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8.4.24

La artista peruano española Sandra Gamarra estará en el pabellón de España en la Bienal de Venecia con una muestra sobre descolonización

Estos días han sido publicados una serie de reportajes sobre la artista peruano española Sandra Gamarra, quien estará en el pabellón de España en la Bienal de Venecia con una muestra sobre descolonización.

Ver en RTVE:

Sandra Gamarra presenta las claves del Pabellón español de la Bienal de Venecia 2024

Ver en CCESantiago:

Sandra Gamarra y su Pinacoteca migrante representarán a España en la Bienal de Venecia 2024

Particularmente destaco el reportaje hecho por Ianko López, publicado hoy en El País:


Vía El País.

Sandra Gamarra, aires de cambio en el pabellón español de la Bienal de Venecia: “Deberíamos pedir perdón por el colonialismo”

Es la primera artista no nacida en España que representará al país en la Bienal de Venecia, la exposición de arte más famosa del mundo. Su propuesta honra a las figuras indígenas ausentes en los relatos occidentales pero también a los pueblos de la España vaciada

Por Ianko López / 08 abr 2024 - 05:40CEST

Hay en el mundo monumentos a héroes y heroínas que son desconocidos en España. En Lima se alza la estatua de piedra de Micaela Bastidas Puyucahua, descendiente de indígenas y africanos que, junto con su marido, Túpac Amaru II, lideró en 1780 las revueltas contra la dominación española. Fue apresada con su familia, ajusticiada por garrote vil y después desmembrada. Muy pocos españoles conocen a Micaela Bastidas, figura de la independencia de Perú en cuya biografía se entremezclan historia y leyenda. Su monumento forma parte de un conjunto de 12 de Latinoamérica y Filipinas, antiguas colonias hispanas, que ha reproducido en pintura sobre metacrilato la artista peruano-española Sandra Gamarra Heshiki (Lima, 52 años). Conforman el Jardín migrante, la última sala del pabellón de España en la próxima Bienal de Arte de Venecia, que se abrirá al público el próximo 20 de abril. Es un espacio al aire libre al que se llega tras recorrer un supuesto museo, y donde se honra a unos personajes muy distintos a los que aparecen en los libros de historia occidentales. La idea es proponer un cambio respecto a la cultura que nos ha llegado a través de esos textos. Un paso hacia la descolonización. “Lo que no significa una forma de pensar que, aunque distinta, también sea única”, advierte Sandra Gamarra. “Se trata de una coexistencia”.

En su estudio de Madrid, a dos meses de la inauguración, se trabaja sin descanso. Para la entrevista, Gamarra interrumpe su labor con tres asistentes y se sienta en el otro extremo del estudio junto a Agustín Pérez Rubio (Valencia, 51 años), el comisario del pabellón. Ambos ya habían colaborado hace tres años en la exposición Buen gobierno, de la Sala Alcalá 31, perteneciente a la Comunidad de Madrid, que ofendió a muchos por su denuncia del colonialismo español en el continente americano. A pesar de que el Gobierno regional había censurado varias palabras del texto de sala, entre ellas “racismo”, “restitución” o “conflicto”. “¡Conflicto! ¿Te imaginas?”, se sorprende aún Pérez Rubio.

Pinacoteca migrante, el nuevo proyecto conjunto de artista y comisario, propone un modelo distinto de museo, habitado por pinturas realizadas por Gamarra a partir de otros cuadros preexistentes que se encuentran en distintas colecciones públicas y privadas del territorio español, y donde se revelan sus principios colonialistas. Una cuestión espinosa, como demostró la respuesta hostil de algunos sectores cuando el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, anunció en enero su voluntad de descolonizar los museos nacionales. Alzaron la voz quienes mostraban un repentino temor a la merma de nuestro patrimonio artístico, y negacionistas que afirmaban que España nunca tuvo colonias, sino “virreinatos”.

“Si lo que había era una serie de pueblos en igualdad de condiciones, como ellos dicen, ¿dónde estaban los indígenas en la corte española?”, se pregunta Pérez Rubio. “Y no olvidemos la explotación de esos indígenas en las minas de Potosí, solo equiparable a lo que la dictadura franquista hizo en la construcción del Valle de los Caídos”. A estas inmensas minas de plata ubicadas en Bolivia, que los españoles exprimieron con mano de obra local semiesclavizada, se alude en la primera obra del pabellón, que reproduce un cuadro del pintor potosino Melchor Pérez Holguín de los fondos del Museo de América, en Madrid. “Pues si lo prefieren lo llamamos virreinatos, pero las condiciones eran básicamente las mismas que en cualquier otra colonia, y lo demuestran documentos como la primera Nueva crónica y buen gobierno, de Felipe Guamán Poma de Ayala”, prosigue. “Como española, creo que deberíamos pedir perdón por el colonialismo. Y como peruana también, porque dentro del propio Perú se mantiene la visión colonial, que para muchas culturas que aún la sufren no es solo cosa del pasado”. Pérez Rubio añade: “Que tanta gente se sienta incómoda ante la exigencia de pedir perdón revela la continuidad de esa mentalidad colonial basada en el privilegio. Lo que muchos temen es que les quiten ese privilegio. Pero, cuando hablamos de descolonizar los museos, ante todo hablamos de una escucha. De la importancia simbólica de unos hechos que deben compartirse y tratarse de igual a igual con los que conocíamos, porque hasta ahora solo ha habido una forma de contar la historia”.

Ciertamente, cuando se abre el debate sobre la descolonización de las instituciones, parece asumirse que ello solo implica la devolución a sus países de origen de las piezas obtenidas a lo largo de la historia gracias a una posición dominante de metrópoli. Las cosas son más complejas, según Gamarra: “Cuando pedimos la restitución, mucha gente piensa que hablamos de devolver las joyas de la corona. Pero en realidad eso sería lo más fácil. ¿Cómo restituyes el agua de los ríos que has contaminado, o el aire que cada día contribuyes a ensuciar?”.

Las interrelaciones entre colonialismo y crisis climática también figuran en varias de sus pinturas para el pabellón. El pensamiento colonial no solo implica la explotación de seres humanos, sino también de los recursos de la tierra, bajo unos principios típicamente occidentales alentados por la religión. “No tengo nada contra el catolicismo, con el que últimamente me he reconciliado, pero en él existe el mandato de que el trabajo dignifica al hombre”, expone Gamarra. “Así que, para empezar, sin trabajo no éramos dignos. Y el descanso está mal visto: de ahí esa idea tan extendida del indio perezoso, porque no entiende que haya que estar siempre trabajando la tierra, constante proveedora de recursos”. La artista no ha querido limitar el alcance del mensaje al continente colonizado, sino que lo aplica también a la potencia colonizadora a través de unas imágenes de pueblos de la llamada España vaciada que remiten a paisajes del Romanticismo: “Me interesaba traer también a España al pabellón, porque si no parece que toda esa problemática migrante y extractivista sucede fuera, cuando en realidad está pasando también aquí”.

Desde que Gamarra fuera elegida por un jurado para representar oficialmente a España en Venecia, dentro del sector han emergido críticas por el hecho de que la artista no naciera en el país —es la primera vez que esto ocurre— y por la supuesta carencia de nombres españoles en la selección del comisario brasileño Adriano Pedrosa para Stranieri Ovunque (“extranjeros en todas partes”), la exposición central de la Bienal, donde la mayoría de los artistas proceden del llamado sur global. A pesar de que Sandra Gamarra viva en España desde hace más de dos décadas y que en 2015 obtuviera la doble nacionalidad. Y a pesar también de que entre los artistas elegidos por Pedrosa figuren Teresa Margolles (nacida en México, residente en Madrid), la argelina Lydia Ourahmane (que vive entre Argelia y Barcelona), y los históricos Alejandro Obregón (originario de Barcelona, desarrolló su carrera en Colombia) y Aligi Sassu (milanés trasladado a Mallorca). Además del político y artista visual Marcelo Expósito (Puertollano, Ciudad Real, 57 años), quien participa junto a otros autores internacionales en el proyecto de vídeo Disobedience Archive, sobre las luchas globales contra el neoliberalismo. En videollamada desde Milán, donde pasa unos meses como profesor invitado en la Nuova Accademia di Belle Arti, Expósito defiende la elección de Gamarra: “Pocas veces antes me he identificado tanto con un pabellón español en Venecia. Me honra participar en la misma Bienal donde Sandra y Agustín van a hacer historia a contrapelo, poniendo en evidencia las bases coloniales de los relatos identitarios españoles y europeos”.

Conviene recordar que la propia Bienal de Venecia fue concebida en 1895 como un artefacto propagandístico del que aún pervive la estructura de pabellones nacionales, los más importantes pertenecientes a las potencias coloniales del momento, como el Reino Unido, Holanda, Bélgica, Italia, Francia y España. Ofrece una foto fija de aquel poder geopolítico que hoy puede considerarse desfasada, en particular para un evento que trata de reunir las expresiones artísticas más novedosas del mundo. “Lo interesante es que esa estructura tan rígida se está haciendo porosa gracias a los propios países y sus artistas”, explica Pérez Rubio. En la anterior edición, Países Bajos cedió su pabellón en los giardini venecianos a Estonia. Este año, el mismo espacio lo ocupará un colectivo de trabajadores de plantación de la República Democrática del Congo, en conexión con el centro de arte White Cube, abierto en Lusanga por el artista holandés Renzo Martens. Y el pabellón de Brasil ha sido renombrado por la artista y activista Glicéria Tupinambá como Hãhãwpuá, pues así conocen el territorio del país los pueblos indígenas pataxós. Caben gestos más radicales que dedicar el pabellón nacional a una creadora originaria de una excolonia.

De hecho, Sandra Gamarra, que recibió en su país natal una formación artística muy clásica, se define como “pintora occidental”. “Con ello permito que existan otro tipo de artistas”, explica. “Porque si digo que soy solo artista, parece que mi práctica es aquella a la que todo el mundo debería aspirar”. Se identifica con la noción del extranjero que lo es allá donde va, desarrollada por Adriano Pedrosa en su exposición: “Entiendo ser extranjera como un mestizaje, como habitar en un cuerpo donde conviven distintas sensibilidades. Mi madre es de ascendencia japonesa. Mi abuelo materno llegó con 16 años a Perú, y se casó allí con mi abuela, que también era de padres japoneses. Mis otros abuelos eran él de la sierra del Perú y ella mestiza, quizá de padre moro y madre andina. En resumen, mi padre es mestizo y mi madre nikkei”. En honor a ella decidió hace unos años empezar a utilizar el apellido materno, Heshiki, que antes omitía.

El museo de Pinacoteca migrante propone un tránsito hacia una coexistencia luminosa que mira al futuro, pero sin dejar de lado las oscuridades del pasado y presente coloniales. Antes de llegar al jardín al aire libre, el visitante atravesará las salas Tierra virgen (con pintura de paisaje), Gabinete de la extinción (sobre el extractivismo colonialista), Gabinete del racismo ilustrado (sobre los entrecruzamientos entre colonialismo, clasismo y racismo) y el Retablo de la naturaleza moribunda (donde el bodegón clásico se convierte en una forma de criticar la sobreproducción capitalista). Varias de las obras incorporan citas de autores contemporáneos, como de Paul B. Preciado, Françoise Vergès o Yayo Herrero. Pero, en un caso, el texto pertenece a la propia persona representada. En el reverso de la pintura realizada a partir del monumento a Micaela Bastidas figuran las palabras que ella pronunció mientras se preparaba para su ejecución: “Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo. No veré florecer a mis hijos”.

17.7.16

Lo mejor de la Bienal: 1-Arquitectura de la intersección

Vía Del tirador a la ciudad.



Por: Anatxu Zabalbeascoa | 11 de julio de 2016

En una Bienal tan reivindicativa de lo elemental, de trabajar con lo que se tiene a mano, de recurrir al ingenio, de revalorizar herramientas y materiales tradicionales y de, incluso, reivindicar el clasicismo -Aires Mateus o Chipperfield- como vía para asegurar la larga vida de una arquitectura más sostenible reconforta adentrarse en una construcción temporal que con una geometría básica y pocos medios consigue simbolizar las ambiciones más artísticas de la arquitectura: la belleza, la monumentalidad y el misterio.

Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen han construido un laberinto en los jardines de la Bienal. Lo han hecho con diez círculos de diámetros variados (entre dos y siete metros). El pabellón se llama Vara porque esa medida, tan poco precisa, era la que se empleaba en la construcción de las ciudades coloniales latinoamericanas. Así, su pabellón es una arquitectura que no necesita explicación alguna, pero que se enriquece con ellas. Como la vara y su inexactitud, el proyecto defiende el azar y el tacto desde una geometría muy precisa –una estructura de acero- pero recubierta de yeso que parece contener las marcas de los dedos de los operarios. El propio color, verde azulado intenso, recorta la intervención al tiempo que la integra en el paisaje de los jardines.

El collar de círculos y sus intersecciones abren pasajes, encierran patios y enmarcan un lugar densamente poblado durante la Bienal ofreciendo vistas inesperadas. Hay y no hay jerarquía en el orden aparentemente aleatorio de estas circunferencias. Pezo y von Ellrichshausen defienden que la arquitectura es una forma de conocimiento. Por eso con medios muy básicos han construido un lugar inolvidable “que aspira a ser algo más de lo que es”. Eso es para ellos la arquitectura. Y en Venecia han necesitado poco para transmitirlo.

13.6.16

Perú en Venecia, por Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura

Vía Publimetro Perú.



POR JORGE SÁNCHEZ HERRERA – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

En los últimos años, la arquitectura y el urbanismo latinoamericano han tenido un rol protagónico en el panorama global. Colombia tiene en Bogotá y Medellín a dos ejemplos mundialmente reconocidos por sus propuestas en materia de movilidad, inclusión social y espacios públicos. El trabajo de los arquitectos chilenos despierta un interés cada vez mayor, ya no solo por sus trabajos individuales sino por una identidad colectiva cada vez más definida. Aunque en menor escala lo mismo puede decirse de Paraguay y Uruguay. Ni qué decir de Argentina o Brasil que, como en el fútbol, tienen ejemplos y representantes de sobra. Del Perú poco o nada. Al menos hasta ahora.

Hace algunos días el pabellón peruano presentado en la 15° Bienal de Arquitectura de Venecia fue premiado con una mención especial al mejor pabellón nacional. Reconocimiento compartido con los pabellones de Japón y España (que se llevó la máxima distinción). El jurado reconoció la muestra peruana “por haber portado la arquitectura a un rincón remoto del mundo, haciendo de este un lugar para la educación y al mismo tiempo un medio de proteger la cultura amazónica”.

El jurado se refiere a la muestra “Our Amazon Frontline”, curada por los arquitectos Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, quienes decidieron poner en el mapa del mundo el trabajo que viene realizando el Ministerio de Educación a través de su programa para la educación “Plan Selva” (al que le dediqué una columna semanas atrás), que busca reducir la brecha de infraestructura educativa en la Amazonía. En palabras de los curadores: “(…) el Perú lucha ahora para la salvaguarda del bosque amazónico a través de la educación, empoderando las comunidades indígenas para que sean ellas mismas los custodios de su territorio. En este esfuerzo, la arquitectura provee el espacio para esta significativa transformación cultural.”

La noticia no es menor. La Bienal de Venecia es el evento de arquitectura más importante en el mundo y este año, con el lema “Reportando desde el frente” bajo la curaduría del arquitecto chileno Alejandro Aravena, se planteó desviar los reflectores de los arquitectos para ponerlos sobre aquellas historias locales que normalmente están condenadas al olvido. Lo importante, más allá del premio en sí, es la enorme visibilidad que está recibiendo esta política pública de educación en la selva, y por tanto, sus altas probabilidades de ser continuadas por un nuevo gobierno. En un país acostumbrado a reinventar la rueda cada cinco años, ese es el mayor premio.

Vaya un gran reconocimiento a aquellos que han hecho realidad la idea de que el Perú tenga un pabellón nacional en La Bienal de Venecia por los próximos 20 años, a los curadores y productores, al Minedu y, nuevamente, al equipo de arquitectos detrás del área de infraestructura del Plan Selva.

26.2.16

Alejandro Aravena: “La arquitectura puede derrotar la desigualdad”



Vía El Clarín ARQ.

Por Franceso Erbani - especial para La Repubblica y ARq - 25/02/16
© La Repubblica. Traducción Andrés Kusminsky.

El arquitecto chileno, flamante ganador del Premio Pritzker, explica los lineamientos e ideas detrás de su curaduría para la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016, que se llamará Reportes desde el Frente.

La Bienal de Venecia 2016 es una bienal que no expone. Formula necesidades y muestra soluciones posibles. Es la Bienal de arquitectura firmada por Alejandro Aravena, la decimoquinta de la serie. Durará seis meses, desde el fin de mayo hasta el fin de noviembre, y no será una exposición de soluciones formales producidas por arquitectos y destinada a arquitectos.

“De la corte de los arquitectos, al público”, sintetiza Paolo Baratta, presidente de la Bienal. Cambia el estatuto. De una disciplina que aspira a realizar objetos singulares, asombrosos y sorprendentes, a otra que se mide con una decena de expresiones clave. Entre otras: desigualdad, periferia, desastres naturales, emergencia habitacional, migraciones, transporte público, desperdicios… Son las cuestiones que desde hace quince años comprometen a Aravena. Chileno, de cuarenta y nueve años, camisa blanca fuera de los pantalones, cabellera desaliñada, Aravena viene de un mundo en el que “se trabaja con escasez de medios y no se puede hacer lo que se quiere, sino que se necesita más bien explicar siempre por qué se lo hace”. Y agrega: “Se trata de un importante filtro contra la arbitrariedad”. Pero al vivir y trabajar en ciudades que se expanden en barriadas detrás de barriadas, debe ayudar a buscar soluciones, proyectos, dispositivos físicos que atenúen el sufrimiento. Y a ellos Aravena le dedica los esfuerzos que lo llevaron, en el enero pasado, a obtener el premio Pritzker, el Nobel de arquitectura, completando con el propio nombre una galería de brillantes arquitectos estrella. También aquí un cambio de estatuto.

Reporting from the front –este es título de la próxima Bienal– convoca y reúne cerca de noventa expositores, un tercio de los cuales tiene menos de cuarenta años. Mostrarán cómo han interpretado las expresiones clave indicadas por Aravena. No hay imágenes que anticipen el proyecto. Salvo una, introductoria: una foto tomada por Bruce Chatwin que retrata a una arqueóloga alemana, Maria Reiche, subida a una escalera de aluminio, y que observa las marcas de piedra en el desierto peruano de Nazca, que representan pájaros, jaguares, árboles y flores. Explica Aravena: “Ninguno de nosotros, estando en el piso, ve otra cosa que piedras, pero desde arriba las figuras aparecen de manera evidente: eso es lo que pedimos al que expone en la Bienal, pedimos que aporten ideas, interpretaciones que no logramos percibir”.

Estarán presentes muchos jóvenes (entre los cuales también se encuentra el grupo inglés Assemble y la india Anupama Kundoo) y también los magníficos Peter Zumthor, David Chipperfield, Herzog & de Meuron, Kazuyo Sejima, Kengo Kuma, Norman Foster, Rem Koolhaas, Richard Rogers, Eduardo Souto de Moura, Tadao Ando y Renzo Piano con el grupo G124, los jóvenes profesionales que Piano financia con el estipendio de senador.


--¿Una concesión al star system?

--No, no nos interesa todo lo que realizan estos proyectistas, pero ¿por qué no poner a disposición su creatividad cuando se trata de los temas que hemos escogido?


--Y el pensamiento lleva a Piano y al trabajo en las periferias de algunas ciudades italianas. Las periferias son su humus cultural. Las periferias de una ciudad y también la periferia latinoamericana.

--Vivir en los márgenes respecto de los grandes flujos, permite no tener un padre a quien matar, una sombra que vigila cada paso. Sin embargo, presenta el riesgo de aceptar todo lo que llega desde afuera, sin hacer valer lo que está más próximo. El lugar de margen impone que uno esté muy informado sobre lo que ocurre en el centro del mundo y, a la vez, comprender las prácticas virtuosas que ocurren allí y en otras partes. La periferia no es el lugar donde el mundo se termina, decía Iosif Brodskij.


--La otra limitación de la que proviene su arquitectura es la dictadura de Augusto Pinochet.

--La viví como estudiante universitario, cuando se forma el carácter y se es rebelde por naturaleza. Nosotros debíamos ser doblemente rebeldes.


--Una vez que se graduó vino a Italia. ¿Por qué?

--Partí para Venecia. Era el año 1992. Quería conocer la arquitectura que había estudiado solo en fotografías. Quería ver las fuentes. Caminaba por las calles y medía edificios. Y la misma curiosidad me empujó a Sicilia y a Puglia.


--Después ha vuelto a Chile.

--Sí, y empecé a trabajar. Pero encontré solo clientes horribles. Durante dos años dejé la mesa de diseño y me empecé a trabajar en un bar. Después, la pasión me capturó de nuevo. Pero esta vez la dirección del recorrido era totalmente distinta. Al comienzo del 2000, fundé Elemental, un estudio dedicado a la edificación social. El primer proyecto relevante fue un complejo para un centenar de familias de Iquique. La financiación pública alcanzaba los 7.200 dólares. Trecientos dólares debían ser aportados por las familias. Se podía hacer apenas una pequeña habitación, muy pobre y miserable. En cambio, lo que hicimos nosotros fue proyectar la mitad de un apartamento, la otra mitad estaba a cargo de los residentes. Cuando obtuve el Pritzker vino a encontrarme una mujer que había estado entre las primeras habitantes del proyecto de Iquique. Me contó que algunos habían vendido. Le pregunté a cuánto. A sesenta y cinco mil dólares, me respondió.


--¿Qué consecuencias tuvo aquella experiencia?

--El proyecto, que se remonta al año 2003, fue replicado decenas y decenas de veces. El último fue en el 2010 y fue realizado en Constitución, después del terrible tsunami. No solo se provee de un alojamiento, también se da la ocasión de generar una riqueza que habría permitido que los hijos de aquellos pioneros pudieran estudiar y tener una actividad. Iquique es el ejemplo de un lugar que produce comunidad, el espacio público es pensado como un bien precioso, que da otro valor a las casas. El elemento central fue la participación: tantas demandas, tantas necesidades expresadas y un arquitecto que con papel y lápiz ofrece una síntesis.


--¿Qué otros instrumentos tiene la arquitectura para atenuar la desigualdad?

--Se puede proyectar un buen sistema de transporte público. América Latina demuestra en este sentido experimentos encomiables. En Bogotá y en Medellín se ha reducido drásticamente la tasa de criminalidad juvenil, porque las inmensas favelas han estado mejor conectadas entre sí y con el centro por medio de sistemas funiculares y el tranvía. Lo que genera los conflictos y la rabia no es la pobreza en sí, sino más bien la desigualdad. La pobreza se ha reducido en el mundo, pero la desigualdad ha empeorado. La redistribución no basta para colmarla. Para que sea eficaz falta mucho tiempo. La ciudad ofrece oportunidades para disminuir las desigualdades, si ofrece un transporte público eficiente y de calidad. Como también la inversión en espacio público. Son intervenciones en las que la arquitectura tiene un papel determinante.

22.8.14

Koolhaas y los elementos. Por Luis Fernández-Galiano

Vía Arquitectura Viva.

Descomponer la arquitectura en elementos es algo ya presente en Vitruvio, y desde luego en Alberti y la tratadística posterior, pero sólo se formaliza en la enseñanza beauxartiana que codifican los libros de Durand, Reynaud y Guadet. Progresivamente abandonado durante el siglo XX, el enfoque académico experimentó un retorno efímero con la postmodernidad de los setenta y los ochenta, y regresa ahora por segunda vez de la mano de Rem Koolhaas, que ha dedicado el pabellón central de la Bienal veneciana a quince elementos de la arquitectura, expuestos con ayuda de objetos históricos, fragmentos de edificios y maquinaria contemporánea, y resumidos en quince pequeños libros que recorren los orígenes, evolución en el tiempo y condición actual de cada uno con profusión de imágenes y textos que combinan lo erudito con lo anecdótico.

Recopilada esencialmente por estudiantes de Harvard tutelados por Koolhaas —aunque con la participación de algunos autores invitados como Keller Easterling, Sébastien Marot o Alejandro Zaera—, la muy abundante información se dispone en la página de manera más bien informal, con una apariencia gráfica povera que recuerda en menor formato la diagramación desprejuiciada del Whole Earth Catalog y las otras biblias contraculturales de la efervescencia libertaria juvenil posterior a 1968, dando así un barniz alternativo a lo que podría haberse entendido como mera recuperación disciplinar de la enseñanza académica.

El Catalog, que muchos han considerado un antecedente impreso de la World Wide Web por su empeño en referenciar todo tipo de libros, informaciones, productos y herramientas, tenía como subtítulo ‘Access to tools’, y es probable que este rótulo se pueda aplicar también a la exposición y los libros del holandés, cuya extraordinaria variedad de datos, ilustraciones y episodios pueden servir de estímulo para los jóvenes arquitectos de igual forma que la acumulación de recomendaciones y noticias compiladas por Stewart Brand fertilizaron —hace ya casi medio siglo— la imaginación y los proyectos de su generación.

Los quince elementos se inician con el suelo, el muro, el techo y el tejado, prosiguen con la puerta, la ventana, la fachada y el balcón, y tras detenerse en el pasillo, exploran el fuego y el agua con la chimenea y el baño, para finalizar con la escalera, que se prolonga algo artificiosamente con otros tres elementos de circulación que expresan a la vez la voluntad de contemporaneidad y la preocupación con el movimiento del creador de la ‘sección libre’: la escalera mecánica, el ascensor y la rampa.

En la enumeración sólo vagamente sistemática, y en su acumulación heteróclita de materiales, los elementos de Koolhaas no pueden legítimamente compararse con el Précis de Durand, el Traité de Reynaud o los Eléments et Théorie de Guadet —por más que en la exposición se muestren ejemplares de la abundante tratadística académica sobre los elementos de la arquitectura—, y por ello no cabe reprochar pedantemente las inconsistencias argumentales, las muy notorias ausencias o los fatigosos desdoblamientos y reiteraciones.

Al igual que S,M,L,XL se describía como una «free-fall in the space of typographic imagination», estos quince pequeños volúmenes son una caída libre en el espacio de la imaginación arquitectónica, y así deberían entenderlo los numerosos censores que han fruncido ya el ceño: estos elementos no suponen un retorno a la enseñanza académica, sino a la contracultura de los años setenta, y no de otra forma cabe interpretar su mensaje de back to basics. Koolhaas ha inscrito su Bienal bajo el signo de los Fundamentals, los datos esenciales que describen la situación de una empresa, y al aplicarlos a la arquitecura su labor ha tenido más de diagnóstico que de propuesta. Pero alguien tenía que hacerlo, y esta reflexiva paradinha disciplinar resulta al cabo refrescante y bienvenida.


Rem Koolhaas, AMO, Harvard GSD
with Irma Boom et al.
Floor, Wall, Ceiling, Roof, Door,
Window, Façade, Balcony,
Corridor, Fireplace, Toilet, Stair,
Escalator, Elevator, Ramp
Marsilio, Bienal de Venecia, 2014
88, 120, 180, 156, 156, 164, 208,
180, 148, 156, 172, 308, 88, 120, 92 páginas.

24.6.13

"Los Utopistas concretos" critican el arte contemporáneo en Bienal de Venecia

© Visual Public Service.

Vía EFE- El Universal.

El escritor chileno Santiago Elordi critica la opulencia de los pabellones nacionales de la Bienal de Venecia de Arte mediante una "exposición callejera" en la Ciudad de los Canales que acerca el arte al público para liberarlo "del monopolio de los grandes mecenas que realizan obras para expertos" .

El grupo de Elordi (Santiago de Chile, 1960) actúa bajo el nombre de Servicios Visuales Públicos (SVP) pero a sus integrantes de todas las nacionalidades, con frecuencia, se les conoce como "los utopistas concretos" , "los retrógrados futuristas" o "los alegres sepultureros del arte contemporáneo" .

Y es que ese es su verdadero objetivo, el fin por el cual han llegado a realizar discursos en las calles de Nueva York "sobre una caja de manzanas" o a teñir el río Mapuche de Chile, "enterrar el arte contemporáneo" , aunque Elordi reconoce con humor que hablar al mundo, en ocasiones, "es predicar en el desierto" .

Su última actuación ha tenido lugar en plena Bienal de Arte de Venecia en la que países de todo el mundo exponen sus "millonarios pabellones" cuando, en realidad, "el arte no debería costar dinero" y mucho menos, según el escritor, "ir acompañado de libretos explicativos de las obras" .

Allí, en el corazón de la "Ciudad de los Canales" los miembros de SVP han convertido la céntrica y comercial Via Garibaldi en un canto al arte ciudadano, en un conato de liberación de un arte, según ellos, "secuestrado" .

La representación que han instalado en esta comercial calle veneciana consiste en una crítica irónica y casi humorística de lo que se lleva a cabo en el contexto de esta 55ª Bienal de arte de Venecia, que engloba obras, según el chileno, que "no son interesantes sino que están dirigidas a un grupo de especialistas que equivocaron el camino" .

Ahora, los escaparates de esta calle de Venecia, de comercios modestos y humildes, muestran mensajes irónicos que aluden a la posibilidad de que el arte pueda estar en cualquier lado, en el interior de las personas, como la que reza en una vitrina de un humilde negocio que "Hay artistas que no saben que son artistas" .

Porque esta es la frase que resume todo el movimiento, la que asegura que el arte está en el interior de los seres humanos, no en enormes y costosísimas exposiciones imposibles de comprender.

"Lo importante es que la gente ahora pasa y se queda mirando los escaparates y que hemos logrado suscitar un gran interés entre los visitantes, gastando solo dos pesos y sin la necesidad de despilfarrar millones de dólares" , se felicitó Elordi.

Y los propietarios de estos negocios parecen sentirse encantados con la iniciativa, como Emanuella Novello, propietaria de una pequeña tienda de regalos de la vía tomada, artísticamente hablando, por SVP y que afirma que nunca imaginó que "podría ser vista como una artista dentro de su negocio" .

Estos "felices sepultureros del arte contemporáneo" han plantado, según Elordi, un germen en Venecia y mantienen que no cejarán en el empeño de extender esta reivindicación en todo el mundo "porque el arte, es de las personas" .

El intelectual chileno recordó con nostalgia que sus reivindicaciones vienen de lejos y sientan sus orígenes en el periódico Noreste, una publicación que alcanzó los 500 mil ejemplares, "cuajada de noticias inventadas" y que pretendía servir de relevo generacional durante el Régimen Militar (1973-1990) de Augusto Pinochet, en la década de los 70 y de los 80.

Por último, el líder y escritor vaticinó que el arte contemporáneo, tendrá "una vida muy corta y un legado aún menor" , y aseguró que vencerá a este enemigo "con la ayuda de la alegría y del sentido del humor" .

28.1.13

"Fundamentales" en la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, curatoria de Rem Koolhaas.

Una interesate apuesta de Rem Koolhaas para la Bienal de Arquitectura de Venecia, por los que estamos los que trabajamos en revisitar nuestra memoria...


Ver sitio web de la Biennale di Venezia.

Vía El País.

Rem Koolhaas contra las estrellas

“El arquitecto estrella es una figura que no existe, un lugar común para referirse a los que ganan montañas de dinero y realizan todos los proyectos que desean. Un invento de los periodistas perezosos”. Rem Koolhaas (Rotterdam, 1944) toca su cabeza con la mano derecha y hace una serie de círculos. Habla en un tono suave. Posa como un profesor apasionado por su asignatura favorita. Arquitecto, urbanista y prolífico escritor de ensayos, viene del mundo del periodismo y del cine. Sus libros han sido el faro para unos y la tormenta para otros. De arquitectura del espectáculo no quiere oír hablar. La mirada del holandés, nuevo director de la Bienal de Arquitectura 2014, se aleja de todo convencionalismo y sigue la línea del anterior comisario, el inglés, David Chipperfield, que declaró sin reservas el divorcio del star system.“Es hora de ocuparse de arquitectura, no de los arquitectos”, asegura Koolhaas, premio Pritzker (2000) y León de Oro a toda su carrera en la Bienal de Venecia (2010).

Su propuesta consiste en un viaje a los orígenes de la globalización. Bajo el título general Fundamentals, dará un giro de 360 grados a las últimas ediciones, concentradas en la celebración de lo contemporáneo. El enfoque Koolhaas se centrará en la historia de la arquitectura y los elementos básicos e inevitables que la componen. Por ejemplo, “el techo, el suelo, la pared, que todo arquitecto ha empleado en algún momento de su carrera”. El recorrido abarcará la evolución de las arquitecturas nacionales de 1914, año de la Primera Guerra Mundial, y arranque la globalización a 2014.

Nacida como hermana menor de la Bienal de Arte, el capítulo de Arquitectura comienza a hacerse mayor y a demandar nuevas fronteras. La recién concluida edición de Chipperfield dio mucho de qué hablar, registró un aumento del 4,7% del número de visitas y un total de 178.000 entradas vendidas. Koolhaas desembarca en Venecia con un año de tiempo para revolucionarla. Como primer cambio transforma su duración: la muestra se extenderá seis meses, tres más de lo usual: del 7 de junio al 23 de noviembre de 2014.

La gran piedra en el zapato de las Bienales suelen ser los pabellones nacionales, que por lo general van a su aire. Sin embargo, el innovador Koolhaas pretende crear un hilo conductor y que todos se unan a otro tema: Absorbing Modernity: 1914-2014. “Cada pabellón debería eliminar a su manera las características nacionales en favor de la adopción casi universal de una sola lengua moderna y así poder crear un repertorio único”. Sobre este punto Koolhaas ha querido dejar claro que no tiene mucho sentido dialogar cada uno por su cuenta. “En 1914 era válido hablar de arquitectura china, india, o suiza; pero 100 años después, bajo la presión de guerras, regímenes políticos muy diferentes, múltiples condiciones de desarrollo, movimientos arquitectónicos, talentos individuales, amistades, desarrollos tecnológicos, las arquitecturas que antes eran específicas y locales ahora son intercambiables y globales”.

Si los países extranjeros no ceden al proyecto de Koolhaas, se jugará otra carta. Quiere profundizar en las raíces históricas a través de un viaje a los 100 años de arquitectura mundial, y para ello cuenta con el Pabellón Central, en los Jardines. En el Arsenal desarrollará una evaluación de la arquitectura italiana en el último siglo. Y sus aspiraciones requieren tiempo. Para coger el timón de la Bienal, Koolhaas ha puesto como condición comenzar a trabajar un año antes.

Mientras sigue en paralelo la transformación de un edificio renacentista en un centro comercial, en Rialto. El inmueble, que ha sido motivo de gran polémica es la Alhóndiga de los Alemanes (Fontego dei Tedeschi), erigido en 1228 y reconstruido en el siglo XVI. Fue el almacén de los comerciantes alemanes durante la República de Venecia. En el siglo pasado era propiedad de correos italianos, que alteraron su interior. La familia Benetton lo compró por 53 millones de euros y piensa abrir un centro comercial en 2015. Se calcula que lo visitarán seis millones de personas al año.

Al tocar este punto caliente, Koolhaas corta en seco. “El proyecto del Fontego ha sido una interesante aventura, que ha tenido un final feliz. No he sufrido por los problemas que he encontrado y que la final han sido separados”. Para llegar al “final feliz”, ha debido rediseñar el proyecto inicial, que proponía una gran terraza cubierta con techo de cristal sobre el Gran Canal. Ha sido eliminada la escalera móvil del patio central y será sustituida por una opción menos agresiva visualmente.

Meter las manos en la frágil Venecia, ciudad museo al aire libre es siempre delicado. El puente de la Constitución, proyectado por Santiago Calatrava, sigue dividiendo a la ciudad. De eso es consciente Koolhaas. “Venecia no es inmune a la modernidad, porque se encuentra en todas partes. Aquí también hay ascensores. La verdadera pregunta que hay que plantearse es si Venecia puede afrontar con inteligencia el cambio inevitable”.