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29.5.13

El millonario indio que convertirá el City Hotel de Santiago en un "seis estrellas"



Vía La Tercera.

Publicado el 02 de abril de 2011.

Este empresario, de origen indio, compró el antiguo City Hotel de Santiago en noviembre del año pasado. Su idea es transformarlo en uno boutique y de lujo.

Era un día despejado y sin esmog. Satinder Garcha subió a la azotea del City Hotel -ubicado en calle Compañía, a un costado de la Plaza de Armas-, desde donde pudo apreciar una vista particular del corazón de Santiago: las cúpulas de la catedral, edificios modernos y otros no tanto; más allá, el cerro San Cristóbal y, de fondo, la Cordillera de los Andes. "Fue una de esas cosas: una sensación, una vibra especial", dice el empresario y multimillonario de origen indio y nacionalizado en Singapur, quien desde esa tarde de noviembre de 2010 se convirtió en el nuevo dueño del City Hotel.

Garcha llevaba apenas un par de horas en la capital. Fueron suficientes para que él se encantara con este edificio construido en 1938, compuesto por dos bloques y cinco pisos, famoso por su estilo neogótico y sus letreros de neón, que brillaron hasta 2008, cuando cerró sus puertas. Garcha se enamoró no sólo del lugar, sino que también de su entorno y el potencial que tendría el inmueble una vez que lo restaurara. Entonces se fue directamente a la consultora inmobiliaria Colliers, encargada de gestionar la venta del City Hotel. "Pregunté si era posible negociar el precio, pero dijeron que no", explica Garcha. A pesar de eso, no dudó en aprovechar la oportunidad.

Hoy, Garcha está por tercera vez en Santiago, acompañado de su mujer, su pequeña hija y un asesor. Juntos han visitado varias veces el antiguo hotel, que en su época de gloria, a mediados del siglo pasado, era la competencia del Hotel Crillón y uno de los hitos urbanos del centro. Tanto así que forma parte del imaginario de algunos escritores chilenos, como Alberto Fuguet, quien lo incluyó como escenario en su novela Mala onda. En uno de los capítulos, Matías Vicuña -el protagonista- despierta una madrugada después del toque de queda en la habitación 506, registrado bajo el nombre de Holden Caulfield, luego de haber escapado de la tutela paterna y únicamente acompañado de una copia de El guardián entre el centeno y un frasco de Valium.

Lo mismo hizo el autor Ramón Díaz Eterovic en sus libros Angeles y solitarios o Los siete hijos de Simenon, en el que el protagonista -el detective Heredia- solía frecuentar la barra del City en busca de un trago.

Precisamente, una de las razones que motivaron a Garcha para embarcarse en su primer proyecto hotelero fue el componente histórico y simbólico del lugar. Hasta ahora, había hecho su fortuna como desarrollador inmobiliario de viviendas de lujo en Singapur y Nueva York, con la compañía Elevation Group. Arquitectos de la talla de Zaha Hadid, Robert Stern o Toshiko Mori han trabajado con él. Esta vez, Santiago será el punto de partida de su última aventura, Elevation Hotels, un nuevo modelo de negocios que pretende innovar con los de categoría boutique y de lujo, en algunas capitales de Latinoamérica. "Se trata de estilos de vida, de combinar diseño, lujo e identidad", dice.

En su primera entrevista en Chile, el empresario -quien, además, es capitán del equipo nacional de polo de Singapur- cuenta sobre sus inicios en Silicon Valley, cómo descubrió este "tesoro" en el centro de la capital, quién se hará cargo del diseño y cuál es su propuesta para "cambiar el panorama de los hoteles en la ciudad".

¿Cómo se enteró de que existía el Hotel City de Santiago?

En octubre y noviembre del año pasado estaba participando en un torneo de polo, en Buenos Aires. Al mismo tiempo, mi idea era crear un hotel boutique y de diseño en esa ciudad. Pero buscaba algo especial, no cualquier cosa. En ese período no logré encontrar nada que me convenciera. Un conocido me habló de una buena opción que había surgido en Santiago, el City Hotel, y vine a dar un vistazo.

¿Era su primera vez aquí?

Nunca había estado en Chile. Tomé dos días libres del torneo de polo y vine hasta acá. Aterricé, llegué al hotel donde me hospedaría y partimos al centro. En cosa de tres horas estaba negociando con Colliers la compra del edificio. Y en tres meses ya estaba finiquitado el trato.

¿Qué le llamó la atención de este edificio?

Primero, que las construcciones son hermosas. Me di cuenta de que se podía hacer mucho en esos espacios para instalar un hotel de seis estrellas. Pero los dos factores más importantes eran otros. Por una parte, la ubicación: está localizado a un paso de la Plaza de Armas, pegado a la catedral y en el centro histórico. Y, por la otra, era la historia del mismo lugar, su época de gloria en los años 40 y la importancia que la gente le da como un referente de Santiago. No es fácil encontrar disponibles, en una gran ciudad, todos estos elementos combinados: ubicación, arquitectura e historia. Subí a la azotea del City Hotel, vi la catedral, el centro y las montañas. Era una de esas cosas, una sensación, una vibra especial.

¿Qué ofrece Santiago que la convierte en una buena ciudad para comenzar un negocio?

Estando aquí, me di cuenta de que hay estabilidad, que es un sitio seguro donde invertir y muy pujante. También es una ciudad hermosa. Además, el producto que vamos a crear será único en Chile, vamos a llenar una necesidad.

¿En qué sentido? ¿Qué expectativas tiene de este proyecto?

Vamos a cambiar el panorama de los hoteles en esta ciudad. En todo sentido: diseño, estilo de vida y lujo. La gente que visitará Santiago y se hospede en el City Hotel podrá sentir la identidad de la ciudad y del país. Se percatarán de que es posible combinar lujo e identidad. La ubicación ayudará a transmitir eso, pero por dentro será realmente excepcional. Invertiremos mucho dinero.

La primera vez

Garcha prefiere no hablar de números por el momento. Ahora está abocado a sentar las bases del diseño que tendrá el nuevo City Hotel. En esa tarea lo acompañará la neozelandesa Anouska Hempel, pionera en proyectar hoteles boutique, como el Blakes y el Grosvenors House, ambos en Londres. Para el empresario, éste será su primer hotel, su primera inversión en Santiago y también su debut junto a esta diseñadora.

¿Por qué optó por Anouska Hempel?

Ella prácticamente inventó el concepto de diseñar hoteles boutique hace 30 años. Ahora hay muchos y todo el mundo copia el formato. Sabe muy bien cómo mezclar lujo y buen diseño. Además, logrará entender el legado histórico que representa el edificio. No quería buscar un profesional de moda que hiciera algo que en cinco años estuviera obsoleto. Esto tiene que ser eterno y durar en el tiempo. Con su experiencia y lo que ya ha hecho, Anouska es la indicada.

¿Cómo va a ser por dentro?

Es lo que vamos a discutir durante los próximos días. El exterior no cambiará, porque el inmueble está protegido. Lo que apareció publicado en otro medio de comunicación no es lo que se va a hacer. Esa era la visión de la gente que nos mostró la propiedad para comprarla. Pero sí te puedo adelantar que lograremos algo con lo cual los santiaguinos se van a sentir orgullosos. Ese es el objetivo: que sea un aporte y un impulso para todo ese sector.

Antes de dedicarse al rubro inmobiliario, tuvo una compañía en Silicon Valley.

Era una consultora de internet llamada People.com. Partimos en 1995 y, básicamente, desarrollábamos infraestructura de software, en medio del boom de las empresas de internet. Vendí esa compañía en 2000 y comencé con los bienes raíces. Somos una de las desarrolladoras más grandes de casas de lujo en Singapur y también hemos hecho algunas cuantas en Nueva York. Esta es la tercera venture: Elevation Hotels. Tenemos un nuevo modelo de negocios y, paralelamente, estamos evaluando otras ciudades de Latinoamérica. Pero Santiago será el comienzo.

¿Podría emprender otros proyectos en la ciudad?

Potencialmente. Ya estoy mirando. Se parte con algo y el resto comienza a suceder. Y aquí vamos a iniciar algo bastante importante.

¿Quién será su equipo en Santiago?

Estoy en proceso de entrevistar y conocer gente. Pero Elevation Chile ya tiene su primer empleado. Se llama Mario, es el cuidador del City Hotel y tiene un perro muy bonito.

4.12.12

Hornito ahora cuenta con un nuevo centro vacacional de Caja Los Andes, arquitecto Gonzalo Mardones

La oficina del arquitecto Gonzalo Mardones ha diseñado en conjunto hotelero de Caja Los Andes en el Balneario de Hornito. El sitio web de la oficina muestra un par de fotos de los avances de las obras, mientras que El Mercurio de Antofagasta del 27 de noviembre de 2012 publicó un artículo sobre el nuevo conjunto vacacional.

© Gonzalo Mardones.

Edificio en obras© Gonzalo Mardones.

Vía El Mercurio de Antofagasta.



21.1.12

La Hotelera Nacional de Chile (HONSA): turismo moderno en el territorio desértico del norte chileno. Claudio Galeno en el Congreso Tourbanism

© Claudio Galeno.

La próxima semana se celebra en la Escuela Técnica Superior de Barcelona (ETSAB) el 6º Congreso de la Foro Internacional de Urbanismo - IFoU (6th Conference of the International Forum on Urbanism) denominada TOURBANISM. El evento se realizará desde el miércoles 25 al viernes 27 en la sede del ETSAB, mientras que la inauguración será en el Museo Picasso y el cierre en Roca Gallery.

El día viernes 27 a las 9:00 de la mañana en las sala CB9 se presentará la ponencia El Consorcio Hotelero y la Hotelera Nacional de Chile (HONSA): el reconocimiento moderno del territorio desértico del norte chileno (The "Hotelera Nacional de Chile" (HONSA): modern tourism in the desert territory in northern Chile) por el arquitecto y Master Claudio Galeno-Ibaceta.

Abstract:
Los modernos hábitos del ocio gracias al derecho al tiempo libre, el aumento de la movilidad debido a mejores medios de transporte, la educación mediante el viaje, así como la valorización de los ambientes saludables, consolidaron en el desierto chileno, una serie de arquitecturas modernas enlazadas a su contexto. En noviembre de 1933, Ferrocarriles del Estado inició la publicación de la revista En Viaje, que fue el medio de difusión de los valores y emprendimientos turísticos del país. La revista antecede la promulgación de la ley del feriado anual, en enero de 1934. Desde entonces, el Estado ejecutó una política territorial de implementación de servicios turísticos, pero que cobra mayor énfasis desde la fundación del Consorcio Hotelero, en 1944, que declara su voluntad de construir hoteles en el norte chileno. Esa entidad luego se reunió con la Organización Nacional Hotelera, y juntas se denominaron Hotelera Nacional S.A. (HONSA).

Abstract:
The modern leisure habits result of the right to spare time, increased mobility due to improved transport, education through travel, and enhancement of healthy environments, consolidated in the Chilean desert, a series of modern architectures linked to its context. In November 1933 the Ferrocarriles del Estado began publishing the magazine En Viaje (On Tour), which was the means of disseminating the values and tourism ventures in the country. The magazine precedes the enactment of the law of the annual holiday in January 1934. Since then, the State implemented a territorial politics implementation of tourist services, but takes on greater emphasis from the foundation of the Consorcio Hotelero in 1944, which declares its desire to build hotels in Northern Chile. That entity then joins with the Organización Nacional Hotelera, and together they are called Hotelera Nacional S.A. (HONSA).

Keywords: tourism, Chile, hotel, desert, modernity.

8.1.12

Los arquitectos finlandeses Kouvor & Partanen firman contrato por el hotel residencial de ALMA.

ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), Kouvo&Partanen.

Vía ALMA-ESO.

El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) pronto tendrá su propio hotel para recibir a los astrónomos, ingenieros y demás trabajadores que desempeñan sus funciones en el observatorio. El Observatorio Europeo Austral (ESO, por su sigla en inglés) socio europeo de ALMA que está a cargo de proporcionar alojamiento en el proyecto, acaba de firmar un contrato con los arquitectos finlandeses Kouvo & Partanen por el diseño detallado de las nuevas instalaciones.

El hotel residencial se construirá a 2.900 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentra el Centro de Operaciones de ALMA (OSF, en su sigla en inglés), en pleno desierto de Atacama y en las faldas de la cordillera de los Andes. La etapa de diseño debería durar seis meses, tras lo cual se dará inicio a la adquisición de material para la construcción, que debería concluir en 2014.

El edificio tendrá un diseño arquitectónico en armonía con el paisaje, gracias al uso de materiales locales como piedras, cobre y roca volcánica. Las fachadas y estructuras tendrán los mismos colores y tonalidades del entorno con el fin de preservar tanto como sea posible el paisaje natural. El diseño también contempla la eficiencia energética: se aprovechará la luz natural y se usará la energía solar para calentar el agua y las habitaciones. La intensa radiación solar también ha influenciado el diseño en otros aspectos: las entradas y vías de acceso tendrán cobertizos hechos con materiales locales y piedras para proporcionar protección contra las fuertes radiaciones ultravioletas que hay a estas grandes altitudes.

© ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), Kouvo&Partanen.

Los dormitorios estarán separados en módulos con dos grupos de diez habitaciones cada uno y balcones individuales. Estos módulos estarán acoplados a un edificio central donde habrá numerosos espacios comunes, tales como una sala de estar, un comedor y una terraza al aire libre para hacer asados y contemplar la puesta de sol en el Salar de Atacama. El hotel residencial será un verdadero oasis en el inhóspito entorno de uno de los lugares más áridos de la Tierra, y constituirá un ambiente relajante y estimulante a la vez, ideal para un equipo que trabaja día y noche en el observatorio astronómico terrestre más complejo del mundo.

Entretanto, la azotea permitirá tener una vista única del espectacular paisaje: el Salar de Atacama que se extiende justo abajo, el extinto volcán Licancabur ubicado a unos 35 kilómetros hacia el norte, y el activo volcán Lascar, a unos 50 kilómetros al sur. También habrá un punto de observación para contemplar las estrellas con un telescopio de aficionado.

La planta baja del hotel, con sus 120 habitaciones, más el edificio principal tendrán una superficie total de unos 5.900 metros cuadrados. Los arquitectos a cargo del proyecto en Kouvo & Partanen son Arch Safa, Erkki Partanen y Sinikka Kouvo.

El Centro de Operaciones de ALMA, donde se construirá el hotel, se encuentra cerca de San Pedro de Atacama, en el norte de Chile, y a 28 kilómetros del llano de Chajnantor, destino final de las antenas, a 5.000 metros de altitud. Cuando esté listo, el observatorio tendrá 66 antenas de radio de alta precisión con diámetros de 7 y 12 metros, que operarán en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas. El observatorio comenzó las observaciones científicas a fines de septiembre de 2011 con parte de las antenas. ALMA estudiará la formación de estrellas, sistemas planetarios, galaxias y de la vida misma, lo que permitirá a los astrónomos buscar respuestas a algunos de los más grandes misterios de nuestros orígenes cósmicos.

Más información de Kouvo & Partanen Architects.

1.4.11

Zumthor, el esencialista de lo sensual



Vía El Clarín - 28/03/11

Por Michael Kimmelman para The New York Times

El Pritzker habla de su particular método de trabajo y de sus últimos proyectos: un museo de arte en Los Angeles y una casa para El Hombre Araña. Y de su impensada admiración por Oscar Niemeyer.

Almorzando en Los Angeles hace algunos meses con el actor Tobey Maguire y su esposa, Peter Zumthor se mostró imperativo, seductor y algo reservado, como de costumbre. El arquitecto suizo estaba en la ciudad para conversar sobre un nuevo diseño para el Los Angeles County Museum of Art y Maguire y Meyer lo habían invitado a almorzar para persuadirlo de que construyera una casa para ellos. Zumthor –que ha cumplido 67 años y desde hace tiempo elude encargos para construir casas para los ricos y famosos– lo pensó y llegó finalmente a la conclusión de que podría ser agradable hacer una excepción. Además, posiblemente imaginó que dejaría una marca en una ciudad donde han trabajado muchos otros grandes arquitectos. De modo que cuando les sirvieron el café, prometió echarle un vistazo a la propiedad, pero les pidió a Tobey Maguire (protagonista de El Hombre Araña ) y a su esposa que hicieran una gira por Europa para ver su trabajo y después lo visitaran en su estudio de Haldenstein para hablar de lo que habían visto. Entonces él decidiría si podía diseñar la casa; en realidad, si ellos podrían ser clientes suyos.

“Saldremos ahora mismo”, exclamó Maguire, levantándose a medias de su asiento como si se preparara para salir en aquel momento hacia el aeropuerto y abordar el primer vuelo a Zurich.

Zumthor es capaz de inspirar una reacción así. Hace un par de años, cuando ganó el Pritzker, la prensa lo declaró “profeta”. Y hace poco, él me dijo que consideraba que el premio era un reflejo de “una nueva orientación, la vuelta a la tierra, la vuelta a lo real, a la arquitectura en el sentido tradicional de construir cosas”. Y agregó: “yo creo que esa toma de conciencia está de vuelta”. Tal vez. en todo caso, como diseñador de algunos de los más sutiles y admirados edificios del último cuarto de siglo, Zumthor casi nunca trabajó en la oscuridad. Pero ha renunciado a ser una persona rimbombante, un andariego célebre. Y se ha colocado aparte, y según él cree, algo por encima de sus colegas más famosos. Aun desde una perspectiva superficial, sus obras difieren de las de Frank Gehry o Zaha Hadid o Jean Nouvel o Norman Foster porque no son ostentosas. Muchas veces no capturan al espectador a la primera mirada, porque son concebidas desde el interior hacia el exterior , por lo general a lo largo de varios años de esforzado trabajo. Además, como Zumthor dirige un estudio pequeño y no delega ni siquiera la elección de un picaporte, no ha aceptado muchos proyectos y la mayor parte de los que realizó no son muy grandes.

Como escribió el crítico suizo Peter Ruedi, esos resultados podrían llevar a muchas personas a confundir a Zumthor con “un asceta”. Pero “él es todo lo contrario”, puntualizó acertadamente Ruedi, “el es un esencialista de lo sensual.” Cuando nos encontramos en su estudio, el arquitecto apareció media hora tarde de lo acordado, como si hubiera querido hacerme saber que tenía escaso interés en que escribieran sobre su persona. “Habitualmente los arquitectos prestan un servicio”, empezó diciendo, pasando así por alto los usuales cumplidos. “Implementan lo que otras personas quieren. Yo no hago eso. A mí me gusta desarrollar el uso del edificio junto con el cliente, en un proceso , para que mientras avanzamos nos tornemos más inteligentes.” No sólo al matrimonio Maguire-Meyer le ha pedido que haga un peregrinaje hasta Haldenstein, una diminuta mancha en el mapa de Suiza. A veces se dice que Zumthor vive y trabaja allí porque es solitario y retraído. Pero él vive y trabaja allí porque puede . Su estudio está dividido entre un par de edificios, uno de madera, y el otro un retiro casi monástico, de hormigón y cristal, situado en un pequeño terraplén frente al Rin, en la base de una elevada colina con vista a las montañas coronadas de nieve. Los arquitectos asociados trabajan intensamente, en un silencio absorto y también algo triste, mientras Zumthor medita ensimismado , en el lado opuesto de un jardín interior, de donde de vez en cuando sale música de Sonny Rollins o Iannis Zenakis.

Escaleras abajo, en el otro edificio, los arquitectos sudan tinta sobre los modelos para sus proyectos casi siempre excéntricos: por ejemplo, un monumento conmemorativo dedicado a las brujas en la región más septentrional de Noruega y un hotel de 48 habitaciones en pleno desierto de Chile, a unos 5 km por sobre el nivel del mar, y a gran distancia de cualquier otra vivienda humana.

El plano de Zumthor para el hotel se asemeja a un buñuelo aplastado, cosa que recordé cierta noche, cuando puntualizó, después de un par de tragos, que si bien su obra “se aproxima a Le Corbusier porque compartimos la misma cultura”, él desearía “hacer un diseño en la escala de Oscar Niemeyer ”.


Todos soñamos con nuestros opuestos, pero pensándolo bien, tal vez Zumthor y Niemeyer, el gran modernista brasileño de lo fantástico, de la extravagancia futurista, no estén tan distantes. Comparten una mentalidad separatista y una profunda deuda con la cultura local , porque adhieren principalmente a sus lugares de origen y a una profunda sensibilidad para lo sensorial. También tienen en común una fe estética en la ingeniería.

Annika Staudt, quien dirige el equipo que construye las maquetas, recordó, mientras viajábamos desde Austria hasta el estudio, el Pabellón para Suiza que Zumthor diseñó para la Expo 2000 en Hannover, que ella visitó cuando era una adolescente. Staudt dijo: “Asistí con mi escuela, y todo lo demás que había allí parecía falso; en su pabellón, en cambio, se podía sentir concretamente la madera, se podía olerla, y se podía ver el acero entremedio. Todo era muy misterioso pero real ”.

Zumthor y yo salimos de Haldenstein para ver su obra más celebrada: un spa municipal, conectado con un hotel en Vals, una aldea en la montaña. Poco a poco, cautelosamente, mientras viajábamos él se mostró más cordial y me concedió el relato de una pequeña parte de su vida. Nació en una gran familia católica que vivía en las afueras de Basilea, y fue criado para seguir los pasos de su padre como ebanista. Zumthor asistió a una escuela suiza de “artes aplicadas”, construida sobre el modelo de la Bauhaus, y con profesores de la Bauhaus. Con ellos aprendió “los conceptos básicos del diseño, las destrezas artesanales de mirar y dibujar, de mezclar los colores, de reconocer el espacio en blanco y el espacio negativo; en una palabra, forma, línea y superficie ”.

Después estudió diseño industrial en Nueva York, en el Instituto Pratt de Arte y Diseño, pero nunca se graduó como arquitecto , algo de lo que hoy, al parecer, se enorgullece. Le encanta quejarse de que hoy en día los arquitectos jóvenes, que se apoyan en sus computadoras, “no saben cómo se construyen las cosas” y “han perdido la percepción de la escala”. Su estudio es famoso por producir las más extravagantes maquetas en cera, plomo, aluminio y arcilla, a veces a escala real , e instalarlas de modo que los clientes puedan caminar entre ellas y de modo que Zumthor pueda ver cómo un diseño se mantiene en pie durante meses o años. “Hoy en día todo es puro palabrerío”, se quejó en el auto. “Mies van der Rohe y Le Corbusier provenían de una tradición en la que los arquitectos todavía sabían cómo se hacían las cosas , sabían cómo hacer las cosas bien. Deberíamos obligar a las universidades a formar carpinteros y ebanistas y trabajadores del cuero. Actualmente todos los arquitectos quieren ser filósofos o artistas.” “Mi primer trabajo”, comentó mientras conducía a través de paisajes espectaculares, “fue en este cantón, y consistió en presentar un informe general sobre los tipos tradicionales de edificación y de asentamientos, catalogando los antiguos sistemas económicos, el sistema de alquería, estudiando todas las casas antiguas, por dentro y por fuera. Yo trataba de descubrir por qué las cosas lucen aquí de cierta manera, y qué las hace bellas, estéticas. Para mí, como arquitecto, fue una consecuencia de haber superado el Modernismo arquitectónico, en el que todo tenía que ser nuevo y se suponía que nada tenía historia. Ahora la escuela de la Bauhaus me parece muy limitada a ese respecto; y aquel relevamiento me ayudó a superar esa limitación.” Llegamos al spa de Vals, donde su esposa, Annalisa, nos esperaba en el bar del hotel. Construido dentro de la ladera de la montaña como un laberinto de grandiosos volúmenes, exquisitamente proporcionados, con muros hechos a medida con bloques de piedra local finamente cortados y organizados como un rompecabezas, en el spa el conocido baño del tiempo libre se inviste de una solemnidad casi sacramental.

“Lo importante en Vals no es un objeto exterior ”, dejó en claro Zumthor. “No se trata de piscinas en la ladera, ni de diapositivas y artefactos. Lo importante es lo que sucede en el interior: el baño en sí, orientado hacia el ritual, como si estuviéramos en Oriente. Se trata del agua y la piedra y la luz y el sonido y la sombra. La gente de Vals dijo que el lugar era elitista, que nuestro proyecto fracasaría. El antiguo manager del hotel renunció, y el experto en marketing dijo que nosotros estábamos condenados, que la ciudad tendría que estar loca para seguir a un arquitecto. Pero algunos tipos de la zona dijeron: ‘No, nosotros probaremos esto’. Estaban tan conmovidos por haber desarrollado el plan que su convicción era genuina. Habían empezado a sentir que formaban parte de lo que nosotros estábamos haciendo, y convencieron a otros, y finalmente a todo el resto de la comunidad.” “Yo creo que la posibilidad de descubrir la belleza es más alta si uno no trabaja sobre eso directamente”, ha declarado Zumthor al describir su filosofía. “En la arquitectura la belleza es atraída por la practicidad . Esto es algo que se aprende estudiando las viejas imágenes de las viviendas de los granjeros suizos. Si uno hace lo que debe hacer, finalmente surge algo, que tal vez no se pueda explicar; pero si uno es afortunado, se da cuenta de que tiene algo que ver con la vida.” Meses después, Zumthor me dijo que había accedido a construir la casa de Maguire y Meyer. Maguire había solicitado una cancha de basquet, agregó. Zumthor, en cambio, imaginó jardines, una Alhambra en Hollywood. No dije nada porque ya sabía quién ganaría esa discusión.

Tal vez pueda parecer extraño que este arquitecto tan suizo no sólo esté dispuesto a construir una casa para una estrella de cine, sino también a repensar un importante espacio público para esta ciudad quintaesencialmente estadounidense. Pero Los Angeles, como Zumthor, ha cultivado una adhesión personal al Modernismo, en este caso saturado de lo local: el paisaje, el clima, el sol, el espacio. En realidad, aquí Zumthor se siente –curiosamente– “en casa”.

Y ese aspecto tenía –remera blanca, chaqueta de lino marrón y holgado pantalón negro– llegando una mañana al Museo de Arte de Los Angeles, para protagonizar una “tormenta de ideas”. Portando un enorme bloc de papel de dibujo, y lápiz en mano, Zumthor estuvo de pie en una sala de conferencias, frente a un puñado gente, incluyendo a Michael Govan, el director del museo.

“Los invito a decir que creen que estoy loco, o algo así”, comenzó, mientras garabateaba absorto en el bloc de dibujo. “Empiezo con la colección, que es la base del museo. Considero la idea de tener colecciones separadas, y de ponerlas en los diferentes pisos, pero entonces siento algo terrible , siento que estoy en una gran tienda de un shopping, donde se venden zapatos y camisas. Entonces, dibujo un bosque. Y en ese bosque encuentro joyas. Y para recogerlas tengo que ir de aquí para allá. Considero que estas joyas forman parte de la colección, y tienen sus pabellones propios; y esto me genera una nueva sensación.” “Imaginen los pabellones como árboles metafóricos”, continuó diciendo, “y que sus volúmenes están en las ramas, en el aire. Entonces necesito un sistema de rampas. Tal vez haya un sistema de pasarelas”. Seguía garabateando en su bloc, cada vez más rápidamente. “Ahora tenemos una sensación opuesta a la gran tienda en un shopping, pero estoy empezando a sentirme confundido. Quiero tener la sensación de una libertad informal . Quiero sentir que estoy afuera. Quiero una aldea, pero con un nivel superior y un nivel inferior.” Dibujaba y dibujaba. “Pero también debo crear un sentimiento de paz y tranquilidad.

Y siento que todo estará bien solamente si las colecciones tienen verdaderos hogares.” Zumthor estaba poniendo a prueba a su público. John Bowsher, encargado de instalaciones especiales, picó el anzuelo. “El tiempo”, dijo, “corre de un modo diferente en Los Angeles que, digamos, en Nueva York o en Suiza” Y agregó: “Aquí tenemos la uniformidad de la vida , el ritmo de la vida vivida en automóviles. Y si usted le da a la gente la misma uniformidad en el museo, entonces no habrá nada de especial”.

Zumthor hizo una pausa, y después dijo: “Yo tengo que darles a estas alienadas obras de arte cierta energí a, para que la gente no pase frente a ellas y diga: ‘¿Has visto arte africano?’ y otro responda ‘No sé’. O sea que ahora ya no veo una aldea sino un parque. Yo odio un museo didáctico . Mi objetivo es construir un lugar altamente emocional , poner a cada individuo en un estado de ánimo que lo impulse a escuchar, o a leer, o a sentir.” Al día siguiente me dijo: “Los funcionarios del Museo declaran que poseen la mayor colección de esto o de aquello; y desde luego, siempre tienen razón. Y a mí me preguntan: ‘¿Cómo será el edificio?’ Entonces yo tengo que retroceder y hablar de contenido, función, de cómo trabaja un lugar; y les digo que necesito tiempo para llegar a la pregunta que ellos me formulan.” Luego, pensándolo bien, Zumthor decidió que las reuniones eran el punto de partida de un proyecto largo y complicado, lo que para él constituye el placer de la arquitectura . Su mente retornó a la idea de galerías en las copas de los árboles. “Yo creo en el valor espiritual del arte, siempre que no sea excluyente”, dijo. Y remató: “Es lo mismo con la arquitectura. Es una cuestión de elevación, después de todo, cualquiera puede llegar alto”.

© The New York Times y Clarín Traducción: Ofelia Castillo

17.10.10

Peter Zumthor: "Cuando trabajo vivo, y cuando vivo, trabajo". Por Marta García Falcó para LA NACION


Vía La Nación (Argentina). Miércoles 10 de junio de 2009

Durante la entrega del premio Pritzker en Buenos Aires, Zumthor contó cómo es el trabajo día a día en su estudio en Haldenstein, su visión de la arquitectura, y sus próximos proyectos.

El 29 de mayo, el arquitecto suizo Peter Zumthor recibió en la Legislatura de Buenos Aires el Premio Pritzker, que la Fundación Hyatt otorga todos los años a un arquitecto por su trayectoria. La entrega se realiza en un lugar distinto cada año, y 2009 fue la primera en América del Sur, en consonancia con el elegido: Zumthor es un laureado que escapa al circuito central de la arquitectura internacional. Un día antes de recibir el premio, Zumthor recibió a LA NACION en la sede porteña de Hyatt, el palacio Duhau.

-¿Cuánto hace que trabaja en su estudio de Haldenstein?

-Siempre trabaje allí. Desde el aeropuerto Internacional de Zurich, viajando 75 minutos en círculo, se llega a una de las típicas villas suizas, donde vivo y trabajo. En cualquier otra ciudad del mundo, en 75 minutos, imagínate adónde llegas. Eso enseña algo sobre mi país. Estoy en los Alpes, en medio de la naturaleza.

-¿Cómo es un típico día de Peter Zumthor en Haldenstein?

-Vivo en una vieja granja, y cruzando la calle se llega al atelier de los ‘80, donde desde hace 4 años hay un nuevo edificio; es como un campus, con 20 colaboradores de 7 distintas nacionalidades, que comparten durante el día el lugar conmigo, mi hijo y mis dos nietos. Mis colaboradores, que viven en la ciudad a 5 minutos de la granja, cruzan el Rhin para llegar, y van a Zurich durante el fin de semana; cruzan constantemente a la cocina de mi casa: trabajo y vida es una sola cosa, como si estuviéramos en una granja o en una estancia. Cuando trabajo vivo, y cuando vivo, trabajo, y eso es realmente un lujo que me puedo dar.

-¿Cómo organiza su tarea de proyecto? ¿Lo sigue hasta los detalles?

-Si, y lo hago personalmente, pero necesito a mis 20 colaboradores. Está el arquitecto a cargo de cada proyecto en la obra, y yo aparezco cuando es necesario, durante la ejecución. Pero en el diseño, siempre estoy allí, estoy en el control de todo, mi papel es el de conductor-compositor en una orquesta. Necesito buenos músicos, pero yo soy el compositor. Sin los buenos músicos no hay ejecución posible, no hay función. Ese es el concepto de la tarea en mi estudio.

-¿Qué porcentaje del año pasa en el exterior?

-Trato de no vivir en el extranjero, de no superar el 30 por ciento del tiempo de trabajo fuera de a villa alpina donde vivo, y realmente debido al Premio (Pritzker), he comenzado a sufrir. Ya quiero estar de vuelta, el trabajo no es lo mismo cuando estoy lejos. Creo que soy el alma del equipo.

-¿Y la comunicación a distancia para los proyectos?

-Es un poco más difícil que de modo presencial, lo hacemos en Alemania, en Noruega. Pero tengo que encontrar cada proyecto en cada ubicación diferente, para verlo realmente acabado. Después de Buenos Aires voy al desierto de Atacama, en Chile, con mi cliente, y allí debo tomar conciencia de la situación: cliente, sitio, arquitecto de contacto en el lugar, y así llego a un concepto para que se transforme, porque nosotros hacemos todos los detalles y luego lo transferimos al sitio. Debemos integrar los asesores y especialistas -chilenos en este caso-, al proyecto en el momento del inicio.

-¿Qué tipo de proyecto es el de Atacama?

-Es un hotel de aventura, de excursiones, para el grupo Nomad, cuyo principal hotel está en Buenos Aires, y el próximo será este, en el desierto. Creo que es un concepto muy interesante, es mi primer proyecto para América del Sur y para este cliente. Nunca trabajé en un sitio similar, y creo que es un proyecto fantástico. Lo presenté al cliente en Suiza la semana pasada, y después de la presentación me dijo que estaba muy preocupado porque si no le hubiera gustado el proyecto, cómo me lo explicaba. Después de haberle mostrado maquetas, planos, me señaló su cara y me dijo: "ve, esto no miente". Estaba emocionado.

-¿Le ha pasado esto antes?

-No exactamente como con este cliente, pero recibo cartas de gente que no conozco que me hacen elogios de este tipo después de ver las obras, pero no en una presentación. Estamos contentos creo que es una mala interpretación que con este tipo de actitud hacia el lugar, el paisaje, estamos restringiéndonos a un solo lugar. Estoy absorbiendo la cultura de América latina ahora, si uno está abierto y tiene interés, te lleva un poco más de tiempo proyectar de acuerdo con la cultura del lugar, pero no ha sido el caso en el proyecto para Atacama.

-Después de Atacama, ¿seguiría con alguna experimentación proyectual en América latina?

-Mi trabajo no tiene que ver con lo experimental, es concreto: me gusta hacer edificios fantásticos. No me interesa la teoría en la arquitectura, si tenemos que hablar de teoría me interesan más la filosofía, y los arquitectos como filósofos, pero la mayor parte son arquitectos de la práctica. Me gustaría ser músico, quizá en mi próxima vida lo sea. Como vivo como arquitecto, tengo pasión por la arquitectura, espero que quien tenga un proyecto hermoso para llevarlo a una construcción concreta, me llame.

-¿Quién fue su referente durante sus años de estudio y luego?

-El primero fue Le Corbusier y luego Mies van der Rohe, en la etapa de la educación. Emocionalmente, fueron mis experiencias en la niñez. Me eduqué en el Modernismo, pero fue un momento muy hermoso durante la década del ’70 cuando de pronto toda la historia negada por el Movimiento Moderno era posible. El arte conceptual, las películas del neorrealismo italiano de los ’50 me atrajeron, y es menos de la arquitectura y más del campo de otras artes que me fui nutriendo.

14.9.10

Edificio Canaempu, arquitecto Martin Lira Guevara, 1956

Recientemente han pintado el edificio de departamentos Canaempu con una anómala composición cromática que sólo se entiende cuando uno se detiene a observar que la compañía de telefonía Claro está instalada en la esquina del edificio y ha irradiado sus colores corporativos a todo el volumen moderno. El diseño de esta obra se debe al importante arquitecto de hoteles Martín Lira Guevara, quien junto con diseñar el Hotel Antofagasta hizo esta obra para un inversionista local, Juan Vidal.

© Claudio Galeno

El terreno en cuestión, es una de las esquinas que limitan el centro económico y social de Antofagasta, la plaza Colón. Este mismo sitio, fue uno de los emplazamientos elegido para instalar el Hotel Turismo, junto con los terrenos colindantes a la demolida casona Castro Toro en el Parque Brasil. De hecho se hizo hasta un proyecto para esa esquina que fue publicado en la revista En Viaje, por lo menos una foto de la maqueta de la propuesta. No deja de ser interesante esta conexión, ya que luego el mismo Martín Lira, el arquitectos del Consorcio Hotelero, diseñó este edificio de departamentos, luego de que Juan Vidal comprara el terreno al Consorcio. El proyecto original contemplaba la construcción de un teatro. La organización interior de esta obra es como un hotel, con lobby vehicular de acceso, largos pasillos rodeados de departamentos, y una altura un poco excesiva para un edificio racionalista, además el lobby posee un magnífico mural del tradicional artista que decoró la mayor parte de los hoteles del Consorcio Hotelero, Thomas Roessner.

© En Viaje / Dibam

9.2.10

El arquitecto suizo Zumthor, premio Priztker 2009, agradece trabajar en Chile (AFP).

© Foto Claudio Galeno

MÉXICO — El suizo Peter Zumthor, ganador en 2009 del premio Priztker, considerado el equivalente al Nobel de arquitectura, dijo el lunes a la prensa mexicana que está agradecido de que su próximo proyecto sea un hotel en el desierto de Atacama en Chile, lejos de Europa.

"Nunca había trabajado en el desierto y eso me apasiona. Estoy agradecido de poder hacer algo en Chile, lejos de Europa", señaló Zumthor al diario Reforma, al comentar el proyecto de construir el hotel Nómadas.

El arquitecto, de 63 años, adelantó que su obra será una estructura basada en diseños precolombinos. "Hasta ahora sé que la obra reaccionará con el cielo. Para mí la estructura tiene que ver con el horizonte" apuntó.

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