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4.5.14

100 ANOS CON ALEJANDRO DE LA SOTA, 16 abril - 15 junio 2014, Centro Gallego de Arte Contemporáneo

© Fundación Alejandro de la Sota

Vía CGAC.

Comisario/a: Moisés Puente

Transcorridos cen anos desde o nacemento de Alejandro de la Sota (Pontevedra 1913 - Madrid 1996), o CGAC acolle unha exposición organizada pola Fundación ICO en colaboración coa Fundación Alejandro de la Sota, na que se reflexiona sobre a súa figura, a súa obra, o seu maxisterio e, o que parece máis pertinente, sobre a actualidade do seu legado.

Alejandro de la Sota é probablemente o arquitecto moderno español que máis paixóns levantou. Á súa figura mítica de arquitecto cunha firme posición ética ante a profesión e un discurso lóxico e directo, hai que sumarlle unha das traxectorias máis intensas e coherentes da historia recente da arquitectura española. A pesar de que as nosas circunstacias non son as súas, o seu legado continúa estando aí, listo para facer uso del. Calquera lectura que fagamos hoxe da súa obra debería pasar de xeito obrigado pola súa actualización, quizais tamén pola súa desmitificación, por facer nosa a súa maneira tan singular de facer esa arquitectura que, como el sostiña, debería de escribirse cun a minúsculo.

6.3.14

Los fantasmas acechan a la Central Lechera Clesa, un edificio industrial del arquitecto español Alejandro de la Sota

Vía Arquitectura Viva - El País.

Por Patricia Gosálvez.



La posible demolición del edificio de la vieja central reabre el debate sobre la protección oficial de la fábrica proyectada por Alejandro de la Sota en 1961

Era algo que llevaba unos meses comentándose entre los arquitectos: “Parece que, otra vez, van a tirar la fábrica de Clesa”. “Nos iban llegando rumores”, explica Teresa Couceiro, directora de la Fundación Alejandro de la Sota, el arquitecto que proyectó esta icónica central lechera en 1961. Un edificio diáfano y ligero, de los primeros en usar una estructura de hormigón pretensado. Ubicado en la Avenida del Cardenal Herrera Oria, fue un hito en su época y sigue siendo un arquetipo de la arquitectura moderna industrial española: es la fábrica en la mente de muchos arquitectos cuando, aun medio siglo después, se ponen a proyectar una fábrica. “Uno había oído algo en el Ayuntamiento, otro había intentado ir de visita y no le habían dejado, otro había preguntado al guardia de seguridad…”, explica Couceiro, que, sin embargo, estaba “tranquila”, ya que en 2010 la Concejalía de Urbanismo, tras otra especulación sobre su demolición por parte de la actual propietaria, Metrovacesa, le había confirmado que el inmueble estaba en trámites para ser protegido. “Precatalogado a falta de una firma”, dice esta arquitecta que gestiona el ingente legado de De la Sota, ordenado y conservado digitalmente en www.alejandrodelasota.org.

Entonces, el pasado 18 de febrero, un vecino de la fábrica mandó a la Fundación unas fotos que hicieron saltar todas las alarmas. Había aparecido en el recinto una caseta de la empresa de demolición Detecsa. La directora de la Fundación Alejandro de la Sota no tardó en movilizar a la profesión. Recibió el apoyo del Colegio de Arquitectos de Madrid, de distintas escuelas de arquitectura de España y de asociaciones como Sostenibilidad y Arquitectura (ASA) y Ciudadanía y Patrimonio. La fundación Docomomo Ibérico (que forma parte de una organización internacional que divulga y protege el patrimonio arquitectónico del Movimiento Moderno) redactó una carta remitida a la Dirección General de Patrimonio Histórico exponiendo su “extrema preocupación ante el posible derribo de la fábrica Clesa”. “Su demolición sería un desastre”, explica por teléfono Celestino García Braña, presidente de Docomomo Ibérico, “como repetir el error de tirar la Pagoda, de Miguel Fisac, que venimos lamentando desde 1999”. “Esta fábrica tiene el mismo valor que un palacete del XIX”, insiste. “Estos son los edificios que estamos enseñando en las escuelas, que vienen a ver los extranjeros, que están en los libros”, dice Juan Ignacio Mera, director de la Escuela de Arquitectura de Toledo. “Clesa debería estar protegida, pero hay una falta de voluntad política”.

Tras confirmar a través de un tercero que la empresa de demolición había estado en contacto con la propiedad, la Fundación Alejandro de la Sota llamó a Metrovacesa para protestar sin obtener respuesta, “salvo la retirada de la caseta inmediatamente después de la llamada”, según la directora, que también lleva varios días hablando con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid para dilucidar de quién depende que Clesa se salve de la piqueta.

El edificio, sobre cuya valía existe quorum entre los arquitectos, no tiene actualmente ningún tipo de protección. Para salvarlo de futuras amenazas, la vieja fábrica de Clesa tendría que ser designada Bien de Interés Cultural por la Comunidad o catalogada por el Ayuntamiento dentro del Plan General de Ordenación Urbana. “Esta obra maestra, como el resto de otras construidas en Madrid a partir de los años cincuenta, no está debidamente protegida ni catalogada”, opinan desde la Fundación Alejandro de la Sota, que está pidiendo firmas de apoyo en las redes sociales. “Es lamentable que estemos en manos de quien hace y deshace a conveniencia del mejor postor sin ninguna sensibilidad hacia nuestro patrimonio”, se lee en la petición.

Este periódico se ha puesto en contacto con Metrovacesa, que declinó comentar sus intenciones, ni en un sentido ni en otro, y con Detecsa, donde aseguran que estaban allí para realizar unos simples trabajos de vallado. Mientras, en el Ayuntamiento informan de que no existe una petición de licencia para demoler la fábrica. De haberla, subrayan, no habría ninguna razón legal para que fuese denegada. La “precatalogación” no tiene ningún efecto jurídico, solo significa que el edificio es uno de los 17.000 que analizará la comisión de expertos que asesora el Plan General de Ordenamiento Urbano para decidir si son o no protegidos. Y ese plan, que el actual Ejecutivo quiere dejar hecho este invierno, antes de que acabe el mandato, se podría alargar. Entretanto, se podría repetir el tan lamentado error de la Pagoda, cuyo fantasma parece despertarse. Aunque esta vez parece que ha sido solo un susto, hasta que no se proteja convenientemente Clesa, el futuro de esta fábrica de leche no está claro, ni blanco, ni en botella.

7.10.13

Miguel Fisac y Alejandro de la Sota: miradas en paralelo, exposición en el Museo ICO (Instituto de Crédito Oficial) a partir del 18 de octubre de 2013 en Madrid.

Una exposición en el Museo ICO de Madrid conmemora los 100 años del nacimiento de dos de los arquitectos más relevantes de la modernidad española: Alejandro de la Sota y Miguel Fisac.

Vía Museo ICO.



Miguel Fisac y Alejandro de la Sota: miradas en paralelo

Con motivo del centenario del nacimiento de Miguel Fisac y Alejandro de la Sota, el Museo ICO está organizando una exposición conjunta de dos de los arquitectos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Fueron dos grandes maestros, reinventaron la arquitectura moderna española y sus importantes edificios han servido de referencia a varias generaciones de arquitectos del país. Empezaron su trabajo reivindicando el lenguaje del Movimiento Moderno frente a la arquitectura historicista del régimen, y acabaron sus vidas con exploraciones muy personales.

Nacidos ambos en 1913, Miguel Fisac y Alejandro de la Sota fueron coetáneos y empezaron sus estudios de arquitectura a mediados de la década de 1930. Manchego uno y gallego el otro, los dos establecieron su despacho en Madrid en la década de 1940, en un momento en el que el Régimen de Franco desechó el Movimiento Moderno que había prendido en Europa para imponer un clasicismo de corte imperial y una vuelta al localismo y el regionalismo en la arquitectura española del que cada uno escapó a su manera.

A través de más de 500 documentos (dibujos, maquetas, fotografías, muebles y objetos), la exposición hace un extenso recorrido por la vida y la obra de ambos maestros de la arquitectura moderna española.

Como complemento de la exposición se publicará un completo catálogo en colaboración con La Fábrica Editorial.

© Alejandro de la Sota.ORG.

Sobre la exposición, la periodista Anatxu Zabalbeascoa escribió una extensa nota en El País:

Vía El País.

Miguel Fisac y Alejandro de la Sota, arquitecturas paralelas

Una gran exposición bucea en la historia de dos de los grandes clásicos de la arquitectura moderna española

Anatxu Zabalbeascoa, Madrid 3 OCT 2013.

Dos de los pilares de la arquitectura moderna española, Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913-Madrid, 1996) y Miguel Fisac (Daimiel, Ciudad Real, 1913-Madrid, 2006), podrían representar las dos caras de su profesión: la depuración abstracta del primero frente a la obsesión por la expresividad del hormigón del segundo. Pero en esa dicotomía entre industria y artesanía —o entre rigor y creatividad— se perderían las aristas que hicieron grandes a unos pioneros tan poliédricos como su propia obra.

Viajero incansable y en permanente revuelta interior, el autor del Centro de Estudios Hidrográficos de Madrid (1963), Miguel Fisac, no era un dionisíaco, aunque su obsesión por reflejar la cualidad fluida del hormigón con acabados acolchados pueda empujar a pensarlo. Tampoco De la Sota, autor del Gimnasio del Colegio Maravillas de la capital (1962), era apolíneo, aunque su camino hacia una depuración extrema (llegó a defender no hacer arquitectura como camino para hacerla") pudiera dejarlo entrever. Aunque con frecuencia se hayan simplificado sus legados para reforzar su recuerdo, ambos fueron, por etapas, lo uno y lo otro: contenidos y expresivos, cartesianos y creativos. Así, el arquitecto Moisés Puente —editor de los escritos de Alejandro de la Sota— atribuye la construcción del mito Sota a la escuela sotiana, empeñada en una lectura de la obra que acabó encorsetando al personaje”. Y el profesor de la Escuela de Arquitectura de Toledo Carlos Asensio-Wandosell observa que Fisac era moderno cuando no lo era Sota, “pero de repente Sota, a base de destilarse a sí mismo, se va abstrayendo y le va ganando la partida a un Fisac que se fue preocupando cada vez más de lo poco reconocida que era su personalidad”.

Asensio-Wandosell y Puente han puesto a Fisac frente al espejo de De la Sota y a este frente al espejo del primero en la exposición Miguel Fisac y Alejandro de la Sota, miradas en paralelo, que el ICO inaugurará el próximo día 17. Se trata de aprovechar el centenario de los dos maestros para afianzar su recuerdo. Pero también para clarificarlo, señalando que sus miradas eran más confluyentes que paralelas.

El retrato resultante revela las raíces de buena parte de la arquitectura española actual: desde la obra de sotianos de hoy como Iñaki Ábalos hasta la de José Selgas y Lucía Cano, que sumando el uso de materiales prefabricados a la expresividad del hormigón demuestran que la mejor arquitectura no nace de decidirse por un estilo sino de saber manejar cualquier recurso. Por eso, lejos de purismos excluyentes, la muestra desvela la resistencia emprendida por Fisac y De la Sota, primero ante el historicismo que imperaba en la arquitectura del franquismo y, después, ante la propia inercia moderna.

Fue la obsesión por industrializar la construcción lo que llevó a De la Sota a encargar a herreros artesanos una barandilla de aspecto industrial para su obra más celebrada, la sede del Gobierno Civil en Tarragona (1964). Sin embargo, y a pesar de que el arquitecto gallego se fue volcando en el uso de prefabricados para aligerar sus edificios, una anécdota recordada por Pep Llinás —que trabajó con él en dos proyectos— desvela lo puntilloso que podía llegar a ser. Durante la construcción de la Cancillería española en París (1987), la obra se paró porque Sota no enviaba la documentación. Llinás viajó a Madrid a comprobar qué ocurría. Y allí, en el estudio de la calle Bretón de los Herreros, lo encontró paralizado por el color de las moquetas. “Sus ayudantes estaban tejiendo, a ganchillo, muestras para el maestro”, explica Asensio-Wandosell.

Con todo, la que habla en los encofrados de Miguel Fisac es, más allá de la industria, la huella del hombre. Y a pesar de su obsesión por la expresión del hormigón, el arquitecto manchego llega a inventar un tipo de ladrillo para rematar los bordes. Lejos de traducir en incomprensión su torrente creativo, suple con su ingenio, lo que la incipiente industria española no era capaz de proporcionar. Por eso, inmersos en la actual escasez de medios, poner a dos pioneros de una época de aislamiento cultural y pobreza mirándose a la cara resulta revelador para analizar cómo cada uno fue construyendo la osadía que le llevaría a convertirse en maestro.

Puente recuerda que De la Sota dejó de trabajar unos años para decidir qué camino debía tomar y eligió la física (el montaje en seco) frente a la química (que mezcla los elementos). La hipótesis de Asensio-Wandosell es que dentro de Fisac convivían Jekyll y Hyde: el personaje público que intentó toda su vida procurarse reconocimiento —“esa ansiedad por figurar de cualquier forma en cualquier lugar le generó una imagen que finalmente le pasó factura”— y un Fisac introvertido —que pasó un año encerrado en casa de sus padres cuando estalló la Guerra Civil— “de extrema sensibilidad e inteligencia que fue luchando contra su imagen pública a base de arquitectura”, apunta. No le escatima reconocimiento: “Tiene algunas de las mejores obras de la segunda mitad del siglo XX: alcanza el clasicismo con el Centro de Estudios Hidrográficos y empieza cierto expresionismo manierista con la iglesia de Santa Ana en Madrid. El problema es que casi nadie las conoce y siempre aparece el personaje volviendo a producir rechazo”.

Que la modernidad en la arquitectura española fue de derechas es tan evidente como que era imposible construir lejos del poder y del dinero. Proyectistas con otra ideología se exiliaron o murieron en la Guerra Civil. Así, tanto De la Sota —que había luchado en el bando nacional— como José Antonio Coderch —el gran ausente de esta muestra de maestros nacidos en 1913— fueron arquitectos rupturistas y ciudadanos conservadores. Mientras, Fisac entró y salió del Opus Dei en un recorrido laberíntico para tratar de encontrarse a sí mismo y un lugar para su obra. Tal vez por eso, la distancia de un centenario sea un buen momento para reconocer, además de la escasa correspondencia entre arquitectura moderna e ideales democráticos, las palabras del propio Fisac: "la verdadera arquitectura sobrepasa a su autor".