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27.10.16

De la ilusión al rechazo: la fallida relación de Le Corbusier con América del Sur. 4 de noviembre - 22 de enero de 2017 / MAC Parque Forestal

Vía La Tercera.

De la ilusión al rechazo: la fallida relación de Le Corbusier con América del Sur

Por Denisse Espinoza A.



El padre de la arquitectura moderna intentó hacer varios proyectos en la región, incluidas dos residencias en Santiago y un nuevo plan urbano para Chillán, pero lo único que logró fue la casa Curutchet en La Plata, Argentina. Una muestra en el MAC reúne, desde el 4 de noviembre, planos y dibujos inéditos de 12 de estas ideas que fueron un dolor de cabeza para el francés.

Venía para “hacerse la América”. Tal como lo pensaron los primeros navegantes y exploradores que buscaban nuevos rumbos y riquezas, el arquitecto nacido con el nombre de Charles-Edouard Jeanneret (1885-1965), pero conocido mundialmente como Le Corbusier, veía en el joven continente americano un potencial refugio para sus ideas modernistas, las que aún no habían logrado pleno desarrollo en Europa. Era 1929 y aunque el francés había construido poco, sus diseños ya revolucionaban y sorprendían a la escena arquitectónica mundial.

Ese año hizo su primer viaje al continente: dictó un ciclo de conferencias en Buenos Aires, visitó Río de Janeiro, Asunción y Montevideo. Entre 1929 y 1962 volvió varias veces, 11 para ser exactos, viajó a Bogotá donde proyectó un plan urbano y para Brasil diseñó el edificio del Ministerio de Educación y la Ciudad Universitaria de Río de Janeiro. Incluso hizo proyectos para países que nunca visitó, como Chile, donde proyectó dos casas, una en Zapallar para el diplomático Matías Errázuriz y un taller en Santiago Poniente para el arquitecto Roberto Dávila, quien trabajó para él en París, en 1932. De todo eso, nada se hizo; a excepción de la casa para el doctor Pedro Curutchet en La Plata, Argentina, que terminó siendo su única construcción en América Latina.

La relación fallida del arquitecto suizo, nacionalizado francés, con los países de la región es profundizada en la exposición Le Corbusier y el sur de América, que reúne planos, dibujos y otros documentos inéditos -la mayoría traídos desde la Fundación Le Corbusier en París- de 12 proyectos diseñados por el autor de la Villa Savoye y nunca realizados.

La muestra es organizada por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile y curada por el arquitecto Maximiano Atria. “Le Corbusier llegó con la idea de encontrar un continente prometido, una región joven que estaría abierta a recibir la arquitectura moderna, a diferencia de Europa, que era un continente cazado por su pasado. Nada salió como él quería. Creo que la gran razón para la mayoría de los proyectos fue la inestabilidad política, el cambio de autoridades que echaron por la borda proyectos completos o pedían cambios una y otra vez. Al final fue en Chandigarh, India, el lugar donde hizo realidad su imaginario urbano”, cuenta el curador.

Más allá de los proyectos, Le Corbusier entabló vínculos con varios arquitectos latinoamericanos a quienes recibía en su oficina para que trabajaran entre tres y seis meses. Aunque nadie recibía paga, les bastaba con estar bajo las órdenes del arquitecto más influyente del mundo. Entre ellos hubo cuatro chilenos: Roberto Dávila en 1932, Roberto Matta en 1938, Emilio Duhart en 1952 y Guillermo Jullian de 1959 a 1965, quien se convirtió en el brazo derecho de Le Corbusier y heredaría su taller.

“El (Jullian) incluso fue jefe de su oficina en Venecia, cuando trabajaban en el diseño del hospital de esa ciudad. Jullian decía que Le Corbusier era una bestia, era muy duro y difícil, pero al mismo tiempo era un tipo muy generoso y sensible, y de hecho con él estableció una relación que no la tuvo con ningún otro colaborador”, cuenta Atria, quien trabajó con Guillermo Jullian cuando éste regresó a Chile en 2004, luego de una larga carrera académica en EEUU.

Buscado y rechazado

Entre los 12 proyectos que están en la muestra destacan la casa para la escritora argentina Victoria Ocampo, quien lo invitó a Buenos Aires en 1929, pero que terminó construyendo su residencia con los planos de otro arquitecto más tradicional; el Plan Director de Bogotá, ciudad a la que Le Corbusier viajó cinco veces a ver detalles y hacer cambios sin lograr frutos; una capilla funeraria en Venezuela que -se piensa- fue cancelada por temas políticos, debido a que era en homenaje al ex militar asesinado Carlos Delgado-Chalbaud; y la embajada de Francia en Brasilia, que estuvo a punto de ser desarrollada pero justo Le Corbusier falleció. “El proyecto lo heredó Jullian, quien se negó a hacer modificaciones al diseño de Le Corbusier. A cambio las autoridades brasileñas le pidieron que hiciera sus propios planos; esos sí se construyeron”, cuenta Atria.

La muestra contará además con ocho maquetas abstractas de algunos rasgos fundamentales de los proyectos, y tres videos: un documental sobre el viaje del 29 que se hizo en Argentina; uno con cápsulas de la arquitectura chilena inspirada en la obra de Le Corbusier, como la Villa Portales o la Cepal, obra de Emilio Duhart, y un video de 2005 de la Fundación Le Corbusier, con grabaciones hechas por él mismo con su cámara Super 8 de su viaje a Río de Janeiro en 1936. También se exhibirán algunas de las libretas de viaje del arquitecto, donde dibujaba los paisajes y personas que veía.

“Si bien no existe nada en común entre los diseños para América, sí hay una correlación con las obras que estaba haciendo en esas mismas épocas. No eran pensados como proyectos exóticos sino como parte de toda su obra. La Casa Ocampo es similar a otras casas hechas en Europa, y el taller de Dávila toma cosas de otro proyecto en Argelia. El siempre partía de su catálogo y reciclaba sus propios elementos típico. Además, él se reinventaba cada 10 años; lo que hizo en los 30 es totalmente diferente a lo que hizo en los 40 y los 50”, señala el curador.

“Pienso que él era consciente de que era objeto de conflicto permanente, y de alguna forma buscaba ganarse esa imagen del arquitecto incomprendido, que lucha contra todo. Su libro de cabecera era Don Quijote. Le gustaba presentarse como ‘el arquitecto al que todos rechazan’, aunque al mismo tiempo, todos lo buscaban porque era y sigue siendo el arquitecto más importante del siglo XX”.

29.1.14

"[Le Corbusier] El arquitecto que odiaba al MoMA", exposición del MoMA en el CaixaForum de Barcelona


Le Corbusier. El Partenón, Atenas, 1911. Vista hacia el mar. Fondation Le Corbusier, París. © 2014 FLC-VEGAP

Vía El País.

La maqueta que el arquitecto francosuizo Charles Édouard Jeanneret-Gris, Le Corbusier (1887-1965), realizó en 1931 con el fin de participar en el concurso para construir los palacios de los soviets en Moscú, símbolo del incipiente triunfo del comunismo, acabó, por el azar de la historia, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Se la vendió el propio arquitecto en una operación que acabó mal, ya que Le Corbusier siempre aseguró que el museo no se la había pagado. Por eso, repitió en más de una ocasión que odiaba al MoMA. El tiempo lo cura todo y ha sido este museo neoyorquino quien ha organizado la última gran retrospectiva junto a la Foundation Le Corbusier de París. Le Corbusier. Un atlas de paisajes modernosse centra en su preocupación por el paisaje que desarrolló a lo largo de seis décadas de trabajo, muchos de ellos no realizados.

La conflictiva maqueta ha viajado a Barcelona con otros 214 objetos: dibujos, fotografías, cuadernos de viaje, pinturas, esculturas, muebles, maquetas, sus incontables planos —muchos de ellos nunca expuestos— y los multicolores croquis a mano alzada que realizaba en rollos de papel durante las conferencias que realizaba por medio mundo, en las que intentaba convencer al público de la validez de sus planteamientos. Un papel que luego se llevaba a casa y que por eso se puede exponer ahora.
La exposición repasa la trayectoria de esta figura clave, influyente y polémica de la arquitectura del siglo XX, donde queda patente que también fue urbanista, pintor, diseñador de interiores, escritor, fotógrafo y aficionado al cine.

Le Corbusier trabajó en toda su vida en unos 400 proyectos arquitectónicos, construyó 75 edificios en una docena de países, en todos los continentes excepto Oceanía, y publicó unos 40 libros. Muchos de ellos han quedado como manifiestos arquitectónicos.

Comisariada por uno de los máximos especialista en el arquitecto, Jean-Louis Cohen, la muestra es un viaje que recorre los lugares donde vivió, en los que dibujó, diseñó o llegó a construir: desde las montañas suizas del Jura donde nació, hasta India, pasando por Río de Janeiro, Moscú, Nueva York, París, Barcelona, Argelia y otras orillas del mar Mediterráneo, como la Costa Azul donde murió en 1965.

Está representado el primer trazo de su teoría de “la ley del meandro”, que descubrió en uno de sus múltiples vuelos sobre Brasil; los dibujos realizados en Chicago donde habló de la ciudad-jardín vertical que 10 años más tarde levantó en Marsella y alguna de sus propuestas más radicales, como la de arrasar París. Bueno, solo sus viviendas, sobre las que construiría rascacielos de cristal que dialogaban con los monumentos, los únicos que dan personalidad a la ciudad.

También se detiene la exposición en sus planes para Barcelona. Se expone el enorme diorama, un gouache en papel, conservado en el Colegio de Arquitectos de Cataluña que realizó en 1933, dentro del llamado Plan Macià y en el que, una vez más, pensaba cargarse parte de la ciudad antigua. Impresionante. “Estos proyectos son cuestionables, pero lo que permanece después de los años es la actitud. La actitud de hablar del mundo desde la arquitectura”, explicó el comisario.

También se puede ver el proyecto Una casa, un árbol que realizó para la ciudad de Barcelona, tras recibir las críticas de otro arquitecto, Josep Lluís Sert de no entender la idiosincrasia barcelonesa. Según dibujó, el arquitecto pensó en manzanas de 400 por 400 metros en la que se establecía una relación íntima entre los bloques de viviendas, las avenidas arboladas y las plazoletas que conformaban las manzanas.

Al final de su carrera consiguió muchos de sus objetivos, como construir cuatro unidades habitacionales en Francia y otra en Berlín, también su único edificio en Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, tras el fracaso que representó el que la autoría del nuevo edificio de la Organización de las Naciones Unidas de Nueva York se atribuyera solo a Oscar Niemeyer y se negara su participación —pese a su esfuerzo por demostrar con collages y fotografías lo contrario—. Una de cal y otra de arena. En 1950 consiguió el proyecto de concebir una ciudad entera cuando le propusieron levantar Chandigarth, la nueva capital del estado del Panyab, al norte de la India; una ciudad que ha acabado convertida en el paradigma de de la nueva poética del hormigón visto.De este momento es también su construcción más famosa: la capilla de Notre Dame du Haut en Ronchamp, Francia, donde consiguió la comunión entre el edificio y su paisaje.

Durante el recorrido se pueden ver las fotografías del británico Richard Pare que durante dos años ha revisitado la obra construida por Le Corbusier en todo el mundo, viendo su actual estado y uso, dando a conocer una nueva visión de todos ellos, su encaje con el entorno y las vistas del paisaje que enmarca el edificio.

La exposición en Caixaforum reproduce, como si fuera un Ikea vintage, y a tamaño original, cuatro estancias creadas por Le Corbusier, con el mobiliario original, alguno creados por él mismo, como un vetusto escritorio realizado para su madre Maria Carlota en 1915. Desde una de las estancias que creara para sus padres en la Maison Blanche; un pabellón para la Villa Church, en Ville d’Avray; la unidad de habitación de Marsella y su última cabaña de Roquebrune-Cap-Martin, situada junto a la Costa Azul, donde pasó los últimos años de su vida. Un espacio mínimo realizado en madera: las paredes, techos, suelo y los austeros muebles, en los que el paisaje, por fin, parece tomar el interior del edificio.

Vía CaixaForum.

Conferencia inaugural: "Le Corbusier"
Jean Louis Cohen, comisario de la exposición.
Miércoles 29 de enero de 2014, 19:00 horas

Ciclo de conferencias.

Coordinación del ciclo a cargo de Marta Llorente, profesora titular de Teoría de la Arquitectura, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Universidad Politècnica de Catalunya

Miércoles 12 de febrero | 19.30 h
Otro Le Corbusier
Juan Calatrava Escobar, catedrático de Historia del Arte, Universidad de Granada

Miércoles 19 de febrero | 19.30 h
Modos de habitar
M. Teresa Muñoz, profesora titular de Proyectos Arquitectónicos, ETSAM

Miércoles 26 de febrero | 19.30 h
“Les techniques modernes”
Jorge Torres Cueco, catedrático de Proyectos Arquitectónicos, UPV

Miércoles 5 de marzo | 19.30 h
Ciudades y paisajes
Xavier Monteys, catedrático de Proyectos Arquitectónicos, UPC

Miércoles 12 de marzo | 19.30 h
Medir y escuchar: el Modulor, diapasón del universo
Marta Llorente, profesora titular de Teoría de la Arquitectura de la ETSAB, UPC

Miércoles 19 de marzo | 19.30 h
Le Corbusier: se puede evitar la revolución
Juan José Lahuerta, profesor titular de Historia de la Arquitectura de la ETSAB, UPC

Miércoles 26 de marzo | 19.30 h
Mesa redonda
Una encrucijada para la arquitectura de hoy: cuatro generaciones hablan de los caminos abiertos por Le Corbusier
Ponentes: Rafael de Cáceres, Antón Salvadó, Victoria Garriga y Ricard Gratacós
Modera: Marta Llorente

27.1.13

Charlotte Perriand, demasiado pronto. Por: Anatxu Zabalbeascoa | 16 de agosto de 2011

Chaise longue basculante. © Archives Charlotte Perriand—ADAGP, Paris & SPADA, Tokyo, 2012.

Vía El País.

Dos áticos y dos viajes retratan a esta diseñadora francesa, hija de un sastre y una costurera. En la década entre 1920 y 1930, Charlotte Perriand (París, 1903-1999) leyó Hacia una arquitectura de Le Corbusier. Convencida de que cualquier trazo de más debía erradicarse de los amueblamientos domésticos y segura de que la estética maquinista debía adueñarse del interior de las viviendas, se presentó en el estudio al que se había trasladado el arquitecto suizo, en el 35 de la calle Sèvres, de París y llamó a la puerta. El maestro abrió y se la cerró tras un breve intercambio de frases:

-“Aquí no bordamos cojines” fue su piadosa respuesta. No tardaría en pedirle perdón.

El primo y socio de Le Corbusier, Pierre Jeanneret, lo llevaría a ver el Bar bajo el techo de cristal que la Perriand había levantado en la mejor estancia de su piso de recién casada, el primer ático de esta historia. A Le Corbusier le impresionó aquel interior luminoso y transparente levantado con vidrio, aluminio y metal. Fue entonces cuando pidió perdón y le ofreció trabajo a Perriand. Pronto comenzaron a diseñar juntos. Cobrar sería otro tema, tardaría más en llegar. Mientras, la diseñadora distraía el frío abrigando sus piernas con papel de periódico. Aun así, durante el lustro largo que permaneció trabajando para Le Corbusier, el frío y la falta de medios no le hicieron dudar de la estética helada y maquinista que proponían sus modelos B 301, para conversar; LC2, para relajarse y 306, la famosa Chaise-Longue que Perriand popularizó (es un decir) entre los arquitectos al posar tumbada en ella con las piernas cruzadas.

Hasta conocer a Perriand, Le Corbusier había amueblado sus interiores con las famosas y atemporales sillas Thonet, en madera curvada. De modo que, en Perriand, el arquitecto encontró a su mueblista. Pero Le Corbusier no fue el único arquitecto de Perriand. Tras divorciarse de su primer marido, la diseñadora inició una nueva vida en un segundo ático. Allí no construyó un bar de cristal, pero instaló una escalera en la ventana del baño para acceder a la cubierta del edificio y hacer allí sus ejercicios gimnásticos diarios con Montparnasse a los pies. Debió ser durante una de esas esforzadas rutinas cuando Perriand recordó el otro escenario de su infancia.

Más allá de criarse entre las agujas y los diseños de sus padres, Charlotte Perriand había corrido por la casa de sus abuelos en Saboya cuando era niña. Por eso, tras abandonar el estudio de Le Corbusier y al tiempo que comenzaba a trabajar para el pintor Fernand Léger, pero antes de hacerlo para Jean Prouvé, Perriand comenzó a experimentar con materiales más rústicos: cañas, madera y eneas. El campo le despertó el deseo de tocar superficies cálidas y la posibilidad de diseñar para un público más amplio.

Con todo, la Segunda Guerra Mundial la pilló en Japón. Se había trasladado allí para asesorar en la oficina de comercio sobre el tipo de diseño contemporáneo que podía interesar en occidente. Cuando Japón se alió con Alemania, Perriand trató de volver a París, pero quedó atrapada en Vietnam, donde viviría durante cuatro años y donde nacería su hija Pernette. Puede que fueran esos dos viajes, las vacaciones en casa de sus abuelos y la larga y accidentada estancia en Asia, lo que le diera opción a Perriand a trabajar con el bambú. La empresa Cassina ha producido este año la chaise-longue Tokyo, que la diseñadora firmó durante sus años asiáticos y que nunca, hasta ahora, había sido producida de manera industrial.

La vida asiática marcó los nuevos intereses de Perriand, cuando, de vuelta en París, comenzó a diseñar mamparas y también viviendas prefabricadas. “Fue el proceso de análisis, no un estilo, lo que nos marcó a los modernos”, escribió en su autobiografía Une vie de creation, publicada en 1998, un año antes de que, ya nonagenaria, falleciera en París.

31.12.12

Grandes planes: como los diagramas de planificación han dado forma a nuestras ciudades, exposición en SPUR (San Francisco Planning and Urban Research)

Vía Guardian.

Grand plans: how the simple planning diagram has shaped our cities

A new exhibition charts how these powerful abstract drawings have defined the nature of urban development

As David Cameron continues to progressively dismantle the remnants of the UK planning system, it might be comforting to look overseas, where the history of spatial planning is being celebrated. An exhibition opened this month in San Francisco that charts the visual history and influence of the planning diagram, from the radial spokes of the garden city wheel (which inspired the development of English suburbia) to the New York set-back rule (which generated the city's stepped skyscrapers).

Grand Reductions: 10 Diagrams That Changed City Planning, organised by the San Francisco Planning and Urban Research association, argues that these simple, abstract illustrations are "iconic distillations of values, policy agendas and ideologies" – persuasive weapons in the planners' arsenal.

"Planning indulges in the same world of image making that artists and advertisers do," writes Andrew Shanken, professor of architecture and urbanism at UC Berkeley. "Every plan is an act of persuasion, an argument for an alternative way of life that attempts to posit or convince an audience of that alternative."

Let's look at five diagrams that have had a lasting impact on the way our cities and countryside are shaped.

Garden Cities of To-morrow, 1902 – Ebenezer Howard's vision for a 'Group of Slumless, Smokeless Cities'

The Garden City was the vision of Ebenezer Howard, an unassuming Hansard stenographer, as an answer to the pollution and overcrowding of the industrial city. His pamphlet, Garden Cities of To-morrow, published in 1902, introduced the idea of planned and self-contained communities surrounded by greenbelt land.

Each community would be organised around a concentric pattern, with housing, industry and public parks arranged around six radial boulevards, to give everyone the best of both town and country life. Howard envisaged a cluster of several garden city satellites orbiting around the central mothership city, all connected by an efficient network of road and rail.

The garden city model was centred on a quietly radical programme of economic reform, in which cooperatives would own land and lease it to tenants, reinvesting the proceeds in public improvements. But the only garden cities to be built – Letchworth and Welwyn – abandoned the industrial and collectivist aspects, developing instead into models of cosy suburbia. Decentralised, monocultural communities, protected by swathes of greenery, turned out to be the real legacy of this particular diagram.


The Radiant City, 1935 – Le Corbusier's vision for a stratified functional grid

Le Corbusier's infamous vision of the Radiant City (La Ville Radieuse), like Howard's Garden City, was driven by a fervent desire to bring order to the messy reality of the early 20th-century city. The Swiss architect proposed to neatly stratify all urban functions into cleanly separated bands, forming a linear city based on an abstracted human form – with a head, spine, arms and legs.

The central precinct would be for housing: vast slab towers, set far apart in green space, to give residents equal access to light, air and open space. An endless park would be available to all, and even pass beneath the buildings, raised on stilt-like pilotis. These pedestrian-only superblocks would be surrounded by expressways with interchanges that eliminated crossings and intersections.

Other land uses were to be radically compartmentalised, with separate sectors devoted to offices, industry and government buildings as the grid sprawled ever outwards.

The vision of an ordered, Cartesian utopia proved highly seductive, and dictated the nature of postwar planning across Europe – much of which would succumb to the grim cocktail of underinvestment, poor estate-management and ghettoised social isolation.


Township grid, 1785 – the Public Land Survey System defined the US direction

Ever wondered why US planning, from the scale of the city block to the rigid state boundary, is so square? This innocuous-looking diagram might just hold the answer.

In 1785, Congress created the Public Land Survey System, in which three-quarters of the country's land area would ultimately be surveyed, sold and settled. The system laid a grid of 6-mile-square townships across the country's midsection, marching across mountains, valleys and rivers, each township composed of 36 one-mile-square sections.

The system was an expedient solution on several levels: it provided a fundraising mechanism for the federal government, minimised conflict over land claims and helped realise the aspiration of its sponsor, Thomas Jefferson, that the US should be a nation of small landowning farmers.

The township diagram, repeated thousands of times, established a pattern that would shape everything that followed: farmhouses stood in their square fields so villages rarely formed, while state and county borders were ruler-straight. Roads were placed along parcel boundaries, and urban development occurred in sectional increments, producing the characteristic one-mile grid of arterial streets seen today in cities such as Phoenix, Chicago and Las Vegas.


Nolli map, 1784 – the first map to depict private buildings and public open spaces

A firm architects' favourite, Giambattista Nolli's 1748 map of Rome was a major milestone in cartography. It presented the entire city to scale in plan view, as if from directly above, at a time when most urban views were imagined as imprecise bird's-eye aerial perspectives.

But its key innovation, which lives on today, was its clear separation of private built form and public open space: buildings are shaded black, while streets, squares and the interiors of churches, markets and courtyards are left white.

The effect – now a common analytical technique, known as figure-ground – reveals the characteristic pattern of streets and buildings that underlies urban form. In traditional urban patterns such as Nolli's Rome, streets and open spaces generally read as the foreground, defined and shaped like urban rooms by background buildings. Much modern architecture inverted this relationship, with buildings as foreground objects, set in background space, which tended to be poorly defined.

Beginning in the 1970s, urban designers including Colin Rowe turned to figure-ground maps to illustrate the qualities that were being lost and to make the case for reasserting traditional urban patterns.


Guide psychogéographique de Paris, 1957 – recorded Guy Debord's 'drift' through the French capital

Popular with architecture students going through that psychogeography phase, Guy Debord's remapping of Paris provided a visual manifesto for the French situationist movement. This group of radical scholars, artists and architects had grown increasingly alarmed at the rationalist urban renewal schemes of the 1950s, which razed ancient city quarters for the erection of glistening Corbusian towers.

They set out to confound and resist not only the excesses of bourgeois capitalism but also the tyranny of modernism's urban agenda. The situationists urged a different sort of resistance, one that happened through play, serendipity and by being deeply attuned to the experiential qualities of the city.

Debord's map depicts a directionless "drift" through the streets of Paris, as if to argue that the city is created through individual experience and collective memory, rather than a rigid plan imposed from above.

This newfound emphasis on the experience and memory of urban residents was part of a major reorientation of city planning away from top-down transformation and towards a more community-based approach. This emphasis on experiment and play has found a new voice in the 21st-century public realm, in the "tactical urbanism" of practices such as muf, and the recent wave of proposed temporary projects by young groups such as Practice and Assemble.

23.8.12

Le Corbusier, América del Sur, 1929 - Exposición del 23 de agosto al 21 de octubre en el Centro Universitario Maria Antonia en Vila Buarque, São Paulo.

Vía Hugo Segawa.


Abertura 23 de agosto, quinta-feira, às 20h
Rua Maria Antonia 258 - Vila Buarque, São Paulo
Visitação até 21 de outubro de 2012 - entrada franca

Entre setembro e dezembro de 1929 Le Corbusier fez sua primeira visita ao continente sul-americano. Em 74 dias de permanência, proferiu conferências em Buenos Aires, Montevidéu, São Paulo e Rio de Janeiro e delineou planos para estas cidades. A caminho da França ele organizou suas palestras, esboços e lembranças, que se transformaram no livro Precisões sobre um estado presente da arquitetura e do urbanismo, publicado em Paris em 1930. Em Precisões, o arquiteto sumarizou sua doutrina elaborada ao longo dos anos 1910 e 1920 e acrescentou um “Prólogo americano” um “Corolário brasileiro”, registrando as fortes impressões que assimilou na América do Sul.

Esta viagem era tida na biografia de Le Corbusier apenas como um episódio de pregação de sua doutrina arquitetônica. Este entendimento é parcial. Tanto o conteúdo das conferências como as propostas para as quatro cidades apontam para uma mudança no seu raciocínio, que se intensificou na medida em que os riscos foram elaborados, em progressiva emancipação frente a sua própria teoria anterior.

Em seus deslocamentos, o arquiteto vivenciou algo inédito que mudou sua percepção do mundo: a primeira oportunidade de voar num avião e olhar a natureza, a paisagem e as cidades sul-americanas a partir das alturas. A impactante apreensão panorâmica do território fertilizou o diálogo entre as escalas da arquitetura e do urbanismo. As quatro proposições para as cidades evidenciam uma reorientação de suas atitudes.

Dos 26 desenhos originais apresentados nesta exposição, pertencentes à Fondation Le Corbusier, vinte foram realizados durante a viagem sul-americana. As duas semanas que Le Corbusier passou em São Paulo, conhecendo uma cidade em plena transformação e convivendo com a intelectualidade modernista, são minuciosamente registradas. Pela primeira vez os desenhos da biblioteca anexa à residência Paulo Prado e um modelo reduzido do projeto não executado vêm à luz. Contribuições inéditas à biografia do arquiteto.

Esta exposição é uma revisita às falas e aos projetos de Le Corbusier na América do Sul: o estado de alma de um arquiteto europeu na América. Com esta experiência nascia uma nova perspectiva para o seu pensamento. Foi outro Le Corbusier que retornou ao Velho Mundo.

Curadoria
Rodrigo Queiroz

21.6.11

Reunión de la Unesco: La obra de Le Corbusier, candidata; el Machu Picchu, bajo sospecha

Villa Savoye - Le Corbusier from 360th on Vimeo.



Vía EL MUNDO.es

Madrid, viernes 17/06/2011 15:54 horas

El conjunto de la obra del arquitecto suizo Le Corbusier es uno de los candidatos más destacados a entrar en la lista de Bienes Culturales y Naturales Excepcionalesde la Unesco, cuyos responsables se reunirán la semana que viene.

Junto a la obra de Le Corbusier, 704 bienes culturales y 180 bienes naturales presentarán sus candidaturas. 151 países están representados en esta 'oposición', incluida España, que presentará el Paisaje cultural de la Sierra de Tramuntana, en Mallorca.

En la agenda de la próxima reunión de la Unesco aparece también un asunto problemático: el deterioro en la conservación del conjunto del Machu Pichu, en Perú, que podría entrar en la categoría de 'patrimonio en peligro' de la Unesco. En esa lista negra aparecen 34 lugares, incluidas las Islas Galápagos, el primer bien reconocido por la Unesco como patrimonio mundial.

En caso de que el Machu Picchu entrara en la lista de patrimonio en peligro, la Unesco condicionaría sus ayudas a la conservación del conjunto al hecho de que Perú limitara el número de visitantes que acceden a él. El Gobierno peruano, que este año ha celebrado el centenario del descubrimiento de los yacimientos del Machu Picchu, intenta evitar esa limitación.

10.4.11

Casa del doctor Curutchet en La Plata, 1949-1953, por Le Corbusier

La casa Curutchet junto con el proyecto para la Casa Errazuriz en Chile, más la consultoría en el MES de Río de Janeiro son de las intervenciones más impactantes de Le Corbusier en Sudamérica.

Para más información recomiendo visitar el post publicado por Mi Moleskine Arquitectónico con información detallada de la vivienda y sobre la ciudad de La Plata.

Video de Pablo Casals vía Plataforma Arquitectura

Footage : Casa Curutchet / Le Corbusier (49-53) from pablo casals aguirre on Vimeo.