Mostrando las entradas con la etiqueta lucio costa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta lucio costa. Mostrar todas las entradas

11.5.25

Brasil devuelve el brillo al palacio que inauguró su arquitectura modernista

Vía El País.

El palacio Capanema de Río de Janeiro, de Lúcio Costa, Oscar Niemeyer y Le Corbusier, reabre tras de una década cerrado y una minuciosa restauración

Por Joan Royo Gual / Río de Janeiro - 11 MAY 2025 - 00:00 CLT

Brasilia, la futurista capital de Brasil inaugurada en 1960, aún era un páramo cuando en Río de Janeiro se ponían los cimientos del que estaba llamado a ser el primer gran edificio de la arquitectura moderna brasileña. El palacio Capanema, construido como sede del Ministerio de Educación, es una joya en la que participaron Le Corbusier, Lúcio Costa y Oscar Niemeyer. Tras una década cerrado, en la que a punto estuvo de pasar a manos privadas, este rotundo edificio de hormigón y cristal reabre ahora totalmente restaurado y con vocación de convertirse en un gran epicentro cultural.

El edificio es un rectángulo perfecto incrustado en el centro de Río de Janeiro: una caja de cerillas puesta en pie que parece flotar sobre decenas de pilotis, las columnas independientes en la planta baja tan representativas de la arquitectura moderna. Se empezó a construir en 1937 y se terminó en 1945. Sus novedosas soluciones y su estética rompedora para la época marcaron un antes y un después.

Las obras de restauración han costado 84 millones de reales (unos 15 millones de dólares) y el principal desafío ha sido encontrar materiales y piezas que ya no se fabrican, como las lámparas o el linóleo color chocolate del suelo. Lo contó esta semana, durante una visita para la prensa y autoridades, el directivo del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (IPHAN) Andrey Schlee, orgulloso de volver a ver brillar una joya que marcó un antes y un después en la historia de la arquitectura brasileña. “Es de 20 años antes que Brasilia. Aquí ya están concentrados todos los elementos que permiten que se hable de una arquitectura modernista brasileña”, decía orgulloso.

La historia del palacio Capanema tiene mucho de ambición y osadía. Era el Brasil del Estado Novo, la dictadura de Getúlio Vargas, que quería proyectar un Brasil fuerte cuando el mundo estaba a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. El entonces ministro de Educación, Gustavo Capanema, quiso reunir las dispersas oficinas gubernamentales en un único edificio en la entonces capital, Río, y realizó un concurso público.

El ganador fue un proyecto de arquitectura ecléctica, como tantos otros, que no le convenció. No tuvo reparos en dar marcha atrás y convocar a algunos de los desclasificados: Lúcio Costa, Affonso Eduardo Reidy, Carlos Leão, Jorge Moreira y Ernani Vasconcelos. Después se unirían un treintañero Oscar Niemeyer (que aún no había firmado ningún edificio) y el maestro Le Corbusier, que actuó como consultor.

“Vamos a hacer una cosa valiente, interesante, vale la pena. Compondremos una comisión con esos chavales para hacer un proyecto del Palacio del Ministerio de Educación y Salud Pública, libremente. Les daremos la oportunidad de hacer una cosa avanzada”, dejó escrito el ministro, como recoge el libro Capanema Maru, de Sandra Branco Soares. Le Corbusier opinó y dio su visto bueno, pero en cuanto dejó Río, los jóvenes arquitectos brasileños modificaron su proyecto: hicieron el edificio más alto (16 pisos), lo que liberaba espacio para crear una gran plaza pública y le daba un aire más monumental.

Las obras avanzaron a pesar de numerosos contratiempos y retrasos, pero dieron lugar a un edificio repleto de detalles a pesar de su aparente austeridad: Uno de sus secretos está en los tonos de azul cielo que aparecen sutilmente, desde la azotea hasta los brise-soleil, las placas para controlar la iluminación desde la fachada. Son del mismo color que las cúpulas de la vecina iglesia barroca de Santa Luzia. Se establece así un diálogo entre lo antiguo y lo moderno que Costa se esforzó en mantener a lo largo del tiempo.

En los años ochenta, durante una restauración del edificio, el arquitecto se frustró al ver que se estaba repintando con un azul que no era exactamente el que él concibió, así que él mismo hizo la mezcla para dar con la tonalidad perfecta. Desde entonces, ese azul quedó registrado como azul Lucio Costa. El verde lo ponen los jardines de Burle Marx, el gran paisajista brasileño, pionero en el uso de plantas tropicales autóctonas. La fachada a pie de calle está recubierta de azulejos con motivos marinos de Candido Portinari, que también decora los interiores con varios paneles.  

Todas las obras de arte fueron minuciosamente preservadas durante uno de los periodos más convulsos que vivió el edificio: en 2016, el entonces presidente Michel Temer, que había llegado al poder tras un controvertido proceso de impeachment contra Dilma Rousseff, decidió suprimir el Ministerio de Cultura (cuyo embrión, décadas atrás, surgió en este edificio).

Cientos de artistas y jóvenes activistas ocuparon el palacio a modo de protesta. Los grandes salones albergaban asambleas y cocinas comunitarias, pero por todos lados se veían cuerdas protegiendo cuadros y mobiliario con carteles del estilo “Cuidado, este patrimonio es nuestro”. Durante los meses del Ocupa Minc (Ocupa el Ministerio de Cultura) los bajos del edificio eran un enjambre de gente, donde cada noche se improvisaba algo: igual tocaba una orquesta sinfónica que cantaba Caetano Veloso.

Tras el cierre, el Capanema pasó cuatro años acumulando polvo, y en 2021, el Gobierno de Jair Bolsonaro intentó ponerlo a la venta en una subasta de inmuebles del Estado. La decisión generó tal polémica que rápidamente se dio marcha atrás.

El objetivo ahora es que el palacio recupere su vocación popular, porque buena parte del edificio será visitable. El 60% tendrá usos culturales, y el resto albergará organismos oficiales. Entre los espacios a los que accederá el público estarán los despachos del ministro y del jefe de gabinete, cargo que ocupó el célebre poeta Carlos Drummond de Andrade, acérrimo defensor del edificio ante los críticos de su época: “El más débil [políticamente] de los ministerios iba poco a poco venciendo la ironía de unos, la mala fe de otros y la indiferencia de muchos”, escribió en sus anotaciones personales.

La azotea, con sus espectaculares vistas sobre la bahía de Guanabara y el centro de Río, albergará un restaurante y una cafetería. En el cuarto piso, los sinuosos muebles recibirán fondos de la Biblioteca Nacional abiertos a consulta pública, y el octavo se ha dejado con la disposición y los muebles originales de los tiempos de las oficinas del ministerio. A pesar de las separaciones de madera, el ambiente es luminoso y diáfano: el edificio también fue pionero en crear una planta libre que podía modificarse fácilmente.

El palacio Capanema reabrirá oficialmente el próximo día 20 con una ceremonia en la que participará el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y a partir de ahí se espera que su agenda de actividades sea intensa. En julio albergará la cumbre de los presidentes de los BRICS. Con el esplendor original de vuelta, el Gobierno brasileño también planea presentarlo a la Unesco como candidato a Patrimonio de la Humanidad.

31.10.13

Amazonas: prefeito quer demolir casa projetada por Lúcio Costa

Vía Blog da Amazonia.



AM: prefeito quer demolir casa projetada por Lúcio Costa

O prefeito de Barreirinha (AM), Mecias Pereira Batista (PSD), ameaça demolir a casa que o urbanista e arquiteto Lúcio Costa (1902-1998) projetou para o poeta amazonense Thiago de Mello, 87. A casa onde o poeta já viveu é uma das duas únicas obras de Lúcio Costa na Amazônia.

Mais conhecido como Mecias Sateré, o prefeito quer derrubar a casa a pretexto de revitalizar a orla de Barreirinha, cidade onde nasceu o poeta.

A obra de revitalização que ameaça a casa idealizada pelo autor do projeto do Plano Piloto de Brasília vai custar mais de R$ 1,3 milhões, de acordo com um convêncio entre a prefeitura e o governo do Amazonas.

- Existe gente grande e poderosa no Amazonas que não sabe quem foi Lúcio Costa. Estou chocado. O Amazonas não pode ferir a cultura brasileira derrubando uma casa projetada por Lúcio Costa. A barbárie não pode prevalecer – disse por telefone Thiago de Mello ao Blog da Amazônia.

A casa foi adquirida pelo governo estadual e repassada à prefeitura de Barreirinha, a 331 quilômetros de Manaus, para servir de espaço cultural. Há anos foi abandonada pelo poder público, embora constantemente seja apresentada ao mundo como traço da genialidade de Lúcio Costa na Amazônia.

O prefeito já demoliu a calçada e os jardins do Memorial Thiago de Mello para a construção de um muro de arrimo.

Na segunda-feira (28), a reportagem enviou e-mail à Secretaria de Comunicação do governo do Amazonas pedindo explicações, mas não obteve resposta, e não conseguiu falar com o prefeito de Barreirinha por telefone.

Chocado com a decisão da prefeitura e do governo estadual, o poeta Thiago de Mello enviou mensagem ao Blog da Amazônia em que pede apoio da opinião pública para defesa da obra de Lúcio Costa:

"Altino querido, companheiro de esperança. O teu barco solidário vara águas da floresta para defender a beleza ameaçada. Desta vez as águas são as do Paraná do Ramos, que banha a cidade de Barreirinha.

A beleza ameaçada é a de uma casa projetada pelo gênio de Lucio Costa, o urbanista e arquiteto brasileiro. É uma casa que Lucio inventou e eu construí, com a ajuda dos mestres carpinteiros da floresta.

A casa está erguida bem defronte do rio. Quem passa de canoa ou de navio fica só olhando as janelinhas dela, lá no alto do barranco.

Pois fiquei chocado nesta segunda-feira, quando o prefeito do município (ele não sabe direito quem é Lucio Costa ) resolveu demolir a casa, para construir a orla do porto da cidade, segundo projeto do governo estadual.

A notícia, que já chegou ao Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional, causa indignação e assombro. A Folha e O Globo já se espantaram.

É a tua vez, Altino. O teu blog não perde uma boa causa, a serviço da vida.

Faz a tua parte, ajuda o Amazonas a não passar essa vergonha de ferir feio a cultura brasileira.

Guarda a luz do nosso rio.

Thiago”

16.2.11

Parque Hotel en Nova Friburgo, la destrucción de la modernidad regionalista de Lucio Costa

© Archivo Claudio Galeno

Las lluvias que causaron una destrucción sin precedentes en Brasil a mediados de enero del 2011, arrastraron en su camino también obras patrimoniales. Es el caso de la ciudad de Nova Friburgo, que fue una de las más afectadas, y entre las obras definitivamente destruidas estuvo el destacado Park Hotel proyectado por el arquitecto Lucio Costa y construida entre 1940 y 1944.

Esa obra promovió una orientación regionalista para a arquitectura. Aunque sabemos que en Brasil, la modernidad adquirió un matiz propio y se volvió acalorada, "moderno y brasileiro" decían sus promotores, esta obra del hotel de Costa ahondaba en temas nuevos, como por ejemplo la definición de una espacialidad moderna con materiales y recursos propios de su contexto y no la internacionalización del hormigón y acero. Justamente esta materialidad regionalista con escasa mantención finalmente sucumbió a las lluvias torrenciales y los aludes de barro de enero.

© Archivo Claudio Galeno

A continuación traduzco la parte final del escrito, "À deriva do tempo" en Itaú Cultural escrito por Mariana Lacerda(en el link pueden leerlo completo en portugués) que explica el proceso de abandono progresivo del Hotel previo a la destrucción de enero de 2011.

"Muy rápidamente, el Park Hotel se convirtió en algo más que detenerse. Se volvió un rincón para que los fluminenses pudiesen pasar feriados y fines de semana. También fue muy solicitado por los recién casados, en particular por la misma María Elisa Costa. Recibió personalidades políticas y artísticas: Carlos Manga, Di Cavalcanti, Arthur Moreira Lima, Paulo Ronai. Todo ellos algún día se hospedaron en el hotel, que se insertaba en uno de los circuitos turísticos más encantadores de Río de Janeiro: la Sierra Fluminense, que incluye, además de Friburgo, la ciudad de Teresópolis y Petrópolis.

Después del primer concesionario, el suizo Edmond Chevret, el Park Hotel quedó a cargo del italiano Giovanni Facchetti, cuya administración se prolongó hasta la década de 1960. Desde 1963, Irene Peterdi, de origen húngaro, se hizo cargo del hotel. "Se trajo consigo la gastronomía del país de nacimiento, que compuso con una cocina convencional que agradaba a todos los gustos. Además de un pastel tan bueno como el de Viena", dice María Elena. En ese momento, el Park Hotel recibia huespedes no sólo de Río, sino también de Brasilia, Vitoria, Belo Horizonte y toda la Región Sureste.

Doña Irene estaba en el mando del Park Hotel hasta 1999. En ese momento, el turismo en Friburgo ya no estaba en primer lugar en Río de Janeiro. El hotel, que hasta entonces se mantenñia gracias a la cocina de la concesionaria, tuvo su primer gran golpe cuando ella renunció a la administración. César Guinle murió en 1989. Sin él, que siempre había apoyado el mantenimiento del hotel, y sin la cocina de doña Irene, lo que siguió fueron frustrados intentos de mantener funcionando el establecimiento.

En 2002, la pareja Nivea y Stefan Schmidt arrendaron el hotel e incluso dieron un pequeño respiro al lugar. Pero los dos funcionaban salvando los problemas de infraestructura, especialmente la precaria situación de la cubierta. En 2003, María Elisa Costa asumió la presidencia del Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico (Iphan) y, una vez allí, pudo luchar para tener destinar recursos para la recuperación de la propiedad, que, con el Parque Guinle fueron declarados patrimonio histórico.

Pero en la historia no es inusual que se hagan curvas torcidas. Incluso con la hija de uno de los más grandes arquitectos Brasil defendiendo con uñas y dientes el legado de su padre (dejado para el país), el dinero para restaurar el hotel demoro en ser liberado, siempre atrapado en la burocracia gubernamental. Cuando se liberan los fondos destinados únicamente para la recuperación de la cubierta a finales de 2003, la pareja Nivea y Stefan habían perdido el entusiasmo. El Park Hotel cerró sus puertas. Ese año las lluvias fueron fuertes. El techo fue reemplazado bajo el agua, que maltrataba a la escalera del piso y de madera, los muebles diseñados por Costa y todo lo que estaba por debajo del techo.

Ahora, los herederos de César Guinle luchan para obtener recursos para la recuperación del Park Hotel, que requiere la restauración de la cubierta, quitar termitas, la renovación de los sistemas eléctricos e hidráulicos, la revisión de la estructura, la restauración de suelos de madera, marcos de ventanas, ventanas y techo. En un segundo paso, la restauración implica la formación de los jóvenes a Friburgo con la supervisión del diseñador Arnold Danemberg, para dar nueva vida a los muebles diseñados por Costa. Junto con el proyecto de recuperación, se estudia un nuevo uso de la propiedad, como una escuela de cocina o incluso un lugar para oficinas de arquitectura.

Estas son las ideas para el futuro. Pero recordar el pasado de este hotel es como ver una retrospectiva de la arquitectura moderna brasileña. Pues el proyecto que tocó mucho el corazón de Lucio Costa continúa deleitando a los estudiantes de arquitectura y todos aquellos que, a menudo procedentes de lugares distantes, visitan el lugar."

21.4.10

La joven Brasilia cumple 50 años, un aniversario de la modernidad


Brasilia, la joven capital de Brasil, inició sus obras en 1956, y el 21 de abril de 1960 fue inaugurada. Su plan urbano fue proyectado por el arquitecto Lucio Costa (1902-1998), en un concurso convocado para ese fin, mientras que gran parte de los edificios fueron diseñados por Oscar Niemeyer, y los jardines fueron diseñados y hechos por el paisajista Roberto Burle Marx (1909-1994). La obra fue impulsada por el ex presidete Juscelino Kubitschek (1902-1976), bajo su famoso lema "50 años de progreso en 5 años de gobierno".