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26.9.13

Dos pérdidas para la arquitectura chilena: Christian de Groote y Alberto Cruz Covarrubias


Proyecto de Christian de Groote para el edificio CAP de Vallenar. © AUCA.

Vía Arquitectura Viva.

23 de septiembre de 2013.

Ha muerto Christian De Groote

Ha muerto, a los 82 años, el arquitecto y crítico chileno Christian De Groote. Nacido en Valdivia en 1931, estudió Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en el Instituto Tecnológico de Illinois. Durante los primeros años de su carrera trabajó con Emilio Duhart, junto al que construyó la Fábrica de Carozzi y el edificio de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), ambos en Santiago de Chile. En 1967 fundó su propio estudio, entre sus obras más emblemáticas está el Hotel Ralún en el Estuario de Reloncaví, la sede del Instituto Nacional de Capacitación Profesional (INACAP) de Apoquindo y las oficinas del diario El Mercurio, estas dos últimas en Santiago. Además, fue autor de más de cien viviendas unifamiliares como la Casa Fajnzylber y la Casa Cóndor, también en la capital chilena. En 1993, De Groote fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura de su país.


Proyecto de Alberto Cruz para la capilla Pajaritos. © EAD.

Vía EAD-UCV.

24 de septiembre de 2013.

Biografía Alberto Cruz Covarrubias (1917-2013)

Alberto Cruz Covarrubias, destacado arquitecto chileno y teórico de la arquitectura, nace en Santiago de Chile en 1917. Ingresa a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, donde recibe su título de arquitecto en 1939.

Entre 1940 y 1942 se desempeña en una oficina profesional, asociado con los arquitectos Jorge Elton y J. López, realizando encargos de viviendas en distintos lugares del país. Durante este último año se integra como profesor ayudante del Taller de Composición Decorativa en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile.

En conjunto con el arquitecto Alberto Piwonka, dan un giro al sentido y metodología de dicho taller, creando el “Curso del Espacio”, que debido a su fundamento y desarrollo de la actividad del curso, incidiría más tarde en la modificación de la enseñanza clásica propia de la Facultad. En 1949, participa en la reestructuración total del plan de estudios de dicha escuela, y un año más tarde es nombrado Profesor de Taller Arquitectónico.

Además de su labor académica, Cruz forma un grupo de trabajo en Santiago, donde arquitectos y artistas emprenden en la realización de estudios teóricos sobre la arquitectura.

En 1952 se integra a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, junto a este mismo grupo, pasando a ser uno de los fundadores del Instituto de Arquitectura y Urbanismo, con la mira puesta en instaurar una nueva orientación de la enseñanza de la arquitectura en Chile. Cruz y los demás fundadores proponen un planteamiento original acerca de la concepción de la poesía, el arte y oficio de la arquitectura, que es el que orienta y configura la pedagogía y el plan de estudios de la Escuela.

Una década después, revisan los fundamentos y el Plan de Estudios de la Escuela, basándose en una visión poética de América: Amereida, un poema que narra acerca de su origen y destino. Esto dará origen a la primera Travesía, organizada por profesores, por el interior del continente americano, entre Tierra del Fuego y Santa Cruz de la Sierra.

En 1969 realiza un viaje por la costa del Océano Pacífico, visitando ciudades en Perú, Panamá, Méjico, California, Washington, y Vancouver, Canadá, estableciendo contacto con arquitectos, artistas y poetas en conferencias y simposios en que expone el fundamento de Amereida y la relación que puede establecerse entre el poema y la arquitectura.

En este período también publica Para una situación de América Latina frente al Pacífico, libro realizado en conjunto con Godofredo Iommi y otros profesores de la Escuela de Arquitectura.

En 1969 Alberto Cruz participa en la formación de Ciudad Abierta en Ritoque, fundación con terrenos propios que albergan un extenso campo dunario, humedales, quebradas, campo, un borde de playa de más de 3 kilómetros y una amplia diversidad de flora y fauna. La Ciudad Abierta tiene por finalidad dar lugar a la libre y plena manifestación de todos los oficios, y que propone la unidad de vida, trabajo y estudio.

Durante estos años Cruz realiza estudios y obras en la Ciudad Abierta, trabajadas colectivamente a partir de actos poéticos, además de conferencias relacionadas con la fundación.

En 1975 recibe el Premio Nacional de Arquitectura, otorgado por el Colegio de Arquitectos de Chile, en Santiago de Chile.

En 1984 participa del proceso de fundamentos y elaboración de un nuevo plan de estudios para la Escuela, que esta vez contempla la realización de Travesías anuales por el continente, bajo la visión poética de encontrada en Amereida, y la inclusión del estudio de la Matemática pura.

Ese mismo año, Cruz asume como Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Católica de Valparaíso, siendo reelecto en 1987. En 1993 es designado Doctor Honoris Causa por la PUCV.

A lo largo de su vida, Cruz fue parte de diversos proyectos, obras de arquitectura, y autor de libros, dentro de los que se encuentra el proyecto Capilla en el Fundo Los Pajaritos (1953); Estudio Urbanístico para una Población Obrera en Achupallas (1954); Forma y Figura en la Arquitectura, (1982); Estudio acerca de la Observación en Arquitectura (1982); Cuatro talleres de América en 1979: Hay que ser absolutamente moderno (1982); Separatas del Libro no Escrito. Valparaíso: Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV (1985); Instante Segundo. 50 Años Escuela de Arquitectura y Diseño UCV (2002); Don Arquitectura (2002), Música de las Matemáticas (2002); Santidad de la obra (2002); Amereida – Paladio: Carta a los arquitectos europeos (2004); El Acto Arquitectónico (2012); entre otros.

El año 2011, Cruz recibe el Premio a la Trayectoria Académica, otorgado por la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), en Santiago, Chile.

Alberto Cruz Covarrubias fallece el 24 de septiembre de 2013, en Santiago de Chile, dejando un gran legado no sólo como uno de los fundadores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso como se le conoce hoy en la actualidad, sino habiendo impactado en la forma de entender la arquitectura en nuestro país.

29.3.13

Oficinas Generales CAP (Compañía de Acero del Pacífico), por Christian de Groote, Víctor Gubbins, Hugo Molina y Gloria Barros, 1971.

© Claudio Galeno.

Fue un impacto cuando vi por primera vez el edificio de la Compañía de Acero del Pacífico en Vallenar. ¿Que es? pregunté impresionado. "Las oficinas de la CMP (Compañía Minera del Pacífico)", fue la respuesta. "Es un edificio que estuvo por mucho tiempo abandonado y sin terminar, hasta que lo ocupó la CMP..."

Su gran escala es lo primero que impresiona. Luego percibes que son dos enormes prismas de acero suspendidos en el aire, dejando la planta noble, casi totalmente libre, a excepción del núcleo central de circulaciones. Su materialidad en acero homenajea las magnificas obras a gran escala de Mies van der Rohe.

Con el tiempo supe que era un diseño de 1971 del arquitecto Christian de Groote en equipo con Víctor Gubbins, Hugo Molina y Gloria Barros.

El edificio en general fue construido como había sido proyectado, me refiero a los dos volumenes horizontales suspendidos, pero una extensa envolvente que cobijaba los dos volúmenes no fue ejecutada completamente, a excepción de una parte del centro de la composición. Este "gran parasol" estaba pensado para definir un espacio intermedio a gran escala, que sería muy adecuado para amortiguar la intensa rediación solar de verano vallenarino.

El espacio que dejan los prismas por debajo, a nivel urbano, los arquitectos lo denominaban "pórticos", una suerte de galerías y espacios de transición.

El edificio estaba pensado para un terreno con jardines diseñados por Myriam Beach Lobos, y por supuesto sin las rejas actuales que cierran ese amplio espacio a Vallenar.

Su gran escala se debe a que fue planificado como una obra que recibiera al visitante que arribaba a Vallenar por la entrada sur del valle de Huasco, desde donde se puede apreciar en toda su magnitud, el río Huasco, el gran edificio y la pequeña escala de la ciudad, donde sólo se asoma el torreón de la iglesia.

© Claudio Galeno.

© Claudio Galeno.

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7.1.12

Carta de Christian de Groote sobre el Parque José Domingo Gómez (Plaza Juan Pablo II)

© Santiagonostalgico - Flickr.

Vía Plataforma Urbana.

Señor Director [El Mercurio de Santiago]:

Quisiera referirme a un par de cartas que han aparecido en “El Mercurio” sobre el parque que enfrenta la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, parque existente desde hace más de 100 años. Dicha área verde, consustancial y contemporánea con el Parque Forestal, siempre ha sido parque, no una plaza, y su nombre recuerda al poeta José Domingo Gómez Rojas (1896-1920).

El nombre del papa Juan Pablo II hizo su aparición cuando la Universidad San Sebastián intentó instalar ahí una estatua gigante del Santo Padre, con varios pisos de estacionamientos subterráneos como basamento. Sin embargo, el Consejo de Monumentos Nacionales vetó la colocación de la estatua, por lo que hoy constituye un contrasentido llamar plaza a lo que es un parque y, peor aún, llamarlo Juan Pablo II cuando ya no existe razón alguna para sustituir el nombre del poeta.

Pues bien, el Colegio de Arquitectos, junto con la municipalidad de Recoleta, ha lanzado un concurso público para la remodelación de este parque a fin de “convertirlo en un “lugar de encuentro de la comunidad”. En las bases del concurso se contempla un área para “expresiones artísticas” y la remodelación de la feria de artesanos.

Se sigue cayendo en el error de creer que los parques son áreas disponibles para cuando las autoridades municipales se sienten llamadas a hacer aportes a la comunidad o cuando hay elecciones ad portas. Sin embargo, esas mismas autoridades han mantenido en el peor de los abandonos dicho espacio público, en grave desmedro de sus especies arbóreas, especialmente una veintena de ombúes centenarios, amén de tolerar una pseudo feria de artesanos y la instalación de una variedad de gigantografías que hacen que la actual preocupación sea mirada con bastante escepticismo.

La municipalidad de Recoleta, en cambio, podría hacerse cargo de ese Club de Tenis ubicado inmediatamente al poniente del parque, que funcionaba a la chilena, es decir, sin pagar arriendo, patentes o contribuciones y ganar un área importante para el parque, en lugar de buscar laureles cuando lo que tiene que hacer es restituir el parque a su estado original.

Christian de Groote
Arquitecto