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27.12.18

Historia [breve] del ex Hospital [d]el Salvador. El Mercurio de Antofagasta, 24.12.2018

Vía El Mercurio de Antofagasta.


El arquitecto e investigador Claudio Galeno, cuenta que el Hospital El Salvador fue construido a partir de 1906 y fue inaugurado parcialmente en 1913. Su estilo era de un historicismo neoclásico. "Estaba proyectado para 300 enfermos. Fue proyectado entre el obispo Luis Silva Lezaeta y el ingeniero Luis Jacob, quien trabajaba para la Dirección de Obras Públicas en Antofagasta. Para su diseño el obispo visitó otros hospitales importantes como los de Valparaíso y Santiago, y el 2 de Mayo de Lima. Recogió los principales adelantos en cuanto diseño de hospitales, lo cual era el sistema de ordenamiento en base a pabellones aislados. El lugar elegido fue porque era una ladera que tenía buena ventilación, y estaba conectado al ferrocarril que pasaba por Av. Argentina aún por esos años. En 1913 aún no estaba terminado, y siguió siendo construido hasta 1927. Lo administraban las religiosas de la congregación Figlie di Sant'Anna. Iba a tener una capilla en el centro del patio, detrás del pórtico de entrada, proyectado por el arquitecto Homero Castro Nordenflycht. Fue el conjunto hospitalario más avanzado en el norte de Chile, y seguía los patrones internacionales de los avances de la arquitectura hospitalaria. Además refleja la labor social de Silva Lezaeta y las inversiones estatales realizadas en Antofagasta en torno al Centenario de Chile". En la imagen aparece el ala norte del hospital Salvador, que correspondía al área de maternidad.

25.9.18

Margot Loyola: los cien años de la mujer fantástica del folclor chileno



Vía Culto, La Tercera.

Por Jorge Leiva, 14 SEP 2018

Su rol es clave para entender la música popular del país en el siglo XX y su legado aún deja marcas en los cantautores nacionales. Sin embargo, los actos oficiales son escasos y no tiene la universalidad de Violeta Parra, su gran amiga, la artista que siempre asomó como su paralelo y que sólo el año pasado también festejó su propio centenario. Aquí, las diversas maneras de conocer a Margot Loyola, justo cuando hoy se cumple un siglo de su nacimiento.

Margot Loyola Palacios nació el 15 de septiembre de 1918, en Linares. Hace justo 100 años, como la primera hija de un singular matrimonio. “No sé cómo se pudieron casar”, decía sobre sus padres, porque ella, Ana María, era una severa farmacéutica, y su padre Recaredo Loyola era, por el contrario, un “chinganero fino”, como lo definía ella con indulgente cariño. En su biografía de 1998 fue más precisa: “Le gustaban las cosas simples. Los chunchules y las mujeres”.

No fue fácil. “Yo sentí muchas veces las lágrimas de mi madre que rodaban por mi frente”, le contó a la escritora Sonia Montecino. A sus diez años vino el fin del matrimonio, y peregrinó por distintas casas. Las imágenes que guarda de esos años miraban hacia otra parte, como le dijo a Cristián Warnken, en una entrevista de 2006: “Recuerdo las zarzamoras. Y recuerdo los caminos de tierra. Es lo más grande que tengo dentro de mí: El paisaje”.

En la adolescencia, Margot se fue a vivir con su hermana Estela y su madre a Curacaví, y allí nacieron Las Hermanas Loyola. Desde 1938 actuaron en rodeos, teatros y grabaron discos, pero avanzado los años 40, la artista abandonó esa ruta y regresó a sus caminos de tierra a recopilar canciones. “Llegábamos a un lugar, se corría la voz que estaba la Margot Loyola, y empezaba a venir gente a cantarle. A ella le gustaba sentarse en torno a un brasero a tomar mate y escucharlos”, cuenta Osvaldo Cádiz, folclorista, bailarín y su compañero por más de 50 años, hasta su muerte, el 3 de agosto de 2015.
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Anotando y grabando, acumuló un repertorio impresionante. Cachimbos en el extremo norte. Canciones de cuna kaweshkar, que le enseñó “una guardadora de cantos milenarios” de Punta Arenas. Temas mapuches de amor. Danzas populares en Rapa Nui. Valses, sajurianas, sirillas, mazurcas, refalosas, huaynos, periconas. Cuecas, por supuesto, y cientos de tonadas.

En 1956 comenzó a grabar esas canciones y desde 1980 también plasmó sus historias en libros, hoy casi todos en Internet. Ahí también está parte de su discografía, de más de veinte títulos. Varios en Spotify, casi todos en YouTube, otros descargables desde PortalDisc. En su centenario, cualquiera que pueda escuchar un reggaetón o una cumbia, también puede escuchar, si quiere, una canción de Loyola.
La maestra

En 1929 se había creado la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, y “por primera vez se buscó hacer un estudio serio a la música”, dice el musicólogo Rodrigo Torres. Y describe: “En 1941 se creó la Orquesta Sinfónica y en 1945 el Ballet Nacional, el Coro Sinfónico y la Revista Musical Chilena. En ese contexto, 1943, se fundó el Instituto de Investigaciones Folclórico – Musicales”. El flamante instituto editó en 1944 el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile, con cantos y danzas recopiladas en terreno. Aunque la selección ha sido calificada como sesgada, es, en palabras de Torres, “la primera imagen musical típica de nuestro país”.

En ese punto de inflexión en la historia del folclor chileno se posiciona Margot Loyola. Primero como parte de ese disco, donde Las Hermanas Loyola hicieron 14 de las 27 canciones. Y poco después por una invitación del rector Juvenal Hernández para hacer clases en su flamante proyecto de “llevar” la Universidad por Chile: Las Escuelas de Temporada. Por 14 años, de 1949 a 1963, la intérprete dio clases de bailes y cantos folclóricos, en ciclos de 30 días, anuales o semestrales, a veces hasta con 300 alumnos.

Los más célebres: Cuncumén, Millaray, Ancahual, o su propio Palomar. Nunca han dejado de formarse grupos. Y ella nunca dejó de enseñar. Desde sus primeros discípulos, como Víctor Jara o Rolando Alarcón, a los más recientes, como Natalia Contesse, El Parcito, Andrea Andreu o Gepe.
Violeta y los centenarios

Margot Loyola habló por primera vez con Violeta Parra cuando, en los 50, la vio en una fonda cantando “La jardinera”. Le preguntó curiosa dónde la había recopilado y Violeta se enojó: “¡Es mía!”, le dijo. Desde entonces forjaron una férrea amistad. Tenían un año de diferencia y similares historias. Padre ausente, infancia difícil, un dúo de hermanas y el oficio de recopiladores. Pero tenían una diferencia esencial: en Violeta eran cada vez más protagónicas sus canciones propias, y por el contrario, las canciones compuestas por Margot era contadas con los dedos de una mano.

La diferencia la zanjaron ellas mismas en 1960, luego de un concierto de la originaria de Linares en el Teatro Municipal. Violeta ya había grabado cinco discos, y había compuesto algunas de sus grandes canciones, como “El gavilán”. Ya se empezaba a entender la monumental creadora que iba a llegar a ser, y desde ese lugar fue a ver a su amiga al camarín y le lanzó: “Margot: Eres la gran intérprete de Chile”. “No existía esa rivalidad que tendenciosamente se ha querido presentar “, le dijo al académico Agustín Ruiz en 1995. “Ella tenía su camino y yo el mío”.

Hoy los caminos vuelven a cruzarse cuando se comparan las celebraciones de ambos centenarios. Mientras el de Violeta en 2017 colmó espacios y medios, el de Margot aparece mucho más discreto: hoy no hay ningún acto oficial. El jueves estaba programado un homenaje en el Congreso, pero se postergó para el 26.

Osvaldo Cádiz, su viudo, va a tener entonces un cumpleaños íntimo en su casa de La Reina, donde Margot pasó sus últimos años. Y tal vez lo prefiere así, porque es justamente fuera de la órbita oficial desde donde han brotado la mayor cantidad de homenajes. En colegios, en plazas, en pueblos. La Academia que lleva su nombre ya tiene clara la solución. “A diferencia de Violeta que las celebraciones terminaron con el centenario”, dice su director Juan Pablo López, “acá hoy estamos comenzando”.

Pero a pesar de las pocas luces y carteles, su importancia es incuestionable. “Chile es un país de varias culturas”, dice Rodrigo Torres, “y ella tendió un puentes entre ellas. Trajo la cultura del campo a la ciudad, y no siguió el camino que le tenía reservado el mundo del espectáculo. En 1949, el mismo año que se aprobó el voto femenino en Chile, ella estaba empezando las Escuelas de Temporada. No es una casualidad”.

Margot viajaba sola. No tuvo hijos y se casó tardíamente, luego de convivir varios años con Cádiz. Fue la primera música no docta en ganar el premio Nacional de Música en 1994. Grabó discos hasta que tuvo 92 años y publicó libros hasta los 95. El célebre folclorólogo Oreste Plath, su incondicional admirador, lo predijo en los años 70. “Margot es fuente de energía y voluntad. Que nadie la detenga. Que venga, que venga. Se sabe que terminará su peregrinaje sólo al borde de la muerte”. Pero estaba equivocado. Ese peregrinaje, el que ella comenzó cuando era una niña, se sigue recorriendo.

29.7.17

Tradicional Casa Giménez vuelve a lucir su hermosa arquitectura

Vía El Mercurio de Antofagasta.



PROYECTO. Cables que ocultaban su fachada fueron retirados, revelando belleza del edificio.

Por Jimena Herrera M.

Alguna vez su dueño afirmó: "Tendrá que caerse toda la ciudad antes que se derrumbe mi casa", refiriéndose a la conocida Casa Giménez, ubicada justo en la esquina de Baquedano y Matta.

Esta construcción situada en el corazón comercial de Antofagasta, durante años ha formado parte del paisaje urbano de la ciudad, sin embargo, difícilmente podía ser observada en toda su magnitud debido a la maraña de cables que cruzaba su fachada. Sin embargo, los cables ya desaparecieron (fueron retirados esta semana) y hoy la construcción luce como antaño su hermosa arquitectura neo-mudéjar.

Sin duda un logro que pone nuevamente en valor esta construcción, que según documentos históricos, perteneció a la familia de un comerciante español de la época, llamado Ismael Giménez.

Historia

Según explicó el secretario docente de la Escuela de Arquitectura de la UCN, Claudio Galeno, en el año 1918 la familia Giménez viajó a Sevilla (España) y quedaron fascinados por la arquitectura de estilo neo-mudéjar que desarrollaba José Espiau Muñoz. Entonces deciden encargarle un diseño para su edificio en Antofagasta.

Las obras fueron ejecutadas finalmente entre 1923 y 1924 por el arquitecto catalán residente en Antofagasta, Jaime Pedreny Gassó.

"El mito cuenta que el diseño es una copia exacta del edificio en Sevilla, lo que no es cierto. La construcción está basada en el edificio 'Ciudad de Londres' y son parecidos, pero éste tiene otra escala, otras dimensiones, y está en otra situación urbana. La Casa Giménez tiene mayores dimensiones, es más alta. Podríamos decir que es la versión robustecida", detalló el académico.

Pionera

En el libro "La Historia de la Construcción en Antofagasta... la primera piedra", de la Facultad de Ciencias de Ingeniería y Construcción de la UCN, se señala que la Casa Giménez fue una obra pionera en la ciudad.

"El edificio integró muchos murales en sus terminaciones, pinturas que fueron realizadas por el artista iquiqueño Sixto Rojas Acuña", se indica.

Galeno dice que el edificio contó con un ascensor marca Schindler (el primero que existió en la ciudad) y materiales importados. Por ejemplo, el cemento fue traído de Suecia y los azulejos de Sevilla.

"La estructura es metálica. Si uno ve una foto de la construcción, se puede apreciar un esqueleto de metal recubierto de hormigón. Era el edifico más alto de la ciudad en ese momento, además que quedaba en una parte alta y sobresalía", dijo el arquitecto.

Además cuenta que tiene seis pisos, incluida la terraza con sus torreones.

"Los torreones son pequeñas torres, volúmenes que sobresalen de la fachada. Dos por calle Baquedano y uno por calle Matta. Sobresalen y arriba terminan como en una especie de techo. La primera planta en realidad son tiendas, y hay tres. El centro de todo el edificio tiene un lucernario (tragaluz), que también están en la terraza, y es vacío al centro. Tiene un espacio vertical que comunica a todas las plantas", detalla.

Poner en valor el patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad y rescatarlo, también habla de la identidad local, opina el concejal y sociólogo antofagastino Camilo Kong, quien investiga todo lo referente a este patrimonio.

Según manifiesta, la protección de espacios como la Casa Giménez es algo que se debe fortalecer, fomentar, investigar e ir definiendo.

"Tenemos muchos edificios, manifestaciones no solamente materiales, sino también inmateriales, que forman parte de nuestro patrimonio, y es lo que nos representa, caracteriza y distingue", indicó.

Kong dijo que en el contexto de la globalización, que implica "pérdida de esa identidad", la conservación de estos espacios no sólo es una necesidad, sino que además "es un asunto que puede generar actividad laboral y económica".

$1,5 millones le habría costado a Ismael Giménez construir esta enorme

1924 año casa, que aún no es declarada Monumento Histórico Nacional y que se alza en el núcleo comercial de Antofagasta.

6 pisos tiene el inmueble en que se inaugura la tienda. Los clientes deseaban conocer las telas de importación, tejidos, calzados, sombreros y sedas. El hito marcó el inicio de la época de los "Almacenes Giménez".




Entrevista a Claudio Galeno, secretario docente de la Escuela de Arquitectura UCN.

La Casa Giménez nace en una época en donde la ciudad estaba llena de negocios extranjeros. Era una vida curiosa: mucha gente hablando distintos idiomas y viviendo en el desierto más árido del mundo. Claudio Galeno, director del magíster de la Escuela de Arquitectura, doctor y especialista en teoría e historia
de la arquitectura, contó cómo surgió esta bella época. ¿La ubicación de la casa Girnénez tuvo algún significado?

-Siempre Prat y Matta fueron calles netamente comerciales y además estaban vinculadas a las familias que vivían arriba y tenían sus negocios abajo (de los edificios). Calle Matta, era de actividad social, una calle donde se desarrolló una especie de Belle Époque, siempre se asocia a los lugares de más dinero y gente bien vestida, de principios del Siglo XX. En Baquedano había varios hoteles donde la gente se reunía y hacían fiestas.

Si uno sigue buscando, encontrará un montón de estos edificios eclécticos que tienen locales comerciales abajo y arriba vivían las familias. Además justo ahora que están sacando los cables, aparecieron
un montón de estas casas.

¿Qué es el estilo neo-mudéjar?

-Lo que hace es recuperar esta arquitectura que es herencia de los moros. España fue invadida en una época
por ellos y estuvieron por mucho tiempo en la zona de la península Ibérica. Los moros que se tomaron esa zona de Sevilla dejaron su arquitectura. Por ejemplo, la Catedral de Córdoba. Luego, cuando los españoles recuperaron sus antiguas tierras y los expulsaron, estas obras se convierten en catedrales e iglesias.
Y luego, a principios del Siglo XX, se reconoce este estilo, que es parte de la historia de Sevilla.

¿Hay alguna construcción que tenga el mismo estilo que la Casa Giménez?

-Hay otra, pero es una casa más pequeña que también está hecha en este estilo en el Paseo Prat. Hay una zapateria en el piso de abajo, está entre el edificio de Ripley y la tienda Vaticano. Se nota en el segundo piso que tiene como arcos mudéjar en la fachada. Donde hay otra construcción muy buena de este tipo es en
Iquique, es el Centro Español de Iquique. También es un edificio estilo neo-mudéjar con murales en el interior, muy decorado, pero no es tan parecido a éste. Este estilo neo-mudéjar adquirió cierto protagonismo en Sevilla, por algunos arquitectos que lo pusieron de moda, como el que hizo la Casa Giménez. En paralelo, aquí en Chile, también se estaba haciendo neo-mudéjar, pero menos moderno. Es más limpio el estilo
de los sevillanos y acá era un poco más recargado.

14.7.15

Eduardo Reyes Cox, ingeniero director de las obras del puerto de Antofagasta


Eduardo Reyes Cox en su oficina en las Obras del Puerto de Antofagasta. Fotografía de Jorge García Caballero en Zig-Zag de 1921.

La construcción del puerto la había obtenido el ingeniero Luis Lagarrigue (1918) que organizó una empresa que tuvo por socios capitalistas a Baburizza Lukinovic y Mitrovich Hnos. Esa entidad fue la primera empresa chilena para la construcción de puertos.

Hasta ese momento en Chile, no se habían organizado empresas de este tipo por falta de ingenieros especializados. La novedad de las obras en Antofagasta es que fueron dirigidas por el ingeniero Eduardo Reyes Cox, cuya competencia era reconocida. La construcción del molo se inició en junio de 1920.

En 1921 Reyes Cox contaba en su curriculum las dirección de los trabajos del Puerto de San Antonio, autor de un proyecto de mejoramiento del puerto de Corral y de la canalización del río Valdivia.

Fuente:
Arce, Isaac (1930). Narraciones históricas de Antofagasta.
Revista Zig-Zag (1921).