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25.9.18

Margot Loyola: los cien años de la mujer fantástica del folclor chileno



Vía Culto, La Tercera.

Por Jorge Leiva, 14 SEP 2018

Su rol es clave para entender la música popular del país en el siglo XX y su legado aún deja marcas en los cantautores nacionales. Sin embargo, los actos oficiales son escasos y no tiene la universalidad de Violeta Parra, su gran amiga, la artista que siempre asomó como su paralelo y que sólo el año pasado también festejó su propio centenario. Aquí, las diversas maneras de conocer a Margot Loyola, justo cuando hoy se cumple un siglo de su nacimiento.

Margot Loyola Palacios nació el 15 de septiembre de 1918, en Linares. Hace justo 100 años, como la primera hija de un singular matrimonio. “No sé cómo se pudieron casar”, decía sobre sus padres, porque ella, Ana María, era una severa farmacéutica, y su padre Recaredo Loyola era, por el contrario, un “chinganero fino”, como lo definía ella con indulgente cariño. En su biografía de 1998 fue más precisa: “Le gustaban las cosas simples. Los chunchules y las mujeres”.

No fue fácil. “Yo sentí muchas veces las lágrimas de mi madre que rodaban por mi frente”, le contó a la escritora Sonia Montecino. A sus diez años vino el fin del matrimonio, y peregrinó por distintas casas. Las imágenes que guarda de esos años miraban hacia otra parte, como le dijo a Cristián Warnken, en una entrevista de 2006: “Recuerdo las zarzamoras. Y recuerdo los caminos de tierra. Es lo más grande que tengo dentro de mí: El paisaje”.

En la adolescencia, Margot se fue a vivir con su hermana Estela y su madre a Curacaví, y allí nacieron Las Hermanas Loyola. Desde 1938 actuaron en rodeos, teatros y grabaron discos, pero avanzado los años 40, la artista abandonó esa ruta y regresó a sus caminos de tierra a recopilar canciones. “Llegábamos a un lugar, se corría la voz que estaba la Margot Loyola, y empezaba a venir gente a cantarle. A ella le gustaba sentarse en torno a un brasero a tomar mate y escucharlos”, cuenta Osvaldo Cádiz, folclorista, bailarín y su compañero por más de 50 años, hasta su muerte, el 3 de agosto de 2015.
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Anotando y grabando, acumuló un repertorio impresionante. Cachimbos en el extremo norte. Canciones de cuna kaweshkar, que le enseñó “una guardadora de cantos milenarios” de Punta Arenas. Temas mapuches de amor. Danzas populares en Rapa Nui. Valses, sajurianas, sirillas, mazurcas, refalosas, huaynos, periconas. Cuecas, por supuesto, y cientos de tonadas.

En 1956 comenzó a grabar esas canciones y desde 1980 también plasmó sus historias en libros, hoy casi todos en Internet. Ahí también está parte de su discografía, de más de veinte títulos. Varios en Spotify, casi todos en YouTube, otros descargables desde PortalDisc. En su centenario, cualquiera que pueda escuchar un reggaetón o una cumbia, también puede escuchar, si quiere, una canción de Loyola.
La maestra

En 1929 se había creado la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, y “por primera vez se buscó hacer un estudio serio a la música”, dice el musicólogo Rodrigo Torres. Y describe: “En 1941 se creó la Orquesta Sinfónica y en 1945 el Ballet Nacional, el Coro Sinfónico y la Revista Musical Chilena. En ese contexto, 1943, se fundó el Instituto de Investigaciones Folclórico – Musicales”. El flamante instituto editó en 1944 el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile, con cantos y danzas recopiladas en terreno. Aunque la selección ha sido calificada como sesgada, es, en palabras de Torres, “la primera imagen musical típica de nuestro país”.

En ese punto de inflexión en la historia del folclor chileno se posiciona Margot Loyola. Primero como parte de ese disco, donde Las Hermanas Loyola hicieron 14 de las 27 canciones. Y poco después por una invitación del rector Juvenal Hernández para hacer clases en su flamante proyecto de “llevar” la Universidad por Chile: Las Escuelas de Temporada. Por 14 años, de 1949 a 1963, la intérprete dio clases de bailes y cantos folclóricos, en ciclos de 30 días, anuales o semestrales, a veces hasta con 300 alumnos.

Los más célebres: Cuncumén, Millaray, Ancahual, o su propio Palomar. Nunca han dejado de formarse grupos. Y ella nunca dejó de enseñar. Desde sus primeros discípulos, como Víctor Jara o Rolando Alarcón, a los más recientes, como Natalia Contesse, El Parcito, Andrea Andreu o Gepe.
Violeta y los centenarios

Margot Loyola habló por primera vez con Violeta Parra cuando, en los 50, la vio en una fonda cantando “La jardinera”. Le preguntó curiosa dónde la había recopilado y Violeta se enojó: “¡Es mía!”, le dijo. Desde entonces forjaron una férrea amistad. Tenían un año de diferencia y similares historias. Padre ausente, infancia difícil, un dúo de hermanas y el oficio de recopiladores. Pero tenían una diferencia esencial: en Violeta eran cada vez más protagónicas sus canciones propias, y por el contrario, las canciones compuestas por Margot era contadas con los dedos de una mano.

La diferencia la zanjaron ellas mismas en 1960, luego de un concierto de la originaria de Linares en el Teatro Municipal. Violeta ya había grabado cinco discos, y había compuesto algunas de sus grandes canciones, como “El gavilán”. Ya se empezaba a entender la monumental creadora que iba a llegar a ser, y desde ese lugar fue a ver a su amiga al camarín y le lanzó: “Margot: Eres la gran intérprete de Chile”. “No existía esa rivalidad que tendenciosamente se ha querido presentar “, le dijo al académico Agustín Ruiz en 1995. “Ella tenía su camino y yo el mío”.

Hoy los caminos vuelven a cruzarse cuando se comparan las celebraciones de ambos centenarios. Mientras el de Violeta en 2017 colmó espacios y medios, el de Margot aparece mucho más discreto: hoy no hay ningún acto oficial. El jueves estaba programado un homenaje en el Congreso, pero se postergó para el 26.

Osvaldo Cádiz, su viudo, va a tener entonces un cumpleaños íntimo en su casa de La Reina, donde Margot pasó sus últimos años. Y tal vez lo prefiere así, porque es justamente fuera de la órbita oficial desde donde han brotado la mayor cantidad de homenajes. En colegios, en plazas, en pueblos. La Academia que lleva su nombre ya tiene clara la solución. “A diferencia de Violeta que las celebraciones terminaron con el centenario”, dice su director Juan Pablo López, “acá hoy estamos comenzando”.

Pero a pesar de las pocas luces y carteles, su importancia es incuestionable. “Chile es un país de varias culturas”, dice Rodrigo Torres, “y ella tendió un puentes entre ellas. Trajo la cultura del campo a la ciudad, y no siguió el camino que le tenía reservado el mundo del espectáculo. En 1949, el mismo año que se aprobó el voto femenino en Chile, ella estaba empezando las Escuelas de Temporada. No es una casualidad”.

Margot viajaba sola. No tuvo hijos y se casó tardíamente, luego de convivir varios años con Cádiz. Fue la primera música no docta en ganar el premio Nacional de Música en 1994. Grabó discos hasta que tuvo 92 años y publicó libros hasta los 95. El célebre folclorólogo Oreste Plath, su incondicional admirador, lo predijo en los años 70. “Margot es fuente de energía y voluntad. Que nadie la detenga. Que venga, que venga. Se sabe que terminará su peregrinaje sólo al borde de la muerte”. Pero estaba equivocado. Ese peregrinaje, el que ella comenzó cuando era una niña, se sigue recorriendo.

21.10.15

Festival de Colectividades Extranjeras de Antofagasta suman 30 años aportando a la integración

Vía El Mercurio de Antofagasta.



El encuentro multicultural se realizará entre el 30 de octubre al 1 de noviembre en el Parque Croacia.

Por Daniel Contreras Palma

El Festival de Colectividades Extranjeras celebrará en los próximos días 30 años jugando un papel preponderante en lo que tiene que ver con el folclor, tradición e integración de los pueblos.

Durante estas tres décadas de historia son varias las anécdotas y momentos los que han marcado el camino de este encuentro multicultural que se ha convertido en un verdadero patrimonio de nuestra ciudad.

Entre las curiosidades del festival se cuenta que la primera versión fue organizada íntegramente por mujeres de las colectividades extranjeras residentes en Antofagasta y que fue encabezado por Lidia González de Calderón, esposa del intendente de aquella época, Alfonso Calderón Campusano.
Rol de las mujeres

En sus orígenes el encuentro de colectividades no contaba con la organización y producción de hoy en día. Según cuenta la actual presidenta de la Corporación Cultural de Colectividades Extranjeras, Laura Ramos, en sus primeras versiones las reuniones se realizaban en la Intendencia o en el Centro Español.

"Existen fotografías de los inicios de festival que dan cuenta de cómo comenzó el encuentro. Las mujeres fueron las líderes que crearon y organizaron el festival levantando pequeños toldos, algo bien precario. Sin embargo, con los años hemos ido queriendo hacer de esto algo mucho mejor atendiendo a la gran afluencia de público que asiste cada año al festival", comentó Ramos, quien además integra la colectividad argentina.

Los precursores del Festival de Colectividades Extranjeras fueron las agrupaciones de Argentina, Bolivia, China, Croacia, España, Grecia, Italia, Japón y Unión Árabe.

Posteriormente también tuvo participación Estados Unidos, Alemania, Francia, Canadá y Brasil.

Otro de los aspectos que ha caracterizado a este evento multicultural desde su primera edición es su labor social al entregar aportes cada año a organizaciones sin fines de lucro que trabajan por la comunidad como hogares de ancianos, casas de acogida, o que trabajan con personas con discapacidad, entre otros.

"El propósito inicial de esta invitación fue desarrollar una expresión cultural y patrimonial de cada colectividad extranjera, cuyos recursos tendrían por objetivo financiar la celebración de Navidad de niños de escasos recursos de la ciudad. El rol social siempre ha sido el propósito del festival, ir en ayuda del que más lo necesita", enfatizó la presidenta de la corporación, quien desde hace 18 años llegó desde Salta, Argentina, a estas tierras.

Desde que se realiza esta actividad ha sido suspendida en tres oportunidades, principalmente por falta de financiamiento.

Integración

Sin duda que el Festival de Colectividades Extranjeras también ha ido un importante impulsor de la integración en nuestra ciudad.

"Nosotros somos unos convencidos que la Región de Antofagasta ha sido creada y formada por definitivamente por un oleaje de diferentes etnias desde la época del salitre hasta hoy en día. Ese es el mayor legado que nos dejaron nuestros antepasados", explicó Laura Ramos.

La presidente de la Corporación agregó que "Antofagasta es una tierra que abre las puertas a las oportunidades de trabajo y eso es algo que los inmigrantes valoramos muchos cuando no estamos en nuestra tierra".

Este año el encuentro multicultural se realizará entre el 30 de octubre al 1 de noviembre en el Parque Croacia de Antofagasta con la participación de Argentina, Bolivia, China, Colombia, Croacia, Grecia, Unión Árabe, además se suma de manera oficial Japón y Perú que vuelve tras años de ausencia, además por supuesto del anfitrión, Chile.

30.10.14

XXIX Festival de Colectividades Extranjeras Antofagasta 2014

© Cultura Antofagasta.

Vía Agenda Antofagasta.

Este viernes 31, a las 19:00 horas, se inaugura una de las fiestas más tradicionales de Antofagasta: el XXIX Festival de Colectividades Extranjeras 2014.

La fiesta se extenderá hasta el domingo 2 de noviembre y los bailes tradicionales se realizarán a partir de las 19:00 horas todos los días. Sábado y domingo, desde las 11:00 horas ya estará disponible la venta de comidas típicas y bailes en el stand de cada colectividad. Gastronomía típica, folclor y tradiciones en un solo lugar.

Invita Ilustre Municipalidad de Antofagasta y la Corporación Cultural de Colectividades Extranjeras.

8.8.13

"Signos de la Pampa", ballet+música+folclor, Teatro Municipal, estreno viernes 9 de agosto, 20:30 horas.

Coreografía: Jaime Pinto
Escenógrafo: Ricardo Yáñez
Música original: Punahue
Interprestación: Orquesta Sinfónica
Arreglos orquestales: Marko Santelices
Creación teatral: Arlette Ibarra
Vestuario: Jorge Wittwer.
+ Conjunto Folclórico de la Universidad de Antofagasta (Cofua)

31.7.11