes puedan aprender mucho más de lo que se enseña en las aulas sobre Antofagasta.

En cuanto al impacto del proyecto en las comunidades escolares, el sostenedor del Giant School, Marco Riquelme, valoró este esfuerzo por rescatar la historia de la ciudad, algo que considera trascendental para devolver la identidad a los antofagastinos.

En este sentido destacó la importancia del ciclo de charlas dictadas por el periodista Jorge Olmos y el historiador Floreal Recabarren, quienes de manera didáctica y entretenida entregan información desconocida para la mayoría de los estudiantes.

Hay que recordar que este proyecto cultural es financiado por el Gobierno Regional con fondos de 2% del FNDR, concurso 2017, aprobados en el Consejo Regional. Además cuenta con el patrocinio y financiamiento de la Corporación Cultural de Antofagasta y el municipio.

1.12.17

Los museos llevan sus obras [y documentos] a la red



Vía La Tercera.

Por Francisca Gabler

Miles de fotografías de obras de arte y archivos históricos de instituciones como el MoMA y el MET de Nueva York, han sido liberados en la web para que sean de acceso público y gratuito entre los cibernautas. La tendencia se propaga a otros espacios.

El acta de nombramiento de Picasso como director del Museo del Prado en 1936 o una fotografía de una glamorosa Audrey Hepburn observando años después, en 1957, una obra del mismo artista, esta vez en Nueva York, junto a Alfred H. Barr. Jr., el primer director del MoMA. Hasta hace poco, ambos materiales históricos eran de acceso exclusivo para algunos académicos, pero hoy están a solo un clic de distancia: son parte de un movimiento de libre difusión de la información que poco a poco se ha propagado entre museos que liberan parte de sus archivos y colecciones en sus webs.

El primero en hacerlo fue el Museo Metropolitano de Nueva York (MET) en 2012 que a través del sitio metmuseum.org/art/metpublications, puso a disposición de los cibernautas 650 títulos -históricos, artísticos, arqueológicos, de conservación y coleccionismo-, publicados por el museo desde 1964 hasta la actualidad.

Desde entonces, la institución ha repetido dos veces más la iniciativa. En 2014 fue el turno de las fotografías: liberó nada menos que 400 mil imágenes en alta resolución de su excepcional acervo, que incluye obras de artistas como Leonardo da Vinci, Rembrandt, El Greco, Manet, Picasso, Velázquez, Dalí y un largo etcétera.

La última vez, en tanto, fue en febrero de este año, cuando 375 mil obras de arte digitalizadas se dispusieron en la web sin restricciones de copyright, es decir, aptas para cualquier uso, incluso comercial: todas las imágenes pueden ser descargadas ingresando a metmuseum.org/art/collection.

La iniciativa es parte del programa Acceso Abierto del MET, que permite a los usuarios acceder a la base de datos en línea de Creative Commons -y otras plataformas como Wikimedia y Pinterest- para descargar de forma gratuita las imágenes. Al respecto, su director Thomas P. Campbell, ha explicado: “Nuestro acervo abarca más de cinco mil años de cultura internacional y la misión principal es que su totalidad sea accesible para todos aquellos que deseen estudiar y disfrutar de las obras de arte que albergamos”.

Si bien su propósito es ambicioso, no es imposible, y actualmente el equipo de la institución trabaja por terminar con restricciones de propiedad intelectual impuestas por galerías, fundaciones, artistas, donantes y prestamistas, que impiden que toda la colección esté publicada en la web. “Queremos convertirnos en el museo con la colección de acceso abierto más grande y diversa del mundo”, afirma Campbell.

Fotografías y catálogos

Otros museos siguen el ejemplo del MET. El más reciente es el Museo del Prado, que la semana pasada presentó un nuevo sitio online (archivo.museodelprado.es), que documenta sus casi 200 años de historia.

En total, la institución colgó en la red 12 mil documentos digitalizados, que van desde 1814 -el año de su fundación- hasta la actualidad. Entre ellos se pueden encontrar, por ejemplo, más de tres mil documentos que dan cuenta de la antigua correspondencia entre los directores del museo; un compendio de 186 textos que describen proyectos museográficos que datan desde 1850, e incluso materiales como el acta de defunción de Francisco de Goya, expedida en Burdeos el 21 de abril de 1828.

El director del Prado, Miguel Falomir, ha anunciado que el número de documentos consultables irá aumentando de forma progresiva con el avance en los procesos de catalogación y digitalización de los fondos.

El mismo proceso desarrolla actualmente el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). En 2016 el museo de la calle 53 de Manhattan liberó más de 33 mil fotografías de registro de exhibiciones, que nunca antes habían estado disponibles en línea, así como 800 catálogos y documentos relacionados con más de 3.500 muestras, publicadas en el sitio moma.org/collection.

El trabajo no sólo ha servido para poner a disposición del público todo el material reunido, sino que también para dilucidar antiguas dudas, o descubrir llamativas anécdotas. Por ejemplo, corroborar que Picasso es el artista que ha estado incluido en el mayor número de exhibiciones del museo: más de 320. O que la primera exposición individual fue realizada por la artista estadounidense Dahlov Zorach Ipcar en 1939, y en ella presentaba trabajos producidos de los tres a los 22 años de edad. La prensa de la época hablaba de ella como “ni genio ni prodigio”, sino como “una niña sana, común y corriente”, cuya facilidad para el arte parecía demostrar que “cualquiera puede ser creativo”.

Hoy, el propósito del MoMA es añadir archivos de los departamentos de video y performances, y otras publicaciones de data reciente. Un trabajo en el que llevan más de un año, y en el que otras instituciones también se han embarcado: el Rijksmuseum de Amsterdam (rijksmuseum.nl/en/rijksstudio) y la Galería Nacional de Arte de Washington (nga.gov/collection), han liberado parte de sus archivos, y trabajan por aumentar su material consultable en la web.

19.5.17

Digitalización de Diarios Históricos de la Región de Antofagasta



Gonzalo Aravena Hermosilla, director de la Biblioteca Regional de Antofagasta, invita al lanzamiento del Proyecto "Digitalización de Diarios Históricos de la Región de Antofagasta", el cual se realizará el domingo 28 de moyo de 2017, o las 13:15 horas, en el Hall de la Biblioteca Regional de Antofagasta.

Esta iniciativa cultural es financiada por el Gobierno Regional de Antofagasta con recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, F.N.D.R., 2% Cultura, Año 2015 aprobados por el Consejo Regional de Antofagasta.

Internet Archive, la biblioteca de Alejandría de la era digital



Vía One / El País.

Las evidencias arqueológicas no demuestran de forma categórica que la mítica biblioteca de Alejandría tuviera las dimensiones fabulosas que todos suponemos. No hay suficientes fuentes que permitan describir con exactitud cuántos volúmenes albergó, cómo estaban ordenados o cuál era el trabajo de los bibliotecarios. Sí es seguro que existió, que en el siglo III antes de nuestra era la mandó construir Ptolomeo I, rey de Egipto y lugarteniente de Alejandro Magno (el fundador de la ciudad), y que pretendía reunir todo el saber humano acumulado hasta la fecha. A partir de aquí la mayoría de los datos son confusos e incluso contradictorios, puesto que ni tan siquiera existe un acuerdo acerca de cuál fue su final: si se destruyó en el incendio provocado por Julio César, o si el declive vino posteriormente provocado por los saqueos que ordenaron los emperadores romanos cristianos que pretendían acabar con las herejías, o si fue expoliada durante la conquista musulmana, al considerar las obras -también ellos, triste coincidencia- blasfemas. En cualquiera de los casos, la biblioteca de Alejandría ha quedado grabada en el imaginario como un lugar donde floreció el conocimiento y el respeto por encima de las diferencias, y también como un símbolo de la ignorancia que los maniqueísmos fanáticos pueden provocar.

Por eso es normal que cuando Brewster Kahle hable de The Internet Archive, un proyecto que le ha ocupado media vida, haga referencia a la biblioteca egipcia: “la idea es construir la biblioteca de Alejandría de la era digital. ¿Podemos coger toda esta tecnología y hacer algo grandioso? ¿Podemos hacer que todas las obras públicas de la humanidad estén disponibles para todo el mundo?”. La propuesta suena, desde su propia formulación, inabarcable, pero Kahle ha conseguido con su idea reunir una cantidad de información impresionante: 286 mil millones de webs (incluyendo una máquina del tiempo que permite visitar versiones antiguas de sitios o páginas que ya no existen), 12 millones de textos, 3,3 millones de archivos de vídeo, una cantidad similar de audios, un millón y medio de fotografías, más de un millón de shows de televisión, 176.000 conciertos y 171.000 programas de software. El proyecto nació en 1996, cuando Internet daba sus primeros pasos, para recopilar páginas webs y que estas no se perdieran y año tras año fue ampliando y diversificando sus fondos. Desde 2005 digitalizan 1.000 libros al día que están a disposición de cualquiera, bien en descarga gratuita si los derechos así lo permiten, o bien mediante un préstamo.

Kahle, que se define a sí mismo como “bibliotecario”, es uno de los pioneros de Internet. Graduado en inteligencia artificial por el MIT, trabajó con supercomputadoras y en 1989 creo el primer sistema de publicación para Internet. Ser protagonista de aquellos inicios es lo que le hace mantener el espíritu original de quienes vieron en la web una posibilidad para mejorar el mundo. Por eso, a pesar de que el objetivo de The Internet Archive pudiera parece el proyecto de un megalómano ensoñador, Kahle cree que el intento de que todo el conocimiento sea compartido merece la pena en sí mismo por complejo que resulte. Y vuelve a su ejemplo predilecto, la biblioteca de Alejandría, para argumentar que no debemos permitir que otro incendio -real o digital- haga que se pierdan tantas obras humanas valiosas.

Edición: Noelia Núñez | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena

2.10.16

MoMA launches comprehensive online exhibition history

Vía Artdaily.


Latin American Architecture Since 1945. © MoMA.

NEW YORK, NY.- The Museum of Modern Art announces the release of an extensive digital archive accessible to historians, students, artists, and anyone concerned with modern and contemporary art: a comprehensive account of the Museum’s exhibitions from its founding, in 1929, to today. This new digital archive, which will continue to grow as materials become available, is now accessible on MoMA’s website, at http://moma.org/calendar/exhibitions/history.

Providing an unparalleled history of the Museum’s presentation of modern and contemporary art on a widely available platform, the project features over 3,500 exhibitions, illustrated by primary documents such as installation photographs, press releases, checklists, and catalogues, as well as lists of included artists. By making these unique resources available at no charge, the exhibition history digital archive directly aligns with the Museum’s mission of encouraging an ever-deeper understanding of modern and contemporary art and fostering scholarship.

“The Museum of Modern Art has played a crucial role in the development of an audience for modern and contemporary art for nearly 90 years,” said MoMA Director Glenn D. Lowry. “In making these materials freely available, we hope not only to foster and enable scholarship, but also to encourage a wider interest in this important chapter of art history that the Museum represents.”

The exhibition history project was initiated and overseen by Michelle Elligott, Chief of Archives, and Fiona Romeo, Director of Digital Content and Strategy, The Museum of Modern Art. Over the course of the last two-and-a-half years, three MoMA archivists integrated over 22,000 folders of exhibition records dating from 1929 to 1989 from its registrar and curatorial departments, performed preservation measures, vetted the contents, and created detailed descriptions of the records for each exhibition.

The digital archive can be freely searched, or browsed in a more structured way by time period or exhibition type. Each entry includes a list of all known artists featured in the exhibition. Artist pages likewise list all of the exhibitions that have included that artist, along with any of their works in MoMA’s collection online. The index of artists participating in Museum exhibitions now includes more than 20,000 unique names.

The Archives pages on moma.org now also include a list of the heads of each curatorial department since the Museum’s founding.

The underlying data has also been shared on GitHub (github.com), completing a trilogy of Museum of Modern Art datasets covering artworks, artists, and exhibitions dating 1929 to 1989. This data is in the public domain and can be sorted and analyzed, enabling one to, for example, search an artist's name to determine the number of exhibitions that have included their works, compile a list of exhibitions organized by a specific curator, or determine the frequency with which an artist has been exhibited at the Museum.

Depending on the archival resources available, an exhibition page may include installation photographs, an annotated exhibition checklist, multiple press releases, the full exhibition catalogue, and the list of participating artists. Special subsites created for MoMA exhibitions—the first of which was for Mutant Materials in 1995—are also included, as are slideshows, videos, and commissioned essays.

Among the landmark exhibitions that now feature the full complement of materials is Bauhaus 1919–1928, an expansive 1939 presentation organized by Herbert Bayer that was dedicated to the influential German school of art and design, five years after it was closed by local Nazi agencies. Other comprehensive pages include those for Eight Automobiles, the first in a series of auto shows in The Abby Aldrich Rockefeller Sculpture Garden, organized by Philip Johnson in 1951, and the 1980 blockbuster Pablo Picasso: A Retrospective, organized by Dominique Bozo and William S. Rubin. Among the exceptionally rich exhibition pages are those for the 1934 exhibition Machine Art, organized by Philip Johnson, and the renowned 1970 Information exhibition organized by MoMA curator Kynaston McShine.

As part of this project, exhibition catalogues were newly digitized. Beginning with the catalogue for the Museum’s very first exhibition, Cézanne, Gauguin, Seurat, Van Gogh, in 1929, the 800 catalogues now online offer decades of art historical expertise and the voices of curators and other figures, on topics ranging from architecture, design, painting, sculpture, drawing, and photography to media and performance art. Included are Modern Architecture (1932), which introduced the term “International Style”; Cubism and Abstract Art (1936), which established the terms through which whole generations approached modernist abstraction; Fluxus: Selections from the Gilbert and Lila Silverman Collection (1988-1989); and many others. Out-of-print book titles are generally accessible; current in-print titles are featured with excerpts and links to purchase the books.

“The project was conceived as a living archive rather than a one-off Web publication,” said Ms. Romeo. “It will be continually updated, with new and forthcoming exhibitions appearing in the history as soon as they’re added to the calendar on MoMA’s website. Additional primary documents will be added as they’re processed.”

Processing of the exhibition history archives was generously funded by the Leon Levy Foundation, which has also committed to underwriting the processing of additional records, from 1990 to 2000, over the next three years.

Ms. Elligott stated, “We are enormously grateful to the Leon Levy Foundation for their visionary support of this innovative project, which has created new resources that unlock access to documents and information about the Museum’s illustrious history of exhibitions. By exposing the unique and vital documents concerning these exhibitions, we strive to enhance and broaden the field of scholarship and to bring to the fore the many known and unknown stories in the Museum’s ever-evolving history.”

Future phases of the project will include thousands of film series presented by MoMA’s Department of Film over its 80-year history, a history of performance at MoMA and MoMA PS1, and the exhibition history of MoMA PS1.

1.3.15

¿Hacia una era digital oscura?

Vía El País.



En las pocas décadas que la humanidad lleva inmersa en la era digital ha creado datos como para llenar la memoria de tantos iPad que, apilados, casi llegarían a la Luna. El ritmo de creación de información es tal que, según un estudio de la corporación EMC y la consultora IDC, se dobla cada dos años. Para antes de que acabe la década, habrá 44 zettabytes de datos (un ZB es igual a un billón de gigabytes) y el montón de tabletas habrá ido y vuelto al satélite más de tres veces. Lo paradójico es que buena parte de esa información se perderá para las generaciones futuras.

El vicepresidente de Google y uno de los padres de internet, Vinton Cerf, alertaba en una conferencia de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia hace unos días del peligro de que lo creado por esta generación no deje apenas rastro. En la creencia de su eternidad, el homo digitalis ya no imprimen fotos, las guarda en formato digital, no escribe cartas, sino que envía email, no almacena discos, sube las canciones a la nube. Una creciente parte de su vida se desarrolla en la red: juega en línea, publica selfies en Facebook y comparte sus pasiones en tuits. Pero lo digital no es tan eterno.

El deterioro de los soportes donde se almacena la información, la desaparición de los programas para interpretarla o las limitaciones impuestas por el copyright harán que, para los humanos del futuro, sea inaccesible. De hecho, ni siquiera habrá que esperar a que los arqueólogos del futuro descubran que, como decía Cerf al Financial Times, los comienzos del siglo XXI son "un agujero negro de información". Los primeros efectos de lo que los anglosajones llaman era digital oscura ya se están notando.

El caso de los disquetes ejemplifica el problema planteado por el vicepresidente de Google en toda su complejidad. Fueron el sistema de almacenamiento básico en los años 80. En ellos cabían tanto las fotos familiares como el trabajo hecho para la clase o los documentos del trabajo. La mayor parte de toda esa información ya se ha perdido. Y si aún queda algún disquete, es cuando empiezan de verdad los problemas: Habrá que encontrar una disquetera que lo lea, rezar para que los datos no se hayan corrompido por el paso del tiempo para que, probablemente, descubrir que el programa para abrir el archivo hace años que no existe.

"Conservo viejos disquetes de 3,5 pulgadas que alojan archivos de texto escritos con un programa que ya no existe y que funcionaba con un Macintosh de 1986", dice el consultor tecnológico Terry Kuny. Este archivista digital canadiense fue el primero en hablar de este tiempo como una posible edad digital oscura hace ya casi 20 años. "¿Qué opciones tengo de que yo, o cualquiera, pueda acceder a esos datos hoy? Incluso si consigo una vieja disquetera, conseguir el sistema operativo y los programas no sería nada fácil en la actualidad. Y si uno no está para decirle a quien lo intente qué hay en esos discos y en qué formato está, el problema ya sería enorme", añade.

En 1997, cuando la actual era digital apenas comenzaba, cuando los ordenadores personales solo estaban al alcance los más pudientes e internet era para una casta, cuando aún no existía Google y muchos menos Facebook o Twitter, y Microsoft dominaba el mundo con su Windows 95, Kuny, entonces asesor de la Biblioteca Nacional de Canadá dio una conferencia para la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas. Su título era premonitorio: ¿Una era digital oscura? Retos para la conservación de la información electrónica. La visión de Kuny, como la actual de Cerf, está más vigente que nunca.

"No creo que exista un riesgo de que la información de nuestro tiempo vaya a quedar inaccesible, creo que es una certeza. Ya está pasando, cada día, en todo tipo de organización, para todas las clases de datos", afirma Kuny. De hecho, cree que todo lo relacionado con la conservación digital está yendo a peor. "Hay mucha más información nacida digital que antes y apenas hay unas pocas instituciones públicas o privadas que estén activamente implicadas en lidiar con este problema".

Enemigos de la memoria digital

El primer reto tiene que ver con la física. Cualquiera con una edad que haya intentado ver la cinta VHS con el vídeo de su boda sabe del deterioro de los soportes donde se almacenan los datos. La grabación magnética de la información ha sido la dominante en las primeras décadas de la era digital. Aún hoy, los discos duros guardan los datos jugando con la polaridad de las partículas y, por esas cosas del magnetismo, los datos acaban por perderse.

Si le pasó a la NASA, ¿por qué no iba a pasar con el vídeo de la boda? La agencia espacial estadounidense vio como buena parte de las imágenes tomadas por las sondas de la Misión Viking enviadas a Marte en los años 70 eran irrecuperables. Aunque la NASA transfirió los datos desde las cintas magnéticas originales a soportes ópticos, hasta el 20% del material no se pudo recuperar.

El caso de las sondas Viking ilustra otro de los peligros de que este tiempo se convierta en una edad digital oscura. El 80% de la información enviada desde Marte se pudo salvar, pero se guardó en un formato y con unos programas que ya no existen. Solo hace un par de años, una empresa canadiense pudo volver a extraer las imágenes. Hay formatos que parecen que van a durar toda la vida y después de ella. Es el caso de las imágenes guardadas en formato JPEG o la música en mp3. Pero ¿y si aparece un nuevo formato mejor y los anteriores caen en desuso?

Y es que confiar la preservación de los datos a la buena fe de las compañías que los crean tiene sus peligros. Como denunció el mes pasado la Fundación Fronteras Electrónicas (EFF, por sus siglas en inglés) gigantes de los juegos como Electronic Arts cierran los servidores para jugar en línea con sus títulos en apenas un año y medio si el juego no ha tenido el éxito que esperaban. Solo en 2014, la industria abandonó 65 juegos. Pero, al mismo tiempo, las leyes de copyright impiden que los jugadores mantengan sus propios servidores.

Pero el mayor riesgo de que la información de este tiempo desaparezca en el futuro está en internet. Como muestra el estudio de IDC sobre el universo digital de 2014, la mayor parte de los datos son alojados en la red. Desde los millones de selfies hasta cada minuto de vídeo subido a YouTube, pasando por los comentarios en Facebook, cada vez más, la mayor parte de la vida de una persona se encuentra en algún servidor de alguna empresa y no ya en su álbum familiar de fotografías.

Se supone que ni Google ni Facebook van a cerrar mañana. Incluso cuando cierran algún servicio, como hizo el buscador con Wave, dan un tiempo razonable para que sus usuarios se descarguen todo lo que allí tenían. Google, por ejemplo, cuenta con Takeout, un sencillo sistema para hacer una copia de todos los datos creados y alojados en sus servicios. Pero no siempre es así.

A comienzos de la década pasada, había una red social mucho más importante y conocida que Facebook. Se llamaba Friendster y en su mejor momento llegó a tener 100 millones de usuarios. Sin embargo, errores propios y la popularidad de otras alternativas, hicieron que Friendster se hundiera y, con ella, todas las historias, conversaciones, amores y momentos que compartieron sus usuarios. Hoy, la empresa languidece como plataforma de juegos en el sudeste asiático.

"Tuvimos mucha suerte de que Internet Archive reaccionara a tiempo y capturara una copia de toda la información pública en Friendster justo antes de que la desactivaran", comenta el experto en redes sociales de la de la Escuela Técnica Federal de Zúrich (ETH), el español David García. La relevancia que tienen las redes sociales en la vida de hoy, las ha convertido para los científicos sociales en herramientas fundamentales para estudiar las sociedades humanas. Solo esa copia ha servido a García y otros investigadores estudiar fenómenos sociales que afectan a la privacidad, por ejemplo.

Uno de esos investigadores sociales es Alan Mislove, de la Universidad Northeastern (EE UU). Mislove ha estudiado a fondo Twitter. En un artículo publicado el año pasado, comprobó que casi el 20% de los tuits publicados en esta red social se habían esfumado. "Es difícil proyectar que pasará con los tuits perdidos en el futuro", aclara. Para Mislove, "los datos de sitios como Twitter y Facebook ofrecen a los investigadores una capacidad sin precedentes para estudiar la sociedad a una escala y granularidad que simplemente eran imposibles antes".

Luces contra la edad digital oscura

Si existen tantos riesgos, ¿qué se está haciendo para afrontarlos? Las soluciones son tanto tecnológicas como organizativas y hasta legislativas. Lo más urgente parece ser el problema de la longevidad de los datos, cómo conservarlos para los que vengan después.

Las tecnologías de almacenamiento no han variado mucho en todo este tiempo. O se graba la información en soportes magnéticos o, con la ayuda del láser, en discos ópticos. Aunque pudiera parecer que el DVD o el Blu-ray son las mejores alternativas, el futuro seguirá siendo magnético.

"La primavera pasada, IBM y FUJIFILM lograron una densidad de almacenamiento sobre cinta de 85,9 gigabytes por pulgada cuadrada lo que permitiría una capacidad de 154 terabytes [un terabyte son 1.000 gigabytes] en un cartucho que cabe en la palma de la mano. Eso es el texto de 154 millones de libros", recuerda el responsable de tecnologías avanzadas de cinta de IBM Research, Mark Lantz.

Quizá por eso de que IBM es la única empresa tecnológica con más de un siglo de vida, saben de la importancia de la preservación de los datos. Para Lantz, la cinta magnética no está muerta ni muchos menos. "En nuestro laboratorio de Zúrich estamos trabajando sobre una tecnología de cinta para la preservación de los datos a largo plazo", asegura. Con el mantenimiento y conservación adecuados, la grabación en soportes magnéticos mantiene la información intacta durante décadas.

Otra cuestión es la de poder reproducirlos con el paso del tiempo. Ese es el mayor temor que expresó Vinton Cerf en su conferencia. Sin las herramientas adecuadas que den contexto a los datos, aunque se conservaran, estos serían ilegibles. Cerf mencionó como solución un proyecto en el que también participa IBM. El gigante informático, junto a la universidad Carnegie Mellon tiene en marcha el proyecto Olive. Su objetivo es crear una especie de imágenes que incluyan todo, los datos del archivo, el programa con el que se creó y hasta el código. Por medio de máquinas virtuales, el contenido se podría ejecutar en cualquier sistema que apareciera en el futuro.

A iniciativas como esta ayudaría lo que está pidiendo la EFF a las autoridades de EE UU: que en la legislación sobre copyright se incluya una excepción que obligue a las empresas que crearon un programa o un juego a liberar su código cuando lo abandonen o, al menos, permitir su obtención mediante ingeniería inversa.

Pero el mayor reto es conservar toda la información acumulada en algo tan grande y dinámico como es la web. Internet Archive es el mayor intento que hay para conservar la memoria de la red. Los robots de esta organización rastrean periódicamente la web haciendo copias de las páginas que encuentra y las van guardando. Así, si alguna página desaparece, siempre habrá la posibilidad de recordar como fue.

En España, la Biblioteca Nacional ha venido haciendo lo mismo con la ayuda de Internet Archive desde hace años. Pero el año pasado fue el primero que, con su propio robot, empezaron a escanear la red española. Ya han copiado 140 terabytes entre recursos, páginas web, blogs... Sin embargo, La BNE está a la espera de la aprobación de un reglamento sobre el depósito legal de publicaciones electrónicas que le permita conservar todo lo que la tecnología permita de la internet en español.

Pero evitar que esta sea una edad digital oscura es cosa de cada uno. "Todos nosotros debemos convertirnos en nuestros propios bibliotecarios. Cada uno deber ser el responsable de su vida digital. No podremos salvarlo todo y las cosas que decidamos salvar, deberemos hacerlo con cuidado", alerta Terry Kuny, el mismo que ya lo hacía hace 20 años, mucho antes que Vinton Cerf.

29.6.13

La legendaria revista "Sucesos" resucita en el ciberespacio

La publicación editada en Valparaíso circuló entre 1902 y 1932.

El sitio Memoria Chilena está trabajando para poner a disposición de sus usuarios los 1.500 números del semanario ilustrado que dio origen al periodismo magazinesco.