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9.7.18

El Museo del Prado mira a América

Vía El País.



La cátedra de la pinacoteca está dedicada a la pintura colonial, un lenguaje que hace un viaje de ida y vuelta entre ambas orillas del Atlántico

Por Rut de las Heras Bretín

El Prado cruza el charco. Esta es una manera coloquial de explicar el objetivo de la próxima Cátedra del museo, una de las principales líneas de actuación de su Centro de Estudios, que lleva el título De la pintura a la era de la imagen: España / Nueva España. Pero no solo atraviesa el Atlántico en una dirección, este programa hace un viaje de ida y vuelta y en esto incide Jaime Cuadriello, su titular, quien ha configurado el ciclo de conferencias y de seminarios que conforman este curso. En esta octava edición de la cátedra se ha apostado por introducir ciertas novedades: el museo no se queda en sí mismo; lanza una mirada hacia el exterior, a obras y artistas que no expone. “Queremos ampliar los horizontes”, ha apuntado este martes, Andrés Úbeda, director adjunto de conservación del Prado.

Cuadriello ha planteado un acercamiento al arte colonial a través de cuatro artistas procedentes tanto del viejo como del nuevo continente: Baltasar de Echave Orio (Zumaia, Gipuzkoa, 1548/58 – México, 1623); Sebastián López de Arteaga (Sevilla, 1610-México, 1655); Rafael Ximeno y Planes (Valencia, 1759 - México, 1825); Juan Rodríguez Juárez (Ciudad de México, 1675-1728). Tres españoles y un mexicano que tanto pueden dialogar entre sí, como entablar relaciones con las colecciones del Prado. “Es un planteamiento a favor de la permeabilidad, no para que los pintores compitan”, explica el director de la cátedra, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México.

El experto reflexionará sobre la transformación que en los últimos 35 años han experimentado las narrativas sobre la pintura colonial, una disciplina que se está en construcción. “No hay canon, no hay relato, no hay catálogo, el universo visual es anónimo”, afirma y corrobora que el término “colonial” no tiene connotación peyorativa. “La movilidad de estas imágenes no deja de sorprendernos. Puedes encontrar a un discípulo de Miguel Ángel trabajando en Lima, Perú, o enconchados mexicanos [técnica pictórica realizada con incrustaciones de nácar procedente de conchas de moluscos] satisfaciendo el mercado español del momento”. Es una asignatura pendiente a lo largo de los siglos en los que se ha desarrollado la historia del arte, no solo no ha tenido hueco en los planes de estudio, tampoco en los museos. Es ahora, cuando se cuestiona la visión eurocentrista de la historia del arte y se buscan otras narrativas y otras formas de aproximarse a las colecciones, cuando estas obras empiezan a encontrar su lugar, tanto que actualmente ocupan uno en la Quinta Avenida de Nueva York, en el Metropolitan Museum, con la exposición Painted in Mexico, 1700-1790: Pinxit Mexici de la que Cuadriello es cocomisario.

Y aunque los fondos de arte colonial que pertenecían a las colecciones reales no se encuentran en el Prado, están en depósito en el Museo de América (Madrid), el mejor en el mundo de obras de este periodo como afirman el director de la cátedra y el del Prado, Miguel Falomir, la pinacoteca ha considerado el momento de dedicarse a ello. “Debería ser difícil hablar de historia del arte en España sin tener en cuenta el arte colonial. Hemos de repensarla y revisar lo que no se ha hecho bien”, defiende Falomir que sabe que el centro tiene la capacidad de crear expectativas, de ser altavoz, por visibilidad y capacidad económica, más que el Museo de América. Así, este martes, se ha abierto el plazo de inscripción para las conferencias que tendrán lugar en noviembre y para los seminarios, más específicos, e impartidos para 20 estudiantes que obtengan una beca para participar.

Este programa académico es muy especializado, pero es un inicio con el que responder a una necesidad cada vez más urgente en los museos, simplemente porque es también un requerimiento de la sociedad: la inclusión de todos los públicos, de todas las lecturas y puntos de vista. Falomir deja abierta la posibilidad de una futura exposición y a Cuadriello lo que le gustaría no es una gran muestra desmesurada que consista en “hacer una check list” con un gran número de obras, si no ir a los conceptos como el retrato, el costumbrismo del siglo XVIII, y, a partir de ahí, que obras de una orilla y otra del Atlántico hablen.

1.12.17

Los museos llevan sus obras [y documentos] a la red



Vía La Tercera.

Por Francisca Gabler

Miles de fotografías de obras de arte y archivos históricos de instituciones como el MoMA y el MET de Nueva York, han sido liberados en la web para que sean de acceso público y gratuito entre los cibernautas. La tendencia se propaga a otros espacios.

El acta de nombramiento de Picasso como director del Museo del Prado en 1936 o una fotografía de una glamorosa Audrey Hepburn observando años después, en 1957, una obra del mismo artista, esta vez en Nueva York, junto a Alfred H. Barr. Jr., el primer director del MoMA. Hasta hace poco, ambos materiales históricos eran de acceso exclusivo para algunos académicos, pero hoy están a solo un clic de distancia: son parte de un movimiento de libre difusión de la información que poco a poco se ha propagado entre museos que liberan parte de sus archivos y colecciones en sus webs.

El primero en hacerlo fue el Museo Metropolitano de Nueva York (MET) en 2012 que a través del sitio metmuseum.org/art/metpublications, puso a disposición de los cibernautas 650 títulos -históricos, artísticos, arqueológicos, de conservación y coleccionismo-, publicados por el museo desde 1964 hasta la actualidad.

Desde entonces, la institución ha repetido dos veces más la iniciativa. En 2014 fue el turno de las fotografías: liberó nada menos que 400 mil imágenes en alta resolución de su excepcional acervo, que incluye obras de artistas como Leonardo da Vinci, Rembrandt, El Greco, Manet, Picasso, Velázquez, Dalí y un largo etcétera.

La última vez, en tanto, fue en febrero de este año, cuando 375 mil obras de arte digitalizadas se dispusieron en la web sin restricciones de copyright, es decir, aptas para cualquier uso, incluso comercial: todas las imágenes pueden ser descargadas ingresando a metmuseum.org/art/collection.

La iniciativa es parte del programa Acceso Abierto del MET, que permite a los usuarios acceder a la base de datos en línea de Creative Commons -y otras plataformas como Wikimedia y Pinterest- para descargar de forma gratuita las imágenes. Al respecto, su director Thomas P. Campbell, ha explicado: “Nuestro acervo abarca más de cinco mil años de cultura internacional y la misión principal es que su totalidad sea accesible para todos aquellos que deseen estudiar y disfrutar de las obras de arte que albergamos”.

Si bien su propósito es ambicioso, no es imposible, y actualmente el equipo de la institución trabaja por terminar con restricciones de propiedad intelectual impuestas por galerías, fundaciones, artistas, donantes y prestamistas, que impiden que toda la colección esté publicada en la web. “Queremos convertirnos en el museo con la colección de acceso abierto más grande y diversa del mundo”, afirma Campbell.

Fotografías y catálogos

Otros museos siguen el ejemplo del MET. El más reciente es el Museo del Prado, que la semana pasada presentó un nuevo sitio online (archivo.museodelprado.es), que documenta sus casi 200 años de historia.

En total, la institución colgó en la red 12 mil documentos digitalizados, que van desde 1814 -el año de su fundación- hasta la actualidad. Entre ellos se pueden encontrar, por ejemplo, más de tres mil documentos que dan cuenta de la antigua correspondencia entre los directores del museo; un compendio de 186 textos que describen proyectos museográficos que datan desde 1850, e incluso materiales como el acta de defunción de Francisco de Goya, expedida en Burdeos el 21 de abril de 1828.

El director del Prado, Miguel Falomir, ha anunciado que el número de documentos consultables irá aumentando de forma progresiva con el avance en los procesos de catalogación y digitalización de los fondos.

El mismo proceso desarrolla actualmente el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). En 2016 el museo de la calle 53 de Manhattan liberó más de 33 mil fotografías de registro de exhibiciones, que nunca antes habían estado disponibles en línea, así como 800 catálogos y documentos relacionados con más de 3.500 muestras, publicadas en el sitio moma.org/collection.

El trabajo no sólo ha servido para poner a disposición del público todo el material reunido, sino que también para dilucidar antiguas dudas, o descubrir llamativas anécdotas. Por ejemplo, corroborar que Picasso es el artista que ha estado incluido en el mayor número de exhibiciones del museo: más de 320. O que la primera exposición individual fue realizada por la artista estadounidense Dahlov Zorach Ipcar en 1939, y en ella presentaba trabajos producidos de los tres a los 22 años de edad. La prensa de la época hablaba de ella como “ni genio ni prodigio”, sino como “una niña sana, común y corriente”, cuya facilidad para el arte parecía demostrar que “cualquiera puede ser creativo”.

Hoy, el propósito del MoMA es añadir archivos de los departamentos de video y performances, y otras publicaciones de data reciente. Un trabajo en el que llevan más de un año, y en el que otras instituciones también se han embarcado: el Rijksmuseum de Amsterdam (rijksmuseum.nl/en/rijksstudio) y la Galería Nacional de Arte de Washington (nga.gov/collection), han liberado parte de sus archivos, y trabajan por aumentar su material consultable en la web.

20.7.14

Administración de colecciones de arte: control de inventarios y capacidades de depósitos

Respecto de las colecciones de arte y patrimonio de España y Chile, han sido publicadas un par de notas en El País y La Tercera. La primera se refiere al control de las obras que custodia El Prado y el segundo a la incapacidad de almacenaje de los museos chilenos.
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© Real Academia de San Fernando.

El Prado no encuentra 885 obras

Vía El País.

Un informe del Tribunal de Cuentas revela que el museo ha localizado otras 41 piezas desde 2008
La pinacoteca dice que la mayoría se perdió hace décadas.

José Marcos Madrid 19 JUL 2014 - 00:00 CEST

El Museo del Prado, una de las mayores pinacotecas del mundo, desconoce el paradero de 885 obras de arte según el Tribunal de Cuentas. La cifra llegó a ser mayor hace unos años: entre 2008 y diciembre de 2012 el Servicio de Depósitos localizó 41 obras de las 926 que llegaron a engrosar la lista de piezas no localizadas. Su pérdida y posterior recuperación se atribuyó a la “reordenación de colecciones” con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Doce obras de arte “estaban depositadas en diversas instituciones”, refleja el informe del organismo fiscalizador, relativo al ejercicio de 2012.

El inventario de bienes históricos-artísticos del Prado contaba hace dos años con 27.509 objetos, de los que 15.480 corresponden a dibujos y estampas y 4.408 a esculturas y artes decorativas. El resto son pinturas desde el periodo anterior a 1.700 (1.716), del siglo XIX (2.394)...

Una portavoz del Prado resta importancia al número de objetos cuya localización se desconoce y afirma que la mayoría desapareció en incendios e incluso conflictos bélicos. “Pero no vale con la sospecha, si no hay constancia de que se han destruido no se pueden quitar del inventario”, explica. De hecho, entre 2001 y 2006 aparecieron una docena de obras.

Otra parte significativa de las obras en el limbo pertenecería a la colección del Museo de la Trinidad, formada por bienes expropiados en la desamortización de Mendizábal y de los que un número sin detallar no habrían ingresado en el Prado tras la fusión de sus colecciones en 1872. Los gestores del Museo ya dieron por perdidos alrededor de 350 lienzos de la pinacoteca en los años ochenta del pasado siglo. Una década más tarde, el inventario reflejaba que 500 obras del Prado habían sido destruidas o se habían perdido. Entonces el Prado contaba con un fondo de 8.000 piezas, 20.000 menos que las actuales.

Las explicaciones del Prado no convencen al Tribunal, que insiste en “proseguir” con la búsqueda de aquellas obras que constan “en antiguos inventarios”. Y entiende que es “imprescindible” que el Museo continúe con las tareas de “seguimiento y control” de los depósitos constituidos en otras instituciones, dentro de lo que se conoce como Prado Disperso. En este sentido, la “ausencia” de un informe periódico sobre el estado de las colecciones es una “debilidad” que los fiscalizadores recomiendan subsanar. Lo mismo sucede con el “elevado número y dispersión” de obras depositadas en otras instituciones, lo que “dificulta especialmente el seguimiento y control” de su conservación y seguridad. A eso se añade la “inejecución” del proyecto de creación del Centro de Gestión de Depósitos y la “insuficiencia de medios humanos” asignados a la gestión directa de dichos depósitos.

Eso sí, el tiempo transcurrido tras la desaparición de buena parte de las obras registradas no localizadas hace que “no pueda desprenderse responsabilidad alguna por la no localización de las mismas”, entiende el Tribunal. Sin embargo, tras la fiscalización del ejercicio de 2005 el Tribunal de Cuentas trasladó el asunto a la Fiscalía General del Estado, con el objetivo de depurar las posibles responsabilidades penales.

En 2012 el Prado participó en 15 exposiciones en el país —algunas se celebraron en varias sedes— a las que han enviado 176 obras. En el extranjero se participó en 33 exposiciones con 288 obras. En el caso del Prado Itinerante (que el Museo lo organiza con otras instituciones) fueron 164 las obras que se trasladaron a tres exposiciones.

De las 3.206 obras en depósito fuera del Museo, 2.975 obras se encontraban en 263 instituciones españolas. Tras solicitar la certificación de 1.789 de ellas a 82 entes nacionales, el 64,63% fueron confirmadas por 53 de las instituciones (no contestaron la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, el Ayuntamiento de Badajoz, el Palacio Carvajal de Cáceres y el Complejo Cultural San Francisco, en la misma ciudad). En la información remitida por 25 instituciones se puso de manifiesto que “con cierta regularidad existía discrepancia en relación con la procedencia y la pertenencia de los depósitos”. Especialmente si se trataba de depósitos del Prado o del Reina Sofía. En estos casos se recomendó “clarificar la procedencia, realidad y ubicación de los bienes depositados”.

A juicio del Tribunal de Cuentas esta deficiencia tiene un carácter meramente formal, y que es consecuencia de diversas circunstancias, “especialmente por la antigüedad de dichos depósitos” otorgados algunos por instituciones en la actualidad inexistentes, así como por los “escasos” controles realizados por las instituciones depositantes.

Un plan de actuación para el periodo 2013-2016 contempla la revisión “in situ” de obras depositadas en distintas comunidades autónomas y analizar su estado, condiciones de conservación, de seguridad y acceso a las mismas. Durante la vigencia del plan se pretende revisar 1.500 obras en 130 instituciones. A dicha actuación se sumará una campaña de fotografiado de depósitos. Además se desarrollará una aplicación informática para la gestión de los fondos.

La Ley reguladora del Museo del Prado establece que deberá “velar por la integridad y seguridad de las colecciones y fondos museísticos”, además de “garantizar la protección y conservación” de los bienes del Patrimonio Histórico Español dentro de su competencia.

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© Barrio Yungay.

Museos al borde del colapso: la falta de espacio pone en peligro el patrimonio nacional

Vía La Tercera.

por Denisse Espinoza A. - 20/07/2014 - 05:00

La construcción de una carretera o un estacionamiento conduce muchas veces a increíbles hallazgos patrimoniales. Remover tierra es remover historia. En 2012, por ejemplo, mientras se construía el Parque Quilapilún, camino a Los Andes, la empresa Angloamerican encontró bajo tierra puntas de flechas, piedras tacitas y huesos milenarios; y el año pasado, en la excavación para la construcción de la Línea 6, Metro halló un cementerio indígena que correspondería a la cultura Llolleo, que habitó Santiago hasta el 900 d.C. Pero ¿a dónde van a parar estos hallazgos? Por ley, son monumento nacional y pasan a ser parte del acervo del Museo de Historia Natural (MNHN).

El problema es que el edificio -ubicado en Quinta Normal y levantado en 1875- está totalmente colapsado. Y aunque su colección asciende a cerca de un millón de piezas, se exhibe menos del 1% de ella en la primera planta, la única que pudo habilitarse a fines de 2012, luego de que el terremoto del 2010 lo dejara con severos daños. “Necesitamos con urgencia restaurar este edificio, pero para eso debemos levantar un depósito y proteger la colección. La gente olvida que somos el Banco Central del patrimonio. No guardamos sólo piezas bonitas, sino todo lo que pueda tener un valor científico, desde fragmentos de loza, hasta restos de polen”, señala el director del MNHN, Claudio Gómez.

La situación del MNHN es quizá la más extrema de la crisis que viven todos los museos nacionales y que es reconocida por la cabeza central: la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). “Estos museos están instalados en emblemáticos inmuebles que, aunque son dignos y bien construidos, necesitan ampliaciones. No es un proceso rápido. El Museo Histórico ya tiene aprobado su nuevo edificio, pero recién estaría listo para 2017, si es que los trámites legales y las obras se cumplen en los tiempos estimados. Para los demás hay varios proyectos, pero nada definido”, dice Alan Trampe, a cargo de la Dibam. No es solo cuestión de tiempo, también de fondos. La ampliación del Museo Histórico costará cerca de $ 7.000 millones, y uno de los planes para que el MNHN crezca, implica la compra de un antiguo edificio de Correos ubicado en calle Matucana. Su habilitación como depósito costaría cerca de $ 9.500 millones.

Por lo demás, si todo va bien, el edificio de 1808 en Plaza de Armas que alberga al Museo Histórico, crecerá en 2.600 metros cuadrados con una construcción en uno de los patios interiores y que incluirá depósitos y salas de exhibiciones. Hoy, la institución es capaz de mostrar solo el 0,4% de su acervo de alrededor de 250 mil piezas, y que van desde fotografías, pasando por pinturas, vestuario, muebles y piezas arqueológicas. Una diversidad que necesita un complejo sistema de conservación específico para cada material.

“Hacerse cargo de los depósitos es una deuda del Estado. Es difícil, porque es la trastienda, lo que los auspiciadores no van a apoyar, porque el público no lo ve. A Chile, la museografía como gran concepto entró con fuerza recién a fines de los 90 con la implementación del Centro Nacional de Conservación y el Centro de Documentación de Bienes Patrimoniales”, dice la conservadora del Museo Histórico, Carla Miranda.

Cuestión de recursos

Otros dos museos que sufren la falta de espacio son el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Bellas Artes, que además comparten el mismo edificio en medio del Parque Forestal, de 1910. No es un misterio que desde hace años la pinacoteca nacional tiene el afán de ocupar todo el inmueble con la idea de comprar la parte que pertenece a la U. de Chile. Con el dinero recibido, la Casa de Bello construiría su propio edificio para arte contemporáneo. “Disponer de ese espacio nos haría crecer en un 400%, algo sin precedentes para el Bellas Artes. Hoy, los depósitos de 660 metros cuadrados están en buenas condiciones, pero son insuficientes”, señala el director Roberto Farriol. Por su parte, la cabeza del MAC, Francisco Brugnoli, también reconoce una crisis difícil de subsanar con los escuálidos $ 200 millones que recibe al año como presupuesto de la U. de Chile. “Si bien somos conscientes de las necesidades del Bellas Artes, se debe considerar que este edificio es el segundo más antiguo de la universidad y el de mayor valor arquitectónico. Son puntos que hay que evaluar cuidadosamente”. El MAC tiene, además, la sede de Quinta Normal, la que Brugnoli desearía ampliar para depósitos. “Es muy posible habilitar los zócalos, ya que solo utilizamos un 30% del edificio”. Pero aún faltan los recursos.

Otro complejo panorama vive el Museo de la Solidaridad, que posee la colección de arte internacional más valiosa del país, con obras de Roberto Matta, Joan Miró, Alexander Calder, Frank Stella y Julio Le Parc, donadas por los propios artistas durante los 70 y en apoyo al gobierno de Salvador Allende. El acervo pasó al Estado en 2005, por lo que recibe recursos de la Dibam. Aun así funciona bajo la custodia de la Fundación Arte y Solidaridad, dueña de la casa en calle República.

A pesar de que el inmueble cuenta con la obra gruesa de un depósito de 400 metros financiado por Fondart, no hay más recursos para habilitarlo, y las obras se mantienen guardadas en un inmueble en la calle Compañía, con básicas condiciones de conservación. “No hemos conseguido más dineros y el proyecto por ahora está detenido. Al parecer, las prioridades del Estado por su patrimonio no figuran por aquí”, señala su directora, Claudia Zaldívar.

7.10.13

Velázquez y la familia de Felipe IV, exposición en el Museo del Prado desde el 8 de octubre de 2013 hasta el 9 de febrero de 2014.



Vía Museo del Prado.

8 de octubre de 2013 - 9 de febrero de 2014

Edificio Jerónimos. Sala C

Comisario: Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700)

A través de una treintena de obras, la exposición Velázquez: y la familia de Felipe IV pretende introducir al espectador en dos temas profundamente interrelacionados. Por un lado, la actividad como retratista desarrollada por Velázquez en los once últimos años de su carrera, y la continuación de esa labor por sus sucesores Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Carreño durante las décadas de 1660 y 1670. Siendo una exposición sobre retratistas cortesanos, también lo es sobre la familia real. De hecho, en 26 de esos treinta cuadros se representa al rey, a su mujer o a sus hijos, cuyas peripecias personales tuvieron una repercusión europea, pues afectaban al equilibrio de fuerzas del continente. La exposición invita a reflexionar, así, no sólo sobre uno de los momentos más brillantes y con mayor personalidad de la carrera de Velázquez y de la historia del retrato cortesano español, sino también sobre cómo este tipo de pinturas se convirtieron en instrumentos de intercambio diplomático, y cómo reflejaban las expectativas que en toda Europa se tejieron en torno al devenir de la familia real.

Cronológicamente la exposición abarca desde la entrada en Madrid de Mariana de Austria como nueva reina (a finales de 1649) hasta su retiro en Toledo en 1677, después de haber dado luz a un príncipe, haber enviudado y haber ostentado la regencia durante diez años. Cuando llegó a Madrid, Velázquez se encontraba en Roma, donde en 1650 realizó una docena de retratos relacionados con la corte papal, que constituyen hitos en la historia del género. A la exposición se traen cuatro de ellos, que permiten documentar lo que hacía Velázquez en un momento en el que debería haber estado en Madrid, retratando a la reina (una de las grandes paradojas de su carrera); y permiten también mostrar hasta qué punto se trataba de un pintor capaz de adaptarse a las diferentes expectativas de sus patronos. La comparación de los retratos romanos con los retratos de busto que hizo de Felipe IV, Mariana de Austria o Maria Teresa revelará cómo en Roma amplió la gama expresiva de sus retratos, y cómo a su vuelta a la corte madrileña recuperó el hieratismo y la distancia anteriores.

El núcleo de la exposición está compuesto por los retratos reales que hizo Velázquez en Madrid desde su vuelta de Roma hasta su muerte en 1660. Son once piezas que forman un capítulo aparte dentro de su carrera, por su singularidad iconográfica y técnica, y en las que se mantuvo a un nivel de calidad extremadamente alto. El mundo femenino e infantil invade por vez primera su catálogo, el color se hace más denso, variado y suntuoso de lo habitual hasta entonces, y se incorporan decididamente las alusiones espaciales a los retratos reales. Entre esas obras destaca especialmente Las Meninas, que aunque no van a figurar físicamente en el espacio expositivo, forman parte fundamental de la muestra. Las meninas supone una formidable reivindicación del género del retrato, y un gran ejercicio de autoafirmación social y profesional por parte de su autor. Su complejidad iguala un retrato a la más erudita “pintura de historia”, y la convierte en el mejor ejemplo del grado de sofisticación al que había llegado la corte española. Porque cuando Velázquez lo pintó –y es una de las cosas que pretende subrayar la exposición- la cultura cortesana española atravesaba uno de sus momentos más creativos, con literatos como Pedro Calderón y Antonio de Solís en la cima de sus facultades, o con unas Colecciones Reales en pleno proceso de expansión y remodelación. La demanda de imágenes a que dio lugar la llega de una nueva reina y el nacimiento de infantes y príncipes obligó a multiplicar el número de retratos y a poner en marcha un activo taller. La exposición refleja este hecho a través de varias versiones de los originales de Velázquez, realizadas en su taller y bajo su supervisión.

La última parte de la exposición se centra en el retrato cortesano posterior a Velázquez, a través de la obra de Martínez del Mazo y Carreño. Partiendo de soluciones velazqueñas, supieron renovar la iconografía real en una dirección más abigarrada y barroca. Una de sus principales características fue la incorporación decidida de los espacios palaciegos a los retratos, especialmente los llamados “Salón de los Espejos” y “Pieza Ochavada”, que son lugares fuertemente connotados. A través de ellos, crearon una tipología que singulariza el retrato cortesano español del momento respecto a otras tradiciones retratísticas, y en la que los espacios reales actuaron como escenarios donde se escenificó el equilibrio de fuerzas entre los últimos representantes de la casa de Austria.

Ver diversos artículos sobre la exposición de Velázquez publicados por El País.

20.2.12

El Museo del Prado reconoce una Gioconda hecha por un discípulo de Leonardo.

La Gioconda del Prado antes de la restauración, la anulación del característico paisaje cubierto por una mancha oscura. © Museo del Prado.

El Museo del Prado anunció el pasado 2 de febrero que una copia de la Gioconda de Leonardo de autor desconocido, después de pasar por un proceso de restauración, se atribuye a un discípulo del artista, el cual la habría pintado al mismo tiempo que el pintor florentino. El Museo emitió un comunicado titulado "Avance sobre las conclusiones del estudio de la copia de la Gioconda conservada en el Prado":

"La importancia de este descubrimiento, realizado durante el proceso de estudio y restauración de la obra para su participación en una exposición del Louvre dedicada al artista que se inaugurará el 29 de marzo, reside en que al tratarse de una copia coetánea y perfectamente conservada aporta una valiosa información tanto sobre el paisaje de fondo como sobre muchos detalles que rodean a la enigmática dama; como los ejes de la silla, los adornos de la tela que cubre su pecho y el velo semi-transparente que envuelve sus hombros. La restauración de la copia del Prado está a punto de concluir y el Museo tiene previsto presentar la obra restaurada y explicar detalladamente su proceso de estudio y de restauración dentro de aproximadamente veinte días, antes de su traslado a París."

Como se indica la pintura que siempre estuvo expuesta en el Prado, hasta que fue retirada para su restauración en junio de 2011, y ahora que se terminan los trabajos, será expuesta brevemente en el Museo del Prado desde el 21 de febrero hasta el 13 de marzo (sala 49), y luego partirá al Louvre donde se expondrá en el contexto de las obras que integran le exposición "La última obra de Leonardo da Vinci. La Santa Ana", entre el 29 de marzo y el 25 de junio de 2012.

La limpieza y los descubrimientos revelados en la obra del Prado no han estado ausentes de discusión, y han ampliado la reflexión sobre la posibilidad de una restauración de la Gioconda del Louvre.

Detalle de la restauración del la Gioconda del Prado, el paisaje azulado y la profundidad de perspectivas coinciden con la obra del Louvre. © Museo del Prado

Vean a seguir una excelente nota del El País.

Historia de las dos ‘Giocondas’
La restauración en El Prado de una copia de la obra maestra de Leonardo reabre el debate en torno a la limpieza del original del Louvre
Borja Hermoso, 19 FEB 2012

La reaparición –que no aparición en sentido estricto- de la ya popularmente conocida como Gioconda del Prado añade un nuevo capítulo al inacabable libro imaginario sobre los misterios del retrato más famoso de la Historia del Arte. ¿Pintó Francesco Melzi los contornos de esta inquietante copia de la Mona Lisa? ¿Fue Andrea Salai, también discípulo de Leonardo pero, además de eso, amante suyo? ¿Por qué esta réplica -que contemplada de cerca sugiere de principio a fin todos y cada uno de los mundos y sensaciones encerradas en el rostro de su hermana mayor, el original que vive en el Louvre- pasó tantos años en las paredes del Prado sin que los sucesivos responsables y los expertos sucesivos le otorgaran más valor que el de una copia más, banal, triste, oscura y casi olvidable? Y sobre todo, ¿cómo lucirá esta tabla sobre nogal, ya totalmente restaurada, en el mismísimo Louvre cuando el próximo mes sea colgada a escasos metros de la inmortal obra que la inspiró?

De momento este martes el director del Prado, Miguel Zugaza, hará públicos los detalles del informe técnico de restauración, una vez que Ana González Mozo y Almudena Sánchez han concluido esta delicada, antes escondida y ahora hiperpublicitada operación limpieza. Este martes podrá comprobarse, entre otras cosas, cómo ha quedado esa famosa zona de transparencias junto a la parte izquierda del escote de la misteriosa dama (la zona en la que un tejido semitransparente cubre el hombro izquierdo de La Gioconda), que estaba pendiente de restauración. Y, sobre todo, el mundo conocerá el estado final de esta pobre Gioconda resucitada que, durante tanto tiempo, exactamente cinco siglos, estuvo acompañada por un incomprensible y tiránico fondo negro (la tesis más extendida apunta a que fue pintado en el siglo XVIII por cuestiones relacionadas con la estética de la época). El nuevo paisaje –nuevo, refulgente y semiazulado, a simple vista casi más propio de Patinir que de un florentino del XVI-, la aparición de cejas en el rostro de la mujer retratada, por contraposición a la Gioconda auténtica, y en general el ‘rejuvenecimiento’ radical del rostro de la Mona Lisa del Prado con relación al original son algunos de los hitos del nuevo caudal de información que este hallazgo (o semihallazgo) es capaz de aportar a la obra del más genial de los pintores del Renacimiento.

Han transcurrido casi tres semanas desde que el mundo de los descubrimientos de arte acogió la noticia con evidentes signos de conmoción: no siempre ‘aparece’ una copia de la ‘Gioconda’ ejecutada por un discípulo de Leonardo Da Vinci –el que fuera- al mismo tiempo que el original. Porque esa y no otra es la hipótesis con la que trabajan en El Prado Miguel Falomir, conservador jefe de Pintura italiana y del Renacimiento, y su equipo de técnicos y expertos. Los ‘arrepentimientos’ presentes en el original y en la copia no mienten: coinciden en muchos casos. Según esta línea de investigación, maestro y alumno pintaron de manera simultánea el retrato de Lisa Gherardini… o de quien diantres sea la chica de la foto, perdón, del cuadro. O el chico. Porque no faltan, recordemos, extravagantes teorías para todos los gustos y sensibilidades, incluida la que apunta a que la Mona Lisa sea en realidad un Mono Liso llamado Alberto, amante del genio florentino. O la que sostiene que estamos ante el propio Da Vinci, que se autorretrató de esta guisa para despistar a los pobres mortales. También se ha dicho que la (o el) modelo del retrato tenía asma, que contaba 25 años, que medía 1,68 (tomando como referencia su mano derecha), que estaba embarazada y que era estrábica. Se ha dicho de todo y de todos los colores porque, para qué negarlo ya, más que una obra de arte, ‘La Gioconda’ es un enigma pintado.

Pero, antes que nada, el aterrizaje próximo de esta pintura en el Museo del Louvre junto a la auténtica Gioconda reabrirá a buen seguro el sempiterno debate en torno a la limpieza de la obra de Leonardo. Que es, más bien, una ‘no limpieza’. En octubre de 2004, la dirección del Louvre y del llamado C2RMF, el Centro de Investigación y Restauración de los Museos de Francia, aplicaron un exhaustivo chequeo a la obra maestra de Da Vinci: radiografías, reflectografía por infrarrojos, fluorescencia X, aproximación espectrofotométrica del color, digitalización en 3D… la ‘enferma’ fue sometida a un verdadero tratamiento de choque. El anterior se había producido… en la década de los 50. Desde entonces, medio siglo de inacción: una inacción que, en el caso de la restauración y limpieza de la tabla, sigue teniendo carta de naturaleza en el Louvre.

El motivo es cristalino: hay miedo. No hay miedo, hay pánico. Pánico a que, cualquier retoque en una de las capas de barniz verdoso que recubren desde hace siglos el cuadro pueda llevarse por delante parte de los pigmentos puestos ahí por Leonardo Da Vinci. Y es que, según los mayores conocedores de la obra, pigmentos y barnices son ya uno solo en algunas zonas del cuadro. “Bueno, hoy en día existen técnicas conservadoras y muy poco agresivas que podrían aplicarse, pero es que no es solo eso; la limpieza o no de La Gioconda tiene mucho que ver también con factores culturales”, resume Miguel Zugaza, director del Museo del Prado cuando se le pregunta por una hipotética restauración del original a la luz del trabajo efectuado en la copia del Prado.

En Francia, uno de los ingredientes más morbosos de esta verdadera batalla campal entre partidarios y detractores de lavarle la cara a La Gioconda se llama Pascal Cotte. Cotte es ingeniero, fundador de la empresa Lumière Technology e inventor de la llamada ‘cámara multiespectral’, el único artilugio, según él, de “establecer con absoluta fidelidad los colores con los que Leonardo pintó su obra, los colores reales antes de que los barnices vinieran a oscurecerla por completo”. El proceso que propone Cotte se llama exactamente ‘análisis colorimétrico por digitalización multiespectral’, y sostiene que con él se puede proceder a una especie de ‘restauración virtual’ de la Mona Lisa.

Pero ya se sabe: lo virtual es lo virtual, lo real es lo real. Y aunque algunos se empeñan como campeones cada día en pretender que vivimos en lo primero (y lo cierto es que uno ya tiene dudas, la verdad), todavía nos movemos en lo segundo. ¿Se le aplicará un día la cruda realidad al rostro de La Gioconda?