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22.5.16

Pasión por Matta: 12 cuadros inéditos están en Chile. Galería Artespacio, Santiago, desde el 18 de Mayo al 18 de Junio de 2016

Vía La Tercera.



La galería Artespacio exhibe parte del acervo de Thomas Monahan, coleccionista de EEUU y amigo del pintor surrealista, quien además lanza un libro y adelanta una muestra en Rusia para 2018.

Por Denisse Espinoza A.

Aunque su primer encuentro cara a cara lo tuvo en 1980, Thomas Monahan sentía que conocía a Roberto Matta (1911-2002) por lo menos desde hace un década antes. Tenía 17 años cuando se enfrentó por primera vez a una de sus pinturas en el MoMA de Nueva York. Quedó helado. “Su manera de pintar el universo me fascinó enseguida. El creaba otros universos con atmósferas extraordinaras y técnicas que yo no había visto. En esa época yo hacía esculturas de papel maché en la escuela y me inspiré en Matta para mis creaciones”, recuerda Monahan.

Tras salir del colegio, estudió Economía con la idea profunda de hacer del arte un negocio. A los 26, el estadounidense abrió su propia galería en Madison Avenue, Nueva York, y su primera exposición fue con obras de Matta. Era 1977. Tres años después lo conocería en persona, en su taller de París en el Boulevard St.Germain. Para esos años, Monahan había expandido su interés hacia otros artistas ligados al surrealismo y la abstracción como Paul Jenkins, Joan Miró o Karen Appel. Su favorito seguía siendo Matta, sobre todo, luego que la amistad terminó de sellar la admiración.

Tras casi 40 años dedicado a la venta de arte -hoy tiene una galería en Chicago- Monahan (65) está dedicándose a lo otro que siempre quiso: difundir el legado de Roberto Matta. Gracias a la gestión de María Elena Comandari y Rosita Lira, galeristas de Artespacio, el estadounidense se encuentra en Chile inaugurando una muestra con 12 obras, 11 óleos y un dibujo, que recorren toda la producción del chileno, y que se abre a público hoy en el espacio de Alonso de Córdoba. También presentará su libro Matta. On the edge of a dream, donde examina las piezas de su colección contrastada con algunos de los cuadros de Matta que guardan algunos de los museos más importantes como el Guggenheim de Nueva York, el Centro Pompidou de París o la Galleria d’Arte Moderna di Ca’Pesaro, Venecia. Además, Monahan presentará el volumen la próxima semana en la casa de remates rusa Phillips, en Nueva York, como anticipo de lo que será la gran retrospectiva que está organizando de Matta para el 2018, en el Museo Hermitage de San Petersburgo.

“Para mí Matta es realmente el artista más importante del siglo XX, fue una influencia decisiva para la Escuela de Nueva York, el expresionismo abstracto y también para los surrealistas, fue el último de ellos. Antes que Pollock y antes que De Kooning, Matta ya estaba pintando con telas en el suelo. Su valor simbólico es extraordinario, lo que quizás no se hace notar a nivel de mercado”, dice Monahan, aludiendo al último récord registrado de ambos pintores estadounidenses. En febrero pasado el multimillonario Ken Griffin pagó US$ 500 millones por dos cuadros: Interchange, de Willem de Kooning y Number 17A, de Pollock, subiendo el valor de tasación de ambos artistas. Mientras, el récord de Matta está en los US$ 5.510.000 pagados en una subasta de Christie’s en 2012 por la obra La revolución de los contrarios (1943-1944).

A fines de los años 30 y principios de los 40, Nueva York estaba fascinado con Matta. El chileno había dejado el París del surrealismo, luego de una disputa con el creador del movimiento, André Bretón, y se radicó en EEUU, donde dio rienda suelta a su propia manera de pintar.

Erotismo, humor y una “nueva física” se mezclaron en sus cuadros, que siempre intentaron interpretar el tiempo y el espacio del hombre en el universo, su lucha contra las máquinas y su afán de libertad absoluta. “Matta introdujo la neofiguración a la Escuela de Nueva York que emergió como eco de la pintura europea y en esa posición Matta fue un respiro de aire fresco”, dice Monahan en su libro.

Energía vital

Como representante de ese periodo está Convict the impossible (1947), óleo que da la bienvenida a la muestra y una de las piezas favoritas del coleccionista. También hay un dibujo anterior, Sin título (1944), en el que Matta deja ver a sus primeros personajes. “Es la época en la que introduce la figuración y empieza a plasmar la complejidad de la condición humana con esa energía eléctrica que lo atraviesa todo”, dice Monahan.

La muestra recorre todas las épocas del artista con obras como Mourir pour le pain (1953), Espacio de l’ especie (1962), Cytherance (1972), Face to face (1981) y Le Coeur de L’oeil (1999). “Matta era un hombre muy divertido, abierto, lugar al que llegaba lo inundaba por completo con su personalidad. Conmigo fue un gran amigo. Cuando visitaba París me decía que lo llamara, no importaba la hora, él me recibía en su casa y a mis hijos también. Era realmente brillante, un genio irrepetible”, dice Monahan.

10.1.16

Explorador de mundos interiores: Roberto Matta.



Vía Clarin.

Una gran muestra reúne 42 obras del artista que Duchamp calificó como “el descubridor para el surrealismo de regiones del espacio”.

Por Julia Villaro

Dentro de la vitrina el viejo catálogo muestra una fotografía en blanco y negro; un grupo de hombres posa: las manos juntas sobre las rodillas, los zapatos acordonados, alguna que otra pipa. Es el año 1940 y entre esos catorce “artistas en el exilio” –así se llamó la muestra organizada por Pierre Matisse en Nueva York– hay sólo uno que no es europeo. El chileno Roberto Matta es, además de un artista exiliado, un viajero; un explorador de tierras y de estados de conciencia. “El descubridor para el surrealismo de regiones del espacio”, dijo de él Marcel Duchamp, el exiliado del arte. Compañero de Salvador Dalí y Max Ernst en las incursiones por esos extraños territorios interiores, con Matta sucedió algo diferente a lo que ha pasado con otros artistas de nuestro continente en ese lado del mundo –y de la historia–. A diferencia del cubano Wilfredo Lam o de la mismísima Frida Kahlo, para el grupo –y para los libros de arte– su nacionalidad de pertenencia casi se diluye. Roberto Matta es un “surrealista del mundo”, el único latinoamericano oficialmente aceptado dentro de la selecta secta comandada por André Breton (y también en su momento expulsado, como casi todos ellos, hecho que no hace más que enfatizar su grado de pertenencia al grupo).

Frente a esa situación Matta. Este lado del mundo , la muestra presentada en el Centro Cultural que lleva su nombre en la Embajada de Chile en Buenos Aires, busca devolverle al artista internacional su filiación chilena y latinoamericana. Ha reunido para eso 42 obras pertenecientes a diversas colecciones de ambos lados de la cordillera de los Andes. Patrimonios públicos y colecciones privadas que difícilmente vuelvan a juntarse le dan a la muestra –la más grande sobre este artista realizada en Buenos Aires– un carácter único e inédito. Y al público, la posibilidad de conocer al artista, más allá del surrealista.

Porque otros Mattas se despliegan en las orillas de ese movimiento; y todos llevan su impronta. Ese particular contraste entre el color y el blanco y negro; esa suerte de dinamismo microcósmico que habita sus telas; esos seres raquíticos que se despliegan recreando estructuras y sistemas que advertimos, pero al mismo tiempo no terminamos de comprender. El Matta obsesionado con encontrar formas nuevas en los colores azarosamente aplicados; el conmovido por los desastres de la guerra; el estimulado por el advenimiento del socialismo en Chile; el que busca en la pintura una forma personal de comunión con la literatura. A quien transformó su encuentro con el poeta García Lorca y su estadía entre otros pueblos y otras lenguas.

Después de titularse como arquitecto en Chile emprendió el viaje a Europa que ya era rigor entre los jóvenes latinoamericanos de los años veinte y treinta. Se radicó en París y allí entró en contacto con Le Corbusier, otro arquitecto pintor, con quien se advierte alguna empatía en obras como “Gibet”, de 1955. Durante los treinta viajó y conoció artistas plásticos y poetas diversos, desde Pablo Picasso hasta Lázló Moholy-Nagy. Primero, dibujó y expuso con los surrealistas sus dibujos. De 1938 son sus primeros óleos. En ellos comienza a desarrollarse lo que posteriormente será su marca de autor más destacada: una atmósfera extraña; tonos rebotando como luces, resultado de frotar la pintura después de aplicarla. Espacios de tramas seculares, anárquicas, donde el color –y en Matta un color nunca es uno solo– y el no color se suceden y el dibujo y la pintura se superponen, compiten sin llegar a ningún lado, permanecen en tensión, dando lugar a que emerjan desde el fondo de su psique figuras extrañas. Algunas biomórficas; otras, máquinas demenciales.

Con el inicio de la Segunda Guerra, Matta emigra a Nueva York. Allí el artista chileno será uno de los encargados de difundir el surrealismo europeo entre los jóvenes artistas estadounidenses. Robert Motherwell y Jackson Pollock entre otros, encontraron en las telas de Matta la protohistoria de su propio expresionismo: una vía posible para la deconstrucción de la imagen plástica. Pero eso mismo que despertaba el interés entre los jóvenes –el azar con que el chileno aplicaba la pintura– era un pretexto, un puntapié para lo que en Matta era realmente lo importante: una mancha –“mi mancha”, decía– que le permitiera ingresar a un estado alucinatorio en el cual encontrar cosas nuevas, desconocidas, “sin nombre”.

“Vemos cuerpos en movimiento, pero no vemos los misteriosos lazos que los conectan”. Sabemos que algo está pasando, sabemos cómo es eso que sucede, no podemos decir, sin embargo, con exactitud de qué se trata. En sus pinturas de los 40 y 50 la violencia y la muerte –así como la ironía– se perciben sin terminar de explicitarse. Una característica peculiar que define el tono de sus obras de forma rotunda. Hacia los 50, ya alejado de los jóvenes abstractos, Matta pone el foco en los desastres legados por las guerras. Se aleja también del surrealismo. Vuelve por primera vez a Chile en casi quince años. Publica manifiestos y artículos vinculados al arte. En 1959 en Estocolmo se realiza su primera muestra retrospectiva en Europa.

Las de los sesenta y setenta son décadas iluminadas: viaja para encontrarse con Salvador Allende y Fidel Castro; en Chile realiza murales colectivos con la Brigada Ramona Parra. Reemplaza el óleo por materiales como adobe, paja, y barro. Ilustra El gran Burundún Burundá ha muerto , del escritor colombiano Eduardo Zalamea. “Este hombre –decía en 1975 Marta Traba, acaso la teórica del arte latinoamericano más importante de esos años– fue capaz de inventar un paisaje (…) un modo de ver y sentir por golpes de sangre, por la emoción y la infalible penetración del ojo más allá de las apariencias”.

En 1985, mientras la dictadura que llevaba en Chile doce años gobernando lo confinaba –cuarenta años después de aquella foto en blanco y negro– a otro exilio, uno aún más doloroso, Matta pensaba en “crear el verbo americar y conjugarlo hasta el hastío”. De esos años son las hermosas litografías de la serie Verbo América , en la que el artista trabaja inspirado por textos de escritores latinoamericanos –Gabriela Mistral, Nicolás Guillén, Gabriel García Márquez, César Vallejo, José Martí– desandando su propio estilo plástico; retomando, para la configuración de estas imágenes, la herencia de los códices precolombinos: las líneas negras delimitan las figuras pero el color ya no traspasa sus límites, como en sus otras obras; la paleta se ha vuelto terrosa; el fondo ahora es blanco y despojado.

“…Matta es, sobre todo, la sorpresa –escribió Rafael Alberti–. Es un pintor con verdadero talento literario, que busca siempre el modo de darle un giro inesperado a las cosas (…) capaz de conjugar airosamente el verbo América (…) Uno dice una palabra y Matta rápidamente la convierte en cien cosas diferentes, cambia unas por otras, crea y recrea cualquier momento, dejando después de estar una tarde con él, en el aire de uno, la velocidad imparable de sus improvisaciones”.


Ficha
Roberto Matta
Matta. Este lado del mundo
Lugar: CCMATA, Tagle 2772, acceso por Plaza
República de Chile
Fecha: hasta el 22 de enero
Horario: martes a domingos, 11 a 19
Entrada: gratis

19.10.15

Gran interés entre antofagastinos por exposición de grabados de Roberto Matta

#robertomatta #surrealism #art #Chile #antofagasta #exhibition

Una foto publicada por Claudio Galeno (@claudiogalenium) el



Vía UCN Al Día.

Muestra permanecerá abierta hasta el 6 de noviembre en la Casa Central de la Universidad Católica del Norte.

Una masiva asistencia de público ha tenido la muestra de grabados del artista Roberto Matta, inaugurada en el Salón de Exposiciones Chela Lira de la Universidad Católica del Norte.

La exhibición incluye 46 obras seleccionadas realizadas mediante el uso de técnicas en litografía, serigrafía, agua fuerte y dibujo, entre los años 1962 y 1985.

La colección llegó a la capital regional gracias a una alianza entre la UCN, a través de su Departamento de Extensión Cultural y Vinculación; el Museo Nacional de Bellas Artes, propietaria de las obras; y Minera Escondida, mediante la Ley de Donaciones Culturales.

MAESTRO
Roberto Matta (1911-2002) es uno de los grandes artistas chilenos del Siglo XX. Fue arquitecto, pintor y poeta y es considerado el último de los representantes del surrealismo.

Quienes deseen visitar la exposición lo podrán hacer hasta el 6 de noviembre, de lunes a viernes, entre las 9:00 y las 13:00 horas; y desde las 15:00 a las 19:00 horas. La entrada es liberada.

8.9.11

Matta: El cubo abierto. Nueva instalación de la Colección Permanente del Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid.


Vía Museo Thyssen-Bornemisza

Del 09 de septiembre al 23 de octubre de 2011

Nueva instalación de la Colección Permanente.
Sala de Exposiciones Contexto en el Balcón-Mirador de la Planta Primera.
Entrada libre.

La nueva instalación de los cinco grandes lienzos del ciclo L’Honni aveuglant (El proscrito deslumbrante) de Matta perteneciente a la colección del Museo reproducirá el modo en que el artista los montó en su primera presentación al público en la Galerie Alexandre Iolas de París en 1966.

El artista chileno presentó esta serie con su sistema de “cubo abierto”, una especie de políptico de la era contemporánea con que creaba una caja destinada a envolver al espectador. Dos de ellos se mostraban horizontalmente suspendidos en el techo, cerrando el espacio creado por los otros tres. Con este espectacular montaje, Matta conseguía sumergir al espectador en su universo pictórico, un universo hermético y alucinatorio, cargado de referencias literarias, espirituales y artísticas.

Cuarenta y cinco años más tarde y con motivo del centenario del nacimiento del artista, que se conmemora en 2011, el ciclo se volverá a presentar en su esplendor original.