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2.12.17

Departamento de Física, Campus Saucache, Universidad de Tarapacá, Arica. Marsino Arquitectos



El Departamento de Física del Campus Saucache de la Universidad de Tarapacá en Arica, obra de la destacada oficina Marsino Arquitectura: Jorge Marsino, María Inés Buzzoni, Diego Achurra, con los colaboradores: Camila Pérez, Carolina Fernández.

Se trata de un diseño que fue desarrollado en los años 2011 y 2012, la construcción se inició el año 2013, para ser terminado el 2014.




Es un edificio que se antepone a otro cuerpo preexistente de carácter racionalista, muy neutro, y se conecta a él mediante circulaciones posteriores.

La nueva construcción se situa al borde del eje central de circulación del campus, de modo a configurar una fachada contemporánea para el Departamento de Física. Su aspecto exterior es de un cuerpo envuelto por un expresivo velo exterior.



Se accede por una suerte de grieta o fisura, un espacio contenido entre cuerpos macizos, a través de rampas y escaleras, que van elevando dinámicamente al transeunte.

El interior y lateral al eje dinámico de circulaciones, se abre una plaza a gran escala orientada al norte, envuelta por el filtro. Se trata de un espacio intermedio de carácter público, resguardado e introvertido.



Las rampas se elevan hasta la conexión con el antiguo edificio y desde ese puente, se pude visualizar la totalidad de las operaciones arquitectónicas, envolvente, dinamismo de circulaciones, fisura, interior público introvertido.

Desde que se publicó ha sido publicado internacionalmente. En el 2015 fue publicado inauguralmente en la revista AOA nº30, el 2016, en la revista peruana Arkinka nº245, en la mexicana Enlace nº259 y en la italiana Industria delle Costruzioni nº 449.



Este 2017, con Pablo García y Gustavo Contreras visitamos el edificio com nuestros estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte, y pudimos constatar que las inteligentes operaciones que desarrollaron los arquitectos definen una arquitectura de resistencia (ver: Excavación, introversión y lo intermedio: La arquitectura contemporánea del Norte Grande de Chile como formalización de la resistencia), definiendo un nuevo lugar en el asoleado campus, construyendo lo intermedio y la introversión. En síntesis una arquitectura de estética contemporánea, innovadora pero profundamente preocupada de las variables del lugar.

Considero que en el espectro de mucho interés de arquitecuras preocupadas de entregar hábiles soluciones espaciales para el norte chileno, esta pieza destaca como una de las obras más relevantes de los tres últimos años.

1.11.17

Centro Judicial de Antofagasta, Guarello Arquitectos



Desde hace varios años se podía apreciar en Antofagasta un gran edificio que se levantaba en calle San Martín, enfrentando el límite oriental del patio del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB). La obra en cuestión se trataba del Centro Judicial de Antofagasta, un proyecto del año 2013-2014, e inaugurado este 2017. La oficina responsable del diseño son Guarello Arquitectos, liderado por Fernando Guarello. En su sitio web se pueden ver algunas infografías del proyecto.

El sitio que ocupó, antes era de FCAB, y allí habían algunas construcciones de madera de los ingleses, de la época del salitre.

El sitio es alargado en el eje noreste suroeste, y por el limite oriental, el deslinde va algo rotado en diagonal, lo que deja el sitio y el edificio con una forma de cuña que apunta al noreste.



Uno de los puntos centrales del edificio, es su fachada, que desde lejos, se aprecia hermética y pesada, pero que al acercarse al edificio se vuelve ligera y acanalada. Se trata de celosías de acero corten perforadas que filtran la excesiva luminosidad del medio ambiente y la radiación proveniente de las tardes de veranos (que es la orientación de esa fachada).





El edificio posee un basamento que eleva el peaton y articula la diferencia de niveles del terreno. Además entrega un corredor cubierto hacia la calle, el cual entrega otro tipo de espacio intermedio.



A pesar de la linealidad del edificio, resuelto en el terreno en forma de cuña. El interior está organizado en torno a un gran espacio central que se eleva desde la esclusa del acceso.







El espacio central que recibe las circulaciones más públicas y las escaleras, está iluminado cenitalmente por una cubierta vidriada que recibe la luz filtrada de la cubierta tamizada de madera de las terraza superior.

17.6.17

En septiembre estarían terminadas las obras del Paseo Ramírez de Calama


© Fotografía Claudio Galeno, junio 2017.

Vía Soy Calama.

Por Katherine Jofré

Ayer El municipio indicó que solo faltan 90 días para que este espacio público sea entregado a la comunidad. Actualmente se trabaja en mejoras al diseño original.

Si bien, ya muchos pueden transitar por el Paseo peatonal Ramírez de Calama, las obras aún no están listas, ya que el proyecto sufrió mejoras considerables al diseño original. Por lo tanto, este espacio junto con la Plaza 23 de Marzo serán entregadas de forma oficial a la comunidad en septiembre.

"En definitiva, dentro de 90 días más podríamos entregar el proyecto de plaza 23 Marzo y paseo Ramírez en óptimas condiciones", aseveró el jefe de Secplac, Tomislav Defilippis.

En cuanto a plazos, explicó que el proceso de reevaluación del proyecto para mejorar el paseo durará del orden de 20 días, etapa que el municipio debe hacer ante el gobierno regional para obtener los fondos. Luego de ello vendría la etapa de ejecución, la que según estimaciones del secretario de planificación, deberían durar alrededor de 60 días. Es así como en septiembre, podrían inaugurar todo el proyecto.

Tanto el paseo Ramírez como la plaza 23 de Marzo fueron concebidas como proyectos esenciales para Calama, es por ello que tuvo un financiamiento de más de $5 mil 800 millones, dineros que fueron entregados vía Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR).

17.12.15

Casa de Retiro (o Casa de Ejercicios Espirituales) del Colegio San Luis (Fundación Alonso Ovalle), Glenda Kapstein y Osvaldo Muñoz,

El concurso para la Casa de Ejercicios Espirituales se organizó al interior de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Norte en 1989. La propuesta vencedora fue proyectada por los arquitectos Glenda Kapstein y Osvaldo Muñoz, con los alumnos colaboradores David Cabrera y Fernando Glasinovic. El proyecto consolida la tesis del espacio intermedio que Kapstein había investigado como una característica de la arquitectura del norte chileno.


Casa de Retiro en foto aérea. Archivo Claudio Galeno.

El diseño organizaba el conjunto definiendo un remanso silencioso entre las dos carreteras que delimitaban la obra. Dispusieron los recintos a lo largo de extensos recorridos lineales que buscaban la meditación en el transito de un extremo al otro. En el límite sur situaron el oratorio y la capilla que se asomaba hacia el mar y a la visibilidad de la autopista. Seguían hacia el norte las habitaciones en franjas aterrazadas. Mientras que en el extremo norte emplazaron todos lo salones de reuniones, comedores y espacios públicos. Como indicaban los autores en la revista ARQ:

“La Capilla preside el lugar adquiriendo los muros la dignidad y presencia necesarias a través de la altura y el juego de planos (barreras) que definen una interioridad. A través de los planos paralelos se atrapa la situación del Trópico de Capricornio, y el plano inclinado se relaciona con el altar del Papa en la llanura nororiental de la cordillera de la Costa, reconociendo en ello el contexto simbólico del lugar.” (Kapstein, Glenda; Muñoz, Osvaldo, “Casa de Retiro, Colegio San Luis/Antofagasta”, revista ARQ 22, diciembre 1992, p.22)


Casa de Retiro en revista ARQ 22. © Ediciones ARQ.

Para Kapstein la idea de espacio intermedio, que organiza todo el conjunto de la Casa de Retiro, era una característica de la arquitectura latinoamericana. Esa identificación de lo propio americano la vinculó a una generación de diversos arquitectos latinoamericanos que tenían un horizonte común, cada uno en su propio territorio americano visando la consolidación de una arquitectura regional pero que aportaba en la configuración de un discurso latinoamericano. Sobre esta pléyade de arquitectos y obras, es fundamental el libro de Segawa, “Arquitectura latinoamericana contemporánea” , publicado el año 2005, donde se exponen obras representativas de lo “latinoamericano”, selección que tiene su origen en los diversos Seminarios de Arquitectura Latinoamericana. Un capítulo del libro está dedicado a la Casa de Retiro.


Casa de Retiro en revista ARQ 22. © Ediciones ARQ.

No deja de ser relevante la configuración de ciudadela de gran parte del proyecto estructurado en base a terrazas, muros y volúmenes puros, se sitúan los salones y habitaciones organizados por una red de espacios intermedios en base a pasillo y patios. Esta forma de organización del partido general, conecta esta obra con la formación en tiempos de la tercera modernidad, coincidiendo con una lectura que hace Humberto Eliash de la Casa de Retiro sobre su relación con el suelo, evaluando su implantación con una obra emblemática de arquitectura moderna adecuada al norte de Chile, la Hostería de Chañaral de BVCH, de 1960-1961:

“(…) doble connotación que se aprecia en los cortes; por una parte tiene la idea de aterrazarse para dar vista al mar de los volúmenes puestos en forma lineal y paralelos al horizonte del mar (que recuerda a la Hostería de Chañaral, de Valdés, Bresciani, Castillo y Huidobro, excelente ejemplo de arquitectura moderna resuelta con algunos recursos formales bastante contenidos formalmente como este) y el aterrazamiento para lograr una intimidad y un silencio que permite crear una concavidad que a través de elementos como la macro jardinera hacia la calle de arriba y la distancia de esas plataforma a la calle de abajo genera un vacío de ruido y permite maximizar el goce del silencio en el interior.” (Eliash, Humberto, “Casa de Retiro, Colegio San Luis/Antofagasta”, revista ARQ 22, diciembre 1992, p.24)

Esta forma de organización nos remite a la formación inicial de Kapstein en Madrid, junto a Candilis desarrollando la Universidad Autónoma, y el discurso de la última modernidad. En síntesis, no es desconcertado decir que “Kapstein adapta la modernidad a un clima”. Una modernidad que evoluciona, la ciudadela, y una morfología que recupera lo vernáculo y los trazados territoriales.

La idea de una modernidad arraigada al desierto chileno tiene sólidos antecedentes, sostenidos por el hecho de que a fines de la modernidad, algunas revistas internacionales de arquitectura, con ediciones dedicadas a Chile, se concentraron en estas singularidades de la producción chilena, por ejemplo el Conjunto Habitacional Salar del Carmen de Antofagasta, fruto de un concurso de la CORVI llevado a cabo en 1959, ganado por Mario Pérez de Arce y Jaime Besa y construido entre 1960 y 1964 fue publicado en la inglesa Architectural Design en abril de 1964 y en la revista argentina Summa, en su número 11, de abril de 1968, dedicado a Chile, donde además presenta el Colegio Universitario Regional, sede de la Universidad de Chile.

El conocimiento e interés de Kapstein por la modernidad arquitectónica se puede apreciar en dos publicaciones suyas sobre ese tema escritas en 1993, “Arquitectura moderna y regionalismo”, en la revista CA nº 74, así como en “Interpretación del Movimiento Moderno en la ciudad popular”, en la revista de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte, Cuadernos de Arquitectura, nº 2-3 .


Vista de las habitaciones desde Capilla. © Foto Claudio Galeno.

La escala del paisaje ha sido determinante en esta estimulante configuración territorial, y ha sido lo que más se ha destacado en prácticamente todas las publicaciones que se han hecho sobre la Casa de Retiro, pero poco se ha comentado de la unidad menor, donde se puede apreciar la escala del cuerpo en el conjunto, la unidad del dormitorio. Ese espacio intimo esta diseñado con tanto esmero que merece ser reivindicado el otro extremo de las escalas del discurso de Kapstein, la preocupación por el cuerpo.

En orden el espacio del dormitorio principia con un espacio articulador, el pasillo, que media entre los grandes desniveles-terrazas, en los muros y suelos, y con la luz del desierto, con las celosías. En el interior del dormitorio, con un baño privado, las alturas están todas muy dimensionadas, articulando las escalas del cuerpo y del paisaje. En ese sentido, un mesón, donde principia la ventana que llega hasta el cielo, tiene la altura necesaria para servir de escritorio, pero también continua como suelo de la terraza hacia el exterior. Su altura es la medida justa para estar acostado en la cama y desde esa postura ver el horizonte del mar.

5.10.14

La arquitectura de la Casa Consistorial de la Ilustre Municipalidad de Antofagasta de Iglesis Prat Arquitectos, por Claudio Galeno, revista Espacio Hogar, agosto 2014









La Casa Consistorial de la Ilustre Municipalidad de Antofagasta (IMA) fue fruto de un importante concurso nacional realizado en 1995 cuyo encargo era el de diseñar el edificio de la IMA y una plaza cívica. El primer premio lo obtuvo la destacada oficina de los arquitectos Jorge Iglesis y Leopoldo Prat asociados con el arquitecto Renato D’Alençon. La superficie proyectada fue de 16.300 m2 y su construcción se realizó desde 1996 hasta el año 2000.

El edificio ocupó una parte de la Plaza Bernardo O’Higgins que se situaba frente a la antigua Compañía de Cervecerías Unidas (de la cual hoy en día solo resta un fragmento de su fachada) y la ex Playa El Carboncillo (actualmente felizmente convertida en Playa Paraíso).

Los arquitectos en su portafolio indican que el jurado del concurso destacó que el diseño reconocía el lugar y articulaba el norte y sur de la ciudad, creando una plaza balcón y relacionado el espacio urbano con el mar.

El resultado fue una arquitectura cuya expresión volumétrica surge de la intersección de dos gigantescos prismas de base triangular: isósceles y rectángulo. Los arquitectos propusieron una edificación organizada en “una sucesión de espacios intermedios”.

El acceso fue conformado por una logia de dimensión urbana desde el cual el peatón ingresa a un espacio horizontal de baja altura que distribuye hacia las diversas circulaciones horizontales y verticales y hacia un patio central. El edificio fue organizado en torno a ese patio de tres planta de altura con grandes aberturas hacia el sureste con vistas hacia la ciudad y Cordillera de la Costa, cuya luminosidad está filtrada por una serie de vigas situadas en una cuarta planta.

Las diversas plantas o pisos articulan la diferencia topográfica natural del terreno, de modo que por la fachada poniente posee mayor altura y más pisos que las fachadas que dan al oriente. El suelo del nivel de acceso desde la plaza, desciende paulatinamente hacia el gran patio y gira bajando hacia el lobby del auditorio.

La resolución de las fachadas enfatizan una arquitectura de grandes muros con estucos ocre y detalles en piedra. Así su imagen, que tiene gran presencia urbana, se exhibe mediante una serie de quillas que avanzan sobre el entorno, exponiendo sus espacios intermedios y abriendo las fachadas hacia el entorno, constituyendo un gran edificio abierto a la ciudad.


29.6.09

En relación al Estadio Municipal de Antofagasta, por Mantis en Foro Puma

© Claudio Galeno

El sitio de los pumas (seguidores de Club Deportes Antofagasta), http://www.foropuma.cl/, siempre tiene escritos de interés sobre el patrimonio deportivo. Este texto publicado por "Mantis" a principios del año pasado, reflexionando sobre el valor de la estructura de madera del estadio municipal, es una interesante contribución. En el título el link.

Enviado por Mantis el 26/1/2008 13:10:00

Aunque de muy chico asistía a ver partidos en el Estadio Municipal, reconozco que empecé a fijarme en su atractiva estructura en la adolescencia, cuando mis largas caminatas por la costa me llevaban, no a ver un partido de fútbol sino a una pololita que vivía en la Gran Vía. Desde entonces, en que incubaba un placer por mirar que no me ha soltado, se me gravaron los atractivos de su insólita majestuosidad. Ahí se levantaba una estructura de madera que parecía haberse pensado para un gigantesco estadio inglés cuyo crecimiento se detuvo casi junto con su inicio.

Recuerdo haber entrado, traspasando los nubarrones de polvo rojo que levantaban por los jugadores, sólo para apoyarme en los enormes pilares, guarecerme bajo la sombra del palillaje y sentir esa pampina sensación de parapetarse en algo, para ver la extensión del desierto. Porque más allá de sus elegantes postes, arcos y cubierta; el resto es la inmensidad, planicie, es el desierto rayado con tiza para establecer áreas grandes y chicas, puntos de penal y casi invisibles arcos, donde más de alguna vez recuerdo haber visto un jote parado, como esperando que el partido se ponga violento.

El año pasado se anunció públicamente que el Estadio Municipal sería vendido. Se daban a conocer los montos y se daba como un hecho cierto que se estaba haciendo un buen negocio, toda vez que aquel recinto no cumple ninguna función importante.

Lo que se quería vender (así en pasado, porque parece que al menos todo se ha congelado) es un terreno, que cobija en su interior una obra de arquitectura; pequeña si se pone a la par de las estructuras deportivas actuales, pero que debe ser considerada parte del patrimonio arquitectónico de Antofagasta.

Su estructura de madera, seguramente de aquella que los barcos traían como lastre al llegar al norte a recoger la riqueza del desierto, es de una simpleza única; vigas sobre vigas descargando su peso directamente o mediante cinco arcos, en gruesos pilares.

Su diseño, lejos de buscar evitar la presencia de las columnas en las graderías, las resalta y son ellas las que aportan la gracia de este techo. Los arcos son producto de madera curvada, no facetada, lo que emparienta a este trabajo con el más fino trabajo de ebanistería, de una manera difícil de en encontrar en otras partes del país.

La investigadora Glenda Kapstein en su libro:"Espacios Intermedios: respuesta arquitectónica de la II Región", destaca que la creación de estos sombreaderos en patios interiores o accesos en las viviendas del desierto –los espacios intermedios-, son el mayor y auténtico aporte del lenguaje arquitectónico nortino, como respuesta al clima. Este tipo de características se encuentra junto a las casas de San Pedro de Atacama, de Mejillones, en las calles de Pozo Almonte, de María Elena, en las galerías de la calle Baquedano de Iquique, del Barrio Inglés en Antofagasta, sólo por nombrar algunos ejemplos.

La sombra baja la temperatura en estos patios, sombreaderos o zaguanes y produce una corriente de aire fresco hacia los demás recintos. Pero además aparece esa sensación de estar protegido, para contemplar la inmensidad del desierto, de la calle, del lo inmanejable.

La estructura del viejo Municipal, es eso: un espacio intermedio, cubierto por un trillage (palillaje cruzado) por los costados y totora, o Nepal, por arriba; que protegen del sol dejando pasar el viento. Sus pilares enmarcan un espacio que protege. El espectador se encuentra amparado en un "interior", esta adentro al modo nortino, como en las calles de las salitreras.

En este estadio no había que hacer una gran estructura para proteger de la inexistente lluvia. No era necesario alcanzar la altura imponente y fina que tiene. Con el criterio actual se podría decir con cálculos en mano, que era posible hacer algo más modesto para cubrir en forma más pobre más metros cuadrados. Pero se hizo así, marcando una dignidad propia de los teatros de las salitreras y muchas obras públicas de la época.

Temporalmente su destrucción esta detenida. Pero no pasará mucho tiempo antes que las inmobiliarias "convenzan" a las autoridades que eso es una improductiva basura, un montón de "inservibles palos viejos".

Las ideas aquí escritas, sólo pretenden que se sepa que lo que allí existe es parte de nuestro ESCASO patrimonio de arquitectura nortina. Si el Estadio Municipal cae, estoy seguro que será reemplazado por otros campos deportivos, al menos en los discursos que justifiquen la demolición. Pero su valor no podrá ser reemplazado ni por las torres de departamentos diseñadas en serie, que ocuparán su terreno, ni por las multicanchas que se entregarán para tranquilizar las conciencias de ediles y concejales.

© Claudio Galeno